Una especie de trío
Cada año pasa lo mismo en todas las empresas: cena de fin de año con humoristas malos y música de los 80. Todos van con sus parejas, pero las conversaciones siempre... son de trabajo. El 2017 parecía que iba a ser otro 2016, que antes había sido 2015. No tenía ninguna gana de ir. Pero después hay que bancarse todos los cuestionarios y murmullos, así que me arreglé un poco a última hora y fui.
En mi mesa me tocaron Benítez, de cobranzas, junto a su esposa Laura; el chico nuevo que nunca me acuerdo el nombre y no me preocupa tampoco hacer un esfuerzo por recordarlo, acompañado de su novia, Marisa; y Claudio, de limpieza, junto a su esposa Mirna, que estaba embarazada de 7 meses. Ella se sentó al lado mío. Yo, por supuesto, fui sola.
Mirna tenía el pelo con rulos. Con muchos rulos. Estaba teñida de color caoba, y tenía un lunar debajo del labio. Me gustaron sus aros. Hablamos mucho durante toda la noche. Me fascinaba su panza. Nos despedimos, y quedamos en la eterna y clásica promesa de volver a juntarnos. Cosas que se dicen.
El martes, en la oficina, me cruzo con Claudio y nos saludamos de otra manera. Es que la verdad, con Mirna la pasé muy bien, yo que soy una tremenda antisocial. Le pregunté por ella, y me pasó su teléfono. A la noche decidí mandarle un mensaje, a ver cómo estaba. Al otro día ella me mandó un meme. Y luego yo le mandé otro. Y así, dia tras día, nos fuimos haciendo cercanas. Hablábamos de todo. Me contó sus cosas, que Claudio desde que ella está embarazada ni la toca y que eso la tenía muy mal. Le regalé un libro acerca del sexo durante el embarazo. Pero al parecer, la cosa no cambió. Una noche me escribe contandome que Claudio se había ido enojado de la casa, que habían discutido y que se sentía mal. Decidí acompañarla. En el camino, compré helado. Cuando llegué se demoró en abrirme la puerta porque se estaba bañando. Decidimos comer el helado en la cama. Hablamos mucho. Mucho. Y de pronto sus lágrimas se convirtieron en risas. Y las risas en silencio. Y el silencio se convirtió en un beso. Primero suave y tímido. Luego apasionado. Su boca no dejaba de buscar la mía y su lengua era un húmedo carnaval en mi boca. Hicimos una pausa para mirarnos, como una especie de "seguimos?". Y seguimos. Ella estaba envuelta en una bata de toalla, aún con el pelo húmedo. Me apresuré a quitarsela, quedando ante mis ojos sus tetas ya muy hinchadas y su panza, que no dudé en acariciar y besar. Ella no tardó en quitarme la musculosa. Nuestros pechos se llevaban bien juntos, mientras nos comíamos la boca. Aún así, decidí bajar a lamérselos, a chupárselos. Ella comenzó a tocarme la concha, que ya estaba por demás mojada, al igual que la suya. Gemía, intensamente en cada lamida. Me dijo que era la primera vez que estaba con una chica, y eso me calentó aún más. Bajé a su concha y comencé a chupar su clítoris. Por dios, estaba deliciosa. Metí mis dedos y en ese mismo instante tuvo su primer orgasmo. Un pequeño chorro salió disparado hacia mi cara. Sus pechos empezaron a gotear un líquido blanquecino. Ella gemia con la lengua afuera, mientras sus piernas temblaban. Me incorporé y me arrodillé frente a su cara. Me tomó con ambas manos el culo mientras hundía su boca en mi concha. Yo estaba al borde del éxtasis cuando sentí su dedo metiendose por mi ano. Grite fuerte de tanto placer.
Cogimos toda la noche. Cogimos varias noches en esa especie de trío...
En mi mesa me tocaron Benítez, de cobranzas, junto a su esposa Laura; el chico nuevo que nunca me acuerdo el nombre y no me preocupa tampoco hacer un esfuerzo por recordarlo, acompañado de su novia, Marisa; y Claudio, de limpieza, junto a su esposa Mirna, que estaba embarazada de 7 meses. Ella se sentó al lado mío. Yo, por supuesto, fui sola.
Mirna tenía el pelo con rulos. Con muchos rulos. Estaba teñida de color caoba, y tenía un lunar debajo del labio. Me gustaron sus aros. Hablamos mucho durante toda la noche. Me fascinaba su panza. Nos despedimos, y quedamos en la eterna y clásica promesa de volver a juntarnos. Cosas que se dicen.
El martes, en la oficina, me cruzo con Claudio y nos saludamos de otra manera. Es que la verdad, con Mirna la pasé muy bien, yo que soy una tremenda antisocial. Le pregunté por ella, y me pasó su teléfono. A la noche decidí mandarle un mensaje, a ver cómo estaba. Al otro día ella me mandó un meme. Y luego yo le mandé otro. Y así, dia tras día, nos fuimos haciendo cercanas. Hablábamos de todo. Me contó sus cosas, que Claudio desde que ella está embarazada ni la toca y que eso la tenía muy mal. Le regalé un libro acerca del sexo durante el embarazo. Pero al parecer, la cosa no cambió. Una noche me escribe contandome que Claudio se había ido enojado de la casa, que habían discutido y que se sentía mal. Decidí acompañarla. En el camino, compré helado. Cuando llegué se demoró en abrirme la puerta porque se estaba bañando. Decidimos comer el helado en la cama. Hablamos mucho. Mucho. Y de pronto sus lágrimas se convirtieron en risas. Y las risas en silencio. Y el silencio se convirtió en un beso. Primero suave y tímido. Luego apasionado. Su boca no dejaba de buscar la mía y su lengua era un húmedo carnaval en mi boca. Hicimos una pausa para mirarnos, como una especie de "seguimos?". Y seguimos. Ella estaba envuelta en una bata de toalla, aún con el pelo húmedo. Me apresuré a quitarsela, quedando ante mis ojos sus tetas ya muy hinchadas y su panza, que no dudé en acariciar y besar. Ella no tardó en quitarme la musculosa. Nuestros pechos se llevaban bien juntos, mientras nos comíamos la boca. Aún así, decidí bajar a lamérselos, a chupárselos. Ella comenzó a tocarme la concha, que ya estaba por demás mojada, al igual que la suya. Gemía, intensamente en cada lamida. Me dijo que era la primera vez que estaba con una chica, y eso me calentó aún más. Bajé a su concha y comencé a chupar su clítoris. Por dios, estaba deliciosa. Metí mis dedos y en ese mismo instante tuvo su primer orgasmo. Un pequeño chorro salió disparado hacia mi cara. Sus pechos empezaron a gotear un líquido blanquecino. Ella gemia con la lengua afuera, mientras sus piernas temblaban. Me incorporé y me arrodillé frente a su cara. Me tomó con ambas manos el culo mientras hundía su boca en mi concha. Yo estaba al borde del éxtasis cuando sentí su dedo metiendose por mi ano. Grite fuerte de tanto placer.
Cogimos toda la noche. Cogimos varias noches en esa especie de trío...
5年前