La fiesta
Los chicos fueron desnudándose en la habitación que la anfitriona había preparado a tal efecto. En total silencio, nerviosos y sin atreverse a intercambiar entre ellos mas que algunas miradas de aprobación mutua y gestos de cortesía, sus prendas fueron cayendo hasta la última, descubriendo sus sexos. En el salón las chicas aguardaban entre expectantes y divertidas tomándose unas copas.
Cuando finalmente se abrió la puerta y los muchachos desnudos fueron desfilando uno a uno por ella, unos discretos aplausos les dieron la bienvenida junto con la primera recomendación de la maestra de ceremonias, que les solicitó no se escondiesen los unos tras los otros para así poder apreciar mejor sus cuerpos. La vergüenza estaba hasta cierto punto justificada, y es que algunos empezaban a mostrar las primeras erecciones de la tarde, lo que hacía centrar todas las miradas femeninas sobre sus miembros. La excitación entre los machos era palpable, no en vano se les había solicitado que guardasen abstinencia sexual durante las 72 horas previas a la fiesta. Aunque muchos de los asistentes ya se conocían e incluso eran amigos, la organizadora procedió a las presentaciones formales, haciendo salir a cada chico uno por uno al frente y pidiéndole que adoptase distintas posturas para así apreciarlos mejor. Conminados a acariciarse, a simular una pequeña masturbación o a abrirse las nalgas para mostrar sus anos, los chicos empezaban a sentirse cómodos, acostumbrándose a la situación de desnudez frente a las damas.
Una vez que todos parecieron mas distendidos, se procedió al sorteo de los machos, adjudicándole uno a cada chica para la primera prueba de la tarde, en la que cada dama debía utilizar todas las técnicas a su alcance con ambas manos para masturbar a su compañero hasta hacerle eyacular, invirtiendo para ello el ***** tiempo posible. Los hombres, por su parte, debían concentrarse y retrasar el momento de la inevitable descarga de semen retenido. Cada pareja fue cronometrada en esta operación, para la que la chica debía elegir postura: unas masturbaron a sus compañeros de pie, otras los tumbaron y las mas atrevidas los ordeñaron a cuatro patas. Cada vez que se producía un orgasmo masculino y el semental vaciaba su leche, la multitud aplaudía y jaleaba a la masturbadora, que también podía decidir qué hacer con el semen extraído. Se produjeron así situaciones de lo mas morbosas, con chicas dándose un beso blanco con su compañero o dándole a beber su propio semen, aunque no faltó la que se limitó a limpiarse con la toalla o el papel.
Concluida la tanda de masturbaciones, y mientras se elaboraba la tabla de clasificaciones, se abrió un periodo de relax en el que todos pudieron intercambiar impresiones, tomarse una copa y charlar amigablemente. La anfitriona ofreció entonces los resultados y explicó el sistema de puntuación: la tabla la encabezaba el chico que mas había resistido el bombeo de su pene, y que había aguantado mas de siete minutos hasta correrse, mientras que a la cola de la misma figuraba el hasta ese momento perdedor de la tarde, incapaz de aguantar mas de dos minutos a su "masturbatrix" particular.
Con los chicos ya recuperados del esfuerzo y nuevamente excitados, se procedió a volver a rifarlos para una nueva tanda de masturbaciones, aunque esta vez el criterio de puntuación sería diferente: el ganador de la serie sería el primero en verter la leche que pudiera quedarle. Nuevamente, las chicas se aplicaron a fondo, y los chicos, impulsados por su competitividad, se esforzaron en aprovechar cada bombeo aplicado sobre sus miembros con tal de forzar su propio orgasmo, aunque se les había advertido que en ningún caso podrían dar instrucciones a sus masturbadoras sobre como debían proceder. Solo ellas mandaban.
La segunda tanda ocupó, como era de esperar, algo mas de tiempo que la primera, dejando a todos un poco cansados, especialmente a los machos, cuyo vigor inicial iba siendo domado por las manos femeninas. La nueva tabla clasificatoria deparó bastantes sorpresas, alterando algunas posiciones. La organizadora anunció entonces los particulares premios de la tarde. Solo el ganador absoluto podría elegir a la dama de su preferencia para hacer con ella lo que le apeteciese, mientras que todos los demás serían sorteados para la gran prueba final: ser penetrados analmente con el surtido de arneses de distinto tamaño que la organizadora ponía a disposición de las chicas. Excitadas por esta demostración de fuerza sobre los chicos que se les había concedido, las chicas corrieron a agenciarse el utensilio que les pareció mas apropiado y prepararon a sus chicos para la monta, ya fuese colocándolos a cuatro patas, haciéndoles abrirse de piernas o solicitándoles que ellos mismos se ensartasen a horcajadas sobre ellas. Ungido con sus laureles, el vencedor eligió a su dama, una muchacha que le había parecido la mas hermosa de la fiesta. Sabedora de su dominio sobre el macho, cuando esta le preguntó qué deseaba hacer, el chico le susurró al oído: me encantaría montarte y verter mi semen dentro de ti, pero por otro lado estoy agotado y no me considero mas que nadie, así que quiero que también me des por el culo, se que lo estás deseando. Ella le besó en el cuello y le agradeció el gesto. Efectivamente, también deseaba penetrarlo, pero le prometió que otro día podría penetrarla a ella y eyacular en su coño. Así acabó la fiesta, con muchos chicos descubriendo un nuevo placer. De hecho, para algunos, ese fue su orgasmo mas placentero.
Cuando finalmente se abrió la puerta y los muchachos desnudos fueron desfilando uno a uno por ella, unos discretos aplausos les dieron la bienvenida junto con la primera recomendación de la maestra de ceremonias, que les solicitó no se escondiesen los unos tras los otros para así poder apreciar mejor sus cuerpos. La vergüenza estaba hasta cierto punto justificada, y es que algunos empezaban a mostrar las primeras erecciones de la tarde, lo que hacía centrar todas las miradas femeninas sobre sus miembros. La excitación entre los machos era palpable, no en vano se les había solicitado que guardasen abstinencia sexual durante las 72 horas previas a la fiesta. Aunque muchos de los asistentes ya se conocían e incluso eran amigos, la organizadora procedió a las presentaciones formales, haciendo salir a cada chico uno por uno al frente y pidiéndole que adoptase distintas posturas para así apreciarlos mejor. Conminados a acariciarse, a simular una pequeña masturbación o a abrirse las nalgas para mostrar sus anos, los chicos empezaban a sentirse cómodos, acostumbrándose a la situación de desnudez frente a las damas.
Una vez que todos parecieron mas distendidos, se procedió al sorteo de los machos, adjudicándole uno a cada chica para la primera prueba de la tarde, en la que cada dama debía utilizar todas las técnicas a su alcance con ambas manos para masturbar a su compañero hasta hacerle eyacular, invirtiendo para ello el ***** tiempo posible. Los hombres, por su parte, debían concentrarse y retrasar el momento de la inevitable descarga de semen retenido. Cada pareja fue cronometrada en esta operación, para la que la chica debía elegir postura: unas masturbaron a sus compañeros de pie, otras los tumbaron y las mas atrevidas los ordeñaron a cuatro patas. Cada vez que se producía un orgasmo masculino y el semental vaciaba su leche, la multitud aplaudía y jaleaba a la masturbadora, que también podía decidir qué hacer con el semen extraído. Se produjeron así situaciones de lo mas morbosas, con chicas dándose un beso blanco con su compañero o dándole a beber su propio semen, aunque no faltó la que se limitó a limpiarse con la toalla o el papel.
Concluida la tanda de masturbaciones, y mientras se elaboraba la tabla de clasificaciones, se abrió un periodo de relax en el que todos pudieron intercambiar impresiones, tomarse una copa y charlar amigablemente. La anfitriona ofreció entonces los resultados y explicó el sistema de puntuación: la tabla la encabezaba el chico que mas había resistido el bombeo de su pene, y que había aguantado mas de siete minutos hasta correrse, mientras que a la cola de la misma figuraba el hasta ese momento perdedor de la tarde, incapaz de aguantar mas de dos minutos a su "masturbatrix" particular.
Con los chicos ya recuperados del esfuerzo y nuevamente excitados, se procedió a volver a rifarlos para una nueva tanda de masturbaciones, aunque esta vez el criterio de puntuación sería diferente: el ganador de la serie sería el primero en verter la leche que pudiera quedarle. Nuevamente, las chicas se aplicaron a fondo, y los chicos, impulsados por su competitividad, se esforzaron en aprovechar cada bombeo aplicado sobre sus miembros con tal de forzar su propio orgasmo, aunque se les había advertido que en ningún caso podrían dar instrucciones a sus masturbadoras sobre como debían proceder. Solo ellas mandaban.
La segunda tanda ocupó, como era de esperar, algo mas de tiempo que la primera, dejando a todos un poco cansados, especialmente a los machos, cuyo vigor inicial iba siendo domado por las manos femeninas. La nueva tabla clasificatoria deparó bastantes sorpresas, alterando algunas posiciones. La organizadora anunció entonces los particulares premios de la tarde. Solo el ganador absoluto podría elegir a la dama de su preferencia para hacer con ella lo que le apeteciese, mientras que todos los demás serían sorteados para la gran prueba final: ser penetrados analmente con el surtido de arneses de distinto tamaño que la organizadora ponía a disposición de las chicas. Excitadas por esta demostración de fuerza sobre los chicos que se les había concedido, las chicas corrieron a agenciarse el utensilio que les pareció mas apropiado y prepararon a sus chicos para la monta, ya fuese colocándolos a cuatro patas, haciéndoles abrirse de piernas o solicitándoles que ellos mismos se ensartasen a horcajadas sobre ellas. Ungido con sus laureles, el vencedor eligió a su dama, una muchacha que le había parecido la mas hermosa de la fiesta. Sabedora de su dominio sobre el macho, cuando esta le preguntó qué deseaba hacer, el chico le susurró al oído: me encantaría montarte y verter mi semen dentro de ti, pero por otro lado estoy agotado y no me considero mas que nadie, así que quiero que también me des por el culo, se que lo estás deseando. Ella le besó en el cuello y le agradeció el gesto. Efectivamente, también deseaba penetrarlo, pero le prometió que otro día podría penetrarla a ella y eyacular en su coño. Así acabó la fiesta, con muchos chicos descubriendo un nuevo placer. De hecho, para algunos, ese fue su orgasmo mas placentero.
5年前