El stripper y la despedida de soltera

Patricia decidió finalmente casarse y por supuesto, mis otras amigas me invitaron a la despedida de soltera.
Ya estaba todo bien organizado: iríamos a un show de strippers masculinos y hasta dispondríamos de una sala privada para que pudiéramos hacer con alguno de ellos lo que se nos antojara.

Se me ocurrió preguntar si alguna de las chicas pensaba tener sexo con ese tipo delante de todas y entonces Paula, la más caradura del grupo, dijo que, si yo no me animaba a dar un espectáculo así, ella lo haría gustosa…
Las otras dijeron que, en realidad, nos íbamos a divertir un rato y tocar alguna verga bien grande, si el stripper nos lo permitía…

Me reí sabiendo que yo iba a ser la indicada para hacer eso.
Finalmente llegó la noche del sábado. Para Patricia era una sorpresa; así que la invitamos como si fuéramos a una salida como las habituales.
La arrastramos así engañada a un club nocturno que nos habían recomendado por sus strippers y sus servicios.
Cuando Patricia cayó en la cuenta, comenzó a protestar un poco, diciendo que ella quería algo más tranquilo; pero cuando vio desde lejos los cuerpos casi desnudos de los strippers, enseguida cambió de parecer.
Comentó que, si su futuro esposo no se enteraba, todo iba a estar bien…

Nos sentamos cerca del escenario, a disfrutar la música y unos tragos, ya que el show todavía no había empezado. Pronto noté que Patricia brindaba de más con todas y ya llevaba unas cuantas copas de ventaja a nosotras…
Natalia, otra de las más atrevidas, le decía que se relajara y disfrutara de sus últimas noches de libertad. Patricia sonrió ya medio mareada, pero siguió brindando por todas nosotras, el amor, la amistad y los strippers…

En un momento se apagaron todas las luces. De repente la luz regresó de manera tenue y un morocho subió al escenario vestido de traje. En cuestión de segundos se deshizo del saco y la camisa. Empezó a jugar con sus manos, mientras todas las mujeres alrededor aullaban bastante exaltadas.
Después de unos movimientos casi sicalípticos, el flaco se arrancó los pantalones en un rápido giro de sus manos y quedó vestido solo con un slip minúsculo; bajo el cual se le marcaba muy bien un enorme bulto…

Sonrió y entonces invitó a alguna dama del público a bailar con él. Mis amigas no tardaron demasiado en convencer a Patricia. Mientras ella tambaleaba para llegar al escenario, pude ver que Natalia hablaba con un tipo de la barra.
Patricia se aferró a un caño que había en el medio del escenario mientras el stripper le bailaba alrededor. Todas las mujeres del lugar, incluidas mis amigas, gritaban cuando el flaco frotaba su bulto contra el culo de Patricia.

De repente Patricia estiró su mano y desabrochó el nudo que sostenía ese slip sobre las caderas del stripper. La pieza de tela cayó al piso y entonces una verga enorme apareció entre el griterío histérico de todas esas mujeres desesperadas. Era una pija larga y bastante gruesa… Hermosa…

Patricia miró hacia nuestra mesa, poniendo cara de picardía y lujuria a la vez. El stripper esperaba, mientras mis amigas empezaron a alentarla. Entonces Patricia se animó a dale un rápido beso al enorme glande.
El griterío fue mayor, mientras mi amiga tomaba esa gigantesca verga entre sus manos; ya estaba bastante dura. Y ella lo engulló como si fuera un helado. Esa verga se le marcaba dentro de sus mejillas; empezó a entrar y a salir, con los movimientos de cadera que daba el dueño.

De repente el flaco tomó a Patricia por los cabellos y hundió su pija casi entera dentro de su boca. Ella lo mantuvo por unos instantes; se notaba el esfuerzo que hacía para no ahogarse. Entonces el stripper empujó su cuerpo hacia atrás y su enorme verga salió de la boca de Patricia, junto con un grueso hilo de saliva mezclado con semen blanquecino.
La ovación para mi amiga fue increíble.

El stripper tomó de la mano a Patricia y la condujo hacia la parte trasera del escenario. Un hombre de seguridad se acercó a nuestra mesa y nos dijo que lo siguiéramos. Nos acompañó hasta la sala vip que mis amigas habían reservado; donde había unos sillones y una luz un poco más cálida y tenue.
Patricia ya estaba allí, en brazos del stripper desnudo; el tipo se acercó a nosotras y enseguida Natalia aprovechó para lamer esa pija bien erecta.
Otras de mis amigas pasaron sus manos por el trasero y el pecho del flaco.

Cuando llegó mi turno de hacer algo, el flaco me colocó la punta de su pija directamente contra mi pubis. Mis amigas se rieron, mientras yo acariciaba esa cosa magnífica, que era mucho más grande que la de mi marido.
Se sentía muy caliente y dura. Al tenerla entre mis manos me pregunté cómo se sentiría semejante tamaño dentro de mi concha ansiosa por pija.

El flaco me sacó de mi ensueño, al encarar otra vez a Patricia y tironear su ajustado vestido rojo por encima de su cabeza. Para sorpresa de mis amigas, la muy turra esa noche no llevaba nada debajo; por lo cual quedó completamente desnuda, vestida solo con sus sandalias de taco alto, que daban una imagen muy sexy de sus largas piernas torneadas.

El stripper se sentó en el sillón y tomando bruscamente de la cintura a Patricia, la colocó encima de sus muslos. Pude ver la hermosa cola de mi amiga y enseguida el flaco le hundió su dura verga en esa concha humedecida, sin más preámbulos. Escuché el grito ahogado de Patricia.
La tenía metida entera hasta el fondo, de un solo empujón muy brusco.

El stripper la sostenía firmemente por la cintura y le bombeaba la concha cada vez con más velocidad. Yo estaba sobria pero mis amigas ya mareadas festejaban con aullidos la brutal cogida que le estaban dando a Patricia. Ella gemía y jadeaba mientras el tipo le daba violentas sacudidas.
Mientras él le lamía los pezones erectos, mi amiga comenzó a impulsar sus piernas con el sillón para cabalgarlo. Lanzó un gemido entrecortado y ambos bajaron la intensidad del bombeo, hasta quedarse quietos.

Ella había acabado sin hacer mucho ruido. Quedó rendida sobre el pecho de su amante. Pero el tipo continuó con su show: se levantó del sillón, dejando a mi amiga recostada y empezó a masturbarse cerca de ella.

Pocos segundos después una lluvia de semen blanco y espeso cayó sobre el delicado cuerpo desnudo de nuestra amiga. A ella se la veía rendida…

Después el tipo les pidió a mis amigas que lo ayudaran a lograr nuevamente una buena erección. Por supuesto Natalia se abalanzó sobre esa pija y se la metió entera dentro de sus labios rojos. En cuestión de pocos minutos otra vez esa verga estaba erguida como un mástil.

Con la verga bien tiesa, el flaco le arrancó la bombacha groseramente a Natalia, que se largó a reír a carcajadas. La acomodó con la cola hacia arriba en el sillón y empezó a escupirse su propia verga. También escupió sobre la cola de Natalia y con un dedo hizo escurrir la saliva hasta la entrada de su ano. El anillo trasero de Natalia se veía realmente muy apretado y cerrado. No había chance de que semejante verga entrara allí sin lastimarla. Natalia me había confesado una vez que todavía le quedaba el culo absolutamente virgen…

Primero empezó a apoyarle solo el glande, que era ya bastante grueso.
Pero se impacientó luego de varios intentos frustrados y entonces la agarró firmemente de las nalgas y se las separó con rudeza.
Natalia estaba con la cabeza gacha, su cara hundida en un almohadón.

La noté absolutamente entregada. El alcohol la había desinhibido del todo.
Me acerqué al stripper para decirle que tuviera cuidado, pero el tipo sonrió, diciendo que iba a hacerle la cola con delicadeza a mi amiga.

Después siguió empujando. Pronto logró enterrar su glande. Mi amiga se estremeció y suspiró de forma ahogada. Levantó su cabeza y esta vez gimió casi al borde de las lágrimas. Esa verga le estaba doliendo. El tronco ya había entrado casi hasta la mitad. Los gemidos de Natalia eran cada vez más desinhibidos; ya eran gritos y alaridos desesperados.

Una vez que estuvo toda esa enorme pija adentro del ano de mi amiga, el stripper empezó a moverse, metiendo y sacando esa cosa con dificultad. Natalia empezó a recibir unas palmadas en sus nalgas, que aumentaban en fuerza a medida que sus gritos también aumentaban de volumen.

De repente ella derrumbó en el sofá, sin poder mantener firme la posición de gato en cuatro patas. Todavía tenía adentro esa tiesa verga enorme.
Empezó a gritar, suplicando que se la sacara porque le dolía mucho.

El stripper se convenció y sacó de golpe su verga del culo de Natalia.
Ese esfínter había quedado muy dilatado, casi estropeado.
Mis otras amigas por fin dejaron de reírse, mientras veían que Patricia se incorporaba con dificultad y casi no podía mantenerse en pie.

Ellas tampoco podían levantarse, después del exceso de vino espumante.
El stripper me miró a los ojos, mientras se tomaba esa verga todavía dura entre sus manos. Me la estaba ofreciendo toda para mí sola. Ahora yo era la única que podía disfrutarla sin quejarme ni desmayarme de dolor.

Decidí que a mis fiesteras amigas ya se les pasaría el dolor o los efluvios del alcohol. Comprobé que estarían bien y volví a mirar al stripper.

Dejé que tomara mi mano y me arrastrara a una habitación contigua…
発行者 Anitaslut44
6年前
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