Martita: Delirio del sexo añal y la masturbación

Ustedes saben que el libídine es mi “leitmotiv” soy una gozadora lujuriosa viciosa, es mi debilidad y es desenfreno que marca en cetro de mi vida. Voy a confesar mi adicción particular por el sexo anal. Les cuento que tomando las precauciones básicas de higiene y sin exageraciones masoquistas de empotrarse cosas que te pueden lastimar se logra un placer que te lleva al delirio. Armonizar los goces de la vagina y el ano, la sensibilidad de los pechos, agasajar tu cuerpo bañada en tus jugos secretados, aceites, el humo del cigarrillo o un incienso y dejar escapar sin freno tus gimoteos, berrinches y quejidos, hace que detonen en un embeleso asombroso, con hombres, mujeres o en solitario. Pero cuidado puedes viciar y ser una desquiciada como yo, pero después me cuenta si las tengo que afiliar al club de las gozadoras.

No recuerdo bien desde cuando me volví adicta al sexo anal, pero fue hace mucho tiempo… Es una de las tres sensaciones más placentera a la que mi cuerpo se ha hecho golosa: Mamar, el orgasmo de clítoris y entregar mi culito al goce, esas son mis tres artes celestiales. Supongo que el desencadenante fue mi necesidad de ser deseada, de seducir. Podía percibir el poder de mis caderas y las miradas de los hombres desvistiéndome, cuando caminaba cimbreante de mini o unos vaqueros o calzas metida entre mis nalgas por las calles del pueblo…Ufff¡¡¡ eso me hacia delirar, me sentía una amazona poderosa, con el ondular de mis nalgas.

Es que ya sea con sementales briosos u hembras deliciosas o en plácidas masturbaciones - en solitario o compartidas - se me fue dando el gusto desde esa edad temprana. Sabía que enloquecía a los hombres con la promesa de placer de mi culito y como me anhelaban… - Los vuelves loco Martita me decía - Cuando en la matiné de un cine de barrio sentí la primera pija apoyada en mis nalgas alucine de apetito de tenerla dentro de mi ano, palpe y mame por fin por primera vez una pija, seguro de un amorcito de verano, - ni recuerdo - no podía entender como eso tan grande y duro podía entrar por mi culito sin partirlo. Me calentaban los viejos, a los veteranos se lea caía la baba cuando pasaba zarandeando mi trasero y les sonreía pícara haciéndome la inocente y eso me daba… - me da - vida, soñaba sus chorros de líquido espermático en mis intestinos, calmando el ardor de la dilatación...

Mi osadía comenzó con los deditos, después por embutir despacito el manguito de mi cepillo de pelo enjabonado o con cremita. Ponía la colita en popa, -así¡¡¡- me abría lo clavaba sin piedad, rogando a dios por el dolorcito en mi colita. Lo valoraba como iba ingresado, apartando mi orificio y colándose en mi canal, lo albergaba golosa entre berridos y lamentos, llorando por aquel tronco que se me antojaba enorme, pero que no podía parar de meterlo en mí. Ansias de padecimiento y el regodeo ante la necesidad de empotrar sin piedad y moverle dentro de mi intestino. Poco a poco me fui acostumbrando a ese sabor amargo, primero un dolorcito, después el picor y posteriormente el delirio del placer que me transfería…

Ese éxtasis, de soñarlo me fue llevando al delirio de ser cogida por mi orto necesitaba ser tomada y poseída. A los 15 ya me habían comido la mitad de mis compañeritos del colegio y 17 era la putita fácil del pueblo, la máquina de dar placer, los viejos pagaban por hacerme el culito a pijazos, confieso que desde esa edad nunca me falto el dinero. El espaldar de mi cama era mi juguete preferido hasta que descubrí mi amante perfecto, un enorme envase de crema de pelo que se convirtió en mi macho *******, - pomo divino - lo llenaba de leche tibia y lo descargaba después de un rato del mete saca cuando sentía que me venía… Dioses toda le leche en mi interior… - macho cruel, dame tu leche – murmuraba, mientras la cuajada inundaba mis intestinos salía después como un lavaje de placer. Tiempos en que el miedo y el pudor ya no me daban el freno y por otra parte la lujuria la necesidad irrefrenable de ser poseída me llenaba de apetitos.

Termine el colegio (De monjas jejeje) fui del pueblo a estudiar Ciencias Económicas ya acostumbrada a ese sabor picante, después vinieron distintos objetos y mucho dinero extra. Compañeros y compañeras de facultad, sementales lechosos, bananas ecuatorianas, -las más grandes- hembras con sus manos y sus bocas, pijas, mujeres pervertidas, viejos verdes que pagaban por el placer de poseerme, pepinos, aparatitos, dilos, consoladores y zanahorias. Cuando me masturbaba aprendí el placer adicional de verme a mí misma. De admirar mi cuerpo, y mi dilatación. Adoro observar cómo me abro, colocar un espejo en el suelo o frente a mí y otro detrás para ver cómo me dilato como me la como toda.

Hay protocolos o parte del ritual que acompañan la acción. Siempre chupo antes el pene, la mano o el aparatito ese objeto de placer, como en un ritual de devota adoratriz. Es ese agrado de poder conjeturar su dimensión con mis labios, calibrar el padecimiento de la dilatación y la delectación de la turgencia de la carne al abrirse. Lo introduzco en mi boca y paso la lengua golosa, rizada de deleite anticipado de lo que me voy a enterrar en el orto. Unto el bálano de la verga falsa, de la verdadera o los dedos de mi hembra con aceite. Adoro esparcir el lubricante de bebé mientras el aroma a almendro me trastoca, restriego y arrullo tragona la cabeza, el tallo de la parte cavernosa y los genitales, tronco de la vida monumental cresta del placer. La otra es la cuajada en el culo apreciar el brotar dentro de mí, y después limpiarla con mi boca absorbiendo los sobrantes de esperma.

Es tal mi vicio que suelo ir al trabajo o salir de compras con un obturador anal y una mariposa en mi vagina vibrando en mi interior y lo llevó por horas ellos juegan en mi recto y el canal de la vagina y yo enloqueciendo, disimulando, tratando de mantener la compostura mientras el cosquilleo me da descargas de encanto. Debo admitir que durante mis adicciones más severas, las necesidades más morbosas de mi apetito de masturbación anal intenté, meterme objetos demasiado grandes, o comerme 5 machos en una noche por el culo, pero pronto comprendí que ya estaba llegando a un límite seguramente perjudicial para mi cuerpo y mi colón lo sufrió con creces y lo más trascendente resultó poco agradable después del momento de locura, ya que tal exceso deja de ser placentero y trae problemas posteriores, fisuras, y lastimaduras, por lo cual pasó, tengo mi límite...

Pero sigue la travesía de mi vida y yo con el vicio a flor de piel. Hoy, garabateo este relato de vida en mi escritorio, sentada en mi sillón con un “buttplug” bien metido en mi culo, con la intención de confesar algunas vivencias como quien hace una confesión ante el tribunal de inquisición. Lo siento vibrar dentro de mí y me merezco el sensaciones. Escribo mientras muevo mis caderas balanceándome de un lado al otro para poder sentir como me abre mi buttplug vibrando en mi interior y la mariposa en mi vagina. Confieso que si bien gozo con hombres y mujeres para el anal prefiero la autosatisfacción soy una pajera empedernida.

Ahora garabateo en la compu en mi cama. Estoy excitada, estoy sola en casa, mi madre salió. En mi cuarto el dilo vibrando en mi interior y yo estimulada por el relato que me hacer revivir cosas de mi vida. Tomo mi dilo mas grande, lo acaricio y lo lamo golpeándolo temblorosa. – sé lo que me espera, es noche de placer - Saco la mariposa vibradora y lo llevo a mi vagina y sobo su monstruosa cabeza en mi concha mientras me vibra el culo, mis labios vaginales se abren, pero es otro su destino, - verdad puta me dije – saquee dilo vibratorio y presione suavemente sobre mi esfínter el consolador divino… - Mmm Dios¡¡¡- el monstruo engrasado lubricado de aceites y olores se abre paso suave dentro de mí... estoy en cuchillas con un espejo en el suelo en la alfombra para ver cómo me va abriendo

No aguante mas el deseo irrefrenable de meterlo todo en mi culo y lo hice. -Mmm siiiiiiiii¡- Acariciaba mi clítoris con los dedos de mi mano izquierda mientras introducía el dilo en mi culito que se separaba dejándome un picor en todo el cuerpo y arrancándome gritos de dolor y placer. Aprecié las conmociones de mi organismo, mi culo y mi vagina palpitante de éxtasis mientras el clítoris se me llenaba de ******, me fui abriendo deliciosamente, empecé un empotra y saque delicioso. Quería venirme en ese preciso instante, así que aumenté el ritmo de mi mano izquierda y empecé el vaivén imparable de mi mano derecha. Ingresó, entro todo, *********** y luego se escurre hasta irse a fondo. En aquel relámpago, igual que invariablemente hago, gemí - ¡Malooo, hijo de puta, me partís!... Ohhh¡¡¡ - Me quedé quieta, ********** sollozando – ¡Haceme tuya¡¡¡ – gritaba - mientras me retorcía de deleite, rascazones y convulsiones - ¡Haceme tuya¡¡¡ - En pocos segundos quede transferida, el sufrimiento se cambió en delicia, a la sazón emprendí a juguetear con mi clítoris, acariciaba los labios de mi vagina, paladeaba mis dedos con locura saboreando mis fluidos y empapandose de baba que terminaría de nuevo en entre mis piernas… - lloriquee temblorosa -Quiero que me cojas mas te lo suplico macho divino¡¡¡ murmuraba… -quiero ser tuya- rogaba como en una plegaria gritaba -dame, dame- y berreaba de placer, deslizaba ambas manos por mi abdomen, mis pechos, lisonjeaba mis pezones, bajaba por mis piernas húmedas, hasta las rodillas - Mmm dioses qué delicia - qué rico, delicioso, mi piel sumisa y bañada por los brebajes que expulsa mi organismo. El sudor se escabulle por mi cabeza y terminaba por chorrear mi cabello. Trepaba mis manos por la parte posterior de las articulaciones, apartaba a mis nalgas, las apretaba con frenesí, clavaba un poco mis uñas en ellas. Lo extraje de mi orto, dios me ardía, pero al momento el antojo de sentirlo de nuevo, lo cual me motivó a tal extremo que sin dudarlo lo embadurna de aceite como lubricación extra y empujé el consolador de nuevo en mi ano todo… todo hasta el tronco… estando boca arriba se filtró con obstinación… Ingresó mucho más fácil y ahora no me dolió me invadió el placer de ser detonada.

Empecé a juguetear con él, lo empujaba hasta que solo se veía un punto de color blanco en el fondo de mi ano, que se veía precioso en el espejo, abierto, tronado y luego lo expulsa contrayendo mi abdomen y mi ano. Me hipnotizaba verlo brotar y embutirse de nuevo.Aprete mis ancas con todas mis fuerzas, temblaba, retorcía mis pies, me meaba a chorros, desencajadas mis manos crispadas, mis ojos idos, mi boca sollozante, brotaron lágrimas de mis ojos y lloriqueaba tiernamente. Lo saque de mi cuerpo, lo bese, lo lamí tomé el consolador y lo clavé en mi vagina. No tenía que hacerlo lento, se me fue hasta el fondo y sentí los testículos falsos rozando mi concha abierta, lo retiré completamente y repetí el proceso en mi culito. Afuera, adentro, afuera, adentro, mmm, eternidad mía, afuera, adentro. No lo retiré más y empecé a meterlo y sacarlo hasta que el glande se abría paso por mi esfínter interno, recuerdo que en ese momento susurré esto se siente demasiado rico, ufff, Dios mío, qué delicia…

Me retorcía sobre mis fluidos comencé a mover el dilo más rápido, con movimientos más cortos, de pronto sentía al instante unas ganas de expulsar el tronco, como si quisiera ir al baño con urgencia, - lloraba, chillaba, (Hay Marta) me cagaba y me meaba a chorros como una acabada de esperma chetada de calentura - fue entonces cuando, en contra de mis instintos, introduje con más fuerza y velocidad aquel objeto celestial. Me subí a la cama. De rodillas en el borde del espaldar, con el culo al aire, me penetraba intensamente mientras lloraba y tenía un orgasmo tras otro. De pronto desfallece, perdí por un momento los sentidos, rodé por la cama como en un ataque de locura ********** y en un grito ahogado y me quede tirada en convulsiones en la cama.

No puede más, “petit morte” por un rato sentí las contracciones involuntarias de mi vagina y de mi ano, una electricidad que me venía de abajo y me llegaba el cerebro, estuve quieta volviendo a mí de a poco, muy de apoco, no sé cuánto duró el viaje. Prendo temblorosa un cigarrillo y ahora con un vino frente a mi compu, pulo esta historia para ustedes… y me dan ganas de compartirlo con mis amigas y mis amigos íntimos si el ardorcito de mis partes intimas me deja concentrar… Montevideo, mad**gada domingo 8 de noviembre 2020. María Marta..





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発行者 Livido
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