Carmen y el semen
Hoy contaré el por qué adoro las mujeres maduras, y un secreto.
La llamaré Carmen, y yo Rubén. Ella tenía 40 años, divorciándose de su aburrido maduro y redescubriendo el mundo. Yo tenía 19, super salido y con unas ganas de follar incontrolables.
La verdad es que Carmen tardaba mucho en animarse, que si su edad, que si la mía, que si no tenía un cuerpo diez...estaba llena de dudas, pero se la veía con ganas de follar.
Ella tenía un salón peluquería, y un día me acerqué casi a la hora del cierre para ayudarla, y de paso magrearnos un poco. Pero yo tenía ganas de mucho más. Le dije si le apetecía que le lavase la cabeza, con un buen masaje. Ella aceptó.
A la par que la atendía, me desnudé. Ella echada hacia atrás con los ojos cerrados y un escote descomunal aún se habia percibido de ello, sólo disfrutaba de su masaje. Le pedí que se pusiera la toalla y fuera a la sala de estética, donde había una cómoda camilla. Allí se tumbó y entonces se dió cuenta de que estaba desnudo.
"Carmen, yo tengo muchas ganas de follar contigo. Si no quieres me iré y no te m*****aré más"
"No, si yo también quiero" me dijo agarrándome de la polla. "Quédate".
Desde ese día pasamos un verano follando un día sí y otro también. Carmen era perfecta. Le encantaba enseñarme, se corría con muchísimas ganas, tenía un cuerpazo de escándalo... un sueño hecho realidad.
Carmen es la mujer que más me ha marcado sexualmente. Hoy con 43 años años sigo masturbándome pensando en ella, porque con ella son mis mejores recuerdos en el sexo. Y cuando me la casco pensando en ella hago otra cosa. Beberme mi semen.
Carmen, entre otras cosas, le gustaba que me corriera en sus tetas. Me ordeñaba con sus manos, con su boca, con sus balones... Luego se restregaba contra mí. Era alucinante notar como resbalan unos melones de la 95 DD por mi cuerpo, y creo que por ello hoy día eyaculo tanto.
En una ocasión me pidió que le chupase las tetas llenas de mi semen. Le deboré hasta el último centímetro, limpiándola de arriba abajo de cualquier rastro de semen.
"Joder Rubén. ¿No te da asco tragarte tu semen?"
"Pues no. Tú lo has echo un montón de veces"
Desde entonces me lo pedía con bastante frecuencia, que me corriera en alguna parte de su cuerpo y luego la limpiase como si fuese un perro hambientro. Sus tetas, su cara, su culo...
Un día le propuse hacerle algo especial.
A mi me volvía lo co comele el coño. No sólo porque se corriera en mi cara, que me encantaba. Me gustaba mucho beberme su flujo, ella lo lo sabía, y en muchas ocasiones se sentaba sobre mi cara masturbándose para que pudiera saciarme.
"Carmen, me patece limpiarte de mi semen, pero esta vez, limpiar tu vagina"
"¿Por dentro?... no me puedes lamer por dentro."
"No, pero me puedo correr mucho dentro tí. Y luego tu darte la vuelta para que salga todo"
Le encantó la idea. La puse con sus rodillas hacia sus hombros y comencé a follármela como si no hubiese un mañana. Me corrí tres veces, intentando eyacular tanto y tan profundo como me fuera posible. Le pedía que no se corriera (Carmen para eso tenía mucha falcilidad). Ella entonces quiso sentarse sobre mi, pero yo no la dejé.
"Ahora tienes que correrte tú Carmen. Yo no quiero mi leche sola, si no va acompañada del jugo de tu vagina. Yo me he corrido tres veces y tú te vas a tener que correr otras tres."
Comezó a masturbarse frenéticamente mientras yo le lamía la mano, su vulva, su ano, sus muslos..así se corrió una vez.
Siguió másturbándose con mi polla dentro de su culo (eso habiámos aprendido hacía poco) Me encantaba su culo y a ella también. Se corrío otra segunda vez.
Dentro de su coño ya no cabía más líquido. Estaba rebosando a pesar de estar boca abajo y le dije que se tenía que correr por tercera vez en mi cara.
Se tapó el coño para que no se saliera nada, y cuando estuvo encima de mí volcó todo lo que llebaba dentro dentro de mi boca. Me supo a gloria esa orgía de su flujo y mi leche. Carmen no paraba de frotarse contra mi cara, restregando los fluidos por todas partes, y así se corrió la tercera vez.
Nunca he sentido un orgasmo de una mujer tan intenso, ni tan largo, ni tan cerca. Aún después de correrse no soltó mi cabeza para apretar mi cara contra su coño.
Con Carmen hice mucho más, pero eso será mejor en otra ocasión.
La llamaré Carmen, y yo Rubén. Ella tenía 40 años, divorciándose de su aburrido maduro y redescubriendo el mundo. Yo tenía 19, super salido y con unas ganas de follar incontrolables.
La verdad es que Carmen tardaba mucho en animarse, que si su edad, que si la mía, que si no tenía un cuerpo diez...estaba llena de dudas, pero se la veía con ganas de follar.
Ella tenía un salón peluquería, y un día me acerqué casi a la hora del cierre para ayudarla, y de paso magrearnos un poco. Pero yo tenía ganas de mucho más. Le dije si le apetecía que le lavase la cabeza, con un buen masaje. Ella aceptó.
A la par que la atendía, me desnudé. Ella echada hacia atrás con los ojos cerrados y un escote descomunal aún se habia percibido de ello, sólo disfrutaba de su masaje. Le pedí que se pusiera la toalla y fuera a la sala de estética, donde había una cómoda camilla. Allí se tumbó y entonces se dió cuenta de que estaba desnudo.
"Carmen, yo tengo muchas ganas de follar contigo. Si no quieres me iré y no te m*****aré más"
"No, si yo también quiero" me dijo agarrándome de la polla. "Quédate".
Desde ese día pasamos un verano follando un día sí y otro también. Carmen era perfecta. Le encantaba enseñarme, se corría con muchísimas ganas, tenía un cuerpazo de escándalo... un sueño hecho realidad.
Carmen es la mujer que más me ha marcado sexualmente. Hoy con 43 años años sigo masturbándome pensando en ella, porque con ella son mis mejores recuerdos en el sexo. Y cuando me la casco pensando en ella hago otra cosa. Beberme mi semen.
Carmen, entre otras cosas, le gustaba que me corriera en sus tetas. Me ordeñaba con sus manos, con su boca, con sus balones... Luego se restregaba contra mí. Era alucinante notar como resbalan unos melones de la 95 DD por mi cuerpo, y creo que por ello hoy día eyaculo tanto.
En una ocasión me pidió que le chupase las tetas llenas de mi semen. Le deboré hasta el último centímetro, limpiándola de arriba abajo de cualquier rastro de semen.
"Joder Rubén. ¿No te da asco tragarte tu semen?"
"Pues no. Tú lo has echo un montón de veces"
Desde entonces me lo pedía con bastante frecuencia, que me corriera en alguna parte de su cuerpo y luego la limpiase como si fuese un perro hambientro. Sus tetas, su cara, su culo...
Un día le propuse hacerle algo especial.
A mi me volvía lo co comele el coño. No sólo porque se corriera en mi cara, que me encantaba. Me gustaba mucho beberme su flujo, ella lo lo sabía, y en muchas ocasiones se sentaba sobre mi cara masturbándose para que pudiera saciarme.
"Carmen, me patece limpiarte de mi semen, pero esta vez, limpiar tu vagina"
"¿Por dentro?... no me puedes lamer por dentro."
"No, pero me puedo correr mucho dentro tí. Y luego tu darte la vuelta para que salga todo"
Le encantó la idea. La puse con sus rodillas hacia sus hombros y comencé a follármela como si no hubiese un mañana. Me corrí tres veces, intentando eyacular tanto y tan profundo como me fuera posible. Le pedía que no se corriera (Carmen para eso tenía mucha falcilidad). Ella entonces quiso sentarse sobre mi, pero yo no la dejé.
"Ahora tienes que correrte tú Carmen. Yo no quiero mi leche sola, si no va acompañada del jugo de tu vagina. Yo me he corrido tres veces y tú te vas a tener que correr otras tres."
Comezó a masturbarse frenéticamente mientras yo le lamía la mano, su vulva, su ano, sus muslos..así se corrió una vez.
Siguió másturbándose con mi polla dentro de su culo (eso habiámos aprendido hacía poco) Me encantaba su culo y a ella también. Se corrío otra segunda vez.
Dentro de su coño ya no cabía más líquido. Estaba rebosando a pesar de estar boca abajo y le dije que se tenía que correr por tercera vez en mi cara.
Se tapó el coño para que no se saliera nada, y cuando estuvo encima de mí volcó todo lo que llebaba dentro dentro de mi boca. Me supo a gloria esa orgía de su flujo y mi leche. Carmen no paraba de frotarse contra mi cara, restregando los fluidos por todas partes, y así se corrió la tercera vez.
Nunca he sentido un orgasmo de una mujer tan intenso, ni tan largo, ni tan cerca. Aún después de correrse no soltó mi cabeza para apretar mi cara contra su coño.
Con Carmen hice mucho más, pero eso será mejor en otra ocasión.
5年前