Masajista
Raquel pensó que era publicidad. Siempre abre el buzón al llegar del trabajo y lo único que hay son folletos de comida rápida y alguna carta del banco. Aquel martes, ese sobre color hueso suponía algo especial, venía con sello y con la dirección escrita. Como remitente: “Un amigo”
Aquello despertó su curiosidad. “¿Un amigo? ¿Qué amigos tengo yo que me mande cartas?...”
La abrió allí mismo en el portal con cierta emoción y bastante torpeza, debe ser la poca costumbre de recibir correspondencia en papel.
Dentro había un pequeño papel que decía “Un deseo, una fantasía. Sinceramente tuyo, S.”
Lo acompañaba un folio con el sello del Hotel Alkalat de Alcalá de Guadaíra, Era una reserva de día para una Máster Suite con Jacuzzi para ese jueves. A mano, en rojo, estaba escrito “9:30 de la mañana, no faltes”.
Aquello le pareció una broma o un timo. Dobló la carta con una mezcla de nervios y enfado y la metió deprisa en el bolso. Pensaba que era una broma de su marido, siempre con juegos morbosos. Pero, por un lado, no era su letra. Y, por otro, Juan es tan trasparente que algo le hubiese notado. Su instinto le decía que su querido esposo no era.
Aunque tenía claro que esa invitación era algo inaceptable (incluso siendo un a broma de Juan), no pudo dejar de pensar en ella ni un solo minuto. Todo era una locura, pero una locura que le excitaba sobre manera. Ese mismo martes tuvo que encerrarse en el baño para masturbarse; fue una paja rápida, como un trámite para quitarse de la cabeza aquella historia, una manera de expulsar la tentación y dar por olvidado todo. El orgasmo fue tan intenso que en lugar de calmarla, le llenó de ganas de acudir a la extraña cita.
El miércoles amaneció con la negativa absoluta al plan oculto.
De nuevo la decisión de no ir estaba tomada.
Pero el movimiento incontrolable de mariposas en el estómago y el calor que despertaba en su sexo la idea del encuentro le acercaba al hotel.
Tuvo que masturbarse antes de llegar a casa.
Tuvo que masturbarse en casa.
"Ufff, cómo estoy" pensaba
Aquel miércoles la cabeza y el cuerpo de Raquel estaban perdidos en un mundo de fantasías, misterio y morbo.
No podía dormir. Tuvo que tocarse otra vez en la cama, de mad**gada, en silencio, mientras su marido dormía a su lado. En ese momento tomo la decisión de acudir a la cita anónima. Si era su marido, era divertido; si no, podía convertirse en su mayor aventura.
El jueves se despertó la primera en casa. Estaba acelerada, muy nerviosa pero tenía que dar la sensación de que iba a ser una jornada típica de entre semana. No tenía que poner una excusa en casa; simplemente una mañana para hacer recados. Peligro de que se supiera aquello prácticamente cero. De otro tipo de peligro... Esos ya ni lo consideraba. Iría sí o sí.
Su ducha matutina terminó, como no podía de ser de otra forma, en una húmeda corrida. No dejó ni un milímetro de piel sin su body milk perfumado. Seleccionó su lencería más sensual y sus zapatos de vértigo. Como no quería llamar demasiado la atención dejó todo tapado por un vestido sencillo que le quedaba de maravilla pero no revelaba el pecaminoso cuerpo que Dios le había dado.
Juan se fue para el trabajo (sin que le hubiese visto ninguna actitud cómplice ni gamberra) y llevo a la niña al cole.
Preparó su bolso, sus llaves, su cartera y su invitación. Llamó a un taxi y casi temblorosa, puso rumbo al hotel Alkalat.
Si había un lugar discreto en Sevilla para tener una aventura era ese. Eso fue lo primero que pensó Raquel, como si ella fuese ajena a todo aquello, como si estuviese allí por accidente. Pero al entrar en recepción recordó que una aventura era lo que ella estaba a punto de vivir... Y los nervios le cubrieron todo el cuerpo y parte de la voz.
Pero cuando fue a pedir su habitación la recepcionista, como si estuviese esperando que llegase, le dio la tarjeta de entrada y un sobre. “Bienvenida. Su habitación está al fondo de aquel pasillo. Espero que disfrute mucho su estancia”.
Subió a la habitación con cierto temor y muchísimos nervios. Entró y se preocupó más de ver si había alguien o algo raro que de valorar la magnífica instancia que tenía delante. Fue dejar el bolso en una silla y llamaron a la puerta. Abrió un poco la puerta, con cierta prudencia.
Debía ser alguien del servicio del hotel, no era nadie conocido. Desde luego no era un hombre dispuesto a cubrir sus deseos y fantasías, principalmente porque era una mujer.
Y bastante atractiva por cierto. Muy morena de piel, preciosa de cara, ojos oscuros. Tenía el pelo negro y largo y una simpatiquísima sonrisa.
-¿Raquel?
-Sí soy yo...
-Encantada. Soy Nuria, la masajista.
Raquel se quedó ********** sin saber ni qué hacer ni qué decir...
-...¿todo bien? ¿puedo pasar?
-Bueno, no esperaba... la verdad es que... bueno, sí, sí pasa, pasa. Pero...
-Es tu primer masaje ¿verdad? No estés nerviosa, tranquila. No es nada extraño. Relájate. Vamos muy despacito.
Seguía **********. Por más que aquella chica le pareciera atractiva, por más que había fantaseado con la idea de estar con otra mujer... en ese momento estaba con un bloqueo importante.
-Raquel, no te preocupes. Tómate el tiempo que quieras. Si no te importa voy a ir un momento al baño.
Cuando se quedó sola se lanzó a por la botella de champán, la abrió derramando casi la mitad y se puso un vasolleno de espuma que literalmente se tragó en un segundo. Se lo volvió a llenar dos veces más.
Nuria salió vestida con una minúscula bata blanca y una sonrisa que iluminaba la habitación.
Raquel copa en mano no sabía muy bien como actuar
-Perdona, estaba bebiendo un... es... ¿quieres?.
-Vale, genial. Así brindamos por tu primera vez.
Lleno dos copas con una torpeza tremenda, el champán rebosó hasta dejar la mesa empapada.
La masajista sonrió y Raquel ante la situación tan dantesca, también. Al menos aquello sirvió para relajar un poco el ambiente.
-Si te parece, quítate el albornoz y túmbate boca abajo en la camilla. Voy preparando el aceite.
-¿Desnuda?... sí claro, perdona, no me voy a dejar el albornoz claro...
Se quedó dubitativa unos segundos y aprovechó que Nuria se había girado para quitarse velozmente el albornoz y tumbarse en la camilla. No tenía práctica en quedarse desnuda delante de mujeres, alguna vez en el gimnasio pero como puro trámite. Pero por un extraño motivo, estaba cómoda, lo que no había conseguido en ningún momento desde hacía dos días. Cómoda, sí, pero tremendamente excitada. Aún así, cerró los ojos.
Empezó a sonar de algún sitio una música como oriental, de esas de hilo musical. No era mucho de sonidos “new age” ni similares pero ayudaba a meterse en situación.
La masajista tapó la zona baja de la espalda con una toalla de mano. “Al menos me ha tapado el culo” pensó. Notó un líquido tibio caer sutilmente por su espalda, seguido de las suaves manos de Nuria. Al notar el contacto todo su cuerpo se endureció.
-Tienes todo el cuerpo como una piedra. Tenso, tenso... pero ya veras cómo se va relajando
El calor húmedo y el aroma a esencias ayudaba a aflojar el cuerpo, pero las caricias de la masajista lo tensaban. Nunca nadie la había tocado así, ni su marido. Despacio, extendiendo el aceite por toda la piel. Empezó con mucha suavidad y cuando ya tenía toda la espalda cubierta comenzó a ejercer algo más de presión. Sus músculos cedían al contacto de Nuria y notó como no solo su espalda se había humedecido.
Raquel ya estaba dentro. Ya se había separado de todas los miedos. La masajista lo había conseguido. Sus manos calmaron su cuerpo y estimularon mucho su piel... y solo acariciando y presionando la espalda y los brazos.
Abrió los ojos un momento y gracias al espejo vio que Nuria también estaba desnuda. Lo primero que pensó fue “lógico, no se querrá manchar con el aceite..”. Pensamiento absurdo que obviamente duró tres segundos. El hormigueo del estómago apareció con una agresividad que incluso la masajista noto un temblor en el cuerpo de Raquel.
-Frío no será ¿no?
Nuria ya había cambiado su tono de voz y su intención en las palabras. De hecho, se acercó a su oído para susurrarlo. Por la altura de la camilla, cuando se inclinó, Raquel pudo notas sus pechos apoyarse sobre su espalda.esa situación, Nuria se convirtió en deseo.
Le tumbo de nuevo boca abajo.
Esta vez no le echó aceite. Pero gracias a los espejos veía como la masajista se embadurnaba con él. Ver aquel cuerpo moreno brillar tanto le pareció precioso.
Notó como se subía también a la cama. Le volvió a separar bien las dos piernas y se colocó entre ellas.
Las manos recorrieron todo el cuerpo como resumen al masaje anterior. Era una caricia global calmada desde los pies hasta los hombros, un repaso para que no hubiese queja de ningún poro de su piel.
La masajista dejó sus manos, y haciendo fuerza con sus brazos se colocó encima de su clienta. Sin subirse sobre ella, empezó a recorrer su espalda con el pecho. Raquel notaba los pezones duros y el pecho tierno de Nuria acariciando su espalda. Nuevos besos entraron en escena.
En esa posición, notaba el sexo completamente depilado de su masajista apoyado sobre su culo. Desprendía calor, más que el resto del cuerpo.
Raquel volvía a abrir la boca.
Dejó los roces y comenzó a apoyar su cuerpo completo sobre el de su clienta. Sin aplastarla, ni mucho menos, comenzó a juntar todo su cuerpo contra el otro. También las piernas se deslizaban por fuera y por dentro. Al subir y bajar notaba los muslos en su entrepierna.
En algunos movimientos, el caliente coño de Nuria también se frotaba contra sus piernas lo que excitaba muchísimo a Raquel; pensar que ella también era motivo de excitación para la hermosa y joven masajista.
Las dos gemían, sin mucho ímpetu, como en susurros, quizás por mantener un poco cierta dignidad... Porque, al menos a Raquel, lo que le salía era gritar de placer.
Un beso en el cuello acompañó una nueva petición: "Date la vuelta"
Se giró y Nuria se quedó de rodillas entre las dos piernas.
Se echó aceite en las manos sin dejar de mirar fijamente a Raquel.
-¿Qué tal?- Le preguntó sonriendo
- De maravilla - contestó la clienta con una contagiosa alegría
Sin dejar de mirarle a los ojos, la masajista se inclinó y empezó un suave masaje en los pechos. Los dos primero, para empaparlos. Luego uno, luego otro, Se centraba en los pezones. Las sonrisas que ambas tenían ahora cambiaron de gesto... Seguían mirándose pero el placer, sobre todo el de Raquel, se reflejaba ya claramente.
Estuvo a punto de correrse. Sobre todo, cuando Nuria decidió probarlos.
-¿Te importa? Son preciosos...
Aquello no era ya un masaje. Quizás se estaba pasando... pero la voluntad de Raquel era que siguiera, que no parase.
Pero paró. Volvió a quedarse de rodillas, mirándola.
- Raquel, no suelo hacer eso, pero me gustas, estoy muy excitada y me encantaría... Bueno...
- Ufffff, Dios... No sé pero... Bueno, yo...
- Tranquila, mira, déjame empezar y tú decides.
Bajó la cabeza y la enterró entre sus dos piernas.
Manteniendo la mirada, pego su boca al coño de Raquel y empezó a lamerlo. Igual que con las manos, empezó con un recorrido amplio de toda la vagina. Se hizo hueco poco a poco con la lengua para que los labios se quedaran abiertos y cuando el clítoris quedó expuesto, le dedicó unos minutos en exclusividad.
Sus manos abrían la zona y sus pulgares a veces separaban los labios para que la lengua penetrase su coño unos segundos para volver al clítoris.
También su boca lo atrapaba, como si lo besara, lo chupaba cuidadosamente como si quisiera beber más de aquel líquido ********* que salió de su coño durante su primer orgasmo.
Una mujer le comía el coño en la cama de un hotel... Y se iba a correr en su boca en cuestión de segundos.
No puedo evitarlo y lo gritó
- Me corrooooooooo, me corrroooooooooooo
Nuria intensifico los movimientos de su lengua y uno dedo le penetró para acariciar las paredes interiores de su cuello.
Raquel agarró con confianza la cabeza de la masajista y tuvo otro orgasmo. Esa nueva corrida volvió a superar la anterior. Los temblores fueron tan fuertes que casi de inmediato se disculpó con Nuria por si le había hecho daño con los movimientos.
El coño le chorreaba tanto que ya no sabía que era suyo, qué saliva, qué aceite.
La masajista se separó, se levantó, se sentó al lado de su clienta y después de acariciarle un poco el pelo enloquecido, le dio un hermoso y sutil beso en los labios.
- Eres una mujer hermosa y muy sexual. Ha sido precioso para mí ver cómo disfrutabas. Descansa un poco.
Y Raquel tuvo que cerrar un poco los ojos, reconstruir si podía su cabeza y descansar. No podría dormir después de todo aquello pero su cuerpo estaba en un estado casi de parálisis.
Nuria se levantó y la dejó descansar.
...
Aquello despertó su curiosidad. “¿Un amigo? ¿Qué amigos tengo yo que me mande cartas?...”
La abrió allí mismo en el portal con cierta emoción y bastante torpeza, debe ser la poca costumbre de recibir correspondencia en papel.
Dentro había un pequeño papel que decía “Un deseo, una fantasía. Sinceramente tuyo, S.”
Lo acompañaba un folio con el sello del Hotel Alkalat de Alcalá de Guadaíra, Era una reserva de día para una Máster Suite con Jacuzzi para ese jueves. A mano, en rojo, estaba escrito “9:30 de la mañana, no faltes”.
Aquello le pareció una broma o un timo. Dobló la carta con una mezcla de nervios y enfado y la metió deprisa en el bolso. Pensaba que era una broma de su marido, siempre con juegos morbosos. Pero, por un lado, no era su letra. Y, por otro, Juan es tan trasparente que algo le hubiese notado. Su instinto le decía que su querido esposo no era.
Aunque tenía claro que esa invitación era algo inaceptable (incluso siendo un a broma de Juan), no pudo dejar de pensar en ella ni un solo minuto. Todo era una locura, pero una locura que le excitaba sobre manera. Ese mismo martes tuvo que encerrarse en el baño para masturbarse; fue una paja rápida, como un trámite para quitarse de la cabeza aquella historia, una manera de expulsar la tentación y dar por olvidado todo. El orgasmo fue tan intenso que en lugar de calmarla, le llenó de ganas de acudir a la extraña cita.
El miércoles amaneció con la negativa absoluta al plan oculto.
De nuevo la decisión de no ir estaba tomada.
Pero el movimiento incontrolable de mariposas en el estómago y el calor que despertaba en su sexo la idea del encuentro le acercaba al hotel.
Tuvo que masturbarse antes de llegar a casa.
Tuvo que masturbarse en casa.
"Ufff, cómo estoy" pensaba
Aquel miércoles la cabeza y el cuerpo de Raquel estaban perdidos en un mundo de fantasías, misterio y morbo.
No podía dormir. Tuvo que tocarse otra vez en la cama, de mad**gada, en silencio, mientras su marido dormía a su lado. En ese momento tomo la decisión de acudir a la cita anónima. Si era su marido, era divertido; si no, podía convertirse en su mayor aventura.
El jueves se despertó la primera en casa. Estaba acelerada, muy nerviosa pero tenía que dar la sensación de que iba a ser una jornada típica de entre semana. No tenía que poner una excusa en casa; simplemente una mañana para hacer recados. Peligro de que se supiera aquello prácticamente cero. De otro tipo de peligro... Esos ya ni lo consideraba. Iría sí o sí.
Su ducha matutina terminó, como no podía de ser de otra forma, en una húmeda corrida. No dejó ni un milímetro de piel sin su body milk perfumado. Seleccionó su lencería más sensual y sus zapatos de vértigo. Como no quería llamar demasiado la atención dejó todo tapado por un vestido sencillo que le quedaba de maravilla pero no revelaba el pecaminoso cuerpo que Dios le había dado.
Juan se fue para el trabajo (sin que le hubiese visto ninguna actitud cómplice ni gamberra) y llevo a la niña al cole.
Preparó su bolso, sus llaves, su cartera y su invitación. Llamó a un taxi y casi temblorosa, puso rumbo al hotel Alkalat.
Si había un lugar discreto en Sevilla para tener una aventura era ese. Eso fue lo primero que pensó Raquel, como si ella fuese ajena a todo aquello, como si estuviese allí por accidente. Pero al entrar en recepción recordó que una aventura era lo que ella estaba a punto de vivir... Y los nervios le cubrieron todo el cuerpo y parte de la voz.
Pero cuando fue a pedir su habitación la recepcionista, como si estuviese esperando que llegase, le dio la tarjeta de entrada y un sobre. “Bienvenida. Su habitación está al fondo de aquel pasillo. Espero que disfrute mucho su estancia”.
Subió a la habitación con cierto temor y muchísimos nervios. Entró y se preocupó más de ver si había alguien o algo raro que de valorar la magnífica instancia que tenía delante. Fue dejar el bolso en una silla y llamaron a la puerta. Abrió un poco la puerta, con cierta prudencia.
Debía ser alguien del servicio del hotel, no era nadie conocido. Desde luego no era un hombre dispuesto a cubrir sus deseos y fantasías, principalmente porque era una mujer.
Y bastante atractiva por cierto. Muy morena de piel, preciosa de cara, ojos oscuros. Tenía el pelo negro y largo y una simpatiquísima sonrisa.
-¿Raquel?
-Sí soy yo...
-Encantada. Soy Nuria, la masajista.
Raquel se quedó ********** sin saber ni qué hacer ni qué decir...
-...¿todo bien? ¿puedo pasar?
-Bueno, no esperaba... la verdad es que... bueno, sí, sí pasa, pasa. Pero...
-Es tu primer masaje ¿verdad? No estés nerviosa, tranquila. No es nada extraño. Relájate. Vamos muy despacito.
Seguía **********. Por más que aquella chica le pareciera atractiva, por más que había fantaseado con la idea de estar con otra mujer... en ese momento estaba con un bloqueo importante.
-Raquel, no te preocupes. Tómate el tiempo que quieras. Si no te importa voy a ir un momento al baño.
Cuando se quedó sola se lanzó a por la botella de champán, la abrió derramando casi la mitad y se puso un vasolleno de espuma que literalmente se tragó en un segundo. Se lo volvió a llenar dos veces más.
Nuria salió vestida con una minúscula bata blanca y una sonrisa que iluminaba la habitación.
Raquel copa en mano no sabía muy bien como actuar
-Perdona, estaba bebiendo un... es... ¿quieres?.
-Vale, genial. Así brindamos por tu primera vez.
Lleno dos copas con una torpeza tremenda, el champán rebosó hasta dejar la mesa empapada.
La masajista sonrió y Raquel ante la situación tan dantesca, también. Al menos aquello sirvió para relajar un poco el ambiente.
-Si te parece, quítate el albornoz y túmbate boca abajo en la camilla. Voy preparando el aceite.
-¿Desnuda?... sí claro, perdona, no me voy a dejar el albornoz claro...
Se quedó dubitativa unos segundos y aprovechó que Nuria se había girado para quitarse velozmente el albornoz y tumbarse en la camilla. No tenía práctica en quedarse desnuda delante de mujeres, alguna vez en el gimnasio pero como puro trámite. Pero por un extraño motivo, estaba cómoda, lo que no había conseguido en ningún momento desde hacía dos días. Cómoda, sí, pero tremendamente excitada. Aún así, cerró los ojos.
Empezó a sonar de algún sitio una música como oriental, de esas de hilo musical. No era mucho de sonidos “new age” ni similares pero ayudaba a meterse en situación.
La masajista tapó la zona baja de la espalda con una toalla de mano. “Al menos me ha tapado el culo” pensó. Notó un líquido tibio caer sutilmente por su espalda, seguido de las suaves manos de Nuria. Al notar el contacto todo su cuerpo se endureció.
-Tienes todo el cuerpo como una piedra. Tenso, tenso... pero ya veras cómo se va relajando
El calor húmedo y el aroma a esencias ayudaba a aflojar el cuerpo, pero las caricias de la masajista lo tensaban. Nunca nadie la había tocado así, ni su marido. Despacio, extendiendo el aceite por toda la piel. Empezó con mucha suavidad y cuando ya tenía toda la espalda cubierta comenzó a ejercer algo más de presión. Sus músculos cedían al contacto de Nuria y notó como no solo su espalda se había humedecido.
Raquel ya estaba dentro. Ya se había separado de todas los miedos. La masajista lo había conseguido. Sus manos calmaron su cuerpo y estimularon mucho su piel... y solo acariciando y presionando la espalda y los brazos.
Abrió los ojos un momento y gracias al espejo vio que Nuria también estaba desnuda. Lo primero que pensó fue “lógico, no se querrá manchar con el aceite..”. Pensamiento absurdo que obviamente duró tres segundos. El hormigueo del estómago apareció con una agresividad que incluso la masajista noto un temblor en el cuerpo de Raquel.
-Frío no será ¿no?
Nuria ya había cambiado su tono de voz y su intención en las palabras. De hecho, se acercó a su oído para susurrarlo. Por la altura de la camilla, cuando se inclinó, Raquel pudo notas sus pechos apoyarse sobre su espalda.esa situación, Nuria se convirtió en deseo.
Le tumbo de nuevo boca abajo.
Esta vez no le echó aceite. Pero gracias a los espejos veía como la masajista se embadurnaba con él. Ver aquel cuerpo moreno brillar tanto le pareció precioso.
Notó como se subía también a la cama. Le volvió a separar bien las dos piernas y se colocó entre ellas.
Las manos recorrieron todo el cuerpo como resumen al masaje anterior. Era una caricia global calmada desde los pies hasta los hombros, un repaso para que no hubiese queja de ningún poro de su piel.
La masajista dejó sus manos, y haciendo fuerza con sus brazos se colocó encima de su clienta. Sin subirse sobre ella, empezó a recorrer su espalda con el pecho. Raquel notaba los pezones duros y el pecho tierno de Nuria acariciando su espalda. Nuevos besos entraron en escena.
En esa posición, notaba el sexo completamente depilado de su masajista apoyado sobre su culo. Desprendía calor, más que el resto del cuerpo.
Raquel volvía a abrir la boca.
Dejó los roces y comenzó a apoyar su cuerpo completo sobre el de su clienta. Sin aplastarla, ni mucho menos, comenzó a juntar todo su cuerpo contra el otro. También las piernas se deslizaban por fuera y por dentro. Al subir y bajar notaba los muslos en su entrepierna.
En algunos movimientos, el caliente coño de Nuria también se frotaba contra sus piernas lo que excitaba muchísimo a Raquel; pensar que ella también era motivo de excitación para la hermosa y joven masajista.
Las dos gemían, sin mucho ímpetu, como en susurros, quizás por mantener un poco cierta dignidad... Porque, al menos a Raquel, lo que le salía era gritar de placer.
Un beso en el cuello acompañó una nueva petición: "Date la vuelta"
Se giró y Nuria se quedó de rodillas entre las dos piernas.
Se echó aceite en las manos sin dejar de mirar fijamente a Raquel.
-¿Qué tal?- Le preguntó sonriendo
- De maravilla - contestó la clienta con una contagiosa alegría
Sin dejar de mirarle a los ojos, la masajista se inclinó y empezó un suave masaje en los pechos. Los dos primero, para empaparlos. Luego uno, luego otro, Se centraba en los pezones. Las sonrisas que ambas tenían ahora cambiaron de gesto... Seguían mirándose pero el placer, sobre todo el de Raquel, se reflejaba ya claramente.
Estuvo a punto de correrse. Sobre todo, cuando Nuria decidió probarlos.
-¿Te importa? Son preciosos...
Aquello no era ya un masaje. Quizás se estaba pasando... pero la voluntad de Raquel era que siguiera, que no parase.
Pero paró. Volvió a quedarse de rodillas, mirándola.
- Raquel, no suelo hacer eso, pero me gustas, estoy muy excitada y me encantaría... Bueno...
- Ufffff, Dios... No sé pero... Bueno, yo...
- Tranquila, mira, déjame empezar y tú decides.
Bajó la cabeza y la enterró entre sus dos piernas.
Manteniendo la mirada, pego su boca al coño de Raquel y empezó a lamerlo. Igual que con las manos, empezó con un recorrido amplio de toda la vagina. Se hizo hueco poco a poco con la lengua para que los labios se quedaran abiertos y cuando el clítoris quedó expuesto, le dedicó unos minutos en exclusividad.
Sus manos abrían la zona y sus pulgares a veces separaban los labios para que la lengua penetrase su coño unos segundos para volver al clítoris.
También su boca lo atrapaba, como si lo besara, lo chupaba cuidadosamente como si quisiera beber más de aquel líquido ********* que salió de su coño durante su primer orgasmo.
Una mujer le comía el coño en la cama de un hotel... Y se iba a correr en su boca en cuestión de segundos.
No puedo evitarlo y lo gritó
- Me corrooooooooo, me corrroooooooooooo
Nuria intensifico los movimientos de su lengua y uno dedo le penetró para acariciar las paredes interiores de su cuello.
Raquel agarró con confianza la cabeza de la masajista y tuvo otro orgasmo. Esa nueva corrida volvió a superar la anterior. Los temblores fueron tan fuertes que casi de inmediato se disculpó con Nuria por si le había hecho daño con los movimientos.
El coño le chorreaba tanto que ya no sabía que era suyo, qué saliva, qué aceite.
La masajista se separó, se levantó, se sentó al lado de su clienta y después de acariciarle un poco el pelo enloquecido, le dio un hermoso y sutil beso en los labios.
- Eres una mujer hermosa y muy sexual. Ha sido precioso para mí ver cómo disfrutabas. Descansa un poco.
Y Raquel tuvo que cerrar un poco los ojos, reconstruir si podía su cabeza y descansar. No podría dormir después de todo aquello pero su cuerpo estaba en un estado casi de parálisis.
Nuria se levantó y la dejó descansar.
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4年前