La invitación

Esta historia me pasó hace dos años. Resulta que estaba en una joda con amigos en casa. Tranqui, normal. A medida que llegaban hablamos de temas diversos y como ustedes saben, en las reuniones caseras, entrada la noche y con varias copas de alcohol, la gente se relaja, se divierte y está más propensa y siempre salen conversaciones sexuales.

Recuerdo que Julio estaba hablando sobre su reciente conquista. Resulta que una vecina se mudó a su barrio y pegó onda. Contó que la invitó a salir y cogieron esa misma noche. La mujer era tremenda, según sus palabras y yo empecé a imaginarme a la chica del 5D.

En el mismo edificio vivía una chica espectacular y era un poco exhibicionista. Le gustaba mostrarse y que la miren.
Ella era morocha, cabello largo. Ojos claros, pestañas voluptuosas. Un cuerpo fitnes que delineaba sus curvas de un forma espectacular, pero no era un cuerpo marcado con músculos enromes, sino más bien tonificado.

Era muy simpática. Más de un vez la enganché en la pileta de la terraza y se notaba que había onda.

Un par de veces, estaba con el novio y con él su actitud era distante, saludaba cordialmente. No dejaba de lucir esas tangas pequeñas que le quedaban hermosas, pero no me hablaba más que un saludo cordial.

Pero te puedo asegurar que era súper atrevida. No tenía reparos en pedirme que le ponga bronceador. No tenía pelos en la boca al contarme sobre la noche anterior y que terminó desnuda en la cama y ********.

Pero todo era juego y creo que lo disfrutaba tanto que no avanzaba porque me gustaba esa tensión… ese tire y afloje. Pero entendía sus intenciones cuando iba al agua de forma sexy y de forma… casi amistosa y de ruego me decía que me meta… y presionaba levente los brazos para resaltar los pechos y yo me negaba.

Cuando le conté esa situación a mis amigos, aquella noche, quedé como un tonto al decirles porque no me la tiré jajaja.
Sí, lo sé, mis amigos son así, vulgares. Pero yo prefiero seducir a una mujer, vivir y conceder un momento grato a ambos, placentero.
Los juegos me gustan, tanto al seducir, como al momento de coger.

Una noche, me invitó a su casa. He ido dos veces pero siempre por un favor o por alguna reunión y esa noche fui engañado.
Me había invitado a una fiesta, pero no había nadie y no parecía haber nada preparado para una fiesta. Tenía una blusa verde claro con un short corto de esos que tanto le gustaba usar. Su cabello húmedo olía a almendras. Me invitó a sentarme en el sillón y me ofreció una copa. Al darse la vuelta me fijé en el culo. Escondido debajo de aquella tela, redondito apetecible. Mis ojos fueron de la ola y bajaron por las piernas de suave tez hasta sus pies descalzos.

Al regresar, trajo dos botellas de cervezas de 300 cm3 Noté en mi pecho la incomodidad de que esa noche iba a pasar algo. Noté su dulce sonrisa con aire de perversión y le correspondí y le agradecí por la cerveza. Hablamos de cosas banales. Noté que estaba buscando el momento exacto para decirme algo, estaba como… tanteando el terreno.

Me dijo que quería estar con alguien un rato. Hablaba y que le pareció buena idea ya que solo hablamos en la pileta o en los pasillos y siendo vecinos, además por lo del día anterior, era una forma de disculparse. Al admitir que no había fiesta fue motivo de risa para ambos

No tardé en sentirme cómodo, pues la compañía de una mujer es una gran compañía y las noches tienen algo de no se qué que las hace especiales y un calor en mi pecho nacía.

Entre charla y charla, algún toqueteo de brazo, pierna o mano por parte de ella era apreciado.
Luego apagamos la televisión y la charla se volvió más profunda. Entre halagos por parte de ambos. Me pidió que le haga unos masajes y lo hice.

Se quitó la blusa, dejando apreciar su hermosa espalda. Se corrió el cabello hacia un costado y se acostó en el sillón. Le pedí un poco de alcohol para calentar las manos, pero ella me ofreció aceite para masajes. Mis manos acariciaban su espalda. Disfrutaba con cada desliz su aroma, su piel. Le dije que su novio era afortunado de tener una mujer como ella. La charla, el dulce tacto de mis manos en su piel encendió la mecha de la atracción.

Ella se volteó de frente y dejó ver sus pechos, grandes, operados, bellos magníficos. Tenía una mirada picara y su cabello caía al son de la melodía más….

Me gustas –me dijo- quiero pasar la noche con vos y me besó.

La lujuria se apoderó de ambos. El fuego de la pasión se extendía por nuestros cuerpos. Las bocas buscaban desesperadamente unirse al desliz de lenguas exploradoras. Me quité la camisa con exasperación. Ella empezó a bajar con sus besos. Mi cuello fue una fuente de placer. Tiré la cabeza hacia atrás y dejé que sus labios rocen mi pecho. Sentí como me desabrochaba el pantalón y liberaba mi pene erecto. Lo lamia de maravilla. Con movimientos ascendentes y descendentes. Movía la lengua en círculos en el glande. Puso su boca de costado para succionar el pene hasta llegar a los genitales y hacía un sonido sopapa al succionar.

Ella se sentó encima de mis piernas y hundí mi cara en sus pechos. A ella le gustaba. Succioné sus pezones, lamí y hasta mordí levemente porque eso la excitaba. Me guiaba por sus gemidos y exhalación de excitación. Ladeaba la cabeza. Mi pene estaba duro y ya no aguantaba, pero faltaba la mejor parte en los juegos del placer.

La tumbé en el sillón y le quité el short y la tanga. Me zambullí a su sexo como si de mí se hubiera apoderado una fuerza invisible. Usé mi boca para provocarle los gemidos más intensos.

Su vagina estaba húmeda, caliente y se contorsionaba con el tacto. Use mi lengua en movimientos circulares, intercalando con movimientos ascendentes y descendentes. Me gusta dibujar formas y figuras para usar la lengua en Distintas posiciones a modo de que toda la vagina sintiera mi humedad.

Luego procedí a penetrarla. Dejé mi pene en su sexo un breve momento para causarle más deseo y empecé penetrando despacio. Para que ambos sintiéramos el placer de la concesión. Ella gesticuló. Mordió sus labios y me decía cogeme, cogeme. Aumenté al velocidad, los suevas gemidos ahora era intensos. Estábamos enfrascados en un frenético movimiento sexual. El dulce roce de los genitales en su interior llamaba al éxtasis del placer. Ambos estábamos inmersos. Con cada movimiento, turnábamos nuestras personalidades dominantes, por eso cogimos en una docena de posiciones que cambiamos sin aviso y de repente lo que hacía gozar aún más.

Cuando la tuve encima, me dejé llevar por el espectáculo; su cabello caía con sensualidad sobre sus hombres y las tetas botaban con caja salto frenético. Mi pene era un fuego y la única forma de apagarlo era entregarnos al deseo. Sus gritos eran más fuertes y placenteros. Le encantaba que le diga cochinadas. Ella se entregaba de una forma única y perversa. Su disfrute era el placer cuando pueda donde sea.

Ella explotó de placer en un intenso mar de fluidos sexuales y me pidió que me corra en su boca. Me puse de pie y ella con su boca provocó el momento más esperado. Exploté frente a su cara. Ella se sorprendió y le gustó. Todo mi semen se deslizaba por su cara y ella lo llevaba hacia su boca. Apretaba sus labios para limpiar sus dedos.

Después de esa vez volvimos a encontrarnos un par de veces más. Supongo que al entregarnos a los deseos de la carne ambos satisficimos nuestra necesidad. Después se mudó y no supe más de ella.
発行者 Xipe_Totec21
4年前
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