El fuego de la pasión
El aceite cae sobre su pecho y se desliza entre sus senos. Ella está estirada sobre la cama apoyada sobre sus brazos. Su cuerpo dibuja unas curvas atractivas. Miro como tira la cabeza hacia atrás mientras llevo mis manos a su pecho para distribuir el aceite. Me tomo el tiempo para sentir su piel, quiero cerrar los ojos pero no quiero perderme un instante de ver a esta mujer. Mis manos dibujan suaves círculos en sus senos y escote. Rodea sus nenas con mis manos y utilizo los pulgares para frotar los pezones duros. Ella me mira y cierra los ojos.
El aroma del aceite nos envuelve en un mar de sensaciones. Las luces tenues resaltan su silueta. Me incorporo para alcanzar sus labios, se acuesta completamente y me rodea con sus brazos, me acaricia toda la espalda. Sus besos se sienten en todo mi cuerpo, me gusta el sabor de sus labios y cada uno es una sensación de placer infinita, podría quedarme así un buen rato, pero bajo a su cuello. Ella ladea levemente la cabeza y cierra los ojos. Siento su excitación marcada por la respiración acelerada. Su cuerpo pide más. Bajo a sus pechos y lamo y saboreo cada uno de sus pezones duritos. Ella respira más rápido, me dice cosas sucias y me encanta. Bajo a su abdomen marcándolo con besos suaves y llego a su sexo, la cavidad del placer, mi parada favorita.
Allí juego con mi lengua y mi boca, dibujo el abecedario completo, intercalando las letras con un vaivén de arriba a abajo y figuras circulares y succión. Ella sujeta fuertemente la sabana. Mueve la cabeza de un lado a otro y los espasmos del placer le hacen levantar las piernitas que rápidamente vuelven a la posición horizontal.
Ya no puedo más. Ella es hermosa de donde se la mire, en cualquier posición. Le devuelvo palabras obscenas que le calientan y acerco el miembro a su sexo. Dejo que la suavidad, despacio, nos introduzca en el momento deseado, causando la chispa que provocará las llamas. Nuestros cuerpos se unen en uno solo. El fuego de la pasión caliente. El vaivén sincronizado de los dos nos vuelve loco. Los gemidos brotan de nuestras bocas. El sonido del placer provoca nuestros sentidos.
Meto mi pene erecto y caliente dentro de ella y deja salir un gemido ahogado. Me muevo despacio. Ella tiene los ojos cerrados y muerde sus labios. Indica que lo está disfrutando. Poso una mano sobre su vientre y bajo haca su sexo. Luego me acomodo para aumentar la velocidad. Ella quiere más, me pide más. Dice obscenidades que nos calienta a los dos.
Le golpeo levemente el cachete y la trato como la puta que es. Ella está completamente entregada a mi. Le pregunto si quiere que le ropa el culo y me dice que sí, pero le niego el placer oral y hago que pague por ello. Le ordeno que me la chupe; que se trague mi pene entero. Hasta el fondo. La zorra lo hace con gusto y desesperación. Quiere verga.
Le encanta. Le follo la boca, le jalo del cabello y la humillo. Con cierta ********* la tiro a la cama y la acomodo boca a bajo. Ella se pone en cuatro y de doy de nalgadas hasta que el color cambia a una piel rojiza. Me inclino y le como el caño y el ano.
Sus manos tiemblan y su cabeza cae hacia el colchón. Sus gemidos inundan la habitación. El placer de follar con ella ni los dioses son testigos.
Una mujer que es toda una señora en la calle, pero una puta en la cama. Una puta de noche porque la noche libera sus demonios que esconde durante el día.
Es en este momento, donde es capaz de aceptar cualquier propuesta perversa, excitante. Locuras que no cualquiera se anima a realizar a la hora de la verdad.
Sin piedad, meto mi pene hasta el fondo. Mis testículos chocan la parte baja de sus mulos. Ella deja salir un grito y me insulta. Pide más. Le hecho saliva y le doy duro porque ella muere por el sexo anal duro. Le encanta que le rompan el culo.
Tiene un culo gordo hermoso. Divino. Muchos tuvieron el placer de disfrutarlo, pero el placer de castigarlo es todo mío y la puta sabe que tiene tremendo culo y sabe usarlo para provocar.
Ella seduce con todo su cuerpo y en los momentos de calentura no le importa que la graben, la miren o le hagan propuestas indecentes. Ella quiere sexo duro.
Le sujeto los brazos hacia atrás y me impulso para follarla. Ella se moja. Entonces, bajo para lamer su humedad y así bajar la calentura lo suficiente como para seguir la faena.
Se da vuelta dejando su vagina hacia mi. Mi lengua le da placer mientras ella se pellizca los pezones. Sus gemidos asemejan a una gatita en celo.
Me pongo encima de ella y nos besamos apasionadamente. Amo los fluidos de esta mujer.
Ella se acomoda encima de mi y se monta en mi pene. Quiere cabalgar. El éxtasis es tal que ambos jadeamos con la intensidad de los movimientos. Mi pene está duro y su vagina sube y baja en mi verga que está a punto de estallar. Nuestros cuerpos eran presa de la lujuria. Eramos un fuego alimentado por el mismísimo Eros. Estamos poseidos por la calentura y de repente dejo salir todo el semen dentro de su coño enrojecido y ella expulsa todo su juguito. Quedamos exhaustos. Uno al aldo del otro. Desnudos, extasiados. El sexo es nuestra *****
El aroma del aceite nos envuelve en un mar de sensaciones. Las luces tenues resaltan su silueta. Me incorporo para alcanzar sus labios, se acuesta completamente y me rodea con sus brazos, me acaricia toda la espalda. Sus besos se sienten en todo mi cuerpo, me gusta el sabor de sus labios y cada uno es una sensación de placer infinita, podría quedarme así un buen rato, pero bajo a su cuello. Ella ladea levemente la cabeza y cierra los ojos. Siento su excitación marcada por la respiración acelerada. Su cuerpo pide más. Bajo a sus pechos y lamo y saboreo cada uno de sus pezones duritos. Ella respira más rápido, me dice cosas sucias y me encanta. Bajo a su abdomen marcándolo con besos suaves y llego a su sexo, la cavidad del placer, mi parada favorita.
Allí juego con mi lengua y mi boca, dibujo el abecedario completo, intercalando las letras con un vaivén de arriba a abajo y figuras circulares y succión. Ella sujeta fuertemente la sabana. Mueve la cabeza de un lado a otro y los espasmos del placer le hacen levantar las piernitas que rápidamente vuelven a la posición horizontal.
Ya no puedo más. Ella es hermosa de donde se la mire, en cualquier posición. Le devuelvo palabras obscenas que le calientan y acerco el miembro a su sexo. Dejo que la suavidad, despacio, nos introduzca en el momento deseado, causando la chispa que provocará las llamas. Nuestros cuerpos se unen en uno solo. El fuego de la pasión caliente. El vaivén sincronizado de los dos nos vuelve loco. Los gemidos brotan de nuestras bocas. El sonido del placer provoca nuestros sentidos.
Meto mi pene erecto y caliente dentro de ella y deja salir un gemido ahogado. Me muevo despacio. Ella tiene los ojos cerrados y muerde sus labios. Indica que lo está disfrutando. Poso una mano sobre su vientre y bajo haca su sexo. Luego me acomodo para aumentar la velocidad. Ella quiere más, me pide más. Dice obscenidades que nos calienta a los dos.
Le golpeo levemente el cachete y la trato como la puta que es. Ella está completamente entregada a mi. Le pregunto si quiere que le ropa el culo y me dice que sí, pero le niego el placer oral y hago que pague por ello. Le ordeno que me la chupe; que se trague mi pene entero. Hasta el fondo. La zorra lo hace con gusto y desesperación. Quiere verga.
Le encanta. Le follo la boca, le jalo del cabello y la humillo. Con cierta ********* la tiro a la cama y la acomodo boca a bajo. Ella se pone en cuatro y de doy de nalgadas hasta que el color cambia a una piel rojiza. Me inclino y le como el caño y el ano.
Sus manos tiemblan y su cabeza cae hacia el colchón. Sus gemidos inundan la habitación. El placer de follar con ella ni los dioses son testigos.
Una mujer que es toda una señora en la calle, pero una puta en la cama. Una puta de noche porque la noche libera sus demonios que esconde durante el día.
Es en este momento, donde es capaz de aceptar cualquier propuesta perversa, excitante. Locuras que no cualquiera se anima a realizar a la hora de la verdad.
Sin piedad, meto mi pene hasta el fondo. Mis testículos chocan la parte baja de sus mulos. Ella deja salir un grito y me insulta. Pide más. Le hecho saliva y le doy duro porque ella muere por el sexo anal duro. Le encanta que le rompan el culo.
Tiene un culo gordo hermoso. Divino. Muchos tuvieron el placer de disfrutarlo, pero el placer de castigarlo es todo mío y la puta sabe que tiene tremendo culo y sabe usarlo para provocar.
Ella seduce con todo su cuerpo y en los momentos de calentura no le importa que la graben, la miren o le hagan propuestas indecentes. Ella quiere sexo duro.
Le sujeto los brazos hacia atrás y me impulso para follarla. Ella se moja. Entonces, bajo para lamer su humedad y así bajar la calentura lo suficiente como para seguir la faena.
Se da vuelta dejando su vagina hacia mi. Mi lengua le da placer mientras ella se pellizca los pezones. Sus gemidos asemejan a una gatita en celo.
Me pongo encima de ella y nos besamos apasionadamente. Amo los fluidos de esta mujer.
Ella se acomoda encima de mi y se monta en mi pene. Quiere cabalgar. El éxtasis es tal que ambos jadeamos con la intensidad de los movimientos. Mi pene está duro y su vagina sube y baja en mi verga que está a punto de estallar. Nuestros cuerpos eran presa de la lujuria. Eramos un fuego alimentado por el mismísimo Eros. Estamos poseidos por la calentura y de repente dejo salir todo el semen dentro de su coño enrojecido y ella expulsa todo su juguito. Quedamos exhaustos. Uno al aldo del otro. Desnudos, extasiados. El sexo es nuestra *****
4年前