Tormenta inesperada. (Continuación)
A la mañana siguiente Juan despertó sintiendo un pequeño hormigueo en sus testículos, levantó la sábana y ahí estaba Alberto lamiendo y metiéndoselos en la boca con sonidos de succión. Lo cogió de los hombros suavemente y lo hizo llegar a su nivel para darle un besos en los labios e ir introduciendo la lengua en su boca.
-Vamos a desayunar un poco -, que luego quiero que me lleves a casa y allí tengo a unos amigos que me calman en mis ratos de soledad, y quiero presentártelos.
-Yo también tengo a unos amigos guardados en un cajón, para esos momentos que tu dices- alivian bastante, pero nada como una de verdad, que están calientes y jugosas jajajaja...- y los dos nos echamos a reír ante ese comentario-.
Alberto se dirigió hacia un armario con cajones, y de uno de ellos, que habría con contraseña, saco un juego de consoladores que iban del más pequeño al mas grande.
¿Que te parecen Juan?
Uff, que chulos que son, y de tres medidas, que guay, ¿tienes alguno más?.
-Tuve algunos más pero los tire por que estaban muy rígidos del paso del tiempo-. Voy a mirar en el teléfono, creo que les hice alguna foto tiempo atrás, tuve uno que se podía inflar, lo inflabas un poco para que se aguantara un poco duro, te lo metías por el culo y luego con una pera lo ibas inflando, y poco a poco te llenaba por dentro de polla, me daba un gusto enorme sentir como me iba llenando por dentro y el ojete se me iba dilatando cada vez más.
Joder, creo que me estoy poniendo otra vez cachondo Alberto, ¿que te parece si jugamos un rato con ellos? Hace ya un tiempo que no los uso, en casa tengo un par como esos negros me gustan así, bien gruesos, tanto los hombres como las pollas.
Alberto se lo quedó mirando y le dijo: -Pero que sepas que no solo tengo esos-, y le sonrió, no eres tu solo al que le gustan que sean bien gordas, pero venga vamos allá; y abrió el armario y cuand ose apartó vio tres filas de consoladores, de varios tamaños, formas y colores. Pero primero vamos a desayunar, que nos va a hacer falta ir bien cargados de energía.
Dicho y hecho, nos fuimos a hacer un abundante desayuno, cuando ya no pudimos más, nos sentamos a reposar la comida. Pasada una media hora, nos dijimos que ya nos podíamos empezar a mover y nos dirigimos al armario para recoger el material y de allí a la habitación.
Fue un día donde los dildos y el lubricante fueron los protagonistas, tambien nos penetramos mutuamente, pero la mayor parte del tiempo nos estábamos introduciendo dildos, a cual mas grueso y largos, solo nuestros esfinteres ponían límite, y mientras estaban dentro nuestro nos besamos y nos chupamos la polla, tanto por turnos como haciendo un fantastico sesentaynueve y mamarnos mutuamente.
Estuvimos así varias horas, hasta que ya no pudimos mas, (mejor dicho, nuestros ojetes jajaja), entonces nos sentamos un rato, nos abrazamos y nos fuimos a la ducha a quitarnos la capa de lubricante y semen que recubría nuestros cuerpos.
Ya en la ducha se enjabonaron mutuamente se echaron agua para quitarse el jabón y se dieron algún que otro beso, no mucho más ya que estaba agotados de la sesión de sexo que habían tenido ; se secaron y se pusieron cómodos en el salón y charlaron un buen rato de sus cosas, de sus aficiones y demás.
Luego de hablar un buen rato,Juan le dijo que li podía ayuda a buscar su cabaña, que ya iba siendo hora de volver; y eso hizo alberto buscaron la cabaña en un mapa de la zona y Alberto le llevó, una vez en la cabaña de Juan se dieron los número de teléfono y dijeron de mantener el contacto y llamarse de vez en cuando e irse viendo.
Fin.
-Vamos a desayunar un poco -, que luego quiero que me lleves a casa y allí tengo a unos amigos que me calman en mis ratos de soledad, y quiero presentártelos.
-Yo también tengo a unos amigos guardados en un cajón, para esos momentos que tu dices- alivian bastante, pero nada como una de verdad, que están calientes y jugosas jajajaja...- y los dos nos echamos a reír ante ese comentario-.
Alberto se dirigió hacia un armario con cajones, y de uno de ellos, que habría con contraseña, saco un juego de consoladores que iban del más pequeño al mas grande.
¿Que te parecen Juan?
Uff, que chulos que son, y de tres medidas, que guay, ¿tienes alguno más?.
-Tuve algunos más pero los tire por que estaban muy rígidos del paso del tiempo-. Voy a mirar en el teléfono, creo que les hice alguna foto tiempo atrás, tuve uno que se podía inflar, lo inflabas un poco para que se aguantara un poco duro, te lo metías por el culo y luego con una pera lo ibas inflando, y poco a poco te llenaba por dentro de polla, me daba un gusto enorme sentir como me iba llenando por dentro y el ojete se me iba dilatando cada vez más.
Joder, creo que me estoy poniendo otra vez cachondo Alberto, ¿que te parece si jugamos un rato con ellos? Hace ya un tiempo que no los uso, en casa tengo un par como esos negros me gustan así, bien gruesos, tanto los hombres como las pollas.
Alberto se lo quedó mirando y le dijo: -Pero que sepas que no solo tengo esos-, y le sonrió, no eres tu solo al que le gustan que sean bien gordas, pero venga vamos allá; y abrió el armario y cuand ose apartó vio tres filas de consoladores, de varios tamaños, formas y colores. Pero primero vamos a desayunar, que nos va a hacer falta ir bien cargados de energía.
Dicho y hecho, nos fuimos a hacer un abundante desayuno, cuando ya no pudimos más, nos sentamos a reposar la comida. Pasada una media hora, nos dijimos que ya nos podíamos empezar a mover y nos dirigimos al armario para recoger el material y de allí a la habitación.
Fue un día donde los dildos y el lubricante fueron los protagonistas, tambien nos penetramos mutuamente, pero la mayor parte del tiempo nos estábamos introduciendo dildos, a cual mas grueso y largos, solo nuestros esfinteres ponían límite, y mientras estaban dentro nuestro nos besamos y nos chupamos la polla, tanto por turnos como haciendo un fantastico sesentaynueve y mamarnos mutuamente.
Estuvimos así varias horas, hasta que ya no pudimos mas, (mejor dicho, nuestros ojetes jajaja), entonces nos sentamos un rato, nos abrazamos y nos fuimos a la ducha a quitarnos la capa de lubricante y semen que recubría nuestros cuerpos.
Ya en la ducha se enjabonaron mutuamente se echaron agua para quitarse el jabón y se dieron algún que otro beso, no mucho más ya que estaba agotados de la sesión de sexo que habían tenido ; se secaron y se pusieron cómodos en el salón y charlaron un buen rato de sus cosas, de sus aficiones y demás.
Luego de hablar un buen rato,Juan le dijo que li podía ayuda a buscar su cabaña, que ya iba siendo hora de volver; y eso hizo alberto buscaron la cabaña en un mapa de la zona y Alberto le llevó, una vez en la cabaña de Juan se dieron los número de teléfono y dijeron de mantener el contacto y llamarse de vez en cuando e irse viendo.
Fin.
2年前