(Relato Halloween) Placer en el Orient Express 24

El detective Ruiz, después de muchos años de arduo trabajo por fin se ha jubilado. Ha decidido hacer junto a su pareja un romántico viaje en el tren turístico de la Ruta de la Plata.

Es un viaje de una semana por España. Entre la efervescente Sevilla y la excitante ciudad de Gijón. A bordo de un tren de aspecto histórico pero con las comodidades actuales donde se duerme y se vive todo el viaje en él.

Justamente a su paso por la sierra de Gredos, ocurre un pequeño problema y el tren se tiene que detener a medio camino. Todo sería normal hasta que el detective Ruiz, escucha desde su compartimento los gemidos de una relación sexual pasional.

De entrada no le presta atención. Puede entrar en la normalidad, hasta que cae en la cuenta que en ese lateral, solo queda un compartimento y no va nadie alojado en él. Ha permanecido cerrado con llave durante los días previos. Por lo que debe ser un encuentro furtivo. La deformación profesional le lleva a interesarse en lo que puede estar ocurriendo.

Sale de su compartimento y tras comprobar el pasillo, se acerca a la puerta del último compartimento. Acerca la oreja y efectivamente escucha el ruido del golpe de los cuerpos cuando se mantienen relaciones sexuales, además de gemidos. Incluyendo un par de voces a las que no se les entiende, pero de las que se identifica claramente como de hombre y mujer. De hecho, una le resulta muy familiar. De alguien con quien tiene trato. Para evitar ser pillado en esa situación tan embarazosa y equívoca de parecer un viejo verde voyeur, decide hacer un reconocimiento por el tren y por descarte descubrir quienes pueden ser.

En un primer momento, piensa en una pareja que ha conocido en el tren. Son relativamente jóvenes y en sus propias palabras son “creadores de contenido para adultos”. Por las pocas conversaciones azarosas que han tenido en los horarios de comida e interactuando por las instancias del tren, son su primera opción y más obvia.

Avanza en su propio vagón y descarta a los del compartimento primero, están con la puerta entreabierta y observando sus móviles. Tampoco tenían puntos para ser sospechosos pero para llegar a la solución, hay que poder descartar todas las opciones. El segundo compartimento está cerrado. Es un interrogante por ahora. Por el siguiente vagón echa en falta una pareja de mediana edad con la que ha tenido alguna conversación en los días anteriores y que suelen ser fogosos.

Llega al vagón cafetería y allí se encontraba gran parte del pasaje. Así que la lista de sospechosos quedó bastante reducida. Se pidió un café solo y se apoya en el rincón de la barra que le permitía tener controlada a simple vista la puerta de acceso por la que él había entrado.

A los pocos minutos, justamente entra una pareja de uno de los compartimentos del vagón. Él lo hace caminando de forma erguida, exhalando autoconfianza. Como si viniera pavoneándose. En cambio, su pareja, llega unos pasos más atrás y se le puede apreciar un gesto más agotado, con menos energía. Pasando a su lado se puede fijar en los detalles como que tiene el flequillo algo pegado efecto posiblemente del sudor. Y según están a la altura, sabiendo que son compañeros de vagón, le mira de forma algo vergonzosa. Aunque a él le da tiempo a fijarse que tiene los ojos algo vidriosos, similar a cuando se hace sexo oral profundo. Piden bebida y se van al fondo.

El detective Ruiz, sigue observando al resto del personal. Fichando quién hay y quién no. De forma distendida tiene una conversación con la camarera uniformada. La cual se muestra muy discreta sin cerrar la puerta a que en ocasiones puedan ocurrir cosas en ese tren.

Da entender que sabe lo que ocurre y que no es un hecho puntual. El detective Ruiz le pregunta de forma sibilina para sonsacarle información. Ella comenta que en ocasiones hay personas que no son conscientes de que las separaciones de los compartimentos no son como las paredes habituales. Están insonorizadas, pero no tanto. A veces se escuchan cosas de más. Que hay más personas al otro lado, como los que trabajamos aquí. Él sonríe. Ella añade, el silencio es traicionero y el traqueteo del tren es hilo musical. Él apostilla, claro, es ambientación. Muy realista porque ciertamente parece un tren histórico, tiene un excelente nivel de detalle. Ella simula que la llaman de la otra parte de la barra y deja la conversación.

El detective Ruiz, retoma su paseo por el tren. Cruzándose con el revisor. Este le saluda amablemente y le pregunta cómo se encuentra a la vez que añade que están a punto de solucionar la incidencia. El detective le responde que él está entretenido haciendo investigaciones muy curiosas. El revisor se sorprende y le pregunta si puede saber sobre qué. El detective con cierto humor le responde que sobre unas psicofonías fogosas. El revisor esboza una sonrisa y le contesta que entiende a lo que se refiere pero pensaba que sería algo más terrenal. Apostillando que no es raro que reciba quejas de pasajeros sobre ruidos incómodos. Que no se preocupe que él se ocupará personalmente de que si se repite sean más discretas esas psicofonías del compartimiento 20. Le saluda con un apretón de manos y se marcha con celeridad.

Llegando de nuevo a su vagón, descubre que la puerta del último compartimento está entreabierta. Con la prudencia debida, cotillea sin entrar. Se cerciora de estar vacío y abre más la puerta mientras tiene la mano en el bolsillo de su chaqueta. En una visual rápida, todo parece estar en orden. Ese orden que puede tener un compartimento en el que han tenido relaciones sexuales.

Cuando ya se va a retirar, se fija que hay algo que brilla en el pliegue de la pared del asiento. Lo coge y tras examinarlo no tiene muy claro lo que puede ser. Es una especie de cierre metálico pero pequeño. Pero demasiado grande para ser por ejemplo de unos pendientes.

En ese momento es sorprendido por una de las camareras de piso del tren. El detective Ruiz, se disculpa sorprendido alegando que al ser el del compartimento de al lado, se ha confundido. Es una persona mayor y por el pasillo son todos iguales. Todo a la vez que esboza un sonrisa de disculpa. Ella amablemente le quita importancia al asunto, pero se afana en que salga de allí para poder limpiarlo. El detective le hace caso pero justo antes de entrar en su compartimento, le pregunta a la camarera por qué lo limpia si se supone que no hay nadie. Lleva vacío todo el viaje. Ella sorprendida ante la pregunta, le contesta que no lo sabe, que ella hace su trabajo.

El detective, con más interrogantes que respuestas, entra en su compartimento donde está su mujer. Comparte con ella sus pesquisas. A lo que ella, rápidamente le dice que ella tiene más información, y que puede descartar a la pareja que se cruzó en la cafetería. Ella ha hecho buenas migas con la mujer, y resulta que le sentó mal la comida del día anterior. Y se ha pasado una buena parte del día con gran mal estar. Esto justificaría la impresión del detective Ruiz, sobre el nivel bajo de energía y la cara de agotamiento. Aunque sigue en pie que pudiera ser la pareja. El detective y su mujer se dirigen al vagón-salón para ver si alguien les comenta algo sobre la incidencia.

Allí se encuentran con los creadores de contenido. El detective Ruiz en cuanto los ve, se aproxima a ellos para saludarlos amigablemente. Entre bromas le pregunta si han aprovechado la incidencia para trabajar. Son sus principales sospechosos. La pareja se miran entre sí y de forma cómplice y al unísono, responden que no, que para nada. Niegan rotundamente la acción. Ya tienen suficiente trabajo durante el resto del año como para en sus vacaciones también dedicarse a eso. Además que si publicaran algo de allí, sería muy comprometido y posiblemente les traería problemas legales. Subrayando uno de ellos que tampoco es tan excitante el tema del tren.

Continúan la conversación ya más centrada en la incidencia y el retraso que les supone para las actividades previstas. Pasados esos minutos, el detective se sienta junto a su mujer y le enseña el extraño objeto que ha encontrado. Ella nada más verlo apuesta rápidamente por decir que es un cierre de algún tipo. Justamente en ese momento, aparece la camarera de piso a la vez que por el lado contrario el revisor se le acerca y le entrega algo. No ven exactamente lo que es, pero a continuación, ella se lleva las manos a la solapa de la chaqueta y se coloca el pin insignia del tren Ruta de la Plata. Por lo que el matrimonio se mira y automáticamente y confirman mutuamente que ella debía ser una de las que estaba allí.

Ahora todo empieza a encajar. El detective Ruiz, pensando en voz alta susurrada a su mujer para que no se entere nadie más, comparte sus hipótesis para armar el puzzle. Al ser un compartimento sin huéspedes, no hay peligro de que les puedan descubrir. Tiene acceso a esa información. Además trabajando y siendo la camarera de piso, lógicamente tiene llave para abrir todas. Un plus a su favor y no levantar sospechas. Además de que si estaba cerrado porque no hay nadie alojado, cómo iba a saber sino que tenía que limpiar y organizar todo en ese compartimento. Ella era la mujer misteriosa. Confirmando que el cierre encontrado sea de su insignia perdida.

Su mujer acepta y confirma sus suposiciones, pero pregunta por la otra persona, el hombre que había escuchado. En ese momento, el detective Ruiz, recuerda sus palabras con el revisor en el pasillo. Que no se ha sorprendido del tema y ya suponía lo que podría ser. Refiriéndose al compartimento 20 sin haberlo nombrado él y habiendo la opción del 18 y que este está ocupado. Además previamente, la camarera de la cafetería, con otras palabras, le ha dicho algo similar, encubriendo a sus compañeros. Porque es conocedora de la situación. A parte de que ha huido de la conversación sin motivo al entrar en detalles. Todo apunta a que el revisor y la camarera de piso tienen una relación más amplia que la laboral, o quizás sea más correcto expresarlo con, estrecha o íntima.

Feliz Halloween.
Si te ha gustado el relato homenaje a Agatha Christie y quieres uno personalizado, escríbenos por privado y lo hablamos. ;)
発行者 Touluose
1年前
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