Esa noche no me cogiste... me devoraste sin piedad
Lo recuerdo como si fuera ahora. Yo estaba en la cama, desnudo/a, con las piernas abiertas y la piel caliente de tanto imaginarte. No sabía si ibas a venir. No dijiste nada. Solo me dejaste esperando, húmedo/a, desesperado/a, con los dedos adentro y la mente hecha fuego.
De repente, la puerta se abrió. Tus ojos me miraron como si ya me tuvieras de rodillas. Cerraste sin decir palabra.
Me sentí tuyo/a sin que me tocaras.
Te acercaste despacio, con esa maldita seguridad que me hace temblar. Me tomaste de la garganta, me apretaste suave pero firme, y me susurraste al oído:
“Hoy no vas a pedirme nada. Hoy vas a rogar por todo.”
Y lo hice.
Rogué por tu lengua.
Por tus dedos.
Por tu pija.
Por tu voz diciéndome lo sucio/a que me ves.
Me abriste con fuerza, sin dulzura, sin pausa, como si ya hubieras esperado demasiado. Tus dedos se hundieron en mí con hambre, con rabia, con deseo de destruirme y reconstruirme al mismo tiempo.
Yo ya no era yo. Solo un cuerpo gimiendo, sacudiéndose, suplicando por más.
Y vos, mirándome como un dios, diciéndome:
"No acabás hasta que yo lo diga."
Me diste nalgadas que sonaban como latidos. Me mordiste los pezones hasta que solté un grito. Me cogiste de espaldas, con la cara contra la almohada, mientras me decías:
"Así gemís por mí. Así se grita cuando te rompen con placer."
No sé cuántas veces acabé. Perdí la cuenta. Lloré un poco. No de dolor, sino de lo intenso. Me destruiste, y después me abrazaste.
Y ahí supe que no era solo sexo.
Era pertenecer.
Ser tu juguete, tu presa, tu adicción.
Esa noche no me cogiste.
Esa noche me desarmaste con cada embestida.
Y me hiciste pedir más.
Incluso cuando ya no podía más.
De repente, la puerta se abrió. Tus ojos me miraron como si ya me tuvieras de rodillas. Cerraste sin decir palabra.
Me sentí tuyo/a sin que me tocaras.
Te acercaste despacio, con esa maldita seguridad que me hace temblar. Me tomaste de la garganta, me apretaste suave pero firme, y me susurraste al oído:
“Hoy no vas a pedirme nada. Hoy vas a rogar por todo.”
Y lo hice.
Rogué por tu lengua.
Por tus dedos.
Por tu pija.
Por tu voz diciéndome lo sucio/a que me ves.
Me abriste con fuerza, sin dulzura, sin pausa, como si ya hubieras esperado demasiado. Tus dedos se hundieron en mí con hambre, con rabia, con deseo de destruirme y reconstruirme al mismo tiempo.
Yo ya no era yo. Solo un cuerpo gimiendo, sacudiéndose, suplicando por más.
Y vos, mirándome como un dios, diciéndome:
"No acabás hasta que yo lo diga."
Me diste nalgadas que sonaban como latidos. Me mordiste los pezones hasta que solté un grito. Me cogiste de espaldas, con la cara contra la almohada, mientras me decías:
"Así gemís por mí. Así se grita cuando te rompen con placer."
No sé cuántas veces acabé. Perdí la cuenta. Lloré un poco. No de dolor, sino de lo intenso. Me destruiste, y después me abrazaste.
Y ahí supe que no era solo sexo.
Era pertenecer.
Ser tu juguete, tu presa, tu adicción.
Esa noche no me cogiste.
Esa noche me desarmaste con cada embestida.
Y me hiciste pedir más.
Incluso cuando ya no podía más.
6ヶ月前