Las tangas de la vecina

Este es mi primer relato, espero que les guste y comenten.

Tengo una vecina que me gusta mucho, desde hace tiempo que fantaseo con ella, pero no pasa de ser únicamente cortés con ella, saludarnos cuando nos vemos y eso. Es decir, no somos amigos, simplemente vecinos.

Les describo como es para que tengan una idea. Es una chica de al rededor de los 20, muy guapa, de verdad que es muy guapa. De cuerpo es normal, no diré que tiene un cuerpo de infarto, con unas tetas enormes y un culazo, por que no es cierto. Es más bien delgada, de piernas flaquitas, pequeña cintura, un poco llenita en la cintura, a pesar de ser delgada. De pecho, desde mi punto de vista lo tiene grande para el cuerpo que tiene, pero no llega a ser lo que llama la atención de su cuerpo.
De nalgas ni hablamos, ya que al ser delgada, pues carece de ellas, pero bueno, no es una súper modelo ni nada, es nada más una chica normal. Lo que sí destaca de ella es su cabellera pelirroja, sus labios carnosos y sus ojos felinos. De verdad que es una mujer muy hermosa.

Bueno, ya vamos con la historia. Resulta que hace un par de años, una prima vino a quedarse unos meses en mi casa, y pues mi prima se hizo amiga de mi vecina. Gracias a eso, se hizo costumbre verla frecuentemente por la casa, ya sea haciéndole compañía a mi prima en su cuarto, en la sala o donde fuera. Varias veces compartimos la mesa con ella. Con mi prima me llevo muy bien y tenemos mucha confianza, hablamos abiertamente de sexo y mi prima, por lo visto, acostumbra hablar así con cualquiera que tenga confianza. Esa confianza se la ganó la vecina.

Mi prima sabía que me gustaba mi vecina y me fue contando de las pláticas que tenía con ella, de su vida íntima. Así pude saber que no tenía novio, que perdió la virginidad a los 16, que participó en un trío con dos chicos, que siempre lleva la panochita rasurada. Está de más decir que con lo que me contaba mi prima, mi imaginación volaba y en mis pantalones algo crecía. Yo le decía a mi prima que la verdad tener a la vecina cerca me excitaba mucho, que no podía controlarme.

Un fin de semana resulta que la vecina invitó a mi prima a salir de viaje, cabe aclarar que mi vecina contaba con un gato de mascota, el cual siempre estaba dentro de la casa. Ahhh y también que ella vivía sola, de vez en cuando su hermana venía a pasar unos días, pero básicamente ella estaba sola siempre.

Mi vecina quedó con el dilema del gato, de la alimentación y de limpiar su caja de arena, ya que no quería dejarle comida para todo el fin de semana y que luego se pudiera quedar suave o algo así. Y también por el olor que quedaría de la caja del gato, que al estar cerrada la casa por varios días, ya se imaginarán el olor que quedaría. Así que mi prima me sugirió como cuidador del gato.

La vecina ya me tenía confianza y aceptó gustosa. El sábado por la mañana estaban listas para partir y regresarían hasta el domingo por la noche o lunes por la mañana. Toda la mañana del sábado la pasé inquieto, ya que me quedaría al cuidado de la casa y del gato. Y de saber que tendría libre acceso a toda la casa, a su cuarto, sus cosas...

Ellas se fueron al rededor de las 10 am. Pero no fui inmediatamente a la casa. Fue después del medio día, que me decidí ir a la casa. Conforme me dirigía a la casa, mi mente imaginaba qué podría encontrar, su ropa, sus libros, fotos. Cada paso que daba en dirección a la casa me aceleraba el corazón y aumentaba la excitación.

Cuando me planté en la puerta y me decidí a abrirla, mi erección era más que visible y demasiado fuerte. Entré con mucho cuidado, sin hacer ruido, como pensando que habría alguien en la casa.

No tuve que ir muy lejos para encontrar el primer premio, ella al vivir sola, acostumbraba a dejar su ropa donde fuera. A la entrada del baño, tenía un mueble que parecía librero, pero a falta de libros, muchos cosméticos y cosas de mujer lo llenaban. Allí se encontraba su ropa, la ropa que llevaba el día anterior. La blusa con la que la vi en la cena y el short que llevaba también. Eso me aceleró, si cabe, aún más el corazón. Solo de pensar que dentro del short pudiera estar su ropa interior.

Tomé el short con mucho cuidado, para mirar en su interior y la encontré, una tanga negra, enrollada dentro. La saqué poco a poco para poder sentirla, verla. Al acomodarla, pude notar su textura, muy suave, tenía la esperanza de que se la hubiera quitado esa misma mañana, de encontrar humedad aún. El hecho de pensar que horas antes esa prenda tan diminuta estaba tocando su vagina, lo que más deseaba en ese momento, me hizo llevar mi mano a mis pantalones y tocar mi miembro.

Al posicionar la prenda para poder ver en donde la tela toca la abertura vaginal, pude ver que contaba con muchos jugos, ya secos, pero se nota que la chica estuvo bastante húmeda el día anterior. Una mancha blanquecina se encontraba en la tanguita. Ya no pude aguantar más y saqué mi pene para poder masturbarme. El olor a hembra caliente era muy fuerte, impregnaba toda mi nariz con ese agradable olor.

Eso solo hizo que aumentara la velocidad de mi mano sobre mi pene. Tomé la tanga con la mano que tenía libre y la puse justo sobre mi nariz, para sentir aún más el aroma de su vagina, de esa vagina que tanto había imaginado. Al menos, por ahora, podía sentirla, aunque fuera por el olor.
Quise ir un poco más allá, sentir aún más de esa rica vagina y, lentamente, pasé mi lengua sobre la mancha de fluidos, un sabor salado llenó mis papilas gustativas y casi me vengo en ese instante, pero me detuve en el momento justo, Quería disfrutar un poco más.

Seguí lamiendo la prenda, mientras me imaginaba que lamía esos flujos directamente de la vagina de mi vecina, que era su vagina caliente y mojada la que me dejaba ese sabor agradable en la boca. El imaginarme de esa manera con ella hizo que inevitablemente lanzara chorros de semen sobre el short, sin que lo pudiera evitar. Tres chorros de semen caliente salieron volando de mi pene brindándome un placer que no se puede describir.

Así, con el pene goteando semen, entré al baño para tomar un poco de papel y limpiarme. Y allí encontré otra tanga. Tomé el papel y me limpié suavemente. Al salir del baño, vi que la puerta del cuarto estaba entre abierta y que en el piso, se encontraba otra tanga.

Lo único que pude pensar es que el fin de semana, apenas comenzaba.
発行者 keviin_salan
12年前
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