Ese preciso momento en que el cálido semen
Sara nunca había observado detenidamente ese preciso momento en que el cálido semen sale con gran fuerza de un hinchado pene durante la eyaculación.
Había tenido sexo con diversas parejas, pero las eyaculaciones siempre habían sido o en su coño o en su boca, hasta en sus manos. pero nunca había podido observar de frente el momento preciso en que el semen sale de la polla en fuertes chorros calientes.
Eso nos estaba contando a Carol y a mi de camino a una fiesta. Los tres llevábamos ya algunas cervezas. Carol iba conduciendo, Sara iba de *****oto y yo en la parte de atrás del SEAT Ibiza azul marino de Carol.
Sara, Carol y yo somos muy buenos amigos desde la universidad, somos muy abiertos y nos une una relación de confianza tal que abordamos el tema de la eyaculación con naturalidad y desinhibidos en buena medida influenciados por el alcohol.
Traté de dar mi particular visión sobre el tema. Entre risas y bromas ellas me pidieron que les hiciera una demostración practica. Yo, siguiéndoles el juego, les dije que necesitaba ayuda. Sara mirando a Carol dijo: -Yo puedo colaborar con esta mano. Las dos se rieron por la ocurrencia; pero Carol dijo contundéntemente, -Venga dale. Sara se acomodo, estiro la mano y la puso en mi paquete. La cabeza me dio vueltas, La idea de que Sara jugueteara con mi miembro y que Carol lo presenciara me produjo una tremenda excitación. Una fuerte erección se presento de inmediato. Estaba tan tiesa que Sara no pudo sacar mi poya del pantalón y tuve que bajámerlo hasta las rodillas. Y ahí estaba, una preciosa erección, dura como una piedra y con esas pequeñas palpitaciones. Sara primero lo observó, su cara me indicó que le gustó lo que estaba viendo. Le hechó la mano encima, pero una mano era muy poca cosa para las posibilidades que ese pequeño Ibiza nos proporcionaba. Usando el pretexto de la comodidad y para bendición de los tres, saltó a los asientos traseros conmigo.
Sara siempre fue muy atractiva. La "felina" combinación de sus ojos con sus cejas, sus labios carnosos y su pelo corto y lacio le conferían una sexualidad brutal. De su cuerpo destacaban sus piernas y sus pechos. Por supuesto, repetidas veces había jugado el papel principal en algunas de mis fantasías masturbatorias. Y ahora tenerla aquí, aferrada a mi miembro todo duro, siendo ella parte activa de una impresionante paja, era todo un sueño cumplido.
Nunca se lo metió completo a la boca, tal vez por el temor a perderse el momento que buscábamos. Pero paseó su lengua por toda mi polla, sentía que el corazón se me salia del pecho, las piernas me temblaban. Carol no perdía detalle por el espejo retrovisor, y en algún semáforo en rojo, se giraba y nos miraba con ojos de complicidad. En una de esas le dijo a Sara -Métete los huevos en la boca. Sara lo hizo. ¿Sabéis el placer tan enorme que existe en esa caricia? La delgada linea roja entre el placer y el dolor, Sara lo hizo con tal delicadeza y suavidad, que me hizo entender parte del secreto de su éxito con los hombres.
La tenía a mi alcance, su vestido me permitió acariciarla por todos lados, los pechos, las nalgas, su pubis. Me encantó su bello púbico, era terso y mullidito, hurgué por toda el área y di con su coño, lo sentía claramente entre mis dedos y por supuesto que estaba mojadita. Empujando mi mano, Sara me invitó a meterle un par de dedos en el coño. ¡Guau! ¡Que sensación! Cómo se estremeció mientras se aferraba con fuerza a mi polla a punto de estallar.
Como todo lo bueno llega, llegó la hora de correrme y Sara no solo pudo ver momento preciso en que el semen sale de la polla en fuertes chorros calientes si no que también pudo sentirlo por toda su cara.
Había tenido sexo con diversas parejas, pero las eyaculaciones siempre habían sido o en su coño o en su boca, hasta en sus manos. pero nunca había podido observar de frente el momento preciso en que el semen sale de la polla en fuertes chorros calientes.
Eso nos estaba contando a Carol y a mi de camino a una fiesta. Los tres llevábamos ya algunas cervezas. Carol iba conduciendo, Sara iba de *****oto y yo en la parte de atrás del SEAT Ibiza azul marino de Carol.
Sara, Carol y yo somos muy buenos amigos desde la universidad, somos muy abiertos y nos une una relación de confianza tal que abordamos el tema de la eyaculación con naturalidad y desinhibidos en buena medida influenciados por el alcohol.
Traté de dar mi particular visión sobre el tema. Entre risas y bromas ellas me pidieron que les hiciera una demostración practica. Yo, siguiéndoles el juego, les dije que necesitaba ayuda. Sara mirando a Carol dijo: -Yo puedo colaborar con esta mano. Las dos se rieron por la ocurrencia; pero Carol dijo contundéntemente, -Venga dale. Sara se acomodo, estiro la mano y la puso en mi paquete. La cabeza me dio vueltas, La idea de que Sara jugueteara con mi miembro y que Carol lo presenciara me produjo una tremenda excitación. Una fuerte erección se presento de inmediato. Estaba tan tiesa que Sara no pudo sacar mi poya del pantalón y tuve que bajámerlo hasta las rodillas. Y ahí estaba, una preciosa erección, dura como una piedra y con esas pequeñas palpitaciones. Sara primero lo observó, su cara me indicó que le gustó lo que estaba viendo. Le hechó la mano encima, pero una mano era muy poca cosa para las posibilidades que ese pequeño Ibiza nos proporcionaba. Usando el pretexto de la comodidad y para bendición de los tres, saltó a los asientos traseros conmigo.
Sara siempre fue muy atractiva. La "felina" combinación de sus ojos con sus cejas, sus labios carnosos y su pelo corto y lacio le conferían una sexualidad brutal. De su cuerpo destacaban sus piernas y sus pechos. Por supuesto, repetidas veces había jugado el papel principal en algunas de mis fantasías masturbatorias. Y ahora tenerla aquí, aferrada a mi miembro todo duro, siendo ella parte activa de una impresionante paja, era todo un sueño cumplido.
Nunca se lo metió completo a la boca, tal vez por el temor a perderse el momento que buscábamos. Pero paseó su lengua por toda mi polla, sentía que el corazón se me salia del pecho, las piernas me temblaban. Carol no perdía detalle por el espejo retrovisor, y en algún semáforo en rojo, se giraba y nos miraba con ojos de complicidad. En una de esas le dijo a Sara -Métete los huevos en la boca. Sara lo hizo. ¿Sabéis el placer tan enorme que existe en esa caricia? La delgada linea roja entre el placer y el dolor, Sara lo hizo con tal delicadeza y suavidad, que me hizo entender parte del secreto de su éxito con los hombres.
La tenía a mi alcance, su vestido me permitió acariciarla por todos lados, los pechos, las nalgas, su pubis. Me encantó su bello púbico, era terso y mullidito, hurgué por toda el área y di con su coño, lo sentía claramente entre mis dedos y por supuesto que estaba mojadita. Empujando mi mano, Sara me invitó a meterle un par de dedos en el coño. ¡Guau! ¡Que sensación! Cómo se estremeció mientras se aferraba con fuerza a mi polla a punto de estallar.
Como todo lo bueno llega, llegó la hora de correrme y Sara no solo pudo ver momento preciso en que el semen sale de la polla en fuertes chorros calientes si no que también pudo sentirlo por toda su cara.
11年前