Fin de semana a solas con papá (1)
El reloj de la cocina marcaba las nueve de la mañana y toda mi familia – mi padre, mi madre y mi hermano – desayunábamos casi sin pronunciar palabra atentos a las tostadas y el zumo. Mi madre ya había preparado las maletas para irse con mi hermano.
- Nunca nos toca nada y una vez que jugamos ganamos una estancia en un hotel en la costa. ¡Bien hecho, Ramón! -gritó jubilosa mi señora madre.
Ramón era mi hermano mayor, veintidós años y una persona ahorradora y frugal. Desde hacía un año y medio iba recolectando cupones que había recortado de diferentes revistas con el fin de reclamar el premio que le ofrecieran. Tras largos meses, consiguió un viaje a la playa y decidió que mi madre, que acababa de atravesar una depresión, le acompañara. Desde que era joven siempre tuvo que cuidarnos tanto a Ramón como a mí mientras mi padre trabajaba de obrero para ganarse nuestro pan. A causa de eso, mi madre pasó por una crisis que resolvió hace escasas semanas.
Mi padre siempre ha velado por nuestra salud y seguridad. Tiene cuarenta y cinco años, solo dos años más que mi madre. Es una persona de complexión fuerte debido a su trabajo aunque no muy alto (calculo que un metro setenta), el pelo corto y castaño, los ojos marrones y la piel tostada por el sol. Yo entonces era un chico bastante alto – metro ochenta y dos -, con el cabello castaño como mi padre y la piel y los ojos claros como mi madre. A mis diecisiete años yo no necesitaba mucha supervisión. Tal vez por eso mi papá no se opuso a que mi madre fuera a despejarse unos días a la playa y, además, se ofreció a cuidar de mí el tiempo que estuviesen fuera. Al no tener trabajo, mi padre siempre andaría por casa o en el bar.
A las diez y media mi madre y mi hermano se subieron al coche y se fueron.
No volverían hasta dentro de tres días, así que me tocaba a mí hacer las tareas de la casa. Empecé por ordenar el salón y el comedor mientras mi padre estaba fuera, así comprendería que había hecho las labores. Él regresó a eso de las doce y, para mi sorpresa, decidió ayudarme a hacer la comida. Entre los dos preparamos, una comida rápida, y nos sentamos en el salón aprovechando que mi madre se había ido y no nos regañaría por comer en el sofá. Al estar en las puertas del verano ambos íbamos con ropa ligera y fresca: mi padre estaba sin camiseta y llevaba un pantalón de chándal amplio que le llegaba por las rodillas; yo un bañador corto y una camiseta. Comimos tumbados en sofás diferentes con la tele encendida sin motivo, porque nos pasamos hablando sobre temas diversos, incluso después de acabar de comer.
Eran las tres de la tarde cuando mi padre decidió echarse la siesta en su habitación. Mientras fregaba los dos platos y los vasos de la comida pensé en hacerme una paja aprovechando que mi madre y mi hermano estaban fuera y mi padre dormía la siesta. Entré a mi cuarto, encendí el portátil y le enchufé los auriculares. La habitación de mis padres estaba pegada a la mía, por lo que tenía que evitar cualquier tipo de ruido extraño que pudiera despertar a mi padre. Curioseé los videos que tenía guardados en el ordenador, y empecé a tocarme superficialmente. Mis padres siempre aceptaron que yo fuera gay y me permitían traer a mi exnovio a casa siempre que quisiera, pero desde que lo dejamos hace cuatro meses no follo y me paso el día haciéndome pajas.
Mi polla no era nada del otro mundo – medía unos diecisiete centímetros y era bastante gruesa. Cuando estuvo preparada me la saqué del bañador y empecé a agitarla ritmicamente. Sentía placer al masturbarme en la intimidad porqué era un momento de tranquilidad para mí.
- Diego, ¿puedo pasar?
La voz de mi padre resonó desde el otro lado de la puerta pidiendo paso a mi habitación. Quité el vídeo que estaba viendo, guardé mi polla en el bañador intentando disimular la erección y permití a mi padre entrar a la habitación.
-Me voy al bar unas horas, que necesitan uno más para el póker. Cuida de la casa, ¿vale?
-Si, papá. -le contesté firmemente. Dudo que salga hoy, mis amigos están todos descansando de
los finales.
Mi padre se dio la vuelta y se marchó. Aunque mi polla no fuese gran cosa cuando me erecto se nota y sólo pensaba en si mi padre me lo había notado o no. Fuera como fuera, la puerta de casa se había cerrado y a mí se me había bajado la polla del susto, así que decidí descansar un poco.
Cuando él volvió a eso de las siete, se dio un largo baño mientras yo hablaba con mis amigos por teléfono. Pasado un tiempo mi padre me llamó desde el baño y yo acudí deprisa :
- Diego, me he olvidado sacar la toalla del armario. ¿podrías acercármela? –me dijo.
- Claro, solo un segundo… ¿la azul?
Él nunca tuvo inconvenientes en enseñar su cuerpo desnudo, pues era muy liberal. A mí nunca me pareció una conducta adecuada pero tampoco me desagradaba verle o enseñarle mi cuerpo a mi padre. A pesar de la fuerza física que realizaba a diario, mi padre tenía algo de tripa, pero sus musculosos brazos y sus grandes piernas la hacían pasar desapercibido. Le di la toalla y me fui a ver la tele. Mi padre se unió cuando terminó su baño y sólo llevaba unos bóxer algo ajustados y yo los mismos bañadores que había llevado durante todo el día, aunque esta vez sin camiseta. Sugirió encargar pizza para cenar, a lo que le respondí que sí. Una vez recibí y pagué las pizzas, nos las comimos otra vez en el salón e iniciamos una conversación fluida: él me contaba que había hecho en el bar y alguna anécdota de cuando él tenía mi edad pero yo estaba más preocupado por si me había pillado antes machacándomela en mi cuarto que por sus palabras. Mientras recogía los cartones de las pizzas, mi padre sugirió ver alguna película antes de ir a dormir. Vimos una que pasaban por la tele sobre un atraco a un banco mientras comíamos palomitas de maíz y mi padre bebía su cerveza. Casi al final de la peli uno de los secuestradores se follaba a su novia en un ascensor.
- Hay que ver la cantidad de sexo que ponen en las películas últimamente – dijo mi padre entre carcajadas.
- ¡Ja, ja, ja, ya lo creo! – contesté algo cortado.
- Y aquí son algo explícitos, porque en algunas que he visto yo enseñan más que las tetas.
- No sé si me gustaría saber qué películas ves con mamá, papá…
El salón estaba alumbrado solo por la luz de la tele, pero alcanzaba para ver la figura de mi padre sin dificultad.
- Bueno hijo, creo que no voy a esperar a que acabe la película – dijo -. Me voy a dormir, que descanses.
Mi padre cogió tres latas de cerveza vacías y las tiró a la basura. Mientras pasaba pude ver que el bulto de mi padre había crecido algo desde la escena porno de la película. Pero no le di importancia, es más, pensé que se iba a la cama a pajearse por la misma razón que yo antes: mi madre y mi hermano no estaban y yo estaba mirando la tele; intimidad total. Me resultó chocante saber que mi padre se iba a tocar porque hacía tiempo que no oía a mis padres hacerlo y me imaginaba cuánto tiempo llevaría mi padre sin correrse. Pero después la idea me empezó a resultar atractiva. Incluso mi polla empezó a reaccionar ante esos pensamientos. Nunca me había sentido atraído por mi padre, pero sí que sentía gran atracción hacia hombres maduros y puede que ese fuera el desencadenante de mi erección momentánea.
Pasados unos minutos, y con mi polla algo más calmada, me fui a la cama. Crucé el largo pasillo donde están las habitaciones – primero la de mi hermano, luego la de mis padres y luego la mía. Sin razón alguna presté especial atención a la puerta de mi padre, que se encontraba entreabierta y de donde salía la luz de la lámpara de mesa. La varonil voz de mi padre irrumpió en mi mente llamándome:
- ¿Diego? Pasa, pasa.
- ¿Querías algo, papá?- dije a mi padre, tumbado en su cama tapado por la sabana.
- Me preguntaba si querías dormir conmigo esta noche, como cuando eras más pequeño. Tu madre no está y la cama se me hace más grande que de costumbre.
La pregunta me pilló de improvisto…
- Emm… claro, papá… deja que vaya a coger mi pijama y vuelvo.
- ¿Vas a dormir en pijama con el calor que hace? ¡No seas ridículo! Duerme en gayumbos, como si estuvieses en tu habitación.
La situación cada vez me intrigaba más. No obstante, obedecí a mi padre y me metí en la cama con él. Los recuerdos me invadieron y sentía que tenía ocho años otra vez.
- Buenas noches, Diego – dijo mi padre mientras me dio un beso en la mejilla.
- Buenas noches papá – le contesté rascándome el beso por el picor de la barba.
Intenté divisar su bulto, el mismo con el que se había levantado del sofá minutos antes. Al no encontrarlo pensé que ya se había desfogado y se había relajado ya. El problema es que yo no me quitaba la imagen de mi padre masturbándose, y mi polla, que hoy no se había corrido aún, se levantó. Por suerte la luz estaba ya apagada y mi padre intentaba dormir.
Puede que fueran las doce de la noche, o la una, no lo sé. Yo aún daba vueltas en la cama de mi padre y decidí ir a fumar un cigarrillo para relajarme. Cuando lo terminé volví y me acosté junto a mi padre, que se había destapado por el calor. Mientras intentaba dormir, de espaldas a mi padre, noté que mi padre se movía mucho: los brazos los usaba como si se rascase, movía las piernas lentamente…
- ¿Papá? – me atreví a llamarlo, pero no me contestó y pensé que estaría soñando. Al cabo de un rato percibí los mismos movimientos y, además, noté un ligero vaivén en la cama. De pronto caí: mi padre se estaba masturbando. Entonces, ¿antes no se había masturbado? ¿Había esperado para masturbarse ahora, en ese momento? ¿Realmente se estaba masturbando yaciendo al lado de su hijo?
- ¿Papá? – dije esta vez con un tono más elevado
- ¡Hijo! Me has asustado… Pensaba que dormías –susurró entrecortadamente ¿Querías algo?
- Será mejor que vaya a dormir a mi cuarto… - dije muy avergonzado.
- No, espera… Siento mucho lo que estoy haciendo –dijo. Me pareció que hubo un tono de arrepentimiento en su voz - ¡Hace más de un año que no tengo sexo con tu madre! –exclamó, intentando justificarse- He aprovechado ahora que se ha ido unos días para hacer…
Silencio apenas roto por el susurro de las sábanas al destaparse
- …al igual que tú esta tarde –concluyó por fin.
- ¿Cómo? Yo no… -exclamé sintiendo que la ****** me cubría las mejillas
Súbitamente la estancia apenas quedó iluminada por la lámpara de la mesita de noche. El click del mecanismo de iluminación de la bombilla que precedió a aquella penumbra me sobresaltó aún más.
- ¡Hijo disimulas muy mal! ¿Crees que basta solo con taparla con un bañador? Una polla grande se tiene que disimular mejor porque si no se nota mucho. Si no fíjate, en la tuya que parece que se acuerda de lo que hacía y se ha despertado – dijo señalando mi paquete, cada vez más hinchado.
- ¡No me mires la polla, papá! No me siento cómodo.
- ¡Parece que va a reventar dentro del gayumbo! –exclamó con sorna.
- Papá…
- ¡Déjamela ver! – me ordenó en un tono de súplica que más bien sonaba a diversión- ¡Y no te avergüences hombre! Será por las veces que te he visto desnudo…
El silencio que cayó entre nosotros rompió cualquier amago de burla.
- Como quieras… - exclamé al fin. Me la saqué y mi padre la observó detenidamente.
La situación me la agrandaba todavía más y estaba deseando irme a mi cuarto para cascármela.
- Chaval, no está nada mal. Pero aun te queda para alcanzar el tamaño de tu padre.
Acto seguido, mi padre se la sacó y me la enseñó. El bulto que había visto en el sofá no tenía comparación: me pareció que lucía una polla de unos veintidós centímetros, gruesa y con el capullo circuncidado. Mi cara enrojeció mientras mi padre se reía de la situación. Dejé la mente en blanco por unos segundos con la esperanza de que mi padre me dejara ir de una vez, para pajearme tranquilo y solo en mi habitación, cuando de repente él me dijo en un tono de lo más sensual:
- Pues hijo, con tu permiso voy a cascármela un rato, que me hace mucha falta. Tengo las pelotas duras como rocas. He de vaciarlas -aseveró con la maestría de su madurez.
Sin darle mi respuesta se quitó el bóxer, se la agarró y empezó a agitarla con fuerza entre pequeños gemidos. Yo, que aun tenía la polla fuera, y me limité a acariciarme tímidamente.
- ¡Anda hijo, vamos a pajearnos juntos! – exclamó jocosamente mi padre mientras
buscaba algo en el cajón de su mesita de noche. La situación se volvía cada vez más surrealista cuando vi, sin dejar de acariciarme el nabo, que lo que sacaba del cajón era un dvd porno.
- Esto no está bien, papá. –sentencié. Pero si insistes… -
No me agradaba la idea de pajearme con una película porno hetero, pero aún menos me agrada aquella idea de pajearme junto a mi padre.
La película empezó y mi padre la adelantó para ver lo que denominó algo de acción. Y cuando por fin comenzó la acción me quedó claro que él se masturbaba con ímpetu; mientras que yo lo hacía más suave y tímidamente. Para excitarme, miraba de reojo la gorda polla de mi padre y él, al darse cuenta, dijo:
- ¡Joder, hijo! –agaché la cabeza pensando que me iba a regañar-. No he caído en que a ti estas películas no te gustan. Si quieres puedes mirarme a mí para ponerte cachondo.
Se me hubieran caído las pelotas al suelo, en cualquier otra situación, nada más
escuchar esas palabras saliendo su boca. En lugar de eso mi pene se endureció un poco más, si cabe. Así que sin pronunciar palabra lo hice. Le miré, y mirándole me convencí de que él estaba tan excitado que por eso me permitía observarle mientras se pajeaba. De vez en cuando mi padre se acariciaba los pezones y su par de pelotas y me observaba a su vez, como para asegurarse de que yo lo pasaba bien.
De pronto se detuvo y me susurró:
-Házmela tú, ¿quieres?.
Y me agarró la mano para ponerla sobre su pene.
No me explico aún qué me llevo a ello ni porqué lo hice, pero agarré con fuerza el trabuco de mi padre y lo acaricié suavemente. Luego lo sacudí más deprisa y jugueteé con sus pezones con la mano que me restaba libre. Papá me agarró mi polla también y la empezó a agitar como yo lo hacía. Recuerdo que me asió por la cabeza y nuestros labios se enfrentaron, los cuales besé mientras tomaba conciencia de lo que estaba sucediendo: mi padre me había encandilado para follar con él. ¿Estaba mi padre tan falto de sexo que recurriría a mí de verdad? ¿Qué opinaría mamá si se enterara? Fuese como fuese cada vez me excitaba más esa idea i****tuosa. Después de los besos me empujó con fuerza la cabeza hacia abajo la hasta llegar a su polla.
- Abre la boca hijo – suplicó susurrando
La polla de mi papá era lo suficientemente gruesa como para que no me cupiese en la boca, aunque la ocasión merecía que diese lo mejor de mí. Mi padre me agarraba del pelo conforme iba bajando por su polla y sacudía mi cabeza para marcar el ritmo. Él me acariciaba el culo mientras yo seguía con su polla, que chupaba y masturbaba mientras él me introdujo los dedos.
- Hijo, no sé qué me está pasando, pero tengo ganas de follarte. ¡Ponte a cuatro patas, venga!
- Si, papá – dije sin permitir que me sacara los dedos de mi culo. Me incorporé sobre la cama de mis padres y mi padre me cogió de las nalgas para jugar, antes de pasar a la acción.
- ¿Estás listo? Prepárate Dieguito que tu papá te la va a meter para que goces. –
Hacía años que nadie en mi familia me llamaba Dieguito y que lo hiciera papá en ese momento me hizo enloquecer.
La polla de mi padre empezó a abrirse camino mientras yo gemía de dolor. Me dolía, porque ningún tío al que me haya tirado la tenía como mi padre, pero no quise que parara. Mi padre tenía una expresión en la cara de placer absoluto que probablemente haría años que no tenía, razón de más para que empezase a follarme con fuerza. Notaba como el cabecero de la cama rebotaba contra la pared enérgicamente y la vieja cama chirriaba con las embestidas recibidas de mi padre. En ese momento ni él ni yo nos preocupábamos por si los vecinos nos oían; sólo en disfrutar del momento paternofilial tan salvaje que compartíamos. Empezó él también a gemir conmigo, me levantó y me dio la vuelta para que ambos pudiéramos vernos. Ver a mi padre desnudo, apoyándose en el cabecero con sus brazos tonificados y sintiendo palpitar su gran polla dentro de mí hizo que tuviera el impulso de masturbarme.
- ¿Tanto te gusta que tu padre te folle que te pajeas mientras lo hace? Pues te voy a dar más motivos para que te toques – y empezó a darme repetidas sacudidas introduciéndome toda su polla hasta dentro de mí. Todos mis músculos reaccionaron haciendo que me retorciera de placer.
- ¡Oh, Dios, papá! ¡Sigue así, por favor!
Tras terminar con las sacudidas, sacó de mi culo su polla y la agitó con fuerza, soltando su semen por mi torso. Su abundante y caliente simiente casi me quemaba y la sensación producida por el primer chorro de la leche de mi padre en mi cuerpo hizo que mi semen, no tan espeso como el suyo pero sí abundante, brotara hacia todos los lados junto al de mi padre, y me uní a sus gemidos de placer. Y así los dos, recién aliviados, nos miramos, padre e hijo, y nos besamos mientras él me acariciaba el pecho, ahora ya sellado con su propia leche. Eran las tres y media de la mad**gada.
A la mañana siguiente desperté en la cama de mi padre no muy tarde. Él, que era muy mad**gador, se habría despertado un poco antes y se había marchado al salón a hablar con mi madre. Oía la conversación y deduje que mamá y Ramón lo estaban pasando en grande en el hotel costalero. Papá también contaba lo que había hecho en casa: preparar la comida, ir al bar, pedir pizzas para cenar y ver una peli conmigo. Vi en su lado de la cama los calzoncillos que se había quitado por la noche, así que debería estar desnudo. Me levanté, me puse mis calzoncillos y me dirigí al salón.
- Parece que Diego nos ha oído hablar y se ha despertado, Margarita. ¿Quieres hablar con él? Vais a la playa, luego lo llamarás, ¿no? Vamos a ir a desayunar. Espero que te lo pases bien. Un beso. –
Mi padre se encontraba desnudo en el sofá, donde la noche anterior vio la película que provocó que yo me acostara con él.
- Buenos días, Dieguito –dijo levantándose. -¿preparamos el desayuno?
- Buenos días papá
Salí yo primero del salón. Mi padre, que me seguía de cerca, me dio un azote en el culo. Cuando me volteé me dijo:
- ¿Aún vas a seguir tapándote estando delante de mí?
Por lo visto mi padre no olvidaría la noche en que me cameló para follar con él.
Sinceramente, espero que así sea.
Continuará...
- Nunca nos toca nada y una vez que jugamos ganamos una estancia en un hotel en la costa. ¡Bien hecho, Ramón! -gritó jubilosa mi señora madre.
Ramón era mi hermano mayor, veintidós años y una persona ahorradora y frugal. Desde hacía un año y medio iba recolectando cupones que había recortado de diferentes revistas con el fin de reclamar el premio que le ofrecieran. Tras largos meses, consiguió un viaje a la playa y decidió que mi madre, que acababa de atravesar una depresión, le acompañara. Desde que era joven siempre tuvo que cuidarnos tanto a Ramón como a mí mientras mi padre trabajaba de obrero para ganarse nuestro pan. A causa de eso, mi madre pasó por una crisis que resolvió hace escasas semanas.
Mi padre siempre ha velado por nuestra salud y seguridad. Tiene cuarenta y cinco años, solo dos años más que mi madre. Es una persona de complexión fuerte debido a su trabajo aunque no muy alto (calculo que un metro setenta), el pelo corto y castaño, los ojos marrones y la piel tostada por el sol. Yo entonces era un chico bastante alto – metro ochenta y dos -, con el cabello castaño como mi padre y la piel y los ojos claros como mi madre. A mis diecisiete años yo no necesitaba mucha supervisión. Tal vez por eso mi papá no se opuso a que mi madre fuera a despejarse unos días a la playa y, además, se ofreció a cuidar de mí el tiempo que estuviesen fuera. Al no tener trabajo, mi padre siempre andaría por casa o en el bar.
A las diez y media mi madre y mi hermano se subieron al coche y se fueron.
No volverían hasta dentro de tres días, así que me tocaba a mí hacer las tareas de la casa. Empecé por ordenar el salón y el comedor mientras mi padre estaba fuera, así comprendería que había hecho las labores. Él regresó a eso de las doce y, para mi sorpresa, decidió ayudarme a hacer la comida. Entre los dos preparamos, una comida rápida, y nos sentamos en el salón aprovechando que mi madre se había ido y no nos regañaría por comer en el sofá. Al estar en las puertas del verano ambos íbamos con ropa ligera y fresca: mi padre estaba sin camiseta y llevaba un pantalón de chándal amplio que le llegaba por las rodillas; yo un bañador corto y una camiseta. Comimos tumbados en sofás diferentes con la tele encendida sin motivo, porque nos pasamos hablando sobre temas diversos, incluso después de acabar de comer.
Eran las tres de la tarde cuando mi padre decidió echarse la siesta en su habitación. Mientras fregaba los dos platos y los vasos de la comida pensé en hacerme una paja aprovechando que mi madre y mi hermano estaban fuera y mi padre dormía la siesta. Entré a mi cuarto, encendí el portátil y le enchufé los auriculares. La habitación de mis padres estaba pegada a la mía, por lo que tenía que evitar cualquier tipo de ruido extraño que pudiera despertar a mi padre. Curioseé los videos que tenía guardados en el ordenador, y empecé a tocarme superficialmente. Mis padres siempre aceptaron que yo fuera gay y me permitían traer a mi exnovio a casa siempre que quisiera, pero desde que lo dejamos hace cuatro meses no follo y me paso el día haciéndome pajas.
Mi polla no era nada del otro mundo – medía unos diecisiete centímetros y era bastante gruesa. Cuando estuvo preparada me la saqué del bañador y empecé a agitarla ritmicamente. Sentía placer al masturbarme en la intimidad porqué era un momento de tranquilidad para mí.
- Diego, ¿puedo pasar?
La voz de mi padre resonó desde el otro lado de la puerta pidiendo paso a mi habitación. Quité el vídeo que estaba viendo, guardé mi polla en el bañador intentando disimular la erección y permití a mi padre entrar a la habitación.
-Me voy al bar unas horas, que necesitan uno más para el póker. Cuida de la casa, ¿vale?
-Si, papá. -le contesté firmemente. Dudo que salga hoy, mis amigos están todos descansando de
los finales.
Mi padre se dio la vuelta y se marchó. Aunque mi polla no fuese gran cosa cuando me erecto se nota y sólo pensaba en si mi padre me lo había notado o no. Fuera como fuera, la puerta de casa se había cerrado y a mí se me había bajado la polla del susto, así que decidí descansar un poco.
Cuando él volvió a eso de las siete, se dio un largo baño mientras yo hablaba con mis amigos por teléfono. Pasado un tiempo mi padre me llamó desde el baño y yo acudí deprisa :
- Diego, me he olvidado sacar la toalla del armario. ¿podrías acercármela? –me dijo.
- Claro, solo un segundo… ¿la azul?
Él nunca tuvo inconvenientes en enseñar su cuerpo desnudo, pues era muy liberal. A mí nunca me pareció una conducta adecuada pero tampoco me desagradaba verle o enseñarle mi cuerpo a mi padre. A pesar de la fuerza física que realizaba a diario, mi padre tenía algo de tripa, pero sus musculosos brazos y sus grandes piernas la hacían pasar desapercibido. Le di la toalla y me fui a ver la tele. Mi padre se unió cuando terminó su baño y sólo llevaba unos bóxer algo ajustados y yo los mismos bañadores que había llevado durante todo el día, aunque esta vez sin camiseta. Sugirió encargar pizza para cenar, a lo que le respondí que sí. Una vez recibí y pagué las pizzas, nos las comimos otra vez en el salón e iniciamos una conversación fluida: él me contaba que había hecho en el bar y alguna anécdota de cuando él tenía mi edad pero yo estaba más preocupado por si me había pillado antes machacándomela en mi cuarto que por sus palabras. Mientras recogía los cartones de las pizzas, mi padre sugirió ver alguna película antes de ir a dormir. Vimos una que pasaban por la tele sobre un atraco a un banco mientras comíamos palomitas de maíz y mi padre bebía su cerveza. Casi al final de la peli uno de los secuestradores se follaba a su novia en un ascensor.
- Hay que ver la cantidad de sexo que ponen en las películas últimamente – dijo mi padre entre carcajadas.
- ¡Ja, ja, ja, ya lo creo! – contesté algo cortado.
- Y aquí son algo explícitos, porque en algunas que he visto yo enseñan más que las tetas.
- No sé si me gustaría saber qué películas ves con mamá, papá…
El salón estaba alumbrado solo por la luz de la tele, pero alcanzaba para ver la figura de mi padre sin dificultad.
- Bueno hijo, creo que no voy a esperar a que acabe la película – dijo -. Me voy a dormir, que descanses.
Mi padre cogió tres latas de cerveza vacías y las tiró a la basura. Mientras pasaba pude ver que el bulto de mi padre había crecido algo desde la escena porno de la película. Pero no le di importancia, es más, pensé que se iba a la cama a pajearse por la misma razón que yo antes: mi madre y mi hermano no estaban y yo estaba mirando la tele; intimidad total. Me resultó chocante saber que mi padre se iba a tocar porque hacía tiempo que no oía a mis padres hacerlo y me imaginaba cuánto tiempo llevaría mi padre sin correrse. Pero después la idea me empezó a resultar atractiva. Incluso mi polla empezó a reaccionar ante esos pensamientos. Nunca me había sentido atraído por mi padre, pero sí que sentía gran atracción hacia hombres maduros y puede que ese fuera el desencadenante de mi erección momentánea.
Pasados unos minutos, y con mi polla algo más calmada, me fui a la cama. Crucé el largo pasillo donde están las habitaciones – primero la de mi hermano, luego la de mis padres y luego la mía. Sin razón alguna presté especial atención a la puerta de mi padre, que se encontraba entreabierta y de donde salía la luz de la lámpara de mesa. La varonil voz de mi padre irrumpió en mi mente llamándome:
- ¿Diego? Pasa, pasa.
- ¿Querías algo, papá?- dije a mi padre, tumbado en su cama tapado por la sabana.
- Me preguntaba si querías dormir conmigo esta noche, como cuando eras más pequeño. Tu madre no está y la cama se me hace más grande que de costumbre.
La pregunta me pilló de improvisto…
- Emm… claro, papá… deja que vaya a coger mi pijama y vuelvo.
- ¿Vas a dormir en pijama con el calor que hace? ¡No seas ridículo! Duerme en gayumbos, como si estuvieses en tu habitación.
La situación cada vez me intrigaba más. No obstante, obedecí a mi padre y me metí en la cama con él. Los recuerdos me invadieron y sentía que tenía ocho años otra vez.
- Buenas noches, Diego – dijo mi padre mientras me dio un beso en la mejilla.
- Buenas noches papá – le contesté rascándome el beso por el picor de la barba.
Intenté divisar su bulto, el mismo con el que se había levantado del sofá minutos antes. Al no encontrarlo pensé que ya se había desfogado y se había relajado ya. El problema es que yo no me quitaba la imagen de mi padre masturbándose, y mi polla, que hoy no se había corrido aún, se levantó. Por suerte la luz estaba ya apagada y mi padre intentaba dormir.
Puede que fueran las doce de la noche, o la una, no lo sé. Yo aún daba vueltas en la cama de mi padre y decidí ir a fumar un cigarrillo para relajarme. Cuando lo terminé volví y me acosté junto a mi padre, que se había destapado por el calor. Mientras intentaba dormir, de espaldas a mi padre, noté que mi padre se movía mucho: los brazos los usaba como si se rascase, movía las piernas lentamente…
- ¿Papá? – me atreví a llamarlo, pero no me contestó y pensé que estaría soñando. Al cabo de un rato percibí los mismos movimientos y, además, noté un ligero vaivén en la cama. De pronto caí: mi padre se estaba masturbando. Entonces, ¿antes no se había masturbado? ¿Había esperado para masturbarse ahora, en ese momento? ¿Realmente se estaba masturbando yaciendo al lado de su hijo?
- ¿Papá? – dije esta vez con un tono más elevado
- ¡Hijo! Me has asustado… Pensaba que dormías –susurró entrecortadamente ¿Querías algo?
- Será mejor que vaya a dormir a mi cuarto… - dije muy avergonzado.
- No, espera… Siento mucho lo que estoy haciendo –dijo. Me pareció que hubo un tono de arrepentimiento en su voz - ¡Hace más de un año que no tengo sexo con tu madre! –exclamó, intentando justificarse- He aprovechado ahora que se ha ido unos días para hacer…
Silencio apenas roto por el susurro de las sábanas al destaparse
- …al igual que tú esta tarde –concluyó por fin.
- ¿Cómo? Yo no… -exclamé sintiendo que la ****** me cubría las mejillas
Súbitamente la estancia apenas quedó iluminada por la lámpara de la mesita de noche. El click del mecanismo de iluminación de la bombilla que precedió a aquella penumbra me sobresaltó aún más.
- ¡Hijo disimulas muy mal! ¿Crees que basta solo con taparla con un bañador? Una polla grande se tiene que disimular mejor porque si no se nota mucho. Si no fíjate, en la tuya que parece que se acuerda de lo que hacía y se ha despertado – dijo señalando mi paquete, cada vez más hinchado.
- ¡No me mires la polla, papá! No me siento cómodo.
- ¡Parece que va a reventar dentro del gayumbo! –exclamó con sorna.
- Papá…
- ¡Déjamela ver! – me ordenó en un tono de súplica que más bien sonaba a diversión- ¡Y no te avergüences hombre! Será por las veces que te he visto desnudo…
El silencio que cayó entre nosotros rompió cualquier amago de burla.
- Como quieras… - exclamé al fin. Me la saqué y mi padre la observó detenidamente.
La situación me la agrandaba todavía más y estaba deseando irme a mi cuarto para cascármela.
- Chaval, no está nada mal. Pero aun te queda para alcanzar el tamaño de tu padre.
Acto seguido, mi padre se la sacó y me la enseñó. El bulto que había visto en el sofá no tenía comparación: me pareció que lucía una polla de unos veintidós centímetros, gruesa y con el capullo circuncidado. Mi cara enrojeció mientras mi padre se reía de la situación. Dejé la mente en blanco por unos segundos con la esperanza de que mi padre me dejara ir de una vez, para pajearme tranquilo y solo en mi habitación, cuando de repente él me dijo en un tono de lo más sensual:
- Pues hijo, con tu permiso voy a cascármela un rato, que me hace mucha falta. Tengo las pelotas duras como rocas. He de vaciarlas -aseveró con la maestría de su madurez.
Sin darle mi respuesta se quitó el bóxer, se la agarró y empezó a agitarla con fuerza entre pequeños gemidos. Yo, que aun tenía la polla fuera, y me limité a acariciarme tímidamente.
- ¡Anda hijo, vamos a pajearnos juntos! – exclamó jocosamente mi padre mientras
buscaba algo en el cajón de su mesita de noche. La situación se volvía cada vez más surrealista cuando vi, sin dejar de acariciarme el nabo, que lo que sacaba del cajón era un dvd porno.
- Esto no está bien, papá. –sentencié. Pero si insistes… -
No me agradaba la idea de pajearme con una película porno hetero, pero aún menos me agrada aquella idea de pajearme junto a mi padre.
La película empezó y mi padre la adelantó para ver lo que denominó algo de acción. Y cuando por fin comenzó la acción me quedó claro que él se masturbaba con ímpetu; mientras que yo lo hacía más suave y tímidamente. Para excitarme, miraba de reojo la gorda polla de mi padre y él, al darse cuenta, dijo:
- ¡Joder, hijo! –agaché la cabeza pensando que me iba a regañar-. No he caído en que a ti estas películas no te gustan. Si quieres puedes mirarme a mí para ponerte cachondo.
Se me hubieran caído las pelotas al suelo, en cualquier otra situación, nada más
escuchar esas palabras saliendo su boca. En lugar de eso mi pene se endureció un poco más, si cabe. Así que sin pronunciar palabra lo hice. Le miré, y mirándole me convencí de que él estaba tan excitado que por eso me permitía observarle mientras se pajeaba. De vez en cuando mi padre se acariciaba los pezones y su par de pelotas y me observaba a su vez, como para asegurarse de que yo lo pasaba bien.
De pronto se detuvo y me susurró:
-Házmela tú, ¿quieres?.
Y me agarró la mano para ponerla sobre su pene.
No me explico aún qué me llevo a ello ni porqué lo hice, pero agarré con fuerza el trabuco de mi padre y lo acaricié suavemente. Luego lo sacudí más deprisa y jugueteé con sus pezones con la mano que me restaba libre. Papá me agarró mi polla también y la empezó a agitar como yo lo hacía. Recuerdo que me asió por la cabeza y nuestros labios se enfrentaron, los cuales besé mientras tomaba conciencia de lo que estaba sucediendo: mi padre me había encandilado para follar con él. ¿Estaba mi padre tan falto de sexo que recurriría a mí de verdad? ¿Qué opinaría mamá si se enterara? Fuese como fuese cada vez me excitaba más esa idea i****tuosa. Después de los besos me empujó con fuerza la cabeza hacia abajo la hasta llegar a su polla.
- Abre la boca hijo – suplicó susurrando
La polla de mi papá era lo suficientemente gruesa como para que no me cupiese en la boca, aunque la ocasión merecía que diese lo mejor de mí. Mi padre me agarraba del pelo conforme iba bajando por su polla y sacudía mi cabeza para marcar el ritmo. Él me acariciaba el culo mientras yo seguía con su polla, que chupaba y masturbaba mientras él me introdujo los dedos.
- Hijo, no sé qué me está pasando, pero tengo ganas de follarte. ¡Ponte a cuatro patas, venga!
- Si, papá – dije sin permitir que me sacara los dedos de mi culo. Me incorporé sobre la cama de mis padres y mi padre me cogió de las nalgas para jugar, antes de pasar a la acción.
- ¿Estás listo? Prepárate Dieguito que tu papá te la va a meter para que goces. –
Hacía años que nadie en mi familia me llamaba Dieguito y que lo hiciera papá en ese momento me hizo enloquecer.
La polla de mi padre empezó a abrirse camino mientras yo gemía de dolor. Me dolía, porque ningún tío al que me haya tirado la tenía como mi padre, pero no quise que parara. Mi padre tenía una expresión en la cara de placer absoluto que probablemente haría años que no tenía, razón de más para que empezase a follarme con fuerza. Notaba como el cabecero de la cama rebotaba contra la pared enérgicamente y la vieja cama chirriaba con las embestidas recibidas de mi padre. En ese momento ni él ni yo nos preocupábamos por si los vecinos nos oían; sólo en disfrutar del momento paternofilial tan salvaje que compartíamos. Empezó él también a gemir conmigo, me levantó y me dio la vuelta para que ambos pudiéramos vernos. Ver a mi padre desnudo, apoyándose en el cabecero con sus brazos tonificados y sintiendo palpitar su gran polla dentro de mí hizo que tuviera el impulso de masturbarme.
- ¿Tanto te gusta que tu padre te folle que te pajeas mientras lo hace? Pues te voy a dar más motivos para que te toques – y empezó a darme repetidas sacudidas introduciéndome toda su polla hasta dentro de mí. Todos mis músculos reaccionaron haciendo que me retorciera de placer.
- ¡Oh, Dios, papá! ¡Sigue así, por favor!
Tras terminar con las sacudidas, sacó de mi culo su polla y la agitó con fuerza, soltando su semen por mi torso. Su abundante y caliente simiente casi me quemaba y la sensación producida por el primer chorro de la leche de mi padre en mi cuerpo hizo que mi semen, no tan espeso como el suyo pero sí abundante, brotara hacia todos los lados junto al de mi padre, y me uní a sus gemidos de placer. Y así los dos, recién aliviados, nos miramos, padre e hijo, y nos besamos mientras él me acariciaba el pecho, ahora ya sellado con su propia leche. Eran las tres y media de la mad**gada.
A la mañana siguiente desperté en la cama de mi padre no muy tarde. Él, que era muy mad**gador, se habría despertado un poco antes y se había marchado al salón a hablar con mi madre. Oía la conversación y deduje que mamá y Ramón lo estaban pasando en grande en el hotel costalero. Papá también contaba lo que había hecho en casa: preparar la comida, ir al bar, pedir pizzas para cenar y ver una peli conmigo. Vi en su lado de la cama los calzoncillos que se había quitado por la noche, así que debería estar desnudo. Me levanté, me puse mis calzoncillos y me dirigí al salón.
- Parece que Diego nos ha oído hablar y se ha despertado, Margarita. ¿Quieres hablar con él? Vais a la playa, luego lo llamarás, ¿no? Vamos a ir a desayunar. Espero que te lo pases bien. Un beso. –
Mi padre se encontraba desnudo en el sofá, donde la noche anterior vio la película que provocó que yo me acostara con él.
- Buenos días, Dieguito –dijo levantándose. -¿preparamos el desayuno?
- Buenos días papá
Salí yo primero del salón. Mi padre, que me seguía de cerca, me dio un azote en el culo. Cuando me volteé me dijo:
- ¿Aún vas a seguir tapándote estando delante de mí?
Por lo visto mi padre no olvidaría la noche en que me cameló para follar con él.
Sinceramente, espero que así sea.
Continuará...
11年前