Interludio I. La propietaria
Esta mañana no me quitaba el calentón, estaba dale que te pego en la máquina con la trempera mañanera.
No dejaba de mirar la puerta, esperando ver entrar a la nueva dueña del local:
-Oh! vaya, buenos días, le puedo ayudar?
-Está el jefe?
-Todavía no ha llegado, si quiere puede esperarle en el despacho.
-Gracias, esperare.
La acompaño amablemente hacia el pequeño despacho acristalado y se acomoda en la silla del escritorio.
-Yo estoy en aquella máquina- le señalo al fondo del taller con algo más que con el dedo, ahora si tiene motivos para estar tiesa- Si necesita algo me lo dice.
La dueña mas que sorprendida no le quita ojo, y cuando me dirijo hacia mi puesto observo a través del reflejo de una de las maquinas que me está mirando el trasero. Ya en mi asiento, con vistas al despacho observo como hace un primer cruce de piernas que no hace más que excitarme todavía más.
Me pillo! El cruce de miradas es inevitable y no puedo mas que agachar la cabeza avergonzado, pero mirándola de reojo cada vez que puedo. Ella sabedora de mis miradas se pone más provocadora y encara la silla hacia mí. La veo acariciarse sutilmente, bajando hacia las piernas... empieza a subirse la falda para dejarme ver esos pantis que dibujan unas piernas irresistibles. Se acaricia el muslo interior subiendo hacia la entrepierna... cuando de repente para y me señala!
- Yo¿? - me pregunto, mientras oigo a lo lejos que me dice:
-Ahora tú!
La mesa alta lo pone fácil, me está viendo tocarme por debajo de ella. Me meto la mano bajo el pantalón y le descubro mi ropa interior. Me aprieto por encima del slip dibujándole mi erección.
Ahora es ella quien cierra los muslos con la mano en la entrepierna, mientras sus otros dedos caminan por encima de sus pechos, entre su canalillo...
Esto no hay quien lo aguante! Saco el miembro de su guarida y empiezo a masturbarme sin quitar ojo de sus provocaciones. He de tomar la voz cantante:
-Tienes que ver esto!- le exclamo.
Se levanta, con la falda medio subida y la veo venir con paso sensual, contoneándose... llega a mi vera, pero... zas! El timbre suena, es el jefe, siempre oportuno.
La mujer se inclina me da un tierno beso en la mejilla y me susurra:
-Tranquilo, esto ya lo arreglaremos.
No dejaba de mirar la puerta, esperando ver entrar a la nueva dueña del local:
-Oh! vaya, buenos días, le puedo ayudar?
-Está el jefe?
-Todavía no ha llegado, si quiere puede esperarle en el despacho.
-Gracias, esperare.
La acompaño amablemente hacia el pequeño despacho acristalado y se acomoda en la silla del escritorio.
-Yo estoy en aquella máquina- le señalo al fondo del taller con algo más que con el dedo, ahora si tiene motivos para estar tiesa- Si necesita algo me lo dice.
La dueña mas que sorprendida no le quita ojo, y cuando me dirijo hacia mi puesto observo a través del reflejo de una de las maquinas que me está mirando el trasero. Ya en mi asiento, con vistas al despacho observo como hace un primer cruce de piernas que no hace más que excitarme todavía más.
Me pillo! El cruce de miradas es inevitable y no puedo mas que agachar la cabeza avergonzado, pero mirándola de reojo cada vez que puedo. Ella sabedora de mis miradas se pone más provocadora y encara la silla hacia mí. La veo acariciarse sutilmente, bajando hacia las piernas... empieza a subirse la falda para dejarme ver esos pantis que dibujan unas piernas irresistibles. Se acaricia el muslo interior subiendo hacia la entrepierna... cuando de repente para y me señala!
- Yo¿? - me pregunto, mientras oigo a lo lejos que me dice:
-Ahora tú!
La mesa alta lo pone fácil, me está viendo tocarme por debajo de ella. Me meto la mano bajo el pantalón y le descubro mi ropa interior. Me aprieto por encima del slip dibujándole mi erección.
Ahora es ella quien cierra los muslos con la mano en la entrepierna, mientras sus otros dedos caminan por encima de sus pechos, entre su canalillo...
Esto no hay quien lo aguante! Saco el miembro de su guarida y empiezo a masturbarme sin quitar ojo de sus provocaciones. He de tomar la voz cantante:
-Tienes que ver esto!- le exclamo.
Se levanta, con la falda medio subida y la veo venir con paso sensual, contoneándose... llega a mi vera, pero... zas! El timbre suena, es el jefe, siempre oportuno.
La mujer se inclina me da un tierno beso en la mejilla y me susurra:
-Tranquilo, esto ya lo arreglaremos.
11年前