Jugando billar con mi compadre...
¡Que buen culo tiene este cabrón! Me descubría a mi mismo pensando cada sábado en el partido de fútbol. ¡Mira nada más como mueve las nalgas! Decía y mi verga comenzaba a reaccionar. Sergio era el entrenador del equipo ********** donde jugaba mi hijo de 10 años. Era un hombre macizo en su totalidad, de estatura media y quizá con ropa de vestir se vería un poquito relleno, pero con esos shorts de tenis y la playera ajustada se mostraba buenísimo. Tenía 46 años y los lucía muy bien. Su espalda era ancha y las piernas fuertes, pero el encanto del entrenador radicaba en un culo grande y respingón, que se le marcaba delicioso.
Hacía ya un año que tenía a mi muchacho en ese equipo, y desde la primera vez que lo llevé no he podido evitar ver la colita del hombrón aquel. Ahora que lo pienso quizá esa fue la razón que hizo que fuera tan constante en los entrenamientos y juegos de mi niño.
Permítanme presentarme. Me llamo Alejandro Cota, tengo 36 años, más bien gordito, soy abogado, estoy casado, tengo dos hijos y un gusto irrefrenable por los hombres muy masculinos. Me gustan aquellos con pinta de oso, panza chelera incluida, que tiene cara de mataputos pero en la cama te piden verga hasta acabársela. Que sean muy velludos y se la coman con tanta dedicación que parezca que le van a sacar brillo. Hasta ese momento no sabía si Sergio –El profesor Acuña para sus pupilos- fuera uno de esos, pero solo de verlo me ponía bien caliente y aunque tenía amantes eventuales no podía evitar imaginármelo desnudo pidiéndome que se la dejara ir .
-¿Cómo está licenciado?
- Muy bien profe. ¿Usted?
- Bien gracias. ¿Cómo vió el juego?
- Excelente. Alex ha avanzado mucho desde que está en su equipo.
- Es que su muchacho es muy bueno, solo no hay que dejarlo.
- Por supuesto profe, aquí estaremos, dije mientras pensaba que así sería pues no me iba a perder el espectáculo que ofrecía su culito enfundado en ropa deportiva.
- Hecho licenciado. Oiga le quería decir que con algunos de los papás de los del equipo y unos amigos queremos hacer un equipo de veteranos ¿No le gustaría jugar con nosotros?
- Híjole profe, pues si me gustaría, pero no soy muy bueno en el fútbol. La verdad es que nunca he hecho deporte así que no soy nada hábil.
- No se preocupe licenciado, si no lo vamos hacer para echarle una reta al Real Madrid. Solo es para divertirnos. ¿Lo espero el jueves?
- Está bien, pero no respondo por mi ineptitud para pegarle a una pelota ¿OK?
- Tranquilo licenciado. Solo es para divertirnos.
Total que acabé jugando en el equipo de veteranos del entrenador. Todos los jueves a las siete de la noche me apersonaba en el club a esperar dos largas horas durante las cuales hacía que jugaba, hasta que llegaba el momento de ir a las duchas para echarme el taco de ojo con el entrenador.
Las primeras veces el profesor Acuña parecía muy pudoroso y se metía a su regadera en shorts y no se los quitaba hasta que corría las cortinas, pero conforme fueron pasando las semanas y ya entrados en confianza se comenzó a desnudar en el vestidor con todos los demás y ya no cerraba su cortina cuando se estaba bañando. Para mi era como si hubiera llegado la navidad. Ver su cuerpo velludo en plenitud caminando por el vestidor me ponía muy caliente, pero en cuanto se volteaba y mostraba las nalgas mi verga se ponía a mil. No hallaba ni como ocultar las erecciones que ese hermoso trasero me provocaba. Lo bueno es que entre el relajo de todos en las duchas no faltaba quien se lo chuleara y todo caía en broma. Estoy seguro que algún otro de los que estábamos se la jaló en honor del fabuloso culo del profesor Acuña. Pero ahí nada de puterías que todos éramos machines ¡Ajá!
Y bueno, fueron tantos jueves en pelotas y tantos malos juegos que el entrenador terminó por tomarme a su resguardo. Me ponía a jugar y me explicaba como hacerlo. Me pasaba la bola y hasta festejaba cuando hacía un buen tiro. Eso y que mi hijo estaba convertido en la estrella del equipo que entrenaba –talento heredado de su madre, supongo- hizo que los lazos amistosos entre su familia y la mía se fueron haciendo estrechos. Mi mujer y su mujer se hicieron muy amigas y recibimos muchas invitaciones a fiestas en su casa y nosotros correspondimos igual.. Ahora ya no era el profesor Acuña y Yo el licenciado Cota. Solo éramos Sergio y Alejandro. De hecho nos hicimos compadres cuando su hija mayor se casó y fuimos padrinos. El problema es que conforme el tiempo pasaba Sergio me gustaba más y eso me ponía muy nervioso porque no veía ninguna señal por ningún lado de que le gustara darse algunas escapadas con un hombre. Yo estaba francamente desesperado por mi mala suerte. No contaba con que el destino la iba cambiar de la manera menos esperada.
El jueves siguiente, al acabar el juego, mi compadre tuvo a bien invitarme a la inauguración de la nueva casa de su hija.
Oiga compadre, ya le compraron una casa a Sonia y estamos invitados a una fiesterita. Avísele a mi comadre.
Pues mi ahijada no me ha dicho nada compadre.
Pues no porque dijo que yo te avisara, no seas quisquilloso.
Está bien compadre. Ya te estás poniendo viejo. Dentro de poco vas a ser abuelo.
¡No me chingue compadre!
Ni modo, así es la vida.
El sábado siguiente nos apersonamos en la nueva casa de mi ahijada. Era una casa enorme. Su marido trabajaba para una trasnacional y le estaba yendo muy bien. Era un joven de no más 28 años pero muy hábil y se había acomodado muy bien en su empresa. Adolfo era un norteño alto, robusto, muy atractivo y cara rebuena gente además de un trato muy amable. Todo un caballero digno de Sonia, mi ahijada. Y ahora estaban estrenando lo que sería su primera casa propia.
Cuando llegamos mi compadre ya estaba ahí y nos recibió como si hubiera visto a su ángel de la guarda. El pobre hombre se sentía como perdido entre tanto muchachito que no tenía mucho que ver con él, e inmediatamente se refugió en nosotros. Las mujeres, como siempre, se juntaron e hicieron su propio club. La fiesta transcurrió con mucha calma. Era el típico asado en el jardín y lo único que hacíamos era platicar y tomar mucho vino tinto. Ya entrada la noche el compadre dijo que iría por más vino a la cocina y que regresaba, que no me fuera a mover. La verdad es que nunca he sido muy bueno para cumplir órdenes, así que pasados un par de minutos me levante y fui a buscar a Sergio. Uno nunca sabe, igual y necesitaba que le ayudara a cargar o algo. Me dirigí a la casa y entré en la cocina pero no había nadie. Hasta que pasados unos segundos escuché unas voces.
¡No juegues muchacho!
¡Usted sabe que no es juego suegro!
Era mi compadre y Adolfo, su yerno, que venía atrás de él. Por puro acto reflejo, o porque tengo mucha suerte, me metí en la alacena y dejé un poquito abierta la puerta. Sergio entró con una sonrisa muy maliciosa y el muchacho atrás de él como perrito faldero. Por un momento pensé que estaban discutiendo, pero luego entendí lo que pasaba y de que forma. Mi compadre se acercó al mueble y quiso bajar un par de botellas de vino que estaban el la parte superior. Su yerno se le acercó por detrás y tomándolo por la cintura y le frotó la poronga en la cola. Le acercó la cara al cuello y se lo besó.
¿Entonces que suegrito?¿Para cuando se me vuelve a hacer? Dijo mientras pasaba su mano a las bolas de Sergio y lo atraía más hacia él.
¡A que cabrón me saliste muchacho! Respondió mi compadre parando su culito para sentir más cerca el bulto del muchacho.
¡Y quien no con esas nalgas que se carga suegro! Le oí decir mientras con la otra mano le agarraba una teta.
Pronto hijo. Yo también me muero de ganas por esa herramienta que la vida te dio. Dijo Sergio y se volteó para quedar frente a su yerno y frotándole la reata sobre el pantalón.
Pues si quiere vamos ahorita al cuarto de servicio. Sirve que estrenamos la casa y nos quitamos las ganas. Total ¿Quién se va a dar cuenta? Comentó Adolfo mientras le acariciaba las nalgas.
No muchacho. Hay mucha gente. Pero ya habrá oportunidad. Mi compadre le dió un beso a su yerno y lo dejó tan empalmado que de buena gana hubiera salido de mi escondite para ayudarlo con su asunto. Lástima que soy tan miedoso.
Cuando Adolfo se hubo ido de la cocina, salí y me fui al jardín a buscar a Sergio. Iba feliz. Había descubierto que a mi compadre también le iban las culeadas y no iba a perder la oportunidad. Era como si fuera mi cumpleaños. La felicidad se me notaba y creo que la erección también. Llegué hasta donde estaba el oso de mis sueños y le palmeé la espalda.
¿Qué pasó compadre? ¿Dónde andaba? Se tardó mucho.
Estaba hablando con mi yerno. Es que quería que le ayudara con unas cosas.
Si. Me imagino, dije con malicia.
Y ¿Tu dónde andabas?
Por ahí. De fisgón.
Pues échese otra compadre. ¡Salud!
¡Salud compadre! Porque se nos cumplan todos los deseos…
La fiesta siguió y llegó a buen final. Mi compadre no se separó de mi ni un minuto y con las copas se puso harto cariñoso. Era el típico borracho que te empieza a abrazar y a decir que te quiere mucho. Yo respondí con igual entusiasmo y hasta en algunos descuidos rocé sus nalguitas, pero como estaba tan tomado creo que ni se percató.
Esa noche mi esposa y Yo nos fuimos a la casa ya muy tarde. Haber visto lo que ví y tener a mi compadre tan cerca y cariñoso me había dejado muy cachondo, así que en el auto le empecé a meter mano a mi mujer que estaba muy sorprendida por lo ganoso que andaba. Llegando a la casa follamos prácticamente en la sala y luego en la recámara donde hicimos cosas que nunca antes me había permitido. Después dormí como un bendito soñando con Sergio y su yerno. A la mañana siguiente mi esposa me despertó para desayunar con la alegría en la cara y unos buenos chilaquiles. Otro favor que me hacía mi compadre. Me cogí a mi vieja pensando que era él y por lo que se veía había quedado muy satisfecha.
El tiempo siguió pasando y mis deseos por comerme el culito de Sergio no paraban. Todos los días que había juego se me habían vuelto un suplicio. Sabía que a mi compadre le gustaba la verga y que se echaba sus tiritos con su yerno, pero por otro lado nunca había encontrado el momento adecuado para tratar de tener un acercamiento pues hubiera sido lamentable que me rechazara y con eso se rompiera la cercanía de nuestras familias. Estaba viviendo un verdadero suplicio. De hecho había pensado en no ir más al fútbol, solo que las ganas de por lo menos verlo en las regaderas eran más grandes que mi convicción.
Un lunes por la mañana, estando en mi despacho, recibí una llamada de Sergio que me alegró el día.
-¿Qué pasó compadre como está?
- Bien compadre ¿Y Ustedes? ¿Cómo han estado?
- Muy bien. Oye Alex ¿Qué te pasa? Te he visto muy agüitado los últimos días.
- No compadre. No se preocupe, no pasa nada. Es que tengo mucho trabajo.
- Pues te he visto muy distante y eso no me gusta. Por eso te hablo para ver si nos vamos el fin de semana a Cuernavaca con la familia. Sonia y Adolfo llegan el viernes de Miami y nos alcanzan allá.
- ¿Anda mi ahijada en Miami?
- Ves que no me pones atención. Hace tres semanas mandaron al yerno a Miami de comisión y Sonia aprovechó para hacer compras. Pero el viernes están de vuelta y nos alcanzan en la casa de Cuernavaca. ¿Cómo ves?¿Los esperamos por allá? A los niños les va encantar.
- Está bueno Sergio. Allá nos vemos. Saludos a mi comadre.
- Igualmente. Suerte y no me vayan a fallar.
Me lamente por no haberme inventado una excusa. Otra vez iba estar goteando por tener al compadre cerca y ni como hacerle pues la familia iba a estar ahí. Pero bueno, igual y si me ponía listo me iba a tocar ver a Sergio cachondeando con su yerno y la calentura no me faltaría.
El viernes llegamos entrada la noche a la casa de fin de semana de la familia Acuña. Apenas y acabé de estacionarme cuando mi comadre me dijo que haber si podía hacer algo porque Sergio estaba muy encabronado ya que Sonia le había hablado desde Miami para informarle que por mal tiempo no habían podido salir y que harían todo lo posible por llegar al otro día.
Entramos a la casa y el compadre estaba con cara de muy pocos amigos tomándose un trago como si fuera agua. Nos invitó a instalarnos en otra de las cabañas que tenían construidas y que viniera pronto para echarme una copa con él. Mi mujer dijo que me quedara ahí mientras ella y la comadre acomodaban todo, mientras me hacía señas para que lo tranquilizara.
Y eso pasó. Comencé a platicar con el compadre y como que la fiera se aplacó. Me contó que nunca había pasado tanto tiempo sin su hija y que la extrañaba. Además que Adolfo le había prometido que llegarían el viernes y que le partía la madre que no le cumplieran. Verdaderamente me parecía exagerada su reacción, pero creo que las cosas iban más allá del hecho de extrañar a mi ahijada.
La noche pasó sin sobresaltos y ya un poco tarde decidimos ir a dormir. Mi compadre estaba ya muy borracho y cuando intentó levantarse de la mesa. Yo muy acomedido pasé la mano por su cintura, lo ayudé a parar y sin querer le agarré el trasero. Mi compadre volteó a verme con una sonrisa pícara.
Para eso son pero se piden compadre.
Perdón, se me fue un poquito la mano compadre.
No te apures pinche Alex. Dijo, no serás el primero que me agarra las nalgas.
¿No? Pregunté casi sin voz y el compadre solo sonrió.
Mi comadre salió de la recámara y lo ayudó a entrar, mientras Yo me quedé con un vacío en el estómago y la verga queriéndome reventar el pantalón. Me fui a mi cabaña y me metí al baño a jalármela, para que mi mujer y mis hijos no se dieran cuenta. Por primera vez había puesto mis manos en ese culo y para mí ya había sido más de lo que esperaba. Luego me acosté junto a mi mujer y me quedé perdidamente dormido.
Por la mañana desayunamos todos juntos y las mujeres nos dijeron que querían ir al centro de la ciudad –Cuernavaca es una pequeña ciudad- y que llevarían a los niños a divertirse un rato. Mi compadre y Yo nos quedamos con la firme disposición de echarnos un chapuzón en la alberca. Y así fue. Nos pusimos los bañadores y estuvimos nadando un buen rato. La verdad es que Sergio lucía muy antojable aunque su traje de baño era como un short, pero con el agua se le repegaba al cuerpo y mostraba sus formas de una manera que yo no podía quitarle los ojos de encima. Su pecho era muy peludo igual que sus piernas, y la barba de candado que llevaba le iba tan bien que preferí sentarme en una de las sillas de la alberca mientras lo veía mover su cuerpo a placer.
Pasado un rato Sergio salió de la alberca y se sentó junto a mí. Destapó una cerveza y la bebió de un solo golpe. Ahí estuvimos por algún rato platicando y bebiendo hasta que el sol se puso muy fuerte. Mi compadre se levantó de su silla y comenzó a untarse bronceador en el pecho y los hombros, pero no alcanzaba toda su espalda.
Oiga compadre póngame esta madre en la espalda porque si no voy acabar todo quemado.
Ya está compadre, respondí. Acuéstese y yo le unto.
Bueno pues, dijo y se acostó en la silla.
Puse suficiente en mis manos y lo empecé a frotar en su espalda, comenzando por los hombros y bajando hasta su cintura. Luego bajé a sus piernas y le puse más. El tenerlo ahí acostado me puso más caliente de lo que podía imaginar. Tenía una una erección que ya no me cabía en el bañador y empezaba a salirme mucho precum. Menos mal que mi bañador estaba mojado si no se hubiera notado la mancha, aunque creo que el empalme se notaba mucho. Seguí pasando mis manos por sus piernas y al llegar donde comenzaba el short me detuve, pero el compadre abrió sus piernas y moviendo la tela seguí hasta donde le empezaban las nalgas sin ver ninguna reacción por su parte. Luego volví a pasar a su cintura y moví tantito el elástico, pero en mal momento me atacó el miedo y me detuve.
¿Qué pasó compadre? ¿Por qué se detiene?
Porque ya acabé y a lo demás no le va a tocar el sol.
Oiga compa ¿Y si nos echamos una partida de billar?
Ya está.
El compadre se levantó y pude ver que tenía una enorme erección que ni siquiera trató de disimular. Estaba totalmente erecto y Yo me puse más cachondo. Mis manitas habían hecho magia y se le notaba. Caminamos hasta la cabaña que hacía las veces de bar y entrando me dijo que él era muy malo para jugar, pero que sabía que Yo era muy bueno así que le tendría que enseñar. Sirvió un par de tragos, acomodó las bolas y comenzamos a jugar. La verdad el compadre era muy malo. No podía dar un golpe decente así que empecé a darle instrucciones, pero no entendía como tenía que poner sus brazos para que la bola hiciera lo que tenía que hacer.
Nunca voy a aprender. Esta chingadera no se me da.
Solo acomoda bien el cuerpo y pon tu codo derecho. Lo que pasa es que no te inclinas bien.
Pues dime cómo
Yo, acomedido como soy, me coloqué atrás de él. Con mis brazos dirigí los suyos y le pedí que se inclinara. Lo hizo y rozó mi poronga con sus nalgas. Por una fracción de segundo pensé en hacerme para atrás pero no lo hice y Sergio tampoco se movió. Lejos de eso sentí como que se repegaba más.
No, pues así si voy aprender compadre, dijo.
Pues para eso estoy aquí, respondí y descaradamente le acomodé mi paquete en el culo. Puse mi mano sobre su espalda y le dije que tirara.
Así cualquiera se anima compa.
Pues eso espero compadre, que se anime. Dije.
El compadre tiro y la bola fue directa a la buchaca. Era el primer buen tiro que hacía. Levantó las manos en señal de triunfo y Yo aproveché para abrazarlo por detrás.
Me va a atravesar compadre.
Pues solo si Usted quiere, dije.
Sergio se volteó y se me quedo viendo. Luego acercó su boca y me beso. Bajó su mano hasta mi mástil y lo comenzó a frotar por encima del bañador mientras yo pasaba mis manos por sus nalgas.
Pues si quiero, respondió mientas pasaba sus manos por mi barriga y mis tetas.
Luego besó mi cuello y comenzó a bajar. Su lengua recorrió mi pecho y se detuvo en uno de mis pezones. Lo chupó y mordisqueó un poco. Inmediatamente se arrodilló frente a mí y puso su lengua en mi ombligo. Entraba y salía de él. Pasó sus manos por mis piernas y masajeó mis nalgas mientras me besaba la verga sobre el bañador. Yo ya no podía más. Mi respiración estaba entrecortada y me temblaba todo el cuerpo. Poco a poco me bajó el traje de baño y mi poronga saltó. El compadre le besó la punta y casi inmediatamente se la metió en la boca. La empezó a chupar, mientras me acariciaba las bolas y con un dedo me tocaba el culo. Yo acariciaba su cabeza y la movía para adelante y para atrás como si lo estuviera follando. En un momento Sergio saco mi poronga de su boca y se ensalivó un dedo. Luego empezó a besarme las bolas y lo colocó en mi ojete. Presionó y su dedo empezó a entrarme por el culo, mientras el se metía uno por uno mis huevos en la boca. Instintivamente me agaché un poco y abrí más las piernas para disfrutar completamente la mamada y la dedeada que me estaba dando.
¿Te gusta compadre?
¡No te pares cabrón! Respondí metiendo mi verga en su boca que ya la esperaba. Su dedo en mi culo me estaba haciendo ver estrellas.
Sergio siguió mamándome y trabajando mi trasero de tal forma que sentí que en cualquier momento me iba a venir. Entre su lengua y su dedo me tenían en el cielo. Así que decidí que tenía que alargar la fiesta y tomándolo por los hombros lo levanté. Lo besé hasta casi dejarlo sin respiración y empecé a acariciarle las nalgas. El compadre respondía besando mis orejas y repegándoseme a más no poder. De un solo tirón la bajé el bañador y le acaricié la reata. Luego casi lo cargué y lo senté en la orilla de la mesa de billar.
Ya de más cerca pude ver su verga, limpia y circuncidada, que si bien no era muy grande si era muy bonita. La tomé entre mis manos y se la empecé a chupar. Olía a hombre y eso me puso más caliente. Me la quería acabar toda ahí mismo. La lamí y lamí sus bolas. Besé sus piernas. Chupé sus ingles y regresé a besarlo en la boca mientras lo chaqueteaba con gusto. Luego lo abracé y lo ayudé a bajar de la mesa. Lo giré para que me diera la espalda y mientras le acariciaba las tetas le frotaba la verga contra el culo. Mi compadre solo atinaba a respingar más su culito para que mi reata le pasara por la rajita peluda. Su corazón estaba acelerado y las caderas se le movían sin control.
Que buen culo tienes compadre.
Si tanto te gusta, cómetelo una vez cabrón. Dijo mientras se inclinaba para adelante, apoyándose en la mesa y abriendo las piernas.
Era la primera vez que veía ese culo en todo su esplendor. Sus nalgas eran redondas y deliciosas. Macizas y peludas. Era el culo de hombre grueso que siempre ha hecho ejercicio. Tenía mucha carne en ese trasero y los vellos estaban por todos lados. Las acaricié y magreé a gusto. Luego me arrodillé y las empecé a besar por todas partes hasta llegar a su hoyito. Era un riquísimo ojete rosadito coronado por una mata de pelos que te quitaba la respiración. El compadre separó los cachetes con sus propias manos y lo dejó a mi disposición. Primero lo besé y luego le acerqué la lengua. El compadre se frunció por puritita reacción, pero un segundo después ya estaba acercándome más su hoyito a la cara. Movía su cadera y respiraba muy fuerte cada vez que mi lengua hacía las veces de entrar en él. Luego ensalivé uno de mis dedos y se lo fui metiendo con mucho cuidado. Cuando le entró completamente lo empecé a mover en forma circular para dilatarlo y luego inicié un mete y saca que hizo que mi compadre abriera más sus piernas.
Pinche compadre, se me hace que ya me la vas a tener que meter.
Lo que tu mandes compadre.
Le levanté y le comencé a frotar la verga en las nalgas y a paseársela por la rajita. Luego le ponía la puntita en la entrada del culo, para después volvérsela a frotar por todo el hoyo.
No seas cabrón compadre, me tienes muy caliente. Ya métemela de una vez.
Tranquilo mi rey. Esto te va a gustar.
¡Métemela toda y de una sola vez!¡La quiero toda!
Puse la punta de mi verga en su agujero y se la quise ir de un solo golpe, pero como el compadre no estaba muy dilatado e hizo su cadera para adelante, solo le entró la cabecita. Sergio bufó como un toro y me pidió que no parara. Lentamente se la empecé a meter hasta que sus nalgas chocaron con mi panza y sus huevos con los míos. Puse una de mis manos en su hombro, la otra en su cadera y lo empecé a bombear, primero suavemente y luego con mucha fuerza hasta ver mi verga salir casi completa y luego volverse alojar en su culo en su totalidad. Mi compadre solo pujaba y entre gemidos pedía más. Estaba tan apretadito el cabrón que Yo sentía que me la iba arrancar. Sergio levantó su pierna y la apoyó en la mesa. Yo lo tomé por la cintura y lo seguí bombeando mientras él movía su cadera como queriendo que le entrara más. Así estuvimos por un buen rato hasta que Sergio se cansó y me pidió que fuéramos al sofá.
Véngase compadre, quiero darme unos sentones en su verga, dijo y se encaminó.
Estoy para servirle compadre, dije mientras le acariciaba las nalgas.
Llegamos al sofá y me senté. El compadre me mostró el culo y me pidió que se lo ensalivara. Ni tardo ni perezoso lo comencé a chupar hasta dejárselo bien lubricado con mi saliva. El compadre acomodó su culo en mi verga y se empezó a sentar. Cuando la tuvo toda adentro empezó a subir y bajar y a mover sus caderas de forma circular para luego volver a darse esos sentones que me ponían en el cielo. Subía y bajaba a placer mientras yo le masajeaba las tetas, luego se inclinaba adelante y movía su colita. Una y otra vez me recetaba la misma dosis. Y así pasmos un buen rato en el que mi compadre giraba su cuerpo para besarme y luego se seguía comiendo mi verga con su hoyito.
De repente el teléfono comenzó a sonar. Mi compadre levantó el teléfono y se recostó en el sofá. Mientras que con señas me invitó a penetrarlo ahí mismo. Cuando estuve en posición pasó sus piernas por mis hombros y lo empecé a bombear mientras él contestaba el teléfono.
Bueno, contesto un poco agitado, mientras yo jalaba sus piernas para metérsela más adentro.
Bien…¿Agitado? Si es que estoy jugando con el compadre, respondió tapando su boca para que no lo oyeran gemir mientras mi verga le entraba por el culo con mucha fuerza.
Si…¿Cuándo llegan?...Si aquí los esperamos. Por supuesto que te lo saludo dijo y colgó.
¿Quien era compadre? Pregunté con la voz entrecortada mientras le despedazaba el culo.
El pendejo de mi yerno ¡Agggggghhhhhhh! ¡Asíííííííííííííííí! ¡Dale papito!¡Acábame!¡Lléname el culo!
El compadre se empezó a masturbar muy fuerte mientras yo seguía bombeándole a más no poder. De pronto empezó a escupir muchos mocos. Se estaba viniendo como si hiciera mucho que no lo hiciera. Todo su cuerpo se contraía y su esperma le cayó en el pecho. Con una de sus manos juntó un poco y lo acercó a mis labios. Eso me puso a mil. Estaba a punto de venirme. Lo besé como loco y le dije que iba a eyacular.
¡Dámelos en la boca papito! Quiero ver a que sabes… Dijo.
Le saqué la verga del culo y se la acerqué a la boca. Mi compadre la tomó entre sus labios y me la empezó a chupar, a sorber. Pasaron unos instantes y comencé a venirme entre sus labios. El compadre mamaba y chupaba a placer. Y se los comió todos, se tragó mi esperma como si fuera un postre. Luego me senté junto a él y nos besamos como locos.
¡A que mi compadre!¡Que escondido se lo tenía!
No compadre, si no lo tenía escondido, pero parecía que contigo no había chance..
¡Tu siempre vas a tener chance conmigo cabrón!
¡Que buen culo tienes compadre!
Pues tu no estás nada mal pinche gordito. Ya me tocará comerme ese culito.
Cuando quieras compadre.
Pues Yo quisiera ahorita, pero las mujeres ya van a llegar, así que mejor vamos a la casa.
Nos fuimos a la casa a bañar –Juntos y con faje de por medio- y un poco más tarde llegaron las familias. Mi mujer y su mujer se habían encontrado a Adolfo y a Sonia y habían llegado juntos. Mi ahijada me saludó muy efusivamente, mientras su marido apenas me volteó a ver.
Mi compadre sirvió los tragos y los hombres nos sentamos en la palapa a beber, mientras las mujeres veían las compras. Adolfo se nos acercó y con malicia inició la plática.
¿Y cómo se la han pasado?
Muy bien. Y a Ustedes ¿Cómo les fue por Miami?
Bien, Alex, gracias. Y ¿Por qué estaba tan agitado cuando le hablé suegro?
Mi compadre y Yo estábamos jugando.
Ah ¿Y a qué jugaban?
Billar, respondí.
¿Y eso te agita suegro? Ya estás viejito.
No, no lo estoy, pero ya sabes, entre las bolas y el palo uno se cansa. Y luego con la chinga que me estaba parando mi compadre pues más.
¿Juegas bien Alex?
Pues me defiendo.
Es muy bueno. Si quieres luego jugamos los tres, dijo mi compadre y me cerró el ojo.
Claro, sirve que me enseñan que tan buenos pueden ser.
Bueno muchacho ya buscaremos la oportunidad.
Pues las mujeres van a salir en la tarde, así que si quieren lo hacemos cuando se vayan.
¿Lo hacemos? Preguntó el compadre con picardía.
Si. Jugar. Por supuesto.
Por supuesto, conteste mientras Adolfo se frotaba la verga sobre el pantalón.
Después de la movidita mañana que me dio mi compadre me esperaba una noche de ensueño con su yerno adorado.
Ya entrada la noche nos pusimos a ver el fútbol en la televisión y se nos fue el tiempo bebiendo y discutiendo por nuestros equipos favoritos. Adolfo y Yo le íbamos al mismo y Sergio al archienemigo, así que la discusión se puso buena. Nuestras familias siguieron en su fiesta particular y ya muy tarde todos se fueron a dormir, mientras que a Adolfo se le ocurrió que bajáramos al bar a jugar billar y entre tumbos fuimos. Yo iba atrás de Adolfo y no perdí la oportunidad de observar su cuerpo. En él todo era grande. Era un robusto hombre norteño, joven y vigoroso. Era uno de esos que se te antojan de solo verlo si te gustan grandotes. Su espalda es grande y remata en un trasero de miedo. En verdad no se que les dan de comer a los de Monterrey, pero todos tienen muy buenas nalgas. Sus brazos se veían fuertes y muy velludos y por el cuello de su camisa a cuadros se veían muchos pelos negrísimos que contrastaban con su piel muy blanca, pero su cara de niño estaba perfectamente rasurada. Técnicamente es un hombre gordo pero muy sabroso. Y luego, con esos casi dos metros de estatura era una erección ambulante, sobretodo para mí que me encantan los osos.
Ya estando ahí decidimos hacer un torneo. Primero jugarían el compadre y su yerno y el que ganara iría contra mí. Así jugaríamos los tres
El juego comenzó y las noticias no eran nada buenas para Sergio. Entre que ya hacía rato que se le habían pasado las copas y que no era muy bueno para el juego lo estaban barriendo bien y bonito pero el juego se estaba poniendo muy divertido porque mi compadre en su afán por no perder se dispuso a distraer a su yerno utilizando todo tipo de artimañas. Primero hablándole cuando iba a tirar y luego descaradamente moviéndole el taco para que fallara los tiros, pero nada le funcionó. Sergio estaba perdiendo sin remedio, así que en un ataque de osadía, cuando Adolfo iba a tirar le agarró la poronga. El pobre muchacho se distrajo y la bola salió de la mesa. Se puso rojo como un tomate y me volteó a ver con vergüenza. Yo solo solté una carcajada de buena gana y aplaudí a mi compadre.
¿Qué pasó suegro?
Todavía nada muchacho.
Pues no empiece algo que no va terminar.
Ya estoy tan borracho que no puedo empezar nada m’hijo, contestó Sergio riendo de buena gana y haciendo otro de sus malísimos tiros
Total que yo mientras me fui al baño pues mi vejiga lo reclamaba. Para cuando regresé Adolfo estaba tratando de abrazar a Sergio y él se resistía, más como si fuera un juego que en serio. Esperé un poco para ver que pasaba.
Espera muchacho. Ya estoy muy borracho.
¿Y a poco me va dejar así suegro? Decía mi ahijado llevando la mano de Sergio hasta su miembro. Mire cómo me tiene.
Tranquilo hijo. Ahí anda mi compadre.
Pues lo despachamos a dormir y Usted y Yo nos quedamos aquí solos.
No, no, no. Además yo te esperaba ayer. Ya lo tenía todo planeado y me dejaste plantado.
No sea vengativo suegro. No pude llegar.
Pues si pero ahora no tengo ganas cabrón. Ni modo.
En ese momento decidí hacer ruido y Adolfo volvió a tomar el taco, mientras mi compadre se iba a la barra a servir otra ronda de tragos.
Te toca padrino. A ver si es cierto que eres tan bueno como dice su compadre, dijo Adolfo y colocó las bolas del juego en posición.
Pues no soy tan bueno, pero más que él si, respondí.
Comenzamos a jugar y el juego se volvió una batalla. Ninguno daba de si para ser vencido. No cabe duda, el muchacho era bueno, pero Yo no me iba a dejar. Y aunque me distraía un poco ver su erección que no cedía y que parecía que en cualquier momento reventaría sus shorts, me concentré y en el último tiro le gané la partida.
Ya está muchacho, creo que te chingué.
No pues ni que padrino. Es Usted muy bueno dijo Adolfo.
Vas compadre, dije volteando a la barra, solo para darme cuenta que Sergio se había quedado dormido.
Adolfo soltó una carcajada y se acercó a Sergio para ver su estado. Mi compadre se había quedado profundamente dormido sobre la barra y ni cuenta nos dimos a que hora ocurrió. La partida había estado tan cerrada que nunca lo volteamos a ver. El pobre había caído como un bendito
Puta, padrino. Ya se nos durmió la reta. Usted está muy cansado o nos echamos otro partidito.
Ya estás. El que gane dos de tres, gana.
Se me está ocurriendo algo mejor padrino. Digo, ya que el suegro se durmió lo podemos hacer más divertido ¿No?
¿Y como qué se te ocurre?
Que tal si el que gane le pone un castigo al otro.
¿Y como qué castigo m’hijo?
Pues ya veremos ¿Le entra?
Pues yo como la canción, no se me rajar.
El juego comenzó y por un muy mal tiro que tuve, mi ahijado me ganó, aunque claro que le costó mucho trabajo. Iba a vender cara mi derrota.
Ni modo muchacho, perdí ¿Cuál es mi castigo?
Pues estaba pensando que tal se vería en calzones padrino.
Me bajé los pantalones deportivos y me quedé en los bóxers que siempre uso. De esos que parecen trusas con mangas pues son pegaditos. Adolfo se me quedó viendo con una mirada de cachondez que hasta las chichis me temblaron. Pero Yo no iba a dejar las cosas así. Si el jueguito era de prendas iba hacer todo lo posible por encuerarlo rapidito. Así que seguimos jugando. La segunda y la tercera partida la gané Yo dejándolo en una trusa blanca que me pusieron cachondísimo. Todo su cuerpo era velludo y se le marcaba un pedazo de carne entre las piernas que solo de verlo dolía de gusto. La tercera partida la perdí y el muchacho quiso que me quitara los calzones, quedándome solo en la playera. En cuanto me quité los calzones, la entrepierna de mi ahijado acusó de una erección que ya no podía retener su trusa, de hecho la punta de la vega casi se le salía por el resorte, pero seguimos el juego, solo que esta vez el muchacho hacía todo lo posible por pasarme cerca y restregarse en mi culo a discreción y luego me comía con los ojos cuando me tenía que agachar un poco más para un tiro difícil. Adolfo estaba tan distraído con mi trasero que perdió la partida y antes de que yo dijera nada amagó con quitarse la trusa seguro de que ese sería el castigo.
Tranquilo hijo, se me está ocurriendo otro castigo, así que deja eso en su lugar.
No pues perdí. Yo hago lo que Usted diga, dijo y sonrió pícaramente mientras ponía su calzón en su lugar, pero dejando esta vez la punta erecta de su verga al descubierto, mostrándome su enorme tamaño. Yo solo tragué saliva.
Yo caminé a la barra con la verga completamente parada y serví tequila en una copa. Metí mi miembro goteante en la misma y le dije que se lo tenía que tomar mientras escurría. Adolfo se acercó, se arrodilló frente a mí.
Que buen castigo padrino.
Abre la boca mi güey.
Luego se colocó y yo dirigí la punta en dirección a sus labios sin meterla. Poco a poco fui escurriendo el tequila y el lo bebió como si fuera un elixir hasta que se lo acabó. Y aunque moría de ganas porque me la comiera en ese momento, se levantó y dijo que siguiéramos jugando. Esta vez el distraído fui yo. No podía pensar en otra cosa que no fuera su verga, su boca, su culo. Me lo quería coger ya. No aguantaba más. Perdí irremediablemente y me tocó castigo. Ni modo.
Perdiste padrino y se me está ocurriendo que me vas a tener que comer el culo dijo, mientras se acomodaba de frente al dormido de mi compadre, dejándome ver su generoso trasero que se marcaba delicioso bajo la trusa.
Me acerqué por detrás de él y le comencé a bajar el calzón. Bajé poco a poco el elástico y tuve frente a mí y par de nalgas velludas que me puso más caliente de lo que ya estaba.
¡Que buen culo tienes m’hijo!
Déjese de puterias y comience a mamar padrino.
Besé sus nalgas y le coloqué la lengua en el ano. Era un hoyo peludito y grande que mi boca capturó de inmediato. Comencé a pasarme por su raja, a besar sus nalgas y ha dar sendas chupadas en el culo mientras con mis manos acariciaba sus piernas y sus huevos. Metía la lengua entre sus pliegues y lo mordisqueaba suavemente mientras él tomaba mi cabeza y se la acercaba más. Luego con sus propias manos se separaba los cachetes y dejaba a mi disposición su hoyo. Yo aparté mi cabeza y escupí en su ano para lubricarlo perfectamente y después de estar metiendo y sacando mi lengua acerqué uno de mis dedos a su culo. Lo empecé a frotar y a tratar de entrar en su colita. Costó un poco de trabajo que entrara uno de mis dedos porque Adolfo se apretaba, pero con un poco más de presión entró y solo bufó. Mi dedo se fue lo más dentro que pude y empecé a moverlo para que lo disfrutara. Adolfo movía sus caderas y las hacía para atrás y adelante esperando que entrara más y más, acompañando sus movimientos de un pujido que hacía que mi verga quisiera reventar. Por un instante acerqué otro de mis dedos y lo quise dilatar más, pero Adolfo separó mi mano y se dio vuelta.
Ya estuvo del culo. Ahora quiero que se c*** ésta, dijo, agarrando su verga.
Lo que ví me dejó literalmente boquiabierto. ¡La verga de Adolfo era enorme! Digo, ya me había hecho a la idea de que era grande, pero teniéndola así, frente a mí en todo su esplendor, me atraganté. Solo había visto porongas de ese tamaño en las películas porno. Ni en mis más morbosos sueños había imaginado que alguien real tuviera un garrote tan desarrollado.
No se espante padrino, dijo sonriendo. Está muy crecidita pero es bien juguetona.
Si no me espanto, solo me preocupo, respondí y comencé a besarla.
Hablar de las dimensiones de mi ahijado sería muy presuntuoso, solo puedo decir que la tomé con mis dos manos y apenas y la pude agarrar. Era muy grande y gorda, rematando con una cabezota perfectamente circuncidada que ya acusaba un escurrimiento de precum que se antojaba tragar. Besé primero la puntita y la lamí, para luego recorrerla a besos. Era como para reconocer el terreno. No sabía como me iba a caber todo eso en la boca pero me armé de valor y abrí mi quijada lo más que pude para metérmela. Poco a poco la introduje entre mis labios y me fui adaptando a su tamaño hasta que sentí como ese hermoso ejemplar ocupaba toda mi boca y llegaba hasta mi garganta. Luego empecé un mete y saca que hizo que Adolfo volteara los ojos. Me la empecé a comer hasta atascármela toda y disfrutar de su cara de gusto. Luego me bajé a los huevos que eran proporcionales a su reata y los empecé a lamer, a juguetear con ellos mientras mis dedos volvían a la carga con su culo que ahora los recibió con más facilidad.
¡Sigue padrino!¡No pares!¡Cómetela toda! Decía Adolfo con la voz entrecortada. ¡Sigue!¡Agggggggghhhhhhh! y sin decir agua va empezó a venirse en cantidades industriales llenando mi boca, cara y cuello en cada descarga de su lechita muy blanca y espesa.
Yo recibí cada trallazo de semen y traté de capturar con la boca todo lo que podía mientras me jalaba la verga. Mis mocos cayeron en sus pies, mientras los suyos cayeron en mí.
¡Pinche padrino!¡Que rico te la comes! Dijo mientras seguía agitando su enorme verga en mi cara.
Entonces tu dices si seguimos jugando para ver quien pierde, respondí para luego empezar a limpiar su garrote con mi lengua.
¡No mi Cabrón!¡Tu ya perdiste! Dijo mientras me levantaba por los brazos.
Me puso de pie frente a él y empezó a limpiar con sus labios sus mocos de mi boca y cuello. Luego me quitó poco a poco la camisa y me besó hasta casi dejarme sin respiración. Sus manos recorrieron mi espalda y se estacionaron en mi trasero. Parecía que la erección nunca se le hubiera bajado pues podía sentir su reata contra mi estómago. Empezó a acariciarme las nalgas y a pasar sus dedos por mi raja, mientras yo lamía el sudor que corría por su cuello. Se agachó un poco y me mordió suavemente una tetilla, luego la acarició a la vez que mis manos se entretenían con su enorme garrote. Cuando sentí que uno de sus dedos se acercó a mi culo, mi verga se volvió a parar. Sus manos eran muy grandes como todo en él y cuando su dedo me tocó, sentí como empecé a temblar. Me frotó con cuidado y empezó a hacer presión, pero no había suficiente lubricación para que me entrara. Lo intentó un par de veces mientras me besaba y acariciaba las tetas, pero al ver que no era posible acercó uno de sus dedos a mi boca. Yo lo lamí como si fuera un dulce y me encargué de dejarlo bien humedecido, finalmente ese dedo iría a parar en mi culo.
Adolfo levantó una de mis piernas y me acercó más a él. Colocó el dedo que le había ensalivado en la entrada de hoyo y empezó a presionar. Costó un poquito de trabajo, pero finalmente entró y Yo empecé a ver estrellas. Con mucho cuidado me estuvo deseando hasta que ya entraba y salía con mucha facilidad. Luego acercó otro de los dedos y me lo metió. Solo pujé mientras sus dedos me trabajaban magistralmente el culo y su lengua se enrollaba con la mía. Me metía y sacaba los dedos a la par que me hacía sentir su verga cerca de la mía y me besaba.
Dese vuelta padrino, porque me voy a comer su culo y su pistola, dijo y Yo obediente lo hice. Me recargué en la barra y abrí las piernas.
Adolfo se arrodilló y me empezó a mamar el culo y a meter y sacar los dedos. Luego pasaba su cabeza entre mis piernas y se metía mi verga en la boca sin dejar de dedearme. Yo estaba lubricando tanto que parecía que me iba a venir. Sentía sus lengüetazos en mi verga, en mis huevos, en la cola. Era maravilloso y lo mejor todavía estaba por venir.
Se me hace que me lo voy a coger padrino, dijo y se levantó por detrás de mí.
¡No la voy aguantar muchacho!¡Está muy grande!¡Me vas a partir!
No cabroncito, no lo voy a partir. Le voy a dar la mejor cogida de su vida, dijo y comenzó a besarme el cuello mientras me frotaba su poronga por las nalgas.
Pero lo vas hacer con cuidado, dije sin mucha convicción.
Lo voy a hacer como Yo quiera, pero le prometo que le va a requetencantar.
Separó un poco más mis nalgas y con su propia saliva me empezó a lubricar. Empezó a meter sus dedos y siguió besando mi espalda, mientras me dilataba. Cuando consideró que era suficiente acercó la punta de su garrote a mi culo y empezó a presionar. Yo estaba tan nervioso que no permitía que entrara, pero me acarició las tetas y las piernas y presionó un poco más. Cuando empezó a entrar sentí que me iba a desgarrar y me hice para adelante, pero volvió al ataque y pasó la punta. Me dolió como no recuerdo que me haya dolido nunca verga alguna y me quise rajar.
¡Sácala muchacho!¡No la aguanto!.
Tranquilo, le está doliendo, pero Luego le va a gustar, dijo, y comenzó a meterla lentamente hasta que sentí su pelvis contra mi espalda.
No sabía como pero había conseguido acomodármela completita en el recto. Por un momento se quedó inmóvil y el dolor empezó a ceder. Lentamente empezó a sacármela para luego volver a entrar. Y la fiesta comenzó. Mi verga que se había bajado del dolor, nuevamente tomó su firmeza y yo mismo comencé a mover mi cadera para acompasarme con sus movimientos. La enorme reata que pensé que no iba a soportar ahora me estaba dando tanto placer que comencé a gemir, lo cual lo calentó más aún. Me la metía y sacaba con tanta fuerza que Yo prácticamente estaba de puntitas recibiendo sus embestidas. Entraba y salía y besaba mi cuello y acariciaba mis tetas. Me agarraba por el hombro y me la dejaba ir más adentro mientras yo gemía de placer.
¡Dale papito!¡Métemela!¡No pares!
¡Le gusta verdad!¡¿No que no le iba a caber?!¡Se la está comiendo enterita!¡ Vamos padrino!¡Mueva su culito!¡Quiero que se la atasque toda!
¡Dale mi rey!¡Que rico! ¡Agggggghhhhhhhhh!¡Dámela!
De pronto sentí que me la sacó por completo y me sentí vacío me pidió que nos bajáramos al suelo y en cuatro patas me acomodó recargado sobre una silla. Se puso detrás de mí y juntó un poco mis piernas y empezó de nuevo a perforarme el culo. Como Yo ya estaba muy dilatado entró con más facilidad. Solo sentí cuando con sus propias piernas terminó de juntar las mías y la sensación fue mayor. Sentía como si una descarga de electricidad recorriera mi espalda con cada vez que me la metía hasta el fondo. Era como si fuera la primera vez que me metían la verga, estaba experimentando una serie de sensaciones que no había tenido nunca cada vez que sentía rebotar sus huevos con los míos y me jalaba más hacia él. Luego me tomó por el pecho y prácticamente me sentó en su enorme verga.
Ven papi, quiero ver que caras haces cuando te la meto, dijo y se levantó.
La ventaja de coger con un hombre tan alto es que te puede maniobrar a placer, así que me colocó sobre la mesita del dominó y abrió mis piernas. Se agachó y me lamió el culo que ya lo tenía muy abierto de tanta verga que me había dado y enseguida me la metió. Sin prisa. Yo creo que volteé los ojos al revés, porque para cuando volví a verlo tenía una mirada tan lasciva que me volvió loco. Su verga entraba y salía de mi trasero casi en su totalidad y yo movía mi cadera para que entrara lo más posible. Sentía rebotar sus enormes huevos sobre mis nalgas y apretaba mi culo para hacer más placentera la sensación. Mientras Adolfo me besaba profundamente, mordisqueaba mi cuello y me atraía más hacia él. No podía aguantar más, mi cachondez ya era mucha. La sensación de su pitote en mi trasero me tenía en el cielo y comencé a masturbarme frenéticamente. Me la jalaba y él acariciaba mis tetillas, las mordía. Hasta que no pude resistir y empecé a eyacular. Todo mi cuerpo temblaba y soltaba una buena cantidad de mocos que fue a parar a mi pecho. Adolfo se acercó y con su lengua los limpió, como saboreándolos. Luego tomó una de mis piernas y me acomodó de lado sin sacármela. Me tomó por las piernas y la cadera y así, acostado de lado como estaba, siguió bombeándome. No paraba ni un instante. Yo solo sentía como la metía hasta el fondo y luego la volvía a sacar casi toda. De pronto se detuvo, me la sacó y empezó a eyacular sobre mi cuerpo, que ya estaba francamente desmadejado. Volvió a pasar la punta de su verga por mi ano y luego recargo su frente sobre mi hombro. Yo me giré y busque su boca. Nos besamos como queriéndonos comer.
Que buen culo tiene padrino. Es bien aguantador.
Que buena verga tienes muchacho. Me acabas de dar la cogida de mi vida.
Y no será la última dijo y me ayudó a incorporar.
¡Pero claro que no! Yo no me pierdo de ese a****lote nunca más.
Nos vestimos y vimos al suegro durmiendo el sueño de los justos en la barra y empezamos a reír. Rápidamente nos vestimos y decidimos llevarlo a su cabaña. Eran cerca de las tres de la mañana y había que dormir..
Había sido uno de los días más maravillosos de mi vida. Primero me había cogido al compadre y su espectacular trasero y luego me había cenado al yerno sin chistar...
Hacía ya un año que tenía a mi muchacho en ese equipo, y desde la primera vez que lo llevé no he podido evitar ver la colita del hombrón aquel. Ahora que lo pienso quizá esa fue la razón que hizo que fuera tan constante en los entrenamientos y juegos de mi niño.
Permítanme presentarme. Me llamo Alejandro Cota, tengo 36 años, más bien gordito, soy abogado, estoy casado, tengo dos hijos y un gusto irrefrenable por los hombres muy masculinos. Me gustan aquellos con pinta de oso, panza chelera incluida, que tiene cara de mataputos pero en la cama te piden verga hasta acabársela. Que sean muy velludos y se la coman con tanta dedicación que parezca que le van a sacar brillo. Hasta ese momento no sabía si Sergio –El profesor Acuña para sus pupilos- fuera uno de esos, pero solo de verlo me ponía bien caliente y aunque tenía amantes eventuales no podía evitar imaginármelo desnudo pidiéndome que se la dejara ir .
-¿Cómo está licenciado?
- Muy bien profe. ¿Usted?
- Bien gracias. ¿Cómo vió el juego?
- Excelente. Alex ha avanzado mucho desde que está en su equipo.
- Es que su muchacho es muy bueno, solo no hay que dejarlo.
- Por supuesto profe, aquí estaremos, dije mientras pensaba que así sería pues no me iba a perder el espectáculo que ofrecía su culito enfundado en ropa deportiva.
- Hecho licenciado. Oiga le quería decir que con algunos de los papás de los del equipo y unos amigos queremos hacer un equipo de veteranos ¿No le gustaría jugar con nosotros?
- Híjole profe, pues si me gustaría, pero no soy muy bueno en el fútbol. La verdad es que nunca he hecho deporte así que no soy nada hábil.
- No se preocupe licenciado, si no lo vamos hacer para echarle una reta al Real Madrid. Solo es para divertirnos. ¿Lo espero el jueves?
- Está bien, pero no respondo por mi ineptitud para pegarle a una pelota ¿OK?
- Tranquilo licenciado. Solo es para divertirnos.
Total que acabé jugando en el equipo de veteranos del entrenador. Todos los jueves a las siete de la noche me apersonaba en el club a esperar dos largas horas durante las cuales hacía que jugaba, hasta que llegaba el momento de ir a las duchas para echarme el taco de ojo con el entrenador.
Las primeras veces el profesor Acuña parecía muy pudoroso y se metía a su regadera en shorts y no se los quitaba hasta que corría las cortinas, pero conforme fueron pasando las semanas y ya entrados en confianza se comenzó a desnudar en el vestidor con todos los demás y ya no cerraba su cortina cuando se estaba bañando. Para mi era como si hubiera llegado la navidad. Ver su cuerpo velludo en plenitud caminando por el vestidor me ponía muy caliente, pero en cuanto se volteaba y mostraba las nalgas mi verga se ponía a mil. No hallaba ni como ocultar las erecciones que ese hermoso trasero me provocaba. Lo bueno es que entre el relajo de todos en las duchas no faltaba quien se lo chuleara y todo caía en broma. Estoy seguro que algún otro de los que estábamos se la jaló en honor del fabuloso culo del profesor Acuña. Pero ahí nada de puterías que todos éramos machines ¡Ajá!
Y bueno, fueron tantos jueves en pelotas y tantos malos juegos que el entrenador terminó por tomarme a su resguardo. Me ponía a jugar y me explicaba como hacerlo. Me pasaba la bola y hasta festejaba cuando hacía un buen tiro. Eso y que mi hijo estaba convertido en la estrella del equipo que entrenaba –talento heredado de su madre, supongo- hizo que los lazos amistosos entre su familia y la mía se fueron haciendo estrechos. Mi mujer y su mujer se hicieron muy amigas y recibimos muchas invitaciones a fiestas en su casa y nosotros correspondimos igual.. Ahora ya no era el profesor Acuña y Yo el licenciado Cota. Solo éramos Sergio y Alejandro. De hecho nos hicimos compadres cuando su hija mayor se casó y fuimos padrinos. El problema es que conforme el tiempo pasaba Sergio me gustaba más y eso me ponía muy nervioso porque no veía ninguna señal por ningún lado de que le gustara darse algunas escapadas con un hombre. Yo estaba francamente desesperado por mi mala suerte. No contaba con que el destino la iba cambiar de la manera menos esperada.
El jueves siguiente, al acabar el juego, mi compadre tuvo a bien invitarme a la inauguración de la nueva casa de su hija.
Oiga compadre, ya le compraron una casa a Sonia y estamos invitados a una fiesterita. Avísele a mi comadre.
Pues mi ahijada no me ha dicho nada compadre.
Pues no porque dijo que yo te avisara, no seas quisquilloso.
Está bien compadre. Ya te estás poniendo viejo. Dentro de poco vas a ser abuelo.
¡No me chingue compadre!
Ni modo, así es la vida.
El sábado siguiente nos apersonamos en la nueva casa de mi ahijada. Era una casa enorme. Su marido trabajaba para una trasnacional y le estaba yendo muy bien. Era un joven de no más 28 años pero muy hábil y se había acomodado muy bien en su empresa. Adolfo era un norteño alto, robusto, muy atractivo y cara rebuena gente además de un trato muy amable. Todo un caballero digno de Sonia, mi ahijada. Y ahora estaban estrenando lo que sería su primera casa propia.
Cuando llegamos mi compadre ya estaba ahí y nos recibió como si hubiera visto a su ángel de la guarda. El pobre hombre se sentía como perdido entre tanto muchachito que no tenía mucho que ver con él, e inmediatamente se refugió en nosotros. Las mujeres, como siempre, se juntaron e hicieron su propio club. La fiesta transcurrió con mucha calma. Era el típico asado en el jardín y lo único que hacíamos era platicar y tomar mucho vino tinto. Ya entrada la noche el compadre dijo que iría por más vino a la cocina y que regresaba, que no me fuera a mover. La verdad es que nunca he sido muy bueno para cumplir órdenes, así que pasados un par de minutos me levante y fui a buscar a Sergio. Uno nunca sabe, igual y necesitaba que le ayudara a cargar o algo. Me dirigí a la casa y entré en la cocina pero no había nadie. Hasta que pasados unos segundos escuché unas voces.
¡No juegues muchacho!
¡Usted sabe que no es juego suegro!
Era mi compadre y Adolfo, su yerno, que venía atrás de él. Por puro acto reflejo, o porque tengo mucha suerte, me metí en la alacena y dejé un poquito abierta la puerta. Sergio entró con una sonrisa muy maliciosa y el muchacho atrás de él como perrito faldero. Por un momento pensé que estaban discutiendo, pero luego entendí lo que pasaba y de que forma. Mi compadre se acercó al mueble y quiso bajar un par de botellas de vino que estaban el la parte superior. Su yerno se le acercó por detrás y tomándolo por la cintura y le frotó la poronga en la cola. Le acercó la cara al cuello y se lo besó.
¿Entonces que suegrito?¿Para cuando se me vuelve a hacer? Dijo mientras pasaba su mano a las bolas de Sergio y lo atraía más hacia él.
¡A que cabrón me saliste muchacho! Respondió mi compadre parando su culito para sentir más cerca el bulto del muchacho.
¡Y quien no con esas nalgas que se carga suegro! Le oí decir mientras con la otra mano le agarraba una teta.
Pronto hijo. Yo también me muero de ganas por esa herramienta que la vida te dio. Dijo Sergio y se volteó para quedar frente a su yerno y frotándole la reata sobre el pantalón.
Pues si quiere vamos ahorita al cuarto de servicio. Sirve que estrenamos la casa y nos quitamos las ganas. Total ¿Quién se va a dar cuenta? Comentó Adolfo mientras le acariciaba las nalgas.
No muchacho. Hay mucha gente. Pero ya habrá oportunidad. Mi compadre le dió un beso a su yerno y lo dejó tan empalmado que de buena gana hubiera salido de mi escondite para ayudarlo con su asunto. Lástima que soy tan miedoso.
Cuando Adolfo se hubo ido de la cocina, salí y me fui al jardín a buscar a Sergio. Iba feliz. Había descubierto que a mi compadre también le iban las culeadas y no iba a perder la oportunidad. Era como si fuera mi cumpleaños. La felicidad se me notaba y creo que la erección también. Llegué hasta donde estaba el oso de mis sueños y le palmeé la espalda.
¿Qué pasó compadre? ¿Dónde andaba? Se tardó mucho.
Estaba hablando con mi yerno. Es que quería que le ayudara con unas cosas.
Si. Me imagino, dije con malicia.
Y ¿Tu dónde andabas?
Por ahí. De fisgón.
Pues échese otra compadre. ¡Salud!
¡Salud compadre! Porque se nos cumplan todos los deseos…
La fiesta siguió y llegó a buen final. Mi compadre no se separó de mi ni un minuto y con las copas se puso harto cariñoso. Era el típico borracho que te empieza a abrazar y a decir que te quiere mucho. Yo respondí con igual entusiasmo y hasta en algunos descuidos rocé sus nalguitas, pero como estaba tan tomado creo que ni se percató.
Esa noche mi esposa y Yo nos fuimos a la casa ya muy tarde. Haber visto lo que ví y tener a mi compadre tan cerca y cariñoso me había dejado muy cachondo, así que en el auto le empecé a meter mano a mi mujer que estaba muy sorprendida por lo ganoso que andaba. Llegando a la casa follamos prácticamente en la sala y luego en la recámara donde hicimos cosas que nunca antes me había permitido. Después dormí como un bendito soñando con Sergio y su yerno. A la mañana siguiente mi esposa me despertó para desayunar con la alegría en la cara y unos buenos chilaquiles. Otro favor que me hacía mi compadre. Me cogí a mi vieja pensando que era él y por lo que se veía había quedado muy satisfecha.
El tiempo siguió pasando y mis deseos por comerme el culito de Sergio no paraban. Todos los días que había juego se me habían vuelto un suplicio. Sabía que a mi compadre le gustaba la verga y que se echaba sus tiritos con su yerno, pero por otro lado nunca había encontrado el momento adecuado para tratar de tener un acercamiento pues hubiera sido lamentable que me rechazara y con eso se rompiera la cercanía de nuestras familias. Estaba viviendo un verdadero suplicio. De hecho había pensado en no ir más al fútbol, solo que las ganas de por lo menos verlo en las regaderas eran más grandes que mi convicción.
Un lunes por la mañana, estando en mi despacho, recibí una llamada de Sergio que me alegró el día.
-¿Qué pasó compadre como está?
- Bien compadre ¿Y Ustedes? ¿Cómo han estado?
- Muy bien. Oye Alex ¿Qué te pasa? Te he visto muy agüitado los últimos días.
- No compadre. No se preocupe, no pasa nada. Es que tengo mucho trabajo.
- Pues te he visto muy distante y eso no me gusta. Por eso te hablo para ver si nos vamos el fin de semana a Cuernavaca con la familia. Sonia y Adolfo llegan el viernes de Miami y nos alcanzan allá.
- ¿Anda mi ahijada en Miami?
- Ves que no me pones atención. Hace tres semanas mandaron al yerno a Miami de comisión y Sonia aprovechó para hacer compras. Pero el viernes están de vuelta y nos alcanzan en la casa de Cuernavaca. ¿Cómo ves?¿Los esperamos por allá? A los niños les va encantar.
- Está bueno Sergio. Allá nos vemos. Saludos a mi comadre.
- Igualmente. Suerte y no me vayan a fallar.
Me lamente por no haberme inventado una excusa. Otra vez iba estar goteando por tener al compadre cerca y ni como hacerle pues la familia iba a estar ahí. Pero bueno, igual y si me ponía listo me iba a tocar ver a Sergio cachondeando con su yerno y la calentura no me faltaría.
El viernes llegamos entrada la noche a la casa de fin de semana de la familia Acuña. Apenas y acabé de estacionarme cuando mi comadre me dijo que haber si podía hacer algo porque Sergio estaba muy encabronado ya que Sonia le había hablado desde Miami para informarle que por mal tiempo no habían podido salir y que harían todo lo posible por llegar al otro día.
Entramos a la casa y el compadre estaba con cara de muy pocos amigos tomándose un trago como si fuera agua. Nos invitó a instalarnos en otra de las cabañas que tenían construidas y que viniera pronto para echarme una copa con él. Mi mujer dijo que me quedara ahí mientras ella y la comadre acomodaban todo, mientras me hacía señas para que lo tranquilizara.
Y eso pasó. Comencé a platicar con el compadre y como que la fiera se aplacó. Me contó que nunca había pasado tanto tiempo sin su hija y que la extrañaba. Además que Adolfo le había prometido que llegarían el viernes y que le partía la madre que no le cumplieran. Verdaderamente me parecía exagerada su reacción, pero creo que las cosas iban más allá del hecho de extrañar a mi ahijada.
La noche pasó sin sobresaltos y ya un poco tarde decidimos ir a dormir. Mi compadre estaba ya muy borracho y cuando intentó levantarse de la mesa. Yo muy acomedido pasé la mano por su cintura, lo ayudé a parar y sin querer le agarré el trasero. Mi compadre volteó a verme con una sonrisa pícara.
Para eso son pero se piden compadre.
Perdón, se me fue un poquito la mano compadre.
No te apures pinche Alex. Dijo, no serás el primero que me agarra las nalgas.
¿No? Pregunté casi sin voz y el compadre solo sonrió.
Mi comadre salió de la recámara y lo ayudó a entrar, mientras Yo me quedé con un vacío en el estómago y la verga queriéndome reventar el pantalón. Me fui a mi cabaña y me metí al baño a jalármela, para que mi mujer y mis hijos no se dieran cuenta. Por primera vez había puesto mis manos en ese culo y para mí ya había sido más de lo que esperaba. Luego me acosté junto a mi mujer y me quedé perdidamente dormido.
Por la mañana desayunamos todos juntos y las mujeres nos dijeron que querían ir al centro de la ciudad –Cuernavaca es una pequeña ciudad- y que llevarían a los niños a divertirse un rato. Mi compadre y Yo nos quedamos con la firme disposición de echarnos un chapuzón en la alberca. Y así fue. Nos pusimos los bañadores y estuvimos nadando un buen rato. La verdad es que Sergio lucía muy antojable aunque su traje de baño era como un short, pero con el agua se le repegaba al cuerpo y mostraba sus formas de una manera que yo no podía quitarle los ojos de encima. Su pecho era muy peludo igual que sus piernas, y la barba de candado que llevaba le iba tan bien que preferí sentarme en una de las sillas de la alberca mientras lo veía mover su cuerpo a placer.
Pasado un rato Sergio salió de la alberca y se sentó junto a mí. Destapó una cerveza y la bebió de un solo golpe. Ahí estuvimos por algún rato platicando y bebiendo hasta que el sol se puso muy fuerte. Mi compadre se levantó de su silla y comenzó a untarse bronceador en el pecho y los hombros, pero no alcanzaba toda su espalda.
Oiga compadre póngame esta madre en la espalda porque si no voy acabar todo quemado.
Ya está compadre, respondí. Acuéstese y yo le unto.
Bueno pues, dijo y se acostó en la silla.
Puse suficiente en mis manos y lo empecé a frotar en su espalda, comenzando por los hombros y bajando hasta su cintura. Luego bajé a sus piernas y le puse más. El tenerlo ahí acostado me puso más caliente de lo que podía imaginar. Tenía una una erección que ya no me cabía en el bañador y empezaba a salirme mucho precum. Menos mal que mi bañador estaba mojado si no se hubiera notado la mancha, aunque creo que el empalme se notaba mucho. Seguí pasando mis manos por sus piernas y al llegar donde comenzaba el short me detuve, pero el compadre abrió sus piernas y moviendo la tela seguí hasta donde le empezaban las nalgas sin ver ninguna reacción por su parte. Luego volví a pasar a su cintura y moví tantito el elástico, pero en mal momento me atacó el miedo y me detuve.
¿Qué pasó compadre? ¿Por qué se detiene?
Porque ya acabé y a lo demás no le va a tocar el sol.
Oiga compa ¿Y si nos echamos una partida de billar?
Ya está.
El compadre se levantó y pude ver que tenía una enorme erección que ni siquiera trató de disimular. Estaba totalmente erecto y Yo me puse más cachondo. Mis manitas habían hecho magia y se le notaba. Caminamos hasta la cabaña que hacía las veces de bar y entrando me dijo que él era muy malo para jugar, pero que sabía que Yo era muy bueno así que le tendría que enseñar. Sirvió un par de tragos, acomodó las bolas y comenzamos a jugar. La verdad el compadre era muy malo. No podía dar un golpe decente así que empecé a darle instrucciones, pero no entendía como tenía que poner sus brazos para que la bola hiciera lo que tenía que hacer.
Nunca voy a aprender. Esta chingadera no se me da.
Solo acomoda bien el cuerpo y pon tu codo derecho. Lo que pasa es que no te inclinas bien.
Pues dime cómo
Yo, acomedido como soy, me coloqué atrás de él. Con mis brazos dirigí los suyos y le pedí que se inclinara. Lo hizo y rozó mi poronga con sus nalgas. Por una fracción de segundo pensé en hacerme para atrás pero no lo hice y Sergio tampoco se movió. Lejos de eso sentí como que se repegaba más.
No, pues así si voy aprender compadre, dijo.
Pues para eso estoy aquí, respondí y descaradamente le acomodé mi paquete en el culo. Puse mi mano sobre su espalda y le dije que tirara.
Así cualquiera se anima compa.
Pues eso espero compadre, que se anime. Dije.
El compadre tiro y la bola fue directa a la buchaca. Era el primer buen tiro que hacía. Levantó las manos en señal de triunfo y Yo aproveché para abrazarlo por detrás.
Me va a atravesar compadre.
Pues solo si Usted quiere, dije.
Sergio se volteó y se me quedo viendo. Luego acercó su boca y me beso. Bajó su mano hasta mi mástil y lo comenzó a frotar por encima del bañador mientras yo pasaba mis manos por sus nalgas.
Pues si quiero, respondió mientas pasaba sus manos por mi barriga y mis tetas.
Luego besó mi cuello y comenzó a bajar. Su lengua recorrió mi pecho y se detuvo en uno de mis pezones. Lo chupó y mordisqueó un poco. Inmediatamente se arrodilló frente a mí y puso su lengua en mi ombligo. Entraba y salía de él. Pasó sus manos por mis piernas y masajeó mis nalgas mientras me besaba la verga sobre el bañador. Yo ya no podía más. Mi respiración estaba entrecortada y me temblaba todo el cuerpo. Poco a poco me bajó el traje de baño y mi poronga saltó. El compadre le besó la punta y casi inmediatamente se la metió en la boca. La empezó a chupar, mientras me acariciaba las bolas y con un dedo me tocaba el culo. Yo acariciaba su cabeza y la movía para adelante y para atrás como si lo estuviera follando. En un momento Sergio saco mi poronga de su boca y se ensalivó un dedo. Luego empezó a besarme las bolas y lo colocó en mi ojete. Presionó y su dedo empezó a entrarme por el culo, mientras el se metía uno por uno mis huevos en la boca. Instintivamente me agaché un poco y abrí más las piernas para disfrutar completamente la mamada y la dedeada que me estaba dando.
¿Te gusta compadre?
¡No te pares cabrón! Respondí metiendo mi verga en su boca que ya la esperaba. Su dedo en mi culo me estaba haciendo ver estrellas.
Sergio siguió mamándome y trabajando mi trasero de tal forma que sentí que en cualquier momento me iba a venir. Entre su lengua y su dedo me tenían en el cielo. Así que decidí que tenía que alargar la fiesta y tomándolo por los hombros lo levanté. Lo besé hasta casi dejarlo sin respiración y empecé a acariciarle las nalgas. El compadre respondía besando mis orejas y repegándoseme a más no poder. De un solo tirón la bajé el bañador y le acaricié la reata. Luego casi lo cargué y lo senté en la orilla de la mesa de billar.
Ya de más cerca pude ver su verga, limpia y circuncidada, que si bien no era muy grande si era muy bonita. La tomé entre mis manos y se la empecé a chupar. Olía a hombre y eso me puso más caliente. Me la quería acabar toda ahí mismo. La lamí y lamí sus bolas. Besé sus piernas. Chupé sus ingles y regresé a besarlo en la boca mientras lo chaqueteaba con gusto. Luego lo abracé y lo ayudé a bajar de la mesa. Lo giré para que me diera la espalda y mientras le acariciaba las tetas le frotaba la verga contra el culo. Mi compadre solo atinaba a respingar más su culito para que mi reata le pasara por la rajita peluda. Su corazón estaba acelerado y las caderas se le movían sin control.
Que buen culo tienes compadre.
Si tanto te gusta, cómetelo una vez cabrón. Dijo mientras se inclinaba para adelante, apoyándose en la mesa y abriendo las piernas.
Era la primera vez que veía ese culo en todo su esplendor. Sus nalgas eran redondas y deliciosas. Macizas y peludas. Era el culo de hombre grueso que siempre ha hecho ejercicio. Tenía mucha carne en ese trasero y los vellos estaban por todos lados. Las acaricié y magreé a gusto. Luego me arrodillé y las empecé a besar por todas partes hasta llegar a su hoyito. Era un riquísimo ojete rosadito coronado por una mata de pelos que te quitaba la respiración. El compadre separó los cachetes con sus propias manos y lo dejó a mi disposición. Primero lo besé y luego le acerqué la lengua. El compadre se frunció por puritita reacción, pero un segundo después ya estaba acercándome más su hoyito a la cara. Movía su cadera y respiraba muy fuerte cada vez que mi lengua hacía las veces de entrar en él. Luego ensalivé uno de mis dedos y se lo fui metiendo con mucho cuidado. Cuando le entró completamente lo empecé a mover en forma circular para dilatarlo y luego inicié un mete y saca que hizo que mi compadre abriera más sus piernas.
Pinche compadre, se me hace que ya me la vas a tener que meter.
Lo que tu mandes compadre.
Le levanté y le comencé a frotar la verga en las nalgas y a paseársela por la rajita. Luego le ponía la puntita en la entrada del culo, para después volvérsela a frotar por todo el hoyo.
No seas cabrón compadre, me tienes muy caliente. Ya métemela de una vez.
Tranquilo mi rey. Esto te va a gustar.
¡Métemela toda y de una sola vez!¡La quiero toda!
Puse la punta de mi verga en su agujero y se la quise ir de un solo golpe, pero como el compadre no estaba muy dilatado e hizo su cadera para adelante, solo le entró la cabecita. Sergio bufó como un toro y me pidió que no parara. Lentamente se la empecé a meter hasta que sus nalgas chocaron con mi panza y sus huevos con los míos. Puse una de mis manos en su hombro, la otra en su cadera y lo empecé a bombear, primero suavemente y luego con mucha fuerza hasta ver mi verga salir casi completa y luego volverse alojar en su culo en su totalidad. Mi compadre solo pujaba y entre gemidos pedía más. Estaba tan apretadito el cabrón que Yo sentía que me la iba arrancar. Sergio levantó su pierna y la apoyó en la mesa. Yo lo tomé por la cintura y lo seguí bombeando mientras él movía su cadera como queriendo que le entrara más. Así estuvimos por un buen rato hasta que Sergio se cansó y me pidió que fuéramos al sofá.
Véngase compadre, quiero darme unos sentones en su verga, dijo y se encaminó.
Estoy para servirle compadre, dije mientras le acariciaba las nalgas.
Llegamos al sofá y me senté. El compadre me mostró el culo y me pidió que se lo ensalivara. Ni tardo ni perezoso lo comencé a chupar hasta dejárselo bien lubricado con mi saliva. El compadre acomodó su culo en mi verga y se empezó a sentar. Cuando la tuvo toda adentro empezó a subir y bajar y a mover sus caderas de forma circular para luego volver a darse esos sentones que me ponían en el cielo. Subía y bajaba a placer mientras yo le masajeaba las tetas, luego se inclinaba adelante y movía su colita. Una y otra vez me recetaba la misma dosis. Y así pasmos un buen rato en el que mi compadre giraba su cuerpo para besarme y luego se seguía comiendo mi verga con su hoyito.
De repente el teléfono comenzó a sonar. Mi compadre levantó el teléfono y se recostó en el sofá. Mientras que con señas me invitó a penetrarlo ahí mismo. Cuando estuve en posición pasó sus piernas por mis hombros y lo empecé a bombear mientras él contestaba el teléfono.
Bueno, contesto un poco agitado, mientras yo jalaba sus piernas para metérsela más adentro.
Bien…¿Agitado? Si es que estoy jugando con el compadre, respondió tapando su boca para que no lo oyeran gemir mientras mi verga le entraba por el culo con mucha fuerza.
Si…¿Cuándo llegan?...Si aquí los esperamos. Por supuesto que te lo saludo dijo y colgó.
¿Quien era compadre? Pregunté con la voz entrecortada mientras le despedazaba el culo.
El pendejo de mi yerno ¡Agggggghhhhhhh! ¡Asíííííííííííííííí! ¡Dale papito!¡Acábame!¡Lléname el culo!
El compadre se empezó a masturbar muy fuerte mientras yo seguía bombeándole a más no poder. De pronto empezó a escupir muchos mocos. Se estaba viniendo como si hiciera mucho que no lo hiciera. Todo su cuerpo se contraía y su esperma le cayó en el pecho. Con una de sus manos juntó un poco y lo acercó a mis labios. Eso me puso a mil. Estaba a punto de venirme. Lo besé como loco y le dije que iba a eyacular.
¡Dámelos en la boca papito! Quiero ver a que sabes… Dijo.
Le saqué la verga del culo y se la acerqué a la boca. Mi compadre la tomó entre sus labios y me la empezó a chupar, a sorber. Pasaron unos instantes y comencé a venirme entre sus labios. El compadre mamaba y chupaba a placer. Y se los comió todos, se tragó mi esperma como si fuera un postre. Luego me senté junto a él y nos besamos como locos.
¡A que mi compadre!¡Que escondido se lo tenía!
No compadre, si no lo tenía escondido, pero parecía que contigo no había chance..
¡Tu siempre vas a tener chance conmigo cabrón!
¡Que buen culo tienes compadre!
Pues tu no estás nada mal pinche gordito. Ya me tocará comerme ese culito.
Cuando quieras compadre.
Pues Yo quisiera ahorita, pero las mujeres ya van a llegar, así que mejor vamos a la casa.
Nos fuimos a la casa a bañar –Juntos y con faje de por medio- y un poco más tarde llegaron las familias. Mi mujer y su mujer se habían encontrado a Adolfo y a Sonia y habían llegado juntos. Mi ahijada me saludó muy efusivamente, mientras su marido apenas me volteó a ver.
Mi compadre sirvió los tragos y los hombres nos sentamos en la palapa a beber, mientras las mujeres veían las compras. Adolfo se nos acercó y con malicia inició la plática.
¿Y cómo se la han pasado?
Muy bien. Y a Ustedes ¿Cómo les fue por Miami?
Bien, Alex, gracias. Y ¿Por qué estaba tan agitado cuando le hablé suegro?
Mi compadre y Yo estábamos jugando.
Ah ¿Y a qué jugaban?
Billar, respondí.
¿Y eso te agita suegro? Ya estás viejito.
No, no lo estoy, pero ya sabes, entre las bolas y el palo uno se cansa. Y luego con la chinga que me estaba parando mi compadre pues más.
¿Juegas bien Alex?
Pues me defiendo.
Es muy bueno. Si quieres luego jugamos los tres, dijo mi compadre y me cerró el ojo.
Claro, sirve que me enseñan que tan buenos pueden ser.
Bueno muchacho ya buscaremos la oportunidad.
Pues las mujeres van a salir en la tarde, así que si quieren lo hacemos cuando se vayan.
¿Lo hacemos? Preguntó el compadre con picardía.
Si. Jugar. Por supuesto.
Por supuesto, conteste mientras Adolfo se frotaba la verga sobre el pantalón.
Después de la movidita mañana que me dio mi compadre me esperaba una noche de ensueño con su yerno adorado.
Ya entrada la noche nos pusimos a ver el fútbol en la televisión y se nos fue el tiempo bebiendo y discutiendo por nuestros equipos favoritos. Adolfo y Yo le íbamos al mismo y Sergio al archienemigo, así que la discusión se puso buena. Nuestras familias siguieron en su fiesta particular y ya muy tarde todos se fueron a dormir, mientras que a Adolfo se le ocurrió que bajáramos al bar a jugar billar y entre tumbos fuimos. Yo iba atrás de Adolfo y no perdí la oportunidad de observar su cuerpo. En él todo era grande. Era un robusto hombre norteño, joven y vigoroso. Era uno de esos que se te antojan de solo verlo si te gustan grandotes. Su espalda es grande y remata en un trasero de miedo. En verdad no se que les dan de comer a los de Monterrey, pero todos tienen muy buenas nalgas. Sus brazos se veían fuertes y muy velludos y por el cuello de su camisa a cuadros se veían muchos pelos negrísimos que contrastaban con su piel muy blanca, pero su cara de niño estaba perfectamente rasurada. Técnicamente es un hombre gordo pero muy sabroso. Y luego, con esos casi dos metros de estatura era una erección ambulante, sobretodo para mí que me encantan los osos.
Ya estando ahí decidimos hacer un torneo. Primero jugarían el compadre y su yerno y el que ganara iría contra mí. Así jugaríamos los tres
El juego comenzó y las noticias no eran nada buenas para Sergio. Entre que ya hacía rato que se le habían pasado las copas y que no era muy bueno para el juego lo estaban barriendo bien y bonito pero el juego se estaba poniendo muy divertido porque mi compadre en su afán por no perder se dispuso a distraer a su yerno utilizando todo tipo de artimañas. Primero hablándole cuando iba a tirar y luego descaradamente moviéndole el taco para que fallara los tiros, pero nada le funcionó. Sergio estaba perdiendo sin remedio, así que en un ataque de osadía, cuando Adolfo iba a tirar le agarró la poronga. El pobre muchacho se distrajo y la bola salió de la mesa. Se puso rojo como un tomate y me volteó a ver con vergüenza. Yo solo solté una carcajada de buena gana y aplaudí a mi compadre.
¿Qué pasó suegro?
Todavía nada muchacho.
Pues no empiece algo que no va terminar.
Ya estoy tan borracho que no puedo empezar nada m’hijo, contestó Sergio riendo de buena gana y haciendo otro de sus malísimos tiros
Total que yo mientras me fui al baño pues mi vejiga lo reclamaba. Para cuando regresé Adolfo estaba tratando de abrazar a Sergio y él se resistía, más como si fuera un juego que en serio. Esperé un poco para ver que pasaba.
Espera muchacho. Ya estoy muy borracho.
¿Y a poco me va dejar así suegro? Decía mi ahijado llevando la mano de Sergio hasta su miembro. Mire cómo me tiene.
Tranquilo hijo. Ahí anda mi compadre.
Pues lo despachamos a dormir y Usted y Yo nos quedamos aquí solos.
No, no, no. Además yo te esperaba ayer. Ya lo tenía todo planeado y me dejaste plantado.
No sea vengativo suegro. No pude llegar.
Pues si pero ahora no tengo ganas cabrón. Ni modo.
En ese momento decidí hacer ruido y Adolfo volvió a tomar el taco, mientras mi compadre se iba a la barra a servir otra ronda de tragos.
Te toca padrino. A ver si es cierto que eres tan bueno como dice su compadre, dijo Adolfo y colocó las bolas del juego en posición.
Pues no soy tan bueno, pero más que él si, respondí.
Comenzamos a jugar y el juego se volvió una batalla. Ninguno daba de si para ser vencido. No cabe duda, el muchacho era bueno, pero Yo no me iba a dejar. Y aunque me distraía un poco ver su erección que no cedía y que parecía que en cualquier momento reventaría sus shorts, me concentré y en el último tiro le gané la partida.
Ya está muchacho, creo que te chingué.
No pues ni que padrino. Es Usted muy bueno dijo Adolfo.
Vas compadre, dije volteando a la barra, solo para darme cuenta que Sergio se había quedado dormido.
Adolfo soltó una carcajada y se acercó a Sergio para ver su estado. Mi compadre se había quedado profundamente dormido sobre la barra y ni cuenta nos dimos a que hora ocurrió. La partida había estado tan cerrada que nunca lo volteamos a ver. El pobre había caído como un bendito
Puta, padrino. Ya se nos durmió la reta. Usted está muy cansado o nos echamos otro partidito.
Ya estás. El que gane dos de tres, gana.
Se me está ocurriendo algo mejor padrino. Digo, ya que el suegro se durmió lo podemos hacer más divertido ¿No?
¿Y como qué se te ocurre?
Que tal si el que gane le pone un castigo al otro.
¿Y como qué castigo m’hijo?
Pues ya veremos ¿Le entra?
Pues yo como la canción, no se me rajar.
El juego comenzó y por un muy mal tiro que tuve, mi ahijado me ganó, aunque claro que le costó mucho trabajo. Iba a vender cara mi derrota.
Ni modo muchacho, perdí ¿Cuál es mi castigo?
Pues estaba pensando que tal se vería en calzones padrino.
Me bajé los pantalones deportivos y me quedé en los bóxers que siempre uso. De esos que parecen trusas con mangas pues son pegaditos. Adolfo se me quedó viendo con una mirada de cachondez que hasta las chichis me temblaron. Pero Yo no iba a dejar las cosas así. Si el jueguito era de prendas iba hacer todo lo posible por encuerarlo rapidito. Así que seguimos jugando. La segunda y la tercera partida la gané Yo dejándolo en una trusa blanca que me pusieron cachondísimo. Todo su cuerpo era velludo y se le marcaba un pedazo de carne entre las piernas que solo de verlo dolía de gusto. La tercera partida la perdí y el muchacho quiso que me quitara los calzones, quedándome solo en la playera. En cuanto me quité los calzones, la entrepierna de mi ahijado acusó de una erección que ya no podía retener su trusa, de hecho la punta de la vega casi se le salía por el resorte, pero seguimos el juego, solo que esta vez el muchacho hacía todo lo posible por pasarme cerca y restregarse en mi culo a discreción y luego me comía con los ojos cuando me tenía que agachar un poco más para un tiro difícil. Adolfo estaba tan distraído con mi trasero que perdió la partida y antes de que yo dijera nada amagó con quitarse la trusa seguro de que ese sería el castigo.
Tranquilo hijo, se me está ocurriendo otro castigo, así que deja eso en su lugar.
No pues perdí. Yo hago lo que Usted diga, dijo y sonrió pícaramente mientras ponía su calzón en su lugar, pero dejando esta vez la punta erecta de su verga al descubierto, mostrándome su enorme tamaño. Yo solo tragué saliva.
Yo caminé a la barra con la verga completamente parada y serví tequila en una copa. Metí mi miembro goteante en la misma y le dije que se lo tenía que tomar mientras escurría. Adolfo se acercó, se arrodilló frente a mí.
Que buen castigo padrino.
Abre la boca mi güey.
Luego se colocó y yo dirigí la punta en dirección a sus labios sin meterla. Poco a poco fui escurriendo el tequila y el lo bebió como si fuera un elixir hasta que se lo acabó. Y aunque moría de ganas porque me la comiera en ese momento, se levantó y dijo que siguiéramos jugando. Esta vez el distraído fui yo. No podía pensar en otra cosa que no fuera su verga, su boca, su culo. Me lo quería coger ya. No aguantaba más. Perdí irremediablemente y me tocó castigo. Ni modo.
Perdiste padrino y se me está ocurriendo que me vas a tener que comer el culo dijo, mientras se acomodaba de frente al dormido de mi compadre, dejándome ver su generoso trasero que se marcaba delicioso bajo la trusa.
Me acerqué por detrás de él y le comencé a bajar el calzón. Bajé poco a poco el elástico y tuve frente a mí y par de nalgas velludas que me puso más caliente de lo que ya estaba.
¡Que buen culo tienes m’hijo!
Déjese de puterias y comience a mamar padrino.
Besé sus nalgas y le coloqué la lengua en el ano. Era un hoyo peludito y grande que mi boca capturó de inmediato. Comencé a pasarme por su raja, a besar sus nalgas y ha dar sendas chupadas en el culo mientras con mis manos acariciaba sus piernas y sus huevos. Metía la lengua entre sus pliegues y lo mordisqueaba suavemente mientras él tomaba mi cabeza y se la acercaba más. Luego con sus propias manos se separaba los cachetes y dejaba a mi disposición su hoyo. Yo aparté mi cabeza y escupí en su ano para lubricarlo perfectamente y después de estar metiendo y sacando mi lengua acerqué uno de mis dedos a su culo. Lo empecé a frotar y a tratar de entrar en su colita. Costó un poco de trabajo que entrara uno de mis dedos porque Adolfo se apretaba, pero con un poco más de presión entró y solo bufó. Mi dedo se fue lo más dentro que pude y empecé a moverlo para que lo disfrutara. Adolfo movía sus caderas y las hacía para atrás y adelante esperando que entrara más y más, acompañando sus movimientos de un pujido que hacía que mi verga quisiera reventar. Por un instante acerqué otro de mis dedos y lo quise dilatar más, pero Adolfo separó mi mano y se dio vuelta.
Ya estuvo del culo. Ahora quiero que se c*** ésta, dijo, agarrando su verga.
Lo que ví me dejó literalmente boquiabierto. ¡La verga de Adolfo era enorme! Digo, ya me había hecho a la idea de que era grande, pero teniéndola así, frente a mí en todo su esplendor, me atraganté. Solo había visto porongas de ese tamaño en las películas porno. Ni en mis más morbosos sueños había imaginado que alguien real tuviera un garrote tan desarrollado.
No se espante padrino, dijo sonriendo. Está muy crecidita pero es bien juguetona.
Si no me espanto, solo me preocupo, respondí y comencé a besarla.
Hablar de las dimensiones de mi ahijado sería muy presuntuoso, solo puedo decir que la tomé con mis dos manos y apenas y la pude agarrar. Era muy grande y gorda, rematando con una cabezota perfectamente circuncidada que ya acusaba un escurrimiento de precum que se antojaba tragar. Besé primero la puntita y la lamí, para luego recorrerla a besos. Era como para reconocer el terreno. No sabía como me iba a caber todo eso en la boca pero me armé de valor y abrí mi quijada lo más que pude para metérmela. Poco a poco la introduje entre mis labios y me fui adaptando a su tamaño hasta que sentí como ese hermoso ejemplar ocupaba toda mi boca y llegaba hasta mi garganta. Luego empecé un mete y saca que hizo que Adolfo volteara los ojos. Me la empecé a comer hasta atascármela toda y disfrutar de su cara de gusto. Luego me bajé a los huevos que eran proporcionales a su reata y los empecé a lamer, a juguetear con ellos mientras mis dedos volvían a la carga con su culo que ahora los recibió con más facilidad.
¡Sigue padrino!¡No pares!¡Cómetela toda! Decía Adolfo con la voz entrecortada. ¡Sigue!¡Agggggggghhhhhhh! y sin decir agua va empezó a venirse en cantidades industriales llenando mi boca, cara y cuello en cada descarga de su lechita muy blanca y espesa.
Yo recibí cada trallazo de semen y traté de capturar con la boca todo lo que podía mientras me jalaba la verga. Mis mocos cayeron en sus pies, mientras los suyos cayeron en mí.
¡Pinche padrino!¡Que rico te la comes! Dijo mientras seguía agitando su enorme verga en mi cara.
Entonces tu dices si seguimos jugando para ver quien pierde, respondí para luego empezar a limpiar su garrote con mi lengua.
¡No mi Cabrón!¡Tu ya perdiste! Dijo mientras me levantaba por los brazos.
Me puso de pie frente a él y empezó a limpiar con sus labios sus mocos de mi boca y cuello. Luego me quitó poco a poco la camisa y me besó hasta casi dejarme sin respiración. Sus manos recorrieron mi espalda y se estacionaron en mi trasero. Parecía que la erección nunca se le hubiera bajado pues podía sentir su reata contra mi estómago. Empezó a acariciarme las nalgas y a pasar sus dedos por mi raja, mientras yo lamía el sudor que corría por su cuello. Se agachó un poco y me mordió suavemente una tetilla, luego la acarició a la vez que mis manos se entretenían con su enorme garrote. Cuando sentí que uno de sus dedos se acercó a mi culo, mi verga se volvió a parar. Sus manos eran muy grandes como todo en él y cuando su dedo me tocó, sentí como empecé a temblar. Me frotó con cuidado y empezó a hacer presión, pero no había suficiente lubricación para que me entrara. Lo intentó un par de veces mientras me besaba y acariciaba las tetas, pero al ver que no era posible acercó uno de sus dedos a mi boca. Yo lo lamí como si fuera un dulce y me encargué de dejarlo bien humedecido, finalmente ese dedo iría a parar en mi culo.
Adolfo levantó una de mis piernas y me acercó más a él. Colocó el dedo que le había ensalivado en la entrada de hoyo y empezó a presionar. Costó un poquito de trabajo, pero finalmente entró y Yo empecé a ver estrellas. Con mucho cuidado me estuvo deseando hasta que ya entraba y salía con mucha facilidad. Luego acercó otro de los dedos y me lo metió. Solo pujé mientras sus dedos me trabajaban magistralmente el culo y su lengua se enrollaba con la mía. Me metía y sacaba los dedos a la par que me hacía sentir su verga cerca de la mía y me besaba.
Dese vuelta padrino, porque me voy a comer su culo y su pistola, dijo y Yo obediente lo hice. Me recargué en la barra y abrí las piernas.
Adolfo se arrodilló y me empezó a mamar el culo y a meter y sacar los dedos. Luego pasaba su cabeza entre mis piernas y se metía mi verga en la boca sin dejar de dedearme. Yo estaba lubricando tanto que parecía que me iba a venir. Sentía sus lengüetazos en mi verga, en mis huevos, en la cola. Era maravilloso y lo mejor todavía estaba por venir.
Se me hace que me lo voy a coger padrino, dijo y se levantó por detrás de mí.
¡No la voy aguantar muchacho!¡Está muy grande!¡Me vas a partir!
No cabroncito, no lo voy a partir. Le voy a dar la mejor cogida de su vida, dijo y comenzó a besarme el cuello mientras me frotaba su poronga por las nalgas.
Pero lo vas hacer con cuidado, dije sin mucha convicción.
Lo voy a hacer como Yo quiera, pero le prometo que le va a requetencantar.
Separó un poco más mis nalgas y con su propia saliva me empezó a lubricar. Empezó a meter sus dedos y siguió besando mi espalda, mientras me dilataba. Cuando consideró que era suficiente acercó la punta de su garrote a mi culo y empezó a presionar. Yo estaba tan nervioso que no permitía que entrara, pero me acarició las tetas y las piernas y presionó un poco más. Cuando empezó a entrar sentí que me iba a desgarrar y me hice para adelante, pero volvió al ataque y pasó la punta. Me dolió como no recuerdo que me haya dolido nunca verga alguna y me quise rajar.
¡Sácala muchacho!¡No la aguanto!.
Tranquilo, le está doliendo, pero Luego le va a gustar, dijo, y comenzó a meterla lentamente hasta que sentí su pelvis contra mi espalda.
No sabía como pero había conseguido acomodármela completita en el recto. Por un momento se quedó inmóvil y el dolor empezó a ceder. Lentamente empezó a sacármela para luego volver a entrar. Y la fiesta comenzó. Mi verga que se había bajado del dolor, nuevamente tomó su firmeza y yo mismo comencé a mover mi cadera para acompasarme con sus movimientos. La enorme reata que pensé que no iba a soportar ahora me estaba dando tanto placer que comencé a gemir, lo cual lo calentó más aún. Me la metía y sacaba con tanta fuerza que Yo prácticamente estaba de puntitas recibiendo sus embestidas. Entraba y salía y besaba mi cuello y acariciaba mis tetas. Me agarraba por el hombro y me la dejaba ir más adentro mientras yo gemía de placer.
¡Dale papito!¡Métemela!¡No pares!
¡Le gusta verdad!¡¿No que no le iba a caber?!¡Se la está comiendo enterita!¡ Vamos padrino!¡Mueva su culito!¡Quiero que se la atasque toda!
¡Dale mi rey!¡Que rico! ¡Agggggghhhhhhhhh!¡Dámela!
De pronto sentí que me la sacó por completo y me sentí vacío me pidió que nos bajáramos al suelo y en cuatro patas me acomodó recargado sobre una silla. Se puso detrás de mí y juntó un poco mis piernas y empezó de nuevo a perforarme el culo. Como Yo ya estaba muy dilatado entró con más facilidad. Solo sentí cuando con sus propias piernas terminó de juntar las mías y la sensación fue mayor. Sentía como si una descarga de electricidad recorriera mi espalda con cada vez que me la metía hasta el fondo. Era como si fuera la primera vez que me metían la verga, estaba experimentando una serie de sensaciones que no había tenido nunca cada vez que sentía rebotar sus huevos con los míos y me jalaba más hacia él. Luego me tomó por el pecho y prácticamente me sentó en su enorme verga.
Ven papi, quiero ver que caras haces cuando te la meto, dijo y se levantó.
La ventaja de coger con un hombre tan alto es que te puede maniobrar a placer, así que me colocó sobre la mesita del dominó y abrió mis piernas. Se agachó y me lamió el culo que ya lo tenía muy abierto de tanta verga que me había dado y enseguida me la metió. Sin prisa. Yo creo que volteé los ojos al revés, porque para cuando volví a verlo tenía una mirada tan lasciva que me volvió loco. Su verga entraba y salía de mi trasero casi en su totalidad y yo movía mi cadera para que entrara lo más posible. Sentía rebotar sus enormes huevos sobre mis nalgas y apretaba mi culo para hacer más placentera la sensación. Mientras Adolfo me besaba profundamente, mordisqueaba mi cuello y me atraía más hacia él. No podía aguantar más, mi cachondez ya era mucha. La sensación de su pitote en mi trasero me tenía en el cielo y comencé a masturbarme frenéticamente. Me la jalaba y él acariciaba mis tetillas, las mordía. Hasta que no pude resistir y empecé a eyacular. Todo mi cuerpo temblaba y soltaba una buena cantidad de mocos que fue a parar a mi pecho. Adolfo se acercó y con su lengua los limpió, como saboreándolos. Luego tomó una de mis piernas y me acomodó de lado sin sacármela. Me tomó por las piernas y la cadera y así, acostado de lado como estaba, siguió bombeándome. No paraba ni un instante. Yo solo sentía como la metía hasta el fondo y luego la volvía a sacar casi toda. De pronto se detuvo, me la sacó y empezó a eyacular sobre mi cuerpo, que ya estaba francamente desmadejado. Volvió a pasar la punta de su verga por mi ano y luego recargo su frente sobre mi hombro. Yo me giré y busque su boca. Nos besamos como queriéndonos comer.
Que buen culo tiene padrino. Es bien aguantador.
Que buena verga tienes muchacho. Me acabas de dar la cogida de mi vida.
Y no será la última dijo y me ayudó a incorporar.
¡Pero claro que no! Yo no me pierdo de ese a****lote nunca más.
Nos vestimos y vimos al suegro durmiendo el sueño de los justos en la barra y empezamos a reír. Rápidamente nos vestimos y decidimos llevarlo a su cabaña. Eran cerca de las tres de la mañana y había que dormir..
Había sido uno de los días más maravillosos de mi vida. Primero me había cogido al compadre y su espectacular trasero y luego me había cenado al yerno sin chistar...
11年前