La noche que la hice mía
Llevábamos poco saliendo, unos tres meses diría yo, tres meses en los que no habíamos tenido encuentros carnales, pero yo estaba decidido, el 14 de febrero iba a ser mía.
Con el pretexto del día de los enamorados la volví a citar en aquel nuestro restaurante, nuestro porque ahí fue donde nos conocimos, era el restaurante del hotel Caribe, donde por azares del destino me había hospedado después de un viaje de trabajo, ese día ella vestía un vestido rojo sencillo con un escote simplemente perfecto, se podía seguir con la mirada el contorno de sus pechos hasta frenar en un dije plateado con forma de media luna que colgaba de una cadena muy fina también plateada. Tenía una copa de vino tinto en la mesa y junto a ella una libreta en la que parecía estar escribiendo dedicando toda su atención. Es y siempre ha sido muy difícil pasar de ser un extraño a un conocido, el dilema de siempre: ¿Cómo me acerco? ¿Qué tema será bueno para una primera conversación?... Mientras estaba absorto en dar solución a aquellas preguntas simplemente me acerqué a su mesa, sin decir nada, vaya genio... Al acercarme vi el contenido de la libreta, era un dibujo de una chica de cabello largo, rasgos finos, guapa, con una mirada muy tímida. Tenía mi tema. Muy bonito, le dije. Casi como despertando de un trance fijó su mirada en la mía. Muchas gracias, contestó. Así fue nuestro primer encuentro, me tomé la libertad de sentarme en su mesa, pedir mi propia copa de tinto y mostrar mi completo interés tanto en sus dibujos, como en su escote.
Ella es delgada, piel morena clara, ojos cafés, el cabello apenas roza sus hombros y sus labios son carnosos, su cuerpo es el de una joven de 18 años, pechos medianos, suaves al tacto y a la vista, curvas justas, ella lo sabe, por ende siempre luce su alegría jovial adornada siempre con una sonrisa.
Yo, comparto con ella los rasgos latinos, ojos cafés, cabello negro, piel morena, un poco mayor que ella, tengo 26 años, ingeniero con un carácter serio, a veces imponente. Soy un hombre que ha vivido plenamente. He viajado, nunca me ha faltado una mujer, lector empedernido, bien parecido y siempre, un caballero.
Llegó ese día a la hora acordada: 9:00 pm en punto. Llevaba un vestido negro ajustado, zapatillas a juego de tacón alto, ella sabía lo que iba a pasar. Yo vestía un traje negro muy elegante, con rayas negras casi imperceptibles, una camisa blanca con los dos botones superiores sin abotonar, era mi traje favorito, el que siempre llevaba a reuniones y juntas importantes. Esta ocasión lo merecía. Le extendí mi brazo sin decir nada, ella me tomó del brazo, entramos al restaurante y pasamos de largo la sección de las mesas, ya tenía la habitación reservada y la llave en mi bolsillo, nos adentramos al elevador y preguntó : “A dónde vamos?”. Séptimo piso, respondí. Ella apretó el botón correspondiente y me dedicó una mirada nerviosa.
Llegamos a la puerta de nuestra habitación donde yo tenía ya todo preparado, una botella de vino blanco espumoso, dos copas, pétalos de rosas rojas y blancas esparcidas por el suelo, y un regalo, una caja roja con líneas doradas en el mueble al lado de la cama.
Las palabras sobraban, ella estaba visiblemente nerviosa o impaciente... Abrí la botella del vino y llené ambas copas hasta la mitad, le extendí una a ella y encendí un cigarrillo.
- Y ese regalo? - preguntó -
- Es para ti, pero todavía no lo puedes abrir.
- Por qué no? Si es para mi …
- Porque antes de dártelo me apetece otra cosa.
Apagué mi cigarrillo, di un sorbo a la copa de vino, bajé la cremallera de mi pantalón y saqué mi miembro erecto apuntando hacia ella.
No tuve que decir nada, ella se acercó a mi, tocó suavemente mi miembro con su mano derecha mientras posaba sus labios en los míos dulcemente. De la misma forma en la que se acercó a mis labios, despacio, bajó un poco para colocar mi miembro dentro de su boca, hizo un movimiento circular suave con la lengua para recorrer el grueso de mi virilidad, al llegar al punto de inicio ella terminó de colocar sus rodillas en la alfombra.
Sus movimientos eran suaves pero rítmicos, engullía poco menos de la mitad y luego retrocedía una y otra vez. Aunado a este movimiento se encontraba otro, el de su lengua que jugaba con mi verga en su boca. Una sensación increíble en la calidad de su boca. Pasaron unos cuantos minutos. Tomé otro sorbo de vino y ella se levantó del suelo y bebió de mi copa. Ya puedo tener mi regalo? Preguntó. Todavía no.
Me tomó de la mano y la dirigió a su entrepierna, a través de la fina tela de sus bragas podía sentir su humedad. Dirigió sus manos al lugar donde se encontraba el cierre de su vestido, lo bajó a la mitad y dejó que la gravedad se encargara de liberarla de aquél vestido negro que cayó a sus pies. Vestía ropa interior también negra, recorrí su cuerpo con la mirada y volví a encontrar aquel dije plateado de media luna entre sus pechos. La tomé por la cintura, bajé a su cadera y decidí despojarla de sus bragas.
Ahora sólo tenía el brasier, sonreí al verla. Que hermosos pechos.
Se encaminó a la cama, se recostó boca abajo y levantó su culito, hizo un par de movimientos juguetones de lado a lado en señal de que estaba invitado a penetrarla. Me acerqué hacia ella y empapé mi miembro con sus jugos producto de la excitación, una vez que estaba bien lubricado la penetré. Dejé ir toda mi verga dentro de su húmeda y apretada vagina. Se sentía muy bien. Comencé a follarla primero suavemente para que se acostumbrara al grosor de mi miembro, una vez que se veía más relajada comencé a embestirla fuertemente una y otra vez.
Entrecerraba un poco sus ojos en señal de dolor y gozo y en cada embestida dejaba salir un casi inaudible gemido. Mientras seguía metiendo toda mi verga dentro de ella, estiró un poco su mano para alcanzar su regalo. Lo abrió. Era un dildo dorado, lo miró y vió su nombre grabado en él, giró rápidamente para hacer contacto visual conmigo y esta vez no me preguntó, “Ya es hora de usar mi regalo” me dijo. “Todavía no es tuyo”, le dije al mismo tiempo que le guiñaba el ojo.
Me llevé la mano a la boca para ensalivar mis dedos, acto seguido utilicé esa saliva para acariciar su ano. Al sentir mi saliva en ese lugar me dirigió una mirada llena de incredulidad. Uno de los dos tiene que ocupar un lugar, tienes dos opciones: penetrarte con el dildo vaginalmente y yo hacerlo analmente, o viceversa, tú eliges. No tuvo que pensarlo demasiado, metió el dildo en su boca para llenarlo de saliva, me lo dió por la base y me dijo: Quiero este atrás.
El dildo escurría de saliva, sin duda hizo un buen trabajo. Paré las embestidas para penetrarla por atrás con su dildo, comencé a empujar suavemente librando una batalla contra la resistencia de su ano de ser penetrado por primera vez, pero vencí. Le metí el dildo casi completamente, sólo quedaba la base asomándose.
Recorrí el camino desde atrás hasta llegar nuevamente a su boca. Ella la abrió y volví a meter mi miembro. En esa posición, tipo doggy style, alcanzaba a vislumbrar el dildo metido en su trasero, así que mientras ella mamaba mi verga decidí mover la base del dildo circularmente, imaginando cómo la punta le estaría tocando por dentro. Al hacerlo ella suspiró levemente, lo suficiente para abrir la boca y dejarme salir. Regresé a mi posición original detrás de ella y decidí meter mi miembro nuevamente en su vagina.
Fue un proceso un poco complicado ya que el dildo ocupaba cierto espacio que yo necesitaba, aún así, decidido, comencé a empujar la cabeza de mi miembro hacia dentro, fue complicado, pero nuevamente vencí. Su cara dibujaba una mueca de dolor al sentir la doble penetración, su dildo en el ano y mi miembro en su vagina, me gustó tanto verla así que por poco termino. Recuperé la calma y seguí a lo mío. Con movimientos muy suaves entraba y casi salía por completo, la sensación de la presión generada por el dildo que le había ensartado era muy placentera, sentía cómo sólo una fina capa de piel nos separaba.
Poco a poco la expresión de su cara cambió, el dolor iba desapareciendo. Fóllame... - me dijo con lo que parecía apenas un hilillo de voz – Fóllame... - Volvió a suplicar -. Yo todavía tenía una sorpresa más.
Tomé el dildo por la base y le di un giro. El dildo comenzó a vibrar muy suavemente, ella volvió a gemir de placer con lo que le quedaba de voz. Por mi parte comencé a recobrar el ritmo del mete y saca, no muy brusco, sólo lo suficiente. Ella seguía gimiendo -dame más... dame más...- lo decía con los ojos cerrados y su cara clavada en la almohada -más...-. Giré nuevamente la base del dildo hasta la máxima potencia, que cual juguete elegante no era demasiada, sólo la justa para vibrar en el contorno de su ano de forma deliciosa. El cosquillego llegaba hasta la punta de mi miembro. Seguí follándola, metiendo y sacando, sintiendo el cosquilleo por la vibración del dildo, el calor de su vagina apretandome cada vez más y más. Estoy a punto de terminar, me dijo y los suaves gemidos no se hicieron esperar, sentía en mi miembro la contracción de sus músculos vaginales y yo también terminé.
Terminé dentro de ella, sentía como salían disparados chorros de semen... No le dije nada al respecto. Me separé de ella que seguía con la cabeza engullida por las almohadas, con su culito todavía en posición. Me alejé y ví cómo mi semen comenzaba a salir, un pequeño chorro que se deslizó por sus muslos y otro tanto comenzaba a gotear hasta las sábanas blancas de nuestra cama.
Bebí otro sorbo de vino. Ahora sí, es tuyo – le dije -. Mientras giraba de vuelta la base del dildo para que dejara de vibrar.
Gracias – dijo – cerrando los ojos y sonriendo.
<< FIN >>
MrDeath36.
Este relato está inspirado y dedicado a ReAtrevidah_96
Con el pretexto del día de los enamorados la volví a citar en aquel nuestro restaurante, nuestro porque ahí fue donde nos conocimos, era el restaurante del hotel Caribe, donde por azares del destino me había hospedado después de un viaje de trabajo, ese día ella vestía un vestido rojo sencillo con un escote simplemente perfecto, se podía seguir con la mirada el contorno de sus pechos hasta frenar en un dije plateado con forma de media luna que colgaba de una cadena muy fina también plateada. Tenía una copa de vino tinto en la mesa y junto a ella una libreta en la que parecía estar escribiendo dedicando toda su atención. Es y siempre ha sido muy difícil pasar de ser un extraño a un conocido, el dilema de siempre: ¿Cómo me acerco? ¿Qué tema será bueno para una primera conversación?... Mientras estaba absorto en dar solución a aquellas preguntas simplemente me acerqué a su mesa, sin decir nada, vaya genio... Al acercarme vi el contenido de la libreta, era un dibujo de una chica de cabello largo, rasgos finos, guapa, con una mirada muy tímida. Tenía mi tema. Muy bonito, le dije. Casi como despertando de un trance fijó su mirada en la mía. Muchas gracias, contestó. Así fue nuestro primer encuentro, me tomé la libertad de sentarme en su mesa, pedir mi propia copa de tinto y mostrar mi completo interés tanto en sus dibujos, como en su escote.
Ella es delgada, piel morena clara, ojos cafés, el cabello apenas roza sus hombros y sus labios son carnosos, su cuerpo es el de una joven de 18 años, pechos medianos, suaves al tacto y a la vista, curvas justas, ella lo sabe, por ende siempre luce su alegría jovial adornada siempre con una sonrisa.
Yo, comparto con ella los rasgos latinos, ojos cafés, cabello negro, piel morena, un poco mayor que ella, tengo 26 años, ingeniero con un carácter serio, a veces imponente. Soy un hombre que ha vivido plenamente. He viajado, nunca me ha faltado una mujer, lector empedernido, bien parecido y siempre, un caballero.
Llegó ese día a la hora acordada: 9:00 pm en punto. Llevaba un vestido negro ajustado, zapatillas a juego de tacón alto, ella sabía lo que iba a pasar. Yo vestía un traje negro muy elegante, con rayas negras casi imperceptibles, una camisa blanca con los dos botones superiores sin abotonar, era mi traje favorito, el que siempre llevaba a reuniones y juntas importantes. Esta ocasión lo merecía. Le extendí mi brazo sin decir nada, ella me tomó del brazo, entramos al restaurante y pasamos de largo la sección de las mesas, ya tenía la habitación reservada y la llave en mi bolsillo, nos adentramos al elevador y preguntó : “A dónde vamos?”. Séptimo piso, respondí. Ella apretó el botón correspondiente y me dedicó una mirada nerviosa.
Llegamos a la puerta de nuestra habitación donde yo tenía ya todo preparado, una botella de vino blanco espumoso, dos copas, pétalos de rosas rojas y blancas esparcidas por el suelo, y un regalo, una caja roja con líneas doradas en el mueble al lado de la cama.
Las palabras sobraban, ella estaba visiblemente nerviosa o impaciente... Abrí la botella del vino y llené ambas copas hasta la mitad, le extendí una a ella y encendí un cigarrillo.
- Y ese regalo? - preguntó -
- Es para ti, pero todavía no lo puedes abrir.
- Por qué no? Si es para mi …
- Porque antes de dártelo me apetece otra cosa.
Apagué mi cigarrillo, di un sorbo a la copa de vino, bajé la cremallera de mi pantalón y saqué mi miembro erecto apuntando hacia ella.
No tuve que decir nada, ella se acercó a mi, tocó suavemente mi miembro con su mano derecha mientras posaba sus labios en los míos dulcemente. De la misma forma en la que se acercó a mis labios, despacio, bajó un poco para colocar mi miembro dentro de su boca, hizo un movimiento circular suave con la lengua para recorrer el grueso de mi virilidad, al llegar al punto de inicio ella terminó de colocar sus rodillas en la alfombra.
Sus movimientos eran suaves pero rítmicos, engullía poco menos de la mitad y luego retrocedía una y otra vez. Aunado a este movimiento se encontraba otro, el de su lengua que jugaba con mi verga en su boca. Una sensación increíble en la calidad de su boca. Pasaron unos cuantos minutos. Tomé otro sorbo de vino y ella se levantó del suelo y bebió de mi copa. Ya puedo tener mi regalo? Preguntó. Todavía no.
Me tomó de la mano y la dirigió a su entrepierna, a través de la fina tela de sus bragas podía sentir su humedad. Dirigió sus manos al lugar donde se encontraba el cierre de su vestido, lo bajó a la mitad y dejó que la gravedad se encargara de liberarla de aquél vestido negro que cayó a sus pies. Vestía ropa interior también negra, recorrí su cuerpo con la mirada y volví a encontrar aquel dije plateado de media luna entre sus pechos. La tomé por la cintura, bajé a su cadera y decidí despojarla de sus bragas.
Ahora sólo tenía el brasier, sonreí al verla. Que hermosos pechos.
Se encaminó a la cama, se recostó boca abajo y levantó su culito, hizo un par de movimientos juguetones de lado a lado en señal de que estaba invitado a penetrarla. Me acerqué hacia ella y empapé mi miembro con sus jugos producto de la excitación, una vez que estaba bien lubricado la penetré. Dejé ir toda mi verga dentro de su húmeda y apretada vagina. Se sentía muy bien. Comencé a follarla primero suavemente para que se acostumbrara al grosor de mi miembro, una vez que se veía más relajada comencé a embestirla fuertemente una y otra vez.
Entrecerraba un poco sus ojos en señal de dolor y gozo y en cada embestida dejaba salir un casi inaudible gemido. Mientras seguía metiendo toda mi verga dentro de ella, estiró un poco su mano para alcanzar su regalo. Lo abrió. Era un dildo dorado, lo miró y vió su nombre grabado en él, giró rápidamente para hacer contacto visual conmigo y esta vez no me preguntó, “Ya es hora de usar mi regalo” me dijo. “Todavía no es tuyo”, le dije al mismo tiempo que le guiñaba el ojo.
Me llevé la mano a la boca para ensalivar mis dedos, acto seguido utilicé esa saliva para acariciar su ano. Al sentir mi saliva en ese lugar me dirigió una mirada llena de incredulidad. Uno de los dos tiene que ocupar un lugar, tienes dos opciones: penetrarte con el dildo vaginalmente y yo hacerlo analmente, o viceversa, tú eliges. No tuvo que pensarlo demasiado, metió el dildo en su boca para llenarlo de saliva, me lo dió por la base y me dijo: Quiero este atrás.
El dildo escurría de saliva, sin duda hizo un buen trabajo. Paré las embestidas para penetrarla por atrás con su dildo, comencé a empujar suavemente librando una batalla contra la resistencia de su ano de ser penetrado por primera vez, pero vencí. Le metí el dildo casi completamente, sólo quedaba la base asomándose.
Recorrí el camino desde atrás hasta llegar nuevamente a su boca. Ella la abrió y volví a meter mi miembro. En esa posición, tipo doggy style, alcanzaba a vislumbrar el dildo metido en su trasero, así que mientras ella mamaba mi verga decidí mover la base del dildo circularmente, imaginando cómo la punta le estaría tocando por dentro. Al hacerlo ella suspiró levemente, lo suficiente para abrir la boca y dejarme salir. Regresé a mi posición original detrás de ella y decidí meter mi miembro nuevamente en su vagina.
Fue un proceso un poco complicado ya que el dildo ocupaba cierto espacio que yo necesitaba, aún así, decidido, comencé a empujar la cabeza de mi miembro hacia dentro, fue complicado, pero nuevamente vencí. Su cara dibujaba una mueca de dolor al sentir la doble penetración, su dildo en el ano y mi miembro en su vagina, me gustó tanto verla así que por poco termino. Recuperé la calma y seguí a lo mío. Con movimientos muy suaves entraba y casi salía por completo, la sensación de la presión generada por el dildo que le había ensartado era muy placentera, sentía cómo sólo una fina capa de piel nos separaba.
Poco a poco la expresión de su cara cambió, el dolor iba desapareciendo. Fóllame... - me dijo con lo que parecía apenas un hilillo de voz – Fóllame... - Volvió a suplicar -. Yo todavía tenía una sorpresa más.
Tomé el dildo por la base y le di un giro. El dildo comenzó a vibrar muy suavemente, ella volvió a gemir de placer con lo que le quedaba de voz. Por mi parte comencé a recobrar el ritmo del mete y saca, no muy brusco, sólo lo suficiente. Ella seguía gimiendo -dame más... dame más...- lo decía con los ojos cerrados y su cara clavada en la almohada -más...-. Giré nuevamente la base del dildo hasta la máxima potencia, que cual juguete elegante no era demasiada, sólo la justa para vibrar en el contorno de su ano de forma deliciosa. El cosquillego llegaba hasta la punta de mi miembro. Seguí follándola, metiendo y sacando, sintiendo el cosquilleo por la vibración del dildo, el calor de su vagina apretandome cada vez más y más. Estoy a punto de terminar, me dijo y los suaves gemidos no se hicieron esperar, sentía en mi miembro la contracción de sus músculos vaginales y yo también terminé.
Terminé dentro de ella, sentía como salían disparados chorros de semen... No le dije nada al respecto. Me separé de ella que seguía con la cabeza engullida por las almohadas, con su culito todavía en posición. Me alejé y ví cómo mi semen comenzaba a salir, un pequeño chorro que se deslizó por sus muslos y otro tanto comenzaba a gotear hasta las sábanas blancas de nuestra cama.
Bebí otro sorbo de vino. Ahora sí, es tuyo – le dije -. Mientras giraba de vuelta la base del dildo para que dejara de vibrar.
Gracias – dijo – cerrando los ojos y sonriendo.
<< FIN >>
MrDeath36.
Este relato está inspirado y dedicado a ReAtrevidah_96
11年前