Mi amor, te confieso por qué lo hice- 2da p
(continuación de "Mi amor, te confieso por qué lo hice Parte I)
Mi amor, al día siguiente, cuando te levantaste, con una resaca horrible, yo no podía aguantarme las ganas de cogerte. Tuve que hacerme unas cuantas pajas recordando como ese taxista te había manoseado y te había acabado en la cara mientras tenía su verga entre tus tetas. Pero no podía ni siquiera tocarte, te habías pasado mucho la noche anterior y tenías que pagar las consecuencias.
La verdad que durante una semana tuve el teléfono del tachero en la mano y en la mente, más que nada. No me decidía a actuar, a dar un paso más, pasé muchas noches sin dormir, y pajeándome con el recuerdo de su leche cerca de tu boca y tu nariz, de tus pezones marcados un poco por sus dientes. Así que al final me decidí y un lunes al mediodía le mandé un mensaje de texto:
-¿Cómo hacemos?-le mandé. A los 20 minutos recibí por toda respuesta:-Pasate por la esquina de Alberdi y Centenera en 15 minutos.
La verdad que no pude evitar hacerle caso. Llegué a esa esquina, y ahí estaba su taxi. Me invitó a subir y me llevó a cinco cuadras, a una parrillita mínima. La misma era la parrilla propiamente dicha, una barra, cuatro mesas adentro y dos puertas al fondo. Nos sentamos en una mesa, él pidió, sin consultarme, dos porciones de vacío, unas fritas, vino y soda. No emitió palabra hasta que terminamos de comer. Cuando picó la última papa, me dijo:
-¿Te llenaste?Yo hoy sí. Pero la otra vez, con tu esposa, me quedé con hambre. Y no porque las porciones no fueran generosas, la verdad que tiene unas gomas como pocas veces vi, y muchas menos chupé, y una concha gordita y preciosa, pero me resultó poco con lo que le quería hacer.
-Me imagino, pero vos me dijiste que te llame si quería que ella hiciera algo despierta y encima lo gozara. La verdad que no sé cómo pero me animé y ahora vine. Así que te escucho.
-Bueno, decime, ella ahora ¿qué está haciendo?
-Mirá, está en el trabajo, en una hora sale.
-Dame tu celular, hago un llamado y te lo devuelvo.
-Así nomás, ¿tanta fe te tenés?
-¿Ves las dos puertas? Una es el baño, la otra el depósito. Te garantizo que atrás de esa puerta, la del depósito, te vas a hacer las mejores pajas de tu vida en menos de dos horas, o dejo de ser taxista y de llamarme Roque.
Le di el celular. Por supuesto, me pidió que le marcara tu número. Ahí fue cuando te avisó que tenía mi celular, que por una hora iba a estar ahí pero que después se iba a ir al interior por un mes, así que tenías que ir ya. Me contaste que me trataste de ubicar en la oficina para avisarme y que fuera yo, no me encontraste, y no te quedó otra que ir.
-Bueno pibe, me imagino que tenés fotos de ella en bolas, mostrame donde y como llegar.
Le mostré tus fotos, tus videos, y la forma de acceder. A esa altura, estaba demasiado caliente como para pensar. Cuando faltaban 10 minutos para la hora pactada de tu llegada, la clientela se reducía a él, y dos tipos más, uno de 45 y otro de veintipocos, que estaban almorzando. El parrillero ya estaba empezando a guardar las cosas y a bajar la persiana, solo quedaba la puerta abierta.
-Espero que no le de miedo entrar-le dije.
-Vos tranquilizate, será tu primera vez pero no la mía. Andá metiendote en el depósito y acomodate como para ver por el picaporte.
Me limité a obedecer. Vos llegaste a los pocos minutos, entraste y preguntaste su nombre. A simple vista estabas vestida discretamente, pero yo sabía que debajo de la pañoleta estabas con una musculosa blanca muy escotada y un poquito transparente, y que abajo del jean tenías una tanguita negra bastante chica. Aunque con el culo enorme que tenés todas las tangas parecen muy chicas.
-Pasá, sentate, ¿querés tomar algo?
-No, gracias, estoy un poco apurada.
-¡Qué pena, porque quería hablar de algo muy importante con vos!
-¿Conmigo?
-Sí, quería decirte (y subió el volumen para que no quedaran dudas de que quería que los demás escucharan con claridad) que por más que ahora te tapes yo sé que tenés unas gomas tremendas, es más, sé que tus pezones son grandes y rosados.
Por la mirilla vi tu cara. Te quedaste helada. Cuando te levantaste para irte, vi como los otros dos tipos, que no sabía que iban a participar, te agarraron de los brazos.
-Sentate, te conviene. Te llamé a vos porque eras el último número marcado, y mientras te esperaba revisé y me encontró con las fotos de una chica potente, con cara de puta, bien tetona y culona. Le vi la concha y el orto bien abiertos, la vi con consoladores por todos lados, y chupando una pija. Y de golpe veo entrar a esa mina por la puerta.
-Esas fotos son privadas de mi marido y mías, no son para que las vea nadie más. Quedatelo pero dejenme ir-les dijiste.
-Te propongo otra cosa, dejanos verte en corpiño, a nosotros tres y al señor parrillero, te damos el celular y te vas. La otra opción es que me lo dejes, y yo le mande estas fotos a todos los contactos de este teléfono, que tus conocidos te vean así, a vos y a la otra...
-¿Qué otra?-le preguntaste, y me pregunté yo también.
-La otra mina de la que hay fotos. La flaquita de buen culo.
-A ver, mostrame.
-No, piba. Nada es gratis. Aceptá la oferta o no, pero no se modifica.
Vi la duda en tu cara. Pediste ir al baño porque te estabas descomponiendo. Del depósito había una ventanita muy chica, de la que se podía ver algo del baño. Mi curiosidad pudo más y te espié. Te vi lavarte la cara, respirar hondo, y, cosa que no podía prever, te sacaste la pañoleta, la musculosa, y te quedaste con un corpiño bastante bien armado, de color violeta. Te acomodaste las tetas, te subiste el pantalón para que te tapara un poco de panza, en pocas palabras, ¡te preparaste para esos tipos!
Saliste del baño y todos menos el parrillero te empezaron a silbar y a aplaudir. La puerta del lugar ya estaba puesta. Yo venía pajeandome lento, para aguantar, pero en ese momento no pude evitar acelerar el ritmo. Roque te pidió que te acercaras un poco y te dijo: "sonreí, que te voy a dar el teléfono". Vos no te dabas cuenta de que uno de los de la otra mesa, el más grande, tenía su teléfono en la mano, y el otro, el pendejo, estaba atrás tuyo. Cuando sonreiste, te sacaron una foto, que te mostraron instantáneamente, donde vos en corpiño estabas delante de otro tipo.
-Bueno piba, acá tenés el celular de tu marido, como arreglamos. Te podés ir, te recomendaría que te pusieras la musculosa, je je.
-¿Qué es esa foto que me sacaron?¡Denmela ya! Yo cumplí mi parte.
-Sí, y acá te doy el celular, lo que pactamos. Pero si no querés que esta foto la vea tu marido, vas a tener que ser más generosa con nosotros.(Mientras me pajeaba como loco, viendo que seguías en corpiño como si nada, pensaba "si supieras...").
-¡Son unos hijos de puta!
-Para que veas que somos buenos, elegí vos como nos querés recompensar por borrar esa foto adelante tuyo.
-¿Y cómo sé que no van a sacar otras?
-Mirá, voy a juntar todos los celulares y los voy a dejar en ese depósito.
Por un instante pensé que me iba a delatar, me quería morir. Pero no, abrió la puerta apenas y metió los celulares. Por supuesto que empecé a filmar, como pude, con uno de los suyos.
Cuando volvió, les hiciste tu oferta:
-No me queda otra. Sáquenme el corpiño y mirenmelas.
-¿Y quién querés que te lo saque?
-Me da lo mismo, no la hagan más difícil.
-Bueno, eh, aceleremos. Que venga él.-dijiste señalando al cuarentón.
El tipo se acercó y te lo desabrochó. Tus gomas saltaron y los pezones estaban durísimos.
-Se ve que mal no la estás pasando-dijo el cuarentón. Y vos tampoco, dijo mirando hacia el pendejo.
En ese momento, los dos miramos hacia él, porque no nos habíamos dado cuenta que había sacado la verga y se estaba pajeando. Cuando vi eso, acabé por primera vez, en el piso. Vos hiciste como que dejabas de mirar, pero yo sé que la vista se te iba.
-¿Ya me puedo vestir?
-No piba, con esto no alcanza. Ver ya las habíamos visto, queremos más. Te las queremos tocar y lamer, unos vamos a hacer una cosa y otros otra, vos elegí.
-¿Otra vez lo mismo? Son insufribles. Paren por favor.-dijiste casi gritando, pero se notaba que un poco actuabas. No te olvides que hace un rato te habías "arreglado" para ellos.
-Elegí.
-Bueno, ustedes dos (el pendejo y Roque) toquenme y este que me sacó el corpiño y el parrillero me pueden lamer. ¿Contentos?
-Mirá, el parrillero no jugaba, pero si te morís de ganas lo sumamos...-te gastó Roque.
-No, por favor, -dijiste sonrojada. Yo sé que el parrillero, morocho, treintañero y fundamentalmente indiferente, te debe haber calentado.
-Entonces yo voy a lamerte en su lugar-dijo Roque.
Yo tenía la mano acalambrada. Vi como Roque y el pendejo, que seguía con la verga afuera, se acercaron para tocarte.
-¿Por turnos o al mismo tiempo?
-¡Al mismo tiempo!-gritaste sin pensar. Después razonaste un poco y dijiste: "Así terminan antes, por eso lo digo".
Roque se acercó por la derecha y con una mano te acariciaba la espalda y con la otra la teta derecha. Vos seguías de pie pero te temblaban las rodillas. El pendejo se acercó y te empezó a tocar la izquierda pero más tosco. Encima te refregaba la verga, ya con líquido preseminal, por el pantalón.
-Me vas a ensuciar el pantalón-le dijiste
-Sacátelo-te respondió sin inmutarse.
No sé si fue que no querías ensuciar el jean, o que querías vengarte por las supuestas fotos de otra mina, pero en lugar de sacarte el pantalón le corriste la pija con la mano y lo empezaste a pajear, sin decir nada. El cuarentón, al ver eso, sacó la verga también, se te acercó y te empezó a lamer las gomas, sin esperar que los otros dejaran de tocártelas. Su pija era más corta pero mucho más gruesa que la del pibe, como te gustan a vos. Vi como la miraste, y también como Roque suavemente tomó tu mano y la puso sobre la verga del otro. Empezaste a pajearlos a los dos y ya las reglas de quién te manoseaba y quién te lamía se rompieron, y mientras yo acababa por segunda vez vos tenías sus manos y sus bocas en tus tetas, las lenguas, pasaban por tus aureolas, tus pezones duros, por el hueco, hasta que empezaron a subir por tu cuello, y Roque fue el primero en besarte en la boca, vos hacías como que la cerrabas, y después siguieron los otros dos. Al rato de estar así, el pendejo primero y el otro después acabaron. Roque seguía con el pantalón puesto, y el parrillero seguía mirando. Cuando acabaron, Roque los miró a los ojos y ellos solos fueron al depósito, un poco más brutos, yo me mandé para el fodo, agarraron sus celulares y sin decir nada se fueron.
-¿Ya está?¿Me puedo ir?-dijiste con la vos entrecortada.
CONTINUARÁ...
Mi amor, al día siguiente, cuando te levantaste, con una resaca horrible, yo no podía aguantarme las ganas de cogerte. Tuve que hacerme unas cuantas pajas recordando como ese taxista te había manoseado y te había acabado en la cara mientras tenía su verga entre tus tetas. Pero no podía ni siquiera tocarte, te habías pasado mucho la noche anterior y tenías que pagar las consecuencias.
La verdad que durante una semana tuve el teléfono del tachero en la mano y en la mente, más que nada. No me decidía a actuar, a dar un paso más, pasé muchas noches sin dormir, y pajeándome con el recuerdo de su leche cerca de tu boca y tu nariz, de tus pezones marcados un poco por sus dientes. Así que al final me decidí y un lunes al mediodía le mandé un mensaje de texto:
-¿Cómo hacemos?-le mandé. A los 20 minutos recibí por toda respuesta:-Pasate por la esquina de Alberdi y Centenera en 15 minutos.
La verdad que no pude evitar hacerle caso. Llegué a esa esquina, y ahí estaba su taxi. Me invitó a subir y me llevó a cinco cuadras, a una parrillita mínima. La misma era la parrilla propiamente dicha, una barra, cuatro mesas adentro y dos puertas al fondo. Nos sentamos en una mesa, él pidió, sin consultarme, dos porciones de vacío, unas fritas, vino y soda. No emitió palabra hasta que terminamos de comer. Cuando picó la última papa, me dijo:
-¿Te llenaste?Yo hoy sí. Pero la otra vez, con tu esposa, me quedé con hambre. Y no porque las porciones no fueran generosas, la verdad que tiene unas gomas como pocas veces vi, y muchas menos chupé, y una concha gordita y preciosa, pero me resultó poco con lo que le quería hacer.
-Me imagino, pero vos me dijiste que te llame si quería que ella hiciera algo despierta y encima lo gozara. La verdad que no sé cómo pero me animé y ahora vine. Así que te escucho.
-Bueno, decime, ella ahora ¿qué está haciendo?
-Mirá, está en el trabajo, en una hora sale.
-Dame tu celular, hago un llamado y te lo devuelvo.
-Así nomás, ¿tanta fe te tenés?
-¿Ves las dos puertas? Una es el baño, la otra el depósito. Te garantizo que atrás de esa puerta, la del depósito, te vas a hacer las mejores pajas de tu vida en menos de dos horas, o dejo de ser taxista y de llamarme Roque.
Le di el celular. Por supuesto, me pidió que le marcara tu número. Ahí fue cuando te avisó que tenía mi celular, que por una hora iba a estar ahí pero que después se iba a ir al interior por un mes, así que tenías que ir ya. Me contaste que me trataste de ubicar en la oficina para avisarme y que fuera yo, no me encontraste, y no te quedó otra que ir.
-Bueno pibe, me imagino que tenés fotos de ella en bolas, mostrame donde y como llegar.
Le mostré tus fotos, tus videos, y la forma de acceder. A esa altura, estaba demasiado caliente como para pensar. Cuando faltaban 10 minutos para la hora pactada de tu llegada, la clientela se reducía a él, y dos tipos más, uno de 45 y otro de veintipocos, que estaban almorzando. El parrillero ya estaba empezando a guardar las cosas y a bajar la persiana, solo quedaba la puerta abierta.
-Espero que no le de miedo entrar-le dije.
-Vos tranquilizate, será tu primera vez pero no la mía. Andá metiendote en el depósito y acomodate como para ver por el picaporte.
Me limité a obedecer. Vos llegaste a los pocos minutos, entraste y preguntaste su nombre. A simple vista estabas vestida discretamente, pero yo sabía que debajo de la pañoleta estabas con una musculosa blanca muy escotada y un poquito transparente, y que abajo del jean tenías una tanguita negra bastante chica. Aunque con el culo enorme que tenés todas las tangas parecen muy chicas.
-Pasá, sentate, ¿querés tomar algo?
-No, gracias, estoy un poco apurada.
-¡Qué pena, porque quería hablar de algo muy importante con vos!
-¿Conmigo?
-Sí, quería decirte (y subió el volumen para que no quedaran dudas de que quería que los demás escucharan con claridad) que por más que ahora te tapes yo sé que tenés unas gomas tremendas, es más, sé que tus pezones son grandes y rosados.
Por la mirilla vi tu cara. Te quedaste helada. Cuando te levantaste para irte, vi como los otros dos tipos, que no sabía que iban a participar, te agarraron de los brazos.
-Sentate, te conviene. Te llamé a vos porque eras el último número marcado, y mientras te esperaba revisé y me encontró con las fotos de una chica potente, con cara de puta, bien tetona y culona. Le vi la concha y el orto bien abiertos, la vi con consoladores por todos lados, y chupando una pija. Y de golpe veo entrar a esa mina por la puerta.
-Esas fotos son privadas de mi marido y mías, no son para que las vea nadie más. Quedatelo pero dejenme ir-les dijiste.
-Te propongo otra cosa, dejanos verte en corpiño, a nosotros tres y al señor parrillero, te damos el celular y te vas. La otra opción es que me lo dejes, y yo le mande estas fotos a todos los contactos de este teléfono, que tus conocidos te vean así, a vos y a la otra...
-¿Qué otra?-le preguntaste, y me pregunté yo también.
-La otra mina de la que hay fotos. La flaquita de buen culo.
-A ver, mostrame.
-No, piba. Nada es gratis. Aceptá la oferta o no, pero no se modifica.
Vi la duda en tu cara. Pediste ir al baño porque te estabas descomponiendo. Del depósito había una ventanita muy chica, de la que se podía ver algo del baño. Mi curiosidad pudo más y te espié. Te vi lavarte la cara, respirar hondo, y, cosa que no podía prever, te sacaste la pañoleta, la musculosa, y te quedaste con un corpiño bastante bien armado, de color violeta. Te acomodaste las tetas, te subiste el pantalón para que te tapara un poco de panza, en pocas palabras, ¡te preparaste para esos tipos!
Saliste del baño y todos menos el parrillero te empezaron a silbar y a aplaudir. La puerta del lugar ya estaba puesta. Yo venía pajeandome lento, para aguantar, pero en ese momento no pude evitar acelerar el ritmo. Roque te pidió que te acercaras un poco y te dijo: "sonreí, que te voy a dar el teléfono". Vos no te dabas cuenta de que uno de los de la otra mesa, el más grande, tenía su teléfono en la mano, y el otro, el pendejo, estaba atrás tuyo. Cuando sonreiste, te sacaron una foto, que te mostraron instantáneamente, donde vos en corpiño estabas delante de otro tipo.
-Bueno piba, acá tenés el celular de tu marido, como arreglamos. Te podés ir, te recomendaría que te pusieras la musculosa, je je.
-¿Qué es esa foto que me sacaron?¡Denmela ya! Yo cumplí mi parte.
-Sí, y acá te doy el celular, lo que pactamos. Pero si no querés que esta foto la vea tu marido, vas a tener que ser más generosa con nosotros.(Mientras me pajeaba como loco, viendo que seguías en corpiño como si nada, pensaba "si supieras...").
-¡Son unos hijos de puta!
-Para que veas que somos buenos, elegí vos como nos querés recompensar por borrar esa foto adelante tuyo.
-¿Y cómo sé que no van a sacar otras?
-Mirá, voy a juntar todos los celulares y los voy a dejar en ese depósito.
Por un instante pensé que me iba a delatar, me quería morir. Pero no, abrió la puerta apenas y metió los celulares. Por supuesto que empecé a filmar, como pude, con uno de los suyos.
Cuando volvió, les hiciste tu oferta:
-No me queda otra. Sáquenme el corpiño y mirenmelas.
-¿Y quién querés que te lo saque?
-Me da lo mismo, no la hagan más difícil.
-Bueno, eh, aceleremos. Que venga él.-dijiste señalando al cuarentón.
El tipo se acercó y te lo desabrochó. Tus gomas saltaron y los pezones estaban durísimos.
-Se ve que mal no la estás pasando-dijo el cuarentón. Y vos tampoco, dijo mirando hacia el pendejo.
En ese momento, los dos miramos hacia él, porque no nos habíamos dado cuenta que había sacado la verga y se estaba pajeando. Cuando vi eso, acabé por primera vez, en el piso. Vos hiciste como que dejabas de mirar, pero yo sé que la vista se te iba.
-¿Ya me puedo vestir?
-No piba, con esto no alcanza. Ver ya las habíamos visto, queremos más. Te las queremos tocar y lamer, unos vamos a hacer una cosa y otros otra, vos elegí.
-¿Otra vez lo mismo? Son insufribles. Paren por favor.-dijiste casi gritando, pero se notaba que un poco actuabas. No te olvides que hace un rato te habías "arreglado" para ellos.
-Elegí.
-Bueno, ustedes dos (el pendejo y Roque) toquenme y este que me sacó el corpiño y el parrillero me pueden lamer. ¿Contentos?
-Mirá, el parrillero no jugaba, pero si te morís de ganas lo sumamos...-te gastó Roque.
-No, por favor, -dijiste sonrojada. Yo sé que el parrillero, morocho, treintañero y fundamentalmente indiferente, te debe haber calentado.
-Entonces yo voy a lamerte en su lugar-dijo Roque.
Yo tenía la mano acalambrada. Vi como Roque y el pendejo, que seguía con la verga afuera, se acercaron para tocarte.
-¿Por turnos o al mismo tiempo?
-¡Al mismo tiempo!-gritaste sin pensar. Después razonaste un poco y dijiste: "Así terminan antes, por eso lo digo".
Roque se acercó por la derecha y con una mano te acariciaba la espalda y con la otra la teta derecha. Vos seguías de pie pero te temblaban las rodillas. El pendejo se acercó y te empezó a tocar la izquierda pero más tosco. Encima te refregaba la verga, ya con líquido preseminal, por el pantalón.
-Me vas a ensuciar el pantalón-le dijiste
-Sacátelo-te respondió sin inmutarse.
No sé si fue que no querías ensuciar el jean, o que querías vengarte por las supuestas fotos de otra mina, pero en lugar de sacarte el pantalón le corriste la pija con la mano y lo empezaste a pajear, sin decir nada. El cuarentón, al ver eso, sacó la verga también, se te acercó y te empezó a lamer las gomas, sin esperar que los otros dejaran de tocártelas. Su pija era más corta pero mucho más gruesa que la del pibe, como te gustan a vos. Vi como la miraste, y también como Roque suavemente tomó tu mano y la puso sobre la verga del otro. Empezaste a pajearlos a los dos y ya las reglas de quién te manoseaba y quién te lamía se rompieron, y mientras yo acababa por segunda vez vos tenías sus manos y sus bocas en tus tetas, las lenguas, pasaban por tus aureolas, tus pezones duros, por el hueco, hasta que empezaron a subir por tu cuello, y Roque fue el primero en besarte en la boca, vos hacías como que la cerrabas, y después siguieron los otros dos. Al rato de estar así, el pendejo primero y el otro después acabaron. Roque seguía con el pantalón puesto, y el parrillero seguía mirando. Cuando acabaron, Roque los miró a los ojos y ellos solos fueron al depósito, un poco más brutos, yo me mandé para el fodo, agarraron sus celulares y sin decir nada se fueron.
-¿Ya está?¿Me puedo ir?-dijiste con la vos entrecortada.
CONTINUARÁ...
11年前