Dos padres, dos hijos, dos historias...

(Gracias K...)



Ángel y Rogelio…

El padre se despertó sobresaltado, no sabía que pasaba, pero algo le había despertado. Miró el despertador. Eran las tres de la mad**gada. Se incorporó en la cama y escuchó en el silencio de la noche. Entonces lo oyó...Un sollozo... luego otro.

Su hijo estaba llorando en su habitación. Desde la ****** de su esposa, hace ocho años, en la casa sólo vivían los dos. Sólo podía ser su hijo. Pero ya tenía 18 años y era un hombre, alto, fuerte, muy bien desarrollado para su edad, a lo mejor demasiado desarrollado, muy viril y deportista. Era todo un orgullo para él.

Ángel había tenido a su hijo muy joven, con 20 años. Ahora tenía 38. Había una diferencia de edad pero él era todavía un hombre joven de muy buen ver. Moreno, delgado, si acaso, un poco demasiado velludo (era su opinión, no del todo cierta). Gracias a las sesiones deportivas a las que acompañaba a su hijo desde jovencito, su cuerpo estaba francamente bien formado…

El hijo lloraba desesperadamente. Adoraba a su padre. Lo quería con toda su alma, pero desde hacía tiempo se había dado cuenta que estaba totalmente enamorado de su progenitor. Al principio, sus sentimientos le parecían normales. Le quería, estaba a gusto con él, desde pequeño se bañaban juntos, su padre le enjabonaba y le acariciaba.

Su padre le enseñó entre juegos a enjabonarle a él, sin malicia, un juego entre los dos, lo mismo que dormir juntos y abrazarse cuando Rogelio tenía miedo y dormir así… juntos. El calor de su padre y el roce de su piel lo protegía y le relajaba. Pero cuando fue creciendo, el hijo fue sintiendo algo diferente.

La proximidad de su padre le excitaba y tenía que separarse de él. No quería que eso ocurriera. Pero era irremediable. La piel de su padre, el calor de su cuerpo, ese vello corporal que le envolvía con ternura cada vez le excitaba más. No podía pensar en no estar cerca de él. Volvía de la universidad o de hacer deporte o de estar con sus amigos con la ansiedad de encontrarse con él, besarle, acariciarle el pelo o el pecho, sentarse junto a él en el sofá viendo la televisión, el brazo de su padre sobre sus hombros y él con su cabeza apoyada en el caliente y tierno pecho de su padre, aspirando el olor de su piel.

Con temor se dio cuenta, al cabo del tiempo, que estaba totalmente y locamente enamorado de su padre. Y eso era impensable e imposible y eso mismo le desesperaba. Algo ********* e inaccesible desde todo punto de vista.

Tuvo algunos ataques de ansiedad cuando notaba que se excitaba cuando le acariciaba con ternura los hombros, la cabeza e, incluso, con inocencia, los muslos ya viriles y fuertes. Había veces que se levantaba con rabia y se iba a su cuarto. El padre no le daba importancia al pensar que eran cosas de la edad. Pero lloraba en su cuarto o en el baño con desesperación al saber que lo que estaba ocurriendo era imposible de realizarse.
Ángel se levantó preocupado y fue al cuarto del hijo. Se paró en la puerta para escuchar y efectivamente su hijo estaba llorando desconsoladamente. Abrió la puerta con cuidado. El chico estaba en la cama abrazado a la almohada. Respiraba entrecortadamente y gemía desconsoladamente.

El hijo se dio cuenta de que el padre había entrado en la habitación y se encogió aún más adoptando una posición fetal.

El padre se acercó a su hijo: Rogelio hijo, ¿qué te pasa?

El hijo le contestó que nada y el padre se acercó aún más a la cama se sentó en ella y le acarició el pelo con ternura. -Hijo, dime que te pasa por favor. No puedo verte llorar así sin saber que te sucede- El padre abrazó al hijo y le puso la cabeza en su pecho para acariciarle la cabeza con delicadeza y le besó en la sien.

El hijo quería deshacerse del abrazo del padre pero a la vez necesitaba su abrazo, su calor y sus besos

-No pasa nada papá- dijo el hijo- de verdad. Pero se ahogó en un gemido y volvió a llorar con amargura.

-Por favor, dime que te pasa no puedo verte así- dijo el padre y le besó con ternura en la frente.

-No puedo decírtelo papá

-¿Has hecho algo malo?

-No. No es eso…

-¿Entonces, qué te pasa?

-No puedo decírtelo…

El padre lo volvió a besar y a acariciar la cabeza. Ese pelo suave, negro y ondulado. Le besó con cariño en la cabeza oliendo el aroma de su cabello.

- Por favor, ya sabes cuánto te quiero, no puedo verte así…

El hijo le cortó diciéndole: tú me quieres papá, pero yo te amo…y con un gemido acomodó la cabeza en el pecho de su padre como cuando era pequeño. Aquel pecho cálido y mullido era lo único que en ese momento le calmaba la angustia que le comía por dentro.

-Es lo mismo.

El hijo, dejándose acariciar le respondió - No, no es lo mismo, ni mucho menos…Desde hace tiempo sé que no puedo vivir sin ti…

-Yo tampoco…

El hijo se secó las lágrimas, ahora estaba más tranquilo, con el sólo contacto con su padre y las caricias que estaba recibiendo, el ánimo se fue calmando.

-Cállate papá por favor… ahora que he comenzado, déjame hablar. Me he dado cuenta de que el cariño o amor que sentía por ti ha cambiado, yo no quería que pasara, de verdad, pero desde hace tiempo también pienso en ti como hombre. Te deseo, te amo… Y no podré vivir sin ti, sin poder amarte…
En ese momento y con un movimiento rápido, el hijo apartó el tirante de la camiseta de su padre y dejando el pezón al descubierto se lo besó.

El padre tuvo una reacción extraña pero no desagradable. Su hijo le había besado en el pecho. Nada más. El acarició otra vez su cabeza.

Pero ahora el hijo le chupaba la punta del pezón con su lengua y notó una descarga que le llegó hasta los genitales. ¡¿Qué estaba pasando?!...

Su hijo le acababa de decir que estaba enamorado de él. Le estaba mamando el pezón con lujuria y a él le había excitado hasta el punto de soltar un discreto chorro de líquido pre seminal. Esto no podía estar pasando. Y mientras, su hijo le mordía con lujuria el pezón…

-Hijo por favor, estate quieto, por favor… esto no puede ser…

Dejó el pezón un momento y le preguntó -¿Por qué no?...- y le mordió esa montañita oscura de sabor salado, rodeada de vello que le enloquecía.

El padre quiso morir de excitación y el hijo también se excitó al darse cuenta de que le causaba tanto placer al padre. Mientras mordía un pezón pellizcaba el otro sobre la camiseta como si fuera una pequeña montañita blanca surcada por el canal de la tela… La angustia anterior que había sentido el padre daba paso a otra sensación… Una excitación tan salvaje que ya no podría parar.

-Hijo por favor déjalo ya…suplicó el padre, pero se derretía de placer.

El hijo levantó una mano y le tapó la boca a su padre…

–Papá, por favor, calla…ahora no…calla.

Se incorporó y acercándose a la cara de su padre quitó la mano y le besó en los labios. Fue una caricia breve. Retiró la cara para ver la reacción de su padre…

El padre se estremeció. Esos labios suaves y tan queridos. . . Cerró los ojos. El breve beso fue tan placentero que cerró los ojos y se dejó hacer…esperar a que su hijo hiciera… ¿Qué?...

El hijo miró al padre y le vio tan guapo, con los ojos cerrados, y con una cara de placer que no pudo reprimir la necesidad de volver a besarle…y le besó. Acercó sus labios a los de su padre lentamente, esos labios que tanto había deseado, sintiendo un placer inexplicable, los labios de su padre junto a los suyos, cálidos, tiernos, los conocía de siempre pero nunca había experimentado la sensación de tenerlos juntos, labios contra labios… y se abrieron lentamente.

El hijo lamió la rendija de la paterna boca en la que se dejaban ver los blancos dientes de su padre y la lengua se abrió paso entre ellos para adentrarse en la boca y éste cedió. Poco a poco abrió la boca para llenarse de la lengua de su hijo y lamérsela con tranquilidad, con placer infinito e i****tuoso placer...

Las lenguas se encontraron y se acariciaron intercambiando saliva. Se lamieron y se mordieron los labios. Primero lentamente, luego apasionadamente, luego con ansia y luego la lujuria y el deseo se desenfrenó. Se lamían, se mordían, se babeaban hasta que sus labios y su cara chorreaban saliva. Gemían de pasión. El hijo mordía el cuello a su padre y éste, a la vez, le mordía el lóbulo de la oreja con saña, con fuerza.

El hijo no pudo contener la tentación de buscar la herramienta que le dio la vida y metió la mano por la bragueta del pantalón del pijama de su padre para encontrarla dura, grande, caliente y húmeda. Nunca sabría cómo explicar la sensación que sintió en ese momento. Aquel objeto del deseo desde hacía tiempo ahora era suyo. Fuerte, varonil y suave, muy suave, una piel de seda húmeda y flexible que bajó con delicadeza para dejar expuesto el voluminoso glande chorreante, rosa y perfecto que le había creado.

El padre no se lo esperaba, dio un pequeño respingo y dijo

- Hijo… por favor… no, no sigas...

Por una parte, lo decía con sinceridad, no sabía cómo podía acabar aquello pero por otra parte, el placer le estaba desbordando y no quería parar. La excitación que le estaba proporcionando el ser que más quería del mundo era irrenunciable. Era una aberración pero tan, tan placentera, tan excitante, tan llena de lujuria…
El hijo conocía a la perfección el miembro de su padre porque la había visto infinidad de veces desde que se hizo cargo de él, cuando le bañaba, cuando le aseaba. Casi siempre se desnudaban en el baño para no mojarse la ropa y, desnudos los dos, se bañaban, se enjabonaban, se mostraban uno al otro… sin ninguna maldad… y así, muchos años.

Conocía físicamente la verga de su padre, hermosa con esas venas marcadas, de piel oscura, sin circuncidar, de buen tamaño y rodeada de vello oscuro que subía por su vientre hasta el pecho y desde allí se extendía a las axilas formando dos pequeños bosques oscuros, húmedos y cálidos. Pero sobre todo a Rogelio le encantaba el vello que cubría sus piernas. Esas piernas si las había acariciado muchas veces con la disculpa de hacerle masajes, al igual que a sus pies, objetos de su secreto deseo y devoción.

Mientras se embarraban en saliva las bocas, el hijo desabrochó el pequeño botón que abría el pantalón del pijama para abrir la puerta del placer y del morbo, tomó el duro miembro en sus manos y lo contempló un momento, un momento que hozo desearlo más, acariciarlo más, suave y lentamente bajó el prepucio y acarició el glande. Se mojó la punta de los dedos y se los llevó a la boca, se mojó los labios y se los dio a probar a su padre. Así una vez y otra haciéndose participes del mismo sabor, uniéndoles el sabor y olor paterno. Luego hizo lo mismo con su encharcada cabeza. Cogió líquido con los dedos y se lo dio a probar a su padre, que lo lamió y se regocijó con un gemido.

El padre estaba extasiado ante tal cúmulo de sensaciones...

– Rogelio por favor te lo pido, no sigas…

Pero su voz, los suspiros y su anhelante lengua no hacían creíble lo que decía y su hijo lo sabía y le alimentaba de su jugo, del jugo de su durísima verga y su padre se relamía. El hijo se untaba los labios y compartía la humedad con los de su padre.

Rogelio abandonó la boca del padre. Ya era hora de lamer directamente de ese falo. Bajo la cabeza hacia el pene del padre, que ahora tenía una excitación incontrolada. El prepucio bajado y glande hinchado soltando jugo por su pequeña boca. El hijo sujetó los peludos huevos con una mano apretándolos para provocar una hinchazón mayor en la verga del padre y con la otra bajó por su tronco apretando hacia abajo la piel.

El glande se hinchó y soltó otro más líquido. Dejó que fluyera un poco y con la punta de la lengua lamió el pequeño agujerito de ese pene, sí, de esa verga que le había dado la vida, nunca se sintió más excitado de pronunciarse así mismo la palabra verga, luego, lamió el frenillo para luego meterse el glande entero en la boca.

El padre gimió con fuerza…

– ¡Por Dios! -

Y arqueó levemente la espalda haciendo que su durísima tranca entrara un poco más en la boca de su hijo

– Dios mío…

El hijo sabía que las cartas de la baraja estaban sobre la mesa y a no ser por alguna sorpresa, que estaba seguro que no iba a suceder, la jugada estaba ganada. El sería de su padre y su padre sería suyo…para siempre. Mientras mamaba la deseada verga, oscura, suave, deseable y venosa de su padre sonrió con amor, placer y lujuria…

El padre gemía y acariciaba la cabeza de su hijo haciéndole seguir el ritmo de la mamada. El placer era sublime, pero en el subconsciente algo le decía que no debía hacer aquello…pero su hijo le estaba haciendo llegar al cielo, al que no quería renunciar, un placer nunca soñado, las manos de su hijo acariciaban con fuerza sus huevos y sus pezones. No había sentido algo así nunca, ni con su mujer…eran tan jóvenes entonces e inexpertos… cómo habría aprendido su hijo a hacer sexo de esa manera, a mamar verga de esa manera…

-Hijo… por favor no sigas porque me voy a venir en tu boca.

El hijo dejó de mamar de la verga paterna, se incorporó, beso a su padre intercambiando fluidos y le dijo al oído – Todavía no… queda mucho por hacer, pero ya me la darás más tarde. Si algo llevo tiempo deseando es que me des tu leche.

El padre se sorprendió de lo que acababa de oír pero el hijo le mordió el lóbulo de la oreja y le metió la lengua en el oído. El padre volvió a gemir y a curvar su espalda de puro placer. Y se dejó llevar en manos de su hijo.

Le quitó la camiseta al padre. Aquella camiseta vieja que usaba para dormir y que era objeto de adoración.
Cuantas veces la había olido y se había acariciado con ella. Era la esencia de su padre, su olor, su sudor e incluso, alguna vez, había encontrado entre los pliegues algún vello de su pecho o de su vientre. No era una camiseta, era LA CAMISETA.

La olió con pasión y la dejó en la mesilla. Luego se quitó la suya tirándola al suelo, bajó el pantalón de su padre dejándole desnudo y el hizo lo mismo dejando su verga al aire. Una verga magnífica, una pinche vergota, una que Rogelio deseaba más que ninguna otra, de piel oscura y orificio babeante.

El hijo se subió a horcajadas sobre su padre. Sus muslos apretando las caderas. Sus huevos acariciándose, sus vergas juntas. Le miró y acercando sus labios le besó lengua con lengua, mordisco con mordisco, pene con pene. Suave, lento…

Rogelio miró a su padre observando lo guapo que era. Su piel brillaba de sudor. Se parecían tanto. Su padre era más musculoso, más fuerte, pero muy parecidos entre sí.

El padre miró a su hijo. Era ya todo un hombre. Los rizos se le pegaban a la frente por el sudor, que le resbalaba por el cuello hasta el canalillo peludo del pecho. Era todo un ejemplar. Fuerte, moreno, el vello le cubría los fuertes pechos y bajaba formando un cordón por sus abdominales hasta rodear abundantemente su miembro, que en este momento estaba en su máximo esplendor, grande, fuerte y muy, muy húmedo. No pudo reprimir la tentación, le bajó la piel del prepucio dejando la cabeza fuera, le cogió esa humedad y se la llevó a la boca, quería probar el sabor de aquello que emanaba de la verga de su hijo…

Su hijo se inclinó y le lamió los labios. Las piernas de Rogelio, fuertes y cubiertas de un vello oscuro se apretaban contra sus caderas.

El hijo, al inclinarse para lamer los labios del padre, notó como la dura verga de este se deslizaba por el perineo hasta llegar a la entrada de su culo, humedeciéndolo y provocándole un espasmo de placer.

El padre también gimió de placer al notar la punta de su verga en la entrada del orificio de su hijo, nunca se sintió más emputecido en su vida que en ese momento...

Rogelio se sintió dominador en ese momento, aunque lo que realmente quería era ser dominado por su padre… Pero… Las cosas eran como eran y ahora él dominaba la situación.

Arqueó la espalda y llevó sus manos hacia atrás para acariciar los huevos y la verga de su padre… para acercarla al orificio que boqueaba con ansiedad mojándose del maravilloso líquido que destilaba su padre por el agujerito de la hinchada cabeza de su verga...

- Espera un momento- le dijo a su padre.

Se levantó, fue a su mesa y cogió un frasco de crema hidratante. Volvió a la cama y se puso en la misma postura de antes. Cogió crema y se aplicó una cantidad generosa en la entrada de su culo y luego masajeó la verga de su padre. Lo hizo con suavidad, lubricando bien su tronco y su cabeza.

El padre agonizaba de placer. Ya no se planteaba dudas. Sólo gozaba como un a****l lleno de deseo sexual. Notó como la punta de su capullo tocaba el anillo cerrado, el culo de su hijo y como este dirigía la operación. Gimió con lujuria al notar como la punta entraba en el maravilloso agujero. Abrió los ojos y vio a su hijo arqueado hacia atrás. Las venas de su frente y su cuello eran cordones que pedían ser mordidos, los músculos de sus brazos y su pecho se tensaban, aquello era un espectáculo de i****tuosa belleza, sexo y fuerza indescriptible. Y volvió a cerrar los ojos mientras su hijo introducía su miembro en su cuerpo.

Rogelio quería a su padre dentro de si desde hacía tiempo. Había deseado ese momento con pasión y ahora lo estaba logrando. Tenía la verga de su padre entre las manos y la dirigía dentro de sí mismo. Era la primera vez que le penetraban y él siempre quiso que fuera su padre quien tenía que desvirgarlo. Su amado padre. Y ahora lo estaba logrando.

Agarró la verga de Ángel la apoyó contra su entrada y se la clavó. Poco a poco se la fue introduciendo. El padre gemía, nunca antes sintió su verga tan dura como en ese momento. A él le dolía pero la quería dentro y, aunque le doliera, lo haría. Se relajó. Respiró hondo. Se abrió las nalgas con las manos dilatando la entrada y dejando resbalar el miembro de su padre poco a poco.

Su culo iba recibiendo su regalo, el dolor era poco, era nada comparado con el placer de sentirse poseído por el hombre que más quería en su vida. El tronco llegó al esfínter que todavía no se había dilatado, Rogelio paró, se relajó, a su vez relajó bien el culo y bajó hasta tenerla toda dentro, hasta notar los huevos de su padre en las nalgas. Sí, le dolía, pero se aguantaría para alojar en su interior el miembro que lo creó.

El padre volvió a gemir de placer al notar como su tranca entraba en el interior de su hijo. Como resbalaba hacia dentro, como abría sus nalgas con sus manos para permitir el acceso más fácilmente. El culo se acoplaba a su verga como si fuera un guante. Y fue bajando hasta que notó los huevos de su hijo su verga, su pubis, su vientre, su hijo gimió y se quedó quieto.

El hijo respiró hondo, se relajó. El dolor le paralizaba. Esperó. Poco a poco se fue acomodando a su nuevo intruso. Volvió a respirar. Se inclinó hacia su padre buscando su boca y su padre se la dio, le lamió y presa del placer le mordió el labio. El hijo respondió con lujuria mordiéndole también y notó como el dolor anal iba disminuyendo. Su recto se estaba acoplando a su nuevo invitado y, mientras besaba a su padre, fue moviéndose lentamente arriba y abajo, arriba y abajo, disfrutando el grosor y la dureza de esa verga… de su primera verga…

¿Cómo era posible que aquello que le había dolido tanto ahora le estuviera proporcionando un placer que no había soñado? Era lo más placentero, lo que nunca antes había sentido y se lo estaba regalando su auténtico amor, su hombre, su macho, su cabrón, su padre...

El padre gemía sin control presa del placer que estaba recibiendo. Acariciaba los muslos de su hijo, los abdominales, pellizcaba sus pezones con fuerza, le hacía bajar su cabeza hasta encontrar su boca y lamer su lengua. Ángel estaba fuera de sí y gemía con fuerza, casi gritaba. Y veía a su hijo disfrutar con lujuria de las estocadas que el mismo se estaba metiendo, clavándose repetidamente su durísima verga…
El hijo no pudo más del placer que se estaba produciendo y estalló en un orgasmo bestial. Estalló y estalló, y en cada estallido un espasmo anal apretaba el miembro de su padre. Aquello era algo que nunca se lo podía haber imaginado. Era lo máximo. Era el éxtasis. Entonces notó como su padre se soltaba su leche dentro de él.

El padre bramó, gimió, gritó de placer, en un certero movimiento de cadera clavó toda su verga en el culo de su hijo, después de notar como el ano se contraía cada vez que su hijo escupía un chorro de leche mojándole todo el pecho, el vientre, la cara.

El hijo se dejó caer, le abrazó y le beso en los labios. El padre estaba casi inmovilizado a causa del orgasmo. Le apretaba con fuerza a la vez que su lengua buscaba la de su hijo. Fue un momento tan intenso que comenzó a temblar. Agarraba lo más fuerte que podía a su hijo mientras sus lenguas se lamían.
Luego de esa batalla se quedaron quietos. Abrazados. Mojándose de sudor y semen. Apretados el uno al otro casi ***********es. El padre no quería salir y el hijo no quería que saliera. Quería tenerlo dentro para siempre.

Rogelio comenzó a llorar. Ángel lo abrazó y lo besó

–Mi amor, ¿estás bien?-

El hijo no respondió, no podía articular palabra alguna. Se calmó se apretó a su padre, le beso en los labios y le dijo

- No… no estoy bien, estoy en el cielo-

Quédate dentro de mí para siempre.

El padre sonrió, le beso en la boca, le abrazó y le dijo al oído- Eso mismo quiero yo…
Y se acomodaron juntos, el padre con la verga aun dura dentro del culo de su hijo, se acariciaron suavemente hasta quedarse dormidos.

El padre se despertó notando el calor que despedía el hijo en su espalda y la erección matutina rozándole las nalgas. Se incorporó con cuidado de no despertarlo y se sentó al borde de la cama, se acordaba de todo lo que había sucedido esa noche, la cabeza le daba vueltas. ¿Cómo había podido suceder todo aquello y haberlo consentido? Y lo peor de todo, ¿cómo había podido dejarse llevar por aquella marea de sensaciones y dejarse llevar por la pasión, el deseo y la lujuria, y haber disfrutado como un loco de una experiencia sexual con su hijo?

Bajó la cabeza y se la agarró con las manos. Todo le daba vueltas. ¿Qué iba a hacer ahora?
Se dio la vuelta y lo miró, dormía plácidamente. La hermosura de su hijo le cautivó. Ya no pensaba en él solo como su hijo, sino como hombre, había entrado a un mundo del que no había retorno, al mundo de la homosexualidad, lo miró detenida y pausadamente, era un ejemplar único, joven, fuerte, hermoso y poderoso como un a****l.

Notó como su miembro reaccionaba y lo notaba crecer sobre su muslo. Apartó la mirada y volvió a pensar en qué haría de ahora en adelante. Hablaría con él y le diría que eso no podría ser. No se arrepentía de lo sucedido, pero, sinceramente, no sabía cómo manejar esa nueva situación que se le estaba yendo de las manos y que quería retener lo más posible.

Su hijo se movió entre sueños. El padre lo volvió a mirar. Era un ser espléndido. El hijo medio abrió los ojos entre sueños, le miró, le sonrió y le acarició el brazo. Papá- dijo- ven- y siguió durmiendo. Ángel sonrió ante aquel maravilloso espectáculo. Se levantó de la cama y salió de la habitación. Necesitaba beber agua fría. Así desnudo y sintiendo su miembro endurecido fue a la cocina, bebió y luego regresó a su habitación y se acostó en su cama. No dejaba de pensar en lo sucedido esa noche.

Los besos, las caricias, la pasión anal que su hijo había disfrutado con él. Y la gran eyaculación que había tenido lugar por parte de los dos hizo que volviera a excitarse, a sentir su verga tan dura como en ese momento. Quiso apartar esos pensamientos, se tapó con la sábana y se abrazó a si mismo queriendo dormir y olvidar.

-Papa...

Su hijo había entrado en la habitación y se dirigía a su cama

- Papa... ¿qué haces aquí?

Intentaba dormir- le dijo sin querer mirarle.

Notó como su hijo se acercaba y luego se metía en la cama con él. Se acercó a su espalda y abrazándolo se quedó dormitando otra vez.

El padre notaba la respiración cálida de su hijo en su hombro. Su cuerpo volvía a reaccionar como hombre, no como padre. No sabía si quería que eso sucediera, pero su cuerpo decidía por sí mismo, su verga decidía por sí misma y decidía que sí.

Rogelio se despertó de golpe. Algo pasaba. Miró a su padre. Sabía que algo pasaba. Se inquietó. Le besó el hombro

-Papá, ¿pasa algo?

Ángel sin mirarle le dijo

- Nada...duerme un rato más...

El hijo se incorporó, Hizo que su padre le mirara.

- Papá, ¿qué pasa?-

El padre no pudo reprimir que resbalaran lágrimas de sus ojos
-No sé qué hacer hijo, no sé qué hacer, nunca había estado en una situación como esta, lo que hicimos no está bien, pero no quiero renunciar a ti. Me estoy muriendo por dentro, estoy lleno de dudas- y se acurrucó al calor del cuerpo de su hijo.

Rogelio le abrazó, le besó la cabeza, le acarició el pelo

-Es normal, a mí me ha pasado lo mismo y también he sufrido. Estamos sufriendo una metamorfosis y eso siempre es doloroso.

El padre se sorprendió de la sabiduría de su hijo y se abrazó más a él para que el calor que emanaba de su cuerpo lo tranquilizara y esos brazos poderosos lo cobijaran, mientras los labios del hijo le besaban la cabeza.

Tenemos que aceptar lo que pasa- dijo – de ahora en adelante nada va a ser igual pero podemos hacer que sea mejor. Tendremos que aceptarlo y ver como transcurren los acontecimientos, pero si de una cosa estoy seguro es de que no quiero renunciar a ti, ni a lo que siento, ni a lo que deseo...

El padre volvió a sorprenderse de la seguridad y madurez de su hijo, mientras notaba como le acariciaba, la cabeza y los brazos. El hijo hizo girar un poco la cabeza de su padre, hizo que le mirara y le besó tiernamente en los labios. El calor del beso hizo suspirar al padre. El hijo abrió la boca para que sus lenguas intercambiaran saliva como si con eso se conectaran.

El padre lamió la lengua de su hijo y en ese instante dejó de pensar y todas sus sensaciones se convirtieron en un torrente de pasión que se conectaba con su hijo a través de sus lenguas. Gimió de placer

- Hijo, te amo-

El hijo sonrió y le dio un beso tan pasional que le hizo daño en el labio inferior, le sangró y el hijo, le lamió la ******.

A Rogelio se le desataron las pasiones con una fuerza desconocida. Le apretaba las nalgas a su padre, le metía la mano en la entrepierna para disfrutar del sexo paternal. Se hizo fuerte, un potro salvaje, y su padre se dejó hacer.

Dejó que su hijo le tumbara boca arriba, que le sujetara los brazos sobre su cabeza, dejando su cuerpo a su disposición, que le lamiera las axilas (notó una descarga desconocida que le recorrió el cuerpo hasta llegar a la punta la verga, manando chorros de lubricante). Dejó que le besara el pecho y llegara a los pezones, que ya estaban erectos y duros, que se los besara y los mordiera hasta hacerle daño. Cada vez su cuerpo reaccionaba con más lujuria, quería más, quería que su hijo fuera más fuerte y salvaje

-Hijo...hazme daño, hazme disfrutar...sé un macho, sé mi macho...

El hijo, ante las palabras de su padre, se volvió loco de lujuria y pasión. Su cuerpo era una brasa que crecía, se hacía grande y poderoso, mientras su padre era un juguete en sus manos. El juguete que más quería en el mundo, el más maravilloso y sensual que le cegaba la mente para dejar rienda suelta a todas sus pasiones carnales.

Agarró a su padre de la cabeza y le dio un beso desgarrador

- No te preocupes...no te vas a arrepentir-

Le mordió el vello de las axilas y las olió con pasión, luego bajó por el pecho para volver a morder los pezones que ya le dolían a su padre de lo erectos que estaban, siguió bajando hasta llegar al ombligo y lamer ese agujerito cubierto de vello negro, y siguió bajando hasta notar la humedad y el calor de la verga de su padre en su boca, lo lamió, jugando con su lengua a su rededor, ese maravilloso agujerito por el que destilaba aquel manjar que le volvía adicto, bajó por el tronco lamiendo las venas, llegó a la base dónde comienza el escroto y le dio un pequeño mordisco. El padre no pudo contener un gemido de tremendo placer…
- Hijo por Dios...Muerde...muérdeme...!!!

Y Rogelio le mordió suave pero firmemente el escroto, mientras que las manos iban al encuentro del más preciado agujero de todos. Sus dedos lo encontraron y lo acariciaron. Ángel casi grita
– Sigue...por favor sigue...sigue...!!!

El hijo se mojó un dedo con el líquido que rezumaba la verga del padre y comenzó a masajear la entrada al más dulce de los lugares previstos. Le acariciaba la entrada y el ano del padre boqueaba de placer.

Con un movimiento certero dio la vuelta a su padre, le levantó las nalgas, se las abrió para dejar vía libre a esa maravillosa entrada y comenzó una mamada húmeda, intensa y salvaje, que el padre disfrutaba como como un poseído. No había sentido nunca nada igual.

Toda la sensibilidad de su cuerpo se alojó en ese punto, haciendo de sus huevos y su verga un elemento secundario que se contraían, se hinchaban hasta el máximo y escupía por su punta. Pero el centro de toda la sensibilidad y lujuria estaba siendo lamida por su hijo, que a la vez le iba metiendo los dedos, dilatándole. Gemía como un a****l, y suspiraba de gozo que eso provocaba...

Mete más -decía- mete más.. Hazme tuyo...por favor... por Dios...!!!

El hijo también estaba fuera de sí. Estaba disfrutando de su padre y de la fuerza que estaba desarrollando. Era poderoso y estaba haciendo gozar a su padre con una intensidad que se les escapaba del entendimiento, porque todo lo que ahora les unía era una fuerza sexual extrema.
Mientras le abría a su padre el culo, ya bien húmedo, con las dos manos, le escupía el agujero negro, y fue abriéndolo, primero con los dos dedos índices. Abría y mojaba. Luego con los dos. Abría, escupía y metía. Su padre gemía dejando que todo el placer que sentía saliera por su garganta, gemía, resoplaba al punto de casi gritar...

Hijo, por favor... no puedo más... hazme tuyo... métemela ya....cógeme...!!!

La verga del hijo estaba a punto de reventar y tampoco podía esperar más.
La verga le dolía de la cantidad de ****** que se había almacenado. Estaba a reventar. Caliente, muy caliente, mojado, muy mojado. Era una herramienta sexual perfecta para dar placer a ese culo hambriento, abierto, que le ofrecía el ser más maravilloso del mundo, a quien amaba por encima de todas las cosas y a quien no quería renunciar.

Rogelio sabía que después de la posesión que se avecinaba todo sería distinto. Su padre no podría renunciar a él como él tampoco podría renunciar ya a su padre después de la posesión nocturna. Esto se convertiría en una comunión perfecta entre dos seres, que a partir de entonces sería uno.

El hijo cogió humedad de la verga de su padre, luego se escupió en la misma mano y metió esa humedad en el agujero suplicante de Ángel…
Se escupió en su miembro y se embadurnó bien con saliva y con el lubricante natural que manaba de su miembro. Se cogió su endurecido miembro y lo apoyó en la entrada del culo de su padre…
- Por favor hijo... ya... por favor... métela ya... suplicaba padre agónicamente…

El hijo apuntó el glande en el centro y comenzó a empujar y a meter...

El padre notó como la cabeza de la verga de su hijo se introducía en su interior. Se relajó esperando el dolor, intentó relajarse mientras su hijo le abría las nalgas e iba introduciendo su miembro. El culo cedió y la cabeza entró. Le dolió. No tanto como pensaba pero le dolió, se tensó en un principio, luego se relajó. Quería aguantar ese dolor que luego sería placer
- Sigue....sigue...!!!

El hijo continuó entrando poco a poco, pero sin pausa. De vez en cuando el padre se tensaba por el dolor, pero luego se volvía a relajar y hacía que la penetración fuera más fácil. Rogelio no quería maltratar a su padre, no quería hacerle daño, sino proporcionarle el mayor placer posible.

De repente la verga del hijo entró hasta el final. Ángel se tensó. Le dolió al rebasar su hijo el último obstáculo. Rogelio le abrazó y le beso el cuello. Se quedó quieto mientras su padre se acostumbraba a su miembro. Le besaba el cuello y lamía la oreja. El padre giró la cabeza para besar a su amado. Las lenguas se lamieron mientras Ángel se relajaba.

- Vamos cabrón...comienza...sigue...!!!

Entonces el hijo comenzó a penetrar decididamente a su padre, lentamente, con cuidado mientras le acariciaba los huevos y la verga, el pecho y los pezones…
El padre irguió la espalda para que la tranca de su hijo entrara hasta el fondo con más facilidad. Y puso sus manos sobre las de su hijo siguiendo sus caricias.

Ahora...eso si era placer. Notaba entrar y salir a su hijo de su interior provocándole un placer cercano al éxtasis!!!

El placer anal que le estaba proporcionando junto con el contacto de sus manos acariciándole todo su cuerpo y sus genitales no parecían de este mundo...

Rogelio entraba y salía. Cada vez con más energía. Se sentía en el séptimo cielo. Y un poder emergía de su cuerpo hasta llegar a su miembro, que era comido, succionado y acariciado por el cálido orificio de su padre.

- Papá...me vengo...me vengoooo…!!!

- Sí hijo...hazlo... sí... yo también... no puedo más...!!!

- Hijoooooooooo...me vengoooooo....!!!

El padre estalló y su ano apretaba el miembro de su hijo a cada estallido.

El hijo aguanto hasta el segundo apretón que le dio el culo de su padre y estalló también.

Gimieron los dos, gritaron los dos, el hijo mordió con fuerza el cuello de su padre hasta que finalizaron, hasta expulsar hasta la última gota. La ****** llegó hasta sus cabezas haciendo que las venas de la frente y el cuello se hincharan como duras cuerdas.

Rogelio mordió el cuello de su padre. Se fueron calmando. Se tumbaron en la cama. El padre boca abajo todavía penetrado por su hijo. Se quedaron así. Se fueron relajando. Las respiraciones se fueron apaciguando. Fue llegando una placentera calma. El miembro de Rogelio fue resbalando fuera de su padre dejando en Ángel una extraña sensación de vacío e indefensión.
El hijo dio la vuelta al padre. Quería mirar sus ojos. Su hermosa cara y su perfecto cuerpo. Le acarició con devoción y le besó tiernamente en los labios.

- Ahora dime que esto es una equivocación, que esto no es perfecto… dímelo…!!!

El padre acercó su boca a la de su hijo ambos las abrieron para dejar que sus lenguas se acariciaran.

- Te amo hijo… te amo con todas mis fuerzas, tendremos que aprender a sobrellevar esta nueva situación.

- Bueno, si esto es sobrellevarlo, ok...

Y los dos sonrieron, se besaron y se quedaron juntos y abrazados en la cama matrimonial y sabíamos que eso no era el fin sino un nuevo comienzo…


_________________________________________________________________________________


Elías y Alberto…

El hijo estaba sentado junto a su padre en el sofá viendo la televisión. Notaba su calor y se acercó para sentir la cercanía de su piel. El padre llevó su mano al muslo del hijo y le acarició con ternura y el chico se cobijó en el cuerpo del padre como si fuera un gatito.

El padre le rodeó con su brazo y le acercó más. Le acarició la cabeza y la mejilla con su pulgar. El hijo se sintió complacido.

El padre había bebido más de la cuenta y comenzaba a cabecear. Acariciaba al hijo y este se dejaba hacer sintiendo un placer que le llegaba hasta la entrepierna, haciendo que sus genitales se alborotasen y su verga poco a poco se fuera endureciendo. La pasión que tenía por su padre pasaba de lo puramente filial a lo puramente sexual, lo que le llevaba a un estado de ansiedad que no sabía cómo solucionar.

El hijo, con el tiempo, había experimentado un cambio en los sentimientos hacia su padre y, según se fue acercando a la *********cia, la cercanía del padre pasó del cariño al deseo. El padre siguió acariciándole como si fuera un niño pero su cuerpo ya no era el mismo, cambiaba día a día, las hormonas fluían rabiosas y todas se alojaban en sus sentidos aumentando la sensibilidad de todos ellos, pero el sexo era la fuente más potente y más sensible.

Un roce del cuerpo de su padre, un beso en la frente, una caricia fuera donde fuera (sobre todo en los muslos), en el pelo, en los hombros...todo desencadenaba una excitación exagerada que muchas veces no sabía cómo disimular. Cada día sentía que su padre le excitaba más. Era lo que más quería en el mundo. Era lo que más amaba, era lo que más deseaba.

El hijo no sabía si el padre se daba cuenta de todo lo que pasaba, pero el padre sabía lo que estaba pasando. El padre no quería reconocer que sus sentimientos i****tuosos eran cada vez más fuertes, no quería que su hijo se diera cuenta, pero quería tenerlo a su lado... a su lado físicamente, sexualmente. Era lo que más quería en el mundo. Lo que más amaba.

El padre le dijo al hijo

- Por favor ayúdame a ir a la cama, creo estoy algo borracho...

... Abrazó al padre y le ayudó a levantarse.

Ahora se sentía más hombre, más fuerte. Estaba ayudando a su padre. Su hermoso padre, tan guapo, tan moreno. Era una pena que desde que estaban solos bebiera más de lo común, pero en ese estado desarrollaba una cercanía sensual especial.

El padre se dejó ayudar y llevar. No estaba lo borracho que aparentaba pero le gustaba con extraña lujuria que su hijo lo mimara, lo desnudara y cuidara. Cada día que pasaba crecía, se desarrollaba y se hacía hombre, un instinto ********* se apoderaba de él. Un instinto irrefrenable de sexo a****l.

El hijo le tumbó en la cama con cuidado. El padre notó como le iba desnudando lentamente, creía que estaba casi dormido y le desnudaba con delicadeza, le desabotonó la camisa, la abrió y le acarició el pecho. Le desabrochó el cinturón y con mucho cuidado, con mucho mimo (más bien con timidez), le bajó el cierre del pantalón y lo bajó hasta los tobillos.

El hijo miró a su padre con devoción, un hombre tan bello ante sus ojos, medio desnudo, tan guapo. Le miró detenidamente, cabello negro azabache liso que le caía sobre la frente, esas pestañas negras que le volvían loco, el pecho moreno adornado con dos pezones anchos oscuros como dos lunares obscenos que pedían un beso a gritos. El calzoncillo blanco donde se albergaba lo más deseado y que en aquel momento comenzaba a alzarse como un trofeo al que no tenía acceso, sostenido por la base que se acomodaba en esa tela de algodón , hubiera querido que sus manos fueran ese tejido para sostener esos pesados huevos..

Le descalcé, le quité los calcetines y le quité el pantalón, dejando al descubierto aquellas maravillosas piernas. Entonces no pude resistir la tentación y se las acaricié. Sentir en las palmas de las manos la suavidad de su piel le sobreexcitó y no se pudo contener...

El padre notó la indecisión de su hijo cuando le quitó los pantalones y le descalzó. No hizo movimiento alguno. Quería saber hasta dónde llegaba su chico.

Necesitaba saber, le costó trabajo no demostrar ninguna sensación cuando notó que su hijo le besaba el empeine y los tobillos, le acariciaba las pantorrillas y poco a poco subía por los muslos hasta llegar al calzoncillo. Estaba sobreexcitado. No sabía la reacción que se iba a producir. Se quedó inmóvil. El hijo le cogió la cinturilla y se los bajó, dejándolo desnudo de cintura para abajo. Notaba que lo miraba, que miraba su verga ya erecta en todo su esplendor, notó como su hijo se acercaba, notó la respiración en el glande, oyó la respiración agitada y como tragaba saliva. No sabía cómo iba a poder seguir inmóvil ante tales sensaciones.

Notó como su hijo se alejaba de su polla y aprovechó para acomodarse sobre la cama haciéndose el dormido.

El hijo semi incorporó a su padre se colocó detrás de él y le abrazó, primero su pecho deteniéndose en los pezones que se encogieron y endurecieron, luego fueron sus abdominales, bajó un poco más hasta llegar al vello púbico, que acarició con delicadeza, evitó, en lo posible, tocar el pene. Le olió el cuerpo y le besó el cuello.

Volvió a acostar a su padre con delicadeza y se puso su camisa. El contacto con la tela, el olor de la prenda le excitó. Era como si le abrazase, como si estuviera dentro de él. Se abrazó así mismo.

Miró a su padre, admirándole. Se imaginó besando esos labios pero rechazó la idea. Igual lo despertaba y no quería pensar en la mirada de desconcierto y la explicación que debería darle.

Se decidió por ponerle el pantalón del pijama y luego, a su pesar, salir de la habitación, tenderse en su cama, masturbarse y caer rendido hasta el día siguiente.

Le fue subiendo el pantalón, pero cuando llegó a la altura de los glúteos y los genitales... ¿Cómo seguir?... Intentó levantarle las caderas cuando el húmedo glande de su padre le rozó los labios. El padre se estremeció. El hijo se retiró instintivamente. Notó la humedad enfriarse en sus labios y se los lamió... Se quedó inmóvil saboreando aquel manjar algo salado, de un sabor desconocido pero agradable.

El padre se quedó desconcertado ante ese inesperado acontecimiento. Se estremeció, suspiró y se quedó relajado esperando la reacción de su hijo. Volvió a notar la respiración en la punta de su verga y sabía lo que venía a continuación...

El hijo se acercó de nuevo y lamió con la punta de la lengua las gotas que manaban de aquel miembro. El padre se volvió a estremecer. El hijo paró. Pero no pudo contener su apetencia y, al ver que su padre continuaba ***********e, se atrevió a intentarlo de nuevo, lo tomó suavemente entre su mano ye bajó el prepucio, dejando toda la cabeza al aire y acercó los labios para lamerlo y saborear ese líquido. El padre suspiró entre ¿sueños?, el hijo se animó y lo metió entero en su boca como si de un helado se tratase.

El padre volvió suspirar. El hijo volvió a mamar…

Y así varias veces se dieron placer. El hijo quiso otra de sus fantasías eróticas y bajó su boca a los genitales para olerlos y saborearlos. Aspiró los olores de su padre una y otra vez, luego lamió el escroto velludo, incluso, se atrevió a darle un pequeño mordisco a la piel que albergaba el fruto de su vida.

El padre volvió a suspirar y se estremeció otra vez. El hijo se decidió a no demorar la situación y decidió hacerle la gran mamada a su padre.

El padre notó como su hijo se metía la gruesa cabeza en su boca y comenzaba a subir y bajar mientras con la lengua le hacía locuras al rededor del glande y metía la punta en su fluido canal. Su boca bajaba y subía mientras que con su mano le masturbaba con mucha delicadeza. Pensaba que así le querría dar más placer... y lo estaba consiguiendo.

La verga de su padre se hinchó, el hijo lo notó, el glande aumentó y el padre se tensó, el hijo lo notó, el padre gimió, el hijo lo oyó, el padre descargó y el hijo lo recibió una y otra vez con placer.

El hijo recibía de primera mano la simiente que le había creado, tragó, saboreó y mamó hasta la última gota, hasta que el miembro de su padre se fue relajando y disminuyendo de tamaño en su boca.

El padre tuvo que morderse los labios y agarrarse a las sábanas para no delatarse, pero su pito se contraía reiteradamente soltando chorros de leche que su hijo bebía. La húmeda boca de su hijo seguía mamando hasta que su verga se fue debilitando.

El padre había tenido una de las experiencias más extrañas de su vida. Se había corrido como un semental sin dar síntomas de placer aparente, había disfrutado de la mamada que le había proporcionado su hijo y no había sido capaz de hacerle partícipe del placer que le había dado. Estaba extasiado pero disgustado por el engaño, sentía que había traicionado a su amado hijo. No se encontraba bien. Nada bien. Siguió haciéndose el dormido hasta que su hijo acabó de subirle el pantalón del pijama, le arropó y apagó la luz.

Notó que el hijo se alejaba de él, cuando se paró volvió y se acercó otra vez a él. Notó la respiración en su cara cerca de sus labios, notó como los labios se acercaban a los suyos y suavemente los besaron. Notó como la lengua de su hijo lamían con suavidad y timidez la rendija en su boca. Y, haciéndose el dormido, sacó la punta de su lengua para saborear la de su hijo. El chico se asustó y se retiró, tenía miedo de que su padre se despertara y se diera cuenta de todo lo que había pasado, en el fondo quería que todo saliera a la luz y jugársela, pero en ese momento le dio pánico.

Se alejó de su padre y salió de la habitación.

El padre, entonces, comenzó a llorar sintiéndose un auténtico hijo de puta.

El hijo acabó por masturbarse fuertemente en solitario, en la frialdad de su solitaria cama, abrazándose el pecho abrigado por la camisa de su padre y con una sensación placentera de haber conseguido algo esperado hace tiempo. Y durmió placenteramente toda la noche.

- Papá, por favor, no bebas más- Le dijo Alberto a su padre.

La semana había transcurrido tranquila. Cruce de miradas, sonrisas y alguna caricia. Nada que delatara una atracción sexual, pero el hijo había notado algo especial. Algo había cambiado.

Había decidido que en la próxima ocasión iban a participar los dos en iguales condiciones. Lo que más le había puesto esos días era pensar en cogerse a su padre. Eso le había provocado varias erecciones nocturnas…

El sábado siguiente se habían vuelto a quedar solos. La madre y esposa tenía guardia en los juzgados. Habían terminado de cenar y Alberto se fue a duchar.

Se enjabonó a conciencia incluido el glande, los huevos y el culo. Se miró en el espejo; tenía un cuerpo firme de 18 años, sólo tenía un cordoncillo de vello que bajaba desde el ombligo hasta la región genital. El resto del cuerpo era lampiño a excepción de las axilas, en las que algo había, pero escaso, se las miró, se las olió y se dio la vuelta para mirarse el culo y reafirmarse, redondo y duro. Se secó bien y fue hacia el salón cubierto sólo con una toalla sujeta a la cintura. Fue hacia el sofá en el que el padre estaba viendo la televisión y bebiendo un whisky.

Era un hombre de cerca de cuarenta años, a su parecer, guapo, moreno, pezones oscuros, se había abierto la camisa por lo que le veía el pecho hasta la cintura. Elías, así se llamaba el padre, lo miró y con un una palmada en el asiento del sofá le invitó a que se sentara a su lado.

Alberto lo sonrió y allí fue, cobijándose junto a su padre, sintiendo el contacto de ambas pieles. El padre le pasó el brazo tras su cuello y lo dejó caer sobre el pecho del chico. Alberto notó como la toalla comenzaba a alzarse, como si un fantasma apareciera entre sus piernas.

El padre se dio cuenta de lo que pasaba y le pellizcó suavemente el pezón.

Entonces, el chico le dijo

- Papá, no bebas más... Sé que el otro día gozaste conmigo.

El padre se quedó paralizado!!!

- Sí papá, sé que te diste cuenta de todo y yo quiero volver a estar contigo, pero no quiero que estés borracho, quiero que seas consciente -

Alberto miraba fijamente a Elías.

- Hijo... yo -

- No papá, si no quieres no lo hacemos pero… esto tampoco... ya soy mayor y esto me excita a lo bestia... Papá tú decides, yo estoy decidido…. Quiero hacer el amor contigo….!!!

El padre siguió inmóvil, hasta que su hijo se incorporó un poco y acercándose a los labios le besó tiernamente. Elías seguía petrificado. Alberto volvió a acercarse y le volvió a besar los labios y luego le lamió con la lengua la abertura entre ellos, de comisura a comisura.

Elías no pudo resistir la insistencia de su hijo y la excitación que le provocaba y dejó paso a la joven lengua para recibirla en su interior.

El padre había estado toda la semana recordando la mamada que le había proporcionado su hijo y que él cobarde y sumisamente se había dejado hacer, sin demostrar ningún signo de afecto. Se había jalado la verga varias veces en el baño pensando en cuando sería la próxima vez.

Miraba a su hijo con deleite, era joven y guapo. Se excitaba al verle y más cuando llevaba poca ropa y se le marcaba el paquete o el culo. Quería que volviera a pasar pero no sabía cómo hacer.

Ese sábado cuando se quedaron solos decidió que repetiría la estrategia anterior, pero se quedó pétreo, inmóvil, sorprendido, cuando su hijo le habló... y luego le besó en los labios...entonces decidió abrir sus sentimientos y su boca para dejar entrar el joven fruto de su hijo y saborearlo. Se lamieron apasionadamente las lenguas y los labios.

Alberto se incorporó y le quitó a su padre el vaso que aún tenía en la mano y antes de dejarlo en la mesa dio un trago de licor.

- Es para juntar sabores papá...vamos a la cama.

- Sí hijo, estaremos más cómodos... Niño... quiero que me hagas lo de la otra vez, quiero que me mames la verga...

- Ok...entre otras cosas...

- ¿Qué quieres decirme con eso?..

- Ya veremos... improvisaremos.

Ya en la puerta de la habitación del chico, Alberto le preguntó a su padre

- ¿Papá, lo has hecho alguna vez con un hombre?

- ¿Qué....?

Elías se quedó sorprendido con la pregunta. Se quedó mudo. (Sí había tenido encuentros con hombres, esporádicamente, los había tenido pero, no era el momento de contárselo a su hijo, no todavía).

- Nada... Vamos...

El hijo ya estaba desnudo porque había dejado la toalla en el salón. El padre seguía vestido, por lo que el hijo le dijo

- Déjame...yo te desnudo.

Se pusieron de frente, chico se acercó a su padre y le volvió a besar. Mientras se acariciaban boca a boca con pasión, le fue quitando la camisa hasta que cayó al suelo, luego fue acariciando su espalda hasta llegar a la cintura del pantalón y metió una mano dentro para sentir los glúteos de su progenitor e imitando lo que este estaba haciéndole a él.

El padre quería acariciar la piel joven y tersa de su hijo, bajar las manos por la espalda lentamente hasta llegar a sus nalgas y apretarlas...era una de las cosas que más le excitaba en sus masturbaciones, apretar esas nalgas tan duras y tan tersas que tenía su niño.

El hijo se separó de su padre para poder arrodillarse y desabrochar el cinturón y el pantalón. Primero rebozó su cara contra el bulto que se encontraba prisionero e incitarlo a que se excitara más y tuviera más volumen. Lo fue consiguiendo y cuando creyó que el momento había llegado, bajo la cremallera y olió lo oculto, luego, le desabrochó el cinturón, el pantalón y lo dejó caer.

Volvió a acariciar con su cara el paquete y mordió el falo del padre a través de la fina tela del calzón. Metió la nariz por la bragueta, se estremeció de placer con el olor de su padre. Era el olor de su padre. Se relamió y le bajó el calzón dejando toda esa verga madura al aire para su deleite y disfrute.

Elías estaba fuera de sí, las caricias que le estaba dando su hijo en la verga con su cara, nadie lo había hecho igual, le causaba una excitación que hacía que regara précum como loco... notaba la respiración y la nariz de su hijo internarse para respirar dentro de él haciendo que se excitara más. De repente nota la desnudez total y la respiración agitada de su hijo junto a su miembro, refrescando el glande.

-Acuéstate en la cama... acuéstate...

Alberto vió a su padre en la cama totalmente desnudo a excepción de los pantalones y los calzones que estaban aprisionados en los tobillos. Se los quitó, le besó los pies, los olió, Elías abrió sus piernas para dejar entrar en ellas a su muchacho y este fue subiendo por entre sus piernas hasta llegar a su querido trofeo, que estaba en todo su esplendor.

Comenzó a mamar y morder el escroto, se metía un huevo en la boca y lo expulsaba, mordía un poco de piel y tiraba... fue lamiendo el tronco venoso de piel morena y subió hacia el capitel rosado y muy húmedo, que ya conocía.

La lengua había ido subiendo y lamiendo la dura columna de carne hasta llegar a la gorda cabeza. Elías gemía y se retorcía cada vez que su hijo le mordía, le lamía, le besaba pero… cuando llegó a la punta de su verga esta descargó un chorro de fluido caliente y transparente que su hijo lamió al instante, produciéndole una reacción como si de una descarga eléctrica se tratase y se tensó. El placer fue tan intenso que el cuerpo se quedó rígido y la verga se hinchó y soltó más de ese viscoso jugo.

Alberto pensó que ese era el momento y levantándose se puso a horcajadas sobre su padre, sexo sobre sexo, verga sobre verga.

El encima y el padre debajo. El, dominando el panorama. Nunca había visto esa expresión de placer y lujuria en su padre. Sabía que podría hacer lo que quisiera en ese momento. Le besó la boca, las lenguas se encontraron de nuevo, pero ahora la lengua era secundaria. El sexo genital y anal le había ganado la batalla. Lo primordial estaba entre las piernas.

El chico se dio la vuelta haciendo un 69 y le puso su glande en la boca del padre para que le hiciera gozar, mientras el disfrutaría dándole la gran mamada en la entrada de su ano: lo que se había propuesto como su meta soñada.

Mientras Elías disfrutaba dando placer a su hijo lamiendo y mamando huevos y verga, saboreando los flujos que el chico expulsaba, notando como se contraían los huevos cuando los mordía...

Alberto disfrutaba dando lamidas en los pliegues en la entrada de culo de su padre y acariciándole, se estremecía cuando pasaba el dedo.

El padre gemía con la boca llena y el hijo gemía de placer mientras iba dilatando el agujero paternal y veía como se iba abriendo y escupía y metía un dedo, abría y escupía y metía otro... Y el padre gemía de placer mientras se metía la verga de su hijo en la boca, cada vez más adentro...

Estaban disfrutando sexo a lo bestia el padre y el hijo... Los dos...

Alberto creyó que ese era el momento...e incorporándose, se dio la vuelta y puso a su padre encima de él, le agarró las caderas subiéndolas hacia su vientre y dejando que su verga quedara bajo la raja del culo del padre.

Ahora el padre le miraba desde arriba con una expresión de lujuria descontrolada, como si fuera otra persona. El hijo pensó que el padre pensaría lo mismo de él y se sonrió.

Empujó a su padre hacia su pecho haciendo que su ano quedara a su disposición, movió las cadera para que su verga resbalara por la raja del culo. La excitación que tenía Elías después de la mamada y la dilatación anal, hacía que su culo suplicara más intervención y se movía necesitado de verga, hacía que la punta de la verga de su hijo tocara su entrada y el abría el ojete para dejarlo entrar.

El hijo, al darse cuenta de que todo estaba saliendo como había previsto, volvía a apretar su verga contra el culo y este boqueaba para recibirle, así una vez y otra... llegaron a compenetrarse parecía una cogida...pero no...La cogida tenía que llegar en el momento preciso.

El hijo estiró el brazo para alcanzar un bote de crema lubricante que hábilmente había preparado, no quería dañar a al padre y que las cosas terminaran sin haber empezado, se puso una generosa cantidad en la mano y comenzó a meter los dedos en el culo de su padre que, presa de la excitación, se revolvía en la cama. El chico se untó bien la verga y puso la punta en el agujero de su padre para la desfloración conjunta y fue entrando...

Elías estaba fuera de sí, la excitación que tenía llegaba al máximo. Después de la mamada anal de su hijo y la dilatación con los dedos, estaba a mil por hora... Su hijo podría hacerle lo que quisiera...le daba igual.

Cuando se puso sobre él y comenzó a sobar su culo con su verga, lo único que quería era que lo penetrara, en se momento la única razón de su vida era que esa durísima verga entrara, abrió sus nalgas para que su hijo notara su decisión. Cada vez que la cabeza de esa deseada verga pasaba de largo gemía... la próxima si.... la próxima si.... y así se encendía más y se revolvía en la cama...

Hasta que se hijo se decidió y le embadurnó de lubricante y le introdujo los dedos. Ahora sí... Ahora sí.

La cabeza entró lentamente, bien lubricado...de repente un dolor punzante le hizo estremecer... el hijo paró, pero el padre abrió las piernas, respiró y bajó las caderas para dar paso a su hijo... quería a su hijo dentro...quería ese ser dentro de él... y apretó.

A pesar del dolor, fue entrando y entrando hasta el final... el padre respiró aliviado... se quedó un momento quieto, respiró y fue levantando y bajando las caderas haciendo resbalar el tronco de su hijo por su interior, notando la fricción que le daba justo en la entrada. Fue aquella sensación la que le impulsó a seguir y seguir...

Esa frotación en su culo lo estaba volviendo loco, entonces comenzó a subir y bajar... a bombear...
La verga de su hijo casi salía y luego entraba del todo haciendo que el masaje anal le hiciera enloquecer. Perdió la cabeza porque todo su ser se concentraba en ese placer, en ese punto y no existía nada más.

El hijo notó como su padre se iba excitando más y más, subía y bajaba mientras gemía, casi gritaba, de placer... Y seguía...y el disfrutaba de cómo le comía ese hambriento culo su durísima verga... Pero no pensaba más que en la pasión que estaba desencadenándose... del remolino de sensaciones nuevas y bestiales de placer sexual...sexo....sexo...!!!

El padre sin poder hablar, solo un sólido sonido gutural y un gemido a****l empezó a descargarse, la leche saltó en trallazos, los dos primeros llegaron a la cara de su hijo, luego, el cuello, el pecho, el abdomen...le regó de mecos... mientras iba apretando el tronco de su hijo en cada tallazo. El primer apretón fue intenso, luego, según iba derramándose iban siendo más livianos pero igual de sensuales hasta que se vino dentro de su padre con una intensidad de semental. Manaba y manaba. Cada vez que soltaba un chorro se incrustaba más en el culo de su padre y así hasta que terminó.

El padre fue inclinándose hasta el chico. Lamió la leche que le había escupido en el pecho, el cuello y la cara y con la lengua se la daba a probar porque ya sabía que le gustaba, y así disfrutaron del postre lengua con lengua y labio con labio. El padre notó como el miembro de su hijo iba resbalando de su culo y salía poco a poco, proporcionándole otra oleada de placer. Al terminar de salir, un chorro de semen de Alberto salió de su culo. Lo recogió con los dedos y lamieron juntos una y otra vez el semen del joven.

Se abrazaron, se besaron y se quedaron en la cama, y al cabo de un rato, el padre habló

- Niño

-Hmmmm

-¿Estás bien?

- Ssssssssiiii

- En cuanto a lo que me preguntaste antes...

- ¿Qué cosa?.....

- Qué si había estado con otros hombres…

- ¿Ahhh eso, y?...

- Sí... sí he estado…

-¡¿Qué?!-

Alberto se incorporó.

- ¿Qué?...

- Que he estado con otros hombres...no muchos, pero si algunos...

- Pero papá... ¿Qué dices?

El padre acarició la cabeza de su hijo con ternura y le besó en la frente.


- Alberto hijo, aún soy joven y he sido más joven, he pasado muchas noches solo y caliente, necesitaba sexo y lo buscaba entre mujeres... pero un día... un día leí un artículo que hablaba de los gays de la ciudad y donde buscaban sexo, las zonas calientes, zonas donde buscaban sexo casual y rápido... o locales donde se practicaba sexo homosexual, me entró curiosidad y un día lo probé. Fui a un parque y me hicieron una mamada. Una de las veces, un chico me dijo que si quería ir a un local, que era más íntimo y podríamos hacer cosas con tranquilidad. Fuimos y lo hicimos, me lo cogí...

- Papá por favor, me estás poniendo caliente otra vez.

- ¿De verdad?- dijo Elías tocando la verga de su hijo.-

- Pues es verdad.

- ¿Quieres que vayamos un día? Es muy curioso y divertido le dijo mientras seguía con sus caricias...

- Sí…. vamos un día -

- Si quieres podríamos hacer un trío, si encontramos algo de nuestro gusto-

La verga del hijo seguía creciendo.

-Si pero… yo elijo...sigue...

El padre siguió acariciando al hijo

- Sigue...sigue...-

El padre bajó la boca a la verga del hijo que ya tenía una buena excitación y se la comenzó a mamar... el hijo gemía...el padre mamaba...hasta que el hijo se vino en la boca de su padre...pero esta vez no se la dio a probar...esta vez la saboreó y la tragó entera, le lamió las últimas gotas que salían del agujerito, le lamió todo para limpiarla bien, salió de entre las sábanas, le beso en los labios, le abrazó y se fueron quedando dormidos, mientras el hijo pensaba entre sueños en las próximas aventuras con su padre y una de ellas sería tener esa verga dentro suyo, muy dentro suyo y bien clavada para al término de la cogida darle su ración de leche...


...













発行者 renovatio111
10年前
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