MI AMIGA DEL CHAT
Como muchas noches, estaba delante de aquella caja tonta, pasando el tiempo, las horas muertas, moviendo mis dedos sobre el teclado, escribiendo, mientras el rabillo del ojo miraba la pantalla. Una de mis amigas del chat, asidua seguidora, estaba al otro lado. Siguiendo mi relato, mi sexo escrito, relatos que le encantaban, que la ponían a 100, que yo escribía hasta que supuestamente ella terminaba en un dulce placer.
hombre_casado: estas?
hombre_casado: sigo?
Simplemente_Lucia: no, por hoy está bien
hombre_casado: ok
.
hombre_casado: te corriste?
Simplemente_Lucia: si, sabes que si
Simplemente_Lucia: tus relatos me ponen a 100
Simplemente_Lucia: con ellos termino mojada y llena de placer
Simplemente_Lucia: sabes que me gustaría?
Simplemente_Lucia: conocerte me das morbo
hombre_casado: sabes que no
Simplemente_Lucia: porque?
hombre_casado: solo estoy en el chat para escribir relatos y poner a 100 a las mujeres, si puedo
hombre_casado: como sabes estoy casado, amo a mi mujer y no quiero serle infiel
Simplemente_Lucia: solo quiero conocerte, además sabes que yo también estoy casada
Simplemente_Lucia: un café, una copa, lo que quieras
Simplemente_Lucia: no te gustaría conocerme?
hombre_casado: mmmmmmmmmm
hombre_casado: si me gustaría, está bien de acuerdo
De aquella conversación poco más. Pues al cabo de cinco minutos nos despedimos ya que ere bastante tarde.
Aquella tarde me dirigí al bar acordado, donde habíamos quedado. Eran las tres de la tarde, verano, caluroso, un sol infernal radiaba con fuerza, como le había dicho a Lucia, para que me reconociera, llevaba pantalones cortos, camiseta negra y uno de mis libros favoritos, ella me pregunto si yo quería saber cómo iría vestida y le dije que no, pues así, si en el último momento, al verme decidía batirse en retirada, no tendría que dar explicaciones.
Lo que Lucia no sabía, es que no se encontraría al príncipe azul, al caballero de la armadura, pues si era verdad que llevaba pantalones cortos y camiseta negra pero roñosa, vieja, unos harapos. Además si era verdad lo que le conté sobre mi físico.
1,75cm
61kg
Moreno
Ojos claros
Pelo negro y largo
Manos grandes
Lo que no sabía es que yo no era delgado sino escuálido, paticorto, con barba de una semana, pelo largo sin peinar, alborotado al viento y enclenque. Vestía así porque pensaba que no se presentaría y si se presentaba, saldría huyendo poniendo pies en polvorosa al verme pues Dios o la naturaleza me dio el don de la belleza, en una palabra soy más feo que Picio.
Llegue al bar media hora antes de lo acordado, me senté en una mesa de la terraza, pedí un refresco y allí sentado me puse a leer el libro, pensando que no vendría. Al cabo de un rato, concentrado en mi lectura una voz dulce y melodiosa me pregunta.
- Está ocupada la silla.
Al mirar, vi a una hermosa mujer, lozana, madura de cuarenta y pocos años, pelo largo que le llegaba a media espalda, morena, ojos marrones, cuerpo corpulento, y deslumbrantes piernas. Además de unos enormes senos. Llevaba un vestido veraniego, de tirantes de gran escote, donde se podía apreciar parte de sus magníficos senos.
En un primer momento pensé que me pedía la silla, ingenuo de mí. A lo que conteste.
- Si llévatela, está libre.
Acto seguido se sentó a mi lado, yo perplejo, bobalicón la miraba mientras me decía.
- Hola, Simplemente Lucia
- Hola, hombre casado. Conteste.
Fue lo único que pude articular. Pues semejante mujer al lado mío, era Lucia, estaba allí, no me lo podía creer. Durante un buen rato hablamos tranquilamente, mis ojos intentaban mirarla a la cara, pero aquel escote me hipnotizaba y con disimulo lo admiraba.
No alcanzaba a creer que estuviera allí, que esa mujer se excitara tanto con mis relatos. Aunque la conocía del chat, sabía que el fuego de su matrimonio se había apagado hace tiempo y sin hijos y cargas familiares se pasaba el tiempo de compras, con las amigas o en el ordenador.
Lo que no entendía como pudiendo una relación esporádica con cualquier hombre, estaba allí, mirándole a los ojos se lo pregunte.
- Pudiendo estar con cualquier hombre, ¿Porque yo? Eres muy hermosa y no te faltaran hombre que te acechen.
Cogiéndome de la mano y acariciándomela con los dedos, me miro y dijo.
- Por eso mismo, hace tiempo que nos conocemos, estas hay cuando necesito a alguien y además me encantan tus relatos, me ponen a 100. Es mas solo de pensarlo me pongo cachonda.
Ensimismado, no reaccione, ella me cogió de la mano, bajándola por debajo de la mesa hasta llegar a sus piernas, las abrió, y mi mano surco sus piernas por debajo del vestido hasta llegar a su ropa interior, mis dedos notaron su excitación, su tanga húmedo y pringoso.
Al reaccionar, de un brinco saque la mano, excitación, nervios, piel sudorosa y ahora no era por el calor, sino por la situación, dulce per a su vez incomoda pues alguien nos podía ver.
- i Que haces, nos pueden ver!
- Me exista, con solo estar a tu lado, quiero ser la protagonista de tus relatos. Me susurro al oído.
Su mano roza mi pierna y en un movimiento suave y ligero, la apoyo en mi miembro semi erecto, lo acaricio.
- ¿Me vas a decir que no? ¿No te gustaría pasar un rato conmigo?
Susurros en mi oreja, mientras su mano no paraba de acariciar mi entrepierna. Nervioso, sin saber qué hacer, me levante de mi silla y le dije.
- Perdona Lucia, esta situación me incomoda, sintiéndolo mucho me voy.
Ella hábil en reflejos, reacciono, me cogió del brazo para que no me fuera.
- Perdona Xabi, no ere mi intención incomodarte, por favor, quédate, terminemos las copas y si quieres me acompañas al coche cuando me vaya.
Me volví a sentar, conversamos hasta terminar nuestras copas y la acompañe. Dejamos el bar, la plaza contigua para adentrarnos en una calle estrecha, ella caminaba por la acera, minúscula, y yo por el carril adoquinado, a su lado, ni una palabra entre ambos.
A la altura de un hotel semioculto en aquella calle; Lucia se paró, se apoyó en la pared y se encendió un cigarrillo, en ese momento intente excusarme.
- Perdona Lucia, perdona mi comportamiento de crio, pero amo a mi mujer, no soportaría la culpabilidad, el remordimiento, eres muy sexy ardiente y en otra situación no me lo pensaría, te diría que sí sin pensarlo.
Ella esbozo una sonrisa en su cara, me miró fijamente y rodeo con sus brazos mi cuello.
- I Hay que lindo eres mi niño ¡
Sentía su cuerpo rozar con el mío, sus enormes pechos pegados a mi cuerpo y sus duros pezones moviéndose suavemente sobre mi piel. Mi miembro volvía a entrar en eruccion. Me susurraba palabras en el oído y sentía su embriagador perfume. Evelesado por la situación no me di cuenta de la situación, no me di cuenta que mi erección eras plena y ella lo notaba, sin previo aviso sentí sus labios cremosos de carmín en los míos, entrelazamos lengua, intercambiamos saliva, mientras nuestras lenguas jugaban, en un beso interminable.
- Dime que si, solo esta vez, nadie tiene que enterarse. Susuros melódicos en mi oído.
Ensimismado por la situación sucumbí y dije que sí, pues yo también lo deseaba. Acto seguido me cogió de la mano y entramos en el hotel, mientras ella iba a recepción, yo esperaba en la entrada al lado de los ascensores. Recogió las llaves de la habitación y subimos a dar rienda suelta a nuestra pasión. Besos, caricias, miradas, antes de llegar.
Entramos a la habitación, cerré la puerta y Lucia, apoyada en la pared me miraba con ojos de deseo. La bese, sentí su dulce carmín en mis labios, mientras mis enormes manos, como las de un jugador de baloncesto, recorrían su cuerpo, por encima del vestido veraniego de tirantes.
Su barriga, el torso, hasta llegar a sus pechos, mis grandes manos intentaban abarcar por completo sus senos pero era imposible, pues eran enormes. Besaba su cuello mientras bajaba unos de sus tirantes del vestido y con extrema delicadeza saque uno de sus pechos, mis ojos comprobaron que era impresionante, natural, algo caído con grandiosa areola y durísimo pezón.
Empeze a besar aquella magnifica magnificencia, cada centímetro, cada surco. Mientras mi mano buscaba su entrepierna. Acariciaba sus lutrosos muslos, lentamente, subiendo, mi mano se deslizaba por su piel hasta tropezar con su tanga mojado y pringoso, lo acaricie. Al sentir mi mano su respiración se acelero, mientras sus labios decían.
- Siiiiii…….Como me pones.
Mi lengua surcaba su areola, para después seguir con un sutil chupetón de mis labios y continuar lamiendo su pezón, moviendo mi lengua arriba y abajo. Solo se oía su voz, que entre gemidos y jadeos decía.
- i Mueeerdemeloooo!
Acto seguido, suavemente, mordí con mis dientes aquel enorme pezón, duro como el hielo, tirando de ellos delicadamente, para después soltarlos y lamerlo con mi lengua, una y otra vez.
Mientras, mis manos en su entrepierna, juguetona, separaban su ropa interior de su piel. Acaricie su pubis, y la yema de mis dedos buscaron su clítoris excitado, empapado. Lo acaricie con dulzura, sintiendo todo su hinchazón.
_ i Siiiiiiiiiiiii, me encanta, noooo pareees! Exclamaba.
Baje mi mano despacio y metí mis dedos, largos y finos, en su coño mojado, lentamente. Mientras mi boca mordía sus pechos.
Pausadamente, metía y sacaba mis dedos de su vagina ardiente, introduje mis dedos hasta adentro, mi mano chocaba contra su pubis, estando dentro, mis dedos, los movía de un lado a otro, para darle más placer. Ella se mordía los labios, gemía, me acariciaba la cabeza.
En ese instante saque mis dedos y muy despacio me fui agachando, tranquilamente levante su vestido, admire su tanga empapado y paulatinamente empecé a besar sus lozanos muslos, subiendo hasta llegar a su tanga, húmedo y pringoso. Lo bese, los roce con mis labios, para poco después morder su ropa interior, impregnada en flujo y quitárselo lentamente con mi boca.
En ese instante ella se quitó el vestido y yo de rodillas mirándola pude admirar su cuerpo desnudo, voluminosos pechos, algo caídos con una areolas gigantescas, con unos enormes pezones. A la altura de mi vista estaba su pubis grandioso, labios separados, clítoris hinchado, húmedo.
Mis labios besaron sus pliegues, rozaban su pubis, buscando su vulva hinchada. Lo bese delicadamente para después, palpar con la punta de mi lengua su clítoris excitado, suave, despacio. Para seguir con una leve caricia de mis labios. Lamí una y otra vez, arriba y abajo para terminar con una chupadita de mis labios, lo succionaba y levemente tiraba de su vulva para después soltarla.
Maniobra que yo repetía una y otra vez. Mientras sentía una y otra vez sus caricias en mi cabeza, en mi cuero cabelludo y sus gemidos rompían el silencio de la habitación. Mi lengua se deslizo por sus pliegues y muy despacio fui introduciendo mi lengua en su vagina. Metía y sacaba mi lengua mientras mis dedos acariciaban su clítoris.
Metí mi lengua, esta vez sin sacarla, hasta el fondo, mi cara contra su pubis, Lucia me agarraba la cabeza y me la empujaba para que entrara más mi lengua, mientras yo la movía de un lado a otro, dentro de su coño, sintiendo como se abrían sus paredes vaginales y su flujo caliente, viscoso, caía en mi boca.
Ella excitadísima, cara enrojecida, ojos cerrados, mordiéndose los labios, respiración acelerada y cuerpo sudoroso. Sudor que surcaba su cuerpo, su piel resbaladiza, olor embriagador. Mientras su voz agitada, excitada, no paraba de jadear.
- Siiiiiiiiiiii, no pares.
- Como me poneeeees.
- Estoy apuntoooooo.
Saque mi lengua de su vagina, para introducir de nuevo mis dedos, primero lentamente, mientras vuelvo al placer de su vulva, agitadísima Lucia me coge del brazo y empieza a moverlo con gran virulencia, a dentro y fuera, mientras mis labios succionan su clítoris.
- i Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! Exclamo Lucia.
Mientras sus músculos se contraen, tiemplan de placer, lentamente voy sacando mis dedos empapados, mientras mis ojos ven como de su vagina, emana néctar, deslizándose pierna abajo. Con suma delicadeza, mis labios absorben su flujo, su ambrosia, subiendo pierna arriba hasta llegar a sus labios vaginales y besarlos.
Sigo jugando y vuelvo a introducir mi lengua en su vagina, húmeda, caliente, ella con gran agitación intenta ahora apartar mi cabeza.
- i No por favor, no sigas, déjame descansar!
Yo, como un niño travieso, sigo con mi lengua dentro, jugando con su cocha. Por todos los medios intenta alejar mi cabeza de su pubis, pero al no poder, sucumbe al placer, al deseo. Acaricia su cuerpo, sus pechos, pellizca sus pezones, agarra sus senos, los aprieta con sus manos, los chupa, los muerde con su boca, mientras jadea de gozo. Mientras mi lengua lame sin cesar su clítoris, lo chupo con intensidad.
Gritos de placer inundad la habitación, su cuerpo se vuelve a estremecer, mientras agarra con fuerza sus pechos, su cuerpo tiembla, en su cavidad reaparece la esencia del placer.
Excitada lentamente deja caer su cuerpo, se sienta en el suelo, toma aire, mientras yo me siento a su lado, le acaricio el pelo, nos miramos, nos unimos en un beso, mientras nuestros cuerpos se funden en un abrazo.
hombre_casado: estas?
hombre_casado: sigo?
Simplemente_Lucia: no, por hoy está bien
hombre_casado: ok
.
hombre_casado: te corriste?
Simplemente_Lucia: si, sabes que si
Simplemente_Lucia: tus relatos me ponen a 100
Simplemente_Lucia: con ellos termino mojada y llena de placer
Simplemente_Lucia: sabes que me gustaría?
Simplemente_Lucia: conocerte me das morbo
hombre_casado: sabes que no
Simplemente_Lucia: porque?
hombre_casado: solo estoy en el chat para escribir relatos y poner a 100 a las mujeres, si puedo
hombre_casado: como sabes estoy casado, amo a mi mujer y no quiero serle infiel
Simplemente_Lucia: solo quiero conocerte, además sabes que yo también estoy casada
Simplemente_Lucia: un café, una copa, lo que quieras
Simplemente_Lucia: no te gustaría conocerme?
hombre_casado: mmmmmmmmmm
hombre_casado: si me gustaría, está bien de acuerdo
De aquella conversación poco más. Pues al cabo de cinco minutos nos despedimos ya que ere bastante tarde.
Aquella tarde me dirigí al bar acordado, donde habíamos quedado. Eran las tres de la tarde, verano, caluroso, un sol infernal radiaba con fuerza, como le había dicho a Lucia, para que me reconociera, llevaba pantalones cortos, camiseta negra y uno de mis libros favoritos, ella me pregunto si yo quería saber cómo iría vestida y le dije que no, pues así, si en el último momento, al verme decidía batirse en retirada, no tendría que dar explicaciones.
Lo que Lucia no sabía, es que no se encontraría al príncipe azul, al caballero de la armadura, pues si era verdad que llevaba pantalones cortos y camiseta negra pero roñosa, vieja, unos harapos. Además si era verdad lo que le conté sobre mi físico.
1,75cm
61kg
Moreno
Ojos claros
Pelo negro y largo
Manos grandes
Lo que no sabía es que yo no era delgado sino escuálido, paticorto, con barba de una semana, pelo largo sin peinar, alborotado al viento y enclenque. Vestía así porque pensaba que no se presentaría y si se presentaba, saldría huyendo poniendo pies en polvorosa al verme pues Dios o la naturaleza me dio el don de la belleza, en una palabra soy más feo que Picio.
Llegue al bar media hora antes de lo acordado, me senté en una mesa de la terraza, pedí un refresco y allí sentado me puse a leer el libro, pensando que no vendría. Al cabo de un rato, concentrado en mi lectura una voz dulce y melodiosa me pregunta.
- Está ocupada la silla.
Al mirar, vi a una hermosa mujer, lozana, madura de cuarenta y pocos años, pelo largo que le llegaba a media espalda, morena, ojos marrones, cuerpo corpulento, y deslumbrantes piernas. Además de unos enormes senos. Llevaba un vestido veraniego, de tirantes de gran escote, donde se podía apreciar parte de sus magníficos senos.
En un primer momento pensé que me pedía la silla, ingenuo de mí. A lo que conteste.
- Si llévatela, está libre.
Acto seguido se sentó a mi lado, yo perplejo, bobalicón la miraba mientras me decía.
- Hola, Simplemente Lucia
- Hola, hombre casado. Conteste.
Fue lo único que pude articular. Pues semejante mujer al lado mío, era Lucia, estaba allí, no me lo podía creer. Durante un buen rato hablamos tranquilamente, mis ojos intentaban mirarla a la cara, pero aquel escote me hipnotizaba y con disimulo lo admiraba.
No alcanzaba a creer que estuviera allí, que esa mujer se excitara tanto con mis relatos. Aunque la conocía del chat, sabía que el fuego de su matrimonio se había apagado hace tiempo y sin hijos y cargas familiares se pasaba el tiempo de compras, con las amigas o en el ordenador.
Lo que no entendía como pudiendo una relación esporádica con cualquier hombre, estaba allí, mirándole a los ojos se lo pregunte.
- Pudiendo estar con cualquier hombre, ¿Porque yo? Eres muy hermosa y no te faltaran hombre que te acechen.
Cogiéndome de la mano y acariciándomela con los dedos, me miro y dijo.
- Por eso mismo, hace tiempo que nos conocemos, estas hay cuando necesito a alguien y además me encantan tus relatos, me ponen a 100. Es mas solo de pensarlo me pongo cachonda.
Ensimismado, no reaccione, ella me cogió de la mano, bajándola por debajo de la mesa hasta llegar a sus piernas, las abrió, y mi mano surco sus piernas por debajo del vestido hasta llegar a su ropa interior, mis dedos notaron su excitación, su tanga húmedo y pringoso.
Al reaccionar, de un brinco saque la mano, excitación, nervios, piel sudorosa y ahora no era por el calor, sino por la situación, dulce per a su vez incomoda pues alguien nos podía ver.
- i Que haces, nos pueden ver!
- Me exista, con solo estar a tu lado, quiero ser la protagonista de tus relatos. Me susurro al oído.
Su mano roza mi pierna y en un movimiento suave y ligero, la apoyo en mi miembro semi erecto, lo acaricio.
- ¿Me vas a decir que no? ¿No te gustaría pasar un rato conmigo?
Susurros en mi oreja, mientras su mano no paraba de acariciar mi entrepierna. Nervioso, sin saber qué hacer, me levante de mi silla y le dije.
- Perdona Lucia, esta situación me incomoda, sintiéndolo mucho me voy.
Ella hábil en reflejos, reacciono, me cogió del brazo para que no me fuera.
- Perdona Xabi, no ere mi intención incomodarte, por favor, quédate, terminemos las copas y si quieres me acompañas al coche cuando me vaya.
Me volví a sentar, conversamos hasta terminar nuestras copas y la acompañe. Dejamos el bar, la plaza contigua para adentrarnos en una calle estrecha, ella caminaba por la acera, minúscula, y yo por el carril adoquinado, a su lado, ni una palabra entre ambos.
A la altura de un hotel semioculto en aquella calle; Lucia se paró, se apoyó en la pared y se encendió un cigarrillo, en ese momento intente excusarme.
- Perdona Lucia, perdona mi comportamiento de crio, pero amo a mi mujer, no soportaría la culpabilidad, el remordimiento, eres muy sexy ardiente y en otra situación no me lo pensaría, te diría que sí sin pensarlo.
Ella esbozo una sonrisa en su cara, me miró fijamente y rodeo con sus brazos mi cuello.
- I Hay que lindo eres mi niño ¡
Sentía su cuerpo rozar con el mío, sus enormes pechos pegados a mi cuerpo y sus duros pezones moviéndose suavemente sobre mi piel. Mi miembro volvía a entrar en eruccion. Me susurraba palabras en el oído y sentía su embriagador perfume. Evelesado por la situación no me di cuenta de la situación, no me di cuenta que mi erección eras plena y ella lo notaba, sin previo aviso sentí sus labios cremosos de carmín en los míos, entrelazamos lengua, intercambiamos saliva, mientras nuestras lenguas jugaban, en un beso interminable.
- Dime que si, solo esta vez, nadie tiene que enterarse. Susuros melódicos en mi oído.
Ensimismado por la situación sucumbí y dije que sí, pues yo también lo deseaba. Acto seguido me cogió de la mano y entramos en el hotel, mientras ella iba a recepción, yo esperaba en la entrada al lado de los ascensores. Recogió las llaves de la habitación y subimos a dar rienda suelta a nuestra pasión. Besos, caricias, miradas, antes de llegar.
Entramos a la habitación, cerré la puerta y Lucia, apoyada en la pared me miraba con ojos de deseo. La bese, sentí su dulce carmín en mis labios, mientras mis enormes manos, como las de un jugador de baloncesto, recorrían su cuerpo, por encima del vestido veraniego de tirantes.
Su barriga, el torso, hasta llegar a sus pechos, mis grandes manos intentaban abarcar por completo sus senos pero era imposible, pues eran enormes. Besaba su cuello mientras bajaba unos de sus tirantes del vestido y con extrema delicadeza saque uno de sus pechos, mis ojos comprobaron que era impresionante, natural, algo caído con grandiosa areola y durísimo pezón.
Empeze a besar aquella magnifica magnificencia, cada centímetro, cada surco. Mientras mi mano buscaba su entrepierna. Acariciaba sus lutrosos muslos, lentamente, subiendo, mi mano se deslizaba por su piel hasta tropezar con su tanga mojado y pringoso, lo acaricie. Al sentir mi mano su respiración se acelero, mientras sus labios decían.
- Siiiiii…….Como me pones.
Mi lengua surcaba su areola, para después seguir con un sutil chupetón de mis labios y continuar lamiendo su pezón, moviendo mi lengua arriba y abajo. Solo se oía su voz, que entre gemidos y jadeos decía.
- i Mueeerdemeloooo!
Acto seguido, suavemente, mordí con mis dientes aquel enorme pezón, duro como el hielo, tirando de ellos delicadamente, para después soltarlos y lamerlo con mi lengua, una y otra vez.
Mientras, mis manos en su entrepierna, juguetona, separaban su ropa interior de su piel. Acaricie su pubis, y la yema de mis dedos buscaron su clítoris excitado, empapado. Lo acaricie con dulzura, sintiendo todo su hinchazón.
_ i Siiiiiiiiiiiii, me encanta, noooo pareees! Exclamaba.
Baje mi mano despacio y metí mis dedos, largos y finos, en su coño mojado, lentamente. Mientras mi boca mordía sus pechos.
Pausadamente, metía y sacaba mis dedos de su vagina ardiente, introduje mis dedos hasta adentro, mi mano chocaba contra su pubis, estando dentro, mis dedos, los movía de un lado a otro, para darle más placer. Ella se mordía los labios, gemía, me acariciaba la cabeza.
En ese instante saque mis dedos y muy despacio me fui agachando, tranquilamente levante su vestido, admire su tanga empapado y paulatinamente empecé a besar sus lozanos muslos, subiendo hasta llegar a su tanga, húmedo y pringoso. Lo bese, los roce con mis labios, para poco después morder su ropa interior, impregnada en flujo y quitárselo lentamente con mi boca.
En ese instante ella se quitó el vestido y yo de rodillas mirándola pude admirar su cuerpo desnudo, voluminosos pechos, algo caídos con una areolas gigantescas, con unos enormes pezones. A la altura de mi vista estaba su pubis grandioso, labios separados, clítoris hinchado, húmedo.
Mis labios besaron sus pliegues, rozaban su pubis, buscando su vulva hinchada. Lo bese delicadamente para después, palpar con la punta de mi lengua su clítoris excitado, suave, despacio. Para seguir con una leve caricia de mis labios. Lamí una y otra vez, arriba y abajo para terminar con una chupadita de mis labios, lo succionaba y levemente tiraba de su vulva para después soltarla.
Maniobra que yo repetía una y otra vez. Mientras sentía una y otra vez sus caricias en mi cabeza, en mi cuero cabelludo y sus gemidos rompían el silencio de la habitación. Mi lengua se deslizo por sus pliegues y muy despacio fui introduciendo mi lengua en su vagina. Metía y sacaba mi lengua mientras mis dedos acariciaban su clítoris.
Metí mi lengua, esta vez sin sacarla, hasta el fondo, mi cara contra su pubis, Lucia me agarraba la cabeza y me la empujaba para que entrara más mi lengua, mientras yo la movía de un lado a otro, dentro de su coño, sintiendo como se abrían sus paredes vaginales y su flujo caliente, viscoso, caía en mi boca.
Ella excitadísima, cara enrojecida, ojos cerrados, mordiéndose los labios, respiración acelerada y cuerpo sudoroso. Sudor que surcaba su cuerpo, su piel resbaladiza, olor embriagador. Mientras su voz agitada, excitada, no paraba de jadear.
- Siiiiiiiiiiii, no pares.
- Como me poneeeees.
- Estoy apuntoooooo.
Saque mi lengua de su vagina, para introducir de nuevo mis dedos, primero lentamente, mientras vuelvo al placer de su vulva, agitadísima Lucia me coge del brazo y empieza a moverlo con gran virulencia, a dentro y fuera, mientras mis labios succionan su clítoris.
- i Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! Exclamo Lucia.
Mientras sus músculos se contraen, tiemplan de placer, lentamente voy sacando mis dedos empapados, mientras mis ojos ven como de su vagina, emana néctar, deslizándose pierna abajo. Con suma delicadeza, mis labios absorben su flujo, su ambrosia, subiendo pierna arriba hasta llegar a sus labios vaginales y besarlos.
Sigo jugando y vuelvo a introducir mi lengua en su vagina, húmeda, caliente, ella con gran agitación intenta ahora apartar mi cabeza.
- i No por favor, no sigas, déjame descansar!
Yo, como un niño travieso, sigo con mi lengua dentro, jugando con su cocha. Por todos los medios intenta alejar mi cabeza de su pubis, pero al no poder, sucumbe al placer, al deseo. Acaricia su cuerpo, sus pechos, pellizca sus pezones, agarra sus senos, los aprieta con sus manos, los chupa, los muerde con su boca, mientras jadea de gozo. Mientras mi lengua lame sin cesar su clítoris, lo chupo con intensidad.
Gritos de placer inundad la habitación, su cuerpo se vuelve a estremecer, mientras agarra con fuerza sus pechos, su cuerpo tiembla, en su cavidad reaparece la esencia del placer.
Excitada lentamente deja caer su cuerpo, se sienta en el suelo, toma aire, mientras yo me siento a su lado, le acaricio el pelo, nos miramos, nos unimos en un beso, mientras nuestros cuerpos se funden en un abrazo.
10年前