MI AMIGA DEL CHAT (SEGUNDA PARTE)
Seguíamos los dos en la habitación del hotel, tumbados en la cama, desnudos, Lucia recuperando el aliento, yo a su lado, la abrazaba con mis brazos mientras mis dedos acariciaban su pelo, la besaba, besos de ternura, de amor, en la frente mientras ella me miraba.
En un instante nos miramos, fijamente, nuestros labios se unieron en un beso sin fin, eterno. Se sentó encima mío mientras yo seguía tumbado boca arriba.
Me besa el cuello y su pubis se contonea encima de mi miembro, siento sus pliegues pringosos, oleaginosos, danzando encima de mí pene semi erecto. Sus pechos bailan arriba y abajo, rozando mi piel, al ritmo de su danza.
Su boca se desliza por mi piel, besa cada palmo de mi cuerpo, siento sus labios carnosos, por el pecho, mi torso, el vientre, hasta llegar abajo. Con la punta de su lengua roza delicadamente mi glande, desliza su lengua por mi pene, bajando, hasta llegar a los testículos, besarlos para continuar chupándolos. Mientras una de sus manos masajea mi miembro erecto.
Lamio mi pene con extrema delicadeza, para después lentamente, sus labios dulces, acariciaban mi pene, arriba y abajo, despacio, pausadamente. Excitado solo supe acariciar su cabeza. Mientras sentía como sus labios chupaban mi miembro.
Volvió a subir mientras su boca mordisqueaba mi cuerpo, yo seguía tumbado en la cama, mientras Lucia, de rodillas, piernas abiertas a la altura de mi cintura cogía mi verja dura, la pasaba por sus pliegues, su clítoris y al final lo introdujo en su coño, despacio, pausadamente, hasta adentro.
Poco a poco fue incrementando el ritmo, cabalgaba como un potro desbocado, mientras sus senos se movían alocadamente y por su piel corrían velozmente gotas de sudor.
Al ver esos pechos saltarines, sobre mi cara, me apresure a agarrarlos, acariciarlos, mientras mi boca mordisqueaba aquellos monumentales pezones. Lucia, en cada cabalgada, en cada sacudida, rozaba su clítoris contra mi piel. Cansada, se recostó sobre mi cuerpo, sentí sus enormes pechos, sus pezones duros, su cuerpo mojado por el esfuerzo, mientras seguía trotando sobre mi verga y rozaba su vulva hinchada contra mi ingle.
Cambiamos de posición, la puse a cuatro patas, pase mi pene duro por su pubis y pausadamente la introduje su concha, mientras besaba su espalda, su cuello. Arrodillados los dos sobre la cama, levante su cuerpo, un brazo suyo rodeaba mi cuello, mientras yo besaba el suyo, lo mordía, su otra mano masajeaba su clítoris excitado y mis manos agarraban sus seno, los apretaba con ternura. Mientras mi pene duro entraba hasta el fondo, una y otra vez.
- i Siiiiiii!..........Sigue.
- ¡No pares, mi niño!
- ¡Follame toda!
Esas palabras me excitaban aún más, la agarre de la cintura, ella con tres extremidades apoyadas en la cama y la cuarta jugaba con su clítoris. Mis manos se aferran a su cintura y como un toro bravo empecé a embestirla.
Gritos, gemido.
- ¡si follame toda! ¡Métemela toda, hasta adentro!
Hundí toda mi verja, hasta el fondo, empapada de flujo, completamente empalmada, gruesa, firme, mientras sus cuerpo temblaba a cada sacudida, sus pechos volaban de un lado a otro sin cesar.
- ¡Siiiiiiii! ¡No pares!
- ¡Estoy a punto!
Gritaba sin parar, al escuchar esas palabras me excitaron más, la agarre con fuerza la cintura y con toda mi energía arremetía mi pene en su coño. Gemido, gritos de placer rompieron el silencio de la habitación.
- ¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
- ¡Me voyyyyyyyyyyyyyyy!
- ¡Ahhhhhhhhhhhhhhh!
Terminamos los dos casi al unísono, Lucia, un orgasmo de felicidad, recorre sus piernas, cálido y viscoso, yo una corrida memorable dentro de su concha, húmeda y caliente.
Con mi miembro fuera, ella tumbada boca abajo, empecé a besar su cuerpo sudoroso por el esfuerzo y al instante me tumbe a su lado, nos abrazamos e intercambiamos miradas de complicidad mientras recuperábamos el aliento.
Durante un buen rato nos quedamos en la cama, abrazados, acariciándonos, como si el tiempo se hubiera detenido, como si no hubiera un mañana.
- ¿Qué hora es? Me pregunto
A lo que yo respondí que eran cerca de las ocho. De un brinco, salto de la cama, corrió al baño, se aseo, cuerpo desnudo corriendo, tetas desnudas saltaban al aire. Al volver, yo todavía en la cama, se vistió rauda y veloz, se calzo los zapatos mientras me decía.
- ¡No llego! ¡No llego!
- Seguimos hablando por el chat, por la habitación no te preocupes, está pagada.
Me miro, beso mis labios y antes de verla marchar me dijo.
- Me has hecho muy feliz. Marchándose de la habitación y quedándome solo en la cama.
Durante algún tiempo seguimos chateando, hablando, contándonos relatos, pero durante ese tiempo no hablamos de aquella tarde de verano. Aunque me apetecía estar con ella, no me atreví a hablar del tema, ya sea por respeto, miedo, fidelidad, mis labios permanecieron sellados, no hablaron de aquel día, hasta ….
- Simplemente_Lucia: ¿Te puedo hacer una pregunta?
- Hombre_casado: si, sabes que sí, tienes toda mi confianza.
- Simplemente_Lucia: ¿No te gusto la tarde que pasamos en el verano? ¿Cómo no hablas de ello?
- Hombre_casado: Sabes que sí, me encanto y lo volvería a repetir, pero el sentimiento de culpa, de infidelidad….
- Hombre_casado: Te veo en el chat y el corazón se me pone a cien.
-
- Simplemente_Lucia: Yo también.
-
- Hombre_casado: ¿?
-
- Simplemente_Lucia: Me encantaría pasar otra tarde contigo.
Se hizo el silencio, el tiempo transcurría y ninguno de los dos hablábamos, yo sin saber que contestar ella esperando una respuesta.
- Simplemente_Lucia: ¿Estas?
- Hombre_casado: Si
- Simplemente_Lucia: Seria tu mamita, serias mi niño mimado, te lo consentiría todo.
- Hombre_casado: ¿Todo?
- Simplemente_Lucia: Si
- Hombre_casado: Un trio con otra mujer, sexo anal y alguna fantasía mas.
- Simplemente_Lucia: Si, quien mejor que tú para desvirgarme mi enorme culote, eres dulce, cariñoso, paciente y serias muy delicado.
Ante aquel cumulo de antojos concedidos sucumbí, quería comprobar si era verdad. También he de reconocer que deseaba estar con ella, sentir su cuerpo. Aquella mañana, como habíamos quedado, me dirigí a casa de Lucia, pues ella estaría sola y su marido no llegaría hasta la mad**gada.
Lo tenía claro, no iba a ser tan cabron de desvirgarle el ano en nuestra segunda cita. Lo haría con delicadeza, pero cumpliría una de mis fantasías, llevaba una mochila con un set de juguetes eróticos. Plumero, esposas, lubricante….
Al llegar a la dirección indicada, me encontraba en una urbanización de casas de lujo a las afueras de la ciudad. Llame al portero electrónico y al instante se abrió la verja, al llegar a l puerta de la entrada, Lucia me abrió, me invito a entrar, al pasar al interior vi una casa enorme, con habitaciones grandes y todo impoluto, como en un Museo. La seguí, estaba radiante, recién duchada, el pelo mojado y suelto, caía por su espalda, llevaba un bati corto, suave, diría que de seda, que le llegaba a un palmo de su pubis y dejaba entrever parte de sus pechos.
Llegamos a la cocina y me senté, mientras mis ojos la admiraban, se sentó en mi regazo, acaricio mi pelo, beso mis labios, su olor me embriagaba, me seducía. Me pregunto si quería tomar algo.
A ti. Le susurre al oído mientras mordía su lóbulo de la oreja, mientras mis manos se deslizaban por sus piernas y mis labios surcaban su cuello. Acaricie sus muslos subiendo lentamente mi mano hasta llegar a su pubis desnudo, depilado, lo fui manoseando despacio, mientras nos besábamos y nuestras lenguas se rozaban una y otra vez y terminar en un mordisqueo labial y volver a empezar.
La yema de mis dedos sentía su excitación, su vulva hinchada, mientras gemía de placer, mientras decía.
- Como me pones mi niño. Vamos a mi habitación, estaremos más cómodos.
La acompañe, no sin antes coger unos cuantos hielos y el set de juguetes eróticos. Al llegar a la habitación se quitó el batín y se tumbó en la cama, me miraba mientras yo me desvestía. Le pedí que se pusiera boca abajo, me puse de rodillas, piernas abiertas a la altura de su cadera, con un lubricante masajee su espalda mientras mi boca besaba su cuello, lo mordía. Seguí bajado y mis labios recorrieron toda su espalda, la mordían, hasta llegar a su cadera y pellizcar con mis dientes sus nalgas, su grandioso culo, abrí sus nalgas y con delicadeza pase la punta de mi lengua por su ano, Lucia gimió, le encanto la sensación, después le lamí todo el ano pues aquella sensación nueva le gustaba. Le pedí que se diera la vuelta, mientras yo cogía las esposas y le dije.
- ¡Jugamos!
A lo que ella sin dudar dijo que si. Con mucho cuidado espose sus brazos al cabecero de la cama y me puse de rodillas nuevamente encima de ella. Lubrique sus senos para después masajearlos nos mis manos, mientras los mordía, lamia sus pezones, sus aureolas y pellizcaba sus pezones. Lucia no cabía en su gozo.
Me tumbe en la cama, abrí sus piernas y delante de mí su sexo, lamí sutilmente su clítoris, con mi lengua, para seguir con chupetones con mis labios, deslice mi boca por su uretra e introduje mi lengua en su vagina, la movía dentro a un lado y a otro sintiendo sus paredes vaginales, húmedas, viscosas. Mientras oía.
- ¡Siiiiiiiiiiii!
- ¡No, pareeeeeeesssssssssss!
Ella muy excitada, mojada no paraba de moverse con las manos atrapadas, a punto de llegar al orgasmo saque mi lengua empecé a besar sus muslos. Al cabo de unos minutos volvía a lamer su clítoris y a introducir mis dedos, primero lentamente, para después aumentar el ritmo y poner su vagina más húmeda y a Lucia más excitada.
- ¡Oooooooooohhhh!
- ¡sigue métemelo hasta el fondo!
Cara enrojecida, piel sudorosa, gemidos continuos, a punto de llegar otra vez y yo saco mi mano y juego con sus pechos. Lucia extrañada me pregunta.
- ¿Qué haces?
Quiero ser tu niño malo. Le contesto, mientras cojo un de hielo. Primero lo paso por sus labios, su cuello, resbalándose por su piel, derritiéndose poco a poco. Se estremece al sentir aquel trozo de agua helada en sus senos, sus pezones. Gotas de agua se deslizan por su piel, que yo persigo con mis labios y las atrapo. Con el hielo entre mis dedos, lo deslizo suave, despacio, por su clítoris y lo voy intercambiando con sutiles caricias de mi lengua, ligeros chupetones.
- ¡Siiiiiiiiiiii!
- ¡Estoy a punto!
Acto seguido me vuelvo a retirarme a lo que acto seguido cabreada me dice.
- ¡Qué haces! ¡No puedo más voy reventar!
- Ser un niño malo. Le contesto con una sonrisa picarona.
- Me tienes como una perra en celo, no aguanto más, quiero correrme. Me dice.
Abro sus piernas, beso sus muslo, con la punta de mi lengua, recorro sus pliegue, para después continuar besando sus labios vaginales, quiero que se corra en mi cara en mi boca, sentir su flujo descender por mi garganta, pero antes excitarla al máximo, para que tenga un orgasmo bestial, monumental, ante de lamer el clítoris, introduje mi lengua, quería sentir en mi boca lo mojada que estaba, la hundí hasta el fondo y la moví de un lado a otro.
- ¡ Siiiiiiiiiii, mi niño, asin!
- ¡No pares! ¡No pares!
- ¡Dale placer a tu mamita!
- ¡Aaaaaahhhhhhhhhh! ¡Aaaaaahhhhhhhhh!
Yo no paraba de mover mi lengua dentro de su coño, mientras ella movía su pubis a cada movimiento de mi lengua. Saque mi lengua, mi boca choreaba saliva y flujo, delicioso manjar. Pase mi lengua por su vulva excitada y empecé a chuparla con la delicadeza de mis labios, una y otra vez, lo succionaba y lo soltaba cada vez más rápido, sin parar. Hasta que estallo un grito.
- ¡Aaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
- ¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
Piernas temblorosas, pubis levantado, un palmo de la cama, mejillas enrojecidas y su aliento entrecortado. Mientras siento una explosión de flujo caliente que sale disparado hacia mi cara. Cara empapada, risa en el ambiente, felicidad en su cara. Limpio mi cara con mis dedos, que después me llevo a la boca y disfruto de ese manjar. Lucia acostada en la cama, esposada al cabecero de la cama, intenta recomponerse, recuperar el aliento. Mientras yo saboreo sus piernas, su pubis, recogiendo con mi boca toda el flujo, toda aquel manjar de Dioses,.
Continuara…..
En un instante nos miramos, fijamente, nuestros labios se unieron en un beso sin fin, eterno. Se sentó encima mío mientras yo seguía tumbado boca arriba.
Me besa el cuello y su pubis se contonea encima de mi miembro, siento sus pliegues pringosos, oleaginosos, danzando encima de mí pene semi erecto. Sus pechos bailan arriba y abajo, rozando mi piel, al ritmo de su danza.
Su boca se desliza por mi piel, besa cada palmo de mi cuerpo, siento sus labios carnosos, por el pecho, mi torso, el vientre, hasta llegar abajo. Con la punta de su lengua roza delicadamente mi glande, desliza su lengua por mi pene, bajando, hasta llegar a los testículos, besarlos para continuar chupándolos. Mientras una de sus manos masajea mi miembro erecto.
Lamio mi pene con extrema delicadeza, para después lentamente, sus labios dulces, acariciaban mi pene, arriba y abajo, despacio, pausadamente. Excitado solo supe acariciar su cabeza. Mientras sentía como sus labios chupaban mi miembro.
Volvió a subir mientras su boca mordisqueaba mi cuerpo, yo seguía tumbado en la cama, mientras Lucia, de rodillas, piernas abiertas a la altura de mi cintura cogía mi verja dura, la pasaba por sus pliegues, su clítoris y al final lo introdujo en su coño, despacio, pausadamente, hasta adentro.
Poco a poco fue incrementando el ritmo, cabalgaba como un potro desbocado, mientras sus senos se movían alocadamente y por su piel corrían velozmente gotas de sudor.
Al ver esos pechos saltarines, sobre mi cara, me apresure a agarrarlos, acariciarlos, mientras mi boca mordisqueaba aquellos monumentales pezones. Lucia, en cada cabalgada, en cada sacudida, rozaba su clítoris contra mi piel. Cansada, se recostó sobre mi cuerpo, sentí sus enormes pechos, sus pezones duros, su cuerpo mojado por el esfuerzo, mientras seguía trotando sobre mi verga y rozaba su vulva hinchada contra mi ingle.
Cambiamos de posición, la puse a cuatro patas, pase mi pene duro por su pubis y pausadamente la introduje su concha, mientras besaba su espalda, su cuello. Arrodillados los dos sobre la cama, levante su cuerpo, un brazo suyo rodeaba mi cuello, mientras yo besaba el suyo, lo mordía, su otra mano masajeaba su clítoris excitado y mis manos agarraban sus seno, los apretaba con ternura. Mientras mi pene duro entraba hasta el fondo, una y otra vez.
- i Siiiiiii!..........Sigue.
- ¡No pares, mi niño!
- ¡Follame toda!
Esas palabras me excitaban aún más, la agarre de la cintura, ella con tres extremidades apoyadas en la cama y la cuarta jugaba con su clítoris. Mis manos se aferran a su cintura y como un toro bravo empecé a embestirla.
Gritos, gemido.
- ¡si follame toda! ¡Métemela toda, hasta adentro!
Hundí toda mi verja, hasta el fondo, empapada de flujo, completamente empalmada, gruesa, firme, mientras sus cuerpo temblaba a cada sacudida, sus pechos volaban de un lado a otro sin cesar.
- ¡Siiiiiiii! ¡No pares!
- ¡Estoy a punto!
Gritaba sin parar, al escuchar esas palabras me excitaron más, la agarre con fuerza la cintura y con toda mi energía arremetía mi pene en su coño. Gemido, gritos de placer rompieron el silencio de la habitación.
- ¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
- ¡Me voyyyyyyyyyyyyyyy!
- ¡Ahhhhhhhhhhhhhhh!
Terminamos los dos casi al unísono, Lucia, un orgasmo de felicidad, recorre sus piernas, cálido y viscoso, yo una corrida memorable dentro de su concha, húmeda y caliente.
Con mi miembro fuera, ella tumbada boca abajo, empecé a besar su cuerpo sudoroso por el esfuerzo y al instante me tumbe a su lado, nos abrazamos e intercambiamos miradas de complicidad mientras recuperábamos el aliento.
Durante un buen rato nos quedamos en la cama, abrazados, acariciándonos, como si el tiempo se hubiera detenido, como si no hubiera un mañana.
- ¿Qué hora es? Me pregunto
A lo que yo respondí que eran cerca de las ocho. De un brinco, salto de la cama, corrió al baño, se aseo, cuerpo desnudo corriendo, tetas desnudas saltaban al aire. Al volver, yo todavía en la cama, se vistió rauda y veloz, se calzo los zapatos mientras me decía.
- ¡No llego! ¡No llego!
- Seguimos hablando por el chat, por la habitación no te preocupes, está pagada.
Me miro, beso mis labios y antes de verla marchar me dijo.
- Me has hecho muy feliz. Marchándose de la habitación y quedándome solo en la cama.
Durante algún tiempo seguimos chateando, hablando, contándonos relatos, pero durante ese tiempo no hablamos de aquella tarde de verano. Aunque me apetecía estar con ella, no me atreví a hablar del tema, ya sea por respeto, miedo, fidelidad, mis labios permanecieron sellados, no hablaron de aquel día, hasta ….
- Simplemente_Lucia: ¿Te puedo hacer una pregunta?
- Hombre_casado: si, sabes que sí, tienes toda mi confianza.
- Simplemente_Lucia: ¿No te gusto la tarde que pasamos en el verano? ¿Cómo no hablas de ello?
- Hombre_casado: Sabes que sí, me encanto y lo volvería a repetir, pero el sentimiento de culpa, de infidelidad….
- Hombre_casado: Te veo en el chat y el corazón se me pone a cien.
-
- Simplemente_Lucia: Yo también.
-
- Hombre_casado: ¿?
-
- Simplemente_Lucia: Me encantaría pasar otra tarde contigo.
Se hizo el silencio, el tiempo transcurría y ninguno de los dos hablábamos, yo sin saber que contestar ella esperando una respuesta.
- Simplemente_Lucia: ¿Estas?
- Hombre_casado: Si
- Simplemente_Lucia: Seria tu mamita, serias mi niño mimado, te lo consentiría todo.
- Hombre_casado: ¿Todo?
- Simplemente_Lucia: Si
- Hombre_casado: Un trio con otra mujer, sexo anal y alguna fantasía mas.
- Simplemente_Lucia: Si, quien mejor que tú para desvirgarme mi enorme culote, eres dulce, cariñoso, paciente y serias muy delicado.
Ante aquel cumulo de antojos concedidos sucumbí, quería comprobar si era verdad. También he de reconocer que deseaba estar con ella, sentir su cuerpo. Aquella mañana, como habíamos quedado, me dirigí a casa de Lucia, pues ella estaría sola y su marido no llegaría hasta la mad**gada.
Lo tenía claro, no iba a ser tan cabron de desvirgarle el ano en nuestra segunda cita. Lo haría con delicadeza, pero cumpliría una de mis fantasías, llevaba una mochila con un set de juguetes eróticos. Plumero, esposas, lubricante….
Al llegar a la dirección indicada, me encontraba en una urbanización de casas de lujo a las afueras de la ciudad. Llame al portero electrónico y al instante se abrió la verja, al llegar a l puerta de la entrada, Lucia me abrió, me invito a entrar, al pasar al interior vi una casa enorme, con habitaciones grandes y todo impoluto, como en un Museo. La seguí, estaba radiante, recién duchada, el pelo mojado y suelto, caía por su espalda, llevaba un bati corto, suave, diría que de seda, que le llegaba a un palmo de su pubis y dejaba entrever parte de sus pechos.
Llegamos a la cocina y me senté, mientras mis ojos la admiraban, se sentó en mi regazo, acaricio mi pelo, beso mis labios, su olor me embriagaba, me seducía. Me pregunto si quería tomar algo.
A ti. Le susurre al oído mientras mordía su lóbulo de la oreja, mientras mis manos se deslizaban por sus piernas y mis labios surcaban su cuello. Acaricie sus muslos subiendo lentamente mi mano hasta llegar a su pubis desnudo, depilado, lo fui manoseando despacio, mientras nos besábamos y nuestras lenguas se rozaban una y otra vez y terminar en un mordisqueo labial y volver a empezar.
La yema de mis dedos sentía su excitación, su vulva hinchada, mientras gemía de placer, mientras decía.
- Como me pones mi niño. Vamos a mi habitación, estaremos más cómodos.
La acompañe, no sin antes coger unos cuantos hielos y el set de juguetes eróticos. Al llegar a la habitación se quitó el batín y se tumbó en la cama, me miraba mientras yo me desvestía. Le pedí que se pusiera boca abajo, me puse de rodillas, piernas abiertas a la altura de su cadera, con un lubricante masajee su espalda mientras mi boca besaba su cuello, lo mordía. Seguí bajado y mis labios recorrieron toda su espalda, la mordían, hasta llegar a su cadera y pellizcar con mis dientes sus nalgas, su grandioso culo, abrí sus nalgas y con delicadeza pase la punta de mi lengua por su ano, Lucia gimió, le encanto la sensación, después le lamí todo el ano pues aquella sensación nueva le gustaba. Le pedí que se diera la vuelta, mientras yo cogía las esposas y le dije.
- ¡Jugamos!
A lo que ella sin dudar dijo que si. Con mucho cuidado espose sus brazos al cabecero de la cama y me puse de rodillas nuevamente encima de ella. Lubrique sus senos para después masajearlos nos mis manos, mientras los mordía, lamia sus pezones, sus aureolas y pellizcaba sus pezones. Lucia no cabía en su gozo.
Me tumbe en la cama, abrí sus piernas y delante de mí su sexo, lamí sutilmente su clítoris, con mi lengua, para seguir con chupetones con mis labios, deslice mi boca por su uretra e introduje mi lengua en su vagina, la movía dentro a un lado y a otro sintiendo sus paredes vaginales, húmedas, viscosas. Mientras oía.
- ¡Siiiiiiiiiiii!
- ¡No, pareeeeeeesssssssssss!
Ella muy excitada, mojada no paraba de moverse con las manos atrapadas, a punto de llegar al orgasmo saque mi lengua empecé a besar sus muslos. Al cabo de unos minutos volvía a lamer su clítoris y a introducir mis dedos, primero lentamente, para después aumentar el ritmo y poner su vagina más húmeda y a Lucia más excitada.
- ¡Oooooooooohhhh!
- ¡sigue métemelo hasta el fondo!
Cara enrojecida, piel sudorosa, gemidos continuos, a punto de llegar otra vez y yo saco mi mano y juego con sus pechos. Lucia extrañada me pregunta.
- ¿Qué haces?
Quiero ser tu niño malo. Le contesto, mientras cojo un de hielo. Primero lo paso por sus labios, su cuello, resbalándose por su piel, derritiéndose poco a poco. Se estremece al sentir aquel trozo de agua helada en sus senos, sus pezones. Gotas de agua se deslizan por su piel, que yo persigo con mis labios y las atrapo. Con el hielo entre mis dedos, lo deslizo suave, despacio, por su clítoris y lo voy intercambiando con sutiles caricias de mi lengua, ligeros chupetones.
- ¡Siiiiiiiiiiii!
- ¡Estoy a punto!
Acto seguido me vuelvo a retirarme a lo que acto seguido cabreada me dice.
- ¡Qué haces! ¡No puedo más voy reventar!
- Ser un niño malo. Le contesto con una sonrisa picarona.
- Me tienes como una perra en celo, no aguanto más, quiero correrme. Me dice.
Abro sus piernas, beso sus muslo, con la punta de mi lengua, recorro sus pliegue, para después continuar besando sus labios vaginales, quiero que se corra en mi cara en mi boca, sentir su flujo descender por mi garganta, pero antes excitarla al máximo, para que tenga un orgasmo bestial, monumental, ante de lamer el clítoris, introduje mi lengua, quería sentir en mi boca lo mojada que estaba, la hundí hasta el fondo y la moví de un lado a otro.
- ¡ Siiiiiiiiiii, mi niño, asin!
- ¡No pares! ¡No pares!
- ¡Dale placer a tu mamita!
- ¡Aaaaaahhhhhhhhhh! ¡Aaaaaahhhhhhhhh!
Yo no paraba de mover mi lengua dentro de su coño, mientras ella movía su pubis a cada movimiento de mi lengua. Saque mi lengua, mi boca choreaba saliva y flujo, delicioso manjar. Pase mi lengua por su vulva excitada y empecé a chuparla con la delicadeza de mis labios, una y otra vez, lo succionaba y lo soltaba cada vez más rápido, sin parar. Hasta que estallo un grito.
- ¡Aaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
- ¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
Piernas temblorosas, pubis levantado, un palmo de la cama, mejillas enrojecidas y su aliento entrecortado. Mientras siento una explosión de flujo caliente que sale disparado hacia mi cara. Cara empapada, risa en el ambiente, felicidad en su cara. Limpio mi cara con mis dedos, que después me llevo a la boca y disfruto de ese manjar. Lucia acostada en la cama, esposada al cabecero de la cama, intenta recomponerse, recuperar el aliento. Mientras yo saboreo sus piernas, su pubis, recogiendo con mi boca toda el flujo, toda aquel manjar de Dioses,.
Continuara…..
10年前