Ana y un extraño en el baño del cine

Ana y un extraño en el baño del cine

Había tenido un día bastante pesado en la oficina; así que apenas llegué a casa me relajé bastante, tomé un buen baño de inmersión y le pedí a Víctor que me llevara al cine. Realmente tenía ganas de ver una película romántica y no pensar en nada.
Eran casi medianoche cuando entramos al cine, no había casi nadie, solo algunas parejas y una media docena de hombres solos. Nos sentamos en el centro de la sala, lejos de todos los demás asistentes. Apenas se apagaron las luces, noté que un hombre se sentaba a mi izquierda.

Era una noche bastante cálida, por esa razón yo había elegido un vestido ligero, corto por encima de las rodillas, que se abría por delante como si fuera una blusa. No usaba ropa interior, estaba tan caliente que posiblemente iba a obligar a Víctor a que me cogiera en el auto antes de regresar a casa y ya estaba preparada para eso.

A los pocos minutos, empecé a sentir una mano subiendo por mi pierna derecha. Traté de distinguir la mano en la oscuridad, mientras ya llegaba casi a mi entrepierna. Abrí un poco mis muslos y dejé que accediera, gimiendo muy suavemente cuando sus dedos acariciaron mis labios vaginales, los cuales se humedecieron al instante.
Víctor notó mis gemidos y me preguntó si me encontraba bien. No podía ver la mano del hombre metida entre mis piernas, porque justo la película era bastante oscura.

Le dije que no pasaba nada, pero justo en ese instante dos dedos entraron en mi concha acariciando mi clítoris suavemente y me provocaron otro gemido de placer.
Víctor insistió, esta vez mirando por encima de mis hombros, pero entonces el hombre retiró suavemente su mano y mi esposo no pudo notar lo que sucedía.

Volvimos a concentrarnos en la pantalla, pero pocos segundos después la boca del hombre se acercó a mi oído y me susurró muy bajo:
“Seguramente tu marido no te coge muy bien; te espero en dos minutos en el baño, voy a cogerte como nunca nadie te cogió antes”.

Esas palabras me pusieron a mil. Enseguida vi que se levantaba de su asiento y desaparecía en la oscuridad. Yo sentía mi concha muy humedecida, mis labios vaginales bastante abiertos por la acción de sus expertos dedos…
Un minuto más tarde le dije a Víctor que necesitaba ir al baño y me levanté enseguida.

Al traspasar la puerta dudé entre dirigirme al baño de damas o caballeros, pero enseguida una puerta se abrió y la fuerte mano del hombre me arrastró hacia adentro:
“Aquí estoy, putita, no te vas a arrepentir de la cogida que voy a darte” Me susurró.

Me arrinconó contra el lavatorio, donde apoyé mi culo. El hombre empezó a besarme con urgencia, desabrochando mi vestido por delante. Gemí excitada, deseando más y más, mientras con su boca me comía mis pezones. Sentí su mano subiendo por mis muslos y metiéndose en mi entrepierna otra vez. Sus dedos hurgaron dentro de mis labios vaginales, hundiéndose hasta el fondo de mi ahora muy humedecida concha.
Un nuevo gemido salió de mi garganta, mientras sus dedos entraban y salían de mi cuerpo. Entonces mi nuevo amante se puso de cuclillas frente a mí. Me hizo abrir las piernas y acercó su boca a mi concha. Empezó a lamer y chupármela con desesperación, haciéndome estremecer y gemir de placer.

Justo en ese momento vi como la puerta, que quedaba justo frente a mí, se entreabría. Era Víctor, que se quedó paralizado frente a nosotros al verme en ese estado. Verlo allí observando como un extraño me poseía y me hacía perder el sentido, me excitó más todavía y sentí que mi primer orgasmo afloraba en la boca de ese hombre. Jadeé como una perra en celo y acabé.. El hombre entonces se levantó y sacó de sus pantalones una verga enorme y muy dura, dispuesta a darme la mejor de las cogidas… y así lo hizo, sin más, sin protección, sin importarle que mi marido estuviera observándonos desde la puerta, porque estaba segura de que él lo había visto en el espejo que estaba tras de mí.

Cuando su larga y gruesa verga se clavó en el fondo de mi vagina dejé escapar un grito de placer y luego continué jadeando y suspirando con sus embates.

El hombre miró a Víctor y le dijo:
“Te gusta cómo me cojo a tu mujercita, pedazo de cornudo, es una perra infernal”.

Víctor seguía inmóvil en la puerta, observando hipnotizado toda la escena. Bajé mi mirada a su entrepierna y pude notar que su pija estaba bien erecta, excitado por ver a su esposa siendo cogida por un perfecto desconocido.

Ay, amor… yo, por favor…” Gemí mientras trataba de justificar mi actitud y sintiendo como la enorme verga del desconocido entraba y salía de mi concha haciéndome estremecer de placer.
No tardé mucho en acabar por segunda vez y casi enseguida el hombre se tensó hacia atrás, clavó sus uñas en mis nalgas sosteniéndome mientras se derramaba dentro de mi cuerpo.

Ahhh, qué concha tan caliente!!”. Exclamó… “Te gustó la cogida que te pegué, perra?”
“Sí, síiii, síiiiii, me encantó que me cogieras así” Alcancé a responder entre jadeos.

El tipo sacó su verga de mi concha y tirando de mi pelo me hizo arrodillar frente a él diciéndome:
“Ahora vas a tragarte mi verga y dejármela bien limpia, si?”
Obedecí, sintiéndome una puta, viendo cómo Víctor me miraba lamer esa verga todavía endurecida. Tragué los restos de semen y la dejé reluciente. Cuando terminé el hombre me empujó a un lado y se acercó a Víctor, diciéndole:
“Es una perra infernal tu mujercita; cuando quieras que la coja otra vez, aquí está mi teléfono” dijo, entregándole una tarjeta.

Después desapareció sin voltear a mirarme. Mi esposo se acercó y me tendió una mano para ayudarme a levantar del suelo.
“Te gustó cómo te cogió ese tipo?, quiero saber la verdad!”. Me preguntó muy serio.
Yo no sabía qué responderle, si ser sincera y decirle que me había vuelto loca de placer esa verga dentro mío o mentirle y decirle que el tipo me había obligado a coger.
Antes de poder contestar, Víctor continuó: “A mí me puso a mil verte coger así”
Sentí un espasmo entre mis muslos al oír sus palabras y decidí ser también sincera:
“Me encantó la forma brutal como me cogió, pero lo que más me gustó fue que estuvieras presente mirando cómo ese tipo me cogía.” Le dije.

Regresamos a casa, directamente a nuestra cama. La concha me dolía un poco, así que le ofrecí que me sodomizara, ya que todavía estaba bastante caliente y excitada por la escena en el cine. Ni hablar Víctor, que me llenó la cola de semen en menos de cinco minutos.

Antes del amanecer volvimos a coger y después mientras recuperábamos la respiración, Víctor dijo con una sonrisa algo pícara:
“Mañana llamó a este tipo… qué te parece, amor…?”
発行者 Anitaslut44
10年前
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