El extraño del cine y una visita a domicili
El extraño del cine y una visita a domicilio
A la mañana siguiente de la tremenda cogida en el cine, me desperté sola en nuestra cama. Había estado cogiendo con Víctor varias veces durante la mad**gada y realmente no lo oí cuando él se levantó para ir a su oficina.
Me quedé todavía un rato más acostada, sintiendo como el semen de mi dulce marido todavía salía de mi cola bien abierta por su verga. La concha todavía me ardía y me excitaba pensar cómo me había cogido ese desconocido en el baño del cine.
Estaba desnuda todavía en la cama, cuando sonó el timbre de la puerta.
Me vestí a las apuradas con una remera larga que me tapaba la cola y al abrir la puerta me encontré cara a cara con el hombre que me había vuelto loca cogiéndome la noche anterior.
“Hola nena, vas a dejarme pasar? Dijo a manera de saludo.
“Mi esposo no está” Le respondí algo confundida…
“Ya lo sé, putita, él justamente me llamó para decirme que viniera a cogerte ahora”.
Me sorprendió un poco oír aquello, pero a la vez me excitó. Le permití pasar…
“Pero a mi esposo le gustaría estar presente mirando cómo me vas a coger”
“No te preocupes por eso. Voy a filmar todo para después enviárselo por correo al cornudo de tu marido y que pueda verlo en su oficina mientras trabaja.” Me dijo muy seguro de sí mismo.
Me arrastró hasta nuestro dormitorio y colocó una pequeña cámara de video en la mesa de luz, desde donde se podía enfocar perfectamente la cama.
En ese momento llamó Víctor, para preguntar si me había gustado la sorpresa. Le dije que ya estaba casi todo listo para empezar y se oyó excitado cuando me dijo que no podía esperar para ver el video.
“Hoy vas a ser su puta, vas a hacer todo lo que él te ordene” Me dijo antes de colgar.
Quedé un poco confundida, porque mi esposo jamás me había entregado así a un perfecto extraño.
“Me llamo Javier” Dijo el hasta ahora extraño del cine. “Ya estás lista para mi verga??”
Por toda respuesta me levanté un poco la remera larga y le mostré mis labios vaginales bien abiertos y húmedos.
“Muy bien, putita, así me gusta que me reciban mis perritas” Dijo sonriendo.
Entonces sus manos se metieron bajo la remera y sentí sus dedos explorando mi vagina, acariciando mi clítoris, haciéndome suspirar de placer.
“Hmmm… estás muy caliente, nena, con muchas ganas de tener mi verga adentro, si, verdad, putita?... te gusta mi verga??”?”
“Sí, hijo de puta, me encanta tu verga bien dura y gruesa” Respondí entre gemidos.
“Hoy vas a ser mi perra sumisa, Anita, vas a obedecerme en todo lo que te diga”.
Me ató las manos a mi espalda con una cuerda bien firme y me vendó los ojos con un pañuelo de seda negra. Me ordenó subir a la cama y ponerme de rodillas. Luego pude oír que él se desnudaba y se ubicaba a mis espaldas. Me aferró por los cabellos y me obligó a apoyar la cabeza sobre la almohada, dejando mi culo expuesto bien en alto.
Sentí entonces sus dedos hurgando en mi concha; ya estaba tan mojada que cuando me penetró con ellos entraron con suma facilidad. Gemí y suspiré muy excitada.
Entonces dijo riéndose: “Hoy vamos a probar algo distinto”.
Enseguida retiró sus dedos y antes de que pudiera darme cuenta me dio un buen empujón con sus caderas y su gruesa verga entró en mi culo en un solo saque, partiéndome en dos, haciéndome gritar de dolor como nunca.
Sentí que su verga me quemaba a medida que entraba y salía de mi culo como un ariete. Se abría paso con cada embate, cada vez más profundo. Sentí que el dolor iba a hacerme desmayar, pero pronto comencé a experimentar cierto placer.
Me sometió a un bombeo constante. Ahora podía sentir su verga casi saliendo por completo de mi culo, para después volver a penetrar hasta el fondo, donde nunca Víctor ni mis amantes habían llegado. Yo seguía aullando de placer, pidiéndole que me diera con todo, que me rompiera el culo sin piedad….
Javier aferró mis caderas y empezó un rítmico movimiento de vaivén dentro de mi cola, que me hizo enloquecer. Gemía sin parar, y entonces me quitó la venda de los ojos y me jaló por los cabellos, mientras me gritaba al oído:
“Así me gusta, puta, ahora vas a mirar directo a la cámara, para que el cornudo de tu marido vea tu cara de placer con mi verga enterrada en tu lindo culo bien estrecho”.
Se inclinó para mirar él también a la cámara, diciéndole a Víctor:
“A esta puta le encanta mi verga en el culo, ni te imaginas cómo la disfruta”.
Esas palabras aún me excitaron más y miré fijamente a la cámara imaginando que tras ella iba a estar mi esposo haciéndose una paja.
Javier siguió empujando cada vez más adentro de mi ano, sin dejarme apartar la cara de la cámara, sujetando mi pelo con firmeza y castigándome con su verga que entraba y salía con un ritmo enloquecedor. Sentía un ardor insoportable en mi cola.
Seguía con las manos atadas, pero el roce contra las sábanas ya me estaba provocando el inicio de un orgasmo infernal… Un par de minutos después por fin exploté, gritando como una loca…
“Así, putita, mostremos a tu marido cómo acabas con mi verga enterrada en tu culo”
Unos segundos después sentí que Javier arqueaba su espalda y me llenaba el culo de semen bien caliente, lo que me ayudó a aliviar un poco el ardor.
Caí rendida en la cama, mientras sollozaba y gemía de placer. Javier se acostó a mi lado y me acarició la espalda. Sus dedos volvieron a hurgar mi concha.
“Te gustó que te rompiera el culo, perra… la próxima vez voy a volver a tu conchita”.
Me tuvo así boca abajo con sus dedos metidos en mi concha y durante diez minutos me hizo acabar otras dos veces más, antes de desatarme las manos y permitirme ir al baño. Cuando regresé a la habitación, él ya se había ido, llevándose su cámara.
Una nota sobre la almohada decía:
“Mañana a las siete de la tarde en el bar de la esquina, vestida como una puta…”
A la mañana siguiente de la tremenda cogida en el cine, me desperté sola en nuestra cama. Había estado cogiendo con Víctor varias veces durante la mad**gada y realmente no lo oí cuando él se levantó para ir a su oficina.
Me quedé todavía un rato más acostada, sintiendo como el semen de mi dulce marido todavía salía de mi cola bien abierta por su verga. La concha todavía me ardía y me excitaba pensar cómo me había cogido ese desconocido en el baño del cine.
Estaba desnuda todavía en la cama, cuando sonó el timbre de la puerta.
Me vestí a las apuradas con una remera larga que me tapaba la cola y al abrir la puerta me encontré cara a cara con el hombre que me había vuelto loca cogiéndome la noche anterior.
“Hola nena, vas a dejarme pasar? Dijo a manera de saludo.
“Mi esposo no está” Le respondí algo confundida…
“Ya lo sé, putita, él justamente me llamó para decirme que viniera a cogerte ahora”.
Me sorprendió un poco oír aquello, pero a la vez me excitó. Le permití pasar…
“Pero a mi esposo le gustaría estar presente mirando cómo me vas a coger”
“No te preocupes por eso. Voy a filmar todo para después enviárselo por correo al cornudo de tu marido y que pueda verlo en su oficina mientras trabaja.” Me dijo muy seguro de sí mismo.
Me arrastró hasta nuestro dormitorio y colocó una pequeña cámara de video en la mesa de luz, desde donde se podía enfocar perfectamente la cama.
En ese momento llamó Víctor, para preguntar si me había gustado la sorpresa. Le dije que ya estaba casi todo listo para empezar y se oyó excitado cuando me dijo que no podía esperar para ver el video.
“Hoy vas a ser su puta, vas a hacer todo lo que él te ordene” Me dijo antes de colgar.
Quedé un poco confundida, porque mi esposo jamás me había entregado así a un perfecto extraño.
“Me llamo Javier” Dijo el hasta ahora extraño del cine. “Ya estás lista para mi verga??”
Por toda respuesta me levanté un poco la remera larga y le mostré mis labios vaginales bien abiertos y húmedos.
“Muy bien, putita, así me gusta que me reciban mis perritas” Dijo sonriendo.
Entonces sus manos se metieron bajo la remera y sentí sus dedos explorando mi vagina, acariciando mi clítoris, haciéndome suspirar de placer.
“Hmmm… estás muy caliente, nena, con muchas ganas de tener mi verga adentro, si, verdad, putita?... te gusta mi verga??”?”
“Sí, hijo de puta, me encanta tu verga bien dura y gruesa” Respondí entre gemidos.
“Hoy vas a ser mi perra sumisa, Anita, vas a obedecerme en todo lo que te diga”.
Me ató las manos a mi espalda con una cuerda bien firme y me vendó los ojos con un pañuelo de seda negra. Me ordenó subir a la cama y ponerme de rodillas. Luego pude oír que él se desnudaba y se ubicaba a mis espaldas. Me aferró por los cabellos y me obligó a apoyar la cabeza sobre la almohada, dejando mi culo expuesto bien en alto.
Sentí entonces sus dedos hurgando en mi concha; ya estaba tan mojada que cuando me penetró con ellos entraron con suma facilidad. Gemí y suspiré muy excitada.
Entonces dijo riéndose: “Hoy vamos a probar algo distinto”.
Enseguida retiró sus dedos y antes de que pudiera darme cuenta me dio un buen empujón con sus caderas y su gruesa verga entró en mi culo en un solo saque, partiéndome en dos, haciéndome gritar de dolor como nunca.
Sentí que su verga me quemaba a medida que entraba y salía de mi culo como un ariete. Se abría paso con cada embate, cada vez más profundo. Sentí que el dolor iba a hacerme desmayar, pero pronto comencé a experimentar cierto placer.
Me sometió a un bombeo constante. Ahora podía sentir su verga casi saliendo por completo de mi culo, para después volver a penetrar hasta el fondo, donde nunca Víctor ni mis amantes habían llegado. Yo seguía aullando de placer, pidiéndole que me diera con todo, que me rompiera el culo sin piedad….
Javier aferró mis caderas y empezó un rítmico movimiento de vaivén dentro de mi cola, que me hizo enloquecer. Gemía sin parar, y entonces me quitó la venda de los ojos y me jaló por los cabellos, mientras me gritaba al oído:
“Así me gusta, puta, ahora vas a mirar directo a la cámara, para que el cornudo de tu marido vea tu cara de placer con mi verga enterrada en tu lindo culo bien estrecho”.
Se inclinó para mirar él también a la cámara, diciéndole a Víctor:
“A esta puta le encanta mi verga en el culo, ni te imaginas cómo la disfruta”.
Esas palabras aún me excitaron más y miré fijamente a la cámara imaginando que tras ella iba a estar mi esposo haciéndose una paja.
Javier siguió empujando cada vez más adentro de mi ano, sin dejarme apartar la cara de la cámara, sujetando mi pelo con firmeza y castigándome con su verga que entraba y salía con un ritmo enloquecedor. Sentía un ardor insoportable en mi cola.
Seguía con las manos atadas, pero el roce contra las sábanas ya me estaba provocando el inicio de un orgasmo infernal… Un par de minutos después por fin exploté, gritando como una loca…
“Así, putita, mostremos a tu marido cómo acabas con mi verga enterrada en tu culo”
Unos segundos después sentí que Javier arqueaba su espalda y me llenaba el culo de semen bien caliente, lo que me ayudó a aliviar un poco el ardor.
Caí rendida en la cama, mientras sollozaba y gemía de placer. Javier se acostó a mi lado y me acarició la espalda. Sus dedos volvieron a hurgar mi concha.
“Te gustó que te rompiera el culo, perra… la próxima vez voy a volver a tu conchita”.
Me tuvo así boca abajo con sus dedos metidos en mi concha y durante diez minutos me hizo acabar otras dos veces más, antes de desatarme las manos y permitirme ir al baño. Cuando regresé a la habitación, él ya se había ido, llevándose su cámara.
Una nota sobre la almohada decía:
“Mañana a las siete de la tarde en el bar de la esquina, vestida como una puta…”
10年前