En la Ruta del Bakalao
En la Ruta del Bakalao
Tengo 18 años y bastante buena planta, soy guapete y estoy fibrado. Me gusta tener apariencia de bakala. Cada
vez que salía a dar una vuelta, solía fijarme en los grupos de tíos que se juntaban en distintas zonas de la
calle, como en todas las grandes ciudades. Concretamente en un grupo de bakalas que se juntaban en un parque
junto a la playa. Eran de mi edad o quizá tendrían un par de años más, unos 19 y era el típico grupo de nenes
bakalas y vacilones. El que más me llamaba la atención era un tal Alex, era alto, 1'80, era muy guapo, tenía
los ojos azules, el pelo negro y engominado de punta tan típicamente bakala. Tenía un aro plateado en cada
oreja e iba siempre con unas gafas de sol arnette blancas. Tenía un cuerpo bastante bien trabajado a base de
gimnasio. Siempre lo veía sentado en su moto de carretera, pintada de colores llamativos, como el resto de sus
colegas.
Con la llegada del verano empezaban a descubrirse, y podías ver a aquellos bakalas sin camiseta.
No podía evitar quedarme mirándolos cada vez que pasaba cerca de ellos. Un día, ya en Agosto, bajé a dar una
vuelta a la playa cerca de donde se juntaban. Allí estaban todos. Aunque tenían un aspecto parecido, no podía
evitar centrarme en ese Alex, era muy conocido por haber ido con una lista interminable de tias. Me quedé
observándolo detenidamente, vestía un pantalón largo blanco de nike y no llevaba camiseta. Su piel ya estaba
bastante dorada por el sol del verano y hacía un contraste notable con el color de su pantalón y sus gafas.
Tenía unos brazos musculados y fuertes pero no demasiado gruesos, una espalda ancha y firme y unos abdominales
más que trabajados. Sonreía chulescamente con sus colegas. Tenía ese aspecto de chulo, vacilón y perdonavidas
que sólo los bakalas tienen. En uno de sus brazos llevaba tatuados unos tribales, lo que le daba aún más el
aspecto de vacilón. Lucía su cuerpo con descaro y yo mirándolo, me estaba excitando tanto que no me di cuenta
del largo rato que llevaba allí mirando y de lo cerca que estaba de ellos. Me di cuenta cuando Alex bajó de
su moto y me dijo:
- ¡Eh! ¿qué coño miras? - se acercó hacia mí cuando volvió a decir:
- Que qué miras! maricón! ¿es que te la pongo dura?
En ese momento me largué de allí, y él ya no me siguió. No volví a verlos hasta el fin del verano. Una noche,
volviendo a casa pasé por la puerta de un local donde se reunían. Creí que no estaban, pero justo al pasar
por la puerta, alguien la abrió. Cuál fue mi sorpresa cuando vi allí a Alex. Me dijo:
- ¡Hombre! si es el nene que me estaba mirando el otro día!.
Yo con disimulo le decía:
- No, tío, creo que te equivocas, yo no te estaba mirando.
Pero mientras le decía eso, no podía evitar comérmelo con los ojos, iba otra vez con ese pantalón blanco, y
nunca lo había tenido a un palmo de distancia, me quedé mirando sus abdominales y sus brazos ahora con todo
detalle, también su cara. Sentí unas ganas terribles de palparle todos sus músculos y de sobarle el paquete.
Sentía ganas de calentarlo. Por lo visto me empalmé considerablemente, y él que se dio cuenta dijo:
- ¡Eh! vamos a invitar a este maricón, que le voy a enseñar lo que es bueno.
Me metieron a aquel local ************* y cerraron la puerta. Estaban todos sentados por sofás, bebiendo y
tomando ******. Alex se preparó una raya y a continuación se la metió. Preparó otra y me dio el canuto que
se había metido él antes en la nariz.
- ¡Eh! nena, ¿no te la metes? - me dijo.
- No, esto no me va, le contesté.
Me cogió por el cuello y me dijo en voz baja:
- ¡Eh, te he dicho que te la metas!
Asustado accedí, puse el canuto en mi nariz y me metí la raya, en el momento noté los efectos, me cogió
bruscamente y me llevó a una habitación con una cama y me tiró sobre el colchón.
- Ahora verás, cabrón, te vas a enterar por mirón.
Me arrancó la ropa, me dejó desnudo en la cama. Seguidamente se quitó su pantalón y dejó al aire una
polla muy gruesa, yo estaba inmerso en el miedo y la excitación que me producía aquél bello y trabajado
cuerpo y sabiendo qué es lo que iba a sucederme. Me cogió, escupió en mi culo y lo restregó. Escupió en
su polla y la frotó con la mano hasta que quedó toda bien resbaladiza. Entonces puso mis piernas sobre
sus hombros, puso su capullo en mi culo y sin mediar palabra con un fuerte y doloroso empuje, me la metió
hasta el fondo. Yo, por miedo, no grité, pero me hacía daño. Pero poco a poco el dolor bajó en intensidad,
y sólo notaba el cálido roce que todo el perímetro de su polla hacía dentro de mí, que era muy placentero.
Me follaba con fuerza, con decisión, y al mismo tiempo me sujetaba fuertemente con sus brazos. Estaba
excitadísimo. De vez en cuando conseguía tocar alguno de sus músculos, eran fuertes y estaban tensos.
Me había hecho muchas pajas pensando en ese tío y me empalmaba mirándolo a él y a sus colegas, pero
ninguna de mis fantasías podía acercarse a lo que estaba siendo en realidad, no podría describir
exactamente cómo de bueno estaba aquel tío, ni podría explicar lo dominado y poseído que me sentía
por él. Era algo genial, llevaba más de media hora enculándome y en ningún momento había bajado el
ritmo. Actuaba con una extraña fuerza, durante todo el tiempo usaba su máxima potencia. A mí ya me
ardía el culo y el sudor comenzaba a resbalar por su cuerpo, apretaba los dientes y su gesto era de
malo, de enfadado y a su vez como de estar realizando un esfuerzo sobrehumano. Empezó a respirar más
rápidamente y apretó mis caderas con sus manos, no sólo apretaba, me clavaba sus dedos, y empezó a
correrse y a gemir, aún me daba más fuerte, como si la vida le fuera en ello hasta que me inundó por
dentro. Cuando terminó, sacó su polla, me miró mientras recuperaba la respiración y me dijo:
- ¡Qué!, ¿te ha gustado, maricón?
Yo lo contemplaba ahí de pie, y no pude ni contestar.
-Ah, que aún no has tenido bastante, ¿hijo de puta?
Llamó a unos colegas que estaban en el sofá, y mientras se ponía el
pantalón les dio órdenes:
- Atadle las manos a la cama y os lo folláis vosotros tres. Voy a tardar
un par de horas, no quiero que dejéis de encularle hasta que llegue,
¿entendido?. Dicho esto se fue, y entraron tres colegas suyos. Vestían a
lo skin, unos pantalones ceñidos, botas militares y una cazadora alpha
bomber. Me quedé sorprendido, no les importaba que fuese verano,
preferían llevar ese aspecto de matones. Me cogieron, me ataron los
brazos a la cama como les habían indicado, y luego uno de ellos se
desabrochó el pantalón, se sacó la polla y me la metió. Empezó a
follarme, y aunque su ritmo no se podía ni comparar con el de Alex,
también me estaba dando buena caña. Siguió dándome sin pausa hasta que
se corrió monumentalmente dentro de mi recien estrenado culo. La sacó y
se puso otro a darme por el culo, me ardía una barbaridad, pero tantas
corridas me habían lubricado bastante bien y las embestidas eran muy
placenteras.
Las casi dos horas se hicieron muy largas. Cuando Alex entró, aún me
estaba follando el tercero. Le dijo:
- Dani, córrete ya.
Apretó un poco el ritmo y se corrió, mientras tanto él
se volvía a quitar el pantalón. Qué cuerpo tenía, era
inigualable, bello, proporcionado, fuerte, fibrado, muy
trabajado, tenso, y sumado a su apariencia de bakala y
la forma de la que se comportaba... me habían estado
follando durante tres horas, él y sus tres colegas, que
ya se habían ido y me habían llenado por dentro de
leche, la notaba caliente por todo mi interior.
Alex me dijo:
- ¡Qué!, ¿te ha gustado ahora?
Me la volvió a meter, y deleitándose con esa lubricación
natural, estuvo unos 10 minutos dándome, como él dijo,
para que recordara quién follaba mejor. Me la sacó, me
puso un cojín bajo la cabeza para que la tuviera inclinada.
A continuación se sentó sobre mi pecho y me la metió en la
boca.
- Venga, mama, cabrón!
Sabía a macho, sabía a cabrón, sabía a follador, en
definitiva, sabía a bakala. A los pocos minutos,
mientras me sostenía la cabeza con sus manos, descargó
una abundante corrida en mi boca, que me hizo tragar. Se
puso de pie y me dijo:
- Oye perra, ¿sabes qué hacen los a****les para marcar
propiedad?
Se puso de pie, cogió su polla y empezó a mearme en la
cara, y no me dio asco, me excitó aún más. Cuando acabó
dijo:
- Ahora eres mío.
Viendo cómo se vestía otra vez, sin poder tocarme, me
corrí como nunca antes me había corrido, hasta me
dolieron los cojones. Él me miró, sonrió chulescamente
y se fue.
Tengo 18 años y bastante buena planta, soy guapete y estoy fibrado. Me gusta tener apariencia de bakala. Cada
vez que salía a dar una vuelta, solía fijarme en los grupos de tíos que se juntaban en distintas zonas de la
calle, como en todas las grandes ciudades. Concretamente en un grupo de bakalas que se juntaban en un parque
junto a la playa. Eran de mi edad o quizá tendrían un par de años más, unos 19 y era el típico grupo de nenes
bakalas y vacilones. El que más me llamaba la atención era un tal Alex, era alto, 1'80, era muy guapo, tenía
los ojos azules, el pelo negro y engominado de punta tan típicamente bakala. Tenía un aro plateado en cada
oreja e iba siempre con unas gafas de sol arnette blancas. Tenía un cuerpo bastante bien trabajado a base de
gimnasio. Siempre lo veía sentado en su moto de carretera, pintada de colores llamativos, como el resto de sus
colegas.
Con la llegada del verano empezaban a descubrirse, y podías ver a aquellos bakalas sin camiseta.
No podía evitar quedarme mirándolos cada vez que pasaba cerca de ellos. Un día, ya en Agosto, bajé a dar una
vuelta a la playa cerca de donde se juntaban. Allí estaban todos. Aunque tenían un aspecto parecido, no podía
evitar centrarme en ese Alex, era muy conocido por haber ido con una lista interminable de tias. Me quedé
observándolo detenidamente, vestía un pantalón largo blanco de nike y no llevaba camiseta. Su piel ya estaba
bastante dorada por el sol del verano y hacía un contraste notable con el color de su pantalón y sus gafas.
Tenía unos brazos musculados y fuertes pero no demasiado gruesos, una espalda ancha y firme y unos abdominales
más que trabajados. Sonreía chulescamente con sus colegas. Tenía ese aspecto de chulo, vacilón y perdonavidas
que sólo los bakalas tienen. En uno de sus brazos llevaba tatuados unos tribales, lo que le daba aún más el
aspecto de vacilón. Lucía su cuerpo con descaro y yo mirándolo, me estaba excitando tanto que no me di cuenta
del largo rato que llevaba allí mirando y de lo cerca que estaba de ellos. Me di cuenta cuando Alex bajó de
su moto y me dijo:
- ¡Eh! ¿qué coño miras? - se acercó hacia mí cuando volvió a decir:
- Que qué miras! maricón! ¿es que te la pongo dura?
En ese momento me largué de allí, y él ya no me siguió. No volví a verlos hasta el fin del verano. Una noche,
volviendo a casa pasé por la puerta de un local donde se reunían. Creí que no estaban, pero justo al pasar
por la puerta, alguien la abrió. Cuál fue mi sorpresa cuando vi allí a Alex. Me dijo:
- ¡Hombre! si es el nene que me estaba mirando el otro día!.
Yo con disimulo le decía:
- No, tío, creo que te equivocas, yo no te estaba mirando.
Pero mientras le decía eso, no podía evitar comérmelo con los ojos, iba otra vez con ese pantalón blanco, y
nunca lo había tenido a un palmo de distancia, me quedé mirando sus abdominales y sus brazos ahora con todo
detalle, también su cara. Sentí unas ganas terribles de palparle todos sus músculos y de sobarle el paquete.
Sentía ganas de calentarlo. Por lo visto me empalmé considerablemente, y él que se dio cuenta dijo:
- ¡Eh! vamos a invitar a este maricón, que le voy a enseñar lo que es bueno.
Me metieron a aquel local ************* y cerraron la puerta. Estaban todos sentados por sofás, bebiendo y
tomando ******. Alex se preparó una raya y a continuación se la metió. Preparó otra y me dio el canuto que
se había metido él antes en la nariz.
- ¡Eh! nena, ¿no te la metes? - me dijo.
- No, esto no me va, le contesté.
Me cogió por el cuello y me dijo en voz baja:
- ¡Eh, te he dicho que te la metas!
Asustado accedí, puse el canuto en mi nariz y me metí la raya, en el momento noté los efectos, me cogió
bruscamente y me llevó a una habitación con una cama y me tiró sobre el colchón.
- Ahora verás, cabrón, te vas a enterar por mirón.
Me arrancó la ropa, me dejó desnudo en la cama. Seguidamente se quitó su pantalón y dejó al aire una
polla muy gruesa, yo estaba inmerso en el miedo y la excitación que me producía aquél bello y trabajado
cuerpo y sabiendo qué es lo que iba a sucederme. Me cogió, escupió en mi culo y lo restregó. Escupió en
su polla y la frotó con la mano hasta que quedó toda bien resbaladiza. Entonces puso mis piernas sobre
sus hombros, puso su capullo en mi culo y sin mediar palabra con un fuerte y doloroso empuje, me la metió
hasta el fondo. Yo, por miedo, no grité, pero me hacía daño. Pero poco a poco el dolor bajó en intensidad,
y sólo notaba el cálido roce que todo el perímetro de su polla hacía dentro de mí, que era muy placentero.
Me follaba con fuerza, con decisión, y al mismo tiempo me sujetaba fuertemente con sus brazos. Estaba
excitadísimo. De vez en cuando conseguía tocar alguno de sus músculos, eran fuertes y estaban tensos.
Me había hecho muchas pajas pensando en ese tío y me empalmaba mirándolo a él y a sus colegas, pero
ninguna de mis fantasías podía acercarse a lo que estaba siendo en realidad, no podría describir
exactamente cómo de bueno estaba aquel tío, ni podría explicar lo dominado y poseído que me sentía
por él. Era algo genial, llevaba más de media hora enculándome y en ningún momento había bajado el
ritmo. Actuaba con una extraña fuerza, durante todo el tiempo usaba su máxima potencia. A mí ya me
ardía el culo y el sudor comenzaba a resbalar por su cuerpo, apretaba los dientes y su gesto era de
malo, de enfadado y a su vez como de estar realizando un esfuerzo sobrehumano. Empezó a respirar más
rápidamente y apretó mis caderas con sus manos, no sólo apretaba, me clavaba sus dedos, y empezó a
correrse y a gemir, aún me daba más fuerte, como si la vida le fuera en ello hasta que me inundó por
dentro. Cuando terminó, sacó su polla, me miró mientras recuperaba la respiración y me dijo:
- ¡Qué!, ¿te ha gustado, maricón?
Yo lo contemplaba ahí de pie, y no pude ni contestar.
-Ah, que aún no has tenido bastante, ¿hijo de puta?
Llamó a unos colegas que estaban en el sofá, y mientras se ponía el
pantalón les dio órdenes:
- Atadle las manos a la cama y os lo folláis vosotros tres. Voy a tardar
un par de horas, no quiero que dejéis de encularle hasta que llegue,
¿entendido?. Dicho esto se fue, y entraron tres colegas suyos. Vestían a
lo skin, unos pantalones ceñidos, botas militares y una cazadora alpha
bomber. Me quedé sorprendido, no les importaba que fuese verano,
preferían llevar ese aspecto de matones. Me cogieron, me ataron los
brazos a la cama como les habían indicado, y luego uno de ellos se
desabrochó el pantalón, se sacó la polla y me la metió. Empezó a
follarme, y aunque su ritmo no se podía ni comparar con el de Alex,
también me estaba dando buena caña. Siguió dándome sin pausa hasta que
se corrió monumentalmente dentro de mi recien estrenado culo. La sacó y
se puso otro a darme por el culo, me ardía una barbaridad, pero tantas
corridas me habían lubricado bastante bien y las embestidas eran muy
placenteras.
Las casi dos horas se hicieron muy largas. Cuando Alex entró, aún me
estaba follando el tercero. Le dijo:
- Dani, córrete ya.
Apretó un poco el ritmo y se corrió, mientras tanto él
se volvía a quitar el pantalón. Qué cuerpo tenía, era
inigualable, bello, proporcionado, fuerte, fibrado, muy
trabajado, tenso, y sumado a su apariencia de bakala y
la forma de la que se comportaba... me habían estado
follando durante tres horas, él y sus tres colegas, que
ya se habían ido y me habían llenado por dentro de
leche, la notaba caliente por todo mi interior.
Alex me dijo:
- ¡Qué!, ¿te ha gustado ahora?
Me la volvió a meter, y deleitándose con esa lubricación
natural, estuvo unos 10 minutos dándome, como él dijo,
para que recordara quién follaba mejor. Me la sacó, me
puso un cojín bajo la cabeza para que la tuviera inclinada.
A continuación se sentó sobre mi pecho y me la metió en la
boca.
- Venga, mama, cabrón!
Sabía a macho, sabía a cabrón, sabía a follador, en
definitiva, sabía a bakala. A los pocos minutos,
mientras me sostenía la cabeza con sus manos, descargó
una abundante corrida en mi boca, que me hizo tragar. Se
puso de pie y me dijo:
- Oye perra, ¿sabes qué hacen los a****les para marcar
propiedad?
Se puso de pie, cogió su polla y empezó a mearme en la
cara, y no me dio asco, me excitó aún más. Cuando acabó
dijo:
- Ahora eres mío.
Viendo cómo se vestía otra vez, sin poder tocarme, me
corrí como nunca antes me había corrido, hasta me
dolieron los cojones. Él me miró, sonrió chulescamente
y se fue.
10年前