ME GUSTA...
Me gustó aquella norma de no usar ropa interior en casa, o cuando salíamos juntos, estar disponible, accesible. Tan fácil de cumplir y a la vez una alteración tan importante de mi comportamiento básico... En casa era fácil, pero fuera... Según a donde fueramos, me costaba mucho, o muchísimo.
La otra versión, la de dejarme ponerme bragas para acabar bajándomelas y castigándome con ellas a medio muslo.. era tan humillante que aprendí pronto la lección de desprenderme de la ropa interior. Aunque a veces me gustara dejármela sólo para que me la quitaras después.
Me gustó la primera vez que me diste unos azotes. Yo te había dicho claramente que eso no me producía ningún morbo ni entraba en mi juego, pero me presenté en la cita demasiado abrigada y poco sexy para ti y decidiste que necesitaba un castigo, así que me subiste a un despacho, me diste la vuelta contra la pared y después de tentarme un poco, agarraste una regla que había por allú y me diste los primeros azotes. No recuerdo si me dolió, aunque diría que escoció un poco, pero el primer golpe entró directo a mi cerebro, como un relámpago, y encendió la luz de la realidad, de que aquello iba en serio y no era un teatrillo como todo lo vivido hasta entonces, tan solo a través de internet. Y me sentí verdaderamente sumisa. Y me sentí de verdad. Y de la boca se me escapó un gracias. No gracias por someterme. Gracias por hacerlo realidad.
Me gustó cómo me ofreciste a tus amigos en aquella cena. Cómo te pusiste detrás mío, y orgulloso mostraste mi pecho, primero a través de la blusa, con decisión y posesión. Con orgullo. Habeis visto que tetas más ricas tiene mi zorita? mm... tus palabras sonaron tan seguras... Mi zorrita. Era tuya. Por eso te sentías en la confianza de ofrecerme. Me abriste un poco más la blusa y les ofreciste, para que probaran la suavidad de mi piel. Te miraron con envidia durante un tiempo infinito, mientras tú continuabas ahí, pa****tado tras de mi, ofreciendo el género y paseando tus dedos por la orilla de mis pezones.. Así empezó aquella noche...
Me gustó que me buscaras compañeros de juegos, otros sumisos y otras mujeres, sumisas o no. Nunca otros amos. Me gustó a rabiar cuando me enseñaste a manejar el látigo sobre la piel de aquel muchacho. Y aquella fiesta en la que quisiste que fuera el plato principal pero en ningun momento soltaste el extremo de mi correa
Me gustó que me enseñarar a arrodillarme. Me costó acostumbrarme a esa desigualdad de estar tu sentado y vestido en el sofá y yo de rodillas a tus pies, para entregarte mi correa, o solo para hablar de lo que aún me quedaba por aprender. Estando de pie me has doblegado pero no sé por qué, desde el sofá me parecía aún más real. Supongo que porque así dejaba de ser juego. Tú estabas cómodo y dominando la situación y yo estaba totalmente inmersa en lo que hacía, incómoda, vulnerable y sometida.
Me gustó que respetaras mi limitación con el sexo anal. Te dije que no estaba preparada y lo aceptaste, pero me pediste que te dejara jugar. La primera vez, un dedo. Tan despacio.. Me sentí tan invadida y a la vez tan morbosa.. El sexo anal me sigue sin provocar disfrute sexual. Solo esa sensación tan fuerte de invasión e intimidad. De absoluta sumisión. Lo sabes y juegas con ello. Los castigos y lo que no lo son. Desde entonces me has sodomizado con montones de cosas infinitamente más humillantes que penetrarme. Aquel plug que terminaba en colita de cerda, la escobilla del water, la zanahoria de conejita, la vela encendida en la habitación a oscuras, las bolas chinas, la bala vibradora que me pones a veces cuando salimos a cenar... Y tus dedos.. cuando me pones frente al espejo, a cuatro patas, para que no me pierda detalle, y entras en mi, lubricado pero decidido, y te apoderas así de mi intimidad.. Me siento tan humillada y tan cachonda a la vez, tan tuya en todo momento, que eso no se puede explicar.
Me gusta que me ates, y me vendes los ojos y me hagas soltar todo lo que llevo dentro. Primero el test, y por las buenas. Dime lo que quieres que te haga. Dimelo con sinceridad. Si quieres que te azote, que te humille, que te deje correrte o no... todo eso, quiero oirlo. No hay vergüenza que valga. Quiero oírlo. Luego haces lo que quieres, pero par mi, ya es una liberación el soltarlo. El exponerme así ante ti. No me siento vulnerable porque esté atada. Sé bien que eso es solo para que la vergüenza no me haga echar a correr. Al reves, me siento liberada cuando consigo dejar salir a la que de verdad soy.
Me gusta que me hagas correrme masturbándome, yo enloquecida, retorciéndome y tu contemplando el espectáculo que has provocado, y controlándolo.. venga, que aún te quedan orgasmos, dámelos.. Y mi cuerpo aún libera otra explosión para ti.
Me gustaron y aún me chiflan todos esos pequeños castigos malvados que te inventas. Cuando me mandas al super del barrio a comprar una zanahoria, dos pepinos, una correa de perro y lubricante... Que me saltan todas las alarmas y solo me hace falta un luminoso para que la cajera del super no se pierda detalle de lo que me harás en casa.
O cuando como hoy, que te has levantado remolón y has pensado que un domingo por la mañana era el momento perfecto para ponerme con un collar de perro, un vibrador en el culo y las bragas a media hasta en una mesa de cristal colocada justo en frente de la ventana, a escribir esta parrafada. Que no sé si me estará mirando alguien, pero que si me mira, no le van a quedar dudas de lo que hay en esta casa y que sin más, yo soy tu perra, y con esto cumplo con mi primera misión de hoy, que espero que no sea la última, porque la verdad es que me gusta..
10年前