Relatos de mi perrita Mayte: UNA CENA DE GALA
Aparqué la moto en el jardín. Era la primera vez que me invitaba a su casa y me había dicho que fuera de uniforme, que tenía una cena de gala y quería presentarme a unos amigos.
Abrió la puerta mi Amo. Enseguida identifiqué su mirada de aprobación, pero antes de que yo dijera nada me tendió la mano y me invitó pasar. Me presentó al resto de los invitados dos parejas que estaban en animada conversación en el salón y enseguida me ví con una copa en la mano y departiendo animadamente sobre mi vida profesional. En un momento dado mi Amo tomó la palabra para indicarme que ya se acercaba la hora de la cena y que ya tenía mis cosas para arreglarme en la habitación del fondo del pasillo en el piso de arriba. Reaccioné con toda la naturalidad que pude y me dirigí, intrigada, a la habitación
Encima de la cama había un vestidito negro de “chacha” francés, con su cofia y su mandilitio blanco con unos impresionantes zapatos negros de tacón de aguja. También había una nota en la que me decía que esa sería en adelante mi habitación donde encontraría las cosas que necesitaría para satisfacer a mi Amo. También daba instrucciones de lo que tenía que hacer esa noche.
Rápidamente revisé los armarios y cajones para comprobar que estaban todos vacíos. Me vestí, me maquillé, me puse la cofia, tomé aire y salí de la habitación.
A medida que me acercaba al salón donde continuaban charlando alegremente, mi miedo y mi vergüenza aumentaron sin límite. Una cosa era andar por donde nadie te conocía y otra muy distinta era aparecer de esta manera ante quienes había estado departiendo amigablemente un rato antes. ¿Qué pensarían? ¿Qué pasaría?
Entré en la habitación al tiempo que anuncié que la cena estaba preparada. Las miradas y gestos de extrañeza de los invitados, especialmente de las dos mujeres, se borraron ante mí al apreciar de nuevo la aprobación en el rostro de mi Amo. Rápidamente se rompió ese momento gélido y todo volvió a ser como unos segundos antes.
Ellos tomaron asiento alrededor de una mesa fenomenalmente puesta con seis servicios y yo comencé a servir vino y después el primer plato. Cuando me retiraba una de las chicas preguntó a mi Amo:
- ¿Puede sentarse tu chacha a cenar con nosotros?
Y mi Amo contestó:
- Esta noche hará lo que vosotros queráis.
Y me ordenó que me sirviera un plato en el suelo y comiera, sin utilizar cubiertos nimanos. Todos aplaudieron la ocurrencia y comenzamos a cenar. Yo puse las manos a la espalda y hundí la cabeza en el plato. La ensalada tibia con queso de cabra y vinagreta de frutos del bosque estaba riquísima, pero en poco tiempo tenía toda la cara embadurnada con la vinagreta de color morado. Una de las invitadas tuvo a bien ponerme un poco de agua en un cuenco para que pudiera beber.
Cuando terminamos empecé a retirar los platos y mi Amo me dijo que me arreglara, que así no podía estar ante los invitados. Me fui a la cocina, me arreglé de nuevo y volví con el segundo plato.
Según iba sirviendo los invitados me palpaban el culo, la entrepierna, me daban cachetes... al tiempo que le decían a mi Amo que era muy afortunado que ellos estaban buscando servicio de calidad y que hoy día era muy difícil encontrarlo. Serví el solomillo a todos y me preparé para hincarle el diente al mío, cuando otra vez una de las chicas dijo que el solomillo era demasiado bueno para mí que debía conformarme con una salchicha y con la mirada señaló debajo de la mesa. Miré a mi Amo buscando instrucciones, y él me disparó:
- ¿A qué esperas?, no he dicho ya que esta noche harías lo que ellas quisieran?
Me metí debajo de la mesa, me puse de rodillas y bajé la cremallera del pantalón de uno de los invitados. Saqué su enorme polla. En realidad no me desagradaba lo más mínimo la situación. Ellos continuaban charlando y riendo mientras yo empecé a chupar aquella maravilla. Hacía demasiado tiempo que no notaba tan esa dulce sensación sensación. La puntera de un zapato de tacón acariciaba mi culo y eso me puso más loca si cabe. Cuando más entregada estaba, la otra chica se asomó y me dijo que su novio estaba ****** de envidia, y que tenía que hacerle lo mismo. Y allí que me fui. Me gustaba eso de la obediencia y la sumisión.
Tampoco me dejaron acabar esta vez: tenía que servir el postre. Ellos no sé si estaban satisfechos por quedarse a medio camino, pero yo estaba sudorosa, mojada y frenética.
Serví el postre y esperé instrucciones, pero sencillamente me ignoraron hasta que se retiraron a tomarse unas copas al gran salón de estilo clásico presidido por una chimenea encendida. Mi Amo me llamó con una campanilla y me dijo que tenía que ayudar a la camarera.
Entonces vi a la otra “chica”, vestida también con un vestidito negro de doncella, esta vez de vinilo, y unas altísimas botas de tacón de aguja que le llegaban por encima de la rodilla.
-¡Presentaos entre vosotras antes de empezar a servir!, ordenó mi Señor
Comenzamos nuestra presentación al tiempo que nos estrechábamos la mano, pero mi Amo se levantó como un rayo, nos separó y nos dijo que para servirle a él teníamos que ser una sola y que por tanto esa presentación debía ser muy íntima para que verdaderamente pudiéramos satisfacerle.
Entonces ella me atrajo hacia sí con una mano en la cintura al tiempo que con la otra atraía mi cabeza a la suya e introducía dulcemente su lengua en mi boca. Nos perdimos en ese beso, puede que incluso no estuviéramos allí sino dentro de nosotras mismas o en cualquier paraíso lejano y perdido…mi Amo nos interrumpió.
- Muy bien, ya podéis empezar vuestra tarea. Disfrutad de ella.
A partir de ese momento comenzamos a evolucionar por la sala preguntando qué quería cada uno, preparando con deleite cada copa, sirviéndolas con devoción. Nuestros cuerpos siempre en contacto. Abrazadas al repartir los licores, entrelazadas, arrodilladas ante nuestros señores con una sonrisa al servir cada copa.
Al terminar estábamos muy calientes las dos y no sabíamos qué hacer, nos apartamos discretamente, pero mi Señor dijo que hiciéramos lo que quisiéramos donde quisiéramos, que siguiéramos a lo nuestro allí, delante de todos.
Cogidas de la mano nos dirigimos al centro del salón, en el centro del hueco definido por los sofás en los que estaban cómodamente sentados y nos perdimos entre beso y caricias, sin prisa, arrulladas por sus conversaciones, sus risas y el tintineo de los hielos en sus vasos. Bailábamos bien pegadas a su ritmo y plenamente conscientes de que eso era lo que querían nuestros señores.
Lentamente nos arrodillamos y continuamos con nuestros juegos entre los Señores. Unas veces con los ojos cerrados otras sumergiéndonos con ansia la una en los ojos de la otra…..y seguimos bajando a nuestro cielo adoptando posturas inverosímiles para que nuestras bocas y cuerpos tuvieran el máximo contacto posible sin perder movilidad.
En un momento dado noté que otra mano buscaba con suavidad bajo mi falda y mi braguita mi clítoris, enorme y empapado. Por el respingo y los jadeos de mi amiga noté que a ella le pasaba lo mismo. Era una mano de mujer suave y hábil, la gran sortija me arañaba con soltura mis partes íntimas.
Una vez empapada, la mano amorosa, bien lubricada, penetró en mi coño. Primero un dedo y poco después, dos, o tres…no sé los sentidos me iban abandonando.
Mi lengua buscaba la lengua de mi niña y ella hundía la suya hasta mi garganta, con nuestras manos nos recorríamos frenéticas el cuerpo y otras dos manos jugaban con clítoris y coño…la dulzura había desaparecido y ya todo era una convulsión salvaje cuando sobre mi cara noté un líquido caliente. Abrí los ojos y pude ver, admirada, la gran polla de mi Amo y las de sus amigas que nos miraban con su ojo único por el que se derramaban sobre nosotras. En cuanto nos dimos cuenta, las dos abrimos sedientas nuestras bocas mientras ellos se derramabas sobre ellas y con su caudal de leche nos empapaban cuellos, cara y ojos con tal fuerza que por mucho que intentábamos beber de la fuente, era imposible controlarla…
Y de repente todo se había acabado. Las manos se separaron, las pollas volvían a sus pantalones y la conversación se reiniciaba comentando el momento vivido. Nosotras nos quedamos un momento desconcertadas en el suelo, a punto del orgasmo, entre todos ellos, degustando la leche que nos empapaba la cara, hasta que la voz de nuestro Amo nos aclaró la situación.
- Muy bien, ya podéis recoger todo y retiraros. Ya no os necesitamos más. Y nada de sexo entre vosotras, no me servís para daros placer. Sino para proporcionármelo a mí.
Nos pusimos en pié y sin limpiarnos la cara ni arreglarnos la ropa recogimos todo y nos marchamos cada una por nuestro sitio, sin cruzar palabra, caricia ni mirada.
Camino de casa me pregunté si volvería a ver a mi hermana en la esclavitud, si volvería a disfrutar de una cena tan maravillosa como esa…si mi Amo se había quedado satisfecho de verdad conmigo…si me prefería a mi sobre ella…si podría volver a servirle con tanta intensidad…si podría estar cada día, cada hora a su disposición, yo sola, para todo…
Abrió la puerta mi Amo. Enseguida identifiqué su mirada de aprobación, pero antes de que yo dijera nada me tendió la mano y me invitó pasar. Me presentó al resto de los invitados dos parejas que estaban en animada conversación en el salón y enseguida me ví con una copa en la mano y departiendo animadamente sobre mi vida profesional. En un momento dado mi Amo tomó la palabra para indicarme que ya se acercaba la hora de la cena y que ya tenía mis cosas para arreglarme en la habitación del fondo del pasillo en el piso de arriba. Reaccioné con toda la naturalidad que pude y me dirigí, intrigada, a la habitación
Encima de la cama había un vestidito negro de “chacha” francés, con su cofia y su mandilitio blanco con unos impresionantes zapatos negros de tacón de aguja. También había una nota en la que me decía que esa sería en adelante mi habitación donde encontraría las cosas que necesitaría para satisfacer a mi Amo. También daba instrucciones de lo que tenía que hacer esa noche.
Rápidamente revisé los armarios y cajones para comprobar que estaban todos vacíos. Me vestí, me maquillé, me puse la cofia, tomé aire y salí de la habitación.
A medida que me acercaba al salón donde continuaban charlando alegremente, mi miedo y mi vergüenza aumentaron sin límite. Una cosa era andar por donde nadie te conocía y otra muy distinta era aparecer de esta manera ante quienes había estado departiendo amigablemente un rato antes. ¿Qué pensarían? ¿Qué pasaría?
Entré en la habitación al tiempo que anuncié que la cena estaba preparada. Las miradas y gestos de extrañeza de los invitados, especialmente de las dos mujeres, se borraron ante mí al apreciar de nuevo la aprobación en el rostro de mi Amo. Rápidamente se rompió ese momento gélido y todo volvió a ser como unos segundos antes.
Ellos tomaron asiento alrededor de una mesa fenomenalmente puesta con seis servicios y yo comencé a servir vino y después el primer plato. Cuando me retiraba una de las chicas preguntó a mi Amo:
- ¿Puede sentarse tu chacha a cenar con nosotros?
Y mi Amo contestó:
- Esta noche hará lo que vosotros queráis.
Y me ordenó que me sirviera un plato en el suelo y comiera, sin utilizar cubiertos nimanos. Todos aplaudieron la ocurrencia y comenzamos a cenar. Yo puse las manos a la espalda y hundí la cabeza en el plato. La ensalada tibia con queso de cabra y vinagreta de frutos del bosque estaba riquísima, pero en poco tiempo tenía toda la cara embadurnada con la vinagreta de color morado. Una de las invitadas tuvo a bien ponerme un poco de agua en un cuenco para que pudiera beber.
Cuando terminamos empecé a retirar los platos y mi Amo me dijo que me arreglara, que así no podía estar ante los invitados. Me fui a la cocina, me arreglé de nuevo y volví con el segundo plato.
Según iba sirviendo los invitados me palpaban el culo, la entrepierna, me daban cachetes... al tiempo que le decían a mi Amo que era muy afortunado que ellos estaban buscando servicio de calidad y que hoy día era muy difícil encontrarlo. Serví el solomillo a todos y me preparé para hincarle el diente al mío, cuando otra vez una de las chicas dijo que el solomillo era demasiado bueno para mí que debía conformarme con una salchicha y con la mirada señaló debajo de la mesa. Miré a mi Amo buscando instrucciones, y él me disparó:
- ¿A qué esperas?, no he dicho ya que esta noche harías lo que ellas quisieran?
Me metí debajo de la mesa, me puse de rodillas y bajé la cremallera del pantalón de uno de los invitados. Saqué su enorme polla. En realidad no me desagradaba lo más mínimo la situación. Ellos continuaban charlando y riendo mientras yo empecé a chupar aquella maravilla. Hacía demasiado tiempo que no notaba tan esa dulce sensación sensación. La puntera de un zapato de tacón acariciaba mi culo y eso me puso más loca si cabe. Cuando más entregada estaba, la otra chica se asomó y me dijo que su novio estaba ****** de envidia, y que tenía que hacerle lo mismo. Y allí que me fui. Me gustaba eso de la obediencia y la sumisión.
Tampoco me dejaron acabar esta vez: tenía que servir el postre. Ellos no sé si estaban satisfechos por quedarse a medio camino, pero yo estaba sudorosa, mojada y frenética.
Serví el postre y esperé instrucciones, pero sencillamente me ignoraron hasta que se retiraron a tomarse unas copas al gran salón de estilo clásico presidido por una chimenea encendida. Mi Amo me llamó con una campanilla y me dijo que tenía que ayudar a la camarera.
Entonces vi a la otra “chica”, vestida también con un vestidito negro de doncella, esta vez de vinilo, y unas altísimas botas de tacón de aguja que le llegaban por encima de la rodilla.
-¡Presentaos entre vosotras antes de empezar a servir!, ordenó mi Señor
Comenzamos nuestra presentación al tiempo que nos estrechábamos la mano, pero mi Amo se levantó como un rayo, nos separó y nos dijo que para servirle a él teníamos que ser una sola y que por tanto esa presentación debía ser muy íntima para que verdaderamente pudiéramos satisfacerle.
Entonces ella me atrajo hacia sí con una mano en la cintura al tiempo que con la otra atraía mi cabeza a la suya e introducía dulcemente su lengua en mi boca. Nos perdimos en ese beso, puede que incluso no estuviéramos allí sino dentro de nosotras mismas o en cualquier paraíso lejano y perdido…mi Amo nos interrumpió.
- Muy bien, ya podéis empezar vuestra tarea. Disfrutad de ella.
A partir de ese momento comenzamos a evolucionar por la sala preguntando qué quería cada uno, preparando con deleite cada copa, sirviéndolas con devoción. Nuestros cuerpos siempre en contacto. Abrazadas al repartir los licores, entrelazadas, arrodilladas ante nuestros señores con una sonrisa al servir cada copa.
Al terminar estábamos muy calientes las dos y no sabíamos qué hacer, nos apartamos discretamente, pero mi Señor dijo que hiciéramos lo que quisiéramos donde quisiéramos, que siguiéramos a lo nuestro allí, delante de todos.
Cogidas de la mano nos dirigimos al centro del salón, en el centro del hueco definido por los sofás en los que estaban cómodamente sentados y nos perdimos entre beso y caricias, sin prisa, arrulladas por sus conversaciones, sus risas y el tintineo de los hielos en sus vasos. Bailábamos bien pegadas a su ritmo y plenamente conscientes de que eso era lo que querían nuestros señores.
Lentamente nos arrodillamos y continuamos con nuestros juegos entre los Señores. Unas veces con los ojos cerrados otras sumergiéndonos con ansia la una en los ojos de la otra…..y seguimos bajando a nuestro cielo adoptando posturas inverosímiles para que nuestras bocas y cuerpos tuvieran el máximo contacto posible sin perder movilidad.
En un momento dado noté que otra mano buscaba con suavidad bajo mi falda y mi braguita mi clítoris, enorme y empapado. Por el respingo y los jadeos de mi amiga noté que a ella le pasaba lo mismo. Era una mano de mujer suave y hábil, la gran sortija me arañaba con soltura mis partes íntimas.
Una vez empapada, la mano amorosa, bien lubricada, penetró en mi coño. Primero un dedo y poco después, dos, o tres…no sé los sentidos me iban abandonando.
Mi lengua buscaba la lengua de mi niña y ella hundía la suya hasta mi garganta, con nuestras manos nos recorríamos frenéticas el cuerpo y otras dos manos jugaban con clítoris y coño…la dulzura había desaparecido y ya todo era una convulsión salvaje cuando sobre mi cara noté un líquido caliente. Abrí los ojos y pude ver, admirada, la gran polla de mi Amo y las de sus amigas que nos miraban con su ojo único por el que se derramaban sobre nosotras. En cuanto nos dimos cuenta, las dos abrimos sedientas nuestras bocas mientras ellos se derramabas sobre ellas y con su caudal de leche nos empapaban cuellos, cara y ojos con tal fuerza que por mucho que intentábamos beber de la fuente, era imposible controlarla…
Y de repente todo se había acabado. Las manos se separaron, las pollas volvían a sus pantalones y la conversación se reiniciaba comentando el momento vivido. Nosotras nos quedamos un momento desconcertadas en el suelo, a punto del orgasmo, entre todos ellos, degustando la leche que nos empapaba la cara, hasta que la voz de nuestro Amo nos aclaró la situación.
- Muy bien, ya podéis recoger todo y retiraros. Ya no os necesitamos más. Y nada de sexo entre vosotras, no me servís para daros placer. Sino para proporcionármelo a mí.
Nos pusimos en pié y sin limpiarnos la cara ni arreglarnos la ropa recogimos todo y nos marchamos cada una por nuestro sitio, sin cruzar palabra, caricia ni mirada.
Camino de casa me pregunté si volvería a ver a mi hermana en la esclavitud, si volvería a disfrutar de una cena tan maravillosa como esa…si mi Amo se había quedado satisfecho de verdad conmigo…si me prefería a mi sobre ella…si podría volver a servirle con tanta intensidad…si podría estar cada día, cada hora a su disposición, yo sola, para todo…
10年前