Voyerista esposa exhibicionista 2

Como te platiqué la vez pasada mi esposa es güera, de cabello rubio, ojos verdes, pechos grandes, lindas piernas, nalgas grandes y redondas, estatura regular; lo mejor es que veas sus fotos en mi perfil antes de leer esta historia, para que te des una idea de lo buena que está. Sus amigas le dicen la Wera, mi historia es como debe ser el sexo, va poco a poco, para calentarte hasta que te no puedes más y lo haces.
Te comenté que yo soy voyerista, necesito ver pantaletas, medias ligueros, nalgas, senos, me gusta exhibir a mi pareja y hacer mucho jugueteo sexual antes de follar; por otro lado a mi esposa le gusta mostrar su cuerpo, calentar a otros hombres para excitarse y ambos imaginarnos que se la cogen. Mi esposa y yo ya pasamos los 30 años, pero creo que estamos bien conservados físicamente, de una cosa estoy seguro: no somos gordos, ni flácidos. La Wera y yo tenemos más de diez años de casados, tenemos dos hijos, que mantenemos muy lejos de nuestra sexualidad. En mi publicación anterior te platiqué que practico artes marciales; de hecho soy instructor y tengo una escuela de Tae Kwon Do, pertenezco a una asociación grande e importante de México.
Bueno esto ocurrió un diciembre, la costumbre era hacer una posada con los alumnos y sus padres antes de salir de vacaciones; pero como además de instructor de Artes Marciales, tengo un empleo fijo, se me complicaba organizar la posada. Para ello me apoyé en mi esposa, que hiciera las compras y preparar los bocadillos; había otro detalle, debía acondicionarse el doyang (que es el gimnasio o área de entrenamiento) para la fiesta, por esta razón le solicité a varios de mis alumnos jóvenes, mayores de 18 años, que son más responsables, que me ayudaran mover los aparatos de ejercicio del doyang y poner las sillas y mesas, esto mientras yo estaba trabajando. Ese día dejé a mi esposa en el Doyang como a las 4 y los alumnos llegarían hasta las 5 de la tarde para acomodar el área, como siempre yo me fui a trabajar y, regresaría pasadas las 6 pm, la fiesta iniciaría hasta las 8 pm por aquello de que muchos padres salen tarde de trabajar y era una posada familiar.
La Wera se quedó sola en el doyang, hizo sus cosas y ahí mismo se bañó y se cambió. Se arregló muy guapa, pues estaba celosa de algunas de las mamás de mis alumnos, que según ella se “volaban” demasiado conmigo. Ella se puso una minifalda azul, una blusa blanca escotada de botones y zapatos de tacón alto blancos. Se dejó el cabello suelto y, aunque ella es de cabello lacio, se hizo rizos, maquilló sus ojos de azul y sus ojos se veían más verdes, más claros; se pintó sus labios de color rojo muy vivo. Cuando llegué de trabajar me deslumbró su aspecto, a pesar de los años de estar juntos me sigue pareciendo muy atractiva y esa tarde se veía mejor. Además de encontrarme a mi Wera en el gimnasio, ya estaban mis tres jóvenes alumnos acomodando el mobiliario para la fiesta, sólo faltaba poner los refrescos en el refrigerador, pues apenas los había comprado al regresar del trabajo. En eso estaba cuando en la planta baja del gimnasio llegaron unas personas a pedir informes de las clases de tae kwon do y, como dinero es dinero, bajé a convencer a estas personas para que se inscribieran en mi escuela. A pesar de que mi esposa ya estaba arreglada para la fiesta y le resultaría incómodo, le dije: “Wera, metes lo refrescos al refri”, esto mientras los chicos acomodaban el equipo de sonido y otras cosas. Yo bajé con los posibles clientes y hable un rato con ellos.
Al regresar cuál sería mi sorpresa que al subir al segundo piso vi, desde la escalera que mis alumnos estaban mirándole el culo y las piernas a mi esposa. Ella estaba agachada sacando los refrescos de las bolsas de Oxxo y acomodándolos en el refrigerador. No sé si lo hizo a propósito o fue accidentalmente, pero se le veía las faldita muy subida, las pantaletas blancas metidas entre sus nalgas rositas, recién bañadas y sus piernas se veían muy largas y blancas, vi su cabello rubio mojado, como caía en rizos sobre su espalda, se le veía precioso el culo y las piernas, los calzones blancos entre sus nalgas me provocaban meter mis dedos en su ano, pero sabía que mis alumnos estaban ahí. Ellos la miraban atónitos, con morbo, con ganas de cogérsela. Yo la verdad, no me enojé, los comprendí porque también me quedé hipnotizado viendo las pantaletas entre las nalgas de mi esposa y sus piernas lisas. Pensé que sí yo, que ya la he visto mil veces desnuda me quedaba todo tonto, me imagino que mis alumnos con mayor razón. Quizá ninguno había visto a una señora así, tan buena y sexy, tan de cerca y sola. No quise interrumpir la exhibición de nalgas que estaba dando mi esposa, me quedé en la puerta unos segundos, que se me hicieron eternos contemplando la escena: Miraba por un lado a mi esposa enseñando las nalgas y, por otro lado los jóvenes que le miraban el culo y las piernas a mi esposa, con ganas de cogérsela ahí mismo. Estaban bien calientes, pues los rostros les sudaban, yo llegué pisando muy suave, sin hacer ruido, hasta que quedé frente a mi esposa y pude ver que también se le metían las pantaletas blancas entre los labios de la vagina y que las chichis se le salían de la blusa, ella se asustó cuando me vio, no me esperaba, entonces mis alumnos salieron disparados, pero yo los llamé y les pedí que le ayudaran a mi esposa. Cuando ella quiso ponerse de píe yo puse mi mano sobre su cabeza, así que no se pudo incorporar, comprendió que yo quería que siguiera en esa misma posición acomodando los refrescos y mostrándole a los muchachos sus encantos. Ellos se acercaron con miedo, pero yo les dije que no pasaba nada y que había que acomodar los refrescos en el refrigerador pues ya era tarde, todo como si nada pasara, le pedí a uno de los tres alumnos que bajara a cerrar la puerta y que no le abriera a nadie hasta pasadas las 8. Ellos no sabían por qué hacía yo esto, hasta que le dije a uno de los jóvenes: ¿Te gusta mi esposa? ¿Te gusta lo que ves? Me dijo que no, que él ni había visto nada, solté la carcajada y le indiqué que le acariciara la piernas a mi esposa, ella estaba tensa y mi alumno lo hiso con miedo, pero finalmente hiso; a otro alumno le pedí que le metiera la mano por detrás y le acariciara el culo a mi esposa; para hacerlo le subió la falda y le jalo el calzón hacia a un lado, pero no se conformó con acariciar el culo de mi esposa, intentó meterle los dedos en el ano, ella reparó cuando lo hizo, le dolió la penetración, así en seco; siempre hay un tipo listo, el más “ganón” y aprovechado y, este alumno lo era. No sólo le acarició las nalgas, le quiso meter los dedos en sus dos hoyitos a mi esposa, vi que le dolió la brusquedad con que lo hizo y como se quejó mi esposa, pero lo dejé, porque me excitaba que tratara como puta a mi querida y decente esposa. Llame al chico de abajo, le dije: “Cierra la puerta y vente”. Ya entre los tres le empezaron a dar una tremenda manoseada a mi esposa, le agarraban chichis, nalgas, la querían besar en la boca ***********, uno la “dedeaba” la cola, otro la panocha, le sobaban las piernas y las chichis, todo sucedía al mismo tiempo. Se pusieron muy locos y “jariosos”, al grado que los calmé diciéndoles: “Hey miren aquí está todo muy incómodo, mejor métanse al vestidor”. Mi esposa se incorporó feliz, porque pude ver su sonrisa maliciosa, llevaba la blusa abierta y las chichis de fuera, la falda levantada y los calzones de lado. En el vestidor ella se sentó en un sillón, se subió la falda, se quitó las bragas, abrió las piernas y se desabotonó la blusa. Con más tranquilidad los muchachos se la fajaron, uno le acariciaba las piernas, el más “ganón” se sacó la verga y mi esposa le dio una tremenda mamada, el joven que estaba abajo cuidando la puerta, se puso de lado contrario al chavo “ganón” y estaba super caliente, pues le besaba las chichis con desesperación a mi esposa, le acariciaba las nalgas, la quería “dedear”, después casi le arranca los pelos de la panocha a mi esposa, este chavo se la fajó por todos lados. Me dijo que siempre le había gustado mi esposa y se dio un gustazo acariciándola, pero otra vez el faje se convirtió en desorden, llegó un momento en que los tres jóvenes tenían la verga de fuera y los tres intentaban meterle la verga a mi esposa por la boca al mismo tiempo. Tuve que volver a poner orden para que mi esposa disfrutara el cachondeo; así que les propuse a mi esposa y a los tres alumnos lo siguiente: Que yo le vendaría los ojos a mi esposa y que con cuatro cintas de tae kwon do la amarraríamos cada brazo y cada pierna, según esto para que cada uno le metiera la verga, las manos o se la cogiera como quisiera. Yo sé que no había necesidad de hacerlo, pero sabía que mi esposa quería ser atada. Una vez que estábamos cogiendo los dos me dijo que una de sus fantasías era que yo la amarrara y le vendara los ojos, para que hombres extraños entraran a la casa y se la cogieran sin saber ella quién era. Mi Wera lo que quería era sentir otra verga adentro y no saber quién se la estaba clavando, no le importaba saber sí era yo u otro hombre, un conocido o un extraño o quizá hasta un familiar; así que le cumplí su fantasía erótica. Los muchachos se apartaron de mi esposa, ella se quitó la ropa con calma, mostrando de manera cachonda, su cuerpo de mujer madura, hasta quedar totalmente desnuda, mientras los jóvenes se acariciaban sus vergas, creo que uno eyaculó precozmente, pues de repente el vestidor olía a mecos. Saqué a mi esposa del vestidor y la recosté sobre un aparato para hacer abdominales, le até un paliacate negro en los ojos (lo uso como bandana), los muchachos sacaron varias cintas y la amarraron, ataron ambos brazos y tobillos, las cuatro extremidades hasta que la dejaron en “equis”, mis alumnos se cercioraron de atarla bien; para que, según ellos no se resistiera, pero le abrieron las piernas de más, para evitar que en la verguiza fuera a cerrar las piernas o ponerse apretada. El trato fue el siguiente: uno por uno se iba a coger a mi esposa durante cinco minutos, sólo la penetrarían de frente, yo iría hasta lo último pero lo haría anal; la verdad yo no quería entrar al batidero de mecos que sabía le iban a dejar los muchachos en la panocha de mi esposa; además quería que mis alumnos vieran como le reventaba el culo a mi esposa. Cada chavo podía manosear a mi esposa a su antojo, pero sin lastimarla ni hablar, ni gemir, para que ella no supiera quién se la estaba clavando. Esto yo lo hice a propósito, para que no se encariñara con una sola verga y después ella quisiera que el mismo chavo se la estuviera clavando siempre, era como mi seguro anti- infidelidades no permitidas. Yo les dije que tenía que ver cómo se la cogía cada uno, pero a mis alumnos no les gustó esto, decían que frente a mí se “chivearían”, tal vez tenían razón pero yo no quería perder detalle de cómo se cogían a mi esposa, no era por seguridad, ni nada de eso, sólo era el puro placer de ver a mi esposa penetrada una vez tras otra, de verla encuerada retorciéndose de placer con cada alumno, de verla como a una putita que se traga una verga tras otra sin llenarse. Los muchachos no se animaban a cogérsela delante de mí, pero aceptaron, cuando les dije que era solo para evitar que a alguno se le ocurriera la brillante idea de gravar o fotografiar a mi mujer desnuda y cogiendo, les pareció algo lógico y comenzó el festín de vergas, mi esposa en “equis” amarrada y, cada alumno entrando para hacerle de todo y cogerse a mi mujer a su antojo, ella no vería quién le bestializaría el coño, sólo sentiría cada penetración; pero eso…. ESO ES OTRA HISTORIA.

9年前
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