Mi suegra en mi cama (por primera vez)

Mi suegra en mi cama (por primera vez)

Unos meses después de haberme casado con Ana, llegó el verano y decidimos tomarnos unos días de descanso en la costa. Unos amigos de mi suegra nos habían prestado una casa bien cómoda, muy cerca de la playa.
Naturalmente, mi suegra avisó que ella también pasaría el fin de semana con nosotros, aprovechando que la casa era grande y sobraba lugar.

El sábado por la mañana Ana fue a buscarla a la terminal de ómnibus y entonces Susana, mi querida suegra, se instaló en una de las habitaciones.
Esa mañana yo me había levantado mal: la noche anterior había intentado coger con Anita, pero ella se había negado, aduciendo que durante la tarde se había masturbado en exceso y la concha le dolía bastante… además, apeló a la antigua y absurda excusa del dolor de cabeza…

Por lo tanto, yo también terminé en el baño haciéndome una buena paja para desahogarme un poco… Pero a la mañana todavía seguía sintiendo una calentura infernal.
Para colmo de males, apenas llegó Susana, ella y Anita decidieron darse una vuelta por la playa, para caminar y conversar algo entre mujeres…
Aproveché la ausencia de ambas para llevar el auto al mecánico y al mediodía regresé a la casa con hambre, dispuesto a prepararme algo de comer. Encontré a Susana en la cocina, justamente cocinando algo…
Le pregunté por mi esposa y respondió que Ana había decidido quedarse un rato en la playa para disfrutar del sol, que esa mañana estaba bastante pálido en realidad…

Susana estaba vestida tal como había salido más temprano para la playa: una malla enteriza negra con la espalda descubierta y un pareo cubriendo la cintura. Mientras ella estaba de espaldas, me dediqué a observar su escultural cuerpo con detenimiento.
Ana había heredado de esa interesante mujer esas mismas curvas perfectas: las caderas suaves que modelaban un culo redondo y firme, aunque no demasiado voluptuoso; unas tetas erectas y muy firmes y una espalda hermosa, con una piel suave y tersa.
En un momento se agachó y el pareo se desprendió de su cuerpo, pero ella pareció estar más cómoda sin él, ya que ni siquiera se preocupó en levantarlo del suelo.
Para mí fue un regalo, ya que entonces pude admirar su linda cola. Sus largas y torneadas piernas estaban realzadas por unas sandalias de taco alto…La malla enteriza era muy sexy y los pliegues se metían entre sus redondos cachetes, dejándome admirar todo el esplendor de esa cola tan firme. Sentí que en unos segundos, mi verga comenzaba a endurecerse mientras soñaba con cogerme ese hermoso culo…

En un momento Susana giró su cabeza para decirme algo y entonces vio mi mirada clavada en su hermoso trasero… Preguntó entonces:
“Qué pasa, Víctor, nunca viste una cola de una mujer madura?”
“Nunca vi una tan perfecta como la suya, suegrita”, respondí mirándola…
“Pero tu esposa tiene una cola perfecta y firme; acaso no te gusta??”
Insistió: “Mientras paseábamos esta mañana, Anita me contó que anoche no quisiste tener sexo; aunque ella estaba dispuesta a entregarte la cola”
Largué una carcajada y le dije que todo era mentira y que su adorada hija era una histérica y que se había negado a coger conmigo.
“Puedo hacer algo para ayudarte”. Preguntó Susana haciendo un mohín.
Su pregunta me pareció que iba dirigida con doble sentido, así que decidí arriesgarme a hacer una movida osada pero muy peligrosa…
“Tal vez, suegrita, podría entregarme Usted la cola, ya que es casi la misma que ha heredado mi dulce mujercita…”

Susana abrió los ojos muy grandes y comenzó a balbucear algo, pero entonces me levanté de un salto de mi silla; tomé su mano y arrastré a mi sensual suegra hasta nuestra habitación.
Su hermoso rostro estaba arrebatado y de color rojo, pero se dejó llevar y no dijo nada más.

La empujé suavemente sobre la cama y la ubiqué de espaldas. Tomando sus tobillos le hice abrir las piernas y me arrodillé entre ellas. Le dije:
“Susana, he deseado hacer esto desde el momento en que la conocí…”
“Por favor, Víctor… mi hija va a volver en cualquier momento” Suplicó.
Pero ya no le respondí nada más. Me incliné hacia su pubis y corrí la tela de su sensual malla enteriza negra, descubriendo una mata pelirroja alrededor de sus delicados y pequeños labios vaginales.

Yo estaba tan caliente, que su concha me pareció la mejor del mundo. Mi sensual suegra tenía una vulva perfecta, de labios exteriores delgados en forma de mariposa y un interior de un rosado intenso. Me abrí paso entre su mata rojiza y mi lengua empezó por lamer la entrada de su vagina…

Apenas empecé con eso, Susana empezó a tensarse. Unos segundos después de pasar mi lengua en sentido vertical, mi adorada suegra dejó escapar un gemido profundo y luego un aullido agudo interminable, al mismo tiempo que acababa entre mis labios…
La dejé recuperarse por unos segundos y acometí nuevamente. Mi curiosa lengua no dejó rincón por merodear y hasta pude entrar en su deliciosa concha, ahora lubricada y bien abierta, doblando la lengua en dos.

Susana me aferró por la nuca y me hizo hundir la cabeza entre sus muslos, gimiendo ya sin control… Apenas rocé su clítoris con mis labios, ella dejó escapar otro chillido intenso y acabó por segunda vez.
No me detuve, seguí chupando, lamiendo y mordiendo esa dulce concha…
Cuando paré para tomar aire, Susana gimió, implorando desesperada:
“Por favor, Víctor, quiero que me cojas ahora mismo”
“Pero Usted dijo que mi esposa podría volver en cualquier momento…”

Eso ahora ya no le importaba; el riesgo de que Anita nos encontrara cogiendo en nuestra cama, le agregaba mucho morbo a la situación…
Le pedí que se pusiera en cuatro, ya que mi verga me parecía demasiado gruesa para su delicada concha y así sería más fácil penetrarla…

Susana dio un salto y se acomodó sobre sus codos y rodillas, ofreciéndome sus perfectas caderas y nalgas redondeadas. Me incliné sobre ella y volví a correr a un costado esa malla enteriza negra tan sexy…
Mi suegra seguía suspirando y jadeando, anticipando el placer que le iba a dar con mi verga. La visión de sus labios vaginales brillando humedecidos me provocó una tremenda erección, mucho más tiesa que nunca…

Me ubiqué entre sus muslos abiertos y apunté la cabeza de mi verga a su entrada. Me deslicé muy despacio, sintiendo cómo mi pija entraba con facilidad en la vagina de mi querida suegra, quien comenzó a suspirar a medida que sentía la invasión. Dijo que le dolía un poco porque la sentía muy gruesa, pero enseguida su concha se adaptó al tamaño de mi verga y entonces Susana comenzó a jadear y a gemir de placer.

Cuando la tuvo toda adentro y sintiéndose más cómoda, Susana giró su cabeza y me suplicó, gimiendo sensualmente:
“Ahora sí… la quiero toda adentro, dame con todo, no tengas compasión…”
Como un buen yerno obediente, aferré sus suaves caderas y comencé a bombearla con todas mis ganas, mientras ella gemía, lloraba, suplicaba y jadeaba, pidiéndome más y más…

No recuerdo que antes de ese polvo hubiera derramado tanto semen…
Susana acabó dos veces antes de que yo me vaciara en el fondo de su vagina. Apenas se la saqué, ella giró y tomó mi verga con sus labios, lamiéndola hasta dejarla limpia.

Le dije que mi verga podía estar nuevamente tiesa en menos de cinco minutos y le pedí que me entregara su perfecto y firme culo para gozarlo a mi antojo.
“No, por el culo, no… tu verga es demasiado gruesa, me vas a desgarrar.”
No quise insistir, pero estaba seguro de que alguna vez iba a darme el gusto de sodomizar a mi suegra, aunque ella ahora se resistiera… ya la iba a convencer de alguna manera…

Miré el reloj y justo en ese momento ambos oímos con claridad ruidos en la cocina. Anita estaba de regreso…
Susana saltó de la cama y se encerró en el baño. Yo me acomodé las ropas lo más rápido que pude y salí al encuentro de mi dulce mujercita.
Ana me vio llegar y se inclinó sobre la mesa de la cocina.
“Me parece que hoy hice demasiado cola-less y se me fue la mano con el sol” Me dijo corriéndose la tanga para mostrarme los cachetes al rojo vivo y además su estrecha y delicada entrada anal. Mi verga saltó otra vez…

“No te preocupes, amor, yo tengo la solución para eso” Le dije mientras me acariciaba la verga sobre mis pantalones y pensaba que, después de todo, iba a poder meterla en un lindo culito… aunque no fuera el de mi suegra…



発行者 Anitaslut44
9年前
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