Después de mi Divorcio 3
Los tres o cuatro días que iba a estar en Torrevieja se convirtieron en ocho, desde el segundo día que fue cuando conocí a Javier, el joven de 26 años, vino a mi casa todas las tardes, estaba conmigo dos o tres horas y me echaba un par de magníficos polvos que me dejaban como una reina aunque luego por la noche recordándolo me hacía al menos una paja más. Naturalmente Ramón no estaba para ese ritmo y después del día que estuve con los tres tan solo volví a estar con él tres veces más, la última vez hizo que mi salida se retrasara casi tres horas, aunque en honor a la verdad nadie me hizo gozar como él.
Tenía previsto salir a las nueve de la mañana del sábado 29 de mayo pero Ramón pasó a casa para despedirse y lo hizo como es debido. Se empleó a fondo y tardó en correrse casi dos horas en las que estuvo, cambiando de lugar, follándome sin parar hasta que casi tuve que suplicarle que terminara. Me dejó tan destrozada que me quedé descansando en el sofá más de media hora antes de emprender el viaje. Conducir sola más de ocho horas dan para pensar mucho, por mi cabeza pasaba como una película todo lo que había hecho los días en Torrevieja y lo normal hubiera sido, una vez pasado el calentón y lejos de las personas con las que me había relacionado, que tuviera mala conciencia o me preguntara como había llegado a hacer lo que había hecho etc. Nada de eso, al contrario, a veces me sorprendía sonriendo recordando lo bien que lo había pasado y como había disfrutado; no solo no pensaba con la preocupación de una funcionaria burguesa en que había tenido sexo con tres hombres al tiempo y eso no era lo esperado de una mujer como yo, mi única preocupación mientras conducía era como iba a hacer para encontrar personas afines a mi sin que nadie de mi entorno pudiera enterarse o sospechar nada. Desde luego lo que tenía claro es que ya no me iba a ser suficiente con masturbarme mirando algunos vídeos porno.
La relación con mi ex-marido era buena aun cuando él estaba con otra mujer bastante más joven que yo por cierto, después de seis días de haber regresado estaba que me subía por las paredes y como una perra en celo; me llamó el viernes cuatro de junio para preguntarme si podía pasar por casa para llevarse un pequeño mueble auxiliar que yo le había regalado en su día y casi desde que oí su voz al otro lado del teléfono decidí que podía servir para enfriarme para el fin de semana, no sabía como lo iba a hacer pero lo tenía decidido.
Alberto, mi ex-marido, vino a casa ese viernes a las siete como habíamos quedado, aunque una vez pasado casi medio año ya no tenía interés en él mis ganas de follar hacían que me diera lo mismo que él pudiera pensar que todavía quería volver con él. Además, sin decírselo claramente me apetecía demostrar lo que sexualmente había cambiado y por supuesto, hacer con ella lo mismo que su actual pareja había hecho antes conmigo.
Sabía que en los primeros meses Alberto había controlado de alguna manera mi vida para saber si tenía algún amante y que estaba convencido de que no era así, de modo que decidí hacerle ver que además de no echarle en falta estaba bien servida en ese aspecto. Cuando llegó estaba con un albornoz como recién salida de la ducha y había dispuesto el comedor como estuviera esperando a alguien para cenar, además, yo sabía que cuando fingiera ir al baño él fisgaría la casa, haba dejado sobre la cama una ropa interior más que sugerente. Cuando vivíamos juntos solía vestirme con ropa sexi, incluso fetichista, para calentarnos haciéndome fotos antes de echar un polvo, y además de unas medias y ligueros que supuestamente me iba a poner tenía en una silla un bustier rojo de vinilo con ligueros y un body de látex, lo suficiente para que pensara que me esperaba una velada de sexo intenso.
Le invité a tomar una cerveza y tras enseñarle su mueble que ya estaba en el pasillo dije que tenía que arreglarme porque tenía una cena. Aunque resultaba evidente donde iba a ser la supuesta cena me preguntó donde y si iba a ser con mis amigas de siempre, me limité a no responder y tratando de evitar una sonrisa que me delatara fui al cuarto de baño para terminar de arreglarme. Tardé algo más de diez minutos en salir, a propósito excesivamente maquillada, como a él le gusta que lo hiciera cuando me hacía fotos y camino del dormitorio; su actitud y cierto nerviosismo me hicieron ver que no me había equivocado y había curioseado en mi dormitorio viendo todo lo que estaba a la vista. Como si no me hubiera dado cuenta de nada entré en el dormitorio cerrando la puerta tras de mi y sin albornoz comencé a arreglarme para mi supuesta cita, tal y como había previsto entró en apenas cinco minutos sorprendiéndome desnuda, tan solo tenía puesto los ligueros y estaba ajustándome la segunda media. Con ademanes y voz de seductor se acercó a mi preguntándome para quien me estaba poniendo tan sexi y si me había echado un novio....
Continué con mis medias respondiendo sin mirarle que eso a él ta no tenía que importarle, con la seguridad de un hombre que piensa que es atractivo y único en la cama tuvo la osadía de pasar su mano abierta entre mis piernas acariciando mi coño. Le hubiera dado una bofetada que es lo que realmente deseaba pero había decidido que para mi, esa noche él era un vibrador y lo iba a utilizar como tal además de joder su autoestima cuanto pudiera.
Le dejé hacer unos segundos, dejé escapar un gemido no fingido y mi coño mojado le hizo creer que le deseaba sin imaginar que si hubiese tenido disponible otra polla no estaríamos en esa situación ni aunque estuviera ********. Sin dejar de acariciarme el coño aflojaba su cinturón con la otra mano mientras yo desabrochaba los botones de su camisa como si le deseara a ******. Y sí, claro que lo deseaba, pero a su polla no a él.
Había decidido sorprenderle al máximo, cuando ya estaba desnudo me agaché frente a él y masturbándole despacio pasaba la lengua a lo largo de todo su falo, de vez en cuando le succionaba y volvía a jugar con la lengua acariciando y lamiendo su huevos mientras con la otra mano acariciaba mi coño. Le senté en la cama y de rodillas en el suelo volvía a succionarle y lamer sus huevos, le notaba excitado como un burro, segura de que su intención había sido un polvo rápido y que no se esperaba tanta colaboración de mi parte; decidí que había llegado el momento de ponerme guarra y hacer que pensara en mi deseándome cada vez que estuviera con su nueva novia. Continué mamando y lamiendo su verga y sus bolas, poco a poco conseguí que levantara ligeramente las piernas y como un descuido mi lengua pasó de sus bolas al perineo rozando levemente su ano con ella, dio un respingo y se relajó con un suspiro; tenía su verga agarrada masturbándole despacio y lamiendo haciendo ver que estaba muy excitada masturbándome yo también, de nuevo deslicé mi lengua bajo sus bolas y lamí el perineo volviendo a la aureola de su ano, esta vez se quedó quieto, como si esperase otra vez el "error o despiste" de antes, gimió suavemente y lamí su ano haciéndole ver que lo de antes no había sido un error, pasé repetidamente la lengua y luego empujé con ella forzando la entrada hasta que la metí en su ano y comencé a moverla dentro,..... se revolvió de placer sobre la cama y jadeó de una manera que yo sabía era el preludio de su orgasmo, rápidamente abandoné su culo y metí su polla en la boca, lamí y aspiré un par de veces antes de oír una exclamación y sentir como se vaciaba dentro de mi boca. Sujetó mi cabeza con las manos dando espasmos y dejando escapar un chorro de esperma a cada uno de esos espasmos, continué acariciando sus bolas y lamiendo hasta que gritó y trató de apartarme de él sin conseguirlo. Se quedó tendido sobre la cama y yo empecé a masturbarme, me coloqué a su lado de manera que comprendiera que espera que me comiese el coño, lo hizo hasta que logró hacerme correr y nos quedamos un rato sobre la cama mirando al techo. Sabía o esperaba que ahora iban a venir preguntas y estaba preparada para inventarme cualquier historia, en el fondo iba a disfrutar más con eso que follando con él y solo pensaba en no exagerar demasiado para que todo fuera creíble.
Sabía que no se le quitaba de la cabeza y aunque dio muchas vueltas hablando y sobre todo cerciorándose de que me había hecho disfrutar no pudo evitar la pregunta que esperaba. Dijo estar sorprendido de lo que le había hecho, nunca habíamos jugado así con el sexo oral y había sido un descubrimiento para él, sobre todo que yo tomase la iniciativa, no esperaba algo así de mi. Luego, tras dudar y dar varias vueltas para aparentar que no le importaba me preguntó si eso me lo había enseñado alguien en especial o lo había visto en alguna película porno; a propósito evitaba responderle directamente dejando que su imaginación hiciera el resto y me limité a decir que lo importante era que le había hecho gozar, donde lo había aprendido era lo de menos.
Se tocaba la polla mientras hablábamos, le conozco perfectamente y sabía que tardaría alrededor de una hora en recuperarse y pensé si sería capaz de excitarle para que se recuperase antes. Naturalmente Alberto no estaba dispuesto a no averiguar si me tiraba a otra persona y continuó preguntando sin excesivo interés aparente. Sinceramente y considerando que lo de Torrevieja había sido algo excepcional pensaba que mi ex era un buen amante, nunca habíamos hecho las guarradas que descubrí en Torrevieja que tanto me gustaban pero le consideraba bueno en la cama, al menos hasta hacía medio año me había satisfecho plenamente, pero estaba dolida con él y deseaba machacarle emocionalmente. Ya más directamente se atrevió a preguntar si la cena que tenía era en casa y en ese caso si era con algún amigo y si él le conocía; en ese punto decidí que lo mejor para mis propósitos era empezar a hablar más claro aunque todo fuera producto de mi imaginación. Dije que efectivamente iba a venir a cenar a casa, le había conocido ocasionalmente y desde luego que él no le conocía.
A partir de ese momento las preguntas vinieron en cascada, si no fuera porque era lo que yo pretendía hubiera sido suficiente escuchar su primera pregunta para mandarle a la ****** pero verle tan inquieto, nervioso e incluso celoso me estaba produciendo un cosquilleo de satisfacción en el estómago que estaba dispuesta a contarle con pelos y señales que me había tirado a un extraterrestre. Sin darse cuenta que estaba poniéndose en ridículo, comenzó a preguntar como nos habíamos conocido y cuanto tiempo había tardado en decidirme acostarme con él etc, etc,
Reconozco que fui cruel, por otro lado sirvió para ponerle duro antes de lo previsto aunque fuera para demostrarme que él era el mejor en la cama. A pesar de que me dejé llevar y probablemente exageré creyó aparentemente todo lo que dije: Le conocí en un pub tomando una copa con mis amigas y desde el primer momento me pareció tan atractivo que no supe decirle que no cuando me invitó a tomar la última copa en su casa. Desde luego que no me había planteado salir seriamente con él pero si quedar para tener sexo porque era un hombre que me había hecho gozar en la cama como nunca nadie lo había hecho y que la primera vez que estuve con él me había follado cuatro veces y me hizo perder la cuenta de las veces que yo me había corrido...... etc, etc,.... literalmente su cuerpo se iba encogiendo a medida que yo hablaba, describí a mi ficticio amante como un experto en sexo que me había hecho descubrir un nuevo mundo. A pesar de todo le quedaba algo de amor propio y desde luego torpeza porque aunque no recuerdo sus palabras exactas llegó a insinuar que en definitiva ese día tras la cena no follaríamos porque ya se encargaba él de dejarme lo suficientemente satisfecha como para desear más. En este punto es donde fui extremadamente cruel, respondí a mi ex que follar con mi amigo era hacerlo en otra división superior, me hacía gozar y disfrutar tanto que lo que él y yo estábamos haciendo en ese momento eran los preliminares y que realmente estaba deseando que llegara la hora de mi cita para tener una buena sesión de sexo.
Si Alberto hubiera un mínimo de dignidad y amor propio se hubiera marchado en ese instante pero su ego, más que calentura, le mantenían duro a mi lado dispuesto a demostrarme que nadie follaba como él. Escuchándome tumbado boca arriba sobre la cama se acariciaba la polla que antes de lo habitual se había puesto como el mástil de un velero, realmente era yo la que tenía que esforzarme para no demostrarle que mis ganas de que me follara eran más grandes que las suyas. Agarrándome de un brazo me hizo poner sobre él y besándonos en la boca empezamos a frotar nuestros cuerpos. Su dura polla se frotaba contra mi pubis y mi calentura iba en aumento por segundos, me movía sobre él tratando de que con su polla rozara mi clítoris inflamado por el deseo, estaba tan mojada que en uno de eso movimientos sentí el glande entre mis labios vaginales y a tientas me moví sobre él hasta que percibí que estaba justo en la entrada y con un movimiento de pelvis me lo metí de un golpe. Alberto dejó salir de su boca un suspiro al sentirse dentro de mi y aunque aprisionado por mi cuerpo se movió para poder entrar y salir de mi rítmicamente, en pocos segundos traté de reprimir los gemidos que podía dejar escapar porque estaba teniendo un orgasmo; a pesar de ello volví a ser dura con él y con un tono de voz autoritario le dije que no se le ocurriera correrse todavía que era demasiado pronto, lo dije como si le considerase un principiante que a su vez es un eyaculador precoz. Cuando superé ese primer orgasmo decidí que había llegado la hora de darle otra lección, me moví para que saliera de mi y me deslicé sobre su cuerpo hasta que mi cara estuvo a la altura de su sexo y volví a mamársela y lamer sus bolas, ahora ahuecaba su cuerpo sobre la cama como indicándome que esperaba otra lamida de culo pero opté por dejarle con las ganas.
Giré mi cuerpo colocándome en la posición del 69, apoyada en mis manos y rodillas acerqué mi sexo a su cara y comprendiendo lo que esperaba empezó a comerme el coño como realmente él solo sabía hacerlo, me moví sobre su cara hasta que fui consciente de que era mi culo lo que estaba más próximo a su boca, pasó la lengua de arriba abajo por mi coño y lamió tímidamente mi ano un par de veces, seguro que no le gustaba o le daba asco porque rápidamente volvió al coño sin volver a acercarse a mi ano. Me daban ganas de reír.
A cuatro patas me arrastré hacia delante hasta que mi sexo quedó a la altura del suyo, agarré su polla y poniéndola entre mis labios vaginales me senté despacio sobre ella hasta que desapareció dentro, me moví segura de que ver mis nalgas bamboleándose con su polla dentro le estaban excitando a ******, puso sus manos en ellas tratando de ser él quien llevara el ritmo pero rápidamente saque su polla arrancándole una exclamación de desencanto. Volví a coger su polla por la base sujetándola fuertemente y volví a aproximar mis nalgas a él pero esta vez apuntando su polla a mi ano, lo había lubricado con saliva y los jugos de mi propio coño y no sabía si sería suficiente para que me penetrara sin dolor pero podía más mi deseo de sorprenderle. Hubiera dado parte de mi sueldo solamente por poder ver su cara aleccionares de que estaba dirigiendo su polla a mi ano.... me fui sentando despacio, resbaló al primer intento pero la segunda vez la sentí perfectamente acoplada en mi agujero y sujetándola firmemente volví a sentarme, de nuevo esa sensación tan especial cuando mi esfínter se abre y va dejándola pasar despacio, Alberto estaba quieto y suponía que con una expresión de sorpresa, supe que había entrado entera cuando noté su pelvis pegada a mis nalgas y lancé una exclamación de satisfacción; apenas me moví tres veces subiendo y bajando y sentí como se corría en mi culo como un *********te en su primer polvo, me dio tiempo a moverme cuatro o cinco veces más antes de que saliera su polla de mi y me volví hacia él besándole en la boca y reprochándole que se había corrido antes de que yo pudiera sentir nada. Ahora si estaba jodido, le notaba en la cara que casi estaba avergonzado y le entró prisa por marcharse porque él también había quedado, se marchó tan rápido que se dejó en casa el mueble que había ido a recoger.
9年前