Ser o no ser
Capítulo 2
"Jungle Fever"
Era sábado y estaba anocheciendo, el viaje en avión no había tenido contratiempos por lo que Sebastián daba gracias, las pseudo-vacaciones habían sido idea del consejero matrimonial luego de insinuar que lo que necesitaban era tiempo para ellos a solas, asi que dejaron a los niños con la mamá de Irene y partieron a un fin de semana en la playa, el viaje era caro pero Sebastián amaba a su esposa y haría cualquier cosa por ella. Se registraron en el hotel y fueron directamente a la habitación, ambos estaban cansados, el día había sido largo y lleno de ajetreos, sin embargo no tenía idea de cuando tendrían una mejor oportunidad de estar a solas, dudó por un instante y la pregunta le salió con voz lastimera
-¿lo quieres hacer?-
-si tú quieres- respondió ella mientras revisaba su celular.
No era la respuesta que esperaba aun con el cansancio que sabía que sentían, aunque igualmente le tomó la palabra.
La llevó hasta la cama besandola, solo hubo un poco de juego previo antes de que estuvieran desnudos, la penetró pero había demasida fricción así que tuvo que echar mano del lubricante, el sexo fue rápido y crudo, al terminar, Irene no tardó mucho en caer dormida, Sebastián se quedó recostado en la oscuridad pensando en lo que acababa de suceder, había tenido el cuerpo de su esposa, pero no su mente, esa había estado muy lejos de ahí, entonces comprendió que el "si tú quieres" era una forma sutil de decirle "no, pero tengo que", esa noche no pudo dormir bien.
Por la mañana después de desayunar decidieron tomar el sol al lado de la alberca, recostados en sus camastros todo marchaba normal, Sebastián descansaba con los ojos cerrados cuando escucho hablar a alguien,
-Hola-
era un tipo negro y alto con voz grave a lado de Irene
-Hola- respondió ella algo confundida
-Te vi desde el otro lado de la alberca y me gustasté de inmediato, ¿qué te parece si nos vamos de aquí? mi yate no esta lejos, será mucho más divertido, te lo aseguró- dijo el tipo mientras se sentaba y devoraba con la vista a Irene
-Disculpa, ¿quién eres?- preguntó Sebastián sin creer lo que escuchaba
-Oh, tu amigo puede venir también si quieres-
-Soy su esposo- dijo Sebastián con un tono nada amigable, que al parecer no percibió el tipo negro
-¿Ah sí? jamás lo hubiera imaginado, tienes mucha suerte de tener a una belleza asi a diario en tu cama, no sé como puedes tenerla aqui y no en la habitación, les ofrezco una disculpa, es solo que estoy acostumbrado a tomar lo que me gusta, mi nombre es Darrell, soy algo asi como un socio del hotel, déjenme recompensarlos por la m*****ia, el bar abre a las 8, solo digan que van de mi parte y todo lo que consuman será gratis- se levantó y se fue sin esperar respuesta
-Ok muchas gracias- dijo Irene
-¿Cómo puedes darle las gracias?, quería "llevarte" a su "yate"- recriminó él
-Solo porque no sabía que venía contigo, aparte se disculpó y ya tenemos barra libre-
Hubo un largo silencio, ninguno volvió hablar hasta que Irene dijo que ya tenía hambre. Por la noche ya en la habitación su esposa se había puesto un vestido corto negro entallado que hacía lucir su figura, llevaba un escote discreto pero sexy, Sebastián no creía lo hermosa que se veía, estuvo a punto tomarla ahi mismo, fue justo cuando ella habló
-¿A qué hora quieres que bajemos al bar?-
la lujuria dio paso rápidamente a la ira
-No vamos a bajar-
-¿Qué? ¿por qué?-
-No voy a tomar nada que venga de ese idiota-
-Pero yo quiero bailar y tomar un poco ahora que no tengo que cuidar a los niños-
-Podemos ir a cualquier otro lugar-
-¿Fuera del hotel? no gracias, aparte no tenemos tanto dinero como para despreciar una invitación con todo pagado solo por que te pones celoso-
-¡Dije que no voy a bajar!-
-Pues como quieras, yo si voy, cuando se te pase el berrinche allá te espero-.
Mientras bajaba en el elevador, Irene se preguntaba si hacía bien, tal vez Sebastián tenía razón, después de todo como se suponía que reaccionara si un tipo intentaba llevarse a la cama a su esposa, y peor aun, enfrente de él, la reflexión le hizo sentir un ligero cosquilleo en el abdomen; las puertas del ascensor se abrieron ahuyentando el pensamiento. El bar estaba lleno, fue directamente a la barra a averiguar si era cierto lo que había dicho Darrell,
-Buenas noches, vengo de parte del señor Darrell- dijo al barman
-Oh claro, el señor Wilton nos lo dijo, hoy el servicio corre por cuenta de la casa- "por lo menos no mintió", pensó Irene, pidió un aromatic caipi y fue a sentarse a una mesa, conforme transcurría el tiempo, la idea de estar ahí sola comenzaba a parecer mala, fue entonces que escucho su profunda voz
-Los tragos saben mejor cuando no tienes que pagarlos ¿no?-dijo Darrell
-Los pagué aguantando las tonterías que dijiste-
-¿En serio?, ¿puedo sentarme?- ya se sentaba antes de que ella pudiera contestar -¿y dónde esta el señor "soy su esposo"?-preguntó con una sonrisa
-se siente un poco mal por culpa de la comida- mintió Irene
-¿y por qué no estas con él?-
-yo quería bailar-
-pues bailemos entonces- la tomó por la mano y la llevó al centro del caos, había tanta gente que apenas se podía pasar, en una pequeña tarima un grupo de bachata tocaba en vivo; la agarró por la cadera y marco los pasos, "para ser tan alto se mueve muy bien", pensó Irene, su mano en la cintura la empujó hacia él pero ella se resistió
-vamos, es solo un baile- dijo Darrell atrayendola hacia él una vez más, de mala gana se rindió, "se va a ver extraño que bailemos con medio metro de separación", se dijo a si misma. Entre pausas en la música se acercaban a la mesa para beber y luego regresar a bailar, Irene se dijo que solo otro par de canciones e iría con su esposo, se estaba divirtiendo tanto que el plan de volver a la habitación pronto desapareció de su mente, notó que las manos de Darrell tomaban confianza y bajaban cada vez más, puede que fuera el alcohol pero dejó de importarle, de pronto al girarla en una vuelta la detuvo a la mitad y la atrajo hacia él, de inmediato pudo sentir su erección rozando contra su trasero, para su propia sorpresa siguió bailando como si nada pasara, no supo en que momento pero su cuerpo comenzó a acercarse más y más al de él, y entonces lo sintió mejor, era enorme y estaba muy duro, ¡y estaba así por ella!, el sentirse deseada aumento su temperatura, pudo sentir como se le mojaba la ropa interior, se dejó llevar y comenzó a frotarse contra él al ritmo del momento, la música se detuvo por unos segundos y una ola de remordimiento y culpa la atrapó,
-necesito sentarme, los pies me estan *******- dijo alejándose de Darrell yendo hacia la mesa, él no tardó en seguirla y sentarse a su lado, ella se terminó su cóctel de un solo trago
-ya es hora de que me vaya- empezaba a despedirse Irene
-aun es muy temprano ¿no crees?-
-mi marido me necesita-
-si eso fuera verdad te hubieras quedado con él, pero preferíste venir a "bailar"- dijo Darrell sin poder contener una pequeña risa
-¿eso qué significa?-
-digo que es un pretexto bastante débil, digo que de alguna forma te las arreglaste para venir al bar sola, puede que tu marido no lo haya notado por estar demasiado ocupado odiandome, pero yo si vi la manera en que me veías, querías que te tomara y te llevara conmigo, digo que bajaste esperando encontrarme-
-estas totalmente loco-
-¿en serio?- tomó la mano de Irene y la puso sobre su miembro -sé lo que estas pensando, he visto la misma mirada en muchas mujeres-
-yo no soy como ellas- dijo ofendida quitando la mano
-"yo no soy como ellas", irónicamente todas han dicho lo mismo, pero tú sabes que es mentira- tomó su mano y volvió a llevarla hasta su falo -lo deseas, te preguntas como se sentiría tenerlo dentro de ti, quieres que te cojan como la zorra que en realidad eres, como estoy seguro que tu marido nunca lo ha hecho-
-eres un imbécil- espetó sin fuerza Irene
-dime que es mentira, que en el fondo no es lo que deseas, que me levante y te lleve a donde yo quiera para que puedas probar mi verga, pero no lo haré, perdiste tu oportunidad, hoy vas a tener que coger con tu esposo imaginando que soy yo, sin embargo mi cuarto esta en el último piso, tú misma me buscarás- Darrell se levantó y se fue.
Habían pasado casi dos horas e Irene aún no regresaba, Sebastián decidió ir a buscarla, tomaba la llave de la habitación y el celular cuando oyó un ruido por la puerta, entró tambaleándose un poco y fue directamente hacia él sin tiempo de poder decir nada, lo empujó hacia la cama y terminó sentado
-¿qué pasa? ¿estas bien Irene?- preguntó un poco preocupado sin entender lo que pasaba
-solo cállate- susurró ella
la vio arrodillarse poco a poco y desabrocharle el cinturón, tiró de sus pantalones y boxers y en seguida su esposa tenía su verga en la boca, en un par de segundos estaba completamente erecto, la lengua de Irene deslizándose por su cabeza era algo delicioso, para él nunca se veía más hermosa que cuando tenía su verga en la boca, sus suaves labios lo apretaban muy ligeramente mientras subían y bajaban, se detuvo solo para recorrer su miembro con la lengua desde la base hasta la punta un par de veces y de nuevo comenzar a mamar, Sebastián no lo entendía, Irene solo hacía eso en fechas "especiales" como su cumpleaños o su aniversario, de hecho ella decía que no le gustaba y que solo lo hacía porque a él si, pero en ese momento estaba totalmente concentrada y dedicada a ello que hasta parecía gustarle, sintió pequeñas succiones que casi lo hicieron venir, su esposa lo conocía tan bien que se detuvo
-aún no- dijo mientras se quitaba el vestido
la vio ponerse de pie y subirse encima de él aun con la lencería puesta
-te ves muy sexy- susurró Sebastián, por un instante pareció que Irene no lo había escuchado
-no hables- dijo ella
la vio hacer su tanga color negro a un lado y ponerlo lentamente dentro de su hermosa vagina, pudo sentir que estaba completamente mojada, empezó a montarlo con un movimiento de atrás hacia delante como solía hacerlo buscando que su clítoris rozara contra su pelvis, aunque Irene tenía los ojos cerrados Sebastián podía ver el placer en su rostro, la boca semi abierta y la respiración agitada eran muestra de ello, se inclinó sobre él poniendo su cara a un lado de la suya, ya no podía ver su rostro pero si oír sus suaves gemidos que eran incluso más exitantes, no eran como los de siempre, estos traspasaban el oído y llegaban más profundo, su suave y blanca piel aún olía a su perfume y el movimiento había tomado ritmo haciéndolo más placentero, cada vez que Irene se movía una onda de satisfacción recorría todo el cuerpo de Sebastián pidiéndole acabar, intentó distraer su mente pero era demasiado tarde, apenas unos minutos después de haber comenzado todo había terminando
-lo siento, es que hace mucho que no te veía tan exitada y eso me prendió muchísimo, dame 10 minutos y lo volvemos a hacer- se excusó Sebastián
-no, déjalo así, tomé demasiado solo quiero dormir-
-esta bien-dijo resignado Sebastián
esa noche tampoco pudo dormir bien.
"Jungle Fever"
Era sábado y estaba anocheciendo, el viaje en avión no había tenido contratiempos por lo que Sebastián daba gracias, las pseudo-vacaciones habían sido idea del consejero matrimonial luego de insinuar que lo que necesitaban era tiempo para ellos a solas, asi que dejaron a los niños con la mamá de Irene y partieron a un fin de semana en la playa, el viaje era caro pero Sebastián amaba a su esposa y haría cualquier cosa por ella. Se registraron en el hotel y fueron directamente a la habitación, ambos estaban cansados, el día había sido largo y lleno de ajetreos, sin embargo no tenía idea de cuando tendrían una mejor oportunidad de estar a solas, dudó por un instante y la pregunta le salió con voz lastimera
-¿lo quieres hacer?-
-si tú quieres- respondió ella mientras revisaba su celular.
No era la respuesta que esperaba aun con el cansancio que sabía que sentían, aunque igualmente le tomó la palabra.
La llevó hasta la cama besandola, solo hubo un poco de juego previo antes de que estuvieran desnudos, la penetró pero había demasida fricción así que tuvo que echar mano del lubricante, el sexo fue rápido y crudo, al terminar, Irene no tardó mucho en caer dormida, Sebastián se quedó recostado en la oscuridad pensando en lo que acababa de suceder, había tenido el cuerpo de su esposa, pero no su mente, esa había estado muy lejos de ahí, entonces comprendió que el "si tú quieres" era una forma sutil de decirle "no, pero tengo que", esa noche no pudo dormir bien.
Por la mañana después de desayunar decidieron tomar el sol al lado de la alberca, recostados en sus camastros todo marchaba normal, Sebastián descansaba con los ojos cerrados cuando escucho hablar a alguien,
-Hola-
era un tipo negro y alto con voz grave a lado de Irene
-Hola- respondió ella algo confundida
-Te vi desde el otro lado de la alberca y me gustasté de inmediato, ¿qué te parece si nos vamos de aquí? mi yate no esta lejos, será mucho más divertido, te lo aseguró- dijo el tipo mientras se sentaba y devoraba con la vista a Irene
-Disculpa, ¿quién eres?- preguntó Sebastián sin creer lo que escuchaba
-Oh, tu amigo puede venir también si quieres-
-Soy su esposo- dijo Sebastián con un tono nada amigable, que al parecer no percibió el tipo negro
-¿Ah sí? jamás lo hubiera imaginado, tienes mucha suerte de tener a una belleza asi a diario en tu cama, no sé como puedes tenerla aqui y no en la habitación, les ofrezco una disculpa, es solo que estoy acostumbrado a tomar lo que me gusta, mi nombre es Darrell, soy algo asi como un socio del hotel, déjenme recompensarlos por la m*****ia, el bar abre a las 8, solo digan que van de mi parte y todo lo que consuman será gratis- se levantó y se fue sin esperar respuesta
-Ok muchas gracias- dijo Irene
-¿Cómo puedes darle las gracias?, quería "llevarte" a su "yate"- recriminó él
-Solo porque no sabía que venía contigo, aparte se disculpó y ya tenemos barra libre-
Hubo un largo silencio, ninguno volvió hablar hasta que Irene dijo que ya tenía hambre. Por la noche ya en la habitación su esposa se había puesto un vestido corto negro entallado que hacía lucir su figura, llevaba un escote discreto pero sexy, Sebastián no creía lo hermosa que se veía, estuvo a punto tomarla ahi mismo, fue justo cuando ella habló
-¿A qué hora quieres que bajemos al bar?-
la lujuria dio paso rápidamente a la ira
-No vamos a bajar-
-¿Qué? ¿por qué?-
-No voy a tomar nada que venga de ese idiota-
-Pero yo quiero bailar y tomar un poco ahora que no tengo que cuidar a los niños-
-Podemos ir a cualquier otro lugar-
-¿Fuera del hotel? no gracias, aparte no tenemos tanto dinero como para despreciar una invitación con todo pagado solo por que te pones celoso-
-¡Dije que no voy a bajar!-
-Pues como quieras, yo si voy, cuando se te pase el berrinche allá te espero-.
Mientras bajaba en el elevador, Irene se preguntaba si hacía bien, tal vez Sebastián tenía razón, después de todo como se suponía que reaccionara si un tipo intentaba llevarse a la cama a su esposa, y peor aun, enfrente de él, la reflexión le hizo sentir un ligero cosquilleo en el abdomen; las puertas del ascensor se abrieron ahuyentando el pensamiento. El bar estaba lleno, fue directamente a la barra a averiguar si era cierto lo que había dicho Darrell,
-Buenas noches, vengo de parte del señor Darrell- dijo al barman
-Oh claro, el señor Wilton nos lo dijo, hoy el servicio corre por cuenta de la casa- "por lo menos no mintió", pensó Irene, pidió un aromatic caipi y fue a sentarse a una mesa, conforme transcurría el tiempo, la idea de estar ahí sola comenzaba a parecer mala, fue entonces que escucho su profunda voz
-Los tragos saben mejor cuando no tienes que pagarlos ¿no?-dijo Darrell
-Los pagué aguantando las tonterías que dijiste-
-¿En serio?, ¿puedo sentarme?- ya se sentaba antes de que ella pudiera contestar -¿y dónde esta el señor "soy su esposo"?-preguntó con una sonrisa
-se siente un poco mal por culpa de la comida- mintió Irene
-¿y por qué no estas con él?-
-yo quería bailar-
-pues bailemos entonces- la tomó por la mano y la llevó al centro del caos, había tanta gente que apenas se podía pasar, en una pequeña tarima un grupo de bachata tocaba en vivo; la agarró por la cadera y marco los pasos, "para ser tan alto se mueve muy bien", pensó Irene, su mano en la cintura la empujó hacia él pero ella se resistió
-vamos, es solo un baile- dijo Darrell atrayendola hacia él una vez más, de mala gana se rindió, "se va a ver extraño que bailemos con medio metro de separación", se dijo a si misma. Entre pausas en la música se acercaban a la mesa para beber y luego regresar a bailar, Irene se dijo que solo otro par de canciones e iría con su esposo, se estaba divirtiendo tanto que el plan de volver a la habitación pronto desapareció de su mente, notó que las manos de Darrell tomaban confianza y bajaban cada vez más, puede que fuera el alcohol pero dejó de importarle, de pronto al girarla en una vuelta la detuvo a la mitad y la atrajo hacia él, de inmediato pudo sentir su erección rozando contra su trasero, para su propia sorpresa siguió bailando como si nada pasara, no supo en que momento pero su cuerpo comenzó a acercarse más y más al de él, y entonces lo sintió mejor, era enorme y estaba muy duro, ¡y estaba así por ella!, el sentirse deseada aumento su temperatura, pudo sentir como se le mojaba la ropa interior, se dejó llevar y comenzó a frotarse contra él al ritmo del momento, la música se detuvo por unos segundos y una ola de remordimiento y culpa la atrapó,
-necesito sentarme, los pies me estan *******- dijo alejándose de Darrell yendo hacia la mesa, él no tardó en seguirla y sentarse a su lado, ella se terminó su cóctel de un solo trago
-ya es hora de que me vaya- empezaba a despedirse Irene
-aun es muy temprano ¿no crees?-
-mi marido me necesita-
-si eso fuera verdad te hubieras quedado con él, pero preferíste venir a "bailar"- dijo Darrell sin poder contener una pequeña risa
-¿eso qué significa?-
-digo que es un pretexto bastante débil, digo que de alguna forma te las arreglaste para venir al bar sola, puede que tu marido no lo haya notado por estar demasiado ocupado odiandome, pero yo si vi la manera en que me veías, querías que te tomara y te llevara conmigo, digo que bajaste esperando encontrarme-
-estas totalmente loco-
-¿en serio?- tomó la mano de Irene y la puso sobre su miembro -sé lo que estas pensando, he visto la misma mirada en muchas mujeres-
-yo no soy como ellas- dijo ofendida quitando la mano
-"yo no soy como ellas", irónicamente todas han dicho lo mismo, pero tú sabes que es mentira- tomó su mano y volvió a llevarla hasta su falo -lo deseas, te preguntas como se sentiría tenerlo dentro de ti, quieres que te cojan como la zorra que en realidad eres, como estoy seguro que tu marido nunca lo ha hecho-
-eres un imbécil- espetó sin fuerza Irene
-dime que es mentira, que en el fondo no es lo que deseas, que me levante y te lleve a donde yo quiera para que puedas probar mi verga, pero no lo haré, perdiste tu oportunidad, hoy vas a tener que coger con tu esposo imaginando que soy yo, sin embargo mi cuarto esta en el último piso, tú misma me buscarás- Darrell se levantó y se fue.
Habían pasado casi dos horas e Irene aún no regresaba, Sebastián decidió ir a buscarla, tomaba la llave de la habitación y el celular cuando oyó un ruido por la puerta, entró tambaleándose un poco y fue directamente hacia él sin tiempo de poder decir nada, lo empujó hacia la cama y terminó sentado
-¿qué pasa? ¿estas bien Irene?- preguntó un poco preocupado sin entender lo que pasaba
-solo cállate- susurró ella
la vio arrodillarse poco a poco y desabrocharle el cinturón, tiró de sus pantalones y boxers y en seguida su esposa tenía su verga en la boca, en un par de segundos estaba completamente erecto, la lengua de Irene deslizándose por su cabeza era algo delicioso, para él nunca se veía más hermosa que cuando tenía su verga en la boca, sus suaves labios lo apretaban muy ligeramente mientras subían y bajaban, se detuvo solo para recorrer su miembro con la lengua desde la base hasta la punta un par de veces y de nuevo comenzar a mamar, Sebastián no lo entendía, Irene solo hacía eso en fechas "especiales" como su cumpleaños o su aniversario, de hecho ella decía que no le gustaba y que solo lo hacía porque a él si, pero en ese momento estaba totalmente concentrada y dedicada a ello que hasta parecía gustarle, sintió pequeñas succiones que casi lo hicieron venir, su esposa lo conocía tan bien que se detuvo
-aún no- dijo mientras se quitaba el vestido
la vio ponerse de pie y subirse encima de él aun con la lencería puesta
-te ves muy sexy- susurró Sebastián, por un instante pareció que Irene no lo había escuchado
-no hables- dijo ella
la vio hacer su tanga color negro a un lado y ponerlo lentamente dentro de su hermosa vagina, pudo sentir que estaba completamente mojada, empezó a montarlo con un movimiento de atrás hacia delante como solía hacerlo buscando que su clítoris rozara contra su pelvis, aunque Irene tenía los ojos cerrados Sebastián podía ver el placer en su rostro, la boca semi abierta y la respiración agitada eran muestra de ello, se inclinó sobre él poniendo su cara a un lado de la suya, ya no podía ver su rostro pero si oír sus suaves gemidos que eran incluso más exitantes, no eran como los de siempre, estos traspasaban el oído y llegaban más profundo, su suave y blanca piel aún olía a su perfume y el movimiento había tomado ritmo haciéndolo más placentero, cada vez que Irene se movía una onda de satisfacción recorría todo el cuerpo de Sebastián pidiéndole acabar, intentó distraer su mente pero era demasiado tarde, apenas unos minutos después de haber comenzado todo había terminando
-lo siento, es que hace mucho que no te veía tan exitada y eso me prendió muchísimo, dame 10 minutos y lo volvemos a hacer- se excusó Sebastián
-no, déjalo así, tomé demasiado solo quiero dormir-
-esta bien-dijo resignado Sebastián
esa noche tampoco pudo dormir bien.
9年前