Segundo día en casa de Luis y Teresa, Barce

Al dia siguiente, sábado, nos levantamos muy tarde, les oí en la cocina y fui a tomar un café con ellos; era la una del mediodía y los dos estaban desnudos. Luis empalmado, y confieso que pensé que me iba a echar un polvo mañanero que me apeteció nada mas verlos en la cocina, pero al margen de los buenos días y alguna caricia y lametón en mis pechos por parte de Teresa la cosa no fue a mayores. Tenían planeado salir a dar un paseo y comer fuera, Teresa dudaba entre si salir ya vestidas en plan "putón" (fueron sus palabras exactas) o regresar a media tarde a cambiarnos antes de ir de marcha; Luis lo tenía claro, decía que se la teníamos que poner dura a media Barcelona. Sin nada decidido me encaminé al cuarto de baño para ducharme, apenas unos minutos después estaba lavándome los dientes y entró Teresa, cruzamos nuestra mirada a través des espejo y se colocó a mi espalda rodeándome con sus brazos, sentir sus pechos pegados a mi espalda ya me excitó pero cuando comenzó a pellizcar mis pezones con sus dedos intensificando poco a poco la presión al tiempo que su lengua lamía mi espalda empecé a retorcerme. A me diga que ella se iba excitando las caricias de su lengua pasaron a ser ligeros mordiscos en cuello y espalda que también fueron aumentando en intensidad a medida que nuestra líbido aumentaba. Eché una mano atrás acariciando su sexo, encontré rápido su clítoris duro y gimió al sentir el contacto de mis dedos.... rodeaba mi torso con una mano acariciando mis senos mientras bajó la otra para frotar mi coño con su mano abierta alternado mordiscos y lamidas en mi cuello, en escasos tres minutos las dos estábamos frotando nuestros cuerpos y gimiendo como perras en celo. Vi a través del espejo a Luis apoyado en el marco de la puerta mirándonos y pajeándose lentamente mientras nos decía frases soeces y que no quería correrse para estar al 100% por la tarde; las caricias de Teresa se habían vuelto agresivas y más que acariciar mis pechos los apretaba con fuerza y tiraba igualmente con fuerza de mis pezones pero sin embargo me gustaba. Con una de sus manos apoyada en mi vientre tiró hacia atrás de mi cuerpo de modo que me quedé con las manos apoyadas en el lavabo y mi culo en pompa.... noté sus dedos moviéndose entre mis labios vaginales y sentí como al menos dos entraban dentro de mi moviéndose de adentro afuera, cerrando los ojos dejé escapar un gemido de satisfacción y la dilatación de mi coño me decía que al menos había metido otro dedo... se movía entrando y saliendo de mi y sentía como me mojaba y oís como un chapoteo por mis jugos, teresa gimió con fuerza y al abrir los ojos observé a su marido a su espalda que por el movimiento de su brazo supuse la estaba haciendo lo mismo que ella a mi, Teresa mordió el lóbulo de mi oreja susurrándome. " vaya dos perras calientes que somos...." me sentía totalmente llena y sabía que iba a correrme de un instante a otro, me resultaba casi insoportable el calambre que atravesaba mi espalda concentrándose bajo mi nuca, retorcí mi cuerpo tratando de cruzar mis piernas no sé si para mantener los dedos de Teresa dentro o para sacarlos pero no podía y entonces fui consciente de lo que estaba ocurriendo. Fue cuando Teresa volvió a mover su brazo, salió ligeramente de mi y volvió a entrar y me di cuenta que era su mano entera la que estaba dentro..... nunca me había hecho nadie eso, a la vez que salía y entraba de mi giraba su brazo que estaba metido por encima de su muñeca, grité exclamando"me corro" y todo en mi se aflojó como la noche anterior, cuando su mano salió hasta dejar solo la punta de sus dedos dentro, mis fluidos comenzaron a salir acompañando mis gemidos sin que supiera si eran flujos vaginales u orina, la mano de Luis estaba produciendo el mismo efecto en su mujer y ésta también gritó a la vez que se corría. Con las piernas temblando y sin que apenas pudiera sujetarme en pie estuve unos minutos apoyada en el lavabo sin apenas poder moverme, luego nos metimos juntas en la ducha.

Viven cerca del arco del triunfo, en el Carrer de Trafalgar, y a unos minutos del Parc de la Ciutadella, en este parque se reúne los fines de semana la comunidad de inmigrantes colombianos a a beber y bailar salsa y merengue. Fuimos al parque a última hora de la tarde y a pesar del frío un numeroso grupo de colombianos se encontraba allí bebiendo y bailando, en pocos minutos nos integramos en el ambiente y enseguida entendí la razón por la que Teresa había insistido en ir allí en lugar de a una sauna o club de parejas liberales como proponía Luis. El ambiente estaba claramente diferenciado, parejas y matrimonios con hijos de edad media y numerosos jóvenes que a la vista de nuestra forma de vestir entendieron lo que buscábamos e hicieron grupo con nosotros ofreciéndonos bebida e invitándonos a bailar con ellos. Los tres o cuatro jóvenes con los que bailé no había cumplido ninguno los veinticinco años y arrimaban su cuerpo al mío haciéndome sentir nítidamente su excitación pegada a mi cuerpo; a medida que transcurrieron los minutos unos se retiraron y otros se quedaron con nosotros conversando y a la espera de alguna señal de nuestra parte a la vista que no mostrábamos rechazo a sus roces cada vez más audaces. Teresa era de las dos la que daba muestras más claras de buscar compañía hasta el punto que un joven tomándonos por profesionales a la búsqueda de clientes me confesó que su economía no le permitía invitarnos; me eché a reír y como pude le saqué de su error. En algún instante llegamos a estar rodeados de un grupo de más de una docena de jóvenes que miraban a Luis con cierta desconfianza sin saber cual era su papel en todo esto; eran más de las diez de la noche y Teresa propuso tomar un café en un bar cercano para entrar en calor. Imagino que en la creencia de que buscábamos una invitación hizo que el numeroso grupo en el que nos encontrábamos quedase reducido a nosotros tres y cinco jóvenes a los que luego se unió una chica que evidentemente había ido a buscar a uno de ellos. Ella era como la mayoría de las mujeres de esa zona, de edad indefinida, mucho pecho y y gran culo enfundado en un pantalón ajustado y que lo mismo podía tener 18 años que treinta. Estaría previsto por parte de Teresa, no llegamos a entrar en la cafetería, casi a las puertas y como si hubiera sido una ocurrencia del momento preguntó si no preferíamos mejor tomar algo en casa, fue divertido ver la expresión en la cara de los jóvenes dando ya por hecho que la noche del sábado se presentaba interesante. La única que dudó unos segundos fue la chica, pero la mano de Luis en su cintura empujándola suavemente y manteniéndola ahí hizo que se volviera hacia él con una sonrisa y nos acompañara.

Ya en el ascensor Teresa se encargó de dejar claras nuestras intenciones, primero subimos ella y yo con tres de los chicos y nada más cerrarse las puertas besó a uno de ellos mientras echaba mano al paquete de otro, el tercero, que estaba a mi espalda rodeó mi cintura con una mano y con la otra me acariciaba los pechos mientras me besaba en el cuello, para cuando el ascensor paró en el piso la mano con la que había rodeado mi cintura se había metido bajo mi falda y dos de sus dedos se metían en mi raja frotándome el clítoris y haciéndome retorcer de placer.
Apenas cuatro minutos más tarde entraban en casa Luis con la chica y los otros dos, Teresa ya estaba semidesnuda en el sofá con las piernas separadas dejándose comer el coño por uno mientras ella comía la polla del otro, entretanto yo había metido una mano entre el pantalón del otro y ya acertaba a acariciar su polla mientras él luchaba con mi ropa para desnudarme, creí que me iba a desmayar por la excitación cuando le pregunté la edad y dijo que tenía diecinueve años, debió asustarle mi cara de sorpresa porque inmediatamente me dijo que me iba a hacer gozar, que siempre había estado con "mamis" como yo.......
Teresa estaba montando un verdadero escándalo, uno de ellos ya se la había metido y ella con una polla en cada mano las meneaba diciendo obscenidades, Luis desapareció con la chica en una habitación y yo estaba hecha un bocadillo entre los otros dos, uno me besaba y frotaba mi coño con la palma abierta de la mano y el otro estaba a mi espalda frotando su polla entre mis nalgas y de vez en cuando la agarraba por la base y me golpeaba con ella.... cuando pude zafarme de ellos me dirigí al dormitorio de mis anfitriones seguida por los dos jóvenes, sin cruzar una sola palabra me coloqué sobre la cama a cuatro patas separando bien mis piernas y ofreciéndome a ellos, estaba caliente como una perra y me daba igual como lo hicieran, solo quería que alguno me penetrase.
Alguien pasó su polla entre los labios de mi vagina, luego la enfiló a la entrada y le sentí entrar hasta el fondo, colocó las manos sobre mis nalgas e inició un mete-saca a un ritmo frenético, el otro pasaba una mano bajo mi cuerpo acariciando mis pechos y con la otra me acariciaba las nalgas, en apenas cinco minutos comencé a notar que iba a correrme. Apoyándome solo en una mano cogí la del chico para llevarla cerca de mi ano y en un susurro dije: " hazme una paja en el culo...", mis palabras debieron excitar al otro porque aceleró todavía más el ritmo de la penetración mientras yo sentía primero uno y luego dos dedos entrar y salir de mi ano y otros dedos que pellizcaban uno de mis pezones. Empecé a gritar que me corría, el placer intenso comenzaba a resultarme insoportable y me movía tratando de zafarme de la polla que me estaba pilonando como un taladro pero me tenía tan fuertemente sujeta por las caderas que me era imposible; había acelerado el ritmo y pensé que no iba a correrse fácilmente, afortunadamente me hizo caso cuando le pedí que me dejara descansar un instante y salió de mi sin llegar a correrse. Me dejé caer sobre la cama sonriendo y alabando su manera de follar, era el joven de 19 años y me miraba sonriendo triunfante como confirmando lo que me había dicho respecto a hacerme gozar. Dejamos pasar unos minutos, cinco, quizá diez, me encontraba en plena forma y la líbido había vuelto a mi cuerpo; me coloqué en la misma posición pero ahora fue él el que se tumbó sobre la cama, al borde y con las piernas apoyadas en el suelo. Me hizo pasar una pierna a cada lado de su cuerpo y me senté sobre él llevando con mi mano su polla a mi cueva, volvió a deslizarse dentro de mi suavemente; en ese instante entró en la habitación Teresa con los otros tres hombres, se acercó a nosotros y soltó un fuerte azote sobre mi nalga y metió un par de dos en mi ano, solté un suspiro de satisfacción que debió irse en todo el vecindario y el que me follaba tuvo que agarrar fuertemente mis nalgas para no salirse a causa de mis contracciones, giré la cabeza y observé como Teresa metía los dedos dentro de su coño e impregnados de sus fluidos los pasaba por mi ano..... repitió lo mismo tres veces hasta que uno de los que había entrado con ella se dio por aludido o comprendió lo que ella quería y se colocó detrás de mi pasando el glande por mi ano, luego se quedó quieto unos segundos al igual que el que me estaba follando, le noté empujar despacio y sentí como me abría metiéndose dentro de mi. Durante unas décimas de segundo sentí terror, jamás me había visto en una situación semejante, pero sin embargo en unos segundos comencé a sentir un placer extremo e intenso como jamás lo había sentido, l,os que me penetraban se mantenía casi inmóviles y era yo misma la que al mover mi pelvis hacía que la polla que tenía en el ano se metiera a fondo cada vez que balanceaba mi cuerpo follando con la que tenaz en el coño y viceversa..... el joven de 18 años que estaba dentro de mi coño se movía despacio y sin dar signos de que fuera a correrse, el que estaba dentro de mi culo se corrió con un grito en apenas tres minutos y resultó para mi un alivio que saliera de mi ano aunque esto duró escasos segundos. Mientras Teresa se frotaba el coño con su mano abierta y gritando: "sin.... sin.... así, así, jódela, jódela como a una perra" otro de ellos ocupó su lugar y volvió a ocupar mi ano. Durante los ocho o diez minutos que duró esta penetración creí que iba a desmayarme en dos ocasiones; el que tenía la polla en mi coño comenzó a gemir y a continuación sentí claramente sus descargas dentro de mi, después de la primera descarga de éste, el que tenía atrás agarró mis nalgas con sus manos como si fueran garras y también comenzó a eyacular dentro de mi ano, Teresa había dejado de masturbarse y se colocó a cuatro patas sobre la cama y alguien la penetró casi violentamente y la follaba como una máquina mientras ella gritaba, tras salir de mi los dos que me habían follado me dejé caer sobre la cama con la cara metida entre el edredón y sin fuerzas, oía los gemidos de Teresa pero apenas podía moverme, alguien se tumbó sobre mi haciéndome notar su polla dura entre mis nalgas; no tenía fuerzas para continuar jodiendo pero tampoco las tenía para ofrecer ninguna resistencia, movió su cuerpo tratando de encajar su polla entre mis nalgas y acertó a entrar en mi coño como podía haberlo hecho en mi culo totalmente abierto y dilatado, me pilonaba, su polla frotaba las paredes vaginales y a medida que pasaba el tiempo mi deseo iba en aumento hasta que comencé a gozar nuevamente y grité pidiéndole que no parara. Me pareció largo este polvo, aunque tampoco sé decir exactamente si duró mucho tiempo. Eso sí, volví a correrme como una cerda.

Estábamos agotados y salimos de nuevo al salón donde Teresa trajo unas cervezas para todos, apareció Luis con la joven, no había nada más que ver su polla para saber que él también había follado, ella se quedó mirando a uno de los jóvenes que inexplicablemente tenía la polla todavía dura, se acercó a ella, la hizo apoyar las manos en la mesa del comedor y se la metió de un golpe; con una mano tirando de su pelo hacia él y con la otra dándola un azote cada poco tiempo la estuvo follando más de quince minutos en nuestra presencia. Era como estar viendo un espectáculo porno en directo y poco a poco iba haciendo su efecto en nuestros amigos, pero por si no fuera suficiente, Teresa se acercó a mi y comenzó a besarme en la boca al tiempo que sus manos acariciaban y estrujaban mis pechos arrancándome gemidos de placer. Alguien se acercó a nosotras, nos llevaron junto al sofá y ambas nos colocamos de rodillas sobre él con los brazos apoyados en el respaldo y las piernas separadas, volví a tener una polla dentro, antes de que llegara a correrse salió de mi y otro ocupó su lugar; esto se repitió varias veces antes de que alguno de ellos llegara a correrse; en esa época del año no amanece antes de las siete y media u ocho de la mañana, ya era de día cuando nos quedamos a solas los tres. Sé que follé con todos excepto con Luis, pero no se cuantas veces y mucho menos cuantas veces llegué a correrme yo.
発行者 MD1957
9年前
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