Tercer dia con Teresa y Luis

Habíamos estado de juerga hasta después de amanecer y el domingo 5 nos despertamos pasadas las cuatro de la tarde, sin ganas de comer nos limitamos a tomar café y quedarnos tirados sobre el sofá; supongo que después de la intensa noche no nos apetecía sexo o al menos era lo que yo creía ya que ni había pensado en ello al despertar y encontrar a Teresa desnuda a mi lado. Dos horas después decidimos comer algo y más espabilados y con las fuerzas repuestas Luis comenzó a hablar de la noche anterior preguntándonos que tal nos había ido; sin dejarme hablar fue Teresa la que entró en algunos detalles incluyendo lo caliente que la había puesto ver como me follaban dos a la vez, Luis la escuchaba acariciándose la polla que aunque no se le ponía dura del todo mostraba cierta excitación, sea como fuere, el caso es que aunque tampoco puede decirse que estaba otra vez como una perra en celo la conversación si comenzaba a alterar otra vez mis hormonas. No había planes concretos para ese día aunque Teresa asintió con la cabeza cuando Luis dijo que yo no había ido a pasar cinco días a Barcelona para pasar el día metida en casa.
Teresa separó las piernas y con ambas manos separó los labios de su vagina y con dos dedos comenzó a frotar su clítoris como si estuviera masturbando una micro polla, en unos segundos empezó a gemir y vi como la mano de Luis se aceleraba rodeando su miembro que ya había adquirido el tamaño y grosor adecuado para pajearse, pensando en cualquiera de las pollas de la noche anterior comencé también a acariciarme pero Teresa me agarró de un brazo y tirando de mi me hizo poner de rodillas entre sus piernas llevando mi cabeza a su coño, nada más rozar su clítoris con mis labios volvió a gemir más intensamente y con ambas manos en mi nuca me apretaba contra ella al tiempo que movía su pelvis y se apretaba más contra mi. Nuevamente ese sabor entre ácido y amargo en mi boca, succionaba su clítoris con mis labios a la vez que le acariciaba con la punta de la lengua y cada pocos segundos metía la lengua en lo más profundo de su coño recogiendo todo lo que supuraba. Recuerdo que mientras estaba en esta situación me surgieron unos pensamientos extraños: Luis se había arrodillado a mi espalda y metiendo la mano bajo mis piernas acariciaba mi coño desde atrás; en absoluto me m*****aba, incluso me resultaban agradables sus caricias; pero en ese momento pensé que me daba igual si dejaba de hacerlo. Lo que yo estaba haciendo con su mujer me resultaba tan morboso que aunque no era suficiente para correrme si lo era para mantenerme en un continuo estado de excitación que por el momento me resultaba gratificante.
Teresa se corrió con unos espasmos como si la estuviera dando un ataque de epilepsia, empujando mi cabeza con sus manos contra su coño casi no podía respirar, Luis se había puesto en pie y besándola en la boca apretaba sus pechos con las manos retorciéndola los pezones casi con brutalidad pero Teresa en lugar de gritar de dolor gemía con más fuerza y empujaba también más fuertemente su pelvis contra mi cara. Cuando pude retirarme al fin alcé la vista y vi el rostro de Luis con un gesto de placer intenso que casi le deformaba el rostro; en pié, de espaldas a su mujer y con las piernas separadas y ligeramente arqueadas se meneaba la polla mientras el brazo de su mujer se movía intensamente entre sus nalgas. Teresa tenía dos o quizá tres dedos enfundados en el culo de su marido y movía la mano afuera y adentro como si le estuviera follando mientras le decía: "no se te ocurra correrte todavía".....

Luis dejó de meneársela y Teresa mantuvo sus dedos dentro de él todavía algunos minutos, luego se levantó y la seguimos al dormitorio. Luis me abrazó y luego me echó sobre la cama, tras besarme se deslizó sobre mi cuerpo y metiendo la cabeza entre mis piernas empezó a lamer mi coño, Teresa había cogido varias pollas de plástico y látex de la cómoda y las dejó sobre la cama, luego sacó un arnés y despacio comenzó a ponérselo. El arnés tenía en el centro un agujero con una anilla de acero y podía intercambiar la polla que iba a usar, colocó la más grande, pensé que iba a ser demasiado para mi porque era como mi antebrazo, calculaba que más de treinta cm y era de látex en lugar de plástico. Colgaba entre sus piernas como la verdadera polla de un hombre superdotado.
Tuve una mezcla de enorme sorpresa y gran excitación cuando la vi poner abundante crema lubricante en la palma de su mano y lo restregaba entre las nalgas de su marido, tiró con ambas manos de sus piernas para llevarlo al borde de la cama y yo también tuve que desplazarme para poder mantener mi sexo cerca de su cara, sin embargo Luis dejó de lamer mi coño y volvió la cabeza mirando a su mujer con una sonrisa y luego se apoyó en las manos para ponerse a cuatro patas, volví a moverme y me quedé sobre la cama apoyada en mi codo observando lo que iba a ocurrir.
Teresa llevó con la mano la polla de látex acariciando con la punta el ano de su marido, él echaba hacia atrás su pelvis como si tuviera urgencia de que ella le enculara; antes de que continuara yo estaba ya observando y acariciando mi coño caliente como una perra, Teresa sujetaba la polla de látex con una mano mientras tenía la otra bajo el vientre de su marido, hacía lentos movimientos hacia atrás y adelante mientras Luis jadeaba, su polla se había bajado pero él se empeñaba en menearla y Teresa volvía a repetirle que no se le ocurriera correrse. Me parecía algo imposible, en unos pocos segundos que mi vista estuvo pendiente de como su polla había perdido rigidez le oí exaltar u largo suspiro y cuando volví la vista a su mujer ya apenas se veían un par de cm de la polla de látex, estaba totalmente dentro de su cuerpo y Teresa comenzaba un va y viene lento pero contaste entrando y saliendo de su marido mientras éste gemía como una mujer....... separé más mis piernas y aceleré el movimiento de mis dedos sobre mi clítoris, la polla de Luis estaba poniéndose dura nuevamente y cada vez que Teresa se daba cuenta de que Luis se masturbaba le daba un fuerte azote en las nalgas repitiéndole que no se le ocurriera correrse. Fui yo la que se corrió como una cerda sin dejar de mirarles, las gotas de flujo que salían de mi vagina me salpicaban el vientre y las piernas, la polla de Luis unas veces estaba dura como una roca y otras estaba flácida y escondida entre sus piernas; tras algo más de media hora en la que Teresa no varió su ritmo ni un ápice los gemidos de placer de Luis pasaron a convertirse casi en una súplica a su mujer de que parase porque ya no aguantaba más. En su lugar, Teresa aceleró su ritmo sujetándole del pelo con una mano y estrellando la otra de vez en cuando en su nalga con un fuerte azote; la polla de Luis estaba ahora dura y enrojecida con sus venas hinchadas como no la había visto antes, Luis empezó a meneársela, ahora su mujer no le ordenaba que no se corriera, le preguntaba si lo iba a hacer. Me tumbé boca arriba sobre la cama y deslicé la cara bajo las piernas de Luis, dejó de masturbarse cuando sintió mi mano acariciando sus huevos y llevé su polla entre mis labios, apenas sintió mi lengua rozando su glande soltó su primera descarga sobre mi cara, rápidamente metí su polla en mi boca y empecé a succionar tirando al menos tres descargas más de su espeso semen, el ritmo de Teresa comenzó a bajar y entre sus piernas podía ver la polla de látex que entraba y salía de él ahora muy lentamente. Parecía que Luis había soltado todo lo que llevaba cargado en sus huevos pero, cuando finalmente Teresa sacó totalmente la polla de látex de su culo, su polla, ya bastante flácida todavía dejó escapar un torrente de esperma que era casi tanto como todo lo que había escupido antes. Se dejó caer sobre la cama con los ojos cerrados, se le veía que estaba agotado aunque con una expresión de satisfacción en el rostro.

Teresa estrelló la mano en la nalga de su marido llamándole puta y luego me miró sonriendo mientras con una toallita húmeda limpiaba la polla de látex, se acercó a la cómoda donde tenían los vibradores como en un sex-shop y del cajón sacó unas bolas de geisa que dejó en la cama, eran tres juegos, dos de ellas metálicas y otro de goma negra. Apartó a un lado el falo que llevaba colgando y flexionando un poco las piernas metió un juego en su vagina, luego se echó en la cama junto a mi lamiendo mis pechos y acariciando mi coño con la mano, unas veces metía un dedo en mi sexo y otras lo hacía en el ano. Otra vez estaba yo en una situación en la que en lo único en lo que pensaba era en correrme de nuevo. Cuando noté el gel frío que la mano de Teresa estaba extendiendo y metiendo en mi ano me asusté pensando en que su intención era penetrarme como a Luis, después de extender el gel jugando con sus dedos dentro de mi ano volví a notar algo frío en él, Teresa empujaba una bola dentro, se resistía a abrirse pero de repente como si tuviera una ventosa mi ano la succionó y sentí como estaba dentro, luego repitió lo mismo con la segunda bola y también desapareció dentro como la primera. Suavemente tiró de la cuerda que sobresalía de mi ano hasta que una de las bolas se quedó en la entrada tratando de salir, luego volvió a empujarla dentro. Era una sensación extraña pero enormemente placentera; luego me pidió que me levantara y diera unos pasos en la habitación apoyando con fuerza mis talones al caminar; parecían moverse dentro de mi y sin llegar a hacerme sentir un placer intenso si era algo continuo que me hacía mojar más intensamente.
Mientras caminaba por la habitación incluso dando saltitos de vez en cuando para sentir mejor su movimiento dentro de mi Teresa puso gel también en su ano y una tras otra desaparecieron dentro las bolas negras de goma, luego movió su pelvis y mostró una sonrisa de placer cuando sintió como se movían dentro de ella.
Me hizo subir a la cama y colocarme a cuatro patas mostrándola mi grupa, sentí la enorme polla de látex acariciando mis labios vaginales e ir forzando mi entrada muy despacio. Era muy grueso y sentí que me abría como si me la estuviera metiendo un caballo, Teresa me dijo que ella se mantendría quieta y que yo me balancease adelante y atrás despacio para ir metiéndomela yo misma en función de las m*****ias que tuviera. Comencé a balancearme, a cada vaivén aumentaba mi excitación y mis gemidos de placer, no sé en que momento me sentí llena y al borde del orgasmo, Tersa dijo que menuda puta estaba hecha, que estaba toda dentro..... ahora era ella la que agarrada a is caderas me guiaba y empujaba adelante y atrás a la vez que ella también se movía. La formidable verga que tenía dentro me estaba llevando al punto álgido del placer pero las bolas que a cada envite se movían dentro de mi me estaban proporcionando un placer extremo y diferente a cuanto había sentido nunca. Teresa gemía como yo y literalmente babeaba, sentí como caía en mi espalda su saliva; se apretó fuerte contra mi hasta que su pelvis tocaba mis nalgas, soltando éstas alargó los brazos y los metió bajo mi cuerpo agarrando y apretando fuertemente mis pechos, luego pellizcó los pezones con sus dedos y tiró fuertemente de ellos hasta producirme un dolor que extrañamente hacía que gozara más.
En ese instante tuve un orgasmo intenso, como creía que jamás había tenido, me quedé sin fuerzas y me dejé caer sobre la cama con Teresa encima de mi y sin para de joderme como a una perra; Luis se la estaba pelando a nuestro lado, se había vuelto a empalmar y la suplicaba a su mujer que le dejara a él. Teresa salió de mi e hizo que me diera la vuelta quedando boca arriba, Luis se tumbó encima y metió sus manos bajo mis nalgas agarrándomelas, estaba tan dilatada que ni siquiera tuvo que guiar su falo a mi entrada, se metió en mi de un golpe y comenzó a follarme con fuertes golpes de riñón mientras Teresa nos miraba tirando de sus pezones, Luis se corrió otra vez en apenas diez minutos y yo no sabía si me estaba corriendo por enésima vez o estaba todavía con el primer orgasmo; de cualquier modo estaba claro que para ellos, sobre todo para Teresa, no habíamos acabado. Cuando Luis se retiró Teresa volvió a ponerse entre mis piernas, tiró de mi cuerpo para colocarme de costado y con una de mis piernas apoyada sobre su hombro volvió a penetrarme a la vez que su mano izquierda estrujaba mis pechos y con la derecha me soltaba un fuerte azote en la nalga cada poco tiempo, estaba empezando a correrme otra vez y la intensidad de los movimientos de Teresa jodiéndome además de sus jadeos me decían que ella también estaba teniendo un orgasmo, Luis estaba arrodillado junto a mi cara y metía su polla flácida entre mis labios.
Cuando Teresa se cansó de follarme se quitó el arnés y sacó las bolas de gueisa de sus agujeros, metió la cara entre mis piernas y lamió mi clítoris unos minutos mientras jugaba con la cuerda que sujetaba mis bolas, cuando sentí finalmente como salían creí que otra vez estaba corriéndome, luego se tumbó ella sobre la cama y me llevó la cara a su coño para que lo lamiera. Volvió a correrse.
発行者 MD1957
9年前
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