CAPÍTULO II
Anoche cené con él y lo que pasó después... lo que pasó después aún no he llegado a asimilarlo.
Estamos a mitad de la cena. Llega el postre pero dice que antes tiene algo que regalarme. Se coloca detrás de mí y me hace cerrar los ojos. Me coloca algo alrededor del cuello. Noto el tacto frio del metal. ¿Un collar? ¡Me va a dar un vuelco el corazón de la emoción!
Abro los ojos y palidezco. ¿Qué es esto? No es ese collar de oro blanco con el que estaba fantaseado hace unos segundos.
Me acerco al espejo: ¿Qué tipo de broma es esta? ¡El muy capullo me ha colocado un collar como si fuera una mascota! Uno de esos que llevan púas en la parte interna para controlar al a****l cuando se pone agresivo. ¡No me lo puedo creer!
Trato de arrancármelo con todas mis fuerzas. ¿Quién coño se cree para reírse de mí así? Pero es imposible, el cabrón se ha asegurado de que no pueda soltarlo. El puto cierre lleva candado.
-¿Sabes por qué te he puesto este collar?- me pregunta con sonrisa diabólica.
Con lágrimas en los ojos niego con la cabeza.
-Para recordarte lo que eres: una perra. A partir de ahora acatarás mis normas. He tenido demasiada paciencia contigo jugando a ser tu príncipe azul y ya va siendo hora de que ocupes tu lugar. Me encargaré de adiestrarte para que me sirvas de algo. Y procura obedecer, perrita, o te joderé bien jodida- me dice antes de dejarme ahí plantada.
No pienso volver a ver a este hijo de puta. Mañana me desharé del collar cómo sea e iré a comisaría a denunciarle por sus amenazas.
Estamos a mitad de la cena. Llega el postre pero dice que antes tiene algo que regalarme. Se coloca detrás de mí y me hace cerrar los ojos. Me coloca algo alrededor del cuello. Noto el tacto frio del metal. ¿Un collar? ¡Me va a dar un vuelco el corazón de la emoción!
Abro los ojos y palidezco. ¿Qué es esto? No es ese collar de oro blanco con el que estaba fantaseado hace unos segundos.
Me acerco al espejo: ¿Qué tipo de broma es esta? ¡El muy capullo me ha colocado un collar como si fuera una mascota! Uno de esos que llevan púas en la parte interna para controlar al a****l cuando se pone agresivo. ¡No me lo puedo creer!
Trato de arrancármelo con todas mis fuerzas. ¿Quién coño se cree para reírse de mí así? Pero es imposible, el cabrón se ha asegurado de que no pueda soltarlo. El puto cierre lleva candado.
-¿Sabes por qué te he puesto este collar?- me pregunta con sonrisa diabólica.
Con lágrimas en los ojos niego con la cabeza.
-Para recordarte lo que eres: una perra. A partir de ahora acatarás mis normas. He tenido demasiada paciencia contigo jugando a ser tu príncipe azul y ya va siendo hora de que ocupes tu lugar. Me encargaré de adiestrarte para que me sirvas de algo. Y procura obedecer, perrita, o te joderé bien jodida- me dice antes de dejarme ahí plantada.
No pienso volver a ver a este hijo de puta. Mañana me desharé del collar cómo sea e iré a comisaría a denunciarle por sus amenazas.
9年前