Querida profesora. Mis memorias III
La experiencia con los perros me dejó varias cosas claras. Primero, que los hombres se tienen que esmerar mucho para llegar al nivel de satisfacción sexual que un perro bien armado puede dar a una mujer. Segundo, que mi marido cada vez estaba más enloquecido conmigo y con el nuevo rol que había adoptado. Tercero, que se puede ganar mucho dinero haciendo algo que te vuelve loca. Carlos, después de ver los videos que había grabado en la finca, me propuso subirlos a internet, a varios servidores de porno, con descargas especializadas para gente que está dispuesta a pagar mucha pasta por lo que quiere. Firmamos un contrato en el que me pagaba un fijo de 6000 € y un 20% de lo que se va recaudando. En dos meses llevo ya otros 2000 pavos. Seguiré trabajando con Carlos. Seguro.
Con mi marido he continuado nuestras incursiones en el mundo del sexo. Os voy a contar otra experiencia que me ocurrió hace unos días. Como siempre nos pusimos a mirar los correos, y encontramos uno que decía lo siguiente: “Mis amigos y yo buscamos puta para el fin de semana. No tenemos dinero para pagarnos una”.
Nos hizo gracia la propuesta y contactamos con ellos. La dirección GPS indicaba la playa de Gandía. Bueno, finde loco con jovencitos en la playa sonaba muy morboso. Llegué puntual, a las diez de la noche, a la dirección fijada, llamé al telefonillo y me abrieron. Subí y estaba esperándome un chaval de unos 27 ó 28 años en la puerta, llevaba solo un bañador y lucía un torso increíble. Me miró de arriba abajo, a la vez que decía: “o sea que tú eres nuestra puta del finde. Vaya, vaya, no estás nada mal, madurita, pero con buenas curvas todavía. Por cierto tu sonrisa es increíble. Te lo han dicho muchas veces, ¿no?”. “Bueno sí, gracias, sí me lo han dicho algunas veces”. “Mira, estamos cenando, pero antes, ponte la ropa que necesitarás”. Era la última planta del edificio, me dio la impresión de que era un ático dúplex, y por lo que había visto, nada pequeño. Me pasó a una habitación con baño incluido, que parecía como de servicio. Tenía una sola cama, armario, y pocos muebles. Un espejo de cuerpo entero y poco más. Encima de la cama había un uniforme de chacha. Bueno uniforme de chacha es un decir, en realidad era una cofia, un corsé blanco y negro, que dejaba mis tetas al aire, una mini falda negra que apenas me tapaba el culo, unas medias de rejilla y unos zapatos con taconazo de aguja. Vamos, un disfraz barato de puta, más barata todavía, para divertir y calentar a los niños.
Me lo puse, me miré y me sentí, si no atractiva, sí al menos interesante, follable y muy, muy viciosa. No sé los niñatos, pero yo estaba empezando a calentarme.
Cuando salí de la habitacíón, me dirigió a una terraza grande, enorme más bien, muy bien amueblada, en donde había otros seis tíos de edades parecidas. Todos se giraron para mirarnos al entrar, alguno se levantó, pero todos se pusieron a gritar. “Joder Álvaro, tú sí que sabes, tío”, “menuda jaca, la nueva criada de tus padres, “¿es un poco viejuna, no?”, “ostias, cómo está la mamá de buena”, “las tetas un poco pequeñas, pero menudos pezonacos se gasta la furcia”, “bufff ese culo es cómo para perderse en él”. Todos hablaban a la vez y casi sin darme cuenta se habían puesto a mi alrededor.
“Vale, vale, chavales, callad un momento, joder” Dijo el tal Álvaro mientras les empujaba hacia atrás. Mirad, aquí tenéis a la puta que os he prometido, es una madura caliente, una mujer que no curra de puta, es un ama de casa con ganas de que la chorreemos bien porque el cornudo de su marido no la satisface. La tenemos todo el finde para nosotros y podemos hacer con ella lo que queramos, va a ser nuestra criada para cumplir cualquier deseo que tengamos. Sólo ´hay una condición, que lo grabemos para que lo vea el mojón de su marido y se masturbe en el sofá de su casa”. Esas palabras me excitaron, y las miradas ávidas de esos chavales clavadas sobre mí, empezaron a hacer mella en mi entrepierna, que comenzó a humedecerse.
“¿De verdad podemos hacer con ella lo que queramos?” Preguntó uno de ellos, que se acercó por detrás hasta mí, poniéndome su abultado paquete en el culo. “Vale, vale, Toni, espérate. Lo primero haremos rueda del valor. El último que se corra gana.”
Se pusieron sentados en círculo, todos desenvainaron sus armas y de pronto me vi, en el centro de siete chavales, cada cual más mono, que esperaban a que actuase. “Mira puta, tienes que ir comiéndonos la polla a todos, cambiando cada poco. Los que se corran, pierden”. ¡¡Ummm, o sea que se trataba de hacer que se corrieran lo antes posible!! Me gustó la idea, me puse de rodillas delante del primero, le miré a los ojos, y creo que casi se corrió sólo con la mirada. Me metí su polla en la boca, dos lametazos, dos comidas un poco hasta el fondo, tres meneos fuertes con la mano y ….¡¡¡primer perdedor!!!. Todos se pusieron como locos a gritar: “¡¡¡Miguelón, maricón, Miguelón es maricón!!!
Pasé al siguiente, tenía un piercing en una teta y la polla mucho más gorda que Miguelón, empecé a comérsela, con ganas, a machacársela con más fuerza todavía, con este no iba a ser tan fácil, pensé, pasé a otro, y a otro. Mientras, ellos comían pizza y bebían cerveza, gritando y riendo como poseídos. Sólo se habían corrido dos y Álvaro volvió a hablar: “si alguien quiera se la puede follar por detrás mientras, pero si se corre también cuenta. ¡¡Ah, otra cosa!! no vale darla por el culo, eso está reservado al que gane.”
Al instante, mientras comía pollas sin parar, me agarraron por detrás y me clavaron con fuerza. Ummmm, ahhhh, joder, que cabrón, cómo me gustaba. Eso me aceleró e hizo que me empeñara más aún, otras dos corridas en mi boca. Los de atrás se iban cambiando, uno de ellos se corrió y con un grito de fastidio se retiró. Quedaban dos, Álvaro que me estaba follando por detrás y el tal Toni, al que se la estaba chupando. La polla de Toni, me encantó, decidí que quería que fuese él quien me diese por el culo, o sea que empecé a moverme, a apretar y aflojar la polla de Álvaro con el coño, y no duró ni dos minutos más. Me llenó de su leche caliente y joven en un momento
Ya había ganador. Toni, me agarró la cabeza y clavó su polla más adentro de mi boca, mientras me decía: “tienes una boca deliciosa guarra, pero vamos a ver como traga tu culazo”. Se levantó y se fue detrás de mí, me toqueteó los muslos, me metió un par de dedos por el culo, me palpó el coño, recogiendo todos los fluidos que chorreaban por él y me untó bien el ano, al final, apuntó con su polla la entrada y apretó. Entró suave, sin demasiada *********, pero su polla era muy gorda y notaba cómo iba adentrándose más y más dentro. Los demás alrededor le jaleban, ¡¡vamos, campeón!!, ¡¡demuéstrale a esta puta quién eres, joder!!, ¡¡haz que no se pueda sentar en tres días!!. Me follaba fuerte, sentí poco a poco como me excitaba, mis gritos empezaron a llegar, cada vez más y más fuerte. La mayoría de los chavales, estaban tiesos otra vez, alguno se acomodó para volvérmela a meter por la boca, otro se puso debajo de mí y me clavó el coño, los demás, se masajeaban viendo el espectáculo en directo.
Cuando estaba a punto de correrse, Toni, la sacó de golpe de mi culo, haciendo que me estremeciera de placer. Gritó, “¡¡Alonso, trae un trozo de pizza, corre, vamos!!”, Alonso le acercó el trozo de pizza y empezó a correrse encima de él, luego se lo fue pasando a los demás para que hicieran lo mismo. El que estaba debajo de mí, se me corrió dentro, pero los demás echaron su leche encima de la pizza. Mientras yo jadeaba tirada en el suelo, agotada por el esfuerzo. Toni se acercó y me dijo, “vamos puta, come que tendrás mucha hambre”. Cogí el trozo de pizza, lleno de la leche de esos niñatos. Me miraban expectantes, con la mirada inquisitiva de quien no sabe qué ocurrirá. Un grito de triunfo salvaje salió de sus gargantas cuando di el primer mordisco al trozo de pizza.
Acabé la pizza entera y me relamí bien los labios mientras todos me miraban excitados y medio enloquecidos. Álvaro se acercó a mí y me dijo: “vaya, vaya, o sea que te va el rollo duro, ¿verdad?, pues te lo daremos”. Salió un momento y volvió con varios cinturones de hombre, unas cuerdas y alguna cosa más que no acerté a ver: “el que la haga gritar más fuerte gana”, dijo tirándolo todo en medio del grupo.
Me ataron entre dos columnas de la terraza, con los brazos extendidos y las piernas abiertas, como si de un solo hombre se tratara empezaron a darme con el cuero de los cinturones, en el culo, en la espalda, luego en las tetas, primero no demasiado fuerte, pero a medida que se iban calentando, los latigazos restallaban con más fuerza, notaba mi culo ardiendo, mis tetas encendidas, y a cada golpe mis gritos de dolor iban en aumento. Seguían bebiendo y bebiendo sin parar, ahora ya no sólo cerveza, también whisky y ginebra. De vez en cuando me daban de beber para ayudarme a soportar el dolor. Noté como poco a poco iba entrando en un estado de irrealidad provocado por el alcohol y el dolor.
Uno de ellos se había entretenido en enlazar un montón de pinzas de la ropa con una de las cuerdas. Cuando acabó, se dirigió hacia mí y empezó a ponerme las pinzas en todo el cuerpo. En las tetas me pusieron más de quince en cada una, mis pezones estaban completamente hinchados por los golpes y ahora por el pellizco de las pinzas, la tripa, los muslos, la cara, los brazos, los labios mayores del coño, que estaban completamente inflamados. Ya no tenía apenas ni fuerzas para gritar, pero seguían lloviendo los cinturonazos, notaba como por mis muslos caían gotas de sudor mezcladas con mis flujos y algo de ******. Entonces Jandro, que hasta entonces no había tenido papel protagonista se puso debajo de mí y empezó a meter sus dedos por mi coño, los gritos empezaron a subir de tono, era como una especie de bacanal en donde yo era la presa.
Primero fueron los dedos, luego, la mano, noté como entraba su puño entero y se recreaba dentro de mí, en medio de mi mareo podía escuchar a la jauría gritando: “empálala, empálala, empálala”. Su brazo, casi hasta el codo, metido en mi coño dolorido era el ***** de mis dolores en aquel momento, lo sacó y respiré aliviada, pero de inmediato vi como otros dos riendo a carcajadas se acercaban con un bate de béisbol que me clavaron hasta las entrañas.
Así, empalada, siendo azotada, atada a la terraza de esos niñatos, me sentí verdaderamente una cerda, humillada y utilizada. Mi pensamiento se cortó de inmediato cuando sentí el dolor más intenso que recuerdo haber sentido nunca, tiraron de golpe de la cuerda que sujetaba las pinzas y todas saltaron por los aires restallando mi cuerpo en mil pellizcos. Mi grito fue desgarrador y el suyo marcaba la victoria consumada.
Me descolgaron y me violaron repetidas veces por el culo y la boca, dejando mi coño inundado por el bate de beisbol, mientras yo desfallecida no era capaz apenas ni de gemir.
Cuando recuperé la consciencia era de mad**gada, hacía frío, no quedaba ni rastro de mis **********. Me saqué el bate con cuidado del coño. El olor de semen y pis, que esos cabrones me habían dejado encima, se mezclaba con el olor a ****** y a hembra en celo que rezumaba todo mi cuerpo. Al incorporarme un poco vi un papel escrito a mano:
“Querida profesora, usted no se acordará de nosotros, pero nosotros sí nos acordamos de usted, nos enseñó mucho en el instituto, pero sobre todo nos calentó como perros en cada clase y nos enseñó a hacernos pajas imaginando lo maravilloso que sería follar con usted. Hoy, nos ha seguido enseñando, y hemos tenido la suerte, gracias a nuestro amigo Álvaro, de pasar de la imaginación a una realidad que nunca hubiésemos podido soñar. Tranquila, que los videos que hemos grabado ya los estará viendo toda la promoción del 2005. Espérenos tranquilita en casa, que el finde es muuuuuuy largo.
Firmado Antonio Pellicer Sánchez (Toni) y Alejandro Barqueta Molins (Jandro)”
No acerté a pensar en nada. Mi respiración apenas me llegaba a los pulmones. Me incorporé como pude y me acerqué a la barandilla de la terraza. El aire fresco de la mad**gada me espabiló. Respiré profundamente, mientras con la mirada perdida en el horizonte, sintiéndome la más maestra de todas las putas, pensé que ese fin de semana aún me quedaba por ofrecer a esos pequeños mi clase más magistral.
Con mi marido he continuado nuestras incursiones en el mundo del sexo. Os voy a contar otra experiencia que me ocurrió hace unos días. Como siempre nos pusimos a mirar los correos, y encontramos uno que decía lo siguiente: “Mis amigos y yo buscamos puta para el fin de semana. No tenemos dinero para pagarnos una”.
Nos hizo gracia la propuesta y contactamos con ellos. La dirección GPS indicaba la playa de Gandía. Bueno, finde loco con jovencitos en la playa sonaba muy morboso. Llegué puntual, a las diez de la noche, a la dirección fijada, llamé al telefonillo y me abrieron. Subí y estaba esperándome un chaval de unos 27 ó 28 años en la puerta, llevaba solo un bañador y lucía un torso increíble. Me miró de arriba abajo, a la vez que decía: “o sea que tú eres nuestra puta del finde. Vaya, vaya, no estás nada mal, madurita, pero con buenas curvas todavía. Por cierto tu sonrisa es increíble. Te lo han dicho muchas veces, ¿no?”. “Bueno sí, gracias, sí me lo han dicho algunas veces”. “Mira, estamos cenando, pero antes, ponte la ropa que necesitarás”. Era la última planta del edificio, me dio la impresión de que era un ático dúplex, y por lo que había visto, nada pequeño. Me pasó a una habitación con baño incluido, que parecía como de servicio. Tenía una sola cama, armario, y pocos muebles. Un espejo de cuerpo entero y poco más. Encima de la cama había un uniforme de chacha. Bueno uniforme de chacha es un decir, en realidad era una cofia, un corsé blanco y negro, que dejaba mis tetas al aire, una mini falda negra que apenas me tapaba el culo, unas medias de rejilla y unos zapatos con taconazo de aguja. Vamos, un disfraz barato de puta, más barata todavía, para divertir y calentar a los niños.
Me lo puse, me miré y me sentí, si no atractiva, sí al menos interesante, follable y muy, muy viciosa. No sé los niñatos, pero yo estaba empezando a calentarme.
Cuando salí de la habitacíón, me dirigió a una terraza grande, enorme más bien, muy bien amueblada, en donde había otros seis tíos de edades parecidas. Todos se giraron para mirarnos al entrar, alguno se levantó, pero todos se pusieron a gritar. “Joder Álvaro, tú sí que sabes, tío”, “menuda jaca, la nueva criada de tus padres, “¿es un poco viejuna, no?”, “ostias, cómo está la mamá de buena”, “las tetas un poco pequeñas, pero menudos pezonacos se gasta la furcia”, “bufff ese culo es cómo para perderse en él”. Todos hablaban a la vez y casi sin darme cuenta se habían puesto a mi alrededor.
“Vale, vale, chavales, callad un momento, joder” Dijo el tal Álvaro mientras les empujaba hacia atrás. Mirad, aquí tenéis a la puta que os he prometido, es una madura caliente, una mujer que no curra de puta, es un ama de casa con ganas de que la chorreemos bien porque el cornudo de su marido no la satisface. La tenemos todo el finde para nosotros y podemos hacer con ella lo que queramos, va a ser nuestra criada para cumplir cualquier deseo que tengamos. Sólo ´hay una condición, que lo grabemos para que lo vea el mojón de su marido y se masturbe en el sofá de su casa”. Esas palabras me excitaron, y las miradas ávidas de esos chavales clavadas sobre mí, empezaron a hacer mella en mi entrepierna, que comenzó a humedecerse.
“¿De verdad podemos hacer con ella lo que queramos?” Preguntó uno de ellos, que se acercó por detrás hasta mí, poniéndome su abultado paquete en el culo. “Vale, vale, Toni, espérate. Lo primero haremos rueda del valor. El último que se corra gana.”
Se pusieron sentados en círculo, todos desenvainaron sus armas y de pronto me vi, en el centro de siete chavales, cada cual más mono, que esperaban a que actuase. “Mira puta, tienes que ir comiéndonos la polla a todos, cambiando cada poco. Los que se corran, pierden”. ¡¡Ummm, o sea que se trataba de hacer que se corrieran lo antes posible!! Me gustó la idea, me puse de rodillas delante del primero, le miré a los ojos, y creo que casi se corrió sólo con la mirada. Me metí su polla en la boca, dos lametazos, dos comidas un poco hasta el fondo, tres meneos fuertes con la mano y ….¡¡¡primer perdedor!!!. Todos se pusieron como locos a gritar: “¡¡¡Miguelón, maricón, Miguelón es maricón!!!
Pasé al siguiente, tenía un piercing en una teta y la polla mucho más gorda que Miguelón, empecé a comérsela, con ganas, a machacársela con más fuerza todavía, con este no iba a ser tan fácil, pensé, pasé a otro, y a otro. Mientras, ellos comían pizza y bebían cerveza, gritando y riendo como poseídos. Sólo se habían corrido dos y Álvaro volvió a hablar: “si alguien quiera se la puede follar por detrás mientras, pero si se corre también cuenta. ¡¡Ah, otra cosa!! no vale darla por el culo, eso está reservado al que gane.”
Al instante, mientras comía pollas sin parar, me agarraron por detrás y me clavaron con fuerza. Ummmm, ahhhh, joder, que cabrón, cómo me gustaba. Eso me aceleró e hizo que me empeñara más aún, otras dos corridas en mi boca. Los de atrás se iban cambiando, uno de ellos se corrió y con un grito de fastidio se retiró. Quedaban dos, Álvaro que me estaba follando por detrás y el tal Toni, al que se la estaba chupando. La polla de Toni, me encantó, decidí que quería que fuese él quien me diese por el culo, o sea que empecé a moverme, a apretar y aflojar la polla de Álvaro con el coño, y no duró ni dos minutos más. Me llenó de su leche caliente y joven en un momento
Ya había ganador. Toni, me agarró la cabeza y clavó su polla más adentro de mi boca, mientras me decía: “tienes una boca deliciosa guarra, pero vamos a ver como traga tu culazo”. Se levantó y se fue detrás de mí, me toqueteó los muslos, me metió un par de dedos por el culo, me palpó el coño, recogiendo todos los fluidos que chorreaban por él y me untó bien el ano, al final, apuntó con su polla la entrada y apretó. Entró suave, sin demasiada *********, pero su polla era muy gorda y notaba cómo iba adentrándose más y más dentro. Los demás alrededor le jaleban, ¡¡vamos, campeón!!, ¡¡demuéstrale a esta puta quién eres, joder!!, ¡¡haz que no se pueda sentar en tres días!!. Me follaba fuerte, sentí poco a poco como me excitaba, mis gritos empezaron a llegar, cada vez más y más fuerte. La mayoría de los chavales, estaban tiesos otra vez, alguno se acomodó para volvérmela a meter por la boca, otro se puso debajo de mí y me clavó el coño, los demás, se masajeaban viendo el espectáculo en directo.
Cuando estaba a punto de correrse, Toni, la sacó de golpe de mi culo, haciendo que me estremeciera de placer. Gritó, “¡¡Alonso, trae un trozo de pizza, corre, vamos!!”, Alonso le acercó el trozo de pizza y empezó a correrse encima de él, luego se lo fue pasando a los demás para que hicieran lo mismo. El que estaba debajo de mí, se me corrió dentro, pero los demás echaron su leche encima de la pizza. Mientras yo jadeaba tirada en el suelo, agotada por el esfuerzo. Toni se acercó y me dijo, “vamos puta, come que tendrás mucha hambre”. Cogí el trozo de pizza, lleno de la leche de esos niñatos. Me miraban expectantes, con la mirada inquisitiva de quien no sabe qué ocurrirá. Un grito de triunfo salvaje salió de sus gargantas cuando di el primer mordisco al trozo de pizza.
Acabé la pizza entera y me relamí bien los labios mientras todos me miraban excitados y medio enloquecidos. Álvaro se acercó a mí y me dijo: “vaya, vaya, o sea que te va el rollo duro, ¿verdad?, pues te lo daremos”. Salió un momento y volvió con varios cinturones de hombre, unas cuerdas y alguna cosa más que no acerté a ver: “el que la haga gritar más fuerte gana”, dijo tirándolo todo en medio del grupo.
Me ataron entre dos columnas de la terraza, con los brazos extendidos y las piernas abiertas, como si de un solo hombre se tratara empezaron a darme con el cuero de los cinturones, en el culo, en la espalda, luego en las tetas, primero no demasiado fuerte, pero a medida que se iban calentando, los latigazos restallaban con más fuerza, notaba mi culo ardiendo, mis tetas encendidas, y a cada golpe mis gritos de dolor iban en aumento. Seguían bebiendo y bebiendo sin parar, ahora ya no sólo cerveza, también whisky y ginebra. De vez en cuando me daban de beber para ayudarme a soportar el dolor. Noté como poco a poco iba entrando en un estado de irrealidad provocado por el alcohol y el dolor.
Uno de ellos se había entretenido en enlazar un montón de pinzas de la ropa con una de las cuerdas. Cuando acabó, se dirigió hacia mí y empezó a ponerme las pinzas en todo el cuerpo. En las tetas me pusieron más de quince en cada una, mis pezones estaban completamente hinchados por los golpes y ahora por el pellizco de las pinzas, la tripa, los muslos, la cara, los brazos, los labios mayores del coño, que estaban completamente inflamados. Ya no tenía apenas ni fuerzas para gritar, pero seguían lloviendo los cinturonazos, notaba como por mis muslos caían gotas de sudor mezcladas con mis flujos y algo de ******. Entonces Jandro, que hasta entonces no había tenido papel protagonista se puso debajo de mí y empezó a meter sus dedos por mi coño, los gritos empezaron a subir de tono, era como una especie de bacanal en donde yo era la presa.
Primero fueron los dedos, luego, la mano, noté como entraba su puño entero y se recreaba dentro de mí, en medio de mi mareo podía escuchar a la jauría gritando: “empálala, empálala, empálala”. Su brazo, casi hasta el codo, metido en mi coño dolorido era el ***** de mis dolores en aquel momento, lo sacó y respiré aliviada, pero de inmediato vi como otros dos riendo a carcajadas se acercaban con un bate de béisbol que me clavaron hasta las entrañas.
Así, empalada, siendo azotada, atada a la terraza de esos niñatos, me sentí verdaderamente una cerda, humillada y utilizada. Mi pensamiento se cortó de inmediato cuando sentí el dolor más intenso que recuerdo haber sentido nunca, tiraron de golpe de la cuerda que sujetaba las pinzas y todas saltaron por los aires restallando mi cuerpo en mil pellizcos. Mi grito fue desgarrador y el suyo marcaba la victoria consumada.
Me descolgaron y me violaron repetidas veces por el culo y la boca, dejando mi coño inundado por el bate de beisbol, mientras yo desfallecida no era capaz apenas ni de gemir.
Cuando recuperé la consciencia era de mad**gada, hacía frío, no quedaba ni rastro de mis **********. Me saqué el bate con cuidado del coño. El olor de semen y pis, que esos cabrones me habían dejado encima, se mezclaba con el olor a ****** y a hembra en celo que rezumaba todo mi cuerpo. Al incorporarme un poco vi un papel escrito a mano:
“Querida profesora, usted no se acordará de nosotros, pero nosotros sí nos acordamos de usted, nos enseñó mucho en el instituto, pero sobre todo nos calentó como perros en cada clase y nos enseñó a hacernos pajas imaginando lo maravilloso que sería follar con usted. Hoy, nos ha seguido enseñando, y hemos tenido la suerte, gracias a nuestro amigo Álvaro, de pasar de la imaginación a una realidad que nunca hubiésemos podido soñar. Tranquila, que los videos que hemos grabado ya los estará viendo toda la promoción del 2005. Espérenos tranquilita en casa, que el finde es muuuuuuy largo.
Firmado Antonio Pellicer Sánchez (Toni) y Alejandro Barqueta Molins (Jandro)”
No acerté a pensar en nada. Mi respiración apenas me llegaba a los pulmones. Me incorporé como pude y me acerqué a la barandilla de la terraza. El aire fresco de la mad**gada me espabiló. Respiré profundamente, mientras con la mirada perdida en el horizonte, sintiéndome la más maestra de todas las putas, pensé que ese fin de semana aún me quedaba por ofrecer a esos pequeños mi clase más magistral.
8年前