ESTA NOCHE SERÉ SU PUTA
Salí de casa con el coño chorreante. Me había vestido como mi amo me había ordenado -me gusta llamarlo amo, porque refuerza la idea de auténtica posesión de mi para su único disfrute que tanto me excita-.
Parecía una auténtica puta barata cuando caminaba meneándo las caderas por el callejón donde me esperaba con su coche. Me acerqué a él y le pregunté si yo le gustaba, que si quería pasar un buen rato con una putita como yo. Me preguntó que cuánto cobraba y no supe establecer una precio así que le dije que me pagara con su leche corriéndome por todo el cuerpo.
-Gírate -me dijo- quiero ver si la vales.
Y entonces me giré despacio en mitad de la calle mientras él me observaba desde el coche, con su mano derecha agarrando esa polla enorme que aún lo parecía más porque se la había afeitado. Sacó el brazo izquierdo y me sobó el culo colándose sin pudor por debajo de mi falda. Me obligó a girarme de nuevo hacia él y quedé en mitad de la calle, aprisionada entre su brazo y el coche, con mi falda retorcida por la cintura y su mano sobando mis tetas.
Me remangó más la falda y mi tanga quedó frente a su cara. Me lo bajó y miró mi coño depilado.
– Me gustan las zorras como tú -me dijo y se me encharcó el coño. Él debió notarlo porque coló uno de sus enormes dedazos en mi rajita y volvió a sonreír-. Muy bien, ya veo que eres una auténtica guarra pero tendrás que demostrarme aún si mereces ser mi putita. Ven aquí zorra y empieza a mamármela como tú sabes.
Entre corriendo en el coche ansiosa de su polla, de que me hiciera suya por fin y me lancé directa sobre su asiento. Abrí la boca y tomé aire. Quería demostrarle que podía metermela dentro entera, hasta los huevos. La envadurné con mi saliva y me la fui metiendo poco a poco y de vez en cuando le miraba a la cara, sacaba la lengua y le suplicaba con los ojos que me dijera todo lo zorra que era. La última vez que lo hice me dijo que era una puta y que si quería cobrarme su leche, dejara de mirarle y me dedicara a mamar, y empujó mi cabeza hacia dentro aprisionándome con la mano contra sus huevos.
Pensé que me ahogaba, pero con la mano libre subió de todo mi falda y empezó a azotarme con fuerza en mi culo desnudo y en el coño chorreante de modo que ese dolor me hizo olvidar la respiración y me agitaba una y otra vez imprimiendo a la mamada un ritmo de vértigo mientras él no soltaba mi cabeza y gritaba ?trágatelo todo, puta, trágatelo?.
Cuando por fin se corrió me dejó que le limpiara la polla con la lengua, que le lamiera los huevos, el vientre… Me dijo que lo había hecho muy bien y que me merecía un premio. Eso me excitó. Pensé que me iba a sacar el juguetito ese que había dicho que me había comprado pero en vez de eso me dijo.
– Sabes conducir, putita?
Debía ser broma. Él sabía que yo no tenía carné, y esperé que no pensase que me pusiera a hacer de chófer porque nos podíamos matar.
-Te prometí un juguete pero no te lo he comprado, así que he pensado que en compensación te voy a enseñar a conducir.
Aquello era muy raro, xo yo seguía escuchándole mientras le lamía los dedos que ahora tenía en mi boca. Sin embargo, en un momento se pasó al asiento de atrás y se sentó en el centro. Yo creí que quería que me pasara atrás con él xo cuando fui a seguirle me hizo detenerme. Antes la clase, me dijo. Claro que si no quieres… puedes dejarlo ahora, xo entonces demostrarías que no eres ninguna auténtica zorra, sino solo una comepollas de lujo.
No, no, yo quería, claro que quería. Quería satisfacerle, xo también quería saber de qué iba aquello en lo que estaba pensando que parecía tan excitante.
Me dijo que aquello sobre lo que yo estaba medio sentada era la palanca de cambios, que era lo que hacía cambiar las marchas y que era muy importante, que era la primera lección, que lo probara. No se refería a cambiar marchas, claro, lo que quería
era que yo me metiera eso en mi coño; quería verme, desde el asiento de atrás, hacérmelo con la palanca de cambios. madre mía qué guarro era, xo yo estaba a cien!!!
Abrí las piernas todo lo que pude y me la acerqué con cuidado, fui bajando, a pequeños golpecitos, mientras me tocaba las tetas, como si me la estuviera follando, poco a poco hasta que entró entera.
muy bien, putita, ahora mete primera. Y yo me moví a la primera, luego segunda, alante y atrás, tercera y cuarta y vuelta a empezar… yo ya estaba a cien cuando me dijo, ahora te voy a enseñar a frenar y tiró del freno de mano hacia arriba hasta que lo dejó justo a la altura de mi clítoris… siempre había soñado hacermelo ahí pero aquello era demasiado.
Él empezó a sobarme las tetas, a pellizcarme los pezones con fuerza, con más fuerza; a azotarme el culo, las caderas, la cara interior de los muslos…
me corro, me corro, amo, me corro… Córrete zorra y no pares me dijo mientras me daba el último azote mucho más fuerte que los demás que me provocó un orgasmo bestial.
Cuando volví a abrir los ojos, él seguía en el asiento de atrás mirándome entre lujurioso, despectivo e iluminado. Yo supe que aquello no había terminado ahí, que nos quedaban aún muchas guarradas y muchas pruebas de aquellas que pasar para convertirme en su auténtica y única puta pero que todas ellas me iban a encantar.
Este ha sido el relato de la cita pero ya os iré contando más. Muchas gracias a los que me habeis escrito y a los que me escribiréis. Prometo seguir siendo una zorra caliente para todos vosotros.
Parecía una auténtica puta barata cuando caminaba meneándo las caderas por el callejón donde me esperaba con su coche. Me acerqué a él y le pregunté si yo le gustaba, que si quería pasar un buen rato con una putita como yo. Me preguntó que cuánto cobraba y no supe establecer una precio así que le dije que me pagara con su leche corriéndome por todo el cuerpo.
-Gírate -me dijo- quiero ver si la vales.
Y entonces me giré despacio en mitad de la calle mientras él me observaba desde el coche, con su mano derecha agarrando esa polla enorme que aún lo parecía más porque se la había afeitado. Sacó el brazo izquierdo y me sobó el culo colándose sin pudor por debajo de mi falda. Me obligó a girarme de nuevo hacia él y quedé en mitad de la calle, aprisionada entre su brazo y el coche, con mi falda retorcida por la cintura y su mano sobando mis tetas.
Me remangó más la falda y mi tanga quedó frente a su cara. Me lo bajó y miró mi coño depilado.
– Me gustan las zorras como tú -me dijo y se me encharcó el coño. Él debió notarlo porque coló uno de sus enormes dedazos en mi rajita y volvió a sonreír-. Muy bien, ya veo que eres una auténtica guarra pero tendrás que demostrarme aún si mereces ser mi putita. Ven aquí zorra y empieza a mamármela como tú sabes.
Entre corriendo en el coche ansiosa de su polla, de que me hiciera suya por fin y me lancé directa sobre su asiento. Abrí la boca y tomé aire. Quería demostrarle que podía metermela dentro entera, hasta los huevos. La envadurné con mi saliva y me la fui metiendo poco a poco y de vez en cuando le miraba a la cara, sacaba la lengua y le suplicaba con los ojos que me dijera todo lo zorra que era. La última vez que lo hice me dijo que era una puta y que si quería cobrarme su leche, dejara de mirarle y me dedicara a mamar, y empujó mi cabeza hacia dentro aprisionándome con la mano contra sus huevos.
Pensé que me ahogaba, pero con la mano libre subió de todo mi falda y empezó a azotarme con fuerza en mi culo desnudo y en el coño chorreante de modo que ese dolor me hizo olvidar la respiración y me agitaba una y otra vez imprimiendo a la mamada un ritmo de vértigo mientras él no soltaba mi cabeza y gritaba ?trágatelo todo, puta, trágatelo?.
Cuando por fin se corrió me dejó que le limpiara la polla con la lengua, que le lamiera los huevos, el vientre… Me dijo que lo había hecho muy bien y que me merecía un premio. Eso me excitó. Pensé que me iba a sacar el juguetito ese que había dicho que me había comprado pero en vez de eso me dijo.
– Sabes conducir, putita?
Debía ser broma. Él sabía que yo no tenía carné, y esperé que no pensase que me pusiera a hacer de chófer porque nos podíamos matar.
-Te prometí un juguete pero no te lo he comprado, así que he pensado que en compensación te voy a enseñar a conducir.
Aquello era muy raro, xo yo seguía escuchándole mientras le lamía los dedos que ahora tenía en mi boca. Sin embargo, en un momento se pasó al asiento de atrás y se sentó en el centro. Yo creí que quería que me pasara atrás con él xo cuando fui a seguirle me hizo detenerme. Antes la clase, me dijo. Claro que si no quieres… puedes dejarlo ahora, xo entonces demostrarías que no eres ninguna auténtica zorra, sino solo una comepollas de lujo.
No, no, yo quería, claro que quería. Quería satisfacerle, xo también quería saber de qué iba aquello en lo que estaba pensando que parecía tan excitante.
Me dijo que aquello sobre lo que yo estaba medio sentada era la palanca de cambios, que era lo que hacía cambiar las marchas y que era muy importante, que era la primera lección, que lo probara. No se refería a cambiar marchas, claro, lo que quería
era que yo me metiera eso en mi coño; quería verme, desde el asiento de atrás, hacérmelo con la palanca de cambios. madre mía qué guarro era, xo yo estaba a cien!!!
Abrí las piernas todo lo que pude y me la acerqué con cuidado, fui bajando, a pequeños golpecitos, mientras me tocaba las tetas, como si me la estuviera follando, poco a poco hasta que entró entera.
muy bien, putita, ahora mete primera. Y yo me moví a la primera, luego segunda, alante y atrás, tercera y cuarta y vuelta a empezar… yo ya estaba a cien cuando me dijo, ahora te voy a enseñar a frenar y tiró del freno de mano hacia arriba hasta que lo dejó justo a la altura de mi clítoris… siempre había soñado hacermelo ahí pero aquello era demasiado.
Él empezó a sobarme las tetas, a pellizcarme los pezones con fuerza, con más fuerza; a azotarme el culo, las caderas, la cara interior de los muslos…
me corro, me corro, amo, me corro… Córrete zorra y no pares me dijo mientras me daba el último azote mucho más fuerte que los demás que me provocó un orgasmo bestial.
Cuando volví a abrir los ojos, él seguía en el asiento de atrás mirándome entre lujurioso, despectivo e iluminado. Yo supe que aquello no había terminado ahí, que nos quedaban aún muchas guarradas y muchas pruebas de aquellas que pasar para convertirme en su auténtica y única puta pero que todas ellas me iban a encantar.
Este ha sido el relato de la cita pero ya os iré contando más. Muchas gracias a los que me habeis escrito y a los que me escribiréis. Prometo seguir siendo una zorra caliente para todos vosotros.
8年前