A story of me (In Spanish)
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-“¿Tú tienes la pirola así, como yo?”
-“No, la tengo más pequeña”.
-“Enséñamela y la comparamos”.
Por aquel entonces yo estaba a punto de llegar a la pubertad, pero un pediatra amigo de mis padres les había dicho que tenía que operarme de fimosis, por lo que mi polla no descapullaba. Aún la tenía pequeña. Pero, aún así, me había empalmado; mi prepucio no se echaba hacia atrás como el de Juan. Además, él tenía pelo en el pubis y yo no.
-“Dentro de poco, cuando tengas doce o trece años, como yo, la tendrás así. Además podrás follar. ¿Sabes lo que es eso, no?”, me dijo.
-“Sí, claro”, respondí dubitativo. “Nos han dado clases de educación sexual en el colegio”.
La verdad es que las diapositivas que nos habían puesto hablaban poco de follar; y, por supuesto, no sabía que para joder había que menear las caderas, ni tampoco sabía nada de la masturbación ni del placer que se puede conseguir jodiendo.
Poco a poco, Juan me fue llevando a su terreno. Que si sabía cómo se follaba, que si cuestiones de terminología como correrse, lechada, cona, clítoris... que si sabía cómo se daba un morreo...
-“Porque a las niñas les gusta que les metas la lengua en la boca y que juegues con su lengua, ¿sabes?”
-“¡No me digas!”
-“Mira, si no te da corte, te enseño. Sólo tienes que abrir la boca y entresacar un poco la lengua”.
En cuanto me di cuenta, Juan me estaba morreando en toda regla. Me metía la lengua en la boca, despacio, con cuidado pero sin dejar de mandar. Al minuto ya había puesto su mano sobre mi entrepierna.
-“¿Te gusta?”, me dijo.
-“Sí. Es muy rico...”, y me lancé: “Pero lo que estamos haciendo..., no sé... tenemos que guardar el secreto, ¿eh?”
-“Por supuesto. Haremos un pacto, será como nuestra sociedad secreta”.
-“Eso. Se llamará P.U.T.A., Pacto Único para Tocarnos entre Amigos, ¿vale?”
-“Me gusta”. Tras una pausa, Juan añadió: “¿Te gustaría hacerme una paja?”
-“Vale”.
-“Así verás cómo es la lechada que suelto cuando me corro”.
Él guió mi mano a su polla y empezó a movérmela. Poco a poco fui cogiéndole el truquillo. Era fácil. Su pirola se estaba congestionando y su capullo empezó a ponerse rojillo. Al rato, se convulsionó. Le había llegado el orgasmo y su lechada inundaba mi mano.
Seguimos viéndonos todos los fines de semana. Nuestro P.U.T.A. iba a más. Al mes, ya nos metíamos en cualquier lado para besarnos y tocarnos. A los dos meses, empecé a chuparle la polla y él a mí, mi pollita impúber. Ese verano sucedió la escena que os relato a continuación.
Estábamos en la piscina, jugando con una pelota. Juan se me acercó y me dijo que me pusiese las gafas de bucear. Lo hice y nos fuimos hacia un rincón menos poblado de la pileta.
-“Bucea a mi alrededor”, me dijo, “verás qué sorpresa”.
8年前