Historia 1
- Seré salvaje...
Eso fue lo último que le dijo.
Rompió su pantalón y su calzón, la miró como si la fuera abofetear. Abrió la blusa con tal fuerza que los botones volaron lejos hacia todos los rincones de aquella habitación.
Apretó el cuello con brutal delicadeza y le lengüeteó los labios. Saboreó su cuello y le comió las tetas con frenesí, o como con rabia según la narración que ella haría más tarde a su mejor amiga.
Dos dedos metió en su vagina, los metió en su boca y la besó, mientras separaba sus muslos. Cerró los ojos y disfrutó como cada pliegue de su vagina friccionaba con su verga histérica. Jadeaban, sudaban, descargaba su rabia. Cada embestida parecía un intento retorcido por matarla.
Se revolcaba en las sábanas, no se atrevía a pedir más porque ninguno podía más que eso en aquel momento, la tensión era extrema, el sonido imperceptible, la tensión de ambos cuerpos se sincronizaba en pos de un clímax liberador, de vaya a saber dios, que extrañas fuerzas.
Giró su cuerpo y comenzó a lamerle el ano, nunca lo había hecho, ni tampoco se lo habían hecho. Acabó.
Nunca había chupado de una verga después de haber eyaculado, lo hizo sin pensarlo, pero a poco de haber empezado, estaba dura nuevamente. Se puso en cuatro patas para recibir sus embestidas, se sentó sobre su espalda, su verga raspaba en cada entrada y en cada salida. Soltó un chillido y vio un destello. Seguía siendo penetrada con fuerza cuando solo escuchaba los gritos sollozantes:
- Muere, perra. Muere
Volvió a acabar. Nunca antes había eyaculado.
Cuando despertó él ya no estaba, las sábanas seguían húmedas.
Eso fue lo último que le dijo.
Rompió su pantalón y su calzón, la miró como si la fuera abofetear. Abrió la blusa con tal fuerza que los botones volaron lejos hacia todos los rincones de aquella habitación.
Apretó el cuello con brutal delicadeza y le lengüeteó los labios. Saboreó su cuello y le comió las tetas con frenesí, o como con rabia según la narración que ella haría más tarde a su mejor amiga.
Dos dedos metió en su vagina, los metió en su boca y la besó, mientras separaba sus muslos. Cerró los ojos y disfrutó como cada pliegue de su vagina friccionaba con su verga histérica. Jadeaban, sudaban, descargaba su rabia. Cada embestida parecía un intento retorcido por matarla.
Se revolcaba en las sábanas, no se atrevía a pedir más porque ninguno podía más que eso en aquel momento, la tensión era extrema, el sonido imperceptible, la tensión de ambos cuerpos se sincronizaba en pos de un clímax liberador, de vaya a saber dios, que extrañas fuerzas.
Giró su cuerpo y comenzó a lamerle el ano, nunca lo había hecho, ni tampoco se lo habían hecho. Acabó.
Nunca había chupado de una verga después de haber eyaculado, lo hizo sin pensarlo, pero a poco de haber empezado, estaba dura nuevamente. Se puso en cuatro patas para recibir sus embestidas, se sentó sobre su espalda, su verga raspaba en cada entrada y en cada salida. Soltó un chillido y vio un destello. Seguía siendo penetrada con fuerza cuando solo escuchaba los gritos sollozantes:
- Muere, perra. Muere
Volvió a acabar. Nunca antes había eyaculado.
Cuando despertó él ya no estaba, las sábanas seguían húmedas.
8年前