Mi primer encuentro con Pirata
Ese verano mi vecina Carolina me había pedido como favor, si podía cuidar y alimentar a su perro mientras ella se iba de vacaciones.
Acepté sin problema. Pirata era un lindo ejemplar de Doberman y él me conocía bien. A pesar de que era un bicho enorme, realmente no me provocaba tenerle miedo. Parecía tener un carácter muy tranquilo…
Justo en esos días yo había comenzado a experimentar algunos cambios hormonales. Mis tetas estaban más grandes que nunca y habían comenzado a producir leche.
La segunda noche luego de la partida de mis vecinos, había tenido un día largo y muy agotador. Mi novia se había desmayado en la cama, lo cual me dejó un poco decepcionada; ya que, a pesar del cansancio, justo esa noche yo tenía muchas, muchas ganas de coger con ella…
De pronto, recordé que no había alimentado a Pirata. Estaba cansada, pero tenía que hacerlo. Ya estaba en bolas, a punto de meterme a la cama; pero me puse una robe corta de algodón y así salí a la calle.
Estaba oscuro y apenas debía caminar unos pasos hasta la casa al lado.
Entré por la puerta del frente y me dirigí directamente al jardín del fondo, a revisar los cuencos de agua y comida.
Me incliné y de repente sentí una nariz húmeda tocar mi trasero, moviéndose entre mis muslos. Mi robe se había subido por mis caderas, exponiendo mis nalgas desnudas.
Allí estaba Pirata, oliendo y luego lamiéndome.
Me sorprendí, pero en ese momento no me enderecé. El perro estaba ahora lamiendo mis labios vaginales y yo cerré mis ojos, pensando que realmente se sentía muy bien…
Pero de repente regresé a lo lógico y pensé que aquello estaba mal…
Me levanté y empujé su cabeza hacia atrás. Debo haber estado expidiendo alguna esencia que a él le excitaba, porque trató nuevamente de regresar a mi concha desnuda…
Cuando estaba regresando al interior de la casa, mi pie tropezó en un pequeño hoyo del jardín y caí de bruces al pasto, sobre mis manos y rodillas. Mi robe se levantó otra vez, exponiendo mi trasero desnudo…
Estaba recuperando mi aliento para levantarme, cuando sentí la lengua de ese ejemplar enorme lamiendo mis labios vaginales depilados. Los estaba abriendo, tratando de entrar más profundo. Su rugosa lengua estaba rozando mi clítoris, que ya se estaba hinchando…
Supe que tenía que levantarme y escapar, pero titubeé en hacerlo…
Estaba perdida en mis pensamientos más sucios, cuando él se detuvo. Creí que había terminado y entonces traté de levantarme.
Pero entonces, de repente, sentí todo el peso de su cuerpo aterrizando sobre mi espalda, haciéndome caer otra vez sobre el pasto. Pirata estaba ahora montado sobre mi espalda, con sus patas delanteras abrazando mi cintura.
Apenas podía soportar su peso con mis brazos, entonces no pude empujarlo para que se saliera de encima. Entonces lo sentí…
Su enorme, chorreante y caliente verga estaba golpeando entre mis muslos. Pirata estaba tratando de montarme. Ese hermoso ejemplar de Doberman estaba tratando de cogerme como si yo fuera una perra…
Entré en pánico y pensé en gritar para pedir auxilio; pero entonces me di cuenta que eso sería algo vergonzoso. No lo hice, me quedé callada.
Estaba esperando que Pirata terminara y se bajara de mi espalda. Mi concha estaba humedecida por sus lamidas y tal vez por mi propia excitación de disfrutar eso…
El bicho estaba muy determinado en cogerme y finalmente consiguió meter la punta de su verga en la entrada de mi hambrienta concha. Una vez que sintió mi calor, rápidamente hundió casi toda esa verga en mi cuerpo…
Yo no podía creer lo grande que la tenía y, lo que era peor, todavía no me la había metido entera…
Pirata me tomó por la cintura con más presión y metió su dura verga un poco más. Sentí que era mucho más gruesa y un poco más larga que la de mi ex marido…
La sensación de esa cosa enorme dentro de mi concha era increíble. Yo no había tenido una de ese tamaño en mucho tiempo y, además, era mucho más caliente…
Pirata comenzó a moverse y a cogerme más rápido que ningún hombre. Sentí la punta de esa verga casi llegando a mi cérvix. Presentí un primer orgasmo que estaba tratando de aparecer y traté de contenerlo.
No podía creer que estaba permitiéndole a ese perro que me cogiera. Pero al final decidí dejarlo hacer y ver qué sucedía.
Justo cuando yo comenzaba a tener un orgasmo por demás intenso, sentí algo grueso y duro golpeando contra mis labios vaginales. El orgasmo finalmente me barrió todo el cuerpo y me dejó temblando sin control.
Me encontré empujando mi cuerpo hacia atrás, al encuentro de esa cosa dura. Comencé a rotar mis caderas para que esa dureza rozara mi clítoris y cuando mi concha se dilató un poco más, eso entró despacio…
Mis músculos permitieron que ese nudo colorado entrara entero y después se cerraron sobre él, provocándome otro orgasmo instantáneo y brutal...
Los espasmos en mi vagina por fin aminoraron y entonces pude sentirlo bien. Sentí que ese nudo estaba creciendo cada vez más adentro de mi sedienta concha. Me asusté un poco, tuve miedo de sufrir un desgarro si Pirata intentaba salirse en ese momento…
Pero el bicho se quedó muy quieto. Había conseguido meterme el nudo colorado, que ahora seguía creciendo para dejarnos bien abotonados.
Entonces comencé a sentir su esperma siendo disparada dentro de mi vagina. Estaba realmente hirviendo y parecía ser muchísima.
Ese hermoso perro había logrado meterse totalmente en mi cuerpo. Estábamos estrechamente abotonados y él movió su pata por encima de mi cola, quedando entonces mirando cada uno para su lado.
Pirata tironeó un poco y pude sentir que todavía no podía despegarse de mi concha. Su magnífica verga seguía descargando oleadas de semen en mí.
Mi robe se había abierto y mis gruesas tetas estaban colgando. Ahora con el peso del perro fuera de mí, pude levantar mi mano y dedicarme a acariciar mis pezones endurecidos. Estaban muy sensibles y para peor, podía sentir ese nudo presionando contra mi punto G. Cerré mis ojos…
Sentí un calor interno, tratando de salir por mis tetas. Estiré mis pezones entre mis dedos y entonces comenzaron a derramar leche sobre el pasto…
De repente quise tener otro orgasmo y empecé a empujar contra la verga de Pirata, tratando de que él también se moviera. El perro empujó, pero todavía no estaba listo para salirse de mi vagina.
Yo no tenía idea de cuánto tiempo habíamos estado así juntos y pegados.
Pirata intentó otra vez y yo sentí que mi concha se dilataba. Entonces el nudo hizo un ruido gracioso y salió por completo entre mi labia, seguido por esa enorme verga chorreante...
Caí de costado sobre el pasto, agotada por la cogida de mi vida. La concha me ardía y podía sentir el semen que chorreaba entre mis dilatados labios.
Sonreí, pensando que Pirata había dejado destruida a su nueva perra…
Después de descansar unos minutos, me levanté, sintiendo un tremendo temblor en mis piernas, que apenas me sostenían. Rellené los cuencos de agua y comida; luego miré a Pirata, que ahora estaba ocupado lavándose el pito colorado con su rugosa lengua.
Le silbé y él levantó la vista. Me pareció ver una sonrisa en su satisfecha y relajada cara de perro guardián. También sonreí y me dirigí a mi casa.
Mientras entraba a mi casa, podía sentir el esperma escapando de mi vagina y deslizándose por mis muslos.
Mi bonita novia continuaba desmayada en la misma posición sobre nuestra cama. En silencio fui al baño para darme una buena ducha tibia, que me quitara todos los restos que me había dejado el buen Pirata.
Mis pezones todavía estaban erectos y me dolían, después de haber estado colgando libres mientras ese bicho me cogía estando en cuatro.
Mi vagina finalmente dejó de dejar salir semen canino y entonces pude secarme con tranquilidad. Me acosté desnuda junto a mi novia.
No podía conciliar el sueño. Miraba al cielorraso, pensando en cómo esa verga enorme de ese dulce perro se sentía en mi concha desesperada.
Lo peor de todo, era que estaba pensando en volver a hacerlo. Mi vecina todavía estaría ausente por una semana más.
“Mañana será otro día…” Pensé en la oscuridad…
Acepté sin problema. Pirata era un lindo ejemplar de Doberman y él me conocía bien. A pesar de que era un bicho enorme, realmente no me provocaba tenerle miedo. Parecía tener un carácter muy tranquilo…
Justo en esos días yo había comenzado a experimentar algunos cambios hormonales. Mis tetas estaban más grandes que nunca y habían comenzado a producir leche.
La segunda noche luego de la partida de mis vecinos, había tenido un día largo y muy agotador. Mi novia se había desmayado en la cama, lo cual me dejó un poco decepcionada; ya que, a pesar del cansancio, justo esa noche yo tenía muchas, muchas ganas de coger con ella…
De pronto, recordé que no había alimentado a Pirata. Estaba cansada, pero tenía que hacerlo. Ya estaba en bolas, a punto de meterme a la cama; pero me puse una robe corta de algodón y así salí a la calle.
Estaba oscuro y apenas debía caminar unos pasos hasta la casa al lado.
Entré por la puerta del frente y me dirigí directamente al jardín del fondo, a revisar los cuencos de agua y comida.
Me incliné y de repente sentí una nariz húmeda tocar mi trasero, moviéndose entre mis muslos. Mi robe se había subido por mis caderas, exponiendo mis nalgas desnudas.
Allí estaba Pirata, oliendo y luego lamiéndome.
Me sorprendí, pero en ese momento no me enderecé. El perro estaba ahora lamiendo mis labios vaginales y yo cerré mis ojos, pensando que realmente se sentía muy bien…
Pero de repente regresé a lo lógico y pensé que aquello estaba mal…
Me levanté y empujé su cabeza hacia atrás. Debo haber estado expidiendo alguna esencia que a él le excitaba, porque trató nuevamente de regresar a mi concha desnuda…
Cuando estaba regresando al interior de la casa, mi pie tropezó en un pequeño hoyo del jardín y caí de bruces al pasto, sobre mis manos y rodillas. Mi robe se levantó otra vez, exponiendo mi trasero desnudo…
Estaba recuperando mi aliento para levantarme, cuando sentí la lengua de ese ejemplar enorme lamiendo mis labios vaginales depilados. Los estaba abriendo, tratando de entrar más profundo. Su rugosa lengua estaba rozando mi clítoris, que ya se estaba hinchando…
Supe que tenía que levantarme y escapar, pero titubeé en hacerlo…
Estaba perdida en mis pensamientos más sucios, cuando él se detuvo. Creí que había terminado y entonces traté de levantarme.
Pero entonces, de repente, sentí todo el peso de su cuerpo aterrizando sobre mi espalda, haciéndome caer otra vez sobre el pasto. Pirata estaba ahora montado sobre mi espalda, con sus patas delanteras abrazando mi cintura.
Apenas podía soportar su peso con mis brazos, entonces no pude empujarlo para que se saliera de encima. Entonces lo sentí…
Su enorme, chorreante y caliente verga estaba golpeando entre mis muslos. Pirata estaba tratando de montarme. Ese hermoso ejemplar de Doberman estaba tratando de cogerme como si yo fuera una perra…
Entré en pánico y pensé en gritar para pedir auxilio; pero entonces me di cuenta que eso sería algo vergonzoso. No lo hice, me quedé callada.
Estaba esperando que Pirata terminara y se bajara de mi espalda. Mi concha estaba humedecida por sus lamidas y tal vez por mi propia excitación de disfrutar eso…
El bicho estaba muy determinado en cogerme y finalmente consiguió meter la punta de su verga en la entrada de mi hambrienta concha. Una vez que sintió mi calor, rápidamente hundió casi toda esa verga en mi cuerpo…
Yo no podía creer lo grande que la tenía y, lo que era peor, todavía no me la había metido entera…
Pirata me tomó por la cintura con más presión y metió su dura verga un poco más. Sentí que era mucho más gruesa y un poco más larga que la de mi ex marido…
La sensación de esa cosa enorme dentro de mi concha era increíble. Yo no había tenido una de ese tamaño en mucho tiempo y, además, era mucho más caliente…
Pirata comenzó a moverse y a cogerme más rápido que ningún hombre. Sentí la punta de esa verga casi llegando a mi cérvix. Presentí un primer orgasmo que estaba tratando de aparecer y traté de contenerlo.
No podía creer que estaba permitiéndole a ese perro que me cogiera. Pero al final decidí dejarlo hacer y ver qué sucedía.
Justo cuando yo comenzaba a tener un orgasmo por demás intenso, sentí algo grueso y duro golpeando contra mis labios vaginales. El orgasmo finalmente me barrió todo el cuerpo y me dejó temblando sin control.
Me encontré empujando mi cuerpo hacia atrás, al encuentro de esa cosa dura. Comencé a rotar mis caderas para que esa dureza rozara mi clítoris y cuando mi concha se dilató un poco más, eso entró despacio…
Mis músculos permitieron que ese nudo colorado entrara entero y después se cerraron sobre él, provocándome otro orgasmo instantáneo y brutal...
Los espasmos en mi vagina por fin aminoraron y entonces pude sentirlo bien. Sentí que ese nudo estaba creciendo cada vez más adentro de mi sedienta concha. Me asusté un poco, tuve miedo de sufrir un desgarro si Pirata intentaba salirse en ese momento…
Pero el bicho se quedó muy quieto. Había conseguido meterme el nudo colorado, que ahora seguía creciendo para dejarnos bien abotonados.
Entonces comencé a sentir su esperma siendo disparada dentro de mi vagina. Estaba realmente hirviendo y parecía ser muchísima.
Ese hermoso perro había logrado meterse totalmente en mi cuerpo. Estábamos estrechamente abotonados y él movió su pata por encima de mi cola, quedando entonces mirando cada uno para su lado.
Pirata tironeó un poco y pude sentir que todavía no podía despegarse de mi concha. Su magnífica verga seguía descargando oleadas de semen en mí.
Mi robe se había abierto y mis gruesas tetas estaban colgando. Ahora con el peso del perro fuera de mí, pude levantar mi mano y dedicarme a acariciar mis pezones endurecidos. Estaban muy sensibles y para peor, podía sentir ese nudo presionando contra mi punto G. Cerré mis ojos…
Sentí un calor interno, tratando de salir por mis tetas. Estiré mis pezones entre mis dedos y entonces comenzaron a derramar leche sobre el pasto…
De repente quise tener otro orgasmo y empecé a empujar contra la verga de Pirata, tratando de que él también se moviera. El perro empujó, pero todavía no estaba listo para salirse de mi vagina.
Yo no tenía idea de cuánto tiempo habíamos estado así juntos y pegados.
Pirata intentó otra vez y yo sentí que mi concha se dilataba. Entonces el nudo hizo un ruido gracioso y salió por completo entre mi labia, seguido por esa enorme verga chorreante...
Caí de costado sobre el pasto, agotada por la cogida de mi vida. La concha me ardía y podía sentir el semen que chorreaba entre mis dilatados labios.
Sonreí, pensando que Pirata había dejado destruida a su nueva perra…
Después de descansar unos minutos, me levanté, sintiendo un tremendo temblor en mis piernas, que apenas me sostenían. Rellené los cuencos de agua y comida; luego miré a Pirata, que ahora estaba ocupado lavándose el pito colorado con su rugosa lengua.
Le silbé y él levantó la vista. Me pareció ver una sonrisa en su satisfecha y relajada cara de perro guardián. También sonreí y me dirigí a mi casa.
Mientras entraba a mi casa, podía sentir el esperma escapando de mi vagina y deslizándose por mis muslos.
Mi bonita novia continuaba desmayada en la misma posición sobre nuestra cama. En silencio fui al baño para darme una buena ducha tibia, que me quitara todos los restos que me había dejado el buen Pirata.
Mis pezones todavía estaban erectos y me dolían, después de haber estado colgando libres mientras ese bicho me cogía estando en cuatro.
Mi vagina finalmente dejó de dejar salir semen canino y entonces pude secarme con tranquilidad. Me acosté desnuda junto a mi novia.
No podía conciliar el sueño. Miraba al cielorraso, pensando en cómo esa verga enorme de ese dulce perro se sentía en mi concha desesperada.
Lo peor de todo, era que estaba pensando en volver a hacerlo. Mi vecina todavía estaría ausente por una semana más.
“Mañana será otro día…” Pensé en la oscuridad…
8年前