Mi esposa vuelve a las andadas

Después del primer encuentro entre mi delicada mujercita y su anterior jefe; la relación continuó por un buen tiempo.
Ellos siguieron hablando por teléfono; incluso a veces en mi presencia.
Podía notar la turbación que eso le provocaba a Anita.
Arturo le decía que ella estaba muy cogible y siempre quería encontrarla otra vez en una cama; pero mi esposa me juraba que ella no estaba muy convencida de continuar la relación. Yo no estaba tan seguro…

Yo disfrutaba viéndola tan entusiasmada y caliente cada vez que hablaban por teléfono. El hombre era casado y por ello no tenía muchas posibilidades de escaparse con Ana.

Cada vez que cogíamos, cuando ella llegaba al borde de su primer orgasmo, se acordaba de la tremenda cogida que le había dado su antiguo jefe y eso la ponía mucho más caliente. Al acabar me miraba a los ojos, suplicando que la dejara ir a coger otra vez con ese tipo. Me decía que necesitaba esa tremenda verga dura dentro de ella…

Sus súplicas me ponían frenético y entonces comenzaba a bombearla con toda mi bronca de saber que prefería otra verga a la mía. Pero Ana lloriqueaba diciendo que su ex jefe la había enviciado con el tamaño de su pija y la tremenda manera en que la había dominado esa tarde…

Me dijo que la ponía en cuatro y le metía unas tremendas estocadas violentas, que la hacían aullar como una perra en celo; pero ella en vez de sufrir o demostrar dolor, gritaba y suplicaba todavía por más y más…

A mí me excitaba sobremanera, porque esa era la idea: que Anita disfrutara su sexualidad al máximo.

Un día Ana me pidió que la acompañara a encontrarse con ese hombre y, de paso, podría conocerlo. Ella me aseguró que él no sabía nada sobre nuestro acuerdo; donde yo le daba vía libre para coger con otro hombre.

Fuimos hasta la oficina de su antiguo trabajo. Arturo nos recibió amablemente; aunque su cara no podía disimular una expresión de sorpresa al verme allí, acompañando a mi sensual esposa, como si yo no supiera nada de sus avances sobre ella, ni tampoco nada sobre la tremenda cogida que le había dado…

Mientras charlábamos animadamente, Ana pareció arrepentirse y dijo que debíamos retirarnos. Pero Arturo la convenció de quedarse un rato más. Le dijo que tenía algo para mostrarle a mi esposa y me pidió que esperara en su oficina, mientras él llevaba a Ana un par de pisos más abajo…a la sección administrativa, me aclaró.

Esperé por un largo rato y finalmente reaparecieron ambos.
El tal Arturo venía con cara de satisfacción y estaba muy relajado.
Mi esposa parecía estar algo turbada y hasta casi enfadada. Su cara estaba colorada y unas leves gotas de sudor perlaban su frente. Me pareció ver que caminaba con cierta dificultad. Me miró con una expresión de culpa y entonces supe que ese tipo se la había cogido otra vez, en algún baño, otra oficina vacía o en cualquier otro lugar de ese edificio.

Nos despedimos y, al llegar a nuestro auto, Anita me describió que su jefe la había llevado otra oficina cercana, que estaba desierta. La empujó contra un escritorio macizo y le bajó sus jeans hasta los tobillos. Le hizo abrir las piernas todo lo que pudo y enseguida la penetró desde atrás; dándole unas violentas embestidas, mientras le tapaba la boca para que ella no gritara.

Ana se humedeció enseguida y Arturo aprovechó para lubricar su pija con los fluidos de mi mujercita. Entonces sacó su verga de la concha y, antes de que Anita pudiera reaccionar, se la metió a fondo por el culo en una sola estocada; que le provocó un intenso dolor…

La aferró por las caderas y la embistió por un buen rato, sin escuchar las súplicas de mi esposa, diciendo que le estaba haciendo daño. Por fin acabó en el culo de Anita y se salió muy satisfecho.
En el camino de regreso; el muy hijo de puta le dijo a Ana que ya se había sacado las ganas con ella; ya que siempre había querido darle bien por el culo a mi delicada esposa. Ya no iba a insistir en verla nunca más.

Anita admitió estar decepcionada con este tipo; pero me advirtió que todo eso la había dejado muy caliente y que entonces iba a sacarse esa calentura conmigo, apenas llegáramos a casa.

Y tenía razón. Mi mujercita estaba más caliente que nunca y esa noche disfruté de su cuerpo como nunca; aunque no me permitió sodomizarla, ya que el culo le ardía demasiado…

Unos días más tarde Ana volvió a la carga, confesándome que seguía caliente con la verga de Arturo y ella no pensaba ceder así tan fácil…
Le aclaré que por mi parte no había problema; ella era libre de coger con quien se le antojara y yo no iba a enojarme por su elección.

Una tarde me pidió que la acompañara a comprar lencería erótica; pero me aclaró que sería para usarla solamente con su antiguo jefe. Eligió unos modelos realmente lujuriosos y mi verga comenzó a dolerme cuando pude ver su esbelto cuerpo probándoselos en el vestidor…

Un par de días después Anita apareció sorpresivamente por mi oficina.
Llevaba un vestido rojo muy entallado y corto, que dejaba ver sus piernas torneadas alucinantes. Su culo bien parado me incitaba a darle palmadas.

Se inclinó ante mí dándome la espalda; para mostrarme una diminuta tanga de seda negra que se perdía entre los firmes cachetes de su linda cola.

Era una visión alucinante. Cuando estiré mi mano para tocarla, ella la retiró, diciendo que ese cuerpo así entallado en ese estrecho vestido rojo lo iba a disfrutar solamente el tal Arturo. Le supliqué que me diera un adelanto, pero todo fue inútil. La vi salir de mi oficina balanceando sus caderas…

Yo me quedé allí sentado; con mi verga muy dura y otra vez con esa extraña sensación, mezcla de celos y excitación; pero sin poder evitarlo.

Esperé por Ana, pero ella no volvió a pasar por mi oficina.
Pasaron las horas y ella finalmente llegó a casa. Venía algo desarreglada, señal de la batalla sostenida con su macho…

Yo ya estaba en la cama y ella se desvistió frente a mí.
Había perdido la diminuta tanga negra en algún lugar. Las medias de nylon se veían desgarradas. Su cuerpo mostraba algunos rasguños y moretones.
Al inclinarse, pude ver que su entrada anal estaba bastante dilatada y dejaba salir semen todavía fresco. Ese hijo de puta realmente la había dejado bastante estropeada…

Ana se acostó a mi lado y me abrazó.
Comenzó relatando que su amante la había llevado a un hotel.
Apenas entraron a la habitación; él la atrajo sobre su cuerpo y le acarició las nalgas, mientras ella sentí crecer un bulto enorme contra sus labios vaginales. Arturo parecía estar más caliente que nunca.

Luego ella se quitó el vestido rojo y desfiló para él, solamente vistiendo la tanga y las sandalias de taco alto. Arturo también se desvistió, dejándole ver su tremenda verga y bien erecta.
La puso en cuatro apoyando sus manos en el borde de la cama. Le corrió a un lado la tanga y apoyó la cabeza enorme de su verga sobre los labios vaginales totalmente empapados.
Intentó meterla; pero la estrecha concha de mi mujercita se lo impidió. Insistió un poco y por fin la gruesa punta logró invadir el cuerpo de Ana.
Le bombeó la concha como loco; disfrutando los aullidos y gemidos que exhalaba Anita al sentirse tan bien cogida.
Ella se calentó mucho con las caricias de Arturo y las palabras sucias que él le susurraba al oído. Pronto Ana tuvo su primer orgasmo, muy intenso…

Arturo siguió embistiéndola con su verga, mostrándole su poder de macho.
Cuando él acabó; se la sacó enseguida y obligó a Anita a chupársela hasta dejarla limpia. Ella puso tantas ganas, que pronto esa verga estuvo dura otra vez para continuar.
Arturo volvió a ubicar a mi esposa en cuatro y enseguida se la mandó por el culo; esta vez sin lubricante ni dilatación previa. El dolor fue tan intenso para ella, que se desmayó a la tercera embestida.
Cuando despertó, su amante estaba acabando dentro de su culo.

Apenas terminó de relatarme cada detalle de su tremendo encuentro con Arturo, le pedí a Ana que me dejara cogerla, así caliente como estaba.
Ella abrió sus esbeltas piernas y yo zambullí mi pija dura entre sus labios vaginales, sintiéndolos empapados, llenos de semen de otro hombre.

Se la metí hasta el fondo y le pegué una cogida frenética, que pronto me hizo acabar dentro de esa delicada concha.
Mientras descansaba le pregunté cuándo tendría una próxima vez con ese hombre y Anita sonrió socarronamente.

Me dijo que sería pronto… muy pronto…
発行者 Anitaslut44
7年前
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