Lo que tejen las arañas (fragmento)
Había mucho de casi todo que no hacía desde harto tiempo sobrio; es una trampa perfecta el alcohol, y los ebrios somos parte de la máquina... pero después vamos a hablar de la máquina. Creo que hacía mucho que no cogía sobrio y estuvo bien, y estuvo muy raro. La verdad es que no me acuerdo -estoy justo en el medio de la telaraña- pero debía hacer mucho. Hubo algo más de sensitividad, y también de realidad en el acto, y desconocimiento; por momentos me sentía un poco ridículo moviéndome así como un a****l en celo, casi incómodo, pensando en qué estarías pensando vos ahí arriba o ahí abajo, si te darías cuenta de que me sentía un poco ridículo, desencajado. Quisiera acordarme si era así coger antes, o cuándo había sido la última vez al menos. Puede que el último encuentro con Luna haya estado sobrio, estoy bastante seguro, y sin embargo no me sentí así de raro, quizá porque nos conocíamos bien, y sin embargo ella no pudo terminar, tal vez fue una casualidad. Estoy cerca -y estar cerca es igual que estar a infinita distancia hasta que no estás ahí- de dejar de tomar. ¿Será así la vida de ahora en más, en el supuesto caso de que lo consiga? no estuvo nada mal igual ¿habrá terminado ella? Natalia nunca me mostraba nada pero siempre volvía -como los gatos- decía, supongo que para m*****arme porque tenía un par de gatos y no entendía mi insensibilidad hacia los a****les. Bueno, a veces me decía algunas cosas, pero como nunca me daba cuenta en qué momento terminaba para mí era como si no me dijera nada, qué relación más extraña, digo la mía, la que yo hacía, no la nuestra, aunque también...
Bajamos los cinco pisos por las escaleras, el ascensor no funcionaba como de costumbre, y enfilamos para el bar habitual, a sólo dos cuadras. Dejé que Natalia se adelantara unos metros para poder mirarla caminar en la noche desierta de Cretonia un martes a las dos de la mañana. Tenía una silueta hermosa, se movía con atrevimiento, provocativa, sacudiendo el culo con delicadeza. Un rato antes esa mujer increíble había estado en mi cama y ahora perturbaba el silencio de la noche con el arrastrar de sus pies embutidos en esas botitas roñosas. Unas horas antes, cuando aún estábamos sobrios en la cama, nos entregamos como nunca hasta entonces; el sexo con ella siempre había sido bueno pero esa noche fue distinto, no me importó ser una bestia en celo, poseído por momentos, y ella disfrutaba del sexo pero no terminaba si no usabas los dedos o con una buena chupada. Esa noche, que no hice ninguna de esas dos cosas, ocupado sólo en mi propio placer, me dijo al oído antes de despedirnos: -Fue la primera vez en mi vida que acabé sólo siendo penetrada por atrás-. Tenía veintisiete años y habría cogido con más de cien tipos, tal vez doscientos, y cuando menos me preocupé por ella consiguió lo que nunca hasta ese momento. Esa noche cogí con Natalia como nunca antes, y de paso, los dos, nos cogimos a la máquina.
Bajamos los cinco pisos por las escaleras, el ascensor no funcionaba como de costumbre, y enfilamos para el bar habitual, a sólo dos cuadras. Dejé que Natalia se adelantara unos metros para poder mirarla caminar en la noche desierta de Cretonia un martes a las dos de la mañana. Tenía una silueta hermosa, se movía con atrevimiento, provocativa, sacudiendo el culo con delicadeza. Un rato antes esa mujer increíble había estado en mi cama y ahora perturbaba el silencio de la noche con el arrastrar de sus pies embutidos en esas botitas roñosas. Unas horas antes, cuando aún estábamos sobrios en la cama, nos entregamos como nunca hasta entonces; el sexo con ella siempre había sido bueno pero esa noche fue distinto, no me importó ser una bestia en celo, poseído por momentos, y ella disfrutaba del sexo pero no terminaba si no usabas los dedos o con una buena chupada. Esa noche, que no hice ninguna de esas dos cosas, ocupado sólo en mi propio placer, me dijo al oído antes de despedirnos: -Fue la primera vez en mi vida que acabé sólo siendo penetrada por atrás-. Tenía veintisiete años y habría cogido con más de cien tipos, tal vez doscientos, y cuando menos me preocupé por ella consiguió lo que nunca hasta ese momento. Esa noche cogí con Natalia como nunca antes, y de paso, los dos, nos cogimos a la máquina.
7年前