Doña Rocío, la sirvienta. Tercera parte.

El resto de la mañana fue más distendido. Estuve en la habitación intentando estudiar, pero poco me cundió. Era viernes, y era inevitable que esperase que llegara el lunes siguiente. No sé las pajas que me debí hacer ese fin de semana pensando en la situación y el escote de Rocío, pero no se me iba de la cabeza.

El lunes llegó, y me desperté antes de que se fueran mis padres. En cuanto salieron por la puerta, cogí mi silla de ruedas con cuidado de no apoyar la pierna, y me fui al baño para hacer un pis. Luego me tumbé en la banqueta, y recordando el viernes anterior, me hice una paja que me supo a gloria. Regresé a la cama, y caí dormido como un angelito.

De pronto me desperté, y escuché ruido por la planta de arriba. Miré el reloj, y ya eran más de las diez de la mañana. Tanto frenesí de pajas me había dejado exhausto.

- ¿Rocío?- La llamé, y al instante apareció. Estaba radiante, a pesar de esa ropa amplia que se ponía para trabajar.

- Buenos días, Javier. Te vi tan dormido, que no quise despertarte.

- Sí, me levanté a hacer pis, y me he quedado luego dormido.

- Voy a por tu desayuno, y ahora te ayudo a levantarte.

- Muchas gracias.

Dejó el desayuno en mi mesa de estudio, y se acercó para ayudarme a incorporarme y sentarme en la silla. Aunque yo podía haberlo hecho solo, preferí seguir dejando que me ayudar, así tenía excusa para sentir su cuerpo junto al mío.

Una vez acabé de desayunar, salí con mi silla de la habitación rumbo al cuarto de baño, y no hizo falta que llamara a Rocío, ya estaba ella pendiente para acabar de empujar la silla y llevarme al baño. Me acercó el cepillo, y también la maquinilla de afeitar sin necesidad de decirle nada, ya que llevaba desde el viernes sin afeitar, y no era normal en mí tener esos pelajos en la cara, dando por hecho que me afeitaría. Ella, mientras tanto, se fue a mi habitación para dejarla arreglada.

En cuanto apagué la maquinilla de afeitar, apareció con mi ropa.

- Venga, Javier, que te ayudo y te lavo el pelo.

Sin decir nada yo ya me había quitado la parte de arriba del pijama, mientras ella acercaba el banco del baño a la bañera. Me ayudó a sentarme, me tumbé dejando la cabeza sobre la bañera, apoyando la pierna en la silla de ruedas para que estuviera en alto. Tomó mi pelo, y me lo lavó con una gran delicadeza. Luego me lo secó un poco, y antes de incorporarme, me desnudó de cintura hacia abajo. Mi polla en aquel momento ya estaba tomando tamaño, pero se contenía aún. Primero lavó mi espalda y me la aclaró, así me podía tumbar y lavarme las piernas y el cuerpo.

Su mano comenzó a recorrer mi cuerpo, mientras ella me hablaba de cosas sin la ***** importancia para mí, y yo intentaba adivinar la forma de sus pechos ante esa camisola que tanto los disimulaba. Mi polla se puso a mil, ella la miró, pero no dijo nada.

Luego bajó a mis piernas, y comenzó a lavármelas, me levantó un poco la pierna buena para limpiar mis nalgas y mi culito, y yo dejé que mi rodilla tocase su pecho. Mi polla estaba en su máximo esplendor.

- Bueno, ahora me toca ese pito tan contento que tienes, así que pórtate bien, Javier.

- Si yo me porto bien. Solo que se pone contento de lo bien que me trata una dama tan bonita.

- Anda, y deja de decir bobadas.

Me enjabonó mis testículos, y luego tomó mi polla con su mano izquierda, y me la frotó sin los reparos de otros días.

Luego comenzó a aclarar mi cuerpo poco a poco, ya que con una esponja cuesta aclarar. A continuación continuó con mis piernas, y mi miembro seguía duro a más no poder.

- Bueno, Javier, ahora me toca aclararte ahí, así que a ver si hoy lo llevas mejor.

- Pero si yo lo llevo bien, solo que no soy de piedra.

- Ya sabes a qué me refiero.

- Perdona, Rocío. Pensé que no te había m*****ado lo del otro día.

- Entiende que no está bien lo que te hice. Qué dirán tus padres si se enteran.

- No se preocupe, yo no voy a decir nada, pero tampoco quiero que haga nada desagradable para usted. Perdone, quizás me dejé llevar y no me di cuenta que para usted fue una situación lamentable y muy desagradable.

- Javier, no digas eso. No fue eso, simplemente entiende que yo tengo otra educación, aunque si te digo un secreto, me picó mucho la curiosidad el otro día. Espero que no hayas pensado que fui una fresca.

- Si usted hubiera sido una fresca, no la hubiera dejado tocarme. Eso es lo que me gusta de usted, que es buena persona, a parte de estar muy buena.- Y me eché a reír al decirlo.

- Anda, y deja de decir tanta bobada, muchacho.

Agarró mi miembro, y me comentó a aclarar con agua. Solté un gemido de placer.

- Pero, Javier, ya veo que te está gustando mucho esto de que te lave tus partes.

- A mí me encanta, pero si le m*****a, no lo haga.

- Y dale con que me m*****a. Anda, y túmbate.

Agarró mi polla dura, y una vez acabó de aclararme entre respiraciones fuertes que soltaba al pasar por mi glande. Luego me la secó, y con la toalla fue secando primero mi cuerpo, y luego mis piernas. Cuando llegó a mi culo, levantó mi pierna buena, y metió la mano para secar mis nalgas, y con los dedos empujando la toalla, los metió por mi raja, y al llegar a mi ano, mi polla pegó un bote de placer. Yo creo que lo hizo adrede, al ver el día anterior que respondía a ese estímulo.

Luego se levantó, tomó la esponja, y aclaró varias veces mi bello público, mientras con la mano izquierda la sujetaba. Acto seguido aclaró mi miembro, entre suspiros de placer.

- Sigue, por favor, Rocío. No me dejes así.

Esta vez Rocío no dijo nada, se puso de rodillas junto a mí, y con la mano derecha comenzó a pajearme como lo había hecho el día anterior. Yo disfrutaba como un loco, pero solo quería aguantar y alargar aquél momento. La mano de la sirvienta se cansó, así que cambió a la izquierda, con la que era menos ducha, para una vez recuperada, volver con la derecha.

- Pues si que aguantas hoy, muchacho.

- Continúe, pero más despacio, estoy disfrutando tanto.- Le dije entre respiraciones de placer, mientras apoyaba una mano en su hombro izquierdo.

Mi mano comenzó a acariciar su hombro. Mis dedos se deslizaron para masajear su cuello, y, acto seguido, su mano se tornó más suave y menos brusca. Bajó el ritmo, y sus dedos comenzaron a jugar con mi polla. Parece que ahora ella también disfrutaba del momento. Bajé suavemente, por la espalda, subiendo de nuevo para acariciar su nuca, metiendo los dedos entre su pelo. La miré, y tenía los ojos cerrados, mientras sus dedos seguían jugando con mi pene, que estaba tan caliente, que goteaba humedad por la punta.

Mis dedos acariciaron el lóbulo de su oreja, bajando por el lateral de su cuello, y ella lo giró levemente de lado por el placer de sentirles sobre esa piel tan suave. Era un momento tan intenso. Ambos respirando y tratándonos con suavidad.

Agarró mi miembro, y comenzó a subir y bajar su mano muy lentamente, provocando en mí respiraciones más intensas. Sin darme cuenta, mi mano fue bajando por su pecho, acariciando por encima de la camisola la parte superior de su músculo pectoral. Al ver que ella no oponía resistencia, fui bajando poco a poco, y mis dedos rozaban con suavidad el borde superior del sujetador, dejándome ella tocar la parte alta de sus tetas. Continuaba con los cerrados, y su mano llevaba un ritmo lento y delicado sobre mi falo.

Era maravilloso poder sentir ese borde de su prenda interior. Fui desplazando poco a poco la yema de mis dedos hacia su escote, y mis dedos chocaron contra un botón de su camisola. Entonces ella levantó su brazo izquierdo por encima de mi brazo, y en un suave gesto, con los ojos cerrados, desabotono la parte superior de su camisola, dando paso para mis dedos pudieran tocar la piel de su escote, y la dulce y delicada piel que asomaba por encima del sujetador.

Su mano bajó el ritmo, y sus dedos recorrían mi miembro al ritmo que yo acariciaba la piel de su escote. Su mano izquierda pasó por debajo de mi brazo, y acabó de desabotonar su camisola. Yo miraba, y ella continuaba con sus ojos cerrados. La camisola se abrió, y pude ver un sujetador color blanco y unos pechos inmensos tapados por esa prenda. Mi polla dio un pequeño latido ante tan maravillosa vista. Introduje un poco mis dedos por dentro del sujetador, acariciando su pecho izquierdo, pero la tensión de la tela no daba más paso, así que los saqué, y delicadamente pasé mi mano por encima de sus pechos, sintiendo esa tela maravillosa que los cubría. Mi mano llegó a una zona donde se notaba una parte de su piel más dura. Era la primera vez que acariciaba un pezón, y qué mejor manera que comenzar con aquella maravillosa mujer. Al sentir como se lo surcaba con mis dedos, ella suspiró ligeramente.

Su reacción provocó en mí un descontrol, y polla comenzó a latir con fuerza, no pudiendo retener más el orgasmo. Disfrutando, pero a la vez contrariado por no haber podido alargar más ese maravilloso instante. Aún con la mano en su pecho, mi miembro seguí latiendo entre su deliciosa mano, y soltando apenas unas gotas de semen sobre mi cuerpo.

Ella se incorporó, dejando ver esos maravillosos pechos cubiertos por su sujetador blanco, donde se intuían los pezones erectos y marcados sobre la tela. Tristemente se comenzó a abotonar.

- No está bien esto que hemos hecho. Habrás pensado que soy una ligera. No sé qué me ha pasado.

- Nunca pensaría que ha sido usted una fresca. Ha sido todo tan tierno. Muchas gracias, Rocío. Es usted tan buena.

- Me siento sucia por lo que he hecho. Podrías ser mi hijo.

- Pero no lo soy. No se sienta así, solo ha sido un momento mágico y lleno de ternura. Muchas gracias, Rocío. Es usted una mujer excepcional.

- No sé qué me ha pasado.

- ¿Pero se ha sentido usted mal mientras nos dábamos caricias?

- Para nada. Al contrario, he sentido mucha paz. Nunca me habían tratado con tanta delicadeza. Pero esto no está bien, Javier.

- No lo pienses más, Rocío. Solo hay que quedarse con lo bueno.

Tomó un poco de papel de baño, limpió las escasas gotas de semen. Y empezó a mirar alrededor, para ver si había más.

- No busque más. Solo ha salido esto.

- ¿No te gustó lo que te hice?

- Sí, mucho. Pero es que ayer y hoy descargué varias veces, y es normal que salga poco.

- ¿Y eso? ¿Por qué has descargado varias veces? No será por mi culpa.

- Reconozco que pensé en usted, pero lo hice para ver si evitaba verme empalmado, y así evitarle lo que yo pensaba que para usted era una visión desagradable.- Le dije, mintiendo, ya que realmente sí quería que me viera empalmado, y solo lo hacía para desahogar y poder aguantar más si me tocaba.

- No te preocupes, Javier. Estoy descolocada, porque reconozco que no es desagradable verte desnudo. Eres un sol de muchacho, y muy tierno. No como mi marido, que nunca me ha tratado con delicadeza. Seguro que, cuando seas más mayor, harás a una mujer muy feliz. No cambies nunca, Javier.

- Muchas gracias. Usted también es muy buena.

- No me siento así ahora mismo.- Y se echó a llorar.

- Ven aquí, Rocío. Siéntate a mi lado.- Se colocó a mi lado, y la di un abrazo lleno de ternura.

- No digas bobadas, Rocío, y vamos a seguir haciendo nuestras cosas, que un momento tan bonito no se merece estropearlo con palabras tontas. Cada uno tenemos nuestra vida, yo no quiero complicarte la tuya, y tú tampoco a mí. Esto solo ha sido un momento de amistad, y de ayudarnos uno al otro. Muchas gracias, Rocío.

- Muchas gracias a ti, Javier, por ser tan buen chico y tan tierno conmigo. De verdad que me llegan al alma tus palabras y como me has tratado.

Pocos días recuerdo tan especiales y con esa sensación de paz tan grande. Sentía haber llegado al alma de una persona. A pesar de la diferencia de edad, de la clase social, perteneciendo a dos mundos tan diferentes, era precioso ver que, con sentimiento, aunque fuera por un instante, las personas podemos sentirnos tan cerca y olvidar todos los tabú o reglas que nos impone la sociedad. Aquel día fue muy especial, y me di cuenta que a las personas, y especialmente a las mujeres, hay que tratarlas con sentimiento y buen corazón, y es como se llega a conquistar una parte de su corazón, aunque los destinos en el futuro hagan que tomemos rumbos diferentes.

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発行者 Sensual1972
7年前
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