Una fiesta de casamiento inolvidable

Mi delicada mujercita regresó muy contenta y bastante excitada esa tarde desde su trabajo. Me contó que su gran amiga de la escuela secundaria, Gabriela, iba a casarse por segunda vez y Ana se sentía muy feliz por ella.

La boda estaba programada para dos semanas más tarde. Finalmente ese día llegó y me encontré que mi esposa estaba excitada y caliente como nunca. Durante el día, cada vez que ella podía, me acariciaba la verga por encima de mis pantalones. Me dijo que yo no olvidaría nunca esa noche.

Anita había depilado su linda concha para la gran ocasión: me dijo que quería estar lista para cualquiera cosa; pero eso no lo terminé de entender.

El vestido rojo elegido era muy sexy, de corte bajo en la espalda y bastante breve. Parecía más apto para una cita amorosa bien caliente que para una ceremonia formal de casamiento…

Ni siquiera se puso una tanga; me dijo que no quería ver que se le marcara debajo de esa tela tan ajustada al cuerpo; tampoco llevaría corpiño…

Por la tarde al anochecer, salimos rumbo a la Iglesia. Era un lugar enorme y estaba casi vacío, ya que mucha gente estaba afuera esperando a la novia. Entre ellos, estaba mi sensual esposa.

Me senté cerca del fondo; muy cerca de un grupo de tres hombres que hablaban jocosamente en voz alta. Uno de ellos, llamado Alberto, comentaba a los otros dos que había sido compañero en la escuela secundaria de Gabriela y su amiga Anita.
Me imaginé que se refería a mi esposa. Un rato después comenzó a describir cómo se cogía a Anita y que era una verdadera puta imposible de complacer y dejar satisfecha, a pesar de los polvos que le echaba…

Me imaginé que el tipo estaba alardeando frente a sus dos amigos y entonces decidí darle a mi adorada esposa el beneficio de la duda…

Luego de la ceremonia religiosa encontré a Ana y nos dirigimos en auto hacia un salón apartado varios kilómetros de allí. Mientras manejaba, mi sensual mujercita seguía bastante caliente y se dedicó a lamer mi verga dura. Antes de llegar estuvimos en riesgo de estrellarnos con el auto en el camino…

Apenas llegamos al lugar de la recepción, Ana y yo nos mezclamos con los demás invitados. Yo encontré un grupo de tipos fanáticos del fútbol y entonces nos enfrascamos en una reñida discusión y un feroz debate.

Mientras, podía ver a mi esposa bailar con un par de hombres, quienes aprovechaban cada oportunidad en los temas lentos, para abrazar a Ana y acariciar ese formidable culo que se le marcaba tan bien dentro de su atrevido vestido rojo, tan ajustado a su cuerpo.

Después de un par de horas de discutir y beber sin demasiado control, yo me sentía muy bien y animado. Entonces Gabriela, la novia, apareció por mi mesa y aproveché para saludarla. Ya se había cambiado el vestido de bodas y ahora lucía un modelo muy parecido al de Anita. Era tan ajustado, que podía adivinar sus pezones erectos bajo la fina tela de ese vestido.
Envidié al novio, que esa misma noche iba a comerse ese caramelo…

Cuando Gabriela se fue a otra mesa, busqué con la mirada a mi esposa y la encontré bailando con este flaco, Alberto, el mismo que había alardeado con sus amigos acerca de las bondades sexuales de mi mujercita.
Ana estaba sonriendo y moviéndose sugestivamente; lo cual me preocupó un poco, pensando que donde hubo fuego, cenizas quedan…

Me levanté de mi asiento y me dirigí hacia ellos. Al verme cerca, Ana se separó de su musculoso acompañante y me presentó. El flaco me tendió su mano, diciendo que Anita y él siempre habían sido buenos amigos. Recalcó sus palabras, para que yo supiera que todavía lo eran…

Le dije a mi esposa que estaba discutiendo con otros invitados sobre fútbol y ella entonces sonrió con cierto alivio. Me preguntó si no me importaba que ella bailara con su viejo amigo un rato más.
Bajé la vista y encontré que la mano de Alberto estaba posada en la cadera de mi mujer y desde allí se movía hacia abajo, para acariciarle la cola por encima de su breve vestido.

Entonces le contesté a Ana que estaba todo bien para mí.

Me senté otra vez, pero sin dejar de observarlos. Cada tanto, la mano de ese tipo se deslizaba acariciando la cola de Anita.

Me distraje discutiendo de fútbol y una hora más tarde volví a buscar a Anita con la mirada, pero no la pude encontrar en el salón principal.

Justo me crucé con su amiga Gabriela y supuse que ella sabría dónde podía encontrar a mi mujercita. Ella sonrió y me dijo que Ana estaría seguramente afuera, pasándolo bien…
Entonces caí en la cuenta que este flaco Alberto tampoco estaba a la vista.

Decidí ir afuera para ver en qué andaba Anita. Busqué alrededor del edificio y finalmente me dirigí al estacionamiento; que limitaba con un frondoso bosque de pinos.

Al llegar, pude ver de lejos a los dos hombres que estaban con Alberto en la Iglesia. Estaban fumando, junto a una camioneta estacionada allí.

Al acercarme a ellos, pude escuchar que estaban riendo y comentando cómo Alberto se estaba cogiendo a esa puta casada en la parte de atrás de esa camioneta…

Entonces noté que decían la verdad: la camioneta se estaba moviendo suavemente y unas voces apagadas podían oírse en el interior…
Yo todavía dudaba que Ana pudiera estar allí adentro; hasta que pude oír claramente su sedosa voz, diciendo que había encontrado una linda verga.

Uno de los flacos me vio interesado en lo que sucedía en el interior; entonces me dijo que podía ir después de él, si yo quería disfrutar esa puta.

Me enfurecí un poco, pensando que estaba en ese estacionamiento, mientras un desconocido estaba a punto de cogerse a mi delicada esposa. De todas maneras, sentía que mi propia verga estaba a punto de explotar con tanta excitación y calentura.

De repente la camioneta comenzó a sacudirse bastante y pude escuchar a Alberto, preguntándole a mi esposa si le gustaba esa verga dura enterrada en el fondo de su concha caliente y húmeda. Ana respondió gimiendo y aullando de placer…

La camioneta comenzó a moverse cada vez más y pronto escuché a Alberto gruñendo alto, anunciando que estaba a punto de acabar. Ana entonces gritó que ella quería sentir ese semen caliente dentro de ella y le suplicó casi llorando que le llenara la concha…

Un par de minutos después se abrieron las puertas traseras. Me escondí en las sombras de los árboles, para que Alberto no pudiera verme.
Las luces interiores estaban encendidas y pude ver a mi esposa allí adentro; estaba desnuda, usando solamente sus sandalias de taco alto.

Alberto se vistió y les dijo a sus amigos que iría adentro por un trago. Agregó que podían entretenerse un rato con mi esposa, pero sin darle por el culo, porque lo tenía reservado para él…

Apenas ese turro se alejó, mi sensual esposa miró a los dos flacos que la estaban comiendo con los ojos y abrió sus piernas para ellos. Insertó un dedo entre sus labios vaginales dilatados y se acarició el clítoris…

Luego sonrió y le hizo un gesto de invitación a uno de ellos, llamado David, quien trepó a la camioneta sin dudar un instante.
Ana comenzó a besuquearlo, sin dejar de hundir sus propios dedos en su concha ardiente.

El tipo no perdió tiempo para quitarse la ropa; simplemente sacó su verga y se la ofreció a mi mujercita; quien la tomó entre sus manos. Esa pija enseguida creció de manera asombrosa y entonces Ana abrió su hambrienta boca húmeda, para tragársela por completo…

Observé con mucha bronca, mientras Ana dedicaba toda su habilidad oral para lamer y chupar esa verga de otro hombre desconocido.

David jugueteó con las tetas de mi esposa, mientras ella le chupaba la pija. De repente Anita le hundió un dedo en el culo a su acompañante, sin dejar de comerse la verga. Entonces el tal David anunció a gritos que estaba por acabar. Mi sensual esposa entonces ronroneó, suplicándole que acabara en su cara.
El flaco tomó la punta de su pija y le apuntó directamente al rostro de mi esposa. Enseguida explotó, sobre su bella cara, mientras ella seguía metiéndose sus dedos furiosamente dentro de su concha hambrienta…

Después de descargar su semen sobre Ana, el tipo se vistió y salió de la camioneta. El tercer hombre se desvistió a las apuradas y pude ver que su pija era realmente enorme; bastante más larga y gruesa que la mía.

Me miró de reojo, comentando que esa puta casada ahora iba a sentir una verdadera verga dentro de su concha caliente…

Entonces escuché a Anita preguntando quién era el próximo…
El tipo trepó dentro con ella y pude ver que mi esposa comenzaba a lamer esa verga, tratando de metérsela dentro de su boca, mientras él la acariciaba por todos los rincones.
Ella hizo todo lo que pudo para tragar esa verga entera, pero fue imposible.

Ana le suplicó que le cogiera la boca y él comenzó a bombear sin piedad.
Ella se atragantó varias veces, pero siguió adelante hasta que el tipo le pidió tregua, ya que estaba a punto de acabar.

Mi sensual mujercita le dijo que necesitaba esa verga dentro de su concha. Entonces él sonrió y la hizo girar, hasta apoyarse en sus manos y rodillas.
Esa posición me permitía una vista perfecta de su culo y su concha humedecida; mientras el flaco se preparaba para cogerla al estilo perrito.

Enseguida se ubicó a espaldas de Ana y, tomando su verga, comenzó a pasarla rozando la punta contra los labios vaginales expuestos de ella.
Mi mujercita comenzó a gemir, lloriquear y suplicar para que dejara de provocarla y se la hundiera por fin hasta el fondo…

Pero él parecía disfrutar mucho de hacer desear a mi esposa; por eso continuó rozando esa cabeza sobre la labia. Ana seguía suplicando…

Finalmente, con un increíble empujón, el flaco le hundió la verga casi por completo y comenzó a bombearla de manera brutal; sin misericordia. Ana gritaba en una mezcla de dolor y placer; sintiéndose invadida por semejante pedazo de pija.
Yo seguía de pie afuera, haciéndome una tremenda paja mientras no perdía detalle de la brutal cogida que le estaban dando a mi esposa. Ella aullaba como loca y la camioneta se sacudía como nunca.
Tan concentrado me encontraba en mi propio placer, que no note nada hasta que sentí una mano apoyándose en mi hombre. Era Gabriela, que me sonreía y miraba directo a mi verga endurecida…

Ella me preguntó qué pensaba ahora yo de mi dulce e inocente mujercita. Sin esperar mi respuesta, alargó su delicada mano y tomó mi pija.
Me pajeó con suavidad, mientras ambos mirábamos a ese tercer hombre azotando las nalgas de Ana sin dejar de bombearle la concha con furia. Ana seguía suplicando que le azotara el culo todavía más duro…

De repente Gabriela se puso en cuclillas frente a mí y rápidamente metió mi verga entre sus sensuales labios rojos. Al mismo tiempo, me hundió su dedo mayor hasta el fondo de mi culo. Eso me hizo explotar en menos de un minuto y le llené la garganta con mi semen caliente.

Gabriela sonrió y me agradeció por el aperitivo. Luego me besó con dulzura y regresó a la fiesta. Otra vez observe a ese flaco azotando la cola a mi esposa, mientras le llenaba la concha de leche, gritando como loco.

Anita tuvo un masivo orgasmo en ese mismo momento y después cayó hacia adelante, con su cuerpo temblando sin control. Pude ver una abundante cantidad de semen saliendo de sus labios vaginales inflamados.

Ya había visto lo suficiente por una sola noche; así que me vestí y regresé a la fiesta. Encontré a Alberto, quien me dijo directamente si yo estaba de acuerdo en permitirle a él y sus amigos venir a mi casa, para cogerse a mi esposa cuando ellos quisieran…

Con cara de sorpresa, le pregunté si Anita estaría de acuerdo con semejante propuesta y él me respondió que ya estaba todo arreglado…

Al aceptar, Alberto sonrió y me pidió que lo acompañara otra vez al estacionamiento. Al llegar, se desnudó por completo y trepó a la camioneta. Anita le sonrió y Alberto le ordenó que le chupara la pija.

Después le dijo a mi esposa que iba a cogerla por el culo, mientras su amigo David disfrutaba de su concha ardiente. Ana gimió encantada…

Observé que ella trepaba sobre el vientre de David y se empalaba en esa gruesa verga que la esperaba con ansiedad. Comenzó a cabalgar sobre David, mientras él le lamia los pezones erectos.

Alberto sacó de algún lugar un tubo de vaselina y esparció una generosa cantidad sobre la raja de mi esposa. Le hundió un par de dedos en el estrecho orificio trasero de Ana, que gimió de placer al sentirlos…

Enseguida hundió su enorme verga despacio, traspasando el apretado esfínter de Ana; llegando casi hasta el fondo de su ano.
Mi delicada esposa gimió, gruñó y aulló de placer, mientras era cogida por sus dos orificios al mismo tiempo.
Ambos hombres la bombearon durante unos diez minutos, hasta que acabaron simultáneamente, llenando a mi dulce mujercita con semen; mientras ella aullaba y gritaba de placer

Después de que esos hombres se fueron bien satisfechos; mi esposa siguió recuperando el aire dentro de la camioneta. Decidí subir en la parte de atrás con ella; a disfrutar mi turno en su abusado cuerpo.

Anita no se sorprendió al verme; después de todo, me había advertido que yo no olvidaría aquella noche… y tenía razón…


発行者 Anitaslut44
7年前
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