Un Día en el Metro
Así, en una ocasión, Iba en un tedioso viaje de metro. Había pocos pasajeros y yo iba sentado en el extremo de una fila lateral. Me quedé medio adormilado, hasta que el vagón fue llenándose de gente. Delante de mí se situó un hombre grandote y casi sesentón. Sus brazos se veían robustos y peludos en la camisa de manga corta y además, al sujetarse a la barra superior con uno de ellos levantado, la camisa subía descubriendo el ombligo sombreado de vello. El paquete le quedaba justo a mi alcance y tuve unas ganas tremendas de echarle mano. El hombre miró hacia abajo y sonrió ante la expresión de mi cara. Con los empujones que iba dando la gente al tratar de buscar encaje, llegó casi a meter las piernas entre mis rodillas, con lo que el paquete se me aproximaba cada vez más. No debía llevar un boxer ajustado porque el bulto, cargado hacia un lado, parecía bastante suelto. El brazo libre osciló para llevar la mano al paquete, que tocó de forma que marcara el contorno de la pene. Era evidente que se le estaba poniendo dura y, en mi impotencia ante la provocación, se me llenaba la boca de saliva. Como en la posición esquinada en que estábamos nadie más que yo podía ver su manipulación, el hombre se lo pasaba en grande luciendo la gordura de su pene. Hasta apareció una manchita húmeda en el pantalón. Cuando se dio por satisfecho, se la soltó, volvió a dedicarme una sonrisa sarcástica y se abrió paso en dirección a la puerta. En la siguiente parada desapareció de mi vista.
7年前