Historia playera para Sara2044

Mi nombre es Sara y me gustaría contaros una historia que me ocurrió no hace mucho.
Era un día cualquiera de abril y por fin tenía un poco de descanso. Ya me hacía falta, demasiado ocupada con demasiadas cosas, sin un minuto de respiro. Apenas había tenido tiempo para mí misma, ni un solo día en los últimos meses, y entonces lo vi claro: tenía que relajarme un poco o acabaría ahogándome en mi propio estrés.

Así, cancelé todas las citas y tareas que tenía en la agenda para el día siguiente, y aprovechando que daban un día de sol, uno de los primeros después del invierno frío y seco que hemos tenido, agarré la toalla y me fui temprano a la playa.

Pero no a una playa cualquiera, sino que necesitaba desahogarme, relajarme y al mismo tiempo aprovechar que era uno de los primeros días de auténtico calor, por lo que decidí ir a una playa… nudista.
No era la primera vez ya que estoy a favor de la liberación de la mujer y una de las bases es la liberación del cuerpo, totalmente y sin rubor ninguno. También seguramente afecta el que me encanta exhibir mi cuerpo, que me produce una satisfacción y un calentón que no puedo explicar. El saber que cualquier persona me puede ver tal y como vine a este mundo, deleitándose en todos los rincones de mi cuerpo hace que mi ****** hierva y mi corazón se acelere. Y para que mentir, tengo un cuerpo que no tiene nada que envidiar al de las modelos: figura delgada, piernas largas y un pecho respingón un culo prieto y redondeado resultado del gimnasio y de mis dulces 18 añitos aún a pesar de mi pequeña estatura de apenas 1,65 metros, por lo que si normalmente ya la gente se me queda mirando por la calle cuando voy vestida, imaginaros cuando estoy desnuda…






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Con la idea de poder disfrutar del sol, y además poder darme la satisfacción de quedarme desnuda delante de cualquiera, me fui a una pequeña calita nudista donde esperaba poder tener algo de tranquilidad y de privacidad, por no ser muy conocida y estar en mitad de la nada apartado de las playas más famosas.
Para ir me puse mi bikini preferido, el blanco pequeño con lazos en los lados que tanto me gusta porque cuando me baño se me transparenta completamente y se deja entrever mis pezones y mis labios de ahí abajo... ¿Acaso no dije ya que soy un poco exhibicionista?

Con esa idea en mente, llegué a la playa y tal y como esperaba de un día entre semana, apenas había nadie, por lo que busqué un lugar cómodo y refugiado del poco viento que hacía detrás de una pequeña duna. Sólo faltaba quitarme la ropa, ese momento tan liberador como erótico.
Ya por el camino me había cruzado con varios hombres cuarentones e incluso abuelos que desde detrás de su gafas de sol no me quitaban ojo y me desnudaban con la mirada, quizás incluso con ideas más perversas en mente. Eran hombres asquerosos que sólo les faltaba babear, y juraría que más de uno echo mano a su herramienta mientras pasaba a su lado. También me soltaron algún que otro “piropo” que traté de ignorar, pero os aseguro que todo eso me puso a cien. El pensar que esos cerdos babosos se imaginaban mil formas obscenas de poseerme y que incluso se masturbarían pensando en mi cuerpo y que esa noche follarían como hacía mucho tiempo que no lo hacían con sus mujeres imaginándose a mí en la cama.

Ya iba a cien por lo que mi cabeza daba vueltas mientras empecé a quitarme la ropa, y ahí fue cuando lo vi.
Un hombre cerca de los cuarenta años, depilado, con un cuerpo machacado en el gimnasio seguramente resultado de alguna crisis de edad que le daba un aire macarra, de tez morena y pelo corto estilo militar que con los brazos cruzados no me quitaba ojo con sus gafas de aviador. Le estaba haciendo un show privado, un striptease gratuito y se notaba que lo estaba disfrutando. ¡Tanto que incluso se acercaba para tener mejores vistas! Por un momento paré justo cuando iba a desabrocharme la parte de abajo del bikini y me quedé mirando para él con cara de asco, pero aún roja por todo lo que mi mente se estaba imaginando.
Su reacción fue de simple y llana indiferencia. Se acercó un poco más y apenas a 5 metros mía se quedó parado mirando hacia mí, con su polla bien dura que no pude mirar de reojo ya que era bien grande y tenía toda la zona depilada. Para ser tan mayor se cuidaba bien…

- “No te cortes. Tú a lo tuyo que yo estoy admirando las vistas” – me dijo con voz calmada, ¡con toda la cara del mundo!

Me quedé de piedra sin saber qué hacer, pero entonces decidí que si quería un show, ¡le haría el mejor que había visto en su vida! Había venido ahí para relajarme y divertirme, quizás podría hacer las dos cosas a costa de este cerdo asqueroso.

Le sonreí de forma pícara y empecé a desabrochar la parte de abajo del bikini, pero de la forma más exageradamente sensual que se me ocurrió: fui lazo a lazo, mientras le miraba a los ojos, poniendo el culo respingón hacia él, con cara de niñita que no ha roto un plato en su vida. Luego quité el otro lazo mientras ponía un dedo de forma erótica en mi labio, para al final bajarme lentamente la braguita mientras me agachaba de espaldas a él haciendo que viera lo mejor de mi culito mientras me mordía los labios, para cuando estaba por los tobillos me podía ver absolutamente todo, mi culo y mi coño que para entonces empezaba a humedecerse. Y para no perder fuelle, al quitármelo me di un cachete en una de las nalgas y luego las agarré para que tuviera mejor vista.

Fue lo mejor que se me ocurrió en el momento, pero parece que surtió efecto, ya que empecé a notar que salían ligeros resoplidos de su boca y se podía apreciar claramente el palpitar de su pollón como si estuviera a punto de explotar.






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Ya una vez desnuda y viendo que mi pequeño striptease había tenido éxito, me di la vuelta para que me viera de pies a cabeza con mi entrepierna bien rasurada y regodearme en mi éxito viendo su polla bien dura. Sin quitarle ojo, me tumbé boca arriba en la toalla mirando hacia él y abriendo bien mis piernas dejando nada al a imaginación.
Para entonces el cuarentón empezaba a acariciar su pene de forma tranquila como calmando a la fiera. Sonreí, pero un jadeo me devolvió a mi realidad para darme cuenta que no era el único que estaba allí, y que mientras me desnudaba se habían reunido más babosos que sin ningún tipo de pudor estaba masturbándose a mi alrededor.
Entré en pánico, lo reconozco, ya que aunque quizás en otra circunstancia y en más de una fantasía me hubiera encantado esa escena, recogí todo y tapándome con la toalla me marché a toda prisa a tiempo para escuchar como al menos uno de los abuelos se corría de forma masiva…

Camine un buen rato hasta que me tranquilicé un poco y encontré un pequeño hueco entre dunas donde me podía poner sin que nadie me viera. Me senté y después de calmarme un poco decidí darme un baño, para bajar el calentón y la vergüenza del momento.

El baño me vino genial, e incluso aproveché para tocarme un poco debajo del agua y salir un poco más satisfecha, que con el agua recorriendo mi cuerpo que todavía estaba calentorro, con los pezones bien duros y mi cara sonrojada tuvo que ser una escena bien buena. Lo que no sabía y descubrí hasta más tarde, era que el hombre de antes también la contempló pues después de que huyera de forma tan repentina salió en mi búsqueda.

De todas formas yo no lo vi y me dirigí a mi nuevo puesto, a salvo de miradas indiscretas. Y fue esa presunción, el saber que nadie podría verme y todo lo que había pasado, que empecé a imaginarme lo que me harían todos aquellos hombres si me hubiera quedado. Mi mente empezó a imaginarse todo tipo de escenas, desde un gangbang a un bukkake, y de repente la idea de tragarme el semen de todos esos viejos no me pareció tan mala idea. Con esas imágenes en la cabeza y la sensación de seguridad de estar en un lugar recogido mis dedos se movieron solos y empezaron a masajear mi cuerpo entero, parando en los pechos, pinchando los pezones y acariciando mi vulva. Cerré los ojos y empecé a disfrutar de una buena sesión de masturbación desnuda en la playa, y ¡vaya si la disfruté!
Empecé a jadear, me imaginaba a todos esos cerdos acechándome y forzándome a comerles sus sucias pollas, a que me tocaban por todo el cuerpo y me agarraban y se restregaban contra todas las partes de mi cuerpo, para luego, “él”, el cuarentón de gimnasio con pinta de chico malo, tomara la iniciativa y me penetrara, pero no de forma suave, sino fuerte y hasta el fondo, empotrándome contra la toalla mientras todos los demás utilizaban mi boca, mis manos, mis pies… en fin, todo mi cuerpo para su disfrute. Mientras me masturbaba cada vez más fuerte pensando en todo ello y en las mil y una formas en que me violarían esos babosos me iba cambiando de postura: boca arriba, luego a cuatro patas, de lado… Cerré los ojos y me dejé llevar, era mi momento de relajarme, para esto había venido.
Me olvidé de donde estaba y simplemente dejé hacer a mi imaginación y a mis manos, y antes de que me diera cuenta estaba llegando al orgasmo y cuando me corrí no pude evitarlo y solté un pequeño grito tanto de placer como de alegría.

Aún con el cuerpo agitándose con mi respiración acelerada y mis fluidos que empapaban la toalla, abrí los ojos, y para mi sorpresa, ¡me encuentro justo al lado mía, con su pollón en la mano a “él”! Con lo bien que lo estaba pasando y lo metida que estaba en la fantasía, ni me había dado cuenta que después de verme salir del agua me siguió hasta mi refugio y disfrutó de un segundo espectáculo aún más impresionante que el anterior, en el que ya no pudo evitar acercarse tanto como masturbarse al lado de mi cara.

De la sorpresa me quedo congelada, con la boca abierta observando cómo sube y baja su mano en su polla a mi lado de rodillas.

- “Vaya calentón que llevabas, eh zorra. Sabía que eras especial cuando te vi. ¿Segura que no quieres algo más tangible?” me propuso mientras me parecía ver cómo me guiñaba el ojo desde detrás de las gafas de sol.

Por toda respuesta me abalancé sobre su pollón y empecé a comérsela como si llevara sin comer años, con una energía que incluso le sorprendió a él. Pero ya no me importaba, iba a darle a este cerdo machista el mejor polvo de su vida.

- “Joder, no te andas por las ramas. Hoy es mi día de suerte, ¡vaya puta me ha tocado!”.

- “Calla y haz tú también algo, cerdo asqueroso” – fue toda mi respuesta mientras cogía aire antes de volver a comérsela como si no hubiera un mañana.

Era justo lo que esperaba, el permiso que ansiaba, y como accionado por un resorte me agarró la cabeza y me empujó la cabeza con fuerza y no paró hasta que con mi boca alcancé sus pelotas, me dieron arcadas cuando su glande tocó el fondo de mi garganta y me saltaron algunas lágrimas, pero no me quejé ni dije nada en absoluto.

- “¿Ves? Si quieres hacerlo bien, así es como se hace” – me explicó orgulloso.

Mientras me soltaba y aprovechaba un momento de respiro, con una mezcla de babas y restos de pre semen cayendo de mi boca, noté como una de las manos se acercaba a mi coño y empezaba a meter algunos dedos, que entraban fácilmente dado que seguía muy húmeda y tenía restos de corrida de la masturbación que había disfrutado hacía unos instantes. Iba a girar mi cara para ver qué intentaba hacer ahí abajo pero utilizó su otra mano para volver a empujarme su polla hasta el fondo, al punto de que prácticamente pude meter sus pelotas dentro de mi boca, algo que no creí que fuera posible sobre todo dado el tamaño de su polla de cuarentón.

Me mantuvo así un rato, en el que me di cuenta que estaba haciendo lo que a él le daba la gana conmigo, no podía o quería ofrecer ninguna resistencia, así que estaba completamente sumisa en sus manos… y disfrutándolo como nunca.

Sus dedos no paraban de entrar en mi coñito, cada vez más. Empezó con dos, luego tres y al final acabó metiendo el puño entero lo cual fue devastador, pero con una sensación que nunca antes había tenido: me estaba destrozando el coño mientras violaba mi boca. Era demasiado para mí, no tenía respiro, y todo mi pequeño cuerpo temblaba, no sé si de la emoción o por acto reflejo de la brutalidad del acto.

Con sólo el aviso de un gruñido noté como se me llenaba la boca de un líquido caliente y pegajoso, pero una cantidad como nunca había visto, tanto que no me daba tiempo a tragarlo todo y tuve que escupir parte, casi jadeando. ¡Nunca antes había visto una corrida así! Con la cara desencajada y tragando los restos que quedaban de semen por tragar, de un agarrón me acercó a él y empezó a usar su nueva mano libre para masajear de forma fogosa mi clítoris mientras aumentaba la velocidad con la que me reventaba el coño con su otro puño. Fue tanto que no pude evitar correrme con una grito que me debió escuchar toda la playa. Pero me daba igual. Estaba exhausta, con la boca dolorida y el coño destrozado, pero feliz, muy feliz.

Aunque aún tenía más que decir el hombretón que me había dejado así.

- “Ahora viene la segunda parte. Viene lo mejor” – dijo mientras me levantaba como si fuera una pluma, algo que me sorprendió, ya que aunque soy pequeñita, lo hizo tan fácil que me asustó.

Me dio la vuelta y me puso boca abajo mientras me ponía el culo en pompa con las piernas flexionadas apoyando mis rodillas en la arena. No podía hacer nada, era suya, su juguete, podía hacer conmigo lo que quería, y decidió comerme el coño, saborear todos mis jugos mientras con sus dedos empezó a tentar mi culito.

- “Ah… por ahí no…” –apenas pude articular, aunque le importó lo más mínimo mis suplicas. Tenía decidido lo que iba a hacer y no le iba a importar lo que yo opinara.

Cuando quedó saciado de mi coñito, se incorporó un poco, momento que aproveché para apoyar los brazos en la toalla y levantarme un poco el tronco para no tener la cabeza contra el suelo. Y fue entonces, cuando noté que su polla enorme se introducía en mi culo.

Pegué un grito de dolor y sorpresa, y mientras me empujaba cada vez más fuerte violándome el culo mientras me agarraba para no poder escapar, no podía dejar de pensar que estaba perdiendo la virginidad anal con un cerdo en los cuarenta y pocos, alguien que bien podría ser mi padre, o un amigo de mi padre… aunque tengo que reconocer que en el fondo, la idea no me desagradaba tanto como me gustaría reconocer.

A medida que aumentaba el ritmo y velocidad acabó agarrándome el pelo y tirando hacia atrás, me daba cachetes en el culo y de vez en cuando me agarraba las tetas y pinchaba los pezones o en otras ocasiones volvía a jugar con mi clítoris. Esa parte ya no la recuerdo muy bien, estaba extasiada, nunca había experimentado eso, ser el juguete de alguien, sólo me dejaba hacer, aunque tampoco tendría fuerzas para resistirme, ni ganas de hacerlo. Fue la mejor experiencia de mi vida.

No se el tiempo que estuvo follándome el culo, ni lo mucho que estaba gritando de placer mientras ocurría, pero llegó el momento en que con un grito suyo noté de nuevo ese líquido caliente, pero esta vez dentro de mi culo, algo que nunca antes había ocurrido.

Era el éxtasis y creo que me corrí con él, aunque he de decir que creo que antes me corrí más veces antes mientras usaba mi cuerpo, pero no sabría decir cuántas.

La cabeza me daba vueltas y estaba exhausta, me di la vuelta mientras él se apartaba y me tumbé boca arriba intentando descansar un poco de semejante experiencia, aunque aún faltaba la guinda del pastel…

- “Vaya, parece que has sido algo ruidosa y has atraído a más gente… jejejeje.”

Era cierto, abrí los ojos y miré alrededor para contemplar como al menos 6 hombre de diferentes edades estaban a pocos metros haciendo un círculo y todos y cada uno de ellos pajeándose muy fuertemente. Desconozco cuando llegaron ya que no me enteré, pero el descubrir que habíamos tenido audiencia mientras me usaba un viejo y me robaba mi virginidad anal me dejó anonadada… aunque me duró poco tiempo ya que empezaron a acercarse y aprovechando que tenían hueco ahora que se había apartado mi ******** de la playa, fueron corriéndose y soltando su semen por todo mi cuerpo, desde el pelo, a la cara, ombligo, brazos, piernas… nada quedó sin al menos una gota de caliente corrida de esos cerdos pajeros.

Hice acopio de las pocas fuerzas que me quedaban y recogí todo rápidamente para marcharme corriendo temiendo lo que podía ocurrir a continuación, sobre todo porque igual me gustaría demasiado.

Mientras recogía mis cosas de forma apresurada el cuarentón se acercó y me pasó un trozo de papel con lo que parecía un número de teléfono mientras me dijo:

- “Si crees que esto ha sido increíble, espera a todo lo que podríamos hacer yo y mis amigos contigo… Aquí tienes mi número por si sientes curiosidad, aunque sé que me llamarás.”

Me largué corriendo incluso sin vestirme con la tarjeta en la mano y todavía goteando su semen de mi culo y el cuerpo húmedo y pegajoso de todas las corridas de toda esa gente asquerosa. Tardé varias horas en quitarme todo ese olor asqueroso y limpiar bien mi melena morena de tanta corrida.

Llegué a casa y aún no me podía creer lo que había pasado. Pero tenía su número, y aunque quería tirarlo a la papelera sabía que me arrepentiría si lo hiciera.

Y lo llamé y quedamos más veces. Pero eso ya es otra historia…
6年前
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