SI NO NOS ATIENDE NOS VAMOS. INTRODUCCIÓN.
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Temática por descubrir conforme avance el texto.
Corrijo y publico esta historia que me ha mandado una lectora de mis relatos que se llamará Marijo (no es su nombre real), porque ella prefiere que sea yo la que lo publique. Sus razones tendrá, y ni me importan, ni me m*****a hacer algo con lo que disfruto, a la vez que la hago disfrutar a ella contándolo.
Me llamo María José, soy licenciada en Turismo, estoy casada, tengo 30 años y hace tiempo que no me siento cómoda ni satisfecha con mi matrimonio, veréis:
Mi marido se llama Daniel, es buena persona, pero después de casarnos cambió por completo a lo que había sido durante nuestro noviazgo.
Nos conocimos en un hotel donde yo trabajaba en recepción y él era cliente. Fue durante sus vacaciones de verano, y la verdad es que nos enamoramos uno del otro casi desde el primer día. Quizás fue un amor de verano como mi propio padre me había dicho cuando una semana más tarde lo llevé a casa para presentárselo a la familia.
Daniel era hijo del propietario de una empresa inmobiliaria muy importante, huérfano de madre, y su padre era de ese tipo de persona cuya única motivación es su trabajo. Su esposa murió en un accidente de coche cuando Daniel aún iba al instituto. Digamos sintetizando que Daniel ha sido un hijo de papá, muy acostumbrado a vivir a costa de su padre, y nunca se preocupó de otra cosa que no fuese divertirse en zonas turísticas de primer nivel.
Yo tuve que trabajar para pagarme mis estudios, y siempre fui una mujer muy activa y bastante trabajadora. De hecho, como he dicho antes, era recepcionista en un hotel de cinco estrellas en donde se hospedaba Daniel cada vez que iba por aquella población, bien es verdad que yo estaba centrada en mis estudios y en mi trabajo, así que no intimé con él hasta el tercer año de que Daniel se hospedase, porque perteneciendo a mundos distintos, él iba a lo suyo, y yo casi no salía porque mi futuro estaba ligado a terminar la carrera y ascender en mi profesión.
Pero a veces, circunstancias imprevistas nos hacen cambiar de camino. Terminé la carrera unos meses después de conocer a Dani, y cuando ya habíamos planificado nuestra boda. Él no quería que yo trabajase, y ahora que lo pienso, acepté su proposición pensando que con el tiempo lo haría cambiar de idea; incluso llegué a pensar que a lo mejor, también lo cambiaba a él y se decidía porque su padre le montase un hotel, que yo dirigiría y mi marido sería el dueño. Sueños que al rememorarlos, llego a pensar que mis estudios y mi trabajo me cegaron tanto, que luego no supe ver que la realidad es distinta que los sueños.
Todo iba bien porque teníamos un hermoso chalé que era el del padre de Dani, que al casarnos él había preferido que viviéramos con él porque Dani, al ser hijo único, esa opción venía bien a ambas partes. Yo pasé de una vida normal de hija de trabajadores y mujer trabajadora, a algo que jamás había soñado ni deseado, pero a nadie le amarga un dulce y me encontré viviendo como una millonaria. Pero llegó la crisis de 2008.
En cuatro años me encontré teniendo que recomenzar de nuevo, lo único que se salvó fue un adosado en la costa que al parecer, era donde ********* llevaba a las mujeres con las que se divertía, ni sé lo que hacían ni le echo la culpa de nada. Él no había previsto quedarse sin nada teniéndolo todo, y yo no creo que le deba reprochar que me haya vuelto a la realidad de mi propia existencia. Esa propiedad estaba registrada a nombre de Daniel, porque había sido de su madre y esa irregularidad al no estar en la sociedad, la salvó de la hecatombe.
Claro, en lo primero que pensé es en volver a trabajar, y replantearme la vida que había previsto al estudiar la carrera; Dani no reaccionaba, se levantaba como un sonámbulo, casi no hacía más que dormir y comer con los pequeños ahorros que yo misma había ido acumulando en mi cuenta bancaria de soltera, a la que, además de mis propios ahorros de cuando trabajaba, había ido ingresando cantidades de lo que me sobraba de administrar el chalé familiar de mi esposo. Total eran algunos miles de euros, nada importante, porque el dinero se acaba sino se repone. A mí suegro le dio un infarto y murió. Pasó el invierno y la primavera, Daniel había caído en depresión profunda debido a todo lo ocurrido, y lo había acabado de rematar la ****** de su padre, con el que había estado unido desde la ****** de su madre, y por mucho que le presté mi ayuda para que se recuperase, ni yo ni los medicamentos lo sacaban del hoyo en el que había entrado. Llevábamos medio año sin estar juntos, que no siendo importante para mí, porque siempre tuve mi propia sexualidad. Daniel me había pedido que le preparase una de las habitaciones de la planta alta, que al tener baño propio, no me m*****aría si él se levantaba las veces que quisiera al baño, o se enchufaba a Internet para pasar las muchas horas en las que no hacía otra cosa que dormir. Lo cierto era yo la que tenía que reaccionar, porque aquella situación no nos llevaba a ninguna parte. Comencé a repartir mi Currículo por los hoteles de la costa en los que no había trabajado antes, porque esa había sido la petición que me había hecho Dani cuando le comenté lo que iba a hacer, y eso, a pesar de que en el entierro de ********* me había encontrado con el director del hotel donde yo trabajaba cuando conocí a Dani, que también había estado en mi boda, y que se había ofrecido en hablar con la compañía para que me dieran trabajo en alguno de los hoteles de la misma. Lo había rechazado porque inmediatamente que se lo dije a Dani, él me había respondido que no podría aceptarlo porque en esa compañía le conocían muy bien, y para él sería un duro golpe que supieran que su esposa…
Me pareció razonable, y ahora que él estaba peor, ni siquiera me lo planteé como una alternativa, sino como un fracaso de mi misma.
Un día me llamaron de un hotel donde buscaban a alguien para hacerse cargo de un bloque de apartamentos, y aunque pagaban un sueldo miserable, fui a entrevistarme con el dueño.
Estuve toda la tarde preparando la entrevista, repasando datos y asomándome al armario para ver qué ropa ponerme al día siguiente. Todo lo calculé como si fuera la primera vez que iba a trabajar a un hotel, claro, era mi primera vez como directora y también lo era después de haberme casado. ¡Ya habían pasado 6 años! --¡Cómo pasa el tiempo! – me dije a mi misma poniéndome uno de los vestidos que había usado en mi viaje de bodas, aunque al vérmelo puesto me pareció algo atrevido. ¡Venga Marijo, tienes que conseguir el trabajo!
Al día siguiente a las 12 de la mañana me encontraba en la antesala del despacho del dueño de los apartamentos. Su secretaria me había dicho que esperase a Don salvador, porque aunque tardase, él sabía y quería entrevistarse conmigo. A las dos de la tarde, Karen, la secretaria de quién me quería entrevistar, me trajo un sándwich y una cerveza que yo no le había pedido.
-Ha llamado Don Salvador diciéndome que le espere, que llegará sobre las cuatro de la tarde, que anoche tuvo que ir a la ciudad porque habían ingresado a su madre en un hospital, y me ha dicho que le trajese esto.
-¡No gracias! Quizás le debió llamar a Ud. esta mañana, y me habría evitado venir. Dígale que vendré en otro momento, hoy me tengo que ir. –Quizás fue una respuesta desproporcionada al desprecio que sentía, pero los carácter se van formando con la vida que una va viviendo. Me di cuenta ya tarde, así que al día siguiente cuando me llamó Karen para que fuera aquella misma tarde a las 8, le pedí disculpas si fui demasiado brusca el día anterior.
-Tranquila Marijo, estoy acostumbrada a las consecuencias que provoca mi jefe, entiendo tu actitud de ayer. Vente hoy, y te ayudaré en lo que pueda.
Acudí a mi cita puntual, Karen me recibió con un abrazo y dos besos, por lo cual me tranquilicé bastante y se lo agradecí.
-¡Gracias Karen, te debo una!
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-¡No me debes nada, tonta! Por cierto, vienes vestida muy adecuadamente.
El tal Salvador tardó en llegar, pero en esta ocasión tenía la ayuda de su secretaria, así que cuando a las nueve me vino ella a buscar, entré en su despacho con la cabeza muy alta.
-¡Buenas tardes muñeca! – Fue el saludo que él me dio, y me quedé planchada.
-Don Salvador, la señora María José está casada. –Le interpeló Karen, y se lo agradecí.
-Bueno, lo siento si te he ofendido, pero te he visto tan bien vestida, que me ha parecido que me dabas tu confianza. --Me dijo echándome la mano a la cintura y acercándome suavemente a él, me besó en las mejillas.
-Me gusta tu perfume Marijo, acompáñame. Y me dio un pequeño toque en la cintura como indicándome que avanzara por el pasillo. Empecé a caminar delante de él, y enseguida me di cuenta que esa cortesía era para pegarme un repaso desde atrás. Su despacho era claro cuál era, porque en la puerta había un letrerito que decía: PROPIEDAD. Antes había visto tres más, uno decía SECRETARIA, otro era DIRECCIÓN, y los baños, que ni tenían cartel, ni sé que era de uso para todo el pasillo. Al llegar a la puerta me aparté y esperé a que él abriese. Lo hizo Karen, que me invitó a pasar y a continuación pasó él y Karen volvió a su despacho.
-¿Qué quieres tomar princesa?
-Nada, gracias, no me apetece nada la verdad.
-¡Va Marijo, no me seas así, no me guardes rencor por el fallo de ayer! –Y pensé en mi reflexión sobre lo del día anterior.
-Vale -- le respondí – Un vaso de agua, por favor.
-¡Tienes un cuerpo impresionante, Marijo! – Me dijo alargándome el agua y él se sirvió una copa de algo que llenaba una botella de buen cristal, pero sin etiqueta. --¡Siéntate nena! Él no se sentó en el sillón que había detrás de la mesa, lo hizo en el que estaba al lado del que me había ofrecido a mí.
La verdad es que me sentía entre incómoda por el trato que me estaba dando, pero a la vez satisfecha, tenía la sensación que el trabajo era mío, y no era plan de perderlo por pequeños inconvenientes que sabía que podía controlar y sacar provecho de su exceso de confianza machista, incluso me iba a permitir que mejorase su primera oferta de sueldo.
-¿No llevas sujetador cariño? –Estuve a punto de levantarme e irme, pero en este caso era mi culpa, quizás me había vestido demasiado atrevida.
-¿Por qué lo dice?
-¡Porque se te ven los pezones marcados en la blusa, Marijo! – Y sonrió a la vez que me agarraba por el brazo. –No seas arisca, que no te voy a comer. –E intentó volver a darme un beso, y lo evité haciéndole la cobra porque no sabía si sus intenciones eran besarme en la boca.
-¿Cree que deberíamos hablar del trabajo que me ofrece?
-No te pongas nerviosa nena, eres tú la que buscas trabajar. Me gusta tu carácter y tú forma de vestir, son cosas que me atraen mucho. No me gustan ni las sumisas ni las que me hacen la pelota. ¡Te quiero a mi altura, aunque estés a mi servicio! --Me quedé muda. Sabía que llevaba razón. En los trabajos son los jefes los que pagan, pero no me iba a dejar amedrentar.
-Bueno, pero se hace tarde y debo volver a casa porque he dejado solo a mi marido, y está algo pachucho.
-Muy bien nena, esta es la posición de gran mujer, y te quiero en mi equipo. – Me dijo pasándome la mano sobre el pelo, que de haber actuado de acuerdo con mis principios, le había dado un manotazo para que no me tocase, lo evité aunque me puse sería. --¿Hablamos de condiciones? –Entrábamos donde yo lo quería tener.
-¡Por supuesto, dígame!
-Bueno, he visto tus experiencias profesionales y estudios, y reúnes todos los requisitos que requiere el cargo de dirección, aunque entenderás como lógico que firmemos un contrato hasta fin de la temporada de verano, y luego volvemos a hablar. ¿Te parece bien?
-Me parece poco el dinero que ofrece, pero acepto hasta dentro de una semana que vea el trabajo que hay hecho, el que queda por hacer, cuánto tiempo diario le tengo que dedicar al cargo, y con qué plantilla dispongo.
-Es razonable lo que me dices. ¡Empiezas mañana! Queda con Karen para que te informe de todo, y haré que te llame mi abogado para que firmes con él un preacuerdo de contrato. Toma, esta es mi tarjeta, ahí tienes mis números privados, me puedes llamar para cualquier cosa del trabajo o personal, a la hora que quieras. ¿Estás bien de dinero?
-Bueno, no es que me sobre, pero puedo tirar hasta que cobre la primera mensualidad.
-¡Vale, pero no andes corta de pasta! –Tocó una tecla del teléfono y respondió Karen.
¡Dígame, Don salvador!
-¡Marijo es la nueva directora, lo dejo en tus manos!
-¡Gracias Salvador, eres un Sol! –Me sorprendió el cambio de trato, quizás era lo normal para antes y después de que alguien perteneciera, como él había dicho, a “su equipo”.
-¡Dame la mano! –Me dijo alargando la suya. Ahora fui yo la que le di la mano con firmeza y sinceridad, le alargué la cara que él me besó, y yo hice lo mismo con la suya.
-¡Encantada de conocerte y trabajar contigo, Salvador!
-¡Tú y yo llegaremos lejos, Marijo! –Ahora fue él el que me dio un pico en la boca y no le hice la cobra, fue un roce de labios, y en la segunda parte de la entrevista se lo había ganado.
Por supuesto que antes de marcharme iba a pasar por el despacho de Karen, pero ella me estaba esperando a la puerta del que decía DIRECCIÓN.
-¡Bienvenida al equipo, Marijo! Ven entra, que te enseño tu despacho.
Cuando conducía de vuelta a casa pensaba en la entrevista que había mantenido con Salvador y la información que me había dado Karen sobre él, sus negocios y las formas que tendría de sacarle provecho si conseguía que él me diera su confianza para convertirme en su mano derecha. Una frase de Karen me lo había indicado:
-Marijo, Salvador es un hombre duro, pero para sus negocios él lo tiene que parecer, pero te aseguro que si consigues interesarlo en ti, en la intimidad te parecerá el hombre más interesante y cariñoso que hayas tenido en tu vida, y además, te “hará inmensamente rica”.
Tenía que reconocer que en la segunda parte de la conversación con Salvador, lo había observado con menos rabia, y ahora que me acercaba a la realidad de mi vida y mi matrimonio, Salvador me parecía un hombre muy atrayente, con unos ojos verdes que resaltaban sobre una piel bronceada por el Sol y una melena negra que también mostraba su varonil figura que aparecía en cuanto movía las manos y enseñaba sus muñecas saliendo de su impecable camisa blanca, muñecas de un brazo muy velludo surcado de una musculatura de lo que aparentemente parecía un cuerpo trabajado por el deporte. No era un hombre de exagerada musculatura de gimnasio, pero detrás de su traje de excelente corte, Salvador aparentaba ser uno de esos hombres que tanto nos atrae a las mujeres que nos gusta el sexo, y que tanto lo echaba de menos desde que mi marido había dejado de ser lo que era cuando le conocí.
Al día siguiente, a las 9 en punto de la mañana ya estaba en mi despacho en compañía de Karen que me estaba preguntando qué quería desayunar.
-¡Sólo café, Karen! Y gracias por todo lo que estás haciendo por mí. –Karen, alemana de nacimiento llevaba viviendo en España desde los 14 años que había llegado en compañía de sus padres, porque el padre de Salvador había contratado al de Karen para que le llevase las cuentas de sus empresas. Karen, a sus 40 años, había estado casada y tenía un hijo de 20, y después de su divorcio formaba pareja con una mujer 15 años más joven, Ingrid, que también trabajaba para Salvador.
-¿Karen, te puedo preguntar qué eres en la vida de Salvador? –Lo hice mientras nos tomábamos una taza de café del que ella había traído junto a unas galletas de higos y frutos secos muy ricas, que jamás había probado. Karen me miró como analizándome antes de responderme a la pregunta, que al hacerlo, me daba cuenta que tenía que reprimir mis impulsos y ser más discreta.
-¿Puedo confiar en ti, Marijo? –Me preguntó ella poniendo su mano sobre la mía.
-¡Por supuesto, Karen! Y te pido disculpas si te ha parecido una pregunta muy personal, que si no me la quieres responder lo entenderé.
-¡No, no es eso, creo que vas a ser la mejor jefa que he tenido en todos los años que trabajo para este grupo, pero aún no te conozco bien en tu plano personal. ¿Comemos juntas y hablamos?
-¡Vale, volvamos al trabajo! –Al levantarnos, Karen se acercó para darme un abrazo, e hizo lo mismo que Salvador la noche anterior, me dio un pico en los labios. Lo tomé como algo que marcaba eso que tanto ella como el jefe llamaban “el equipo de Salvador”, y respondía al pico con un beso en la boca, quería que ella se sintiera cómoda, y al conocer su bisexualidad, creí que era lo mejor para que ella se abriera a mí todo lo que yo necesitaba para aposentarme en el grupo con la fuerza necesaria a mis intereses.
Nos pasamos toda la mañana conociendo cuales iban a ser mis obligaciones, y yo tomando notas para estudiarlas y proponer los cambios que según yo se deberían realizar, conociendo las instalaciones del complejo de apartamentos e instalaciones, y sobre las dos de la tarde, ambas estábamos en el Grill que había en los jardines en la parte que daba al paseo marítimo, era, según me había dicho Karen, la joya económica del complejo, porque podían entrar clientes de los apartamentos o de la calle. Decorado al estilo piratas del Caribe, servían tanto pescados como carnes a la brasa, con un buen buffet de entrantes de todo tipo de gastronomías, desde las españolas, escandinavas o alemanas, las tres más importantes nacionalidades del turismo de la zona.
-¿Qué te ha parecido todo, Marijo? –Me preguntó Karen una vez habíamos encargado la comida, ya teníamos los entrantes que nos habíamos servido del buffet y nos habían servido las bebidas.
-Si te soy sincera, cuando vine el primer día pensaba que iba a ser un empleo de ***** importancia, ahora que lo conozco, creo que supera mis expectativas. Es realmente un lugar muy agradable, espero estar a la altura.
-¡Lo estás ya, te lo aseguro! He visto cómo te han ido saludando las jefas de departamento y demás personal con los que nos hemos encontrado, y creo que todo el mundo te ha mostrado afecto.
-¿Por qué la mayoría son mujeres? –No hice la pregunta porque ese hecho me disgustase, simplemente me había sorprendido por no ser habitual.
-¡Es el estilo Salvador! Él prefiere a las mujeres, dice que somos más completas. Y tú eres muy completa. –La verdad es que me ruboricé, porque observé que Karen me había dado un repaso de cuerpo entero, y en sus ojos había visto el deseo reflejado en la parte masculina que Karen poseía, sin que pudiera decir que ya la tuviera antes de tener su pareja actual, que a Ingrid aún no la conocía, porque trabajaba como encargada en el turno de noche del Grill, ya que el establecimiento tenía espectáculos nocturnos, donde la gente era invitada a participar, o simplemente bailando al ritmo que marcaban la orquesta y los dos grupos de música que estaban contratados.
-¿Dónde está lo que tú llamas completa, Karen?
-¡Eres inteligente, te mueves con soltura como si ya llevaras años en el cargo, y tienes un tipazo! –Ahora no me ruboricé, me sentí extrañamente halagada por una mujer que me había confesado que prefería a las mujeres en su cama.
-¡O sea, que estoy muy buena! ¿Es eso Karen? –Ahora fui yo la que puso mi mano sobre la suya para que Karen no creyera que me había m*****ado su definición sobre mí.
-¡Eso sin dudas, estás riquísima! Mira a la encargada de la mañana, se llama Andrea, es sueca y lleva 10 años con nosotros. No te quita ojos de encima desde que has entrado. –Lo hice, y al observarla, Andrea mantuvo la mirada hasta que al ver que yo hacía lo mismo, ella se volvió para un grupo de clientes que llegaban y los condujo a una de las pocas mesas vacías que quedaban.
-¿Qué pasa con Andrea?
-¡No, pasar no pasa nada malo, le has caído bien! Ella era la novia de Ingrid antes de que Ingrid y yo comenzáramos la relación que ahora mantenemos. Dice Ingrid que es una fiera en la cama, incluso para Ingrid, que ya te digo yo que Ingrid me llena más que todos los hombres que han pasado por mi vida. Andrea había vuelto a la puerta del establecimiento, era una mujer de mi edad, no creo que tuviese más de 30 años, rubia platino, alta y atlética, aunque muy femenina. Me levanté y fui hacía ella, para sorpresa de Karen que me quiso acompañar y la mandé sentarse al ponerle la mano sobre su hombro.
-¡Hola Andrea! ¿Sabes quién soy? –Saludo cordial sin sequedad ni excesivamente blanda. A ella no me la había presentado Karen, a pesar de habernos tomado la comenda.
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-¡Sí, por supuesto, eres la nueva directora, encantada de conocerte!
-¿Me das un abrazo? –Mi petición iba acompañada de la apertura de mis brazos. Andrea me abrazó y sentí que a través de la camisa del uniforme, no debía llevar sostén, y noté sus duros pezones sobre la camisa que me había puesto con el traje chaqueta que llevaba.
-¡Encantada, Marijo!
-¿Sabías hasta mi nombre y no me has dicho nada al tomarnos la comanda?
-¡Perdóname, Karen y yo hace años que mantenemos una línea de separación, me hizo mucho daño!
-¡Eso no lo voy a consentir, ven, ahora mismo lo vamos a arreglar!
-¡Por favor no me obligue! –Me pidió y observé que se le saltaban las lágrimas. La abracé y la besé en la cara, diciéndole al oído.
-Ven esta tarde al despacho, y lo hablamos.
-No salgo hasta que llega Ingrid.
-¿Eso a qué hora es?
-Ella debe entrar a las 8, aunque no siempre llega a esa hora.
-¿Qué me estás diciendo, que Ingrid hace lo que quiere porque es la pareja de Karen?
-¡Por favor, Marijo! No quiero líos.
-Hagamos una cosa, dime quién se podría quedar en tu puesto para que salgas antes.
-¡Por favor jefa, déjelo estar, piense que no le he dicho nada! –Me estaba dando cuenta que Andrea tenía miedo, a quién o por qué no lo sabía, pero tenía que saberlo.
-Toma el número de mi móvil, llámame cuando quieras, y arregla tu turno de mañana para que estés a las 4 de la tarde en mi despacho. ¡Te quiero en mi equipo! –Utilicé la misma marca que Salvador, empezaba a darme cuenta que necesitaba tener mi propio equipo.
-¡Lo arreglaré con Ingrid, gracias jefa!
-¿Ingrid es la encargada del Grill, pensé que sólo lo era de la noche?
-No, ella es la encargada, y yo su segunda. Antes era al revés. –Me iban quedando claro algunas cosas, y las tenía que comentar con Karen.
-¡Encantada de conocerte, Andrea! ¿Cuento contigo?
-¡A ******! –Vi sus ojos brillar, levanté la mano y nos las chocamos al estilo baloncesto.
-¿Dónde vamos ahora, Karen? –Le pregunté al llegar a la mesa, observando la cara de sorpresa que tenía Karen. Seguramente era ella que me quería hacer preguntas sobre mi conversación con Andrea.
-¡Donde quieras, jefa! –En su respuesta vi la puerta abierta a marcar mi autorité professionnelle.
-¿Soy tu jefa, Karen?
-¿Por qué lo preguntas, Marijo?
-¡Porque quiero saber con quién cuento y con quién no para desempeñar este cargo con éxito!
-¡Puedes contar conmigo!
-¿A ******?
-¡A ******! Ese es el saludo de Andrea --Me dijo Karen.
-Vale, vamos a subir a un apartamento para que me lo enseñes como modelo de los demás.
-Los hay de diferentes tamaños y número de habitaciones.
-Lo imaginaba, escoge el que quiera, que tiempo habrá de ir conociendo todos los tamaños. ¿El tamaño importa, Karen?
-¡Me tienes desconcertada, Marijo! ¿Qué te ha dicho Andrea para que te hayas puesto así?
-¡Esto nada tiene que ver con Andrea! Con ella sólo la he saludado, y se ha puesto a mi disposición como nueva directora. ¿Cambio? No hay cambio, estoy tomando posición en mi responsabilidad, y quiero formar mi propio equipo.
-¿Crees que eso le gustará a Salvador?
-¡Karen, eso déjalo en mis manos, lo que tú tienes que valorar es de qué parte vas a estar!
-¡De la tuya, por supuesto!
-¡Vamos! Por cierto, ve a la puerta y dale dos besos a Andrea. –Karen me miró, afirmé con la cabeza y le indiqué con el brazo la dirección a Andrea. Cuando Karen la abrazó y la besó, vi que Andrea le respondía con afecto, de lejos levanté mi dedo pulgar en señal de aprobación, y Andrea me mando un beso con la mano puesta en los labios.
-Este es el que llamamos apartamento doble, como ves, está preparado para parejas del tipo que sea, y vengan de vacaciones sin hijos ni otros acompañantes. –Me fue enseñando la habitación, compuesta con una cama doble y un tresillo con mesa baja. El baño con jaquizzi y ducha aparte. El salón con mostrador y pequeña cocina, frigorífico relleno de bebidas, pero nada de comer, aguas, etc.
-¡Siéntate aquí! –Le pedí a Karen cuando ya me había sentado en el tresillo que ocupaba parte del salón. Ella me obedeció y seguí observando que estaba preocupada.
-¿He hecho algo mal, Marijo?
-¡Al contrario, me ha gustado el abrazo que os habéis dado tú y Andrea!
-Bueno, tú lo has logrado, llevábamos años sin hacerlo, y ella sigue siendo importante para mí y para Ingrid.
-Dime una cosa Karen. ¿Te acuestas con Salvador, o es que le llevas a Ingrid para que se la folle? –Me miró de la misma forma que lo había hecho por la mañana en mi despacho cuando le pregunté por algo de su intimidad.
-¡No haría eso ni ******, Marijo! Te lo quiero decir ahora, aunque antes si me llamaba cuando él quería, para follarme o para formar un trío con alguna mujer. Él me enseñó a amar a las mujeres, antes de eso, yo era una mujer felizmente casada.
-¿Ya no lo hace? –Podría parecer que mi intención era arañar sobre una herida abierta.
-Al principio fue complicado. –Y se calló.
-Sigue, quiero conocer la historia para andarme con cuidado.
-Verás, a mí me gustaba mucho Salvador, te lo digo con sinceridad, es un hombre que se hace desear, y un amante impresionante. Además, siendo más joven que yo, eso me daba mucho morbo. Mi marido se preocupó desde el principio, porque él lo conocía mejor que yo, y desde la primera vez que llegué tarde a casa, me lo dijo:
-¿Has estado follando con el jefe?
-¿Y no era verdad, Karen?
-Sí, ya llevábamos dos semanas follando, y hasta me había dejado follar el culo, algo que no se lo había permitido a mi marido. Y él me había propuesto estar con otra mujer que por entonces era su pareja.
-¿Quién era ella?
-¡Andrea!
-¿Andrea, tengo entendido que ella e Ingrid eran pareja?
-Eso fue más tarde, pero prefiero que esa parte te la cuente Andrea. Andrea se ligó a Ingrid, se la ofreció a Salvador, entre los dos la hicieron mujer y lesbiana, luego entré yo en lisa, e Ingrid se vino conmigo. A partir de ahí tuve una conversación con Salvador, y le dejé claro que Ingrid y yo íbamos a ser pareja, pero que con él, todo lo relacionado con salir o follar se había acabado.
-¿Y él que te respondió, te amenazó con despediros o algo por el estilo?
-¡No, Salvador sabe cuándo se enfrenta con una mujer que lo pone en su sitio, tú misma lo has hecho! –Importante la declaración que Karen me acababa de hacer.
-¿Hablamos de cosas íntimas? –Sin saber por qué me estaba poniendo caliente no habiendo estado nunca antes con una mujer, y me interesaba conocer hasta donde quería Karen estar bajo mi mando. ¿Hay cava en el frigorífico?
-¡Sí, y además hay roomservice!
-Está bien, lo visitaremos mañana para ver qué tipo de servicios ofrecen, con cava ya va bien. –Karen fue al frigorífico y sacó un piccolo de cava y dos copas.
-¿Qué quieres saber, Marijo? –Me preguntó Karen después de servirnos el cava y haber brindado por un buen futuro entre ambas.
-¿Eres feliz con Ingrid?
-Bueno, lo soy todo lo que ambas ponemos de nuestra parte, ella es más joven, y a veces la veo que le gustaría que yo hiciera las paces con Andrea, porque a Ingrid le sigue gustando Andrea. Otras veces la he visto interesada en mi hijo Hans, en fin, y supongo que por las noches que yo no voy al Grill, ella disfruta con alguien, porque en alguna ocasión ha llegado a casa cuando yo me venía a trabajar, pero se lo permito, la quiero a mi lado, y sé que no la puedo acaparar porque la puedo perder, y no querría que eso ocurriese.
-¿Te gusto, Karen? –Me volvió a mirar con esa cara que ya me había puesto en dos ocasiones antes. ¡Háblame con sinceridad! – Le pedí.
-¡Creí que tú eras heterosexual!
-También yo lo creía, pero os estoy conociendo, y no sé si es que llevo mucho tiempo sin follar, o que la bisexualidad me está apeteciendo.
-¿Desde cuándo no follas?
-¡Follar o follar, hace muchos meses, desde la ****** de *********!
-¿Follabas con tu suegro?
-No, pero la ****** de ********* le dio la puntilla definitiva a mi marido, desde entones padece una depresión que está acabando con él y con nuestro matrimonio.
-¿Es incurable?
-¡No lo sé, cada vez que lo llevo al especialista me dice una cosa distinta!
-¡Vaya, lo siento!
-Bueno, ya lo llevo mejor que al principio, me masturbo más que un mono. ¡jajajajajajaja!
-Bueno, yo tengo pareja y también me masturbo. –Me dijo Karen, y observé que ella se tocó el coño por encima de la falda, aunque podía ser que lo hubiera hecho para indicármelo, pero había dejado la mano sobre su pelvis.
-¿Usas juguetes sexuales, Karen?
-¡Sí, los tenemos de varias clases, a ambas nos gusta usarlos con nosotras, o una con la otra!
-¡Ah! ¿Esos que tienen arnés? Los he visto en vídeos de lesbianas, pero nunca los he usado.
-¡Claro, para usarlos tienes que ser follada por una mujer, o que tú quieras follarte a una que le gusta! Hay lesbianas que no les gusta ser folladas, porque son ellas las que se consideran activas o más machorras con relación a sus parejas.
-¿Cómo eres tú Karen, activa o pasiva?
-Al principio de hacer tríos con Salvador, su pareja era pasiva, y a él le gustaba verme follarla, así que me acostumbré a esa posición, que es excitante cuando amas a la mujer que te estás follando, pero recibes más placer cuando ella es la que te folla, sobre todo en mi caso, que aún me gusta sentirme mujer, y que antaño follé con hombres que me dieron mucho placer.
-¡Pero antes me has dicho que te gusta más el placer que recibes de una mujer que el que recibiste de los hombres con los que estuviste!
-Sí, ahora es así como lo siento. Mira, tengo una relación con mi hijo que te puede sorprender.
-¿Tienes relaciones con tu hijo? –Karen era una caja de sorpresas.
-A ver si me explico bien: Hans era un chico muy tímido, la separación mía y posterior divorcio lo dejó planchado, así que cuando llegó a la *********cia y entró al instituto, a él hasta le hicieron booling algunos hijos de puta, y tuve que intervenir, y echaron a los acosadores. Pero creí que su timidez era por mi culpa, pensé que al ver que había dejado a su padre para irme con una mujer, él como hombre también me podía perder, y de alguna manera fue adoptando una posición sumisa que había niños que creían que Hans era afeminado y lo acosaban.
-¿Y qué hiciste?
-De niño me bañaba con él y dejé de hacerlo cuando me enamoré de Ingrid y se vino a vivir conmigo, así que volví a proponerle a Hans que nos bañáramos juntos, y alguna vez que otra hemos jugado los tres, de ahí que ahora es Ingrid la que está interesada en que pasemos a otra fase en la que Hans forme parte de nuestra sexualidad.
-¿Os ha follado?
-¡Hemos jugado, no me hagas decir más que eso! No te niego que la propuesta de Ingrid la estoy valorando, Hans ha cambiado mucho, ahora es un hombre de 20 años hecho y derecho, con un buen instrumento, y que sé que él sería el complemento perfecto para Ingrid y para mí. –Esa parte me acabada de poner cachonda. ¡Llevaba mucho tiempo sin follar, ahora lo tenía claro!
Estaba a punto de pedirle a Karen que me iniciara en el sexo lésbico cuando sonó mi móvil.
-¡Dígame! –Respondí poniendo el manos libre para darle confianza a Karen de que mis llamadas laborales las podía escuchar, al fin y al cabo era el móvil que ella me había pasado por orden de Salvador.
-¡Directora soy yo, Andrea! –Enseguida quité el manos libre, porque ni siquiera había pensado que a la única persona que le había dado ese número era a Andrea.
-¡Dime! –Y ella me respondió que podría estar en mi despacho a las cinco de ese mismo día, que había ido Ingrid a comer, y ella le había contado lo acontecido, y le había dicho que ella la sustituiría al menos cuarto. --¡Ahora en unos minutos te llamo! –Y corté la llamada, para ver que le decía a Karen.
-¿Qué quería Andrea?
-Karen, quiero hablar con ella a solas. ¿Te m*****a?
-¡En absoluto, eres la jefa!
-No Karen, no quiero que siempre hagas lo que yo te pida porque soy la jefa, quiero que me respondas si algo te m*****a, o crees que debo pedirte otra cosa.
-¡No me m*****a, Mariajo! También me tienes que dar un tiempo para irme acostumbrando a ti y tu forma de manejar las cosas, hasta ahora las distintas directoras que ha habido las he manejado yo, y eso no ha funcionado bien, creo que tú vas a cambiarlo a tu manera, y quiero estar contigo. ¡A ******! –La atraje y la besé en la boca, aunque sin meterle la lengua, porque antes de estar con Karen, quería ver y hablar con Andrea.
-¡Estarás conmigo, y tú serás mi mano derecha, a ******! –Le respondí después de besarnos. –Voy a llamar a Andrea para que venga aquí, creo que estaremos más cómodas que en el despacho. Si llega Salvador y pregunta por mí, no le digas donde estoy, ni con quién estoy.
-¡A tus órdenes, me ha gustado que me besaras, tienes unos labios muy apetecibles!
-¡Lo sé, igual en otro momento me enseñas algo que no sepa!
-Marijo, creo que te gusta Andrea, y ella puede ser mejor profesora que yo, así que si esa es la razón para estar con ella, no te preocupes por quién pregunte por ti, seré tu mejor confidente. ¡Disfrutad!
Una vez que se marchó Karen llamé a Andrea y le dije dónde estaba esperándola. Me resultaba extraño que estuviera caliente mientras esperaba a una mujer, que ni siquiera sabía si a ella le iba a interesar. Me subí la falda y me empecé a tocar el coño por encima del tanga, y nada más hacerlo, comprobé que estaba chorreando. ¿Qué me estaba pasando? Pero seguí tocándome cuando llamaron al timbre, y me sobresalté de lo abstraída que estaba, hasta llegué a pensar que pudiera ser Salvador. Me arregle la falda, me puse la chaqueta y me alisé el pelo, mirándome en el espejo del baño por si me tenía que retocar algo antes de acudir a la puerta.
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-¡Hola Andrea! –Era ella y venía preciosa, si guapa era con su uniforme como la había visto hacía un rato, ahora, con una excitante mini falda y su camiseta sin sostén, me había resultado más ******* de lo que era, y muy atrayente aunque yo no me hubiera sentido atraída por mujeres hasta aquel mismo día. Se echó a mis brazos nada más saludarla, y mi reacción fue besarla en la boca, beso que ella me devolvió comiéndome la mía como jamás me lo había hecho Dani ni en los mejores tiempos de sexo a tope con él.
-¡Me has encantado al conocerte! –Me dijo mientras seguíamos abrazadas.
-¡Ya me lo dijiste!
-¡Te lo dije como jefa, ahora te lo digo como mujer!
-¡Igual es que te gustan las morenas!
-¡Nunca estuve con una morena, me gustas tú!
-¡Ven, entra! – Y la hice pasar agarrándola por la cintura, llevándola directamente a la habitación mientras le arrancaba la ropa y ella a mí, cuando llegamos a la cama, ella estaba desnuda porque bajo la mini falda y la camiseta sólo llevaba un pequeño tanga negro, y yo, al igual que ella, sólo tenía el tanga rojo que me había puesto por si Salvador me proponia algo indecente, y aunque estaba chorreando y debía olerme a sudor y jugos, Andrea me apartó el tanga y empezó a darme lamidas en las ingles, bocaditos en los muslos cambiando de uno al otro cada vez que ella sentía los calambrazos que mi cuerpo daban al sentir esas nuevas caricias que me resultaban de lo más excitante que jamás me había pasado.
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-¡¡¡AAAAAAAAYYYYYYYY DIOOOOSSSSS MIIIIOOOOOOOO!!! –grité cuando sentí que me estaba mordiendo el coño por encima del tanga. ¡¡¡AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH!!! –Fue un primer orgasmo cuya única respuesta que pude responder fue agarrarla por la cabeza para empujarla contra mi coño para moverme como queriendo follarle la boca. ¡¡¡DDDDDIIIIIOOOOOOOOOOOSSSSSSSS!!! ¡¡¡SSSSSSSIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!! –No es que le follara la boca y ella se resistiera, es que me mordía a la par que me había metido las manos bajos mis cachas, y yo le follaba la boca y Andrea tiraba de mi culo para que mis movimientos no desviaran su boca, dientes y lengua de morder, lamer y chupar en mi coño todo lo que le debí soltar en cada embestida.
No me hubiera despegado de Andrea en lo que quedaba de día, pero si seguía comiéndome el coño podría caer de la cama con un ataque de nervios. No puedo decir que Dani no me hubiera dado algunas memorables comidas de coño seguidas de folladas que me había vuelto loca, pero lo que acababa de ocurrir sobrepasaba cualquier expectativa que en mi mente pudiera haber tenido de mantener sexo con un hombre, que era lo que siempre había tenido en mis fantasías masturbadoras de los últimos tiempos de obligada abstinencia.
Tumbadas en la cama, empezamos a comernos la boca con pasión casi brutal, Andrea reaccionaba a mis besos con bocaditos en mis labios, me chupaba la barbilla como si fuera una polla, era un constante ir y venir de mi boca a mis tetas, y de ellas a mi coño, y vuelta a mi boca para intercambiarnos mis jugos con su traviesa lengua. Me abrazaba y yo a ella, nos hablábamos en susurros, y nos comíamos la boca una y otra vez. Picos en los labios, mordiscos, largos morreos ejercitando labios y lenguas en profundidad, despacio, deleitándonos, disfrutando a fondo de nuestras bocas. Pegados de nuestros cuerpos como lapas, aunque su calor, mi sudor, el de Andrea, su coño con ese olor profundo, penetrante, tan deseable por mí en una primera vez restregándola por el coño de una mujer y luego llevándomela a la boca para lamer sus jugos. Llevé la mano resbalando por su vientre, ella también sudaba, su piel era suave y mojada como estaba era aún más fácil recorrerla.
-¿Quieres follarme o que te folle, Marijo? –Me preguntó poniéndose encima restregándose tanga con tanga con su boca muy cerca de la mía.
-¿¿Tienes juguetes?? –Le pregunté ansiosa.
-¡¡¡Venía preparada, te deseaba y sabía que tú también querías estar conmigo!!!
-¡¡¡Quiero las dos cosas!!! –No hicieron falta más palabras, Andrea se levantó, cogió su mochila y sacó dos cosas que llevaba en la misma, una polla de látex bastante grande sujeta por un arnés, y otra larga cuyos dos extremos terminaban en nabos bien gordos. --¡Quizás no esté acostumbrada a cosas tan grandes! – Le dije porque lo único que había probado eran tres pollas de hombres, dos de jovencitos en el instituto y la de Dani, pero que era normalita en comparación con aquellos dos juguetes que Andrea había sacado de su mochila.
-¡Te lo haré con suavidad, pero tú házmelo como quieras, me gustan grandes y que me des mucha caña! –Y nuevamente bajó para seguir mamándome el coño. No quise confesarle que esa parte la conocía por boca de Karen. Me volví formando un nuevo 69, que lo había hecho con Dani, pero me iba a comer mi primer coño.
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-¡Muérdemelo fuerte, hazme daño! –La oí pedirme y hundí mi boca en un coño alargado, con dos gordos labios de entre los que salía una preciosa pipa, la lamí con suavidad, la sentí agradable al tacto de mi lengua. ¡¡¡Muerde fuerte, coño!!! No le hice caso, no porque no quisiera hacerlo, es que estaba tan excitada que le habría hecho mucho daño, y en esas estaba cuando ella, que si me lo estaba mordiendo a bocaditos, hizo que…
-¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG PUTAAAAAAAAAAAAAA ME MATAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!! –Me estaba corriendo otra vez mientras que ella no paraba de chupármelo y mordérmelo… ¡¡¡QUEEEEEEE GUSTOOOOOOOOOO DIOOOOOOSSSSSSSS!!! ¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH!!! –La mordí fuerte.
-¡Joder que es mi coño! ¡¡¡aaaaaaaaaagggggggggggggggg ssiiiiiiiiii asiiiiiii me gustaaaaaaaa muerdeeeeeeeeeee hazme dañoooooo aaaaaaaagggggggggggggggg que gustoooooooooooo siiiiiiiiiiiii no pares de mordermeeeeeeeeeee.
Éramos como dos serpientes o una de dos cabezas que se enroscan, que se buscan, que porque la cama era grande o habríamos caído al suelo. Me miró después de un incalculable tiempo de éxtasis y lujuria.
-¿De dónde has salido tú, cariño? –Me preguntó como una gatita. --¡Tienes el coño más bonito del mundo mundial! –Yo callaba y me recreaba en su hermoso y blanco rostro, que seguramente del roce, resaltaban sus enormes y rojos labios, un rojo natural porque me había fijado que al llegar, Andrea no llevaba ni maquillaje ni pintura labial.
-¡El tuyo también me ha encantado!
-¡Pues tuyo es si lo quieres! –Y me volvió a besar la boca.
Me estaba dando una ducha para vestirme y volver al despacho por si había llegado Salvador, y pensé que esa tarde ya sabía que en mi equipo tenía a dos de las capitanas más importantes del grupo, Karen y Andrea estaban en mi equipo.
Continuará.
6年前