Secretaria por fuerza
Año y medio en paro y mi cuenta empezaba a criar telarañas. Tenía que encontrar trabajo rápido o mi destino sería volver a casa de mis padres, admitiendo que no puedo valerme por mi misma.
En el periódico encontré un par de ofertas de secretaria, para lo que me había preparado con varios cursos. Ambas en oficinas del centro de Madrid. Me puse mi mejor traje de pantalón y ya en la sala de espera para la entrevista me di cuenta que había elegido mal. La mayoría de chicas iban de minifalda y escotes insinuantes diciendo “a mi, dámelo a mi”, sólo una chica gordita y yo nos vestiamos más serias y recatadas. Tras pasar todas, con las típicas preguntas rápidas y un vistazo a nuestro palmito, dijeron la ganadora, una rubia de tetas siliconadas con voz de tonta. Me fui a casa desilusionada con el mundo laboral y decidida a conseguir sí o sí el puesto del día siguiente.
Martes, un día estupendo para conseguir una nómina. Minifalda azul celeste, blusa blanca anudada sobre el ombligo, enseñando un poco de sujetador y sandalias de tacón. Me miré al espejo antes de salir, “putón verbenero, vamos”.
Era un edificio alto de oficinas, mi entrevista en el piso catorce, en el ascensor hombres que entraban y salían me miraban sin ningún recato. Bien, esa era la idea. En la sala encontré algunas de las chicas descartadas el día anterior, incluso la gordita, que hoy también enseñaba carne. Una por una fueron pasando, algunas al poco se iban y otras tardaban un poco más aunque salían llorando. Sin duda la entrevista era dura. A la gordita ni siquiera la dejó entrar. Entonces llegó mi turno.
Dos preguntas de rigor y una orden directa:
-En pie, paseate para que vea como te mueves.
No era la primera vez que me lo pedían y sabía que era normal así que me moví insinuante con cara de niña buena.
-Bien, quítate la ropa, mi secretaria debe tener una buena imagen y quiero comprobarlo, no te asustes, es lo habitual.
El hombre de unos cincuenta años bien llevados, tenía la barba recortada, calva afeitada, barriga de haber descuidado el deporte y… un bulto en la entrepierna! De habitual nada, este quería carne, me asusté y pensé en salir llorando como las anteriores chicas pero...no podía volver a casa y compartir habitación con mi hermano *********te. Abochornada, mirando al suelo me desabroché la blusa y la dejé sobre la mesa, a continuación la falda, quedando con un sostén remarcando mis pequeños pechos y las braguitas blancas recién estrenadas.
-¿Bragas? Mis secretarías llevan tanga, métetelas por el culo y enséñame esas nalgas.
Lo miré a los ojos y vi que iba en serio, total, suelo llevar tangas y mi culo no está tan mal. Las metí tirando hacia arriba, enseñándole el resultado. Su respuesta fue una carcajada que me desarmó. ¿Se reia de mi culo, de mi obediencia, era todo una broma estúpida?
-No puedo valorarlo bien. Mejor te las bajas hasta las rodillas, así, sin agacharte.
Valiente marrano! Este quería verme los agujeros! Cogí la ropa de la mesa y él me agarró del brazo parándome.
-Hasta ahora eres la mejor y tienes un buen curriculum, esto es lo habitual en las entrevistas de secretarias, si quieres trabajar hay que esforzarse.
Dudé un rato y su anterior sonrisa de viejo verde cambió a cómplice cariñoso. Entonces volví a mi posición y acaté su orden. Bragas abajo y mi coño en su cara, mientras la mia se ponía como un tomate.
-Perfecto, date la vuelta y déjame ver esas tetas.
Obedecí sin darme cuenta que al moverme las bragas cayeron al suelo. En un acto reflejo quise recogerlas pero el jefe negó con la cabeza. Esta vez no me pidió que me quitase el sujetador, ¡me lo quitó él mismo! con rapidez habilidosa, reaccionando mis pezones con la misma rapidez, tiesos y duros. Desnuda en una entrevista de trabajo para coger el teléfono y llevar cafés, mi cuenta del banco está dispuesta a todo, y el señor que ahora juguetea desde atrás con mis pezones mientras restriega la entrepierna en mi culo, lo sabe perfectamente. Tal vez fueron cinco segundos pero a mi me parecieron horas.
-Puedes vestirte, el trabajo es tuyo, avisa a las de afuera que se vayan, eso sí, la ropa interior me la quedo hasta que vengas mañana a trabajar. El de recepción del edificio te dará las instrucciones por escrito, dile que vas a trabajar para Don Pedro.
Salí a la sala ruborizada y me di cuenta que se me transparentaban las tetas cuando varias chicas susurraron “menuda puta”. Sí sí, pero el trabajo es mio.
En el ascensor soporté más miradas lascivas y el suelo era de espejo! ¡******! Espero que no vieran que iba sin bragas. En recepción al decirle al chico que iba de parte de Pedro, su mirada de arriba a abajo me desnudó una vez más, y me entregó un sobre que ponía “confidencial”.
Lo abrí nada más llegar a casa y quitarme los taconazos.
-”Cómo ser una buena secretaría”-
1.Obediencia máxima al jefe y rapidez de ejecución.
2.Tanga o nada, las nalgas siempre disponibles.
3.Escote o transparencia, el jefe quiere verte las tetas.
4*****rmes sobre tu vida privada, novios, viajes, actividades…
5.Horario amplio de disponibilidad.
6.Eres más tonta que tu jefe, acéptalo.
7.Tu jefe te llamará como quiera y tú responderás.
8.Serás servicial, con iniciativa en el placer de tu jefe.
9.Tu única tarea es hacer feliz a tu jefe, obedece y calla.
10.Cobrarás incentivos en la forma que tu jefe decida.
Vaya vaya, eso parecía un decálogo de una vulgar guarra, en el máster de gestión y recursos no hablaron nada de jefes queriendo ver carne. La verdad es que pasado el miedo del principio, la situación me puso cachonda, así que terminé de desnudarme y me masturbé hasta correrme tan ricamente, y para demostrarme lo que me importaban las absurdas normas del "jefe", me limpié el coño con la hojita.
Bueno, podía intentarlo, y si la situación se desmadraba, lo dejaría...
Beep beeep beeep
Suena el despertador y ya estoy nerviosa por el primer día de mi nuevo trabajo. Al encender el móvil veo un nuevo correo, es de mi jefe. En el asunto: importante.
“Buenos días, nueva secretaria. Estoy impaciente por ver como trabajas. Si quieres recuperar tu ropa interior de ayer, te recomiendo que no traigas otra. Obedece y no llegues tarde.”
Medio dormida apenas recordaba que mis braguitas y el sostén nuevo habían quedado sobre su mesa. Era bastante caro y me decidí a seguir su juego, no iba a permitir que un pervertido se quedara con mi ropa.
Tras una ducha rápida, en el espejo me vi desnuda, mis pechos firmes con pezones tiesos, culito respingón y… pequeño matojo en el coño. Ummm, es un buen día para la depilación. Cinco minutos más tarde ya estaba lista, con ganas de tocarme pero no podía llegar tarde. Ropa, ¿qué me pongo?, está claro que nada de lencería, las órdenes decían escote y una minifalda complementa mejor. El pelo… suelto es muy informal, en moño me hace mayor, mejor una coleta, sí.
En el metro notaba como algunos me clavaban la mirada y cuchicheaban. Tal vez se notara que iba sin bragas con aquella minifalda ajustada. O quizás los pezones se marcaban en el top de lycra. A mis 28 años no era una vestimenta muy normal, más típica de las quinceañeras un sábado noche. Bueno, yo iba a trabajar, ¡¡por fin!!
Llegué al edificio de oficinas y el recepcionista me paró.
-¿Eres Laura la secretaria de Don Pedro?
-Sí -dije con temor de que me echara para casa.
-Pasa directamente a su despacho, planta décima, al fondo, te está esperando.
Otra vez el maldito ascensor que todo refleja. Esta vez abrí un poco las piernas y me ruboricé al ver mi chochito todo depilado.
Un largo pasillo con suelo de moqueta roja llevaba a la puerta de mi nuevo jefe. Piqué y sin esperar respuesta entré.
-Buenos dias, ¿don Pedro?
-Pasa y quédate en el centro.
Era un despacho grande con pocos muebles, con ventanales ocupando dos de sus paredes y vistas a una Castellana imponente con hormiguitas por sus aceras, allí en medio me sentí tan absurdamente pequeña… Se levantó y rodeó la mesa para sentarse en ella delante de mi. Hoy llevaba un traje perfectamente planchado y en la penumbra de aquella sala don Pedro era un ser radiante y de mirada imponente.
-Te explico el contrato. Esta semana estás a prueba, si pasas el lunes firmas por seis meses, prorrogable. Sueldo base dos mil euros más incentivos. Tus tareas son gestionar documentación y obedecerme. ¿Entendido?
-S...sí, entendido. -Acojonada y muy ilusionada por el sueldazo, por fin un poco de suerte!
-¿Sí qué más?
Su gesto serio y desafiante me condujo a la respuesta.
-Sí, señor, gracias.
-Bien -esbozó media sonrisa y relajó la postura. ¿Quieres recuperar tu ropita íntima? Desnudate.
No era una broma, sus órdenes eran claras, obediencia y rapidez. Total, ya me había visto desnuda el día anterior. Me saqué el top y bajé la falda. Desnuda por un buen trabajo. De repente una luz del techo me iluminó, quedando como un maniquí expuesto. La verdad es que todo empezaba a incomodarme y más cuando se acercó a mi, despacio, como acechando a su presa. A mi alrededor sólo me olía, ni me rozó pero me sentí como ******* y al mismo tiempo intrigada, lo que me paralizaba para huir de aquella locura.
-¿Te has pelado el coño para mi? Buena chica. Voy a darte un incentivo, ponte de rodillas.
Mi cara de asombro y la falta de obediencia hizo que me obsequiara con un tremendo azote en la nalga derecha. Grité y sacudió su cabeza en desaprobación, dándome otro aún más fuerte en la nalga izquierda. Esta vez ahogué un gemido por miedo a más y me puse de rodillas medio llorando. ¿Iba a violarme?¿Pegarme?¿Donde me había metido?
Abrió la bragueta y sacó su miembro aún flacido pero ya de buen tamaño. No soy una mojigata y entendí en lo que consistía ese “incentivo”. Toqué la polla tímidamente con la lengua rezando para que estuviera limpia, luego la metí un poco en la boca observándolo entre mis lágrimas. Me sujetó por la coleta y comenzó a bombear como si me follara la boca, con lo que al momento creció y se puso dura. Me agarró de la coleta y empujó a fondo, me dieron ganas de *****ar y quise apartarlo empujandolo en sus muslos.
-Nooo, no. Mal, abre la boca.
Conseguí no *****ar (qué vergüenza!) y sin soltarme la coleta colocó mi cabeza bajo su perspectiva, abrí la boca y escupió todas sus babas e*****ando a la primera. Ahí sí que quise morir del asco y acabar con todo.
-Pórtate bien y consigue tu incentivo pronto, tengo mucho trabajo.
Totalmente humillada, me dejó hacer. Bajé su pantalón y lamí sus huevos, su duro falo que ya brillaba líquido en la punta, y bombeé lo más rápido y profundo que pude para que ese cabrón acabase pronto. Me cogió una teta en cada mano (manos suaves y fuertes), ordeñando y marcando el ritmo, retorciendo y pellizcando. Se quitó el cinturón del pantalón y tuve miedo pero no me dejó parar. Pronto descubrí su uso, si me apoyaba con las manos en algún sitio, si cerraba las piernas, si me daba una arcada o si me quejaba más que gemir “de gusto”, un cinturonazo acababa marcándome el culo, el cual recibió varios impactos antes de aprender la lección. Con el culo enrojecido, las tetas doloridas y la mandíbula desencajada de tanta polla, entonces gordos chorros de leche me dispararon la cara y otros en la boca mientras me sujetaba para que no escapase. No tuve más remedio que tragar parte.
-No está mal, ¿ves como puedes ser una buena secretaria?.Ahora no te limpies y masturbate mientras firmo unos papeles.
-¿Qué? - solté incrédula aún desnuda a sus pies y cubierta de su lefa- Perdón, señor, ¿quiere que…?
-Sí, quiero ver como te corres. Está claro que te pones cachonda sólo de verme, te doy permiso para disfrutar, aprovecha, jajajaja.
Ese cerdo pensaba que encima yo le deseaba, ¡qué locura!... Y que… pequeña verdad. Había algo en aquel hombre que hipnotizaba. Un perverso que tenía un trasfondo de complicidad.
Volvió a su mesa y me sonrió como un novio enamoradizo. Eso me desarmó y de pie comencé a tocarme, metiendo un dedo, manoseando las tetas, sobando el clítoris hasta que gimiendo estaba llegando al climax.
-Laura, ¿o puedo llamarte zorrita?, mírame cuando te corras.
Su cara de viejo pervertido casi me corta el rollo pero en sus ojos se reflejaba lo guarra que me sentía así que con piernas temblorosas y roja como un tomate, me corrí como nunca, chorreando por ambas piernas hasta mojar los zapatos rojos de tacón que ya ni me hacían daño.
Tras un eterno minuto donde intentaba recomponerme físicamente y volver a la realidad de tremendas autohumillación, don Pedro comenzó a aplaudir lentamente y me tiró la lencería.
-Puedes vestirte, zorrita, hoy te dejo llevar esas horribles bragas, para que veas que soy bueno. No hace falta que te limpies. Sal y cuando esté todo seco, vas a donde Severino para que te de los documentos para informatizar.
-Gracias don Pedro.
Mientras hablaba ya estaba vestida y salí tambaleandome como pude. ¿Habría más dias así en la oficina? ¿Tendrá más “secretarias”?
Ese día intenté concentrarme en el papeleo para no mojar mis “horribles bragas” pensando en la polla de mi jefe.¿Qué estaba haciendo en mi mente?
Nada más cruzar la puerta del despacho de mi Jefe, me vine abajo y quería llorar. ¡No! No agacharé la cabeza ante mis padres y el malcriado de mi hermano. Si tengo que chuparle la polla al señor este, pues me acostumbraré.
En la oficina general pregunté por Severino. Con ese nombre pensaba que sería un señor mayor y mi sorpresa fue al encontrar un chico de unos veinte años, de cabello rizado y ojos azules aún llenos de inocencia.
-¿Eres la nueva secretaria? Espero que dures más de un día. Don Pedro tiene malas pulgas pero en el fondo es un buen hombre, ya verás. Desde que enviudó el año pasado va un poco...ejem...salido, jajaja, que no te asuste.
No supe adivinar si ese chaval sabía lo que ocurría en aquel despacho o sólo bromeaba para acomodarme. De repente recordé que tenía la lefa reseca del jefe por la cara y de mis jugos por las piernas, así que sí, el Severino se mofaba de mi. Me explicó como funcionaba el sistema informático y ahí estuve toda la jornada volviendome loca.
Faltaban diez minutos para acabar y me llama el Jefe al teléfono personal. Quería verme en su despacho antes de irme. ¡******! ¡No puede ser que quiera otra mamada! Quizás sólo quiera saber que tal voy.
-[toc toc] ¿Don Pedro?
-Adelante.
Pasé y estaba en su ordenador todavía trabajando.
-Ya sabes cual es tu sitio. Y desnudate. Aquí las secretarias no llevan ropa. ¿Se fijó Severino en tu “maquillaje de puta”?
-Esto…
-No hace falta que hables. ¡¡Obedece!!
Su orden tan serio me asustó un poco. ¿Otra vez, no se cansa el viejo este?
En el centro, bajo el humillante foco volví a estar desnuda a su antojo. No sé por qué me atreví a chulear:
-¿Le chupo la polla otra vez o qué?
-Jajajaja cerdita, ¿tanto te gustó? Quiero hacer tu ficha personal. Trae tu móvil en la boca, a cuatro patas.
Don Pedro quería humillarme cada vez más, no me quería como simple puta, sus juegos empezaban a asustarme de verdad. Exploraba mis límites puesto que a cada orden me decía “¿por qué no?”.
Encendió mi móvil y toqueteó un poco. Se sacó la polla, que ya estaba bien tiesa, y me ordenó abrir la boca. Iba a chupar pero me paró, no era eso lo que quería. Hizo una foto y tras tocar un par de cosas me lo enseñó. Tenía miedo de que se lo hubiera mandado a algún contacto. Nooo, la puso ¡¡de fondo de pantalla!!
-Aquí estás, a mis pies adorando mi polla. Así lo recordarás. Y ahora voy a hacerte un video. Di: “soy la secretaria sumisa de Don Pedro y voy a obedecerle en todo”.
Repetí como una autómata y no pareció gustarle.
-Ahora dilo con más ganas, y contoneate como buena putita, anda, se buena.
Dije la frase de nuevo con lascivia y tan cachonda que hasta me puse roja.
-Perfecto, verás este video al levantarte y acostarte, para que te des cuenta lo que eres y donde estás. Bien, inclínate sobre la mesa, es hora de follarte.
Me puse de pie como un resorte y reculé por instinto. Claro, qué inocente, seguía con la polla a través de la bragueta y tendría que usarla. Que usarme…
Un paso más en mis límites. Me apoyé sobre la mesa y el frío en contacto con mis pezones hizo que se pusieran tiesos. Abrí las piernas para facilitarle la inevitable penetración y traté de relajarme. Agarró mis manos a la espalda y se abalanzó sobre mi, besando mi cuello, la espalda,... con ambas manos separó los glúteos y besó el coño y el culo, lo cual me dio un respingo y solté un suspiro.
-¿Con cual vamos primero?
-Oh!! -exclamé al ver que quería desvirgarme el culo- por favor…
-Vaya vaya, ¿tienes la cuevita sin explorar? La dejaremos para otra ocasión más importante.
Sin contemplaciones metió dos dedos en el coño que instintivamente ya estaba mojado. Jugaba a sacarme gemidos y cuando lo conseguía me pellizcaba el clítoris.
-Dame las gracias y pide permiso para correrte.
Se separó y tras unos eternos segundos de soledad, sentí la punta de su verga apoyada en mi entrada.
-He tenido el detalle de ponerme un condón. Suplícame que te folle o me lo quito.
-Oh Señor, gracias por el detalle, le suplico que me folle, métame la polla hasta el fondo, soy su puta.
Mis palabras sonaron como un eco en mi cabeza, y sin espera ninguna empujó lento y hasta el fondo su polla palpitante. Se mantuvo dentro unos segundos susurrándome lo rico que tenía el coño, que tenía suerte de haber encontrado su polla… Y la sacó. Me miró a los ojos buscando mis palabras.
-Vuelva a meterla, Señor, fólleme enteritaaahh
Volvió a enterrarla, esta vez de un golpe y sin cuidado ninguno, y bombeó frenéticamente.
Me estaba haciendo daño con la mesa pero no me atreví a protestar. Pellizcaba mis tetillas, soltaba algún azote, y masajeó mi clítoris un poco hasta que casi me corro.
-¿Vas a correrte, zorra? ¿Quien te dio permiso?
-Aaah, Señor, aaah ummm, no puedo más, deje que me corra, le pido permiso.
-¿Como?
-Su zorra pide permiso para correrse, Señor.
-Concedido
Casi al instante me empezaron los espasmos. Me estaba corriendo con la polla de mi jefe, bajo sus órdenes y su permiso, como una vulgar zorra. Qué vergüenza.
Sacó la verga y me hizo poner de rodillas para recibir sus chorros. Como los de esa mañana volvieron a caer en la cara pero esta vez procuré que entrara más en la boca para no salir con tanto “maquillaje”.
Quedé sentada en el suelo, rendida. Pero Don Pedro aún tenía más sorpresas.
-Ponte de nuevo sobre la mesa. Te has portado tan bien que te mereces un regalo.
De un cajón de su mesa sacó un plug negro, de pequeño grosor, con estrías por la punta y acabado en un rubí rojo. Puse los ojos como platos pensando que acabaría en mi culo pero lo insertó con cuidado en el coño.
-Vístete y lo llevas ahí hasta casa. Acuérdate de los deberes de mirar tu video. Hoy me has demostrado ser una gran secretaria, tal vez firmemos antes el contrato.
Y así, follada, humillada una vez más, entregada a un jefe sexualmente dominante, y con un consolador en el coño, me vestí temblorosa mientras Don Pedro sólo colocaba unos papeles sin importancia...sin importarle la tia que se acababa de follar.
-Señor, ¿permiso para retirarme?
-Claro. Disfruta del paseo.
Bajando de su despacho, al pasar por la oficina central no quise ni mirar a mis compañeros. Severino me clavó la mirada en la nuca… y tal vez en el culo. No caminaba con naturalidad. El plug era pequeño pero al moverme rozaba cada centímetro, incluyendo el sensible punto g.
En el hall del edificio el portero me saludó y ni pude contestarle. Pero lo peor fue en el metro. No me atreví a sentarme por si la liaba con aquello dentro. A dos paradas de mi casa me sonó el teléfono, era Don Pedro.
-Hola, ¿como lo llevas?
-Ummm, dentro. Bien. No. Mal. No sé.
-Voy a ayudarte con la respuesta.
BRRRRR!!! ******! Era un vibrador a distancia, ¿como carajos…? Solté un grito de sorpresa cuando mi ya sensible coño además vibraba!! Un señor a mi lado me tocó la rodilla preguntando si estaba bien. Aquel sutil contacto lo viví como una agresión pero ya nada me importaba.
-Veo que funciona el plug wifi, jajajaja, cada cinco minutos lo accionaré. Por tu bien espero que estés cerca de casa.
Acto seguido colgó y me dejó aún más nerviosa.
Consultaba el reloj del móvil descontando los minutos. Uno más y mi punto g volvería a dejarme doblada de un placer que debía ocultar a la muchedumbre. Aceleré los pasos, haciendo que las frotaciones casi me estuvieran pajeando. Mi foto comiendole la polla en el fondo de pantalla parecía un lavado de cerebro. Mi placer unido a mi sumisión por Él. Quería llegar a casa y correrme de una vez, pero…¿debía pedirle permiso?
Al salir del metro sucedió la segunda vibración, más corta o así me parecía.
Tres calles más arriba, entré en el portal y el vecino del primero tenía ganas de charlar. Dejé al jubilado con la palabra en la boca cuando vi que pasaron cuatro minutos y medio. Ascensor subiendo y en el descansillo salían de casa mi vecina Toñi con sus dos gemelos de tres años, justo cuando cumplieron los cinc...BRRRRRR
-Aaaah, lo siento Toñi, me meo.
-¡Meona, meona, meona! -canturrearon los niños al unísono-
Por fin en casa. Por instinto me quité la ropa y frente al espejo de la habitación dudé si quitar el plug o esperar cinco minutos para correrme. ¿Qué le gustaría a mi jefe? Lo llamé
-Disculpe, ya estoy en casa, gracias por su regalo pero… me gustaría correme pero…
-Sencillo, puedes correrte si te lo metes en el culo. Debes ir entrenándolo. Hazlo y me envias una foto. Entonces lo accionaré cuando me de la gana para que te toques como una guarra, y cuando te corras, me llamas.
Tenía tantas ganas de correrme que no me pareció tan mala idea. El plug salió bien mojado de mis fujos así que estaba luricado para intentar lo acordado. No fue tan dificil como pensaba, se sentía raro, apretadito. Le hice un selfie al culo con el plug insertado y al momento de enviarselo ya empezaron las vibraciones intermitentes. Oooh diosss, era una sensación divina, ¿por qué no lo probaría antes? Me corrí con gusto y saqué el plug antes de la llamada acordada.
-Gracias Señor.
-Jajaja, dejémoslo en que me debes una. Ahora mira el video, no olvides hacerlo al acostarte y descansa para mañana. Un beso, zorrita.
-Hasta mañana, Señor
En el periódico encontré un par de ofertas de secretaria, para lo que me había preparado con varios cursos. Ambas en oficinas del centro de Madrid. Me puse mi mejor traje de pantalón y ya en la sala de espera para la entrevista me di cuenta que había elegido mal. La mayoría de chicas iban de minifalda y escotes insinuantes diciendo “a mi, dámelo a mi”, sólo una chica gordita y yo nos vestiamos más serias y recatadas. Tras pasar todas, con las típicas preguntas rápidas y un vistazo a nuestro palmito, dijeron la ganadora, una rubia de tetas siliconadas con voz de tonta. Me fui a casa desilusionada con el mundo laboral y decidida a conseguir sí o sí el puesto del día siguiente.
Martes, un día estupendo para conseguir una nómina. Minifalda azul celeste, blusa blanca anudada sobre el ombligo, enseñando un poco de sujetador y sandalias de tacón. Me miré al espejo antes de salir, “putón verbenero, vamos”.
Era un edificio alto de oficinas, mi entrevista en el piso catorce, en el ascensor hombres que entraban y salían me miraban sin ningún recato. Bien, esa era la idea. En la sala encontré algunas de las chicas descartadas el día anterior, incluso la gordita, que hoy también enseñaba carne. Una por una fueron pasando, algunas al poco se iban y otras tardaban un poco más aunque salían llorando. Sin duda la entrevista era dura. A la gordita ni siquiera la dejó entrar. Entonces llegó mi turno.
Dos preguntas de rigor y una orden directa:
-En pie, paseate para que vea como te mueves.
No era la primera vez que me lo pedían y sabía que era normal así que me moví insinuante con cara de niña buena.
-Bien, quítate la ropa, mi secretaria debe tener una buena imagen y quiero comprobarlo, no te asustes, es lo habitual.
El hombre de unos cincuenta años bien llevados, tenía la barba recortada, calva afeitada, barriga de haber descuidado el deporte y… un bulto en la entrepierna! De habitual nada, este quería carne, me asusté y pensé en salir llorando como las anteriores chicas pero...no podía volver a casa y compartir habitación con mi hermano *********te. Abochornada, mirando al suelo me desabroché la blusa y la dejé sobre la mesa, a continuación la falda, quedando con un sostén remarcando mis pequeños pechos y las braguitas blancas recién estrenadas.
-¿Bragas? Mis secretarías llevan tanga, métetelas por el culo y enséñame esas nalgas.
Lo miré a los ojos y vi que iba en serio, total, suelo llevar tangas y mi culo no está tan mal. Las metí tirando hacia arriba, enseñándole el resultado. Su respuesta fue una carcajada que me desarmó. ¿Se reia de mi culo, de mi obediencia, era todo una broma estúpida?
-No puedo valorarlo bien. Mejor te las bajas hasta las rodillas, así, sin agacharte.
Valiente marrano! Este quería verme los agujeros! Cogí la ropa de la mesa y él me agarró del brazo parándome.
-Hasta ahora eres la mejor y tienes un buen curriculum, esto es lo habitual en las entrevistas de secretarias, si quieres trabajar hay que esforzarse.
Dudé un rato y su anterior sonrisa de viejo verde cambió a cómplice cariñoso. Entonces volví a mi posición y acaté su orden. Bragas abajo y mi coño en su cara, mientras la mia se ponía como un tomate.
-Perfecto, date la vuelta y déjame ver esas tetas.
Obedecí sin darme cuenta que al moverme las bragas cayeron al suelo. En un acto reflejo quise recogerlas pero el jefe negó con la cabeza. Esta vez no me pidió que me quitase el sujetador, ¡me lo quitó él mismo! con rapidez habilidosa, reaccionando mis pezones con la misma rapidez, tiesos y duros. Desnuda en una entrevista de trabajo para coger el teléfono y llevar cafés, mi cuenta del banco está dispuesta a todo, y el señor que ahora juguetea desde atrás con mis pezones mientras restriega la entrepierna en mi culo, lo sabe perfectamente. Tal vez fueron cinco segundos pero a mi me parecieron horas.
-Puedes vestirte, el trabajo es tuyo, avisa a las de afuera que se vayan, eso sí, la ropa interior me la quedo hasta que vengas mañana a trabajar. El de recepción del edificio te dará las instrucciones por escrito, dile que vas a trabajar para Don Pedro.
Salí a la sala ruborizada y me di cuenta que se me transparentaban las tetas cuando varias chicas susurraron “menuda puta”. Sí sí, pero el trabajo es mio.
En el ascensor soporté más miradas lascivas y el suelo era de espejo! ¡******! Espero que no vieran que iba sin bragas. En recepción al decirle al chico que iba de parte de Pedro, su mirada de arriba a abajo me desnudó una vez más, y me entregó un sobre que ponía “confidencial”.
Lo abrí nada más llegar a casa y quitarme los taconazos.
-”Cómo ser una buena secretaría”-
1.Obediencia máxima al jefe y rapidez de ejecución.
2.Tanga o nada, las nalgas siempre disponibles.
3.Escote o transparencia, el jefe quiere verte las tetas.
4*****rmes sobre tu vida privada, novios, viajes, actividades…
5.Horario amplio de disponibilidad.
6.Eres más tonta que tu jefe, acéptalo.
7.Tu jefe te llamará como quiera y tú responderás.
8.Serás servicial, con iniciativa en el placer de tu jefe.
9.Tu única tarea es hacer feliz a tu jefe, obedece y calla.
10.Cobrarás incentivos en la forma que tu jefe decida.
Vaya vaya, eso parecía un decálogo de una vulgar guarra, en el máster de gestión y recursos no hablaron nada de jefes queriendo ver carne. La verdad es que pasado el miedo del principio, la situación me puso cachonda, así que terminé de desnudarme y me masturbé hasta correrme tan ricamente, y para demostrarme lo que me importaban las absurdas normas del "jefe", me limpié el coño con la hojita.
Bueno, podía intentarlo, y si la situación se desmadraba, lo dejaría...
Beep beeep beeep
Suena el despertador y ya estoy nerviosa por el primer día de mi nuevo trabajo. Al encender el móvil veo un nuevo correo, es de mi jefe. En el asunto: importante.
“Buenos días, nueva secretaria. Estoy impaciente por ver como trabajas. Si quieres recuperar tu ropa interior de ayer, te recomiendo que no traigas otra. Obedece y no llegues tarde.”
Medio dormida apenas recordaba que mis braguitas y el sostén nuevo habían quedado sobre su mesa. Era bastante caro y me decidí a seguir su juego, no iba a permitir que un pervertido se quedara con mi ropa.
Tras una ducha rápida, en el espejo me vi desnuda, mis pechos firmes con pezones tiesos, culito respingón y… pequeño matojo en el coño. Ummm, es un buen día para la depilación. Cinco minutos más tarde ya estaba lista, con ganas de tocarme pero no podía llegar tarde. Ropa, ¿qué me pongo?, está claro que nada de lencería, las órdenes decían escote y una minifalda complementa mejor. El pelo… suelto es muy informal, en moño me hace mayor, mejor una coleta, sí.
En el metro notaba como algunos me clavaban la mirada y cuchicheaban. Tal vez se notara que iba sin bragas con aquella minifalda ajustada. O quizás los pezones se marcaban en el top de lycra. A mis 28 años no era una vestimenta muy normal, más típica de las quinceañeras un sábado noche. Bueno, yo iba a trabajar, ¡¡por fin!!
Llegué al edificio de oficinas y el recepcionista me paró.
-¿Eres Laura la secretaria de Don Pedro?
-Sí -dije con temor de que me echara para casa.
-Pasa directamente a su despacho, planta décima, al fondo, te está esperando.
Otra vez el maldito ascensor que todo refleja. Esta vez abrí un poco las piernas y me ruboricé al ver mi chochito todo depilado.
Un largo pasillo con suelo de moqueta roja llevaba a la puerta de mi nuevo jefe. Piqué y sin esperar respuesta entré.
-Buenos dias, ¿don Pedro?
-Pasa y quédate en el centro.
Era un despacho grande con pocos muebles, con ventanales ocupando dos de sus paredes y vistas a una Castellana imponente con hormiguitas por sus aceras, allí en medio me sentí tan absurdamente pequeña… Se levantó y rodeó la mesa para sentarse en ella delante de mi. Hoy llevaba un traje perfectamente planchado y en la penumbra de aquella sala don Pedro era un ser radiante y de mirada imponente.
-Te explico el contrato. Esta semana estás a prueba, si pasas el lunes firmas por seis meses, prorrogable. Sueldo base dos mil euros más incentivos. Tus tareas son gestionar documentación y obedecerme. ¿Entendido?
-S...sí, entendido. -Acojonada y muy ilusionada por el sueldazo, por fin un poco de suerte!
-¿Sí qué más?
Su gesto serio y desafiante me condujo a la respuesta.
-Sí, señor, gracias.
-Bien -esbozó media sonrisa y relajó la postura. ¿Quieres recuperar tu ropita íntima? Desnudate.
No era una broma, sus órdenes eran claras, obediencia y rapidez. Total, ya me había visto desnuda el día anterior. Me saqué el top y bajé la falda. Desnuda por un buen trabajo. De repente una luz del techo me iluminó, quedando como un maniquí expuesto. La verdad es que todo empezaba a incomodarme y más cuando se acercó a mi, despacio, como acechando a su presa. A mi alrededor sólo me olía, ni me rozó pero me sentí como ******* y al mismo tiempo intrigada, lo que me paralizaba para huir de aquella locura.
-¿Te has pelado el coño para mi? Buena chica. Voy a darte un incentivo, ponte de rodillas.
Mi cara de asombro y la falta de obediencia hizo que me obsequiara con un tremendo azote en la nalga derecha. Grité y sacudió su cabeza en desaprobación, dándome otro aún más fuerte en la nalga izquierda. Esta vez ahogué un gemido por miedo a más y me puse de rodillas medio llorando. ¿Iba a violarme?¿Pegarme?¿Donde me había metido?
Abrió la bragueta y sacó su miembro aún flacido pero ya de buen tamaño. No soy una mojigata y entendí en lo que consistía ese “incentivo”. Toqué la polla tímidamente con la lengua rezando para que estuviera limpia, luego la metí un poco en la boca observándolo entre mis lágrimas. Me sujetó por la coleta y comenzó a bombear como si me follara la boca, con lo que al momento creció y se puso dura. Me agarró de la coleta y empujó a fondo, me dieron ganas de *****ar y quise apartarlo empujandolo en sus muslos.
-Nooo, no. Mal, abre la boca.
Conseguí no *****ar (qué vergüenza!) y sin soltarme la coleta colocó mi cabeza bajo su perspectiva, abrí la boca y escupió todas sus babas e*****ando a la primera. Ahí sí que quise morir del asco y acabar con todo.
-Pórtate bien y consigue tu incentivo pronto, tengo mucho trabajo.
Totalmente humillada, me dejó hacer. Bajé su pantalón y lamí sus huevos, su duro falo que ya brillaba líquido en la punta, y bombeé lo más rápido y profundo que pude para que ese cabrón acabase pronto. Me cogió una teta en cada mano (manos suaves y fuertes), ordeñando y marcando el ritmo, retorciendo y pellizcando. Se quitó el cinturón del pantalón y tuve miedo pero no me dejó parar. Pronto descubrí su uso, si me apoyaba con las manos en algún sitio, si cerraba las piernas, si me daba una arcada o si me quejaba más que gemir “de gusto”, un cinturonazo acababa marcándome el culo, el cual recibió varios impactos antes de aprender la lección. Con el culo enrojecido, las tetas doloridas y la mandíbula desencajada de tanta polla, entonces gordos chorros de leche me dispararon la cara y otros en la boca mientras me sujetaba para que no escapase. No tuve más remedio que tragar parte.
-No está mal, ¿ves como puedes ser una buena secretaria?.Ahora no te limpies y masturbate mientras firmo unos papeles.
-¿Qué? - solté incrédula aún desnuda a sus pies y cubierta de su lefa- Perdón, señor, ¿quiere que…?
-Sí, quiero ver como te corres. Está claro que te pones cachonda sólo de verme, te doy permiso para disfrutar, aprovecha, jajajaja.
Ese cerdo pensaba que encima yo le deseaba, ¡qué locura!... Y que… pequeña verdad. Había algo en aquel hombre que hipnotizaba. Un perverso que tenía un trasfondo de complicidad.
Volvió a su mesa y me sonrió como un novio enamoradizo. Eso me desarmó y de pie comencé a tocarme, metiendo un dedo, manoseando las tetas, sobando el clítoris hasta que gimiendo estaba llegando al climax.
-Laura, ¿o puedo llamarte zorrita?, mírame cuando te corras.
Su cara de viejo pervertido casi me corta el rollo pero en sus ojos se reflejaba lo guarra que me sentía así que con piernas temblorosas y roja como un tomate, me corrí como nunca, chorreando por ambas piernas hasta mojar los zapatos rojos de tacón que ya ni me hacían daño.
Tras un eterno minuto donde intentaba recomponerme físicamente y volver a la realidad de tremendas autohumillación, don Pedro comenzó a aplaudir lentamente y me tiró la lencería.
-Puedes vestirte, zorrita, hoy te dejo llevar esas horribles bragas, para que veas que soy bueno. No hace falta que te limpies. Sal y cuando esté todo seco, vas a donde Severino para que te de los documentos para informatizar.
-Gracias don Pedro.
Mientras hablaba ya estaba vestida y salí tambaleandome como pude. ¿Habría más dias así en la oficina? ¿Tendrá más “secretarias”?
Ese día intenté concentrarme en el papeleo para no mojar mis “horribles bragas” pensando en la polla de mi jefe.¿Qué estaba haciendo en mi mente?
Nada más cruzar la puerta del despacho de mi Jefe, me vine abajo y quería llorar. ¡No! No agacharé la cabeza ante mis padres y el malcriado de mi hermano. Si tengo que chuparle la polla al señor este, pues me acostumbraré.
En la oficina general pregunté por Severino. Con ese nombre pensaba que sería un señor mayor y mi sorpresa fue al encontrar un chico de unos veinte años, de cabello rizado y ojos azules aún llenos de inocencia.
-¿Eres la nueva secretaria? Espero que dures más de un día. Don Pedro tiene malas pulgas pero en el fondo es un buen hombre, ya verás. Desde que enviudó el año pasado va un poco...ejem...salido, jajaja, que no te asuste.
No supe adivinar si ese chaval sabía lo que ocurría en aquel despacho o sólo bromeaba para acomodarme. De repente recordé que tenía la lefa reseca del jefe por la cara y de mis jugos por las piernas, así que sí, el Severino se mofaba de mi. Me explicó como funcionaba el sistema informático y ahí estuve toda la jornada volviendome loca.
Faltaban diez minutos para acabar y me llama el Jefe al teléfono personal. Quería verme en su despacho antes de irme. ¡******! ¡No puede ser que quiera otra mamada! Quizás sólo quiera saber que tal voy.
-[toc toc] ¿Don Pedro?
-Adelante.
Pasé y estaba en su ordenador todavía trabajando.
-Ya sabes cual es tu sitio. Y desnudate. Aquí las secretarias no llevan ropa. ¿Se fijó Severino en tu “maquillaje de puta”?
-Esto…
-No hace falta que hables. ¡¡Obedece!!
Su orden tan serio me asustó un poco. ¿Otra vez, no se cansa el viejo este?
En el centro, bajo el humillante foco volví a estar desnuda a su antojo. No sé por qué me atreví a chulear:
-¿Le chupo la polla otra vez o qué?
-Jajajaja cerdita, ¿tanto te gustó? Quiero hacer tu ficha personal. Trae tu móvil en la boca, a cuatro patas.
Don Pedro quería humillarme cada vez más, no me quería como simple puta, sus juegos empezaban a asustarme de verdad. Exploraba mis límites puesto que a cada orden me decía “¿por qué no?”.
Encendió mi móvil y toqueteó un poco. Se sacó la polla, que ya estaba bien tiesa, y me ordenó abrir la boca. Iba a chupar pero me paró, no era eso lo que quería. Hizo una foto y tras tocar un par de cosas me lo enseñó. Tenía miedo de que se lo hubiera mandado a algún contacto. Nooo, la puso ¡¡de fondo de pantalla!!
-Aquí estás, a mis pies adorando mi polla. Así lo recordarás. Y ahora voy a hacerte un video. Di: “soy la secretaria sumisa de Don Pedro y voy a obedecerle en todo”.
Repetí como una autómata y no pareció gustarle.
-Ahora dilo con más ganas, y contoneate como buena putita, anda, se buena.
Dije la frase de nuevo con lascivia y tan cachonda que hasta me puse roja.
-Perfecto, verás este video al levantarte y acostarte, para que te des cuenta lo que eres y donde estás. Bien, inclínate sobre la mesa, es hora de follarte.
Me puse de pie como un resorte y reculé por instinto. Claro, qué inocente, seguía con la polla a través de la bragueta y tendría que usarla. Que usarme…
Un paso más en mis límites. Me apoyé sobre la mesa y el frío en contacto con mis pezones hizo que se pusieran tiesos. Abrí las piernas para facilitarle la inevitable penetración y traté de relajarme. Agarró mis manos a la espalda y se abalanzó sobre mi, besando mi cuello, la espalda,... con ambas manos separó los glúteos y besó el coño y el culo, lo cual me dio un respingo y solté un suspiro.
-¿Con cual vamos primero?
-Oh!! -exclamé al ver que quería desvirgarme el culo- por favor…
-Vaya vaya, ¿tienes la cuevita sin explorar? La dejaremos para otra ocasión más importante.
Sin contemplaciones metió dos dedos en el coño que instintivamente ya estaba mojado. Jugaba a sacarme gemidos y cuando lo conseguía me pellizcaba el clítoris.
-Dame las gracias y pide permiso para correrte.
Se separó y tras unos eternos segundos de soledad, sentí la punta de su verga apoyada en mi entrada.
-He tenido el detalle de ponerme un condón. Suplícame que te folle o me lo quito.
-Oh Señor, gracias por el detalle, le suplico que me folle, métame la polla hasta el fondo, soy su puta.
Mis palabras sonaron como un eco en mi cabeza, y sin espera ninguna empujó lento y hasta el fondo su polla palpitante. Se mantuvo dentro unos segundos susurrándome lo rico que tenía el coño, que tenía suerte de haber encontrado su polla… Y la sacó. Me miró a los ojos buscando mis palabras.
-Vuelva a meterla, Señor, fólleme enteritaaahh
Volvió a enterrarla, esta vez de un golpe y sin cuidado ninguno, y bombeó frenéticamente.
Me estaba haciendo daño con la mesa pero no me atreví a protestar. Pellizcaba mis tetillas, soltaba algún azote, y masajeó mi clítoris un poco hasta que casi me corro.
-¿Vas a correrte, zorra? ¿Quien te dio permiso?
-Aaah, Señor, aaah ummm, no puedo más, deje que me corra, le pido permiso.
-¿Como?
-Su zorra pide permiso para correrse, Señor.
-Concedido
Casi al instante me empezaron los espasmos. Me estaba corriendo con la polla de mi jefe, bajo sus órdenes y su permiso, como una vulgar zorra. Qué vergüenza.
Sacó la verga y me hizo poner de rodillas para recibir sus chorros. Como los de esa mañana volvieron a caer en la cara pero esta vez procuré que entrara más en la boca para no salir con tanto “maquillaje”.
Quedé sentada en el suelo, rendida. Pero Don Pedro aún tenía más sorpresas.
-Ponte de nuevo sobre la mesa. Te has portado tan bien que te mereces un regalo.
De un cajón de su mesa sacó un plug negro, de pequeño grosor, con estrías por la punta y acabado en un rubí rojo. Puse los ojos como platos pensando que acabaría en mi culo pero lo insertó con cuidado en el coño.
-Vístete y lo llevas ahí hasta casa. Acuérdate de los deberes de mirar tu video. Hoy me has demostrado ser una gran secretaria, tal vez firmemos antes el contrato.
Y así, follada, humillada una vez más, entregada a un jefe sexualmente dominante, y con un consolador en el coño, me vestí temblorosa mientras Don Pedro sólo colocaba unos papeles sin importancia...sin importarle la tia que se acababa de follar.
-Señor, ¿permiso para retirarme?
-Claro. Disfruta del paseo.
Bajando de su despacho, al pasar por la oficina central no quise ni mirar a mis compañeros. Severino me clavó la mirada en la nuca… y tal vez en el culo. No caminaba con naturalidad. El plug era pequeño pero al moverme rozaba cada centímetro, incluyendo el sensible punto g.
En el hall del edificio el portero me saludó y ni pude contestarle. Pero lo peor fue en el metro. No me atreví a sentarme por si la liaba con aquello dentro. A dos paradas de mi casa me sonó el teléfono, era Don Pedro.
-Hola, ¿como lo llevas?
-Ummm, dentro. Bien. No. Mal. No sé.
-Voy a ayudarte con la respuesta.
BRRRRR!!! ******! Era un vibrador a distancia, ¿como carajos…? Solté un grito de sorpresa cuando mi ya sensible coño además vibraba!! Un señor a mi lado me tocó la rodilla preguntando si estaba bien. Aquel sutil contacto lo viví como una agresión pero ya nada me importaba.
-Veo que funciona el plug wifi, jajajaja, cada cinco minutos lo accionaré. Por tu bien espero que estés cerca de casa.
Acto seguido colgó y me dejó aún más nerviosa.
Consultaba el reloj del móvil descontando los minutos. Uno más y mi punto g volvería a dejarme doblada de un placer que debía ocultar a la muchedumbre. Aceleré los pasos, haciendo que las frotaciones casi me estuvieran pajeando. Mi foto comiendole la polla en el fondo de pantalla parecía un lavado de cerebro. Mi placer unido a mi sumisión por Él. Quería llegar a casa y correrme de una vez, pero…¿debía pedirle permiso?
Al salir del metro sucedió la segunda vibración, más corta o así me parecía.
Tres calles más arriba, entré en el portal y el vecino del primero tenía ganas de charlar. Dejé al jubilado con la palabra en la boca cuando vi que pasaron cuatro minutos y medio. Ascensor subiendo y en el descansillo salían de casa mi vecina Toñi con sus dos gemelos de tres años, justo cuando cumplieron los cinc...BRRRRRR
-Aaaah, lo siento Toñi, me meo.
-¡Meona, meona, meona! -canturrearon los niños al unísono-
Por fin en casa. Por instinto me quité la ropa y frente al espejo de la habitación dudé si quitar el plug o esperar cinco minutos para correrme. ¿Qué le gustaría a mi jefe? Lo llamé
-Disculpe, ya estoy en casa, gracias por su regalo pero… me gustaría correme pero…
-Sencillo, puedes correrte si te lo metes en el culo. Debes ir entrenándolo. Hazlo y me envias una foto. Entonces lo accionaré cuando me de la gana para que te toques como una guarra, y cuando te corras, me llamas.
Tenía tantas ganas de correrme que no me pareció tan mala idea. El plug salió bien mojado de mis fujos así que estaba luricado para intentar lo acordado. No fue tan dificil como pensaba, se sentía raro, apretadito. Le hice un selfie al culo con el plug insertado y al momento de enviarselo ya empezaron las vibraciones intermitentes. Oooh diosss, era una sensación divina, ¿por qué no lo probaría antes? Me corrí con gusto y saqué el plug antes de la llamada acordada.
-Gracias Señor.
-Jajaja, dejémoslo en que me debes una. Ahora mira el video, no olvides hacerlo al acostarte y descansa para mañana. Un beso, zorrita.
-Hasta mañana, Señor
6年前