Amanda mi prima venezolana
Parece que las cosas en Venezuela, no están bien del todo. No es que Argentina sea un paraíso, pero por lo que cuenta en Caracas se vive mal. Con temores. Yo de política soy un cero a la izquierda. Pero bueno. Un día recibo una noticia inesperada, mi tío que apenas vi dos o tres veces, falleció en Caracas. Hermano de mi difunta madre. Y me piden que me ponga en contacto con Amanda, la hija de mi tío.
En una comunicación telefónica, llora sin pausa, me pide un número de celular para comunicarse por WhatsApp. Se lo doy. Pasan dos días y ella me llama.
- Disculpa primo lo de los otros días, hoy estoy mejor
- Te entiendo
- Necesito tu ayuda.
- Dime
- Tengo pensado radicarme en tu País. Acá las cosas están y van para peor. Esta vaina no se soporta.
- ¿Cómo te ayudo?
- Alójame un tiempo en tu casa. Yo veré de que vivir y me buscaré donde.
- La casa de mis padres, es grande. No hay problema.
- Gracias primo, eres un tronco de primo.
Arreglamos los detalles. Efectivamente, la casa que me dejaron mis padres es grande. Tres dormitorios, estar, cocina, lavadero, patio y jardín trasero. Más otras minucias.
Todavía no me presenté. Carlos, ingeniero, empleado en una industria, gano bien. Tengo 39 años, soltero. Sin ánimos de casarme. Tengo algunas amigas y soy bastante activo sexualmente. Mi casa es sagrada, a ella no llevo mis amantes.
Llega el día de la llegada de Amanda, la voy a recoger a Ezeiza. Y nos encontramos. Trae dos valijas grandes y un bolso de mano. Es mulata, alta, lleva gafas negras, jeans negros y buzo celeste. ¿Mi prima es mulata? Mi tío era como toda mi familia, blancos casi transparentes. Por eso yo visito una cama solar periódicamente para tener mejor color. Conversamos mientras íbamos al auto.
- ¿Qué tal el viaje?
- Largo, pero tranquilo.
- ¿Estás ansiosa?
- Algo, no te conozco, estoy en un País que no conozco, pero…
- ¿Pero?
- Se te nota buena gente. Argentina siempre sale adelante. Espero adaptarme.
- Espero poder ayudarte.
Llegamos al auto, un Audi A4, mi posesión más cara. Acomodamos las valijas y nos instalamos en el auto.
- Tienes un lindo carro, primo.
- Llámame Carlos.
- OK.
Durante el viaje por la Autopista Riccieri, le fui contando, por donde íbamos, que se veía, etc. Bajamos en la Avenida La Plata y llegamos pronto a casa, cerca de lo que fue el estadio de San Lorenzo, ahora recuperado el predio por el Club, eso dicen. Abro el portón eléctrico, estaciono, cierro, bajamos, tomamos las valijas y entramos a la casa. Le muestro rápido lo que hay.
- ¡Carlos tu casa es del Carajo!
- ¿No te agrada?
Se ríe a carcajadas.
- Debo aprender a cuidar mis palabras venezolanas. Carajo es para decir muy bueno, excelente, me causa satisfacción.
- ¡Ah! Acá todo lo contrario.
- Me han alertado por otras, como que la gorra no es cachucha, y tomar tampoco se dice coger.
Fuimos riéndonos hasta su dormitorio. La dejo que se instale. Aunque era un miércoles, me había tomado el día libre en la fábrica. Preparé el almuerzo. Pollo y ensalada de rúcula.
Llega ella, descalza, pelo suelto, sin anteojos. Pantaloncito rojo, muy corto, remera blanca muy ceñida. Hago una rápida evaluación, piernas interminables, tetas bien paradas, se notan pezones grandes y negros. Uñas de los pies y las manos, pintadas de un rojo ****** violento. Una yegua. Almorzamos.
- Rico, gracias Carlos.
- Hagamos la digestión en el jardín.
Nos instalamos en dos reposeras.
- Carlos, esto es precioso. Del carajo, como tú ya sabes.
- Muero por preguntarte algo.
- Pregunta.
- ¿Cómo es que tú siendo hija del tío, eres mulata?
- En realidad, el me presentaba como su hija, yo fui su amante por unos años. Me adoptó cuando yo tenía 15 años y ocupé la cama de su esposa por los siguientes 14 años, cundo él falleció.
- ¿Te dejó algo el tío? Dicen que tenía fortuna.
- Carlos no quiero ser malagradecida. Dinero, algo, bienes nada. Pero teniendo en cuenta de dónde vengo, lo agradezco.
- ¿De dónde vienes?
- Es largo. Digamos de esos barrios de las películas. Sin agua, sin medios de transporte, donde se mata a la gente por una botella de ron.
- ¡Ah!
- Pero lo más difícil de mi vida es que soy travesti.
- ¿Hombre?
- Mujer en cuerpo de hombre. Con tu tío me pude vestir como una mujer todo el día. Yo le gustaba.
- Claro.
- ¿Te m*****a?
- Para nada, me sorprendes nada más o nada menos.
- Bueno, te conté todo en mi primera charla contigo.
- Tengo el día libre, ponte zapatos y vamos a pasear por Buenos Aires,
- ¡Chévere!
Al rato vuelve, con otra vestimenta. Solero de flores, zapatos de taco y una blusa sobre el solero además vuelve a los anteojos negros.
Tomamos el carro (jajaja) y toda la tarde paseamos por Buenos Aires. Ya noche, regresamos a casa. Pedí una pizza y cenamos con gaseosa. A su fin, nos instalamos en el jardín, en las reposeras, sin luces, ella descalza, parece que le gusta.
- Estás mudo…
- Pensaba que mi tío tuvo una gran mujer, eres preciosa.
- ¿Te gusto?
- Realmente. Me gustas…
- ¿Qué es lo que te gusta de mí?
- Todo, tus piernas, tu cuerpo, tu rostro, tus mamas, en fin todo.
- ¿Mi entrepierna?
- Todavía no la he visto.
Ella se paró y se vino a mí, se para delante mi rostro, se levanta la falda, corre el panty y queda ante mis ojos una poronga importante y una bolsa muy grande.
- ¡Tócala!
No solo, la toqué, si no que me senté en la reposera y se la comencé a mamar.
- Veo que te gusta. ¿Quieres que tengamos sexo?
Me paré, la besé, dije ¡Sí!, la tomé de la mano y nos encaminamos a mi habitación. Que desde ese día es de los dos. Con ella aprendí que es el verdadero sexo. Disfruto penetrarla y que me penetre, la primera vez que me eyaculó en el ano, sentí ese calor hermoso, esa sensación de haber complacido a mi amante. Cosa que con las mujeres nunca supe si quedaban satisfechas, con ella, acabando en mi ano, estaba seguro. En fin. ¿Enamorado? No sé, si se puede llamar amor. Pero le soy fiel, casi todos los días nos despertamos cogiendo y nos dormimos luego de coger. En diez años les cuento….
En una comunicación telefónica, llora sin pausa, me pide un número de celular para comunicarse por WhatsApp. Se lo doy. Pasan dos días y ella me llama.
- Disculpa primo lo de los otros días, hoy estoy mejor
- Te entiendo
- Necesito tu ayuda.
- Dime
- Tengo pensado radicarme en tu País. Acá las cosas están y van para peor. Esta vaina no se soporta.
- ¿Cómo te ayudo?
- Alójame un tiempo en tu casa. Yo veré de que vivir y me buscaré donde.
- La casa de mis padres, es grande. No hay problema.
- Gracias primo, eres un tronco de primo.
Arreglamos los detalles. Efectivamente, la casa que me dejaron mis padres es grande. Tres dormitorios, estar, cocina, lavadero, patio y jardín trasero. Más otras minucias.
Todavía no me presenté. Carlos, ingeniero, empleado en una industria, gano bien. Tengo 39 años, soltero. Sin ánimos de casarme. Tengo algunas amigas y soy bastante activo sexualmente. Mi casa es sagrada, a ella no llevo mis amantes.
Llega el día de la llegada de Amanda, la voy a recoger a Ezeiza. Y nos encontramos. Trae dos valijas grandes y un bolso de mano. Es mulata, alta, lleva gafas negras, jeans negros y buzo celeste. ¿Mi prima es mulata? Mi tío era como toda mi familia, blancos casi transparentes. Por eso yo visito una cama solar periódicamente para tener mejor color. Conversamos mientras íbamos al auto.
- ¿Qué tal el viaje?
- Largo, pero tranquilo.
- ¿Estás ansiosa?
- Algo, no te conozco, estoy en un País que no conozco, pero…
- ¿Pero?
- Se te nota buena gente. Argentina siempre sale adelante. Espero adaptarme.
- Espero poder ayudarte.
Llegamos al auto, un Audi A4, mi posesión más cara. Acomodamos las valijas y nos instalamos en el auto.
- Tienes un lindo carro, primo.
- Llámame Carlos.
- OK.
Durante el viaje por la Autopista Riccieri, le fui contando, por donde íbamos, que se veía, etc. Bajamos en la Avenida La Plata y llegamos pronto a casa, cerca de lo que fue el estadio de San Lorenzo, ahora recuperado el predio por el Club, eso dicen. Abro el portón eléctrico, estaciono, cierro, bajamos, tomamos las valijas y entramos a la casa. Le muestro rápido lo que hay.
- ¡Carlos tu casa es del Carajo!
- ¿No te agrada?
Se ríe a carcajadas.
- Debo aprender a cuidar mis palabras venezolanas. Carajo es para decir muy bueno, excelente, me causa satisfacción.
- ¡Ah! Acá todo lo contrario.
- Me han alertado por otras, como que la gorra no es cachucha, y tomar tampoco se dice coger.
Fuimos riéndonos hasta su dormitorio. La dejo que se instale. Aunque era un miércoles, me había tomado el día libre en la fábrica. Preparé el almuerzo. Pollo y ensalada de rúcula.
Llega ella, descalza, pelo suelto, sin anteojos. Pantaloncito rojo, muy corto, remera blanca muy ceñida. Hago una rápida evaluación, piernas interminables, tetas bien paradas, se notan pezones grandes y negros. Uñas de los pies y las manos, pintadas de un rojo ****** violento. Una yegua. Almorzamos.
- Rico, gracias Carlos.
- Hagamos la digestión en el jardín.
Nos instalamos en dos reposeras.
- Carlos, esto es precioso. Del carajo, como tú ya sabes.
- Muero por preguntarte algo.
- Pregunta.
- ¿Cómo es que tú siendo hija del tío, eres mulata?
- En realidad, el me presentaba como su hija, yo fui su amante por unos años. Me adoptó cuando yo tenía 15 años y ocupé la cama de su esposa por los siguientes 14 años, cundo él falleció.
- ¿Te dejó algo el tío? Dicen que tenía fortuna.
- Carlos no quiero ser malagradecida. Dinero, algo, bienes nada. Pero teniendo en cuenta de dónde vengo, lo agradezco.
- ¿De dónde vienes?
- Es largo. Digamos de esos barrios de las películas. Sin agua, sin medios de transporte, donde se mata a la gente por una botella de ron.
- ¡Ah!
- Pero lo más difícil de mi vida es que soy travesti.
- ¿Hombre?
- Mujer en cuerpo de hombre. Con tu tío me pude vestir como una mujer todo el día. Yo le gustaba.
- Claro.
- ¿Te m*****a?
- Para nada, me sorprendes nada más o nada menos.
- Bueno, te conté todo en mi primera charla contigo.
- Tengo el día libre, ponte zapatos y vamos a pasear por Buenos Aires,
- ¡Chévere!
Al rato vuelve, con otra vestimenta. Solero de flores, zapatos de taco y una blusa sobre el solero además vuelve a los anteojos negros.
Tomamos el carro (jajaja) y toda la tarde paseamos por Buenos Aires. Ya noche, regresamos a casa. Pedí una pizza y cenamos con gaseosa. A su fin, nos instalamos en el jardín, en las reposeras, sin luces, ella descalza, parece que le gusta.
- Estás mudo…
- Pensaba que mi tío tuvo una gran mujer, eres preciosa.
- ¿Te gusto?
- Realmente. Me gustas…
- ¿Qué es lo que te gusta de mí?
- Todo, tus piernas, tu cuerpo, tu rostro, tus mamas, en fin todo.
- ¿Mi entrepierna?
- Todavía no la he visto.
Ella se paró y se vino a mí, se para delante mi rostro, se levanta la falda, corre el panty y queda ante mis ojos una poronga importante y una bolsa muy grande.
- ¡Tócala!
No solo, la toqué, si no que me senté en la reposera y se la comencé a mamar.
- Veo que te gusta. ¿Quieres que tengamos sexo?
Me paré, la besé, dije ¡Sí!, la tomé de la mano y nos encaminamos a mi habitación. Que desde ese día es de los dos. Con ella aprendí que es el verdadero sexo. Disfruto penetrarla y que me penetre, la primera vez que me eyaculó en el ano, sentí ese calor hermoso, esa sensación de haber complacido a mi amante. Cosa que con las mujeres nunca supe si quedaban satisfechas, con ella, acabando en mi ano, estaba seguro. En fin. ¿Enamorado? No sé, si se puede llamar amor. Pero le soy fiel, casi todos los días nos despertamos cogiendo y nos dormimos luego de coger. En diez años les cuento….
6年前