Mi día de suerte
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Tengo 52 años y llevo varios años viviendo en la calle. El poco dinero que consigo proviene de lo que me dan a la puerta del supermercado que provocó el despido de muchos de mis compañeros. En España una persona de mi edad tiene difícil encontrar trabajo, pero más todavía si eres negro, no tienes estudios y tus papeles no están en regla.
Estaba yo pidiendo como siempre a la puerta del supermercado cuando salió esta chica con su compra, una señorita joven de cuerpo sinuoso y encantadora sonrisa. Cuando iba a sacar las llaves del coche se le cayeron las bolsas con la compra y los productos rodaron por el suelo del aparcamiento.
Acudí en su ayuda, algunas de las compras cayeron bajo su coche, así que le di indicaciones para que saliera sin pisarlas y luego se las recogí. Como gesto de agradecimiento me invitó a subir al coche y acompañarla a preparar la comida y comer.
Durante el trayecto hacia su casa fuimos hablando distendidamente, yo no podía evitar que alguna mirada furtiva se posara sobre su hermoso cuerpo mientras ella conducía y sonreía.
- ¿Es cierto que los negros la tenéis muy grande?
Su repentina y directa pregunta me dejó en shock unos segundos.
- No tengo otra referencia con que compararla, como es la única que he visto en vivo, me parece de tamaño normal.
- Me gustaría comprobarlo, ¿puedo?
La conversación había despertado el interés del protagonista de la charla, que empezó a aumentar de tamaño bajo la bragueta. Ella cogió un desvío por una calle sin salida y aparcó tras el muro de cierre de una casa.
En cuanto el motor del coche se detuvo, sus manos ya estaban desabrochando mi pantalón mientras me miraba con lujuria. En cuanto tuvo mi polla en sus manos, todavía a media erección exclamó:
- Vaya, vaya, mira lo que tenemos aquí... mmmm
Y acto seguido sus labios besaron mi capullo mientras sus manos acariciaban mi tronco que iba hinchándose por momentos, abrió su boca y se introdujo mi polla semi fláccida hasta el fondo.
Su suave lengua se movía sobre mi piel, sus labios rozaban mis huevos, su saliva manaba en abundancia, desbordando por la comisura de sus labios.
Cada vez que mi verga salía de su boca se hacía un poco más grande, haciendo cada vez más difícil que la albergase entera en su cavidad, ella sin embargo trataba de engullirla entera, lo que le provocaba arcadas que la hacían desistir.
Su cabeza se movía arriba y abajo, mi mano acompañaba su movimiento recogiendo su pelo en un puñado, me miraba, sus ojos enrojecidos por las lágrimas que le provocaba el esfuerzo de intentar dar cabida a toda mi herramienta.
Sacaba la polla de la boca, cubierta por sus babas que pendían en catenaria desde su boca a mi glande, goteando sobre sus manos y sobre mi pelvis, succionaba su propia saliva, me lamía el tronco y volvía a hacer desaparecer buena parte de mi miembro.
Tras unos largos minutos así mis venas comenzaron a palpitar, sentía como mis huevos estaban a punto de abrir las compuertas y dejar salir toda la leche que tenían acumulada, la avisé de algo que ya ella había notado.
Se sacó la polla de a boca pero mantuvo sus labios abiertos pegados a mi glande, esperando mis chorros, que no tardaron en salir disparados llenando su boca y salpicando sus mejillas y su pelo cuando en un acto reflejo al sentir el primer chorro contra el paladar echó su cabeza ligeramente hacia atrás.
Se relamió y se incorporó en su asiento, con parte de mi leche sobre su cara, me miró y dijo,
- vamos a mi apartamento, me apetece un baño en la piscina.
Y puso en marcha el coche sin limpiar su cara, simplemente recogía con la lengua los restos que se deslizaban cerca de su boca.
Llegamos a su apartamento a las afueras de Almería, un bloque con piscina, descargamos la compra en su casa y ella me dijo que podíamos ir a la piscina mientras no era hora de preparar la comida. Le dije que no tenia bañador y se ofreció a prestarme uno de su marido, que no volvería del trabajo hasta la noche.
Me puse el bañador de su marido, ella se puso un escueto bikini que apenas cubría la mitad de sus pechos y la parte inferior era poco más que un triángulo sobre su pubis atado con hilos, por lo que su maravilloso trasero quedaba completamente a la vista.
Al llegar a la piscina yo estaba luciendo de nuevo una erección que tensaba la tela del bañador de manera muy evidente, estaba deseando meterme en el agua a ver si conseguía bajar mi embarazosa erección, pero ella me indicó que las normas de la comunidad obligaban a pasar por la ducha antes de entrar en la piscina.
Al dejar la toalla sobre la hamaca para ir a la ducha pude ver su mirada clavada en mi erección mientras se mordía el labio inferior pensativa, sin disimular ni un ápice, lo que no ayudó nada a contener mi excitación.
El agua de la ducha salía tibia por haber estado al sol en los conductos, pero a los pocos segundos ya salía más fresca, ella me miraba mientras el agua resbalaba por mi cuerpo y ella se iba despojando de su camisón.
Se acercó a la ducha y antes de que me diera tiempo a apartarme el agua rebotaba en sus tetas y me salpicaba, se acariciaba sensualmente mientras miraba mi cara de embobado, me había quedado paralizado, con una parte de mi todavía más petrificada.
Me cogió de la mano y echó a correr hacia la piscina, saltando dentro arrastrándome con ella. A esas horas no había nadie más en la piscina, apenas eran las 10 y media de un caluroso día de semana.
Una vez en la piscina comenzó a salpicarme como una niña juguetona. Después se sumergió y vino buceando hacia mi, trepó por mis piernas y restregó su cuerpo contra el mío, aplastando mi verga contra su vientre.
- Vaya herramienta que te gastas. Ya tengo ganas de comérmela otra vez.
Yo no sabía que decir, su mano bajaba por mi pecho, mi abdomen, mi cintura, mientras ella me presionaba contra el borde de la piscina, entrelazando sus muslos con los míos.
Me cogió una mano y la puso sobre su trasero, debajo del agua, mientras con la otra mano tanteaba la longitud de mi polla, que, a pesar de lo fresquita que estaba el agua, no había tenido oportunidad de relajarse y estaba en plena expansión.
- ¿te gusta mi culo? - Me preguntó mientras arqueaba la espalda para acomodarlo sobre mi mano.
- sin duda, es fabuloso.
Me cerró la boca con un beso, su húmeda y suave lengua penetró entre mis gruesos labios recorriéndome por dentro con pasión, mientas sus manos se desembarazaban de mi bañador.
Sus tetas se aplastaban sobre mi piel, a pesar de lo cual podía sentir la dureza de sus pezones, su mano recorría ya toda mi verga de arriba a abajo, despacio, se agachó un poco para restregarse mi glande contra el contorno inferior de sus tetas.
Me pidió que me sentara en el borde de la piscina y en cuanto lo hice no perdió un segundo en empezar a hacer desaparecer mi miembro en su boca. Sus labios envolvieron mi glande, que empezó a presionar la pared interior de su mejilla abultándola hacia fuera.
Hacía esfuerzos para engullir mi polla, abría su dulce boquita de una manera increíble, y acercaba su cabeza a mi abdomen hasta que las arcadas la hacían detenerse a mitad de la longitud de mi pene.
Lo sujetaba con ambas manos, lo lamía, lo chupaba, y volvía a intentar meterlo entero en la boca, sin éxito, provocándose arcadas a cada intento. Me miraba con ojos de deseo enjuagados en lágrimas mientras jadeaba y gemía en cada chupada.
Me pidió que me metiera de nuevo en el agua, en cuanto lo hice se montó sobre mí, haciendo tijera con sus piernas, apartó el hilo de su tanga y se metió mi polla en su suave y caliente coñito.
Movía sus caderas en círculos, hacia delante y hacia atrás, colgada de mis hombros restregaba sus tetas contra mi pecho, subía y bajaba haciendo llegar mi polla a cada rincón de su interior, mis manos agarraban sus redondas nalgas.
Ella gemía, me mordía la oreja, besaba mi cuello, sin dejar de moverse llevando el ritmo en todo momento. Mis manos sobre sus nalgas poco más trabajo tenían que acompañar sus movimientos, ya que el agua hacia aún más ligero su peso.
Sentí como los músculos de su vagina se contraían apretando mi verga, ella echó la cabeza hacia atrás mientras sus piernas ejercían una enorme presión sobre mi cintura, como si me fuese a partir con ellas por la mitad.
Sus ojos se pusieron en blanco mientras todo su cuerpo se estremeció mientras ella exclamaba el orgasmo que acababa de tener justo después de que toda la leche que había acumulada en mis huevos se derramase con un largo chorro en su interior.
- Oh Dios, que llena me has dejado, wow, vaya orgasmo, no recuerdo muchos así.
- El placer ha sido mutuo, te lo aseguro.
- Subamos al apartamento, el sol empieza a picar y además necesito beber algo, estoy deshidratada.
Nos vestimos, cogimos las toallas y nos dirigimos al apartamento. Una vez dentro cerró la puerta y se detuvo bruscamente delante de mi haciéndome tropezar golpeando su trasero con mi pelvis.
- ahí dentro la quiero sentir.
Dijo, mientras empezaba a gatear sobre el sofá, ofreciéndome una vista maravillosa de sus hermosas posaderas. Volvió la cabeza para mirarme, paralizado como estaba en la entrada y me dijo.
- ¿a que esperas?, dame por el culo, quiero que me lo rompas con tu tranca.
Mientras pronunciaba estas palabras sus dedos apartaban el hilo del tanga y llevaban los jugos de su coño a su ano, acariciando su contorno, y lubricando su entrada para recibir a su invitado.
Me coloqué tras ella, puse mi polla entre sus nalgas y comencé a deslizarla por el valle que se formaba entre sus colinas, desde su esfínter a sus labios vaginales, suaves empapados de sus jugos, y vuelta.
Ella agarro mi verga y la colocó en su entrada trasera, estaba muy cerrada, mis manos agarraron su cintura atrayéndola hacia mi, ella ayudaba echándose hacia atrás, arqueando la espalda.
Poco a poco mi punta fue entrando hasta llegar a la parte más gruesa, ella gemía a medida que se iba dilatando su ano, una vez esa parte estuvo dentro, el resto de la polla fue entrando lentamente.
Empezamos a movernos acompasadamente, despacio al principio y cada vez más profundo y más rápido, sus gemidos se transformaban en alaridos, pedía más, y yo le daba más.
Nuestros gritos no nos permitieron oír como se abría una puerta detrás de nosotros, hasta que no fue demasiado tarde. Era su marido, había vuelto de forma inesperada, pero para mi sorpresa no entró haciendo aspavientos, ni montando ninguna bronca.
El marido se fue acercando sin que nos diéramos cuanta hasta estar dentro de nuestro campo de visión. En cuanto lo vi mi reflejo fue sacar la polla de dentro de su mujer pero su reacción no fue la que yo esperaba.
- por favor, continuad. Hola Mara, ¿como lo estás pasando?
- Hola Julio, ya lo ves, estoy disfrutando como una enana de una rica polla negra.
- Hola, caballero, permítame que me presente, soy Julio.
Anonadado por la naturalidad de la conversación respondí:
-Encantado soy Ebrima.
A continuación se sacó la polla y empezó a masturbarse frente a su mujer mientras que me instaba a continuar. Superado el momento de shock inicial, continué bombeando en el culo de su mujer y no tardamos en recuperar el ritmo.
Sus suaves nalgas se contoneaban a cada embestida, sus tetas se bamboleaban dentro del escueto sujetador como tratando de escapar, Julio de acercó a su mujer, con la verga en la mano, completamente erecta, la restregó por la cara de su mujer antes de introducirla en su boca expectante.
Así estábamos los dos penetrando a la vez a Mara que se agarraba a las nalgas de su marido mientras devoraba su polla con ansia como si llevara mucho tiempo sin comer ninguna.
Seguimos así por unos minutos hasta que su Julio eyaculó en la boca de Mara y poco después yo descargué lo poco que quedaba ya en mis reservas dentro del culo de Mara. Nos sentamos los tres en el sofá, yo estaba exhausto y Mara, sudorosa, parecía no estarlo tanto hasta que empezó a hablar con claros síntomas de una ligera fatiga.
- ¿Y como es que has venido a estas horas? No contaba contigo hasta la noche.
- Un vecino me envió un vídeo de mi mujer en la piscina comiéndose la polla de un hombre negro, y yo no quería perderme la fiesta, cogí el coche y vine para aquí de inmediato alegando asuntos propios.
- vaya, no esperaba que hubiese nadie mirando por la ventana a estas horas,
- No tiene importancia, me alegro de haber llegado a tiempo para ver el final y participar de el. ¿Preparamos algo de comer para nuestro invitado?
- Me iba a poner con ello, ¿Te quedas no, Ebrima?
- Por supuesto, muchas gracias, si puedo ayudar en algo, he trabajado de cocinero unos meses.
- Pues vamos a la cocina.
Y allí nos fuimos los tres, tras la comida, nos quedamos charlando y eso sólo fue la primera mitad de mi día de suerte.
Dedicado a Mara y Julio
Texto e ilustración por @sexticles
6年前