Strip Póker en Familia - Parte 1 & 2

Capítulo 1.



¿Cómo puede ser que algo tan simple como la lluvia puede traer cambios irreversibles a la vida de una familia? El aguacero no tomó a nadie por sorpresa, todos sabíamos que sería cuestión de tiempo pero nadie quería admitirlo, aún conservábamos las esperanzas de tener una noche encapotada pero sin agua. Alrededor de las nueve de la noche todos nuestros planes para el sábado se diluyeron y se fueron por el desagüe.

Es frecuente que mi hermano Eric y yo discutamos, pero aquella noche, por la amargura que trajo la lluvia, estábamos hechos unas furias y bastaba la simple mirada del otro para provocar insultos o actitudes desafiantes. Victoria, mi madre, tuvo que intervenir. Ella es el pilar de esta familia, hace tiempo admitimos que nos desmoronaríamos sin ella. Viviríamos en el caos y anarquía total.

Ante la amenaza de pasar el fin de semana encerrados en nuestros cuartos decimos hacer una tregua, solucionaríamos nuestras diferencias cuando estuviéramos solos y por la astucia que me caracteriza, sabía que yo iba a ser la vencedora, especialmente si tenía tiempo de prepararme para ello. Eric sólo empleaba a su fuerza bruta, si bien nunca me golpeaba como lo hacía en esas frecuentes peleas calleras que solía tener con sus amigos, solía apretar mis brazos como si sus dedos fueran una tenaza hasta hacerme gritar. Esto, que yo consideraba una fuerza desmedida, era el producto de años de trabajo como albañil junto a mi padre, quien era Maestro mayor de obra y viendo que su hijo mayor carecía por completo de aptitudes mentales, decidió darle empleo bajo su mando y que así se pudiera ganar la vida con un oficio digno que podía ser muy remunerativo si se lo hacía bien.

-¿Estás bien Nadia? –me preguntó mi hermanita en cuanto me vio acurrucada en un sofá con los ojos inyectados de odio.
-Si Mayra, gracias. No te preocupes –se sentó a mi lado y la envolví con un brazo.

Mayra era la ***** de los integrantes de esta casa, con tan sólo 18 años y una personalidad de cristal. A veces la veíamos tan frágil y delicada que nos costaba dejarla sola por más de una hora, aunque eso no ocurría con frecuencia, por lo general en la casa había dos personas o más, lo que solía generar tantos roces y discusiones, pero para llegar al punto de discutir con este dulce angelito, uno debía ser un desgraciado. Ella nunca peleaba con nadie, vivía en su mundo y pedía permiso para todo.

-Perdón, pero vamos a tener que dejar la salida para otro día, no para de llover –le había prometido que saldríamos juntas a bailar, sería su primera vez.
-No hay problema, será la semana que viene –su voz era tan suave que uno debía guardar absoluto silencio para poder oírla- ¿por qué peleabas con Eric?
-Porque el muy boludo empezó a hacerme chistes por las tetas y decía que yo me ponía escote para que los hombres se me acerquen en el boliche y me lleven a un telo.

Mi mayor atributo eran los grandes pechos que heredé de mi madre, era cierto que cuando iba a bailar me gustaba provocar un poco usando escotes, pero eso no quería decir que vaya a acostarme con un desconocido. Sexualmente era mucho más reservada de lo que mi familia creía.

-Eso que no vio el pantalón que me pensaba poner –dijo Mayra sonriendo.
-¿Era muy ajustado?
-Sí, mucho. A papá le daría un ataque si me ve así.
-Seguramente te queda hermoso.

Ella no tuvo la suerte de tener pechos muy desarrollados, sus tetitas eran apenas pequeñas lomas en su pecho, pero la naturaleza no fue tan cruel con ella y le entregó un rostro sumamente bello y un culito que obligaba a los hombres a voltear cuando la veían caminando.

Todos andaban carilargos por la casa, la lluvia no sólo nos aguó los planes a mi hermanita y a mí, sino que al resto de mi familia también. Mis padres tenían planeado ir a cenar a un lindo restaurante y Eric tenía la fiesta de cumpleaños de un amigo. Hasta el sexto integrante de la casa, mi tío Alberto, tenía planes para esa noche y creo que él era el más perjudicado ya que había conseguido una cita con una amiga de mi mamá y se vio obligado a llamarla para posponerla.

Alberto era un hombre al que perseguía la mala suerte. De por sí le tocó ser el hermano mayor de mi mamá, lo cual no habrá sido una tarea fácil. Luego quedó viudo a la temprana edad de 39 años cuando el cáncer de mama le arrebató a su mujer y como si esto fuera poco, a los 46 años quedó en banca rota y perdió su casa, por eso es que vive con nosotros desde hace dos años. Intentamos que se sienta lo más cómodo posible, yo cedí mi cuarto para que él tuviera uno propio y me fui a dormir ****************. A pesar de que a veces podemos m*****arnos con él por algún motivo típico de la convivencia, jamás le echaríamos en cara que esta no es su casa, es una regla tácita. Él vive con nosotros, es parte de la familia y por lo tanto tiene los mismos derechos que los demás. La casa es de todos por igual.

Ninguno sabía en qué ocupar el resto de la noche del sábado. Deambulábamos por la casa estorbándonos unos a otros e intercambiando miradas duras. Parecíamos tigres enjaulados preparados para dar el primer zarpazo a la ***** provocación. Harta de la situación mi madre nos reunió a todos en la sala de estar, que era la habitación más amplia de la casa, y nos dijo debíamos pensar en alguna actividad para no aburrirnos, porque la lluvia no iba a parar. Iniciamos nuestra propia lluvia, pero con ideas. Se habló de mirar películas, pero ya nos habíamos visto todas las que teníamos en la videoteca, se propuso jugar juegos de mesa pero todos nos parecían aburridos, pero ahí fue cuando mi tío hizo un comentario que nos despertó la curiosidad.

-Cuando yo era joven bastaba con un mazo de cartas y algunas bebidas para tener una buena velada de Póker.
-Yo no sé jugar al póker –dijo mi hermanita.
-Es muy fácil, especialmente si es el estilo Texas Hold’em –mi tío iba captando nuestra atención.
-Yo jugué un par de veces con mis amigos – acotó mi hermano –nos matamos de la risa, ellos se enojaban conmigo porque yo ganaba casi siempre.
-Acá la que tiene suerte con las apuestas es tu mamá –le dijo mi papá– y juega muy bien al póker –eso nos causó gracia, nunca hubiéramos imaginado a mi mamá jugando al póker.
-Pepe, los chicos van a pensar que soy una timbera.
-Yo quiero aprender a jugar –dije con una sonrisa que entusiasmó a todos.
-Y yo tengo justo lo necesario –diciendo esto mi tío Alberto se puso de pie y fue hasta su cuarto.

Regresó en poco tiempo con una caja de madera que llevaba escrita la palabra Póker en letras negras. De allí sacó dos mazos de carta, uno de reverso rojo y el otro azul. Además había un pequeño paño verde y varias fichas de diferentes colores.


En pocos minutos nos acomodamos alrededor de una mesa hexagonal con superficie de vidrio, me m*****ó que mi hermano se sentara a mi derecha pero no quería provocar una nueva disputa y guardé silencio. Mi tío tuvo la amabilidad de anotar las posibles combinaciones de cartas para juegos y el valor de cada una. Con esto en manos el juego no parecía difícil, era cuestión de esperar a que salgan las cartas que te favorezcan y saber mentirle a los demás. La partida comenzó a buen ritmo y nos estábamos divirtiendo mucho.

Tengo que admitir que al principio el juego me parecía muy divertido, pero después de casi una hora jugando sin parar comenzó a tornarse muy aburrido. No era la única que pensaba esto, Mayra tenía la misma expresión en el rostro que yo y mi mamá jugaba con buena cara sólo para no arruinar el momento, en cambio los tres hombres parecían muy entusiasmados. Intenté apostarlo todo para perder de una vez y me sorprendí porque gané la mano y recibí aún más fichas.

-Esto no termina nunca, ya me estoy aburriendo –no era mi intención arruinar la velada pero no pude aguantarme.
-Es cierto, yo también me aburro –me apoyó mi hermanita mientras se inclinaba hacia su derecha para mirar las cartas que Alberto tenía en mano- además el tío gana seguro en esta, tiene dos ases.

Noté que la mente de mi mamá trabajaba deprisa, intentaba encontrar la forma de arreglar todo antes de que la situación se ponga fea.

-Es porque falta el alcohol –dijo por fin. A ella nunca le m*****ó que bebiéramos ocasionalmente.
-Puede ser –la idea de tomar algo me agradaba pero igual el juego seguiría siendo aburrido– pero es que yo no le veo la gracia a estar ganando fichitas de plástico, es como que nadie gana ni pierde nada en realidad. No digo que juguemos por plata -de hecho eso me desfavorecía mucho porque no tenía ni un centavo para apostar– pero ¿hay algún otro tipo de apuesta que se pueda hacer?
-De hecho se puede apostar lo que uno quiera –dijo mi mamá- Existe lo que se llama Strip Póker, por ejemplo -mi padre soltó una estrepitosa risotada.
-¡Qué recuerdos! –Exclamó- eso es lo que jugábamos con tu mamá cuando nos pusimos de novios –nos contó– pero lo hacíamos los dos solos y ella siempre me ganaba. Me dejaba en bolas, literalmente.
-¿Y por qué solos, tiene algo de malo? –preguntó Mayra apelando a toda su ingenuidad, hasta yo me había dado cuenta que el nombre del juego provenía de la palabra Striptease y mi padre dijo que quedaba desnudo cuando jugaba con mi madre.
-Es que en ese juego cuando uno pierde tiene que quitarse alguna prenda de vestir –explicó mi mamá con su santa paciencia.
-Eso parece divertido –opinó Eric– ahí si uno pierde algo importante, podemos jugarlo de esa forma, ¿o te daría vergüenza, Nadia? –me miró desafiante.
-Acá el único sinvergüenza sos vos, pero yo me animo a jugarlo, ya demostré que gano casi siempre.

Mis padres y mi tío se miraron inquietos, ninguno sabía qué decir. De pronto mi mamá se puso de pie diciendo:

-¿Me ayudan a buscar las bebidas y los vasos?

Los tres se alejaron y me quedé con mis hermanos en silencio. Sabía que esa actitud era sólo una excusa para poder decidir si seguiríamos adelante con el juego empleando el nuevo sistema de apuestas. Mayra estaba algo sonrojada y apretaba nerviosa su negro cabello atado formando una cola de caballo. Al parecer la idea no le gustaba mucho pero no se animaba a decirlo. Tengo que admitir que a mí también me ponía un poco nerviosa el imaginar a mi familia desnudándose delante de mí. Cuando los tres adultos regresaron mi tío traía una pequeña mesa de madera plegable en la que apoyaron varias botellas de vino, blanco tinto y rosado. Yo no acostumbraba a tomar vino pero también trajeron algunas gaseosas para poder mezclarlo y hacerlo más apetecible para mí y para Mayra. Los hombres de la familia solían tomarlo puro y mi madre solía variar.

-Bueno, vamos a jugar al Strip Póker -dijo mi mamá con voz serena- si no es eso nos vamos a aburrir toda la noche y nos vamos a terminar *******.
-¿Estás segura mamá?
-¡Qué bien! –mi hermano exclamó al mismo tiempo que yo hacía la pregunta.
-Si hija, puede ser divertido, y si alguno quiere abandonar en algún momento, puede hacerlo. No vamos a obligar a nadie hacer algo que no quiera –eso me tranquilizó bastante– la idea es divertirnos un rato y reírnos. Estamos en confianza, acá todos nos vimos en calzones alguna vez.

Se repartieron las bebidas y se establecieron las reglas. Todos debíamos comenzar con la misma cantidad de prendas, se estableció seis como el número apropiado. Conté la ropa que llevaba puesta, una remera roja, un pantalón azul marino bastante holgado, corpiño, bombacha, medias y zapatillas, eso me daba un total de seis, ya que las prendas en pares se contaban como una sola. Todas las mujeres teníamos la misma combinación de prendas y los hombres, al no llevar corpiño, debieron ponerse gorros. Mi padre apareció con un sombrero de guapo tanguero, se veía totalmente ridículo con su ropa informal, nos hizo reír mucho. Eric optó por una gorra con visera que usaba con mucha frecuencia y mi tío se puso una boina que tapaba la incipiente calva que estaba apareciendo en la cima de su cabeza.

Al comienzo todo parecía muy divertido. Era más importante no perder que ganar. El que recibía la peor mano de la partida debía quitarse una prenda de vestir. Para facilitar el juego empleamos el método en el que recibíamos cinco cartas en la mano y podíamos cambiar las que no nos gustaran, por cartas nuevas, pero esto sólo se podía hacer una vez por mano. Mi hermanita demostró que tenía mala suerte con las cartas, la preocupación se apoderó de su rostro. Perdió las zapatillas y las medias de forma consecutiva, intentó serenarse un poco tomando un largo sorbo de vino mezclado con gaseosa.

Mi madre también perdió todo su calzado y fue la primera de las mujeres en perder la blusa, quedando en corpiño, pero éste era grueso y no transparentaba nada. En las siguientes manos mi tío y mi hermano perdieron gran parte de su vestimenta hasta quedar con tan solo el pantalón y el calzoncillo, yo quedé sin medias y zapatillas. El juego se ponía cada vez más interesante y aumentaba el riesgo de perder, ni hablar de las grandes cantidades de alcohol que nos estábamos metiendo entre pecho y espalda.
En pocos minutos mis grandes pechos quedaron sostenidos por un corpiño de encaje negro, si uno miraba atentamente tal vez podía notar cierta transparencia, pero los primeros indicios de borrachera me ayudaron a no darle mayor importancia, además pensaba golpear a quien se atreviera a mirarme mucho. Cuando le tocó el turno a Mayra de quitarse la blusa dudó un momento, pero al ver cómo estábamos mi madre y yo se animó a hacerlo. Sus pequeños pechos apenas ganaban volumen gracias a su sostén color rosa. La desgracia de la pequeña no terminó allí, fue la primera en perder su pantalón. Su mala suerte me daba pena. Contra todo pronóstico, la muchachita se despojó de una de sus últimas prendas de vestir mostrándonos una pequeña colaless haciendo juego con su corpiño y resaltando sus blancas y redondas nalgas a tal punto que hasta mi propio padre se sonrojó al verlas. Nadie la miró más de un segundo para no ponerla incómoda, de todas formas no era muy diferente al bikini que solía usar cuando estábamos en la pileta.

Pensamos que la trágica suerte de Mayra mejoraría para la siguiente mano pero volvió a perder mostrando una espantosa combinación de cartas. La niña quedó petrificada, no podía perder otra cosa que su ropa interior. Un incómodo silencio se apoderó de la sala.

-Pago una prenda para la próxima vez que me toque perder –dijo mi madre en un valiente acto para que mi hermana tomara un poco de confianza.

A pesar de llevar aún su pantalón, se despojó del corpiño. Dos grandes melones coronados con pezones marrones rebotaron ante nuestros ojos. Mi hermanita sonrió agradeciendo el gesto, el ver que su mamá mostraba las tetas sin ningún pudor, le dio coraje. Llevó las manos a su espalda y desprendió el sostén, enseñándonos un par de pequeñas tetitas con pezones rosados, noté que mi hermano tragaba saliva al verlo, estuve a punto de darle un codazo pero eso sólo humillaría a Mayra.

Cuando a Erik le llegó el turno de perder su pantalón no pude evitar notar lo mucho que se marcaba su bulto en la tela del bóxer, para colmo la mesa era transparente y al tenerlo sentado a mi lado era imposible no mirar. Supuse que al chico se le estaba poniendo un poquito dura al ver tantas tetas, aunque éstas fueran las de su madre y hermanas.

La siguiente en perder fue Victoria, como ya había pagado prenda no tuvo que desvestirse, pero en la siguiente mano las cartas se rieron de ella. A sus 43 mi madre conserva parte de su figura *******, aunque está algo más caderona y su cola creció un poco por algunos kilos extras. Al bajarse el pantalón nos mostró una linda bombachita blanca de encaje, algunos pelitos asomaban por la tela y su vulva se marcaba muy bien, la imagen fue un tanto fuerte para mí, pero no tanto como cuando mi padre tuvo que quedarse sólo en slip. Tenía un bulto aún mayor que el de Eric y sus piernas eran peludas. Para colmo él estaba sentado a mi izquierda, bastaba con mirar la mesa para encontrarme con dos paquetes llenos de masculinidad. Me estaba poniendo un poco nerviosa, pero no tanto como Mayra, que no dejaba de estrujarse las manos entre sí o de tirar de su cabello, creí que se quedaría calva en cualquier momento. Tomé algo de vino para calmarme y mi mamá llenó el vaso de mi hermanita, que era una de las que más tomaba.

Intentábamos tomarnos todo con mucho humor, hacíamos constantes chistes para romper un poco esa capa de hielo familiar que había en el ambiente. Mi hermano se burló de lo feo que era el calzoncillo de mi papá y mi tío hizo algunos chistes alegando que las tetas de su hermana parecían dos globos llenos de agua a punto de reventar. Él estaba sentado en una posición privilegiada para cualquier hombre heterosexual, a su izquierda tenía a mi hermanita y a la derecha estaban los grandes pechos de mi madre.

Perdí una ronda por culpa de una escalera que nunca apareció y me llegó el turno de quitarme el pantalón. Cuando lo hice me sorprendí a mí misma, pensé que tendría puesto un calzón de abuela pero de pronto recordé que ya me había puesto una diminuta tanguita negra que dejaba en total evidencia que mi pubis estaba completamente depilado.

-¡Apa! –Exclamó mi mamá– ¿Pensabas ver a alguien en especial con eso puesto? –todos se rieron y yo tuve que esforzarme por no m*****arme.
-Ya decía yo, salías con la intención de irte a un hotel con alguien –acotó mi hermano –el comentario me enfureció pero sabía que si iniciaba una trifulca luego todos me culparían de arruinar el momento, por eso tuve que morderme la lengua yo tomármelo con humor.
-Quería ver si me traían algo de suerte, hay que estar siempre preparada –dije con una sonrisa– es una lástima que la lluvia haya arruinado todo.

En la segunda mano que perdí tuve que acompañar a mi madre y a mi hermana a exhibición de tetas, si bien no quería hacerlo, ya no tenía motivos para oponerme, al parecer los hombres de mi familia se quedarían con algún bello recuerdo de nuestros pechos. Los míos eran tan grandes como los de Victoria, aunque se veían un poco más suaves y juveniles.

-¿A mí también me vas a decir que parecen globos a punto de reventar? –le pregunté a mi tío en tono burlón. Él sonrió y supuse que iba a salir con otro de sus chistes referentes a las grandes tetas, pero en ese momento notó que Mayra parecía algo apenada por el diminuto tamaño de sus senos.
-Yo no sé qué necesidad tienen de tener tanto busto, -dijo Alberto- al fin y al cabo no sirve de mucho. Una linda mujer las tiene que tener como Mayra, es el tamaño ideal –mi hermana se sonrojó, y miró al piso pero pude notar una sonrisa en su rostro.
-Coincido totalmente –agregó mi padre para que mi hermana se sintiera mejor aún- aunque es divertido apretarlas un rato, al fin de cuenta lo que importa está más abajo –estiró la mano izquierda hacia su esposa y le acarició una pierna.
-A mí me gustan grandes –acotó el boludo de Eric y tuve que darle un merecido codazo en las costillas.

A pesar del buen humor el juego se estaba tornando peligroso. Mi tío llevaba una leve ventaja al tener su pantalón, pero los demás estaríamos en dificultades si perdíamos una mano más. La tragedia cayó sobre Eric, quien tuvo una de las peores cartas que se habían visto en el transcurso del juego.

-Está bien, perdiste –dijo mi mamá– no hace falta que te quites lo último. Pero ya no vas a recibir cartas –ella se caracterizaba por ser una mujer misericordiosa pero justa.
-No perdí todavía, el juego puede seguir. Tengo mi dignidad, si me lo tengo que sacar, me lo saco.

Mi madre estuvo a punto de detenerlo pero Eric no le dio tiempo, se paró a mi lado y bajó su calzoncillo con un rápido movimiento, di un saltito hacia atrás cuando su larga y oscura verga apareció ante mis ojos bamboleándose como una serpiente que colgaba de un árbol.

-¡Che, que no muerde! –dijo mi papá al ver mi reacción.

Todos se rieron, hasta Mayra, quien miraba fijamente el miembro de su hermano, yo estaba sorprendida por el tamaño, si yo podía presumir de mis tetas él podría hacerlo tranquilamente con su verga. La tenía a media erección y no pude evitar preguntarme de qué tamaño sería si estuviera completamente dura. Tragué saliva sin poder apartar la mirada de esos grandes y peludos testículos. Sentí un poco de orgullo de hermana, si mis amigas sabían lo bien equipado que estaba, seguramente muchas me pedirían su teléfono, incluso aquellas que se burlaban de él por considerarlo algo bruto. Podía ser burro, pero también la tenía como un burro.

-¿Cómo es eso de que no perdiste? –Preguntó mi tío– ¿Qué pensás hacer si perdés otra ronda, cortarte las bolas? –ese comentario me causó mucha gracia.
-No gracias, prefiero conservarlas. Pero pueden ponerme algún desafío si pierdo.
-No es mala idea –dijo mi mamá dejando el vaso en la mesa– ¿y quién decide el desafío?
-El que tenga la mejor mano de la partida.

Tenía que admitir que la idea era muy buena, aunque ésta proviniera de mi hermano. Ahora tendría importancia alzarse victorioso. Todos aceptamos, aunque Mayra sólo asintió con la cabeza tímidamente y no dijo nada.

El juego continuó y esta vez mi tío se quedó en calzoncillos. Su cuerpo no era tan firme como el de mi padre, pero aun así era un hombre que podría interesar a cualquier cincuentona en busca de diversión. En la ronda siguiente mi madre perdió su última prenda, todos quedamos a la expectativa pero al parecer ella no quería transformar la pérdida en una tragedia griega. Sin mucho problema se puso de pie y meneó sus anchas caderas mientras se bajaba la bombacha, dejando a la vista una vulva con unos gruesos labios que colgaban de ella y algunos pelitos castaños que la coronaban. Todos nos quedamos en silencio admirando semejante aparato reproductor.

No podía creerlo, estábamos desnudándonos delante de todos los integrantes de la casa como si fuera lo más natural del mundo. Hay que reconocer que el alcohol tenía mucho que ver con esto, hasta yo misma me sentía menos inhibida y hasta estaba dispuesta a desnudarme completamente porque ya había visto a mi hermano y a mi madre haciéndolos. Psicológicamente es más fácil seguir a los grupos y masas que ir contra ellos, al menos así me lo explicó mi te****uta, la que afirma que no estoy loca y que soy una muchachita normal de 20 años con problemas típicos de la edad, como andar llorando por los rincones porque mi novio me engañó y luego me dejó.

En la siguiente ronda, como si hubiera tenido la clarividencia de adivinar quién perdería, me tocó despojarme de mi diminuta tanga. Tuve que demostrarme a mí misma que estaba convencida a hacerlo, me puse de pie y me desnudé frente a mi familia, Eric quedó mirando mi depilada conchita con labios más pequeños que los de mi madre y un monte de venus bien definido.

-Cuidado que esta sí muerde –le dije y todos estallaron en risas. A Mayra pareció causarle más gracia de lo normal, no sabía si reaccionaba así por el alcohol o por los nervios.

Mi hermanita parecía un poco más tranquila porque llevaba varias rondas sin perder. En cambio mi tío y mi papá tuvieron algo de mala suerte no les quedó más alternativas que mostrarnos lo que les colgaba entre las piernas. El de mi tío era el más pequeño de los tres que tenía a la vista, pero lo hubiera considerado de buen tamaño si no fuera por la trompa de elefante que tenía mi padre.

-Victoria, ¿Vos te casaste con Pepe porque lo viste orinando? –preguntó mi tío haciéndonos reír a todos.
-No, me casé con él porque lo descubrí masturbándose –nos quedamos boquiabiertos- fue en un campamento que hicimos hace muchos años, cuando todavía éramos amigos. El señor no tuvo mejor idea que meterse en mi carpa a sacudirse el ganso.
-¡Papá, no te creía capaz de eso! –la situación me divertía y por extraño que parezca no me incomodaba imaginar a mi padre haciéndose una paja.
-Fue el mejor error de mi vida hija, mirá lo que conseguí gracias a eso –dijo acariciando la pierna izquierda de mi madre muy cerca de su vulva- además, en mi defensa tengo que decir que tu madre no es de las que gritan y salen corriendo en esas situaciones sino que es de esas que dicen “Yo te ayudo”.

Sentí una gran ola de calor en mi entrepierna imaginando a mi madre montándose sobre esa gran verga y tuve que esforzarme para apartar esas imágenes de mi cabeza. A excepción de mi hermanita, todos ya estábamos completamente desnudos y ahora comenzaba una nueva etapa en el juego, la cual me asustaba un poco.

Se repartieron nuevamente las cartas y me tranquilicé al ver que recibí dos ases, era difícil que mi mano sea la peor. El que se llevó las peores cartas fue mi papá, y mi mamá se coronó con un póker de dieces, por lo que ella debía decidir qué desafío poner a su marido.

-Tiene que ser algo bueno mamá –le dijo Eric– algo que lo avergüence –a mi madre pareció agradarle la idea porque se puso a pensar con un dedo en su barbilla y una linda sonrisa.
-¡Ya sé! Viene muy bien con la historia de la carpa. Tenés que tocártela –dijo por fin, yo abrí grande los ojos y la quedé mirando.

¿De verdad quería que mi papá se tocara el pene delante de sus hijas? Me pareció que el juego había llegado demasiado lejos y pasó justo lo que yo temía, al parecer los desafíos tendrían connotaciones sexuales. ¿Acaso qué imaginaba, que lo haría correr media hora bajo la lluvia? No era una mala idea pero no encajaba con la definición de Strip Póker.

-Qué mala que sos Viki –ese era el diminutivo de Victoria -¿por cuánto tiempo tengo que hacerlo?

Al parecer estaba dispuesto a llevar a cabo el vergonzoso desafío. Ella meditó unos segundos y se fue a buscar algo a un mueble de la sala, mostrándonos su colita parada y su vulva dibujándose debajo de ella. Regresó con un cronómetro que usaba a veces cuando salía a trotar.

-Dos minutos –con eso quedó establecido el tiempo para la mayoría de los desafíos.

Mi madre sonreía de forma extraña ¿le pondría cachonda toda esta situación? Debía ser así puesto que es la única explicación que se me ocurría para que obligara a su marido a hacer semejante cosa delante de nosotros. Mi padre corrió su silla hacia atrás y se agarró el paquete con la mano izquierda, ya que él es zurdo. Victoria puso en marcha el cronómetro y todos nos quedamos mirando cómo lo hacía, se tocaba despacio subiendo y bajando la mano por su pene haciendo que su prepucio cubriera el glande y luego lo dejara a la vista una vez más, me sorprendió ver que su pene no cambiaba de tamaño.

-Pepe –dijo mi tío- ¿me vas a decir que en todos estos años no aprendiste a pajearte siquiera, ¿así fue como conquistaste a mi hermana? –noté como Mayra se ruborizaba pero sonreía y mi hermano se ría a carcajadas, debía estar borracho. Hasta mis padres sonrieron.

Eso lo obligó a tocarse con más de ímpetu, deslizó su prepucio tapando la cabeza del pene y volvió a bajarlo, lo hizo varias veces. Su miembro fue ganando tamaño de a poco, yo miraba fijamente su aparato pero en cuanto levanté la mirada me pareció que estaba mirando directamente hacia mi vagina, yo tenía las piernas algo separadas, instintivamente quise cerrarlas pero me reprimí porque todos notarían mi repentina acción. Además no podía estar completamente segura de que estuviera mirándome. Cuando los dos minutos pasaron mi madre dejó el cronómetro sobre la mesa y mi tío se encargó de repartir las cartas, nadie dijo nada sobre lo ocurrido, como si nunca hubiera pasado.

Una fea combinación de números bajos hizo perder a mi papá otra vez. Tiró las cartas sobre la mesa simulando enojo, pero en realidad se lo tomaba con gracia. Esta vez le tocó a mi hermano plantear el desafío, sin pensarlo mucho dijo.

-Chupale un pezón a mamá.
-Bueno -contestó él encogiéndose de hombros- no es algo que no haya hecho antes.
-Es cierto Eric, es un tanto aburrida tu prenda –me sorprendió que mi mamá dijera eso, pero vi sus ojos un tanto vidriosos por tomar tanto alcohol y supe que ese era un factor importante en su queja.
-Entonces que le chupe uno a Nadia -propuso mi hermano, lo miré con el ceño fruncido, estaba a punto de decirle “¿Y por qué no te chupa una tetilla a vos?” pero me reprimí porque estaba segura que ese comentario enfadaría a muchos. De todas forma me quedé preocupada, mordiendo mi labio inferior -¿son dos minutos, cierto?– preguntó Eric tomando el cronómetro.

Mi padre no se inhibió mucho ni se percató de mi preocupación. Se acercó a mi pecho izquierdo y lo tomó suavemente con una mano sin mucho preámbulo. Estuve a punto de pedirle que no lo hiciera pero en ese momento acercó su boca y el cronómetro se puso en marcha. Sus lamidas eran suaves y poco libidinosas, hasta había cierta ternura en ellas, su lengua giraba alrededor de mi pezón que se puso duro como la piedra, el calor en mi entrepierna se hizo más intenso y empeoró todavía más cuando sentí la punta de su pene rozando mi rodilla. ¿Acaso él era consciente de que esa era la teta de una de sus hijas? Intenté apartar la vista pero no podía dejar de mirar hacia abajo. Los dos minutos se me hicieron eternos pero apenas se escuchó un agudo pitido en el reloj, mi padre se alejó. Yo debía estar toda roja, era lo más extraño que me había tocado vivir, que mi propio padre me chupara una teta. Aún no podía comprender cómo habíamos accedido a jugar este peligroso juego.

Mientras yo rogaba por recibir buenas cartas en la próxima ronda vi que Eric tenía la pija dura y que ésta se inclinaba un poco hacia la izquierda, como si apuntara hacia mí. Él no era el único en ese estado, los otros dos hombres también exhibían marcadas erecciones. La pequeña Mayra tampoco era inmune a la libidinosa situación, noté una mancha de humedad en la parte inferior de su tierna bombachita rosa. La única que no mostraba signos de excitación era mi madre.

La racha de buena suerte de mi hermana se terminó en la siguiente ronda de juego y no tuvo más remedio que enseñarnos su conchita. Nadie le hizo comentario alguno sobre lo evidentemente mojada que estaba su bombacha porque no queríamos avergonzarla. Nos tomó a todos por sorpresa al mostrarnos una delicada rajita con finos labios y un pequeño botoncito duro, pero las sorpresas no terminaron allí, también la llevaba completamente depilada, como yo. No sabía de dónde había sacado la idea pero tengo que tener presente que ella es toda una mujer y tiene su propia vida íntima y hasta hace poco tuvo un noviecito, aunque no sé si habrán llegado muy lejos, el chico parecía un poco pelotudo. Para rematar pude ver unas hebras de flujo entre sus labios y cuando se sentó con las piernas algo separadas, su vagina se abrió un poco mostrando lo mojada que la tenía. Se me hizo raro que no juntara sus rodillas, pero también culpé al alcohol por esto.

Ella no había terminado de sentarse que ya estaban repartiendo los naipes otra vez mientras hacían chistes boludos en un intento por desviar la atención. Logré conseguir una escalera, aunque era de números bajos, seguía siendo el mejor juego de la mesa y el peor estaba en manos de mi madre, que parecía tener cinco palos diferentes en sus cartas, eran pésimas. Debía ser yo quien dictara la sentencia y luego de lo que me hicieron pasar al permitir que mi padre me lamiera una teta, tenía sed de venganza.

-Tocásela al tío Alberto –fue lo más zarpado que se me ocurrió y pensé q me había pasado cuando veo que ella estira su mano izquierda y le agarra el palo de carne a su hermano. Mi padre puso en marcha el cronómetro y mi mamá lo masturbó lentamente pero apretando bien su mano.
-Aprendé de ella Pepe –le dijo mi tío para bromear– ella si sabe lo que hace.
-Es que vengo de una familia de pajeros –el comentario de mi madre fue como un revés en la cara de Alberto y nos hizo reír a todos, inclusive a él mismo.

La prueba transcurrió sin demasiado entusiasmo y durante ese corto período de tiempo mis ojos pasaron de un pene a otro, descubrí a Mayra haciendo lo mismo, me preguntaba si alguna vez había visto un pene en vivo y en directo, yo sólo conocía el de mi ex novio y no era nada comparado con estos ejemplares.

En la siguiente partida mi madre volvió a perder y fue Eric quien propuso el nuevo desafío. Ella debía darle un beso a Mayra, durante unos largos dos minutos, lo cual es mucho tiempo para un simple besito.

-No, esperá –se quejó mi mamá, al fin había recapacitado un poco– eso sería como si la prenda fuera para las dos, al fin y al cabo un beso es algo mutuo. ¿Dónde está la gracia? –no había recapacitado un carajo, pero al menos apelaba a la justicia.
-Bueno… a ver –al pobre Eric le criticaban todos los desafíos, pero esta vez se las ingenió para salir del aprieto– Mayra tiene que decir si pasaste la prueba o no, si a ella no le gusta el beso vas a tener que hacer otro desafío.
-Así que ella se arriesga a tener dos desafíos seguidos –dijo mi hermanita con tono serio, como si fuera la jueza de un concurso televiso.
-Eso me parece mucho más interesante –dijo mi mamá poniéndose de pie.

Se ubicó a la derecha de su hija ***** y la tomó por el mentón con suavidad haciendo que ésta incline la cabeza hacia atrás. Mayra parecía un tanto nerviosa y mantenía la boca bien cerrada, en cuanto los labios de mi madre tocaron los suyos puse el cronómetro en cuenta regresiva, en este momento ya no me parecía tan grave que se besaran, luego de lo que había ocurrido. Victoria movió su boca con suavidad y ternura y eso hizo que mi hermanita aflojara un poco su tensión, sus labios se separaron. Me pareció ver que mi mamá le introducía un poco la lengua y lo corroboré cuando la retiró y apareció la lengua de Mayra, persiguiéndola. Al fin ambas las entrelazaron en un beso que se volvió bastan erótico y apasionado. En cuanto el tiempo terminó mi tío aplaudió, a lo que nos sumamos mi padre, mi hermano y yo. Mayra estaba sonrojada al máximo pero con una amplia sonrisa en su rostro, sus tetitas subían y bajaban al ritmo de su respiración. Todos esperábamos expectantes su veredicto cuando levantó el pulgar de una mano. Mi madre sonrió y volvió a su asiento orgullosa.

En ese momento pensé que el juego, a pesar de ser extraño y un tanto enfermizo, era entretenido y producía una calentura inimaginada para mí.

Esta vez las cartas decidieron que Eric tenía que “pagar” y mi padre era su verdugo. Eric debía hacer un bailecito erótico pegado a mi mamá y aplicando la norma del desafío anterior, ella debía decidir si el chico la superaba o no. Como dos minutos pareció un tiempo muy reducido, se estableció que el baile debía durar cinco minutos. Estuvimos todos de acuerdo y para mejorar el ambiente Eric puso música lenta de una banda que yo ni conocía, pero que era aceptable para la ocasión.

Mi madre se acercó hasta donde estaba yo y tuve que correr mi silla bastante más atrás, para darles lugar, Eric se colocó detrás suyo y yo era la única que veía la escena desde atrás, en semi perfil. Comenzaron a bailar lentamente, mi hermano pegó su pecho a la espalda de esa atractiva mujer y comenzó a acariciarle las piernas por los lados. Los segundos parecían transcurrir a un ritmo muy lento.

-¿Si agarro las tetas sumo puntos? –preguntó mi hermano.
-Puede ser –respondió Viki.

Sin perder el tiempo puso sus manazas sobre los senos y los apretó suavemente, de verdad parecían globos llenos de agua. Los rítmicos movimientos de Eric provocaron que la punta de su dura verga quedara apretada contra la vulva de mi mamá y allí supe que el desafío del baile no era tan inocente como me lo pareció en un principio. Mi asombro creció cuando la vagina de mi madre pareció abrirse para que el glande quedara suavemente posado en su centro viscoso. Si bien no entró nada, el pene estaba peligrosamente cerca de ella. Se me aceleró el pulso y me pregunté qué sentiría Victoria al ser arrimada de esa forma por su único hijo varón.

Creí que mi madre se apartaría, pero al parecer no le importo. El resto acompañaba el bailecito con las palmas pero imaginaba que no sabrían sobre lo que estaba ocurriendo detrás. La verga se fue untando con ese abundante fluido y el muy desgraciado inició un lento vaivén con su pelvis haciendo que su aparato se deslice de abajo hacia arriba entre los voluptuosos labios. No sé cuántos minutos llevaban transcurridos hasta entonces, pero lo peor aún no había llegado. Mi madre se inclinó un poco hacia adelante levantando más su colita, sus grandes nalgas se abrieron y pude verle el asterisco, al mirar la verga noté que el glande ya no estaba a la vista y un escalofrío cruzó mi cuerpo, pero no podía asegurar si éste se había perdido entre los carnosos labios de mi madre o había entrado. De pronto lo vi apareciendo de nuevo, pero con un rápido deslizamiento llegó hasta el ano. Fue el mismo Eric quien obligó a Viki agacharse un poco más, sin dejar de sobarle las tetas que ahora se balanceaban bajo el pecho de mi madre. Noté como él ejercía presión con su verga sin el ***** pudor. Era obvio que no estaba entrando, pero el culito de mi madre parecía hundirse. Por fin sonó el pitido del cronómetro indicando que el tiempo se había terminado. Mi hermano se apartó de inmediato regresando a su silla. Por unos segundos pude ver que lo que antes era un apretado y cerrado culito, ahora formaba una pequeña argolla levemente abierta, mis manos temblaron, esto era demasiado.

-¿Qué te pareció el baile mamá? –preguntó Eric mientras ella regresaba a su silla.
-Bastante zarpadito –los demás habrán pensado que se refería a la sobada de tetas, pero yo sabía que se refería a las insolentes arrimadas– pero te doy la prueba como superada.

Cuando me levanté de la silla para arrimarme otra vez a la mesa, vi que el cuero del tapizado estaba todo mojado, producto de mis propios jugos vaginales. Tenía ganas de buscar una servilleta de papel, limpiar la silla y secarme la rajita, pero eso me pondría en evidencia así que me senté sin más mirando las nuevas cartas que aguardaban por mí. Ni siquiera presté atención, tomé varios sorbos de vino como un intento por serenarme, me olvidé por completo del juego por unos instantes y eso me llevó a perder la partida.

-¡Al fin nena! Pensé que no ibas a perder más –dijo Mayra. No me había dado cuenta pero desde que quedé completamente desnuda no había vuelto a perder. Mi hermana era la que debía decir mi castigo. Después de meditar un rato dijo– Tocásela a papá.

Por un momento pensé que la niña se apiadaría de mí y quitaría un poco del ingrediente sexual a los desafíos. ¿Me habrá pedido eso por seguirles la corriente a los demás?

-Tiene que ser por cinco minutos –agregó Victoria- dos minutos para los desafíos es muy poco tiempo.

Sabía que no podía negarme, no podría ganar una discusión con mi madre, así que acerqué mi silla hacia mi padre sin chistar. Tuve que juntar coraje para agarrar semejante pedazo y cuando lo aferré con mis dedos no me atreví a moverlos. El tiempo corría y yo no hacía nada. Estaba petrificada sintiendo el palpitar de ese duro pene entre mis dedos.

-¡Hey, eso es trampa! –Se quejó Eric– que empiece el tiempo otra vez –miré a mi hermano con una ira asesina pero todos estuvieron de acuerdo en reiniciar el cronómetro, especialmente mi madre, que era la encargada de impartir justicia en la mesa.

Esta vez me vi obligada a mover la mano, de lo contrario nunca me permitirían soltarle la verga a mi papá. Por más incómoda que me pareciera la situación, recorrí de arriba hacia abajo todo el tronco, presionando un poco su glande, intenté mantener buen ritmo a pesar de que moría de vergüenza. Me preguntaba si él estaba disfrutando de estos toqueteos o si sólo lo consideraba parte de un “inocente” juego. Apenas escuché el salvador pitido del cronómetro la solté. Noté que mi palma había quedo un poco viscosa. No lo podía creer, tenía líquido preseminal de mi propio padre. Disimuladamente me lo limpié sobre la pierna y el juego continuó.

Nuevamente ganó la más pequeña y mi madre quedó en último lugar. En un principio pensé que Mayra había sido un poco severa conmigo, pero lo que dijo después me demostró que había sido muy compasiva. ¿Qué le pasaba a esta chica?

-Chupásela a papá –le dijo a mi madre y mis ojos quedaron grandes como platos.
-Pero eso ya lo hice muchas veces –afirmó Viki.
-Pero nosotros nunca lo vimos –el argumento de Mayra era muy bueno.
- Inteligente la chiquita –dijo mi tío frotándose las manos– por fin algo de acción.

Si todo lo que ocurrió mi tío no lo consideraba “acción” entonces no sé cómo lo catalogaría. En cuanto vi a mi madre arrodillándose en el suelo tuve que tomar un largo trago de vino tinto, estaba puro y caliente, pero no me importó. Sin mucho preámbulo ella agarró el falo de mi padre y se lo introdujo casi completo en la boca. Jamás había imaginado a mi mamá como una “petera”, pero sus gruesos labios se desenvolvían con gran habilidad. Subía y bajaba la cabeza frenéticamente, evidentemente el alcohol había nublado un poco sus inhibiciones y la llevaban a hacerlo como si estuvieran solos en su cuarto. Llegó a tragar entera toda la verga de mi papá, yo la observaba atentamente intentando aprender de sus movimientos, yo no era virgen pero jamás había hecho sexo oral, me daba bastante asco, pero en ese momento me pareció algo muy natural y hasta placentero, especialmente al ver las expresiones en la cara de mi padre, sus negras cejas se arqueaban y sos ojos se cerraban con fuerza mientras acariciaba el cabello de su esposa, esa imagen me produjo morbo. ¿Así eran ellos siempre en la intimidad? Los cinco minutos finalizaron repentinamente. Aplaudimos a mi madre por su excelente mamada, la verga de mi padre estaba más dura y gorda que nunca y de ésta goteaba saliva.

Tuve que admitir que a pesar de que el juego se estuviera tornando cada vez más picante, a mí ya no me m*****aba tanto, me daba algo de morbo y curiosidad y podía sentir un intenso calor en mi desnuda vagina. En este momento no tenía ningún problema en estar desnuda frente a mi familia, ya ni siquiera intentaba cerrar las piernas ni cubrir mis tetas con los brazos, a pesar de que Eric me mirara a cada rato, pero en realidad él miraba a todas las presentes y yo misma me di cuenta que me quedé mirando su dura verga más de una vez. Al parecer Mayra pensaba igual que yo, la vi tomando un trago de vino con gaseosa y noté que tenía las piernas bastante separadas. La silla estaba toda pegoteada por sus flujos y varios hilitos se formaban entre su conchita y el tapizado. Por estar ensimismada en mis pensamientos volví a perder y esta vez fue mi padre el que me desafió.

-Hacele una “turca” a tu tío –la voz de mi padre me arrancó de mis pensamientos, lo miré confundida. No sabía qué era eso de “turca”, tuve que preguntar.
-Básicamente tenés que ponerte la verga entre las tetas –me respondió una voz femenina, pero no era la de mi madre. Al parecer Mayra sabía perfectamente lo que era una “turca”. Todos se rieron menos yo, no sabía dónde había aprendido tanto de sexo mi dulce hermanita.

Al pararme me mareé un poco, pero pude disimularlo. No era mi primera borrachera así que sabía cómo dominarme. Mi tío me esperó sentado con las piernas separadas y una amplia sonrisa en sus gruesos labios. No sabía qué hacer, pero me di cuenta que debía arrodillarme, ese era un paso obvio. Tomé mis grandes tetas y las acerqué a su pene erecto, con un poco de dificultad logré apretarlo entre ellas. La sentí húmeda y pegajosa y el corazón se me aceleró al límite.

-Ahora movelas –me indicó mi mamá mientras ponía el reloj en marcha. Por el tono de su voz noté que estaba tan ******** como yo.

Apretándolas fuerte comencé a subirlas y bajarlas, intentaba apartar mi cara ya que al bajar el pene quedaba muy cerca de mi boca. Alberto parecía estar disfrutando bastante de los grandes atributos de su sobrina porque podía ver gotitas de líquido preseminal saliendo de la punta y cayendo sobre mis blancas tetas. En una ocasión bajé más de lo calculado y el húmedo glande tocó mis labios, sentí un sabor amargo que me m*****ó bastante pero disimulé mi disgusto continuando con mi tarea. Cuando terminó el tiempo volví a mi silla sin limpiar las gotitas de fluido que chorreaban por el centro de mis senos, fue una rara experiencia que me permitió conocer un nuevo uso para ellos. Era obvio que el alcohol estaba haciendo estragos en mí ya que al sentarme puse los pies sobre los travesaños laterales que unían las patas de la silla, esto me dejó con las rodillas flexionadas y con mucha separación entre ellas. Mi hermano clavó su mirada en mi entrepierna pero no le di importancia. Acomodé mi largo cabello castaño y tomé un sorbo de vino para sacarme el mal sabor de la boca.

Esta vez intenté concentrarme un poco más en las cartas para no perder y con un poco de suerte conseguí un hermoso póker de ases, todos aplaudieron ya que era el primero que se veía en el transcurso del juego. Vi que el perdedor era mi papá. Quería vengarme por lo que me hizo hacer, admito que tenía la cabeza un poco obnubilada por el alcohol, por lo que decidí dejar de beber, al menos por unos minutos. Pensé en una escena morbosa, algo que lo afectara porque yo nunca me olvidaría en mi vida de la vez que tuve la verga de mi tío entre mis tetas y mucho menos me olvidaría del sabor de su líquido preseminal.

-Lamésela a Mayra –fueron mis palabras, hasta yo dudaba de haberlas dicho, pero fue lo primero que se me ocurrió. De inmediato miré a mi hermanita y noté la preocupación en su rostro– perdón –le dije sinceramente- si te m*****a la cambio.
- Está bien, no pasa nada –me respondió con una sonrisa un tanto forzada, debía admitir que la chica era valiente.

Ella deslizó su silla hacia atrás y Pepe se le acercó con cautela rascándose su maraña de cabellos negros con la verga apuntando hacia adelante. No sabía muy bien cómo lo harían pero Mayra me respondió al levantar sus piernas hasta que las rodillas quedaron cerca de sus tetas. La piba era bastante flexible y estaba dispuesta a entregarse por completo. Su almejita rosada se abrió exponiendo una brillante perla. Cuando mi papá se agachó delante de ella noté que había una buena cantidad de espeso líquido fluyendo lentamente fuera del agujerito vaginal. Al parecer las mujeres de mi familia lubricábamos más que bien. Eric apretó el botón del cronómetro justo cuando nuestro padre dio la primera lamida, juntando jugo sexual con su lengua. Mayra cerró los ojos, supuse que no quería ver quién se la estaba chupando. Pensé que ésta sería su primera experiencia con el sexo oral. La lengua de Pepe se movía de abajo hacia arriba con gran destreza, de vez en cuando dio algunos suaves chupones al clítoris haciendo que la jovencita apretara más sus ojos intentando reprimir algún gemido.

Los cinco minutos llegaron a su fin, mi padre se puso de pie y caminó con su verga por delante hasta su sitio aparentando toda la normalidad que podía darle a esta extraña situación, Mayra permanecía inmóvil, se miraba la conchita que ahora estaba más empapada que antes, al sumarse la saliva de su papi. A pesar de que yo puse la prenda me pareció un verdadero exceso, el juego ya había llegado demasiado lejos, pero no me atrevía a decirlo, además el hacerlo contradeciría mi propio morbo, no podía entender por qué esto me excitaba tanto sabiendo lo mal que estaba. Cuando ella por fin se acomodó en su silla pude notar que se llevaba una mano a la entrepierna y la dejaba apretadita ahí, manteniendo las piernas firmemente juntas. Quería ver más pero las cartas ya estaban sobre la mesa.

A pesar de que obtuve un grupo decente de cartas, con dos pares, perdí, ya que éstos eran de números bajos y todos lograron armar un juego mejor al mío. Eso sí que era mala suerte. Eric se consagró con un full de tres nueves y dos reinas. Esperé resignada a que me indicara mi próximo desafío. Miró fijamente las tetas de mi mamá y pensé que me pediría que las chupe. No es que quisiera hacerlo, pero me parecía un castigo leve. Por desgracia estaba muy equivocada.

-Tenés que… chupársela a papá.
-¡Apa! –Exclamó mi mamá, mentalmente le pedía que por favor parara todo– la cosa se pone interesante –otra vez defraudada por mi propia madre.

Me quedé quieta en mi silla durante varios segundos, todos estaban expectantes, rogaba que alguno recobrara la cordura y dijera algo pero sólo podía escuchar el ruido producido por los truenos y la lluvia. Intenté dejar mi mente en blanco y de pronto me vi arrodillada ante la enorme verga de mi padre, en ese momento un pensamiento me cruzó por la cabeza, si tenía que chupar alguna de las vergas presentes, prefería que sea esta. La aferré con mi mano derecha y le pasé la puntita de la lengua por el tronco iniciando mi tarea para poder terminarla lo antes posible, pero no me animaba a continuar, mi padre me observaba con una cálida sonrisa. ¿A caso no pensaba en que era su propia hija la que se la estaba por mamar?

Forzosamente subí mi lengua hasta tocar la punta de su glande, para mi sorpresa el sabor no era malo, sólo algo saladito. Me pregunté por qué la de mi tío era tan amarga, supe la respuesta al tragar un poco del espeso líquido que fluía de la punta. No quise detenerme para que no me obligaran a iniciar todo otra vez. Hice girar la lengua alrededor de esa enorme cabeza intentando recordar cómo lo había hecho antes mi madre, pero no me animaba a llegar tan lejos. Metí el glande en mi boca apretando fuerte los labios y seguí jugando con mi lengüita. Me mantuve así durante unos segundos hasta que oí la voz de Victoria.

-Ponele un poco más de ganas Nadia –no me estaba retando, sino más bien animando.

Una vez más temí que me obligaran a comenzar desde cero e hice un enorme esfuerzo para engullir esa gran pija de a poco. Mi saliva me ayudaba con la tarea, no era tan difícil tenerla en la boca, la comisura de mis labios se estiraba mucho y me producía cierto dolor. Cuando llegué a la mitad retrocedí hasta la punta para volver a tragar. Me sorprendía que pudiera contenerla dentro a pesar del esfuerzo. Subí y bajé la cabeza unas tres veces más y todos comenzaron a animarme diciéndome cosas. “Eso así”, “Vamos más rápido”, “Demostrá que sos hija de tu madre” ese último comentario vino de la boca de mi tío. Los vítores me estimularon un poco y comencé a dar mamadas más rápidas y profundas, sentía mi conchita chorreando jugos. Tenía las piernas algo separadas y casi sin darme cuenta llevé una mano a mi clítoris y comencé a estimularlo sin dejar de chupar. Rogaba que nadie se diera cuenta que me estaba tocando. El calorcito me desinhibió y empecé a mamar tan rápido como podía y dando fuertes chupadas cuando llegaba a la punta haciendo que mis cabellos saltara para todos lados, creí que me iba a desnucar en cualquier momento y sentía el glande chocando contra el fondo de mi garganta. Por miedo a que esto me hiciera *****ar, la saqué de mi boca. Se me ocurrió sumar las tetas al juego, así me obligaría a apartar la mano de mi rajita y no la tragaría tanto. Enfundé la verga de mi padre con los senos y seguí chupando mientras las movía de arriba hacia abajo, este era el primer pete que hacía en mi vida y seguramente me dejaría una oscura e imborrable mancha cada vez que recordara que lo hice con mi padre, a pesar de esto di fuertes chupones al glande. Todos festejaron mi atrevimiento. En ese momento mi madre dijo algo que me devolvió a la realidad:

-¿Cuánto tiempo va? –no obtuvo respuesta inmediata, seguí chupando.
-Uy, nadie prendió el cronómetro –dijo mi tío y ese momento me saqué la verga de la boca.

Calcularon que habían pasado entre ocho y nueve minutos, casi el doble de lo establecido. A mi sinceramente no me importó, pero tenía mi orgullo y quería hacerme valer.

-Eso es injusto –me quejé– ahora deberíamos subir el tiempo de las prendas a ocho minutos –no daba crédito a mis propias palabras.
-Creo que sería lo más justo –dijo mi madre mientras yo regresaba a mi silla.

Miré a mi papá y éste me observaba con una extraña sonrisa en el rostro y con la poronga en la mano. Le sonreí de la misma forma y mi corazón dio un salto cuando una frase cruzó por mi mente “Ya te la voy a chupar otra vez”. Me quedé muy quieta con el pulso acelerado mirando esa gorda y larga verga. Entre la pesadez que me dejó la borrachera y lo ocurrido no pude evitar imaginar una escena en la que entraba al cuarto de mi padre y éste me esperaba con la pija dura y yo se la comía toda, tal y como lo había hecho apenas un minuto antes. Sacudí mi cabeza en un intento por borrar para siempre de mi mente todas esas locas ideas.

Una vez establecido el nuevo reglamento, seguimos jugando. Nadie se aburría de las cartas, éstas tenían cada vez mejor sabor porque no sabíamos lo que estaba en juego. En mi interior no paraba de repetirme que todo esto era demencial, pero al mismo tiempo me calentaba mucho. De pronto mi hermano dio un grito triunfal, él debía elegir la siguiente sanción y mi mamá sería su víctima. Quedamos expectantes mientras pensaba en algo, solía ser el más lento para decidir, tuve que darle un golpecito en la cabeza diciéndole:

-Dale che, que esto no es ajedrez –eso hizo reír a todos, pero para Eric quedé señalada como su víctima número dos.
-¡Ya sé! Mamá, chupásela a Nadia –me arrepentí al instante de haberlo golpeado.

Era el primer desafío verdaderamente lésbico de la noche. Lo de las tetas fue una sonsera comparado a los desafíos que nos impartíamos ahora. Mil cosas pasaron por mi cabeza. ¿De verdad mi madre iba a comerme la rajita? Mientras Viki caminaba hacia mí con paso sensual me puse muy incómoda, ella parecía totalmente decidida o bien estaba completamente ********.

Esa misma madre que todas las mañanas me preparaba el desayuno… me comería la concha. No podía asimilar esa idea. Me puse más cachonda, aunque intentaba reprimirme. Ni siquiera me di cuenta que ella ya estaba arrodillada ante mí y me había separado las piernas ¡De verdad me la iba a chupar! Mi corazón se puso a mil y el cronómetro se puso en marcha. Al instante sentí el primer roce contra mi clítoris. Cerré los ojos, no quería ni mirar. Pude sentir cómo me chupaba el botoncito con fuerza y crucé mis piernas en su espalda, dejando su cabeza atrapada en el centro.

Se me estaban alivianando las piernas, ya no podía pensar claramente, podía sentir un intenso calor bajando por mi vientre. La lengua de Victoria hacía un trabajo excelente, no podría aguantar ocho largos minutos de esta tortura tan placentera. Pude escuchar mis propios gemidos aunque entendía por qué estos salían de mi boca sin mi permiso. Estaba al borde de un orgasmo, intentaba reprimirlo con todas mis fuerzas, pero mi madre empleó dos de sus dedos, los incrustó dentro de mi agujerito y dio un fuerte chupón a mi clítoris. No pude aguantar más, sabía lo que vendría y no quería que ocurra frente a mi familia. Mi pubis estaba a punto de estallar, sentía espasmos internos y no sabía qué hacer, quería irme de allí antes de que alguno lo notara, me puse de pie de un salto apartándome de mi madre, era como si estuviera por orinarme encima y no tener dónde hacerlo, miré para todos lados y llevé la mano izquierda a mi vagina. Gran error, el solo contacto estimuló mi clítoris al límite y estallé.

El orgasmo fue tremendamente intenso, no pude reprimir mis gemidos, que se parecían más a gritos de agonía y desesperación. Instintivamente estiré mi mano derecha hacia mi madre pero no pude agarrarme de ella. Un fuerte chorro de líquido salió de mi concha y cayó al suelo en una lluvia de placer. Intenté tapar el orificio de salida con los dedos pero no sirvió de nada, más jugo salió despedido de ella salpicando todo el piso y otro grito salió de mi garganta. Las piernas ya no me sostenían, fui cayendo de rodillas lentamente, mi madre me tomó de la mano derecha y me sostuvo pegándose a mí. Con eso además me cubría un poco de la vista de los demás. La cabeza me daba vueltas, en parte se debía a las grandes cantidades de alcohol ingerido, no sabía ni dónde estaba, sentí algo húmedo contra mi mejilla y un fuerte olor a sexo femenino que me embriagó todavía más. Mi obnubilada mente se percató de que estaba muy cerca de la vagina de mi madre, tenía los ojos cerrados y sentía que el piso se inclinaba de un lado para el otro, mi cara se frotó contra los carnosos labios vaginales llenándose de fluido, por alguna razón esto no me m*****aba, al contrario, me confortaba esa calidez maternal. La concha quedó contra mi boca y como un bebé que busca una teta, me prendí de uno de sus carnosos y voluptuosos labios vaginales. Chupé intensamente absorbiendo todo el líquido que lo empapaba. El sabor era muy intenso, algo salado pero maravillosamente dulce para mí. Era mi forma de agradecimiento. Esa mujer no sólo me había dado la vida sino que también me dio el momento más placentero que había experimentado jamás.

Recobré la compostura y me di cuenta del tremendo papelón que había hecho. Por suerte nadie pudo ver las chupadas que le di a la concha, eso sólo quedaría entre mi madre y yo. Me puse de pie intentando mantenerme derecha, preparándome para el torrente de burlas y comentarios hirientes, pero ninguno hizo nada de eso, todo lo contrario. Mi hermanita comenzó a aplaudir entusiasmada y todos se le sumaron, Victoria inclusive. Me sentí como una actriz de teatro al finalizar la función, no pude evitar sonreír. Hice un par de reverencias a mi halagador público. Hasta mi hermano parecía encantado y me sonreía como nunca lo había hecho.

La verdad es que a esta altura, y luego de ese tremendo orgasmo, ya no quería que el juego terminara, le había encontrado el gustito a la situación y me intrigaba saber qué pasaría con mi familia de ahora en adelante. La siguiente en perder fue mi hermanita y mi papá tuvo que imponerle el desafío. Ella parecía nerviosa y se sonrojó bastante, al Pepe lo notó e intentó ser suave.

-Tenés que bailar para tu hermanito –le dijo. Mayra lo miró de forma extraña, con el ceño fruncido, no logré adivinar en qué pensaba.

Supuse que se negaría a seguir con todo esto, pero se levantó de la silla y tomó a Eric de la mano indicándole que se parara. Mi tío puso la misma música sensual con la que se había bailado antes y Mayra se puso de espaldas a su hermano, debía bailar durante ocho minutos y ganarse la aprobación del muchacho. Ella comenzó a bambolear su redonda cola de un lado a otro, parecía una odalisca. Pegó su espalda al pecho de mi hermano y éste la tomó por la cintura. La respingada colita de la muchachita rozaba el pene que tenía detrás, cuando intentó pegarse un poco más a él Eric se apartó un poco, lo cual me extrañó mucho, luego de la reacción que había tenido al bailar con mi mamá arrimándola descaradamente.

La grácil mujercita provocó que la punta del pene se pierda entre sus glúteos. Su hermano comenzó a acariciarle el vientre suavemente, pero no intentó ir por sus pechos ni presionó con su pelvis, a pesar de tener el miembro ya dirigido hacia la zona más prohibida de su tierna hermanita. Ella, por el contrario, se inclinaba hacia adelante parando la colita, era como si buscara el roce. Sus nalgas se abrieron mostrándome su apretado y rosado ano, el glande estaba apoyado justo contra él, pero Eric parecía estar retrocediendo disimuladamente. No podía verle la cara a Mayra, pero sus movimientos dejaron de ser sensuales y el tiempo se estaba acabando.

Con el final acercándose, logró pegarse mucho al duro pene y mi hermano ya no pudo retirarlo. Me sorprendió mucho lo que vi. Ella incrementó la presión y su pequeño culito comenzó a abrirse notoriamente. Solamente yo podía ver eso, el resto parecía ajeno a la situación y observaban con una sonrisa en sus rostros. La punta del pene comenzó a deslizarse mientras el anillo anal se abría más y más. La dilatación no paró hasta que todo el glande se perdió dentro. No podía creer lo que veían mis ojos. Mayra se movió sensualmente una vez más y Eric le apretó las tetas sin siquiera sacar la verga que le estaba taladrando el culo a su hermanita, aunque tampoco intentó presionar más. El pene había perdido su cabeza y estaba evidentemente incrustado en el culo de la pequeña.

El tiempo terminó y vi el glande emergiendo como si fuera una mano sacándose un guante. El culito de mi hermana había quedado muy abierto formando una “O” que fue cerrándose de a poco. Regresó a su silla con el ceño fruncido y los labios apretados. Eric le dio un diez por su gran baile, pero ella no pareció contenta. De algo estaba segura, de ahora en más mi hermano se haría mil pajas pensando en el apretado culito de Mayra.

Comencé a repartir las cartas para que nadie reparara en el extraño enfado de mi hermanita. Me puse a pensar qué tipo de desafíos podría haber de ahora en adelante y por estar distraída, perdí. Miré alrededor de la mesa buscando al triunfador mientras tomaba un buen sorbo de vino de mi vaso que parecía nunca vaciarse, supuse que mi hermano o mi padre se encargaban de mantenerlo lleno. La ganadora fue Victoria, haciendo honor a su nombre, me sonrió con malicia y me quedé petrificada, pude leer en sus ojos que algo terrible se avecinaba.

-Tenés que meterte la verga de Eric –miré para todos lados confundida ¿había escuchado bien?
-¿¡Qué!? –exclamé incrédula, ¿Cómo podía ser que mi mamá me pidiera semejante cosa?
-Eso que dije –dio un sorbo a su vaso– y tiene que estar bien adentro –otra vez su maliciosa sonrisa.
-¿Me estás diciendo que me tengo que dejar coger por mi hermano? –eso fue como un quiebre para mí, una cosa era chupársela a mi papá o hacerle una turca a mi tío, ellos me caían bien y eso me facilitaba las cosas pero a mi hermano no lo quería de la misma forma y no quería sentirme ultrajada por él.
-No, coger no. Solamente tenés que tenerla adentro y esperar ocho minutos, eso no es coger –no sabía si discutirle sobre ese formalismo, seguramente me daría algún argumento lógico y convincente que me haría dudar más todavía.
-De todas formas no lo voy a hacer –dije con firmeza
-Entonces quedás afuera del juego –eso lo dijo mi propia hermanita- el que no pasa un desafío, pierde.

Miré a mi padre, la única persona que podría llegar a estar a mi favor pero él se encogió de hombros.

-Es solamente un juego Nadia, si te m*****a no hace falta que lo hagas, pero tu hermana tiene razón. No vas a poder seguir jugando –contestó Pepe.

No podía creerlo, toda mi familia parecía estar en mi contra, hasta mi tío me animaba a que lo hiciera y ya podía notar una gran sonrisa en la cara de Eric. Instintivamente le miré su verga, la tenía gorda y dura, parecía a punto de reventar y se sacudía sola, tensándose al máximo para luego relajarse un poco. Para ser justa con él, nunca había estado con un hombre que la tuviera así de grande… con excepción de la mamada que le había hecho a mi padre. Al recordar ese momento me mojé mucho, me había metido la verga de mi propio padre en la boca y ahora pretendía negarme a meter la de mi hermano, por otro orificio. No tenía muchos argumentos para defender, no sabía que decir más que:

-No, no quiero. Prefiero no seguir jugando.
-Entonces tenés que ir a tu cuarto –dijo mi madre.
-¿Me estás castigando, mamá?
-No hija. Es que si estás fuera del juego tenés que irte –estaba por preguntarle por qué cuando mi hermanita respondió a esa pregunta sin que yo la hiciera.
-Es que si te quedás estarías mirando y esa es una forma de participar del juego –ella había heredado la inteligencia y el carácter justiciero de mi madre, siempre era rápida para entender las cosas, aunque fuera calladita.

La idea de irme dejando que mi familia siguiera con ese juego sin mí me incomodaba bastante. Tendría que estar encerrada en mi cuarto pensando qué estarían haciendo. Era algo que no podía tolerar. Intenté forzar mis pensamientos y abrir mi cabeza al límite. Miré otra vez esa verga, yo sabía que tan cachonda podía ser con un chico y en una situación normal no me resistiría a semejante pedazo de carne. Me lo montaría sin dudarlo y saltaría como una loca, tragué saliva y me dije a mi misma que si cerraba los ojos podía pensar que se trataba de otra persona.

-Está bien, lo voy a hacer -todos exclamaron de alegría, menos mi hermana. ¿Qué estaría pasando por su cabecita?
-El tiempo empieza a correr cuando esté toda adentro –mi madre podía ser muy diabólica cuando se lo proponía, justa pero diabólica.

Para no estirar mucho la situación moví la silla más atrás y levanté las piernas quedando bien abierta, de mi rajita aún fluía juguito y mi blanca piel brillaba por el sudor. En cuanto Eric se paró delante de mí, cerré los ojos, yo no debía hacer nada, solo recibirla y tolerarlo durante ocho largos minutos. Sentí el glande el glande introduciéndose en mi agujerito, me estremecí un poco ya que pensaba que por algún motivo divino lograría evitar que me la metiera, pero no era así, realmente estaba entrando y lo hacía lentamente pero sin pausa. Mi conchita se abría más y más y podía sentir esa carne deslizándose hacia mis profundidades mientras el contorno de mi vagina se estiraba para amoldarse al diámetro. ¿Por qué la tenía que tener tan grande? Hasta me dolía mientras me clavaba, por suerte lo hacía de forma suave y delicada. ¡Esperen, esto no es propio de Eric! Él hace todo a lo bestia, en ese momento me percaté de que mi hermano me penetraría de la forma más lenta posible para poder tenerla más tiempo dentro de mi concha. Para acelerar las cosas me vi obligada a abrazarlo con fuerza. Lo atenacé con mis piernas haciendo que la verga entrara completa de una vez. Solté un grito, no es que me doliera mucho, era sólo una reacción involuntaria, pero ya estaba adentro, bien adentro. Ahora sólo debía esperar. En eso escucho la voz de mi hermano cerca de mi oreja izquierda.

-¿Qué pasa si acabo adentro?
-¡Callate pelotudo, no hables! –Le grité enfadada- ¡Y no te muevas!

Lo cierto es que no quería que hablara porque eso me haría las cosas mucho más difíciles. Intenté relajarme, pensar en él como si fuera otro hombre. Su pecho estaba pegado a mis tetas. Su aliento llegaba a mi cuello produciéndome un extraño hormigueo. Tenía la espalda fuerte, se la acaricié suavemente con ambas manos. Mi conchita estaba de fiesta, soltaba juguito a cada rato. Escuché el sonido de su corazón latiendo con rapidez, el mío estaba igual. De a poco me permití disfrutar de ese olor varonil, de esos músculos firmes, del leve roce de su vello púbico contra mi clítoris. A pesar de que él se quedaba lo más quieto posible, siempre había cierto movimiento. Podía sentir toda la extensión de su enorme verga en mi interior, nunca me había metido algo de ese tamaño y tuve que reconocer que se sentía morbosamente bien. Apoyé mis labios contra su cuello y respiré por la nariz, estaba ******** y muy excitada. ¿Qué importaba si era la verga de mi hermano? Era la mejor verga que me habían metido en mi vida. Apreté más las piernas para atraerlo más hacia mí y noté que se me clavaba un poco más adentro. Los músculos de mi vagina se contrarían y expandían constantemente, un fuerte gemido se escapó de mi boca. Al tener los ojos cerrados el resto de mis sentidos estaba potenciado. Aflojé un poco las piernas y sentí que la verga salía un poquito pero enseguida él volvió a meterla hasta el fondo, agradecí que hubiera hecho eso y gemí una vez más. No tenía noción del tiempo. El pene retrocedió dos veces más para volver a entrar, pero era un movimiento casi imperceptible, supuse que sólo intentaba acomodarse y aproveché la ocasión para menearme un poco. Cuando él inició un lento vaivén otro quejido estalló en mi garganta, solté un poco más mis piernas como para permitirle moverse mejor y pude sentir cómo bombeaba mi lujuriosa conchita con buena parte de su verga. Mi mente se fue a otra parte y allí sólo quedó el placer físico. De pronto sacó casi toda su verga y me clavó con fuerza, me descargué dando un agónico grito de placer, me embistió una vez más, me agradó la sensación de rigidez en mi interior, la forma en que mis labios internos se adaptaban a ese cilindro venoso, la agradable sensación que me producía el que me la clavara hasta el fondo, ese líquido tibio inundando mis entrañas… ¿liquido tibio?

- ¡Pelotudo de ******! –grité volviendo de golpe a la realidad.
-¿Qué pasó hija? –preguntó mi madre.

-¡El muy hijo de puta me acabó adentro!



Capítulo 2.



Mi hermano no se apartó ni un milímetro, seguía con su pene incrustado hasta lo más hondo de mi ser mientras yo sentía las entrañas llenándose con su semen.

-No te preocupes Nadia, yo después te doy una pastilla “del día después” –intentó tranquilizarme mi madre.
-¿Y eso es efectivo? –pregunté.

El tiempo del desafío aún no terminaba y yo no sabía si apartar a Eric de una patada o quedarme quieta y esperar a que terminen los ocho minutos más largos de mi vida. Temía que me hicieran repetir todo desde el principio.

-Sí, son muy confiables. Quedate tranquila.
-¿Y vos por qué tenés de esas pastillas? –pensé que ella se cuidaba con anticonceptivos diarios.
-Porque tengo dos hijas mujeres. Tengo que estar preparada para todo.
-Buena respuesta. ¿Cuánto tiempo falta?
-Unos tres minutos –me respondió la voz de mi tío Alberto.

¿Tres minutos? Me parecía una eternidad. Esperaba que la verga de mi hermano redujera su tamaño luego de tan tremenda eyaculación, pero el miembro se mantenía igual de firme y eso, por más que no me gustara admitirlo, me calentaba. Comencé a mover mi cadera muy lentamente, para que nadie lo notara, pero hacía que el pene salga y entre un poco. Mantenía los dientes apretados y resoplaba como una yegua odiándome a mí misma. Sentía una mezcla de ira con placer muy extraña. Me m*****aba que sea Eric quien me pusiera de esta forma, pero no podía luchar contra mis instintos sexuales. Él acompañó mi rítmico y disimulado movimiento, era muy difícil que los demás lo notaran, pero yo podía sentirlo muy bien. Volví a cerrar los ojos y sentí algo tibio chorreando hasta mi culito. No sabía si se trataba de mis propios jugos o si era semen, la cosa es que se sintió muy rico.

-¿Te gusta? –me preguntó al oído en un susurro casi inaudible.
-Sí –contesté automáticamente como si fuera un simple gemido.

El pitido del cronómetro me arrancó de mis ensoñaciones. En cuanto mi hermano me sacó la verga pude ver que mi vagina estaba muy abierta, nunca la había visito así. Había disfrutado la experiencia, pero debía mantener mi orgullo intacto. Me paré y sentí el semen fluyendo hacia afuera, apenas vi algo blanco asomándose pasé los dedos de mi mano izquierda y quité el lechoso líquido.

-¡Mirá cómo me dejó! –rezongué mostrándole la mano a mi mamá, ella se limitó a sonreír; froté los dedos contra mi pierna para limpiarlos.

El semen bajando por mis entrañas, chorreando hacia afuera, me produjo un cosquilleo que me resultó muy placentero, nunca me habían acabado adentro. No quería sentarme, quería deja salir toda la lechita; aparentando disgusto manoteé mi vaso y rodé la mesa pasando por atrás de mis hermanos hasta llegar a la pequeña mesita donde estaban las bebidas, podía ver una considerable cantidad de espeso semen colgando entre mis labios vaginales pero ni siquiera lo limpié. Me quedé parada junto a la mesita con botellas preparando lentamente algún trago, mantuve las piernas algo separadas y la cola bien paradita. Todos conversaban sobre las reglas de póker, algo que a mí me interesaba muy poco en ese momento. La única que guardaba silencio era Mayra, que estaba sentada justo detrás de mí. La miré de reojo y noté sus ojos clavados en mi conchita, le estaba dando un buen espectáculo mostrándole como una gran cantidad de blanco semen goteaba de mi agujerito cayendo al piso o bajando entre mis piernas. Yo pujaba suavemente con mi vagina para que saliera todo. Era una sensación increíble que sumada a la excitación y la borrachera, me estaba haciendo perder el juicio, de pronto me encontré imaginando a mi hermano tirándome sobre una cama para enterrarme su verga hasta el fondo y sacudirme con todas sus fuerzas, no podía creer que llegara al punto de incluir a Eric en mis fantasías eróticas.

Cuando regresé a mi silla me senté sobre mis propios fluidos y los restos de semen que aún salían de mi cuevita, me agradó esa sensación tibia y viscosa entre mis piernas. Escuché a mi tío haciendo un comentario sobre los grandes beneficios de la juventud, aparentemente se refería a que mi hermano ya la tenía bien dura otra vez, la miré y media sonrisa se me dibujó en la cara, esa verga había pasado por mí y si los cálculos no me fallaban, la mía sería la primer conchita que él había probado. Eric podía ser un brabucón y se creía mejor que los demás pero era pésimo tratando con mujeres, además su apariencia física no lo ayudaba. No era feo, pero estaba lejos de ser hermoso y esas cejas espesas ampliaban aún más la ilusión de chico bruto.

Esta vez me esforcé por ganar, quería ser yo quien eligiera el desafío, las cartas también me ayudaron bastante y si bien un póker de cincos no es la gran cosa, era el mejor juego de la mesa. Mi hermanita rezongó porque perdió, hubiera preferido que la derrotada sea mi madre, para poder vengarme de ella, pero como no tenía nada en contra de Mayra y la vi tan asustada, decidí ser suave.

-Tocásela a mamá –dije apiadándome de ella, un simple toqueteo parecía poca cosa a estas alturas.

Me miró sorprendida pero no dijo nada. Tal vez ella ya había llegado a su límite en estos jueguitos eróticos. Se puso de pie y caminó hasta posicionarse a la derecha de Viki quien abrió las piernas para su hija y le sonrió maternalmente. La pequeña bajó la mano lentamente y el cronómetro inició la cuenta regresiva justo cuando comenzó a tocar esa vulva carnosa y velluda. La expresión en el rostro de mi madre no se alteró para nada mientras los pequeños dedos de Mayra se introducían con gran facilidad en esa abierta concha. Comenzó con dos y los movió lentamente como si la estuviera masturbando. En ese momento pensé con qué frecuencia se masturbaría mi hermanita, yo nunca la había sorprendido haciéndolo pero la forma en que movía su mano me dejaba muy en claro que sabía perfectamente lo que hacía. A continuación introdujo un tercer dedo y aceleró los movimientos, la estaba penetrando con enorme facilidad.

Su madre la miraba con una sonrisa tierna. Los tres dedos de Mayra entraban y salían cada vez más rápido; desde mi posición podía ver también su colita y la parte posterior de su vagina, ésta chorreaba flujos sobre la cara interna de sus muslos. Avergonzada o no, la nena estaba caliente. Al centrarme nuevamente en la acción me percaté de que Viki tenía los ojos cerrados y daba toda la sensación de estar disfrutando a pleno de la masturbación a la que la sometía su hija *****. El tiempo se estaba terminando mi hermanita inició una frenética frotada al clítoris materno. Sus dedos se sacudían a gran velocidad y noté que mi madre respiraba agitadamente mientras gotitas de flujo vaginal salpicaban la silla, al parecer la estaba llevando a un orgasmo pero ese maldito cronómetro dio fin a todo juego. La jovencita regresó a su silla mientras se repartían cartas como si nada hubiera ocurrido, a mi madre le llevó unos segundos reponerse, daba la impresión de que miraba el cronómetro con cierto odio.

En la siguiente ronda de cartas la derrota de mi tío Alberto fue apabullante, recibió una de las peores combinaciones de cartas de la noche y Eric se puso muy contento al alzarse victorioso con un buen full. Me alegró que mi tío hubiera perdido ya que me daba la impresión de que lo estábamos dejando un poco fuera del juego.

-Quiero que bailes muy apretadito con mi mamá –pensé que mi hermano estaba siendo poco creativo, eso del baile ya se había hecho dos veces, aunque no entre mi tío y madre, pensé que se quejarían por su idea (mejor dicho, la falta de una) pero Alberto se puso de pie con una amplia sonrisa, estaba dispuesto a hacerlo.

Mientras la pareja de bailarines se acomodaba en la improvisada pista me di cuenta de que esta vez me tocaría ver todo de frente y sabía que ésta no era la mejor posición para mirar este tipo de bailes. De inmediato tomé mi vaso con vino algo caliente y fui hasta la cocina con la excusa de buscar hielo, escuchaba a mi tío pidiendo algo más “movidito” para el baile. Regresé justo cuando la música comenzó a sonar y para no interrumpir me senté en una silla de la otra mesa de la sala, la que usábamos para cenar. Sabía justo cómo debía ubicarme para no perderme lo más interesante, si es que algo así ocurría. Vi el gran culo de mi madre temblar un poco cuando el baile comenzó y supe que tenía mejor locación para el espectáculo.

La música era algo vieja, como de los años 80’, la que amaban mis padres y mi tío. El bailarín no se limitó a frotarse por detrás, ocasionalmente hacía girar a la dama dejándola a veces de espalda y otras veces de frente. Al principio todo parecía un baile normal, sin contar el hecho de que estaban desnudos y que había un gran par de tetas que se sacudía para todos lados. Las habilidosas manos de Alberto lograron inclinar a Viki hacia delante siguiendo el ritmo de la música. Ella quedó con la colita abierta apuntando al mástil erecto, nuevamente mi tío se valió de toda su sutileza para acomodar la verga con un simple toquecito y ésta se apretó contra la zona que mi hermana había estimulado. Todo ocurría muy rápido. Con un leve empujón el glande consiguió introducirse en la vagina, estaba segura, podía verlo perfectamente pero estuvo allí sólo unos segundos. El baile continuó y las pesadas manos de ese hombre maduro encontraron los tiernos pechos de su hermanita, en ese momento noté que el pene se frotaba contra la húmeda vagina y me pareció ver que era ella quien presionaba un poco hacia atrás, su experimentada vulva se abrió dejando entrar la verga hasta la mitad. Abrí mucho mis ojos por la sorpresa, de verdad estaba recibiendo dentro el pene de su hermano, aunque eso no era nada luego de lo que Eric me había hecho. Me dieron unas ganas locas de masturbarme pero no podía hacerlo ya que me verían fácilmente. La parejita bailó apretada, el falo entraba y salía despacio, al ritmo de la música pero en poco tiempo se salió.

Luego de un giro de 360° de mi madre, mi tío logró encajarse otra vez contra la rajita. La penetración fue rápida pero profunda, pensé que la dejaría adentro pero obligó a mi madre dar media vuelta quedando los dos de frente. Se fueron agachando juntos meneando las caderas, ella tenía las piernas bastante separadas y bajaba peligrosamente hacia el viril tronco que volvió a clavársele. Era imposible que los demás no vieran esto. Me quería tocar, no aguantaba más, si mi hermanita lo estaba haciendo yo también lo haría. La miré rápidamente pero la muy desgraciada estaba con las piernas cerradas y aferrada a su vaso. Noté un poco de tristeza o consternación en su mirada. Tal vez pensaba en retirarse del juego, no la culparía para nada si lo hiciera, porque a pesar de mi estado de excitación yo no podía dejar de repetirme que éramos familia y que no deberíamos estar haciendo estas cosas.

Con mucho esfuerzo logré resistir la tentación hasta que el baile terminó. La pareja regresó a sus lugares y tuve que hacer lo mismo aplaudiendo mientras caminaba. Al principio eso del baile me pareció una sonsera comparada con el resto de las cosas, pero ahora pensaba muy diferente, mi tío y mi madre habían aprovechado cada oportunidad que tuvieron para lograr una penetración. Mi papá sonreía divertido, no parecía m*****arle que su propio cuñado se hubiera pasado con su esposa.

Fue Pepe quien se alzó victorioso en la siguiente partida y mi hermanita quedó en último lugar, la vi tomar un largo trago de vino con gaseosa, sus mejillas estaban sonrosadas y parecía un tanto nerviosa, al parecer mi padre también lo notó porque se apiadó de ella al imponerle un desafío.

-¿Por qué no nos mostrás cómo te masturbás?

Al principio del juego esto hubiera parecido demasiado para mi pobre hermanita, pero a estas alturas debía admitir que era lo más suave que podían darle, sin embargo la noté un tanto m*****a, seguramente no le gustaría estar mostrando algo tan personal que hacía en su intimidad, si me lo hubieran pedido a mí lo hubiera hecho con mucho gusto, estaba tremendamente excitada pero ella subió los pies al travesaño de la silla sin mucho entusiasmo. Sus piernitas quedaron separadas mostrándonos una vez más esa preciosa rajita, debía admitir que era la más bonita de las tres. Llevó dos dedos a su clítoris y comenzó a moverlos lentamente mientras mi madre ponía el cronómetro en marcha. Aproveché la ocasión para mirar los tres penes erectos a mi alrededor, me mordí los labios pensando en si debería meterme alguno de esos otra vez. De a poco el ritmo de masturbación de Mayra se fue incrementando, cerró los ojos y se relajó un poco, se me hizo un nudo en la boca del estómago al pensar en todas las veces que esa dulce niña se había tocado de esa forma y que tal vez lo hubiera hecho estando yo durmiendo en la cama contigua. Podía sospechar tal cosa porque yo misma me masturbaba a mitad de la noche mientras mi hermanita descansaba a pocos metros.

La vi llevarse los dedos a la boca y lamer sus propios jugos, luego regresó a su sexo y lo castigó metiendo dos dedos en ese diminuto agujero, su respiración se agitó más y más, noté que mi hermano Eric se estaba tocando la verga mientras clavaba los ojos en la conchita de Mayra, no lo culpaba, a mí también me daban ganas de hacer lo mismo, es más, tenía unas ganas locas de estirar la mano hacia mi derecha y agarrársela. Miré a mi alrededor y me aseguré de que todos estaban concentrados en la pequeña así que hice eso que tanto deseaba, con un rápido movimiento aferré la dura verga de mi hermano y comencé a masturbarlo lentamente, él me miró completamente sorprendido pero ni siquiera volteé la cabeza, seguí con la vista fija en la vagina de mi hermanita disfrutando de la calidez de ese pene erecto entre mis dedos. El alcohol me estaba quitando la cordura, ya estaba imaginando que un día de estos me agacharía frente a Eric y le chuparía la verga. Sí, me la tragaría toda tal y como había hecho con la de mi padre, le haría el pete de su vida y dejaría que me bañe la cara con su espeso y tibio semen.

Impulsada por estas explicitas imágenes en mi cabeza aceleré los movimientos de mi mano derecha y con un dedo de la mano izquierda comencé a frotar mi clítoris mientras Mayra hacía lo mismo con el suyo. El pitido del cronómetro llegó mucho antes de lo que yo imaginaba y me apresuré a soltar el pene antes de que alguien se percatara de lo ocurrido. Mi madre me miró con una sonrisa cómplice, ella sabía muy bien lo que había sucedido pero intenté disimular tomando un trago de vino puro.

Mayra estaba más roja que nunca y su respiración tardó varios segundos en normalizarse, la chica nos había dado una buena lección de masturbación femenina, pero eso ya era el pasado, nadie hizo comentario alguno sobre sus habilidades innatas para la autosatisfacción. Repartieron las cartas como si estuviéramos en un casino.

Conseguí salir victoriosa gracias a las buenas cartas que llegaron hasta mis manos, en este momento prefería perder antes que ganar pero me alegré al ver que la peor combinación sobre la mesa era la de mi madre, aunque con el alcohol que recorría mi cuerpo me costó un poco calcular qué cartas eran peores. Al fin llegó el momento para vengarme de ella por obligarme a meterme la verga de mi hermano. Fui cruel y despiadada y no me arrepentí de mis palabras.

-Tenés que meterte la verga de Eric… por la cola –le dije con una sonrisa demoníaca.
-¡Ay hija! Pobre de mí colita. ¿A vos quién te dijo que si yo hago esas cosas?
-Y… con semejante cola… no creo que papá se haya aguantado las ganas tantos años –mi papá comenzó a reírse.
-Ni un día me aguanté, por suerte ella entregó –mi mamá le dio un golpecito en la mano con un exagerado gesto de asombro.
-Tampoco es tan así –se quejó- esa primera vez yo quería hacer todo para conquistar a tu padre, no es algo que hayamos hecho muchas veces.
-De hecho hace años que lo hicimos por última vez –mi padre se veía triste y parecía añorar los buenos momentos en el culito de mi madre.
-Bueno, está bien, lo voy a hacer –me sorprendió que no se negara, pero me había obligado a ser penetrada por mi hermano, no tenía argumentos para hacerlo -¿Cómo lo hacemos?– dijo poniéndose de pie; me pareció que se fijaba en aspectos técnicos para quitarle un poco el morbo a la situación, pero en mí tenía el efecto contrario –¡ya sé! –exclamó.

Fue hasta el garaje y regresó en pocos segundos con una colchoneta que supuestamente usábamos para hacer ejercicios, pero que últimamente el único que la usaba era mi papá, cuando debía acostarse debajo del auto para reparar algún desperfecto mecánico.

Tendió la colchoneta a mi izquierda, y a la derecha de mi papá. Era obvio que ella quería que yo vea todo claramente. Mi hermano parecía nervioso pero muy excitado. “Si boludón, le vas a dar por la cola a tu mamita” pensaba yo. Intentaba imaginar qué pasaba por la cabeza de mi madre, ¿era realmente consciente de que en unos instantes su propio hijo la penetraría analmente? Tendió la colchoneta y desapareció otra vez de nuestra vista, supuse que había ido a su habitación. Volvió con una botellita llena de un gel lubricante que yo nunca había visto en la casa, debía tenerla bien guardada. Le pidió a Eric que se recostara boca arriba en el pequeño colchón y él obedeció rápidamente. Con una mano, mi madre, comenzó a embardunar el pene con gel y ya sin más preámbulos se colocó sobre su hijo. También se puso boca arriba, pero no se tocaban, ella se sostenía con las manos y los pies sobre el suelo. Dejó las piernas bastante abiertas y vi que ya se había puesto gel atrás. Estaba decidida a hacerlo. Con esas grandes tetas y toda abierta parecía salida de una revista porno.

Acercó su cola y mi hermano guio el pene con la mano para que quedara justo debajo del agujero. Todos mirábamos impacientes. La cabeza de la verga presionó contra el ano pero no entró, ella empujó un poco hacia abajo pero se detuvo, al parecer le dolía o temía que el pene se clavara demasiado rápido. Luego de un par de intentos más comenzó a impacientarse.

-El tiempo no empieza a contar hasta que esté toda adentro –le recordé sólo para aumentar su sufrimiento.

Ella me miró un tanto preocupada, agarró la verga con la mano y apretando los dientes dijo “Fuerza” como pidiéndole a mi hermano que colaborara un poco, él levantó la pelvis y logró enterrar parte de la cabeza, pero al parecer a mi mamá le dolía porque se estaba poniendo roja. A pesar de que la verga no entrara la escena era muy caliente, comencé a tocarme la mojada conchita disimuladamente. Sólo tenía ojos para ese par tirado en el suelo y la verga intentando abrirse paso en precioso culito. Los huevos de mi hermano seguían hinchados y yo rogaba que aún tuvieran leche para llenar a su mamita. De pronto me atacó el impulso de chupar esos peludos testículos que colgaban de forma muy sugerente. Intentaba reprimirme pero el impulso era muy fuerte ¡Dios mío, quería chuparlos! Meterlos en mi boca, jugar con ellos, tragarme esa verga y no podía dejar de mandarme dedo. A pesar de que hoy fue la primera vez que chupé un pene, eso me dejó una sensación placentera en la boca, quería repetirlo. Miré el pene de mi padre y el de mi tío, estaba como loca, no me importaba cual, yo quería uno. En ese momento mi madre me distrajo diciendo:

-Así no vamos a poder. No lo tengo tan abierto como creen.

A pesar de que mi padre tenía una verga aún más grande que la de mi hermano, no había dejado tan abierto el culito de mi madre, supuse que era cierto que llevaban mucho tiempo sin practicar sexo anal. Me alegraba de haber elegido ese desafío, la haría sufrir un poco, como ella me lo hizo a mí. Aún tenía restos del semen de mi hermano en la conchita y me preguntaba si quedaría embarazada si me rehusaba a tomar el anticonceptivo, que enfermizo era todo esto. Tener un hijo de mi propio hermano sería uno de los peores castigos posibles, pero tal vez lo merecía, por permitir que me penetrara.

Victoria le pidió a su hijo que cambiaran de posición, se recostó boca abajo con las rodillas levemente flexionadas, Eric se posicionó tras ella y apuntaló su verga entre las grandes nalgas de mi madre, parecía completamente dispuesto a clavarla. Ella volvió a ponerse gel en la cola y mi hermano untó su pene. Volvió a apuntar hacia ese agujerito que se resistía. Lo pensé mejor y tal vez el pene no entraba porque mi mamá estaba intranquila y fruncía su culito. Al parecer no le agradaba tanto que la clavara su querido hijito. Toda esa seguridad que había demostrado hasta el momento se estaba desmoronando. Recordaba haber sentido lo mismo cuando estuve a punto de ser penetrada por Eric, una cosa era decidirse a hacerlo y otra muy distinta era saber que ese pene estaría realmente dentro. ¿Con qué cara miraría a su hijo si éste la penetraba analmente? Además debía incomodarle que Eric estuviera tan entusiasmado por hacerlo. En ese momento se me ocurrió que él debía masturbarse frecuentemente pensando en el culo de su madre.

Viki se aferró con ambas manos al borde de la colchoneta y bajó la cabeza, sus grandes tetas quedaros aplastadas bajo su cuerpo. Noté que inhalaba hondamente como si intentara juntar coraje. Con esto sabría lo que sentí cuando hizo que mi hermano me clave y que además, me acabe en la concha. Eric acercó la punta de la verga y la cara de mi madre se desfiguró. El centro de las cejas estaba arqueado hacia arriba y miraba con sus expresivos ojitos para todos lados, su expresión era de total preocupación. Hasta sentí pena por ella, estuve a punto de detenerlo todo cuando Eric se inclinó hacia adelante, ejerció un poco de fuerza y logró clavar la punta de la verga. Nadie en la mesa decía una palabra, todos aguardábamos expectantes.

-¡Uuhhh! –Exclamó Victoria intentando mantener una sonrisa en su rostro pero sus ojos mostraban pura turbación.

Eric se inclinaba más sobre la colita de su madre. Ella apretó fuerte sus dedos contra la colchoneta y supe que había entrado otra parte de la verga, seguía con su fingida sonrisa con la vista fija en ninguna parte, su hijo parecía dispuesto a clavarla. Otra vez exclamó ese “¡Uhh!” que indicaba que el pene seguía ganando terreno. Al parecer su borrachera se había disipado de golpe y ahora era consciente de lo que estaba haciendo. Me pregunté qué se sentiría tener una verga en el culo, sabía que debía doler pero en este momento estaba tan excitada que hasta me parecía atractiva la idea de que alguien quisiera metérmela por detrás.

Eric no tenía clemencia, seguía presionando hacia adentro, pero su verga se mantenía estática. La sacó toda y mi madre se alivió, pero eso fue la calma del ojo del huracán, lo peor estaba por venir. Él la clavó llevando todo su peso hacia abajo consiguiendo que la verga entrara completa, su cuerpo aplastó las nalgas de mi madre haciendo que éstas suban un poco hacia la espalda. Viki apretó los dientes y emitió un quejido de dolor, su cara se puso completamente roja, lo había hecho, el muy desgraciado le había metido toda la verga en el culo.

- ¡Uuuh, qué dura! –dijo ella con un jadeo

No cabían dudas, estaba toda adentro, por eso puse en marcha el cronómetro, ahora sólo debía esperar ocho largos minutos. Al parecer a mi mamá le dolía bastante porque apretaba los dientes y resoplaba a cada rato. Eric apoyó las manos en el piso a los costados de mi madre, quedando toda su pelvis apoyada en los glúteos de su progenitora. Esa blanca y suave colita parecía inflada bajo el peso del cuerpo de mi hermano. ¿Qué estarían pensando ambos en ese momento? Seguramente él estaría muy feliz por tener una excusa para clavarla en ese culito sin que nadie le reprochara nada, mi madre en cambio, debía estar contando los segundos mentalmente rogando que todo eso se terminara. Ni siquiera habían transcurrido dos minutos cuando el muchacho se hartó de ser tan pasivo. Le dio una fuerte embestida que la sacudió hacia adelante, ella sintió el impacto y volvió a mostrar esa forzada sonrisa, como si quisiera decirnos “Está todo bien, es solamente un juego” pero lo cierto es que le dolía. Otra acometida siguió a la primera y luego otra. Iban a un ritmo pausado. Empujaba, esperaba un segundo y volvía a empujar. Con cada sacudida la cabeza de mi madre se iba hacia adelante y luego regresaba a su lugar, yo creía que se le iban a salir los ojos. No dejaba de apretar con fuerza la colchoneta, sus nudillos se ponían blancos y su frente se estaba llenando de gotitas de sudor. Las penetraciones ya mantenían un ritmo lento pero constante, me extrañó que ni ella o mi padre dijeran algo. Pepe parecía disfrutar de la escena, él tenía la mejor posición para ver esa verga entrando y saliendo de ese agujerito. Lo que más me impactaba era cómo el ano de mi madre parecía envolver ese tronco de carne venosa y a su vez cómo éste se deslizaba con aparente facilidad.

Las embestidas comenzaron a ser cada vez más potentes y mi madre sufría con cada una, manteniendo siempre esa sonrisa tan forzada, aunque eso no quería decir que no doliera, o tal vez le dolía el orgullo al estar tendida en el suelo con su pequeño hijo enterrándosela por atrás. Podría haberles recordado que sólo debían quedarse quietos y esperar a que el tiempo se termine, pero si mi madre no decía nada, yo tampoco lo haría.

El estado físico de mi hermano era bastante bueno, lo que le permitía moverse con facilidad y sin mucho esfuerzo. Mi madre gemía, se quejaba y resoplaba cada vez que la pelvis del muchacho chocaba contra sus nalgas y esto ocurría cada vez con más frecuencia. Recién caía en la cuenta. ¡Se la estaba cogiendo! ¡Mi hermano se estaba cogiendo a mi mamá por el culo! En lugar de m*****arme, me calentó mucho, sin darme cuenta siquiera subí los pies a los travesaños de las patas de la silla y quedé abierta y tocando frenéticamente mi clítoris.

Lo que más me calentaba era ver su carita, como si por fin se estuviera arrepintiendo de haber comenzado con este juego. La excitación de Eric iba en aumento, se notaba por el creciente ritmo de las penetraciones. El culo de mi madre temblaba como gelatina y sus uñas se hundían en la colchoneta. Esos continuos movimientos me tenían hipnotizada, no podía dejar de meterme los dedos y estimular mi botoncito. Me sobresalté al escuchar el pitido del cronómetro pero más me sorprendí al ver que mi hermano hacía caso omiso de a éste. No se detuvo, siguió clavándola contra ese agujerito una y otra vez. Miré a mi padre, tenía su gran miembro aferrado con su mano izquierda y miraba fijamente el culito de su esposa. Mi tío estaba en la misma situación, se masturbaba lentamente sin apartar la mirada. Volteé para mirar a mi hermanita y la encontré masturbándose igual que yo. A pesar de su gran vergüenza había momentos en los que parecía olvidar que estábamos todos a su alrededor. Ella maltrataba su conchita que ya estaba toda colorada. Me di cuenta de que se estaba metiendo un dedo en la cola. Lo metía y sacaba con gran facilidad. Casi por instinto se me dio por imitarla, separé más mis piernas y comencé a introducir un dedo, me ardía un poco y no era tan placentero que digamos, aunque noté como mi colita se abría de a poco y ya no dolía tanto. Mi hermano notó que me lo estaba metiendo por eso lo saqué rápidamente, aunque no dejé de pajearme.

Viki se limitó a gemir tras cada arremetida de su hijo. Siguió aguantando esas fuertes penetraciones que hacían vibrar todo su cuerpo y transformaban su hermosa carita en una máscara de placentero sufrimiento. Podía ver el gran pene aparecer casi en su totalidad y volver a perderse entre los glúteos en un segundo, me imaginaba cómo se abriría paso por el interior de ese agujerito y qué sentiría mi madre exactamente, tal vez le dolía pero en parte debía gustarle, de lo contrario hubiera apartado a mi hermano. Esto era un poco diferente, lo que hacían ya no se atenía a las normas del juego, estaban cogiendo por puro gusto, aun sabiendo que todos observábamos.

El tiempo fue pasando y el ritmo de mi hermano variaba, de a ratos le daba rápido y luego se movía un poco más lento, como intentando recuperar el aliento. Viki ya no mostraba tantos signos de dolor, de a poco fue levantando la cabeza y cerró sus ojos, al parecer su culito ya se estaba acostumbrando al intenso tratamiento “peneano”. Un minuto después ya podía afirmar que ella lo estaba disfrutando, sus jadeos sonaban de otra forma, ya no había rastros de dolor en ellos. Se estaba dejando llevar por la situación.

-Sí, así… así… ahh –la escuché decir entre sus gemidos.

Le estaba pidiendo a su hijo que la siguiera cogiendo y él obedecía, podía escuchar el chasquido que provocaba el cuerpo de mi hermano al chocar contra esas suaves nalgas. Le estaba dando una buena culeada a su madre delante de la familia, esto era i****to y no podía ser llamado de otra forma. ¿En qué momento nos habíamos convertido en esto? Ah sí, cierto… en el momento en que comenzamos a jugar Strip Póker.

Las embestidas de Eric se hicieron más fuertes. Ese culito debía estar muy rico, si yo fuera hombre y estuviera en esa posición, no me detendría por nada del mundo. Ella comenzó a masturbarse con una mano y parecía estar gozando de verdad, decidida a seguir cogiendo hasta quedar satisfecha. Ahora ella misma acompañaba el movimiento. Ver a mi madre de esa forma fue muy revelador e impactante para mí, pero a la vez me producía mucho morbo. Quería ver qué ocurría atrás con mayor claridad, por eso me puse de pie y rodeé la mesa por detrás de mi hermana con la excusa de llenar mi vaso con vino. Luego avancé unos pasos y allí pude ver cómo esa verga estaba dejando rojo y abierto el culito de mi madre. Nuevamente probé meterme un dedo en la cola pero me dolió un poco y lo saqué. Ahí caí en la cuenta de que estaba parada justo delante de mi tío, me dio cierto pudor que él me viera haciendo eso, pero intenté hacerme la boluda y seguí atenta al espectáculo. Un instante después sentí algo duro y húmedo hurgando en mi colita, era el dedo índice de mi tío Alberto, estuve a punto de quitar su mano pero preferí dejarlo, a ver qué pasaba. Lubricación era justo lo que mi colita andaba necesitando, la diferencia fue notoria, su dedo se introdujo hasta la segunda falange con facilidad. Sentí mi cola estirarse para darle paso y eso me dolió un poco, pero era tolerable. Me dio la impresión de que mi tío sabía lo que hacía.

Podía ver la conchita de mi madre goteando como una canilla descompuesta mientras la verga se deslizaba hacia el interior de su culito con enorme facilidad. ¿Qué le estaba pasando ahora? Supuse que la calentura le estaba haciendo olvidar quién se la estaba metiendo, así como yo ni siquiera pensaba en los problemas morales que provocaba que sea mi tío el que me estaba colando un dedo por atrás. Ahora me hacía una leve idea de lo que podía estar sintiendo mi madre, era un dolor dulce. Alberto aprovechó que ya me tenía dispuesta para usar su otra mano en mi conchita. Me masturbaba por los dos agujeritos con gran maestría y mi clítoris se ponía feliz al sentir esas rápidas sacudidas que hacían saltar mis fluidos para todos lados. Él tenía la impagable oportunidad de toquetear a su sobrina a discreción sin miedo a que alguien le recriminara algo. Sentí un segundo dedito en mi colita, éste me dolió más pero también aumentó el placer. Tuve que reprimir un gemido. Los movió en mi interior brindándome sensaciones que nunca había experimentado. Estaba muy excitada.

Mi hermano seguía dándole por el culo a su madre y ésta gemía suavemente. En ese momento mi tío se puso de pie y me aferró por la cintura, yo tenía la mente divagando por otros lados así casi ni noté cómo me inclinaba hacia adelante y me arrimaba su dura verga por la conchita. Apenas sentí su glande entrando, empujé hacia atrás con mi cola para que se metiera entera. Nunca me había sentido tan promiscua en mi vida ¿qué me estaba pasando? Una vez leí que si un grupo de personas comete malos actos es muy probable que el resto los siga, las personas se dejan influenciar por las acciones. Yo estaba viendo a mi hermano cogiéndose a mi madre y me servía de excusa perfecta para dejar que mi tío me la metiera.

Alberto me agarró con fuerza las tetas mientras comenzaba a bombearme la conchita. Mi padre no se percató de lo que estábamos haciendo ya que nos daba la espalda y miraba fijamente a su hijo y esposa sin soltarse el pene. Miré a Mayra y me sorprendí cuando nuestros ojos se encontraron, parecía enfadada conmigo, había dejado de masturbarse, supuse que para ella esto ya había llegado demasiado lejos, decidí mirar hacia otro lado para que no me carcomiera la culpa.

Cuando horas antes me puse la tanga para salir de fiesta quería que alguien me cogiera esa misma noche, aunque no lo hubiera admitido abiertamente, pero nunca imaginé que ese alguien podría llegar a ser mi tío, pero allí estaba, recibiendo toda su verga en mi interior y totalmente entregada a él. En ese momento vi algo que me sorprendió muchísimo. La conchita de mi madre se estaba llenando de un líquido blanco. Primero pensé que mi hermano ya había acabado pero no era así, ese líquido blanco definitivamente salía del interior de su conchita, primero fue un poco y luego vi una cantidad mayor fluyendo desde el agujerito. Yo había leído sobre eso en alguna parte, al parecer había mujeres que eran capaces de expulsar un líquido muy similar al semen y del mismo color, pero sin espermatozoides. Nunca creí que lo vería en vivo alguna vez. El espeso fluido blanco chorreó de forma continua hacia afuera durante unos segundos formando un hilo que cayó sobre la colchoneta negra Esto era demasiado para mi frágil y excitada mente, me incliné hacia adelante aferrándome al respaldo de la silla que había dejado mi madre y me dediqué a disfrutar de la cogida que me estaba regalando mi tío. Podía sentir la cabeza de su verga rozando las paredes internas de mi cavidad vaginal mientras grandes cantidades de flujo manaban hacia afuera.

De pronto la verga en mi concha se salió, pensé que había sido un accidente pero enseguida la sentí contra mi culito. No sabía qué hacer. Ahí me di cuenta que mi tío sólo se la había lubricado, él quería entrar por atrás. Recordé que si estaba tensa me dolería más, intenté relajarme, de todas formas, si me dolía, podría detener todo. Me inclinó más hacia adelante y comencé a masturbarme. El glande comenzó a frotarse contra mi entrada posterior. Cuando ya estaba totalmente dispuesta y entregada él se apartó y escuché que regresaba a su silla, no entendía nada. En ese momento vi que mi hermano le estaba sacando la verga del culo a mi madre, ella se quedó tendida en la misma posición con su ano colorado y abierto. De su vagina seguía saliendo esa especie de cremita blanca, a los pocos segundos su culo expulsó un poco de semen bien cargado que fluyó hasta su conchita seguido por otra cantidad igual. ¿De dónde sacaba tanta leche mi hermano? Tal vez hacía mucho que no descargaba. Regresé a mi asiento antes de que alguien notara lo que había pasado con mi tío, aunque el ceño fruncido de Mayra hizo que me sintiera culpable. Tenía toda la sensación de que le estábamos produciendo un daño psicológico irreparable a la pequeña.

Mi madre se puso de pie con dificultad y nos sonrió tímidamente, era raro que ella actuara así, normalmente era muy segura de sí misma. Se fue caminando casi como un pato hasta el baño más cercano, pobre, debía dolerle mucho el culo después de semejante empernada. Pensé que todo el juego se había ido al carajo, que ya a nadie le importaría seguir con las cartas pero vi que mi padre ya las estaba repartiendo otra vez. ¿De verdad pensaban seguir jugando? La única explicación que encontraba es que las cartas servían de excusa para realizar morbosas actuaciones y hasta yo misma estaba interesada en participar en algunas y creo que mi hermano también, a pesar de que su pija había quedado ******. Mi tío hablaba de lo bueno que estaba el vino, la charla en la mesa era totalmente ajena a lo ocurrido. La negación era el tema más recurrente para la conversación.

Esta jornada había pasado de inocentes jueguitos sexuales a sexo duro y explícito. De haber sabido que llegaríamos tan lejos me hubiera negado desde el principio, pero ahora era muy tarde, ya estaba adentro y no podía salir. Mi madre regresó, se la veía un poco más fresca, al parecer se había dado una ducha rápida ya que llevaba el pelo completamente mojado y traía consigo una toalla blanca con la que aún se secaba el cuerpo. En la siguiente tanda de cartas mi hermanita quedó en último lugar y la victoriosa fue mi madre, con un full bastante bueno. Ella cambiaba de posición a cada rato en la silla, debía dolerle bastante lo que Eric le hizo pero ahora teníamos otra cosa en mente ¿Qué desafío le daría a su hija más pequeña? Mayra parecía un hermoso tomate. Estaba toda roja y con los ojos bien abiertos, se la veía preciosa. Me daban ganas de pellizcarle los cachetes… y los pezones también, ¿por qué no?

Nuevamente vi a Victoria dudar, ella no podía ser cruel con la más dulce y tierna de sus hijitas, no me producía ningún tipo de celos esa diferencia de trato, yo hubiera obrado de la misma forma al tratarse de Mayra.

-Tenés que tocársela a tu tío Alberto –dijo mi madre luego de pensar unos instantes; mi tío pareció alegrarse con la idea de que su rica ********* le haría una paja, pero la jovencita no estaba para nada feliz.

Luego de meditar unos segundos y de hacer mala cara, acercó un poco su silla a la de mi tío y extendió la mano tímidamente mientras ese erecto miembro la esperaba. Titubeó unos instantes y cuando creí que al final lo haría se levantó de la silla y se fue corriendo hacia el pasillo que daba a las habitaciones. Todos nos quedamos boquiabiertos, pobrecita Mayra, la habíamos llevado a un punto de quiebre con nuestros desubicados juegos. De inmediato la seguí, para ver cómo estaba y mi madre me acompañó.

La encontramos tirada boca abajo en su cama, llorando. La pena y la culpa me invadieron, me sentía una estúpida por haber permitido que todos esos juegos llegaran tan lejos y más por no haberle preguntado a mi hermanita cómo se sentía. Mi madre la consoló y logró que nos mirara. Allí quedaron las dos, tan desnudas como yo, sentadas en la cama. La pequeña se quitaba las lágrimas de la mejilla con el dorso de la mano.

-Contame qué te pasa hijita –le rogó mi madre.
-Está todo bien Mayra, podés decir lo que sientas –le dije intentando tranquilizarla.
-Es que… es que –comenzó diciendo entre llantos– me tratan como a una boluda –con mi madre nos miramos anonadadas, no era eso lo que esperábamos escuchar y no estábamos segura de lo que significaba.
-¿Por qué lo decís? –preguntó Viki.
-Porque a todos les dan desafíos muy zarpados –ahí estaba el problema, habíamos llegado muy lejos– y a mí me ponen puras boludeces –me quedé con los ojos como platos– a ella le llenaron la concha de leche y nadie dijo nada –me señaló acusadoramente con el índice– a vos te rompieron el culo y está todo bien –nunca la habíamos escuchado hablar de esa manera, estaba indignada y enfadada– y cuando me toca a mí me piden que solamente se la toque al tío, como si yo fuera una nena estúpida.

Madre mía, la chica se enojaba porque le parecía poca cosa que la manden a pajear al tío. Pero en algo tenía razón, nuestras pruebas estuvieron muy cargadas de sexo, en ese momento caí en la cuenta de que sólo la habíamos mandado a “tocar” o a bailar, sí parecía un tanto sonso luego de las cosas que habían ocurrido. Ahora recordaba su baile con mi hermano, él la esquivaba y ella misma buscaba el roce. Hasta estuvo a punto de lograr una penetración anal. De hecho, en parte lo logró. Meter ese glande en un culito tan chiquito, sin gel lubricante, no era tarea fácil. Eric también la veía igual que nosotros, como si la chica fuera de porcelana y pudiera romperse si no se la trataba con delicadeza.

-Perdón hija, no lo había visto de esa forma. No te enojes con nosotros, es que vos sos la más chiquita y nos cuesta verte como una mujer, más que nada en temas sexuales.
-Pero ya soy una mujer –se quejó– y sexualmente activa –a mi madre se le desfiguró la cara por segunda vez en la noche, mi expresión no era muy distinta a la suya.
-¿Y se puede saber con quién estuviste? –le preguntó.
-Eso no les importa.
-Me importa, porque soy tu madre –se lo dijo dulcemente; Mayra meditó unos segundos.
-Estuve con el profesor del gimnasio –una vez más casi nos da un infarto sincronizado a mi madre y a mí.

Mi hermanita concurría a un gimnasio a pocas cuadras de casa donde utilizaba los típicos aparatos para ejercitarse, no necesitaba mejorar su forma pero ella disfrutaba de la actividad física. El susodicho profesor era un tipo grandote que debía medir casi 1,90 metros y estaba alrededor de los 35 años. Un hombre demasiado grande, en todo sentido, para ella.

-¿¡Qué!? ¡Degenerado de ******, lo voy a matar! –mi madre pocas veces reaccionaba así.
-¡No mamá! No te metas, él no es ningún degenerado, yo lo busqué. Además fue algo de unos días nomás, ya se fue a trabajar a otro gimnasio y no lo veo más.
-¿Pero esto cuándo pasó? –pregunté intrigada; mi hermana ya estaba a pocos meses de los 19 años, pero igual la veía muy chiquita como para incurrir en el sexo con hombres maduros.
-No fue hace mucho, unas dos semanas.
-¿Pero cómo fue que llegaron a eso? ¿Dónde hicieron… -ahora lo que más nos importaba era saber qué había ocurrido.
-Ya te dije, yo lo provoqué… hasta que un día no se aguantó más, y bueno… me cogió –lo decía con una naturalidad tremenda, me imaginaba a mi hermanita, tan bajita y menudita siendo desvirgada por un tipo tan grandote, no podía imaginarme qué caras pondría ella mientras se la estaban clavando, yo la veía tan dulce y tímida que no podía concebir lo que me decía, pero al verla desnuda podía entender el increíble atractivo que tenía su cuerpo, al hombre le habrá costado enormemente resistirse a sus encantos -la primera vez fue en el gimnasio, cuando no había nadie y las otras veces fuimos a un telo –¡yo no había pisado un telo en mi vida y a la pendeja ya se la habían garchado en uno! Me di cuenta que fallé como hermana, compartíamos la misma habitación y ni siquiera sabía en qué andaba ella. Mi madre estaba pálida. Pensé que le daría un cachetazo a Mayra, pero me sorprendió una vez más.
-¿Lo disfrutaste? –le preguntó con voz calmada.
-Sí, mucho. Él nunca hizo nada que yo no quisiera, me pidió algunas cosas y cuando le dije que no, no volvió a insistir.
-¿Cosas como qué? –esta vez fui yo quien preguntó.
-Me quería dar por la cola, por ejemplo –señaló su respingado traserito– pero le dije que no.
-Ah bueno, al menos sé que seguís virgen por un agujerito –acotó mi madre. “No tan virgen” pensaba yo recordando cómo se había metido el glande de mi hermano– bueno Mayra, te vuelvo a pedir disculpas, hicimos mal en tratarte de esa forma, vos tenés el mismo derecho a “jugar” que todos nosotros –¿de verdad veía todo como un simple juego?
-Está bien, pero prométanme que me van a tomar en serio de ahora en más.

Se lo prometimos y regresamos a la sala donde los tres hombres hablaban de quién sabe qué cosas, pensé que los encontraría con las pijas flácidas pero no, sólo la de mi hermano descansaba en su posición natural, las otras dos continuaban apuntando hacia arriba.

-¿Qué pasó? –preguntó mi padre cuando nos vio.
-Mayra se estaba haciendo pis, fue hasta el baño –dijo mi madre para no explicar lo que sucedió realmente.
-Sí, no sé por qué me siguieron –acotó la pequeña.
-¿Y por qué tardaron tanto? –quiso saber mi hermano cuando estábamos por sentarnos.
-Porque estábamos viendo quién meaba más lejos –le contesté dándole un golpe en la cabeza– y los demás comenzaron a reírse.
-Bueno, sigamos –mi madre seguía llenando su vaso con vino– pero quiero cambiar un poco el desafío.
-Mejor –dijo mi tío– porque ya me está por explotar.
-¿De verdad? –le preguntó su hermana.
-Sí, uno no es de palo. En cualquier momento tengo que salir corriendo a buscar una toalla –noté una sonrisa picarona en los labios de mi madre.
-Ahora el desafío es… -miró fijamente a mi hermana manteniendo media sonrisa en sus labios– que Mayra se tiene que tomar la leche de Alberto –los tres hombres voltearon al unísono para mirarla.
-¿No será mucho hermana? –mi tío parecía preocupado pero excitado a la vez; su verga daba leves espasmos sacudiéndose.
-No sé, que eso lo decida Mayra ¿Te animás? –miró a mi hermanita como diciéndole “Vos querías que te tomáramos en serio”.

Las mejillas de la pequeña se sonrojaron una vez más, al parecer esto era producto de la calentura y no de la vergüenza, nosotros habíamos interpretado mal el mensaje. Finalmente se puso de pie sin decir nada, automáticamente mi tío se levantó con un saltito, parecía muy entusiasmado y no paraba de escanear con la mirada ese cuerpito de mujer. Hasta yo me sentía extrañamente provocada al verla así. La muchachita se puso de rodillas ante el gran falo peludo y venoso que quedó apuntando a su dulce carita. Era una prenda sin límite de tiempo, terminaba cuando ella hubiera tragado todo el semen. A mí me daba un poco de asco, si no me animaba a chupar vergas, mucho menos a tragar leche, pero esta noche había experimentado muchos cambios permanentes en mi vida sexual, ya veía el sexo y el placer de una forma muy diferente.

Mi tío comenzó a masturbarse frente a su *********, me impactó un poco esa imagen, era un tanto perversa y sexy a la vez. Mayra lo miraba con sus ojazos bien abiertos y aguardaba con su boquita preparada. Todos guardábamos silencio, lo único que podía escuchar era el chasqueo de la verga de mi tío y la de Eric también, el pibe se estaba dando duro a medio metro de mí pero su pene se sacudía como el cuello de una gallina sin llegar a ponerse duro, decidí ayudarlo un poco con esta tarea y extendí mi mano hacia él para acariciársela suavemente, él apartó sus torpes dedos y me dejó trabajar, no era experta en la materia pero había provocado más de una erección en mi vida y tenía cierta idea de cómo hacerlo.

El primer chorro de semen dirigido hacia la boquita de mi hermana llegó cuando nadie lo esperaba, pensé que eso asustaría a Mayra pero ella estaba lista y lo recibió directamente adentro. Se acercó hasta que el glande quedó apoyado en su labio inferior y las descargas siguieron, podía ver que la leche era muy blanca y espesa, más aún que la de mi hermano. La escena me excitó tanto que comencé a masturbarme con la mano izquierda, cosa que rara vez hacía, intenté igualar la velocidad de movimiento en ambas manos mientras continuaba estimulando el miembro de Eric, éste ya estaba ganando rigidez.

Mayra se metió todo el glande en la boca y comenzó a chuparlo a la vez que tragaba toda la leche que le habían dado, la niña parecía disfrutarlo a pleno. Mi tío la agarró suavemente de la cabeza y la dejó chupar tranquila. Me preguntaba si él alguna vez había fantaseado conque mi hermana le haga un pete, porque se lo veía muy entusiasmado. Ella cerró los ojos y tragó una buena porción de esa verga. Mi hermano posó su mano izquierda tímidamente sobre mi pierna, no tenía tiempo para que él tomara coraje, le agarré la mano y la guie hasta mi concha, me metió los dedos de una forma tosca que me hacía doler un poco, pero también me daba mucho placer. La pequeña le estaba mamando la verga a su tío y a pesar de que la prueba ya había sido superada, no parecía que fuera a soltarlo. Escuché cómo le daba fuertes chupones en la punta cuando lo sacaba de su boca; me preguntaba dónde había aprendido a chupar así, aunque me daba una idea. Por fin se detuvo y todos la aplaudimos, eso sirvió para terminar disimuladamente los toqueteos entre mi hermano y yo. En ese momento me pregunté qué pasaría muchos días después de esto. ¿Mi hermano y yo volveríamos a tocarnos de esa forma, me metería su verga otra vez? ¿Mayra le chuparía algún día la verga a su tío? No podía responder a todas estas preguntas pero un intenso calor me recorrió el cuerpo.

Era increíble, en pocos segundos ya estábamos los seis sentados otra vez repartiendo esas cartas que decidían nuestra suerte sexual, uno pensaría que a esas alturas nadie le daba importancia al póker, pero lo cierto es que nos interesaba más que nunca, nos esforzábamos por ganar… o perder. Sabía que la estrategia de todos sería más o menos la misma, si las cartas parecían buenas entonces intentábamos conservar las mejores, pero si en general eran malas, eran las peores las que quedaban en nuestras manos, así lo hice esta vez y me dio un buen resultado. Perdí. La ganadora fue mi hermanita y esperaba que ella me diera algún desafío interesante.

-Tenés que chupar dos vergas a la vez –me dijo levantando dos dedos- y tenés que hacer acabar al menos a uno antes de que terminen los ocho minutos.
-Yo no estoy para otra ronda –acotó mi tío- así que tendrán que ser Eric y Pepe los afortunados.
-Me parece bien –dije con una sonrisa, estaba tan cachonda que ya no me importaba nada, quería verga y tendría dos.

En cuanto me puse de pie me pareció buena idea ponerme de rodillas sobre la colchoneta, así al menos evitaría estar sobre el frío y duro suelo. Mi cabeza se meneaba de un lado a otro como si fuera un velero meciéndose con el viento, aunque lo que producía el movimiento, en este caso, era el alcohol. Dos grandes falos masculinos quedaron ante mis ojos a pocos centímetros de ellos. Una sonrisa de ******** lujuriosa se dibujó en mi rostro y aferré con una mano cada una de esas vergas, me calentó mucho sentirlas tan duras. Decidí comenzar por la de mi hermano ya que aún no la había probado, al menos no con la boca. Le di un lengüetazo al glande y luego me lo tragué, estaba completamente desinhibida, me sentía una puta y lo estaba disfrutando, no era sólo por el tamaño de esos miembros sino porque éstos pertenecían a mi hermano y a mi padre, lo cual me producía un morbo extra.

El tiempo pasaba y yo ya estaba mamando la verga de mi padre, ésta era más grande y me daba más trabajo pero ya estaba aprendiendo a meterla en mi boca y darle unas buenas lamidas. Sacudí mi cabeza de atrás hacia adelante con fuerza llenando todo su tronco con mi saliva y luego, con un rápido movimiento, pasé a chupar la de mi hermano. Esto sólo lo había visto en películas porno y no podía creer que lo estuviera viviendo en carne propia y que además lo estuviera disfrutando tanto. Estos hombres se acordarían toda su vida de mi mamada, puse mucho esfuerzo cada vez que tuve una verga dentro de mi boca, incluso lamí esos velludos testículos, en ese momento pensaba en la cogida que me dio mi tío Alberto y en cómo se sintió el pene de Eric cuando lo tuve dentro. Quería que me cojan, todos mis prejuicios sobre el sexo con familiares se habían desmoronado por completo. Me encontraba chupando intensamente la pija de mi papá cuando sentí algo tibio y espeso que inundaba mi boca, había logrado hacerlo acabar y me sentí estupendamente bien, con mi boquita fui capaz de provocarle un orgasmo a mi padre. No abrí la boca en ningún momento, si Mayra pudo tragar todo el semen de mi tío sin quejarse, yo también podía hacerlo, pero me resultaba difícil porque esa manguera de carne no dejaba de expulsar leche y yo no podía tragar tan deprisa, el líquido blanquecino comenzó a brotar hacia afuera por la comisura de mis labios, el sabor me agradó mucho y sentía que me estaba llenando el estómago con el semen de mi propio padre. En un momento me ahogué y tuve que sacar el pene de mi boca salpicando leche y saliva, de todas formas los tres integrantes de la mesa aplaudieron porque yo había logrado el objetivo.

Me puse de pie con la boca y los pechos salpicados de blanco y casi al instante sentí los dedos de mi hermano hurgando en mi conchita, no le di importancia y dejé que me los metiera mientras yo simulaba estar limpiándome con el dorso de mi mano, lo que en realidad hacía era lamer lo que recolectaba. Eric se colocó a mi espalda y con un suave empujón me obligó a inclinarme hacia adelante, hasta ese momento estaba todo bien, cuando sentí su dura verga restregándose contra mi húmeda conchita no dije nada pero de pronto la sentí en el agujerito de mi culo. Cuando mi tío hizo lo mismo no me m*****ó, porque no tenía nada en contra suya, pero ahora que lo hacía mi hermano se me dio por recordar mi orgullo, ya le había entregado la concha, no le entregaría también el culo.

-¡No salí! –me quejé; él intentó penetrarme y comenzó a dolerme la cola- ¡no pará, me vas a hacer mal, salí!
-Eric, no m*****es a tu hermana –lo retó mi madre.
-Solamente estoy jugando –se defendió.
-Entonces volvé a la mesa, porque el juego es acá –esta vez fue mi padre el que hizo valer su autoridad; Eric me soltó de mala gana.
-Creo que ya es hora de ir a dormir –dijo Victoria- además ya se terminó el vino.
-Si se terminó el vino yo me voy a dormir –mi tío apoyaba la moción.
-Pero yo quiero seguir jugando –fui yo quien habló.
-Ya es tarde Nadia, otro día lo seguimos.

Intenté convencerlos de que reanudemos el juego, incluso Eric se puso a mi favor pero no hubo caso, los adultos habían tomado una decisión y ésta era irrevocable. Resignados abandonamos la mesa dejando todo tal y como había quedado con la promesa de limpiar cuando nos levantáramos, fue un tanto extraño que cada uno caminara desnudo hasta su cuarto ante la vista de toda la familia, pero en ese momento lo que menos sorprendía era la desnudez.

Antes de acostarme enjuagué mi boca con abundante agua, no quería irme a dormir con el sabor al semen de mi padre. Cuando me acosté me moví inquieta, me sentía cansada y mareada pero no podía relajarme, aún estaba cachonda, quité la sábana que me cubría y abrí las piernas, comencé a masturbarme con los ojos cerrados, impulsada por la lujuria que residía en mí, me importaba muy poco que Mayra estuviera mirando.

Me sobresalté al sentir un movimiento extraño en mi cama, al abrir los ojos vi que mi hermanita se había sentado a pocos centímetros de mí.

-¿Querés que te ayude? –me dijo casi susurrando.
-Sí, vení.

¿Qué decía, estaba invitando a mi hermana a que me hiciera una paja? Ni yo lo podía creer pero necesitaba que alguien me diera placer y ella era la persona que tenía más cerca. Se acostó a mi lado y casi al instante sentí sus pequeños dedos jugueteando con mi clítoris. Esto era mucho mejor que tocarse sola. Supuse que yo debía devolverle el favor, si ella no estuviera tan excitada como yo jamás hubiera propuesto tal cosa. Me agradó sentir su húmeda y suave rajita entre los dedos, ésta era más pequeña que la mía pero también más abultada en la zona del monte de venus. No pasó mucho tiempo hasta que comenzamos a meternos los dedos mutuamente, ella lo hacía muy bien y yo quería demostrarle que también tenía mucha experiencia en masturbación.

-¿Querés que te la chupe? –me preguntó luego de unos segundos; su cálida vocecita me hacía perder la razón.
-No sé… no hace falta que hagas eso…
-Si vos me lo pedís, yo lo hago.
-No te lo voy a pedir –continué moviendo los dedos en su sexo.
-Como quieras, ya sabés, si querés, pedimelo.
-No me pidas permiso porque no sé qué contestarte. Hacé lo que vos quieras.
-Ok.

Se quedó en su lugar pero no dejó de meterme los dedos, mi respiración se estaba agitando y en ese momento nos llegó un inconfundible ruido desde el cuarto contiguo, eran los gemidos de mi madre, éstos no se medían en lo más mínimo, nunca la había escuchado así.

-¿Le estará dando por el culo? –preguntó Mayra sin dejar de masturbarme.
-Seguramente, después de lo que hizo Eric papá no se iba a quedar con las ganas.
-Decime la verdad Nadia, ¿te gustó cuando Eric te la metió?
-Al principio no, pero después me gustó mucho –nos quedamos en silencio durante un rato mientras movíamos nuestros dedos y escuchábamos los ruidos sexuales producidos por nuestros padres.
-Me gustan tus tetas –me dijo

Ni siquiera tuve tiempo a contestarle algo, en ese preciso instante pegó su boca a mi pezón izquierdo y comenzó a succionarlo con ganas. Metí dos dedos bien adentro de su vagina y los moví para indicarle que me gustaba lo que estaba haciendo. Mi calentura iba en aumento constante mientras ella pasaba su lengüita por mis pechos.

-Mayra…
-¿Si?
-Chupamela.

No esperó ni un segundo, se deslizó hacia abajo con un rápido movimiento mientras yo separaba más mis piernas, sentí un beso justo contra mi clítoris y me estremecí tanto que mi espalda se arqueó y tuve que aferrarme con fuerza a las sábanas. Solté un grito de placer que fue opacado por otro de mi madre. Me habían hecho sexo oral en algunas ocasiones pero nunca lo hizo una mujer, tenía que admitir que Mayra tenía talento, me la estaba comiendo intensamente y seguramente se estaba tragando todo el jugo que salía de mi vagina. Cuando fui consciente de que estaba teniendo sexo con mi hermana el morbo me hizo estallar en un orgasmo, la pequeña recibió en la cara todo lo que saltó de conchita y no dejó de lamer y chupar ni por un instante.

-Date vuelta –le dije entre jadeos.

Ella giró su cuerpo rápidamente y se colocó encima de mí. Su conchita rosada quedó abierta a pocos centímetros de mis ojos, no la hice esperar, abrí la boca y comencé a chupársela. Estaba deliciosa, muy cargada de flujos y morbo… mucho morbo. Pensé que cuando estuviera casa dentro de muchos años aún recordaría la noche en que tuve sexo con mi propia hermanita. Luego de pocos segundos sentí un chorro constante de líquido fluyendo desde el agujerito de su vagina hacia mi boca, me pegué a él y comencé a succionar intensamente. Sentí que me chupaba el clítoris hasta casi arrancarlo y eso me llevó a un segundo orgasmo. Nos llevó un buen rato calmarnos y sólo dejé de lamerle la rajita cuando supe que ambas estábamos completamente satisfechas.

-Esto fue intenso –le dije mientras nos sentábamos en la cama.
-Siento que cumplí un sueño.
-¿Cómo es eso?
-Sí Nadia, no es la primera vez que fantaseo con chupártela. ¿Nunca te pasó a vos?
-La verdad que no… pero no te pongas mal, es que nunca me sentí atraída por otra mujer… hasta hoy.
-Eso vale mucho para mí –se abalanzó sobre mí y me dio un corto beso en la boca- bueno, vamos a dormir a mi cama, ésta quedó toda mojada.
-Es cierto. Andá a acostarte, yo voy al baño y vuelvo.

Tanto sexo y alcohol me produjo unas increíbles ganas de orinar. Fue un alivio el poder hacerlo. En cuanto salí del baño para regresar a mi cuarto vi a mi tío Alberto saliendo del dormitorio de mis padres, él pasó caminando a pocos metros de mí pero no me vio.

Me acosté junto a Mayra y abracé su menudo cuerpecito. Pensé en lo que había visto, si mi madre estuvo cogiendo frenéticamente y mi tío también estaba en ese cuarto es sólo podía significar una cosa. Tuvieron un trío. No podía imaginarme a mi mamá con dos hombres a la vez. ¿La habrían penetrado los dos al mismo tiempo? Seguramente así fue, eso explicaría a qué se debían sus desesperados gritos de placer, le habían metido dos vergas. Me costaba creer que mi familia hubiera cambiado tanto en una sola noche de juegos y eso me hacía sentir rara. No por lo que habíamos hecho, ya estaba aceptando eso y no podía cambiar nada de lo ocurrido. Me di cuenta que me sentía insatisfecha, a pesar de la noche de intensa carga sexual que viví, tenía la sensación de que pude haber vivido mucho más. En pocos minutos me quedé dormida con una idea fija en la cabeza: Debía hacer todo lo posible para que este juego se repita.


Fin del Capítulo 2

Continúa en el Capítulo 3




@NOKOMI
発行者 AkuSokuZan
5年前
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