Strip Póker en Familia - Parte 5 & 6

Capítulo 5.



Pensé que la nueva partida de póker se realizaría el sábado siguiente, luego de que yo le diera la confirmación a mi madre de que todos deseaban jugar. Me sentía viviendo un sueño irreal pero este sueño se disipó un poco cuando llegó el fin de semana y no había nada organizado, aguardé ansiosa hasta la noche del sábado pero mi madre actuaba con una normalidad tal que me hizo sospechar que no habría juegos en esa velada. Me animé a preguntarle por qué motivo no había organizado nada y me respondió que tanto ella como mi hermana estaban con el período y no podían jugar en ese estado, comprendí al instante, yo tampoco jugaría al strip póker si tuviera que estar usando una toallita higiénica o un tampón. Ellas solían tener el período muy sincronizado y regular, en cambio el mío era completamente irregular y me dio un buen susto en más de una ocasión que se demoró.

No dejé que este altercado me arruinara la algarabía, sabía que el próximo fin de semana jugaríamos, sólo debía ser paciente, pero esto no era una tarea tan fácil como yo imaginaba. Me di cuenta de que me excitaba mucho, prácticamente todos los días, algo atípico en mí pero culpaba de eso a la gran cantidad de actividad sexual de los últimos días. Intenté concentrarme en mis estudios pero me era jodidamente imposible mantener la concentración durante más de media hora, siempre se me venía a la mente alguno de los momentos sexuales vividos con algún miembro de mi familia, una vez más llegué a temer que me estaba volviendo loca y algo debía admitir, todo lo que pasó fue una gran locura. Llegué a tal punto en el que me paseaba en ropa interior por la casa sólo para sentirme observada y deseada, casi todos mantenían una actitud pasiva ante mis arrebatos de exhibicionismo, solamente Eric aprovechaba para tocarme un poco cuando nadie -nos veía pero yo nunca permitía que los toqueteos fueran demasiado lejos. En cuando veía que a él se le paraba la verga, me alejaba dejándolo con las ganas, él no se enfadaba porque sabía que todo era parte del jueguito.

Una mañana asistí por error a la facultad, por culpa de estar tan distraída pensando en sexo fui a una clase que había sido suspendida con una semana de antelación y lo recordé en el mismo momento en que entré al aula y la vi completamente vacía. Me reí de mí misma por ser tan estúpida y me fui a caminar sin rumbo porque no quería volver a mi casa, ya que no había nadie allí y no tenía ganas de pasarme toda la mañana sola y encerrada. Por mera casualidad me topé con la camioneta de mi padre estacionada en la calle, miré tres veces el número de la patente hasta que estuve segura de que era su vehículo, él no debería andar muy lejos. Inspeccioné la zona y en pocos segundos noté un edificio en construcción a menos de cuarenta metros de mi posición, mi padre debería estar ahí, decidí hacerle una visita sorpresa. En cuanto me acerqué a la obra vi algunos rostros desconocidos y por la forma en que estos hombres me miraron estuve a punto de dar media vuelta y marcharme pero justo cuando estaba por hacerlo divisé la cabeza de mi padre a lo lejos, sonreí y me acerqué, él parecía estar hablando con dos de sus subordinados, les hacía señas con las manos y parecía estar un tanto m*****o por algún motivo pero su expresión huraña se borró e cuanto me vio caminando hacia él, me sonrió y se acercó a saludarme.

-Nadia, ¿Qué hacés acá?
-Vine a visitarte, lo que pasó es que suspendieron una clase en la facultad y yo me había olvidado. No sabía que estabas trabajando tan cerca.
-Empezamos hace un par de días.
-¿Y Eric dónde está? –no veía a mi hermano por ninguna parte.
-Él está trabajando en otro edificio, está contento porque lo dejé a cargo de la obra, de todas formas es algo sencillo pero me pareció bien que empiece a tomar responsabilidades –al parecer mi padre notó la mirada libidinosa de alguno de los albañiles- ¿qué te parece si vamos a un lugar más tranquilo?
-Está bien, no quiero m*****ar, ya me voy.
-No hace falta que vayas, además tengo un rato libre, es lo bueno de ser el jefe –lo seguí hasta lo que parecía ser un departamento a medio construir, supuse que algún día ese sitio sería muy bonito pero ahora tenía las paredes sin revestir y sólo contaba con una mesa en la que mi padre había colocado los planos.
-¿Esta es tu nueva oficina?
-De momento, sí. Pero en cuanto tengan que empezar a revestirla voy a tener que buscar otra, lo bueno es que es que tengo de dónde elegir.
-Qué lindo de ser construir un edificio y después saber que la gente va a vivir en algo que vos hiciste.
-Este no es el único que estamos construyendo –me señaló una ventana por la que se veía buena parte de la ciudad- ¿ves aquel edificio que es solamente un armazón? Ese lo está construyendo uno de mis socios –me acerqué a la ventana y él se puso de pie detrás de mí –más allá está la obra en la que está trabajando Eric, pero no se ve –me sorprendió ver a mi padre tan comunicativo, me di cuenta de que ésta era la primera vez que hablábamos desde que yo se la había chupado en su camioneta, tal vez eso sirvió para romper el hielo en nuestra relación –no sólo tenemos edificios, sino también algunas obras ******* en casas de familia –me tomó por los hombros y sentí su bulto apoyándose contra mi cola, me divirtió mucho que se comportara así conmigo- tengo otro socio que se encarga de obras en oficinas y locales comerciales.

Me importaba poco lo que me decía y seguramente a él también, lo que me provocaba era saber que mi papá se estaba excitando, moví un poco mi cadera para que mi cola rozara contra su bulto y supe que se le estaba parando. Él continuaba hablándome pero yo no prestaba la más mínima atención a sus palabras. El sentir el calor de su cuerpo y la rigidez de su sexo me hicieron excitar en gran medida. Supuse que esta vez no era necesario andarme con rodeos, hice un simple análisis, él estaba caliente y yo también, no necesité nada más. Giré y me puse de rodillas tan rápido que él se sobresaltó, bajé el cierre de su pantalón y admiré con deseo lo que salía de él, su gran miembro no estaba completamente erecto pero yo me encargaría de remediar eso, parte de mí sabía que debía esperar a que se celebrara el juego de póker pero por el otro lado no podía esperar, necesitaba darle una nueva probada a ese suculento pedazo de carne. Me tragué el glande y en cuanto lo tuve dentro de la boca cerré mis ojos como si estuviera deleitándome con algo muy sabroso que llevaba mucho tiempo sin probar, él dejó de hablar pero al acariciar mi cabeza me indicó que le agradaba lo que yo estaba haciendo, supe que esto podía pasar entre nosotros si es que no se hablaba al respecto, si actuábamos como si nada ocurriera y eso hice, me limité a mamarle la verga en silencio, pero pocos segundos más tarde un ruidito rompió un poco con la magia del momento, se trataba de su teléfono celular. En cuanto atendió la llamada supe que del otro lado del auricular se encontraba Eric y aparentemente tenía problemas, mi padre le habló a través del alta voz, por lo cual procuré no hacer demasiados ruidos mientras daba lamidas y chupones a esa gran verga oscura.

-¿Cómo pasó eso? –preguntó mi padre indignado mientras yo seguía cabeceando de atrás hacia adelante –ajá… ¿y no pudiste arreglarlo? –lamí todo su tronco con lujuria y pasión- ahora no puedo… -mi hermano jamás adivinaría lo que ocurría allí pero el saber que estaba escuchando me calentaba aún más- bueno, bueno…tranquilo, ya voy para allá, no toques nada –cortó la llamada y nos miramos a los ojos, fue la primera vez que nos miramos directamente y eso me excitó más, era como si se cortara esa capa invisible que separaba a un padre y una hija de dos amantes, sin dejar de mirarlo a los ojos me tragué su verga todo lo que pude, muy lentamente, manteniendo una actitud totalmente provocativa. Él se quedó mirando boquiabierto durante unos instantes y después dijo:- me tengo que ir Nadia, tu hermano rompió algo y si no lo arreglamos hoy mismo se nos va a venir una bien grande –“¿Tan grande como la tuya?” pensé –¿querés que te lleve a casa?
-No te preocupes papá –le dije con la boca chorreando saliva mientras lo masturbaba con una mano, esta situación era tremendamente excitante para mí- yo me puedo ir solita, encárgate de eso rápido antes de que Eric se mande otra ******, ya sabés cómo es.
-Sí, tenés razón. Bueno, lamento irme pero no tengo otra alternativa –guardó su gran pene como pudo dentro del pantalón y se encorvó un poco para que no se le notara tanto la erección- nos vemos en esta noche en casa –me dio un beso en la mejilla en cuanto me puse de pie y salió de la improvisada oficina.

Me quedé parada en el mismo sitio, sabía que debía tener la conchita mojada pero aquí no podía hacer nada para remediarlo, debía volver a mi casa, allí podría masturbarme tranquilamente. Sólo esperaba que la humedad de mi sexo no se filtrara a través de mi delgada ropa interior y que llegara a traspasar la fina tela de mi calza. No suelo usar este tipo de ropa tan ajustada, pero si lo hago utilizo blusas lo suficientemente largas como para cubrir mi cola, aunque dudaba que este largo llegara a cubrir también mi parte delantera. Estaba dispuesta a irme cuando la puerta de la improvisada oficina se abrió y un hombre desaliñado entró, reconocí en él a uno de los trabajadores con los que mi padre estaba discutiendo cuando llegué.

-¿No estás un poquito joven para ser la mujer de Pepe? –me dijo este extraño sujeto.
-¿Cómo?
-Debés ser la amante –dijo con una libidinosa sonrisa en su grotesca cara- ¿Vos sabías que Pepe es casado?
-¿Y eso qué tiene que ver? –estaba confundida y asustada; por instinto me moví hacia un lado hasta que mi cadera chocó contra el ángulo de la mesa que servía a mi padre como escritorio.
-Lo que pasa es lo siguiente –el hombre era un poco más alto que yo, de espalda ancha, delgado y brazos largos, vi que llevaba un teléfono celular bastante moderno en su mano derecha, cuando estuvo más cerca noté que en la pantalla se estaba reproduciendo un video, abrí la boca por el espanto en cuanto me vi a mi misma chupándole la verga a mi papá- resulta que Pepe es “felizmente casado” hasta tiene hijos… ¿qué pensaría su familia si se enteraran que anda con una pendejita como vos?

Esto no podía estar pasándome a mí, este tipos tenían un video demasiado comprometedor y ni siquiera sabía cómo se las habían ingeniado para filmarlo, pero eso no importaba ahora, no podía permitir que le mostraran ese video a alguien, sería cuestión de tiempo que alguien me reconociera, tenía un solo punto a mi favor, él no sabía que yo era la hija de Pepe y debía mantener esa información oculta.

-Lo que yo haga con Pepe no es asunto de ustedes les incumbe –dije cruzando los brazos frente a mi pecho; debía actuar como si yo fuera su amante.
-Tal vez a mí no me importe, pero a su familia seguro que sí le interesa. Especialmente a su esposa.
-¿Y qué van a hacer? Mandarle el video a la esposa… hagan lo que quieran, a mí eso no me importa –mentí como si se tratara de una partida de póker.
-Podría subir el video a internet y que lo vea quien le importe. Podría hacerlo ahora mismo si quisiera.
-¡No! –mi torpe actitud y mi expresión de pánico me delataron.
-Ves que sí te importa chiquita… ¿qué pensarán tus padres cuando sepan que andás haciéndole petes a un hombre casado que te dobla en edad, podría ser tu padre.
-Pero no lo es –volví a mostrarme enfadada y él seguía acercándose a mí como un león ante una cebra- no seas tan hijo de puta, borrá el video y dejá de m*****arme –hasta yo noté el titubeo en mi voz.
-Eso sería injusto –dijo el tipo ya a pocos paso de mi posición- porque a Pepe se la chupa una rica pendejita y ¿yo qué? ¿Ni siquiera puedo quedarme con el videíto? Ahora tengo una ventaja y no tengo ganas de perderla sin llevarme nada a cambio.
-Sos un hijo de puta, eso es chantaje –retrocedí un paso y mi cola chocó contra la mesa que estaba detrás de mí, ésta golpeó contra la pared indicándome que no podría retroceder más.
-Tomalo como vos quieras, nena. Me importa un carajo –la actitud del hombre cambió totalmente, pasó de ser falsamente amistoso a ser verdaderamente hostil- quiero algo a cambio.
-¿Algo como qué? –pregunté asustada.
-Como pasar un buen ratito con vos, parecido al que pasaste con Pepe.
-Sería una violación… -busqué todo argumento que estuviera a mi favor.
-No, violación no –se defendió- es un intercambio, yo te hago el favor de borrar el videíto y vos me haces algunos favorcitos a mí… me parece lo más justo. Se ve que te gusta hacerlos… se te nota en la carita de petera –sonrió bajando el cierre de su pantalón- podemos empezar cuando vos quieras, mientras antes, mejor.

Llegó hasta donde estaba yo, quedó tan cerca de mí que temía tocar su pene por error, por lo que me quedé estática con las manos apoyadas en la mesa. Me temblaba todo el cuerpo y ni siquiera podía asegurar si esta reacción era producto del miedo, de la bronca… o de algún otro sentimiento que no quería admitir.

Podía sentir su olor a hombre, no era a suciedad, lo cual me resultaba raro, tal vez el hombre aún no había comenzado con el trabajo pesado del día, hasta olía a perfume, esto aumentaba su masculinidad. Aparté la cara hacia un costado y quedé mirando fijamente el piso, con el ceño fruncido, él acarició mi cabello con delicadeza, recorriendo uno a uno los mechones que colgaban a los lados de mi cara. Mientras más tiraba mi torso hacia atrás, más se acercaba mi cadera a él. Sentía la dura mesa cruzar a lo ancho mi cola por la mitad.

-Dale chiquita –me dijo con voz calmada- mientras más rápido… terminemos, más rápido vas a poder irte a tu casa… tus papis deben estar muy preocupados por vos, tal vez imaginan que su linda nena está en el colegio, como buena niña… si supieran las cosas que hacés…
-Lo que yo haga con mi vida no es asunto tuyo –le dije apartando su mano de un golpe.
-Es cierto, lo que hagas con tu vida me importa poco, lo que sí me importa es lo que vas a hacer ahora mismo –diciendo esto aferró su pene con una de sus pesadas manos, lo sacudió un poco y pude sentir cómo el glande rozaba mi entrepierna de abajo hacia arriba –admití que te gusta, pendejita- tal vez él no notaba que la expresión de mi rostro era de asco total; un vértigo incontenible se apoderó de la boca de mi estómago- vos estás más caliente que yo, eso se te nota.
-No, por favor, no me m*****es más –mientras hablaba podía sentir perfectamente la presión de su miembro, aún flácido pero endureciéndose poco a poco, al deslizarse contra la división de mi vagina.
-No seas tan terca, nena. Se nota que estas cosas te gustan, es sólo cuestión de un ratito. Si me hacés acabar, me voy. ¿Me das una manito?

Intentó hacerse el simpático sonriendo. A continuación agarró mi mano derecha y la guio hasta su pene. La aparté rápidamente pero ya me había quedado esa gomosa sensación en la yema de los dedos, él sostuvo mi muñeca con fuerza y me obligó a tocar una vez más ese miembro que ya apuntaba firmemente hacia adelante.

-Dale nena, con la manito me alcanza, no seas así…

Mordí mis labios y evalué la situación. Este tipo no me dejaría marchar y tenía en su poder algo que podría arruinar por completo a mi familia y acababa de ofrecer una buena oferta, sólo debía tocársela un rato para que toda esta pesadilla terminara. Tomé una decisión y cerré mi mano alrededor de su dura verga. Él se hizo un poco para atrás, dándome algo de espacio sabiendo que yo iba a cooperar en cierta medida. Inicié un desganado movimiento, como si lo estuviera masturbando, procuraba no hacer contacto visual con él.

-Así no vamos a terminar nunca, corazón –me dijo con su falsa simpatía, acto seguido me empujó hacia abajo desde los hombros con tanta fuerza que tuve que ponerme de rodillas ante él- ponete cómoda y hacelo con ganas.

Su verga quedó a medio centímetro de mi cara, justo al lado de mi mejilla derecha, mantuve la calma y retomé el movimiento de mi mano, estiré el prepucio hacia la punta y luego lo hice en el sentido contrario, me resultaba imposible no mirarlo, esa imagen fálica tan explícita me atraía como un imán.

-Si no me la mojás un poquito, me duele –me dijo acariciando mi cabeza.

Sabía muy bien que un pene no lubricaba prácticamente nada de forma natural y que los hombres debían ayudarse de saliva para masturbarse. En contra de mi voluntad deposité un poco de mi propia saliva en la punta de los dedos de mi mano izquierda y con esta humedecí el glande y la base del mismo.

-Así me gusta más, tenés unas manitos muy lindas.

No sólo movía mi mano de atrás hacia adelante sino que a la vez la hacía girar alrededor del duro miembro. Él se bajó el pantalón mostrándome sus peludos testículos, no sé por qué motivo lo hice, pero sin que me lo pidiera agarré uno con mi mano izquierda y comencé a masajearlo. Combiné las dos acciones durante unos cuantos segundos, el tipo parecía estar disfrutándolo. Cuando noté que necesitaba más lubricación, volví a mojar mis dedos y unté su pene con mi saliva. Esta vez aceleré el movimiento.

-¡Eso! ¡Con ganas chiquita!

No sabía por qué, pero sus palabras me incentivaban a esforzarme más. Presioné con un poco más de fuerza sus testículos y lo masturbé con más energía, allí fue cuando cometí un acto fallido. Sin darme cuenta acerqué mi boca al glande y lo chupé, fue sólo un segundo, pero obviamente él lo noto.

-¡Epa! ¿Te gustó, está rica? –se rio.
-Callate –le contesté secamente.
-Sí que te gusto… a las ******* como vos les encanta la verga.

No le respondí pero podía sentir el sabor amargo del sexo masculino en mi boca, esto aumentó notoriamente mi excitación, no dejé de masturbarlo ni por un segundo, poco tiempo después di un nuevo chupón a la punta de su verga. Luego otro más. Sacudí mi mano tan rápido como pude y no aguanté más. Abrí la boca y me la tragué tanto como pude, la dejé dentro, la envolví con mi lengua. Allí comencé con mi magia, moví mi cabeza de atrás para adelante repetidas veces procurando que el pene no se saliera completo, el tipo me ayudó con esto agarrándome de la nuca con una mano. Conseguí tragarla completa hasta que su vello púbico me hizo cosquilla en los labios. Podía sentir el glande casi contra mi garganta.

-¡Que buenos petes hacés, mamita! Con razón a Pepe le gustan tanto.

Aceleré mi movimiento tanto como el cuello me lo permitía, me esforzaba por no lastimarlo con mis dientes, no podía creerlo, de verdad estaba interesada en proporcionarle una experiencia placentera a este tipo que estuvo amenazándome pocos minutos antes. Me dejó chupársela durante unos minutos y luego me hizo poner de pie agarrándome por las axilas. A continuación me hizo dar media vuelta y se aferró con fuerza a mis tetas, hincándome la cola con su verga.

-Me encantan estas gomas, nunca había agarrado unas tan grandes –se frotó contra mi retaguardia con tanta fuerza que pude sentir los labios de mi vagina abriéndose- ¿lo hacemos más interesante?
-No, no me la vas a meter –le dije de inmediato.
-Nadie habló de meterla… sólo dije hacerlo más interesante.
-¿De qué forma?
-Ya vas a ver.

Arrojó al piso las pocas cosas que había sobre la mesa y luego me obligó a acostarme de espalda sobre ella. Levantó mis piernas en el aire con tanta facilidad que me sorprendió. El hombre era delgado pero tenía bastante fuerza. Su siguiente acto fue subir la calza junto con la bombacha dejándolas en mis rodillas. Mi cola y mi conchita habían quedado desnudas. Me asusté cuando sentí su pene apoyarse justo en la división de mi sexo.

-Tranquila chiquita, te dije que no te la iba a meter.

Al decir esto comenzó a mover su cadera de atrás hacia adelante, frotando su duro pene a lo largo de mi húmeda concha. Cada vez que pasaba sobre mi clítoris yo me estremecería. Este extraño masaje se extendió a una zona más íntima, la punta de su verga comenzó a hacerme cosquillas en el culo. Por la posición en la que estaba mis nalgas habían quedado muy abiertas, esto le permitía deslizar su masculinidad por mi ano y luego subir hasta mi vagina. Presionó cada vez más en ambos lugares, lo que más me preocupaba era cuando presionaba contra mi cola ya que no lo hacía con el largo del tronco como en la vagina sino que utilizaba la punta de su glande. Con la presión ejercida yo sentía mi culito dilatándose, él debió notar esto ya que lo repetía con mucha frecuencia. A estas alturas yo ya tenía una excitación considerable e incontrolable. No me importaba quién fuera este sujeto, sólo podía pensar en lo mucho que me calentaban sus roces.

En una ocasión ejerció más presión de lo debido contra el agujerito de mi culo y tuve que soltar un grito cuando su glande completo me penetró, no fue un grito de dolor, sino de puro placer.

-Mamita, cómo come este culito, pero prometí no metértela.

Retiró la verga y volvió a friccionarla entre los gruesos labios de mi concha, la cual ya estaba totalmente empapada. Sentí un par de veces la punta amenazando con entrar por el huequito, pero las dos veces retrocedió de inmediato. Luego regresó a mi culito, frotó por fuera y ¡zaz! Otra vez adentro.

-Ups, perdón –dijo riéndose mientras yo soltaba otro gemido.

Cuando volvió a frotarse contra mi clítoris no pude reprimir mis jadeos, con esto sólo empeoraba las cosas, él sabía que yo me estaba calentando cada vez más. Estuvo haciendo eso durante un buen rato, dos veces más me clavó el glande dentro del culo y las dos veces sentí un placer inmenso. Luego colocó el pene en la entrada de mi conchita y lo dejó quieto allí.

-¿Qué hacemos pendeja? –Me preguntó; guardé silencio- decime… ¿qué hacemos? –titubeé, dudé y luché contra mis instintos, pero finalmente fui derrotada.
-Metela.
-¿Cómo? No te escuché.
-Metemela toda –cerré los ojos y aguardé.
-¿Así? –comenzó a penetrarme tan lentamente que me puso nerviosa.
-No, metela toda de una vez –le pedí.
-Como gustes…

Me clavó con tanta fuerza que me vi obligada a aferrarme a los bordes de la mesa para no azotarme la cabeza contra la pared. Solté un enérgico y placentero gemido y el bombeo comenzó de forma inmediata. Rápido, parejo, sin detenerse ni un segundo, me estaba cogiendo y yo, como puta que era, lo estaba disfrutando al máximo. Entre jadeos y gemidos lo incentivaba, le pedía que me la metiera más fuerte y le decía lo mucho que me gustaba. Supe que había acabado dentro de mí cuando el torrente lechoso golpeó contra algún rincón sensible en el interior de cavidad vaginal pero a pesar de esto siguió metiéndomela con fuerza, supe que él estaba tan caliente que no permitiría que una simple eyaculación le pusiera punto final a este increíble momento. Poco después la sacó toda y esto me desagradó un poco ya que yo quería seguir teniéndola dentro, pero me hizo ver que le había sacado por una buena causa cuando la apoyó en la puerta de mi culito.

-¿Y acá que hacemos? –preguntó una vez más.
-Sí, también… la quiero toda adentro. Fuerte.

Estaba descontrolada y él seguramente estaba viviendo la mayor de sus fantasías eróticas, cogerse a una rica pendejita a la que ni siquiera conocía y que ésta le pidiera desesperadamente que la penetrara por todos los agujeritos. El placer anal era muy diferente, pero no menos agradable. La verga entró completa luego de un ratito de estar entrando y saliendo por secciones, disfruté todo el proceso, no sólo la penetración completa, cada vez que retrocedió, cada vez que avanzó, deliré de placer.

-¡Dame, dame! –le supliqué.

Empezó a darme con tanta fuerza que sus muslos comenzaron a chocar estrepitosamente contra mis nalgas, tuve que controlar el volumen de mis gemidos ya que no quería que nadie nos escuchara. Me sentía la mujer más sucia y depravada del mundo, le estaba entregando mi cola a un completo desconocido y en lugar de sentirme culpable, me excité tanto que acabé.

De pronto, la puerta de la improvisada oficina se abrió con un ruido estrepitoso y todo se fue a la ******. El albañil que estaba gozando plenamente de mi cuerpo se sobresaltó tanto que al darse vuelta casi me hace caer de la mesa. Pude ver un iracundo pero conocido rostro detrás de él. Las venas del cuello de mi padre parecían a punto de estallar. Su pesado puño derecho se estrelló de lleno en la mandíbula de su empleado con tanta fuerza que lo hizo trastabillar y caer.

-¡Hijo de puta, te voy a reventar! –su voz sonó como el rugido de un león.
-¡No pará! –Le grité- ¡Pará, calmate, por favor! –Intenté ponerme de pie pero demoré demasiado tiempo en hacerlo, mi padre propinó otro golpe en la parte posterior de la cabeza del albañil- ¡Pará, pará pap… -estuve a punto de decirle “papá” pero me contuve a tiempo, el haber dicho eso hubiera supuesto nuestra ruina- …pará por favor!

Acomodé mi calza y mi ropa interior lo mejor que pude para cubrir mi húmeda intimidad, vi que el teléfono celular del hombre delgado estaba en el piso, me apresuré a recogerlo mientras veía como él intentaba esquivar la lluvia de puños que caía sobre su cara. Los intentos que hacía por atajarse con las manos eran en vano, mi padre siempre encontraba un hueco por donde hacer entrar sus golpes.

-Basta, por favor –le dije poniéndole una mano en el pecho, esto lo hizo detenerse en seco- ya le pegaste… si le seguís pegando lo vas a matar. Tranquilizate –estaba tan nerviosa que no sabía cómo conseguía gesticular las palabras. Él inhaló una buena cantidad de aire, aún podía ver el odio y la furia en su rostro.
-Subí a la camioneta.
-Pero…
-Subí te digo… y no hables…

Obedecí asustada, mientras salía de la oficina miré una vez más hacia atrás, pude ver que el albañil tenía la cara hinchada y toda manchada de ******, su pene se había reducido considerablemente. Me atemorizó mucho verlo en ese estado porque no sabía que podía pasarme a mí. De camino hacia la camioneta me encontré con un gran barril metálico lleno de agua y cal, arrojé el celular allí dentro con la esperanza de que esto lo dejara inutilizable.

Una vez sentada en la camioneta aguardé durante un corto período de tiempo, mi padre se había lavado las manos y caminaba dando pasos pesados y rabiosos. Subió al vehículo y azotó la puerta estrepitosamente, lo puso en marcha y aceleró tan repentinamente que me asusté porque creí que íbamos a chocar contra el auto que estaba estacionado delante de nosotros, pero lo esquivamos de milagro. Por la ruta que tomó supe que nos dirigíamos hacia nuestra casa.

-¡Papá, perdón…! –Le dije totalmente apenada por lo que había hecho- ¡no tuve otra alternativa! Te juro que yo no quería… -ni yo creía en mis propias mentiras- ¡Perdón! –no sabía qué otra cosa decirle pero él se mantuvo como una estatua, con la mirada fija en el camino, la mandíbula tensa y sin decir una sola palabra- si no lo hubiera hecho… -estuve a punto de contarle lo ocurrido pero imaginé que eso empeoraría las cosas- por favor papá, hablame… -nada, sólo silencio y la camioneta viajando a toda velocidad.

En cuanto me di cuenta ya nos estábamos deteniendo frente a la puerta de mi casa.

-Bajate –me dijo voz fría sin siquiera mirarme.
-Pero papá… por favor… no fue mi culpa… perdoname –tuve que esforzarme para no llorar.
-Bajate –repitió en el mismo tono de voz.

Supe que cualquier esfuerzo sería inútil, obedecí una vez más y me bajé de la camioneta, corrí hasta la puerta de mi casa y entré.


*****


Apenada y humillada caminé hasta mi cuarto con la esperanza de encontrarlo vacío y tirarme a llorar a la cama. Las lágrimas ya luchaban por salir pero no quería que nadie me viera en este estado. Por desgracia mi cuarto ya estaba ocupado por otra inquilina quien estaba sentada en su cama leyendo apuntes de estudio.

-Hola dulzura –saludé a Mayra intentando que mi voz no se quebrara.
-Hola –la forma en que me saludó me pareció más hostil de lo normal.
-¿Pasa algo? –pregunté mientras dejaba el bolso sobre mi cama.
-No te hagás la pelotuda, Nadia.
-¿Qué, por qué lo decís? –pregunté espantada, no había forma de que ella se hubiera enterado tan rápido de lo que ocurrió con los empleados de papá.
-¿Qué onda con vos? –Me miró con los ojos inyectados de ira arrojando sobre el colchón lo que estaba leyendo- primero me preguntás si me pasa algo con el tío Alberto, te digo me hacés decirte un montón de cosas que no se las diría a nadie y después te lo cogés.
-¿Eh? –no encontré palabras para responder.
-Sos una puta, Nadia. ¡Eso es lo que sos! Y el tío es un pelotudo… primero me dice que me quiere a mí y se va a atrás del primer culo que encuentra –la pequeña estaba llorando de rabia.
-Perdón Mayra… no imaginé que lo apreciaras tanto… yo… no…
-¿Me vas a decir que no te lo cogiste? Te vi Nadia, te vi y vos sabías que yo estaba enojada y ni siquiera fuiste capaz de preguntarme qué pasaba –ahora que lo recordaba, la muchachita había actuado de forma extraña durante los últimos días, pero supuse que se debía a sus frecuentes cambios de ánimo.
-Te juro que no sabía… por favor, perdoname.
-¡Si sabías! Yo te lo conté, pero a vos te importa todo una ******, con tal de que te la metan –eso me hizo recordar mucho las palabras de mi papá, en ese momento me quebré.
-Puede que sí, que lo único que me importe es coger… váyanse todos a la ****** –salí del cuarto con los ojos llorosos.

Me dirigí directamente hacia el baño, abrí la ducha y comencé a desvestirme. Cuando me quité la bombacha tuve la prueba irrefutable de que mi hermana y mi papá tenían razón. Entre mi vagina y la tela de mi ropa interior un líquido espeso formaba unos hilos viscosos, automáticamente toqué mi entrepierna y vi que ese líquido era de un tono blancuzco, eso era el semen del tipo que me había cogido, del cual yo ni siquiera sabía el nombre. ¡Un completo desconocido! ¿Cómo pude ser tan puta? Me odie a mí misma como nunca había odiado a nadie. Me metí bajo la ducha, me senté en el piso y comencé a llorar. Me sentía la peor basura del mundo y sentí mucha pena por haber arruinado las ilusiones de mi hermanita y por haber desilusionado a mi padre… todo por no saber mantener las piernas cerradas.


*****


Luego de la discusión con Mayra y mi padre, pasé a ser un zombie, un espectro de lo que alguna vez fue Nadia. Durante dos días deambulé por la casa sin hablar con nadie. Aquellos con los que había discutido no hacían más que mirarme con odio y colaborar a mi mutismo al no dirigirme la palabra. Las veces en las que había peleado **************** podía contarlas con los dedos de una mano y habían quedado olvidadas en el pasado. Sin duda éste era el peor conflicto que habíamos tenido. Mi tío Alberto intentó ser simpático conmigo en un par de ocasiones en las que estuvimos a solas mirando televisión en la sala, supuse que sólo pretendía llevarme a su cama, no podía culparlo por eso, yo era una puta que se dejaba coger por cualquiera y era lógico que él me viera de esa forma. Rechacé sus propuestas con indirectas, supuse que eso me daría un par de días más de ventaja.

Las madres siempre saben cuándo sus hijos se sienten mal por algo, por eso no pude quedarme callada con ella. Tuve que inventarle una historia muy convincente en la que le contaba lo mal que me había ido con aquel chico que me invitó a tomar una cerveza. Ella no sabía que esa había sido la primera y la última vez que lo vi, por lo que me sirvió de base perfecta para mis mentiras. Ella me aconsejó como buena madre, me abrazó y me besó en la frente. Allí me sentí asqueada, ¿cómo podía ser que llegara a tener relaciones sexuales con la mujer que me brindaba todo su afecto de madre? En lugar de confortarme, todos sus mimos me hicieron sentir peor, aunque pude disimularlo poniendo la mejor de mis sonrisas y decirle que la amaba con todo el corazón, como una niña normal ama su madre. Necesitaba volver a sentirme normal, aunque sea por un rato.

Pasaron cuatro días desde el conflicto y me di cuenta de que, a pesar de mi deplorable estado de ánimo, había momentos en los que me excitaba. Especialmente en aquellos momentos en los que tenía que soportar algún pellizco en la cola por parte de mi tío o que él mismo me abrazara de forma más “cálida” de lo normal. También mi hermano, Eric, se empecinaba en arrimarme cada vez que tenía la oportunidad. Me enojaba mucho con él pero luego recordaba que la culpa era mía y no me quedaba más alternativa que soportarlo, así sus toqueteos se tornaran más intensos. Este era el precio que debía pagar por mis malas decisiones, me había transformado en una muñequita sexual.

En una ocasión tuve que ser más directa con mi tío Alberto y rechazar la invitación que me hizo, si por invitación entendemos el acto de interceptarme en el baño apenas yo había terminado de ducharme y comenzar a acariciar mis nalgas, obligarme a hacer lo mismo con su bulto y recibir algunos de sus gruesos dedos dentro de mi vagina. Me excité y fue justamente eso lo que me enfadó tanto, no merecía sentirme así de bien y mucho menos con mi tío, ya que sólo arruinaría más mi relación con Mayra. Tuve que apartarlo con un empujón y justo antes de salir del baño lo escuché diciéndome:

-¿Qué te pasa pendeja, estás loca? -Sí lo estaba, pero no le respondí.

Este pequeño evento cambió la actitud de mi tío, se sumó a la guerra muda que estaba batallando con mi Mayra y mi padre. Ya tenía tres miembros de mi familia odiándome y no podía culpar a ninguno de ellos. Cuando Eric volvió a su jueguito que consistía en toquetearme cada vez que tenía alguna oportunidad, empleé el mismo método, lo aparté, pero intenté ser un poco más suave.

-¿Por qué no vas a m*****ar a otra? –le pregunté luego de quitar su mano de mi entrepierna mientras yo intentaba mirar alguna película en la TV ya que no quería estar en mi cuarto con Mayra.
-¿A quién querés que m*****e?
-No sé… pero no me jodas todo el tiempo a mí, le voy a contar a mamá –él pensó que lo decía en broma.
-¿Querés que vaya a m*****ar a mamá?
-Hacé lo que quieras.
-¿Eso te calentaría?
-No. Posiblemente me reiría si ella te da una cachetada.
-Veremos qué me da…

Diciendo esto se puso de pie y se dirigió hacia la cocina. Su intrépida forma de actuar me quitó momentáneamente de mi letargo fantasmal. Lo seguí, guardando las distancias. Mi madre se encontraba preparando la cena utilizando la mesada que estaba en el centro de la cocina, algo que había hecho instalar años atrás cuando lo vio en un programa de cocina. Llevaba puesto un desgastado pantalón de gamuza gris que marcaba mucho su trasero. Ella estaba de espaldas a la puerta de entrada de la cocina, que es donde me quedé yo. Vi cómo Eric se le acercaba como un gran felino se acerca a una gacela, luego se movió rápido y los dedos de su mano izquierda se hundieron entre las nalgas de mi madre, ésta se sobresaltó pero en cuanto la cara de Eric apareció sobre su hombro, comenzó a sonreír. ¿Por qué esto no me resultaba raro? Viki no le dio ningún cachetazo, sino que hizo todo lo contrario, permitió que su hijo le tocara toda la zona de la vagina por encima del pantalón y lo recompensó soltando el cuchillo con el cual estaba cocinando y poniéndolo sobre el bulto de mi hermano. Él miró hacia donde yo me encontraba expectante y me sonrió, metió la mano dentro del pantalón de mi madre y no tuve que ver lo que ocurría en detalle para saber que estaba metiéndole al menos un dedo en la concha. Ella suspiró y cerró los ojos, presionando más el pene de su hijo. La escena no duró mucho más que eso, Eric dejó en paz a su progenitora sólo para regodearse ante mí. Guardé silencio hasta que llegamos al pasillo que unía nuestros dormitorios.

-¿A vos te parece que está bien hacer eso? –le pregunté.
-Si a ella le gusta… ¿por qué no?
-Porque está mal. Es tu mamá.
-Y vos sos mi hermana –me tomó con fuerza del brazo y me obligó a entrar a su cuarto- y bien que te gusta…
-No Eric, pará un poquito. No tengo ganas –me quejé mientras él intentaba besarme y sus indiscretas manos buscaban mi entrepierna.
-¿Estás segura que no querés o solamente te gusta hacerte la difícil? –Introdujo su mano dentro de la calza que yo tenía puesta y sentí la áspera yema de sus dedos raspando mi clítoris- estás más mojada que mamá –no quería admitir que sus incansables toqueteos y el ver esa escenita con mi madre, me habían calentado.
-Basta Eric, en serio… si te digo que no, es no.

Apenas terminé de hablar su lengua entró en mi boca sin pedir permiso, casi al mismo tiempo uno de sus dedos hizo lo mismo en el huequito de mi vagina. Podía sentir su duro bulto apoyado contra uno de mis muslos. Me empujó hacia atrás hasta que juntos caímos en la cama. Estaba muy excitada. No había remedio para mí, no era más que una puta que se mojaba ante la primera provocación, aunque ésta viniera por parte de mi propio hermano.

-¡Ay Eric! Está bien –cedí- pero apurate.

No había motivos para negarme, él quería un huequito para descargarse y aparentemente por el mío entraba cualquiera. ¿Por qué no iba a permitírselo una vez más? Giré sobre mí misma dándole las espalda, bajé mi calza hasta que mis nalgas quedaron al aire y me coloqué de rodillas en la cama, incliné mi cuerpo hacia adelante hasta que pude apoyar mi cara en el colchón, utilicé mis manos para abrir mi cola y aguardé. Apenas un segundo más tarde sentí su dura verga entrando en mi húmeda vagina. Logró una penetración completa en pocos intentos, suspiré de gusto y mi cuerpo se llenó de una lujuriosa tibieza. Eric se tendió sobre mí y comenzó a montarme como si fuéramos perros en celo. Me odiaba a mí misma y me decía que no debía disfrutarlo, debía dejar que él se descargara sin gozar, pero no podía. Cada vez que me penetraba me hacía gemir, cada vez que su verga se arrastraba hacia afuera me hacía desear que entrara otra vez. Quería decirle cosas sucias, quería pedirle que se cogiera a mi madre delante de mí y que luego me la metiera hasta llenarme con su cálido semen; pero me abstuve. No quería que mi madre se transformara en su esclava sexual, esa carga debía llevarla yo, por permitir que todo esto sucediera.

Por unos instantes logré llevar mi mente a otra parte, aunque podía sentir algo clavándose en mi vagina ya no era realmente consciente, ese que me la estaba metiendo podía ser cualquiera. Un completo desconocido, daba igual. Pero el muy desgraciado tuvo que hablar y hacerme volver a la realidad.

-¿Te gusta, Nadia?
-¿Eh? –Jadeé- sí… sí me gusta –respondí de forma automática siendo traicionada por mi subconsciente- cada vez lo hacés mejor –eso era cierto, se movía con más decisión, su pene ya no se salía, como ocurría a veces y bombeaba con tanta rapidez que me sorprendía que no se agitara.
-Aprendí a hacerlo con vos.
-Sí, lo sé –sabía que yo era la única mujer con la que este a****lito tenía relaciones sexuales, además de aquella vez que le dio a mi madre por la cola- ¿qué fue todo eso con mamá, por qué dejó que la tocaras? –sabía la respuesta pero quería hablar de algo que me hiciera olvidar lo que estábamos haciendo.
-Es un jueguito que tenemos desde hace tiempo, yo la toco y ella a mí… pero ninguno de los dos dice nada… pero no te pongas celosa hermanita. Yo te amo a vos y a nadie más.
-¿Qué?
-Sí… a nadie más.
-¿Qué vos qué?
-¿Estás sorda? Dije que te amo –se inclinó más hacia adelante y me besó en el cuello.
-No Eric, salí –intenté zafarme pero no pude, su verga seguía entrando una y otra vez en mi conchita y yo estaba peligrosamente cerca del orgasmo- no quiero Eric… ¿cómo vas a decirme una cosa así? Soy tu hermana.
-Pero no sos como cualquier hermana, no todas las hermanas se acuestan con su hermano… a mí no podés mentirme, Nadia. Te conozco. Sé que vos sentís lo mismo por mí –sus palabras me asqueaban, no podía creer que mi propio hermano estuviera confesándome su amor.
-¡No, basta! Salí te dije… no quiero… no quiero.
-Bueno, bueno… tampoco es para que te pongas a llorar –ni siquiera supe cuándo comenzaron a brotar mis lágrimas.
-Por favor, salí… -le dije completamente desconsolada.
-Un ratito más… ya termino…
-No pelotudo, salí –comencé a empujar hacia atrás apoyando los brazos en el colchón, por suerte él retrocedió, de lo contrario me hubiera sido imposible ponerme de pie.
-¿Qué te pasa Nadia? –me miró y yo solo podía ver su dura y oscura verga apuntando hacia mí, empapada por mis jugos sexuales.
-Sos mi hermano… ¿cómo me vas a decir eso? ¿Estás loco? –hablé sin poder levantar la vista, no podía tolerar el contacto visual con él.
-¿Yo estoy loco? Pero si vos… yo nunca… esto lo hicimos porque vos querías…
-¡Vos me insististe!
-¿Tanto te m*****a que te diga que te quiero? La única vez en mi vida que te lo digo y te ponés así. ¿Qué te pasa?
-No me dijiste que me querés… me dijiste que me amás.
-¿Y qué pasa si es así?
-No soy tu mujer Eric, soy tu hermana… no podés enamorarte de mí.
-Es muy tarde para que digas eso.
-¡No, callate!

Lo empujé sin llegar a moverlo más de quince centímetros, acomodé mi calza y salí corriendo de su cuarto directamente hasta el mío. Me tiré a la cama, a llorar. Mayra estaba en su cama, como casi siempre, pude escuchar que el televisor estaba encendido, lo cual me venía bien ya que opacaría un poco el ruido de mi llanto. Aparentemente a mi hermanita le preocupó poco mi estado ya que ni siquiera me preguntó qué me pasaba, continuó mirando la tele como si yo no estuviera allí y su total indiferencia fue como un puñal para mí.

-Perdón –le dije sin dejar de llorar.

La espié por arriba de mi brazo, el cual estaba usando como almohada. Ella ni siquiera giró su cabeza pero pude ver una lágrima cayendo de su ojo. Mi familia se había arruinado por mi culpa y por culpa de un maldito juego de cartas.

Pasé de ser un zombie a ser una momia que ni siquiera salía de su cama. Me pasé el tiempo llorando, durmiendo y soportando la indiferencia de mi hermana. Para complicarme el estado anímico, mi período menstrual comenzó. De todas formas esto me sirvió como excusa para quedarme en mi cuarto todo el tiempo durante los días que siguieron. No quería ver a nadie de mi familia y ya casi me estaba acostumbrando a la sombra que era mi hermana cuando ésta estaba en el cuarto. Para muchos hubiera resultado gracioso vernos pasar horas las dos juntas allí dentro sin que nos dirigiéramos la palabra o sin siquiera mirarnos. Tres veces tuve que soportar que se masturbara estando yo presente. Las dos primeras veces lo hizo con cierto disimulo, debajo de sus sábanas, pero a la tercera ya no tuvo reparo alguno en desnudarse por completo, abrir las piernas y comenzar a toquetearse. Hice mi mayor esfuerzo por no mirarla siquiera. El estar con mi período activo y la tremenda depresión que me invadía, me impedían excitarme, pero esa tercera vez que Mayra se masturbó, sentí un revoltijo agradable en la boca de mi estómago. La chica gemía de una forma muy sensual, casi como queriendo decirme que podía gozar de un buen momento a pesar de que yo estaba allí o a pesar de que yo hubiera arruinado las cosas entre ella y mi tío. Sospeché que a él tampoco le dirigía la palabra. Si de guerra silenciosa se trataba, Mayra era imbatible. Aún recordaba aquella vez en la que se había peleado con mi madre porque no la dejó asistir a un recital de rock. Estuvo casi tres semanas sin saludarla siquiera. A mi madre casi le da un ataque de desesperación.

Uno de esos tortuosos días que pasé encerrada con Mayra y mi período cometí un gran error. Le había anunciado a mi madre que comería en mi cuarto porque no me sentía muy bien. Busqué un plato de comida y serví uno para Mayra. Regresé a mi cuarto y le dije que le había traído algo para comer. Ella se encontraba ensimismada en los apuntes de la facultad y ni siquiera levantó la mirada. Supe que me había oído y con un nudo en la garganta tuve que aceptar la derrota. Dejé el plato que había traído para ella sobre la mesita de luz que separaba nuestras camas pero mi hermanita ni siquiera lo miró. Luego de unos quince minutos escuché a mi madre llamando a Eric a los gritos para que fuera a comer “de una puta vez”. Allí Mayra se puso de pie y salió del cuarto, supe que se uniría a la mesa con el resto de mi familia, dejándome sola con más alimento del que yo podía consumir.

Cuando ella volvió, casi media hora más tarde, salí del cuarto para guardar en la heladera toda la comida que me había sobrado, por la angustia casi no toqué mi plato, a pesar de que el menú era ravioles con salsa y estofado, uno de mis platos predilectos. En la cocina me crucé con mi madre quien se me acercó con una amplia sonrisa.

-Te tengo buenas noticias…
-¿Cuáles? –pregunté sin mucho entusiasmo.
-Estaba esperando que pasara tu período para hacerlo…
-¿Hacer qué?
-El juego de póker, Nadia –me había olvidado por completo de eso- ¿no te pone contenta? –No pude responder- mañana mismo lo hacemos.
-¿Mañana es sábado? –no tenía idea de qué día de la semana era.
-Sí… y voy a necesitar de tu ayuda para organizar todo. Espero que ya te sientas mejor. Bueno, me voy a dormir porque ya es tarde y mañana quiero estar lúcida –me dio un beso en la mejilla- hasta mañana.
-Hasta mañana –le respondí de forma automática.

Permanecí de pie en la cocina con la mirada perdida, no tenía ni el más mínimo entusiasmo por jugar a esa partida de póker, no ahora, que la mitad de mi familia me detestaba. No sabía cómo iban a reaccionar conmigo al verse forzados a jugar ese juego tan peligroso. Rogué que algo sucediera pronto, cualquier cosa, siempre y cuando impidiera que juguemos.

Al parecer mis plegarias fueron oídas y hasta llegué a sentirme un poco mal por mi madre, quien se había pasado toda la tarde haciendo compras para el gran juego de la noche. Su entusiasmo era tal que había adquirido un nuevo paño de póker con fichas y bajas nuevas. Compró un gran surtido de bebidas alcohólicas que pudieran satisfacer los gustos de todos y algunos snacks por si alguno llegaba a tener apetito mientras jugábamos. Hasta recordé que la pobre había planeado nuevas reglas de juego, para hacerlo más difícil y entretenido. Para su desgracia y mi fortuna, todos estos planes se vieron alterados por una visita inesperada.

Analía, la hermana de mi papá, decidió hacer acto de presencia justo esa misma noche, para colmo trajo con ella al imbécil de su hijo, es decir, mi primo. Un pibe un tanto egocéntrico que solía sacarnos de nuestros cabales a mi madre y a mí, hasta la pequeña Mayra sentía un rechazo hacia él.

Como si esto fuera poco, mi efusiva tía se auto invitó a cenar, con lo que supimos que no se iría hasta muy tarde en la noche. A mi papá siempre le m*****ó mucho esa actitud de su hermana, de llegar a la casa sin previo aviso y apoderarse de ella como si fuera la dueña. En general nadie hacía mucho caso a sus pedidos, de hacerlo nosotros seríamos sus súbditos y ella nuestra reina y señora, dejando a mi primo Ariel como nuestro príncipe. El pedante muchacho se llevaba bastante bien con mi hermano, esto no era de extrañar ya que ambos tenían el cerebro particularmente pequeño.

Apenas estábamos sirviendo la cena y el imbécil de Ariel ya se jactaba de ser el único rubio de la familia, esto se debía a que su padre lo era, a pesar de que el hombre nunca se hizo cargo de él ni de su madre, él agradecía haber heredado su color de cabello y piel y no el de su madre, quien era morena, como mi papá. Normalmente termino discutiendo con él cuando comienza con estos comentarios racistas, pero esta noche no tenía ganas de llamar la atención, sabía que con sólo tener que tolerarlos, ellos me salvarían de tener que jugar al póker con mi familia.

Luego de cenar mi madre fue hasta la cocina a buscar un rico postre que ella misma había preparado, me levanté con ella para ayudarla y cuando estuvimos solas noté una angustia en su rostro que me conmovió. La pobre estaba realmente ilusionada, como si fuera una niña ante la promesa de recibir una inmensa casa de muñecas para ella sola y de repente esa promesa se disolvía en el aire. Todo y cuando había hecho durante ese día estaba destinado a pasar un gran momento durante la noche, un momento un tanto perverso y tal vez hasta enfermo, pero un momento en familia al fin.

-Es una pena que la tía haya venido otra vez sin avisar –le dije mientras la ayudaba a servir el postre.
-Qué se le va a hacer… es la hermana de tu papá, no puedo echarla.
-Como poder, podrías. Como aquella vez que echaste a los amigotes del tío Alberto.
-Eso fue muy distinto, ni siquiera conocía a esos tipos y estaban borrachos… me bastó escuchar que uno hacía un comentario aludiendo a la cola de Mayra para que los rajara a la calle a escobazos.
-De haberlo escuchado el tío, él mismo los hubiera echado –aseguré- no le gusta que nadie se meta con su querida Mayra –mi madre notó el doble sentido de mis palabras pero no dijo nada al respecto.
-Espero que sepan jugar al póker –parpadeé dos o tres veces y miré fijamente a mi madre para asegurarme de haber oído bien lo que dijo.
-¿Pensás seguir adelante con el jueguito?
-¿Por qué no? –esa mujer no parecía mi madre, quien siempre empleaba la lógica, me di cuenta de que algo ardía en su interior, no podía culparla ya que yo había sentido lo mismo, estaba cegada por la sed de morbo y placer.
-Porque es una locura… mamá, ese jueguito que hicimos no es muy normal que digamos.
-¿Te creés que no lo sé? Sin embargo todos lo disfrutamos. Hay dos opciones, o tu tía se rehúsa a jugar y se va, o decide participar en el juego.
-O llama a la policía y nos denuncia a todos… por i****to.
-Ella no haría semejante cosa.
-¿Cómo sabés eso? Esa mujer es una arpía cuando se lo propone.
-No es tan mala. Hasta puede ser divertida si la situación lo requiere. Le gusta la fiesta.
-¿La fiesta?
-Bueno… no me refiero a “ese” tipo de fiesta. Habló de las fiestas normales, con amigos, tragos, música, etc.
-Pero mamá, poné los pies en la tierra, ya suficientes problemas trajo el haber jugado entre nosotros.
-¿Problemas? ¿Qué problemas? –allí sonrió maliciosamente y me miró a los ojos- Nadia, yo me entero de todo lo que pasa en esta casa. No soy tan ingenua como vos pensás y si te digo que podemos jugar es porque podemos hacerlo, pero para conseguirlo necesito tu ayuda.
-Me parece una locura.
-Tu tía se va a ir. Estoy prácticamente segura de eso.
-Pero mamá, vos la conocés. No es una mujer a la que le guste irse temprano a su casa, menos en un fin de semana.
-Y si no se va temprano, se va a ir más tarde. Lo importante es que los demás quieran jugar.
-No van a querer –agaché la cabeza- si sabés todo lo que pasó entonces ya te habrás dado cuenta de que… me odian.
-Nadie te odia, hijita. Vení, vamos a llevar el postre. ¿Confiás en mí? –Me limité a mirarla- respondeme Nadia, ¿confiás en mí?
-Sí.
-¿Me vas a ayudar?
-Sí.

Tomamos los platitos en los que habíamos servido el rico tiramisú que había preparado mi mamá y regresamos a la sala de estar, el pecho me latía casi con la misma fuerza que solía hacerlo cuando tenía relaciones sexuales. Este vértigo que me producía el riesgo me estaba despertando de mi letargo poco a poco.

A Viki se le ocurrió acompañar el postre con una copita de coñac, lo cual me dio a entender que ya estaba planeando embriagar a más de uno, esa copita sería la primera de muchas más. De hecho esto la inspiró para una nueva idea, la cual me contó mientras lavábamos los platos luego de la cena.

El primer paso era el más sencillo, permitir que las horas pasaran, tal vez mi tía decidiera poner fin a su visita y se marcharía. Aproveché el rato que pasaba mi familia charlando de forma natural en la sala, para darme un baño. Una de las quejas de mi madre fue debido a mi atuendo, que era triste, aburrido, viejo y gastado. Parecía salida de un hospital psiquiátrico. Me dijo que si quería dejar atrás la depresión, debía arreglarme un poco ya que esa vestimenta no tenía nada propio de mí. Bajo la ducha pude despejarme un poco, dejé que el agua recorriera a gusto las curvas de mi cuerpo, acaricié mis senos con enorme delicadeza y permití que mis dedos juguetearan con cada rincón de mi anatomía dejando la mente lo más blanca posible, si debía pensar intentaba traer a mi mente recuerdos agradables, hasta eróticos y poco a poco me fui dando cuenta de que ya no quería sentirme tan agobiada, mi vida era mía y yo podía hacer con ella lo que quisiera, si a los demás le m*****aba, era problema suyo, aunque se tratara de gente de mi propia familia.

Salí desnuda del baño llevando una toalla en mi mano y dejando que el agua goteara por todo el piso, en el corto trayecto hasta mi cuarto nadie pudo verme, pero ya sentía un leve cosquilleo revigorizante producto de haberme permitido semejante proeza, ya que en mi mente imaginaba que me cruzaría con mi primo, me hubiera encantado ver la expresión de su rostro al descubrir que su pequeña e insoportable primita, ya era toda una mujer. Debo agradecer este nuevo cambio en mi actitud a las palabras de mi querida madre, justo antes de que yo fuera a bañarme me dijo “Si pensás que todos te odian, al estar depresiva sólo les das la oportunidad de detestarte más, porque te ven débil. Demostrales lo feliz que podés ser a pesar de todo y los vas a ver trastabillar”.

Una pequeña tanga de encaje roja y un corpiño haciendo juego conformaron mi apretada ropa interior. Busqué en lo más profundo de mi armario hasta que di con lo que buscaba, una calza blanca que había usado tan sólo dos veces en mi vida y fue dejada de lado debido a lo indiscreta que me veía con eso puesto. La elástica tela se adhería a mi anatomía como si se tratase de una capa de pintura, aquellas pocas veces que la utilicé, lo hice con algo que cubriera mi voluminoso trasero, pero ésta vez hice todo lo contrario. La frutilla de este postre llamado Nadia era el top blanco y negro que utilicé para cubrir mis grandes pechos. Decir “cubrir” es un mero formalismo ya que el top era tan pequeño que dejaba a la vista todo mi abdomen, levantaba mis senos aún más que sólo usando el corpiño y los transformaba en dos globos redondos que sobresalían por el escote. Sacudí mi húmedo cabello haciéndolo flotar por el aire y dejé que éste colgara y se secara de forma natura, sabía muy bien qué efecto produciría esto, me dejaría con una melena de cabello castaño similar a la de mi madre. Admiré mi creación al espejo y tuve un pequeño desliz narcisista, pero a la vez objetivo. Esa chica que estaba de pie frente a mí parecía una bomba sexual. Para aumentar este efecto deslicé la ajustada calza hacia abajo un par de centímetros, esto permitía que se viera el contorno de mi cadera y justo en el centro de ella, mi pubis dibujaba un suave tobogán que llevaba hasta aquel pequeño rincón oculto bajo mi tanga. Me había depilado recientemente y no había línea que dividiera mi cintura de la parte baja de mi anatomía, este efecto jugaba un papel morboso ya que aquel que analizara detenidamente las proporciones de mi cuerpo, se darían cuenta que podían ver perfecta y nítidamente parte de mi pubis, aquella que debería estar cubierta de pelitos. Procuré que mi vagina no mordiera la tela de la calza, no quería dar esta imagen… no todavía. No me m*****é en maquillarme ya que quería aparentar cierta normalidad morbosa, como si tan sólo me hubiera puesto un atuendo cómodo después del baño nocturno. Para no salir descalza de mi cuarto me calcé un par de chinelas y regresé a sala.

El efecto fue inmediato. Desde un sillón, en el punto más alejado de mí, los ojos de mi hermano se clavaron en mi cuerpo. Al notar esta reacción, mi primo, quien estaba sentado frente a mi hermano, casi se disloca el cuello al girar su cabeza para mirarme, caminé hacia el sofá, en el cual estaban sentados mis padres y me senté junto a mi mamá. La única que continuaba hablando sin cesar era mi tía Analía, al parecer estaba narrando el pequeño viaje a Uruguay que hizo en sus últimas vacaciones, nadie le prestaba atención. Mi padre me miraba de reojo cada cinco segundos y mi tío Alberto se estiró en su asiento para admirarme cómodamente, él tenía el mejor ángulo ya que podía verme directamente de frente. A mi derecha, sentada en una silla, que había sido llevada hasta allí, estaba mi hermanita, quien tuvo la reacción más inesperada.

-Me voy a bañar –dijo con severidad al mismo tiempo en que se ponía de pie.

Noté cierto disimulo de sonrisa en el rostro de mi madre, al parecer a ella no le sorprendía para nada la actitud de Mayra. Un par de minutos más tarde mi tía se dio cuenta de que nadie prestaba atención a su monólogo y decidió ponerle fin de forma sutil.

-Por cierto, que rico estaba ese tiramisú, ¿se podrá probar un poquito más?
-Yo te traigo, tía –me ofrecí sólo para poder ponerme de pie.

Antes de dirigirme a la cocina les obsequié una buena visión de mi parte trasera, ya que todos quedaron a mis espaldas. Busqué el postre en la heladera y en cuanto me di vuelta me sobresalté al ver a Eric.

-¿Qué querés? –le pregunté con poca simpatía, él sonreía con su mejor cara de bobo.
-Te vine a ayudar con el postre.
-No es tan difícil servirlo en un platito, Eric –se me dificultaba mucho hablar con él luego de que me había confesado su amor, pero había decido mejorar mi actitud, por lo que dejé de estar tan tensa.
-Ya sé, pero cuando vos te fuiste Ariel pidió más… y papá y el tío también.
-Bueno, está bien. Alcanzame los platos.

Dejé la bandeja con el postre sobre la mesada del centro de la cocina y poco después Eric se acercó desde atrás y uno a uno fue depositando los platos junto al tiramisú, al hacer esto aprovechó para pegarse a mi cuerpo de forma indiscreta, no sabía qué tenía este chico en la verga, parecía ser un interruptor que la paraba en cuestión de un segundo, cuestión que pude sentir la punta de su rígido garrote clavándose entre mis nalgas. Recordé que debía ayudar a mi madre y sabía que si el muchacho estaba excitado, colaboraría conmigo, por lo que presioné hacia atrás con mi cadera indicándole que me gustaba lo que estaba haciendo. Lentamente fui sirviendo el postre en cada uno de los platos levantando la mirada a cada segundo, en cuanto viera a alguien aparecer por la puerta de la cocina le daría un codazo a mi hermano para que se apartara, pero de momento estábamos completamente solos.

Las inquietas manos de Eric no tardaron en caer sobre mi tenso abdomen, al mismo tiempo apoyó su barbilla en mi hombro derecho y yo meneé la cola como una perrita feliz, casi podía hacerme creer a mí misma que eso se sentía bien. De hecho su pene estaba rozando una parte muy sensible de mi cuerpo y resultaba imposible no reaccionar favorablemente. Sus ásperos dedos prácticamente rascaron mi vientre al deslizarse hacia abajo. Me incliné un poco y solté un leve suspiro cuando tocó la zona púbica que estaba al descubierto. No podía criticar su “interruptor” para poner dura la verga, al parecer yo tenía uno similar, para mojar calentar y mojar mi vagina. Él palpó toda mi entrepierna ejerciendo presión con sus dedos y con la palma de su mano obligándome a separar las piernas un poco. Comenzó a besar mi cuello con una delicadeza impropia de él, como si quisiera demostrarme que sus intenciones iban más allá de lo sexual. Necesitaba cortar esta pasión de alguna forma, transformarla en algo pura y netamente sexual.

-Chupame la concha –le susurré.

Él se apresuró tanto que casi me hace tirar un plato al piso, se agachó detrás de mí y me bajó de un tirón la calza y la tanga hasta la mitad de los muslos. Su boca se acercó a mi vagina como ésta fuera un imán atrayendo metal. Lo primero que sentí fue el choque de sus labios contra los míos seguido de su lengua, que desde el primer momento intentó colarse por el agujerito. Continué sirviendo el postre muy lentamente simulando que nada pasaba, esto era más arriesgado, si bien la persona que entrara a la cocina, sea mi primo o mi tía, no podría ver a mi hermano ya que la mesada lo ocultaba, sería muy difícil mantenerlo de esa forma y deberíamos dar muchas explicaciones sobre qué hacía el ahí abajo y por qué yo estaba medio desnuda. La temeridad del momento me hizo excitar mucho más. Separé las piernas tanto como pude y me dejé hacer todo lo que él quiso hacerme con su boca. Chupaba de una forma apasionada, como si realmente hubiera extrañado mi conchita. Este entretenimiento le duró apenas unos segundos, volvió a ponerse de pie y sin darme tiempo a nada, ni siquiera a pensar en lo que iba a hacer, me clavó.

El desgraciado había sacado su verga mientras me chupaba la vagina y en tan solo un intento la introdujo por mi huequito hasta que sus huevos impidieron que fuera más adentro. Proferí un bufido y casi tiro al piso todo lo que tenía delante de mí, tuve que apoyar mis manos contra el borde de la mesada. Lo peor no fue sentir mi vagina dilatándose vertiginosamente, ni sentir la rigidez de ese trozo de carne en lo más hondo de mi anatomía, lo peor de todo fue lo mucho que me gustó. Tal vez se debía a mi corto período de abstinencia sexual pero allí, de pronto, como si hubiera despertado de un sueño, recordé lo bien que se sentía ser penetrada y más si llegaba por parte de alguien tan cercano a mí, como mi propio hermano, a esto debo sumarle la sorpresa. Debía felicitarlo, el que me haya tomado tan desprevenida fue un gran acierto de su parte. Cuando recibí una segunda y luego una tercera embestida no aguanté más, debía decirle algo que demostrara el placer que estaba sintiendo.

-¡Ay por dios, cómo me gusta! –esta exclamación lo hizo acelerar el ritmo.
-¿Te gusta, hermanita? –él seguía siendo un poco estúpido, acababa de decirle lo mucho que me gustaba y me lo estaba preguntando otra vez, pero no quería discutir con él.
-Me gusta muchísimo, pero tenemos que parar. Nos pueden ver –el traqueteo constante contra mi chochito me impedía hablar y pensar con claridad.
-No quiero parar.
-Ni yo quiero que pares… pero hay que hacerlo.
-Sólo si me prometes una cosa –aprovechó para seguir dándome, me incliné más hacia atrás para que las penetraciones fueran más profundas- después lo vamos a seguir en mi pieza.
-Lo seguimos –suspiré, jadeé, gemí- lo seguimos donde vos quieras. Te lo prometo.
-Perfecto –se apartó y su verga se deslizó con un sonido viscoso hacia afuera, mi conchita quedó goteando juguito.

Tuve que tomar una servilleta de papel para limpiarme la entrepierna ya que tenía miedo que mi abundancia de flujo sexual traspasara la delgada dela de mi ropa. Pensé rápido, yo debía irme de la cocina lo más rápido posible antes de que alguien sospechara, pero mi hermano tenía una terrible erección, la cual no podría disimular.

-Eric –le dije mientras acomodaba mi calza- yo llevo los platos con el postre, vos esperá a que eso se te baje –miré su tiesa verga y me mordí el labio inferior lamentando no poder comérmela en ese preciso instante- en la heladera hay algunas botellas de vino, destapá un par y después llevalas, con algunas copas… no rompas nada.
-A vos te voy a romper –se acercó repentinamente y me dio un cortito beso en la boca.
-Eso lo vamos a ver después –dije dibujando una mueca libidinosa en mi rostro- ahora hacé lo que te digo.

Colocando los platos entre mis manos y mis brazos, como si fuera el mozo de algún bar, salí de la cocina mirando muy bien por donde caminaba rogando que las chancletas no me hicieran tropezar. Cuando regresé a la sala lo hice de frente a mi primo, él no me sacó la vista de encima ni por un segundo. Sus ojos parecían un radar equipado con rayos X que le permitían ver a través de la ropa, seguramente se estaba imaginando cada centímetro de mi cuerpito. El primer plato se lo alcancé con una sonrisa a mi tía, inclinándome hacia adelante, al hacer esto mi cola quedó prácticamente contra la cara de mi padre y por el rabillo del ojo pude ver como a mi primo le saltaban los ojos hacia afuera, luego giré y le di otro plato a él, las bolitas de sus ojos cayeron dentro de mi escote y se perdieron allí. Simulé no notar esto y una vez repartido el último plato, me senté a la derecha de mi madre. Ella seguía con su sonrisa intacta y yo sentía que mi energía sexual se revigorizaba cada vez más.

Mientras mi padre y mi tío mantenían una conversación sobre algún partido de fútbol que solamente ellos dos habían visto, Mayra regresó. La pequeña estaba impecable, con su cabello húmedo cayendo sobre uno de los lados de su cara, lo que extrañamente intensificaba el efecto hipnótico que poseían sus grandes ojos. Tenía una pequeña blusa verde claro sin mangas que permitía adivinar la sutil loma de sus pequeños pechos y una minifalda de jean algo vieja y gastada, pero sumamente cortita. En cuanto se sentó en su silla, miré con disimulo a Ariel, él podía verla directamente de frente y si yo podía notar la bombachita blanca que se asomaba entre las piernas de ella, seguramente mi primo también podía verla. No me extrañaría en absoluto si el pobre llegaba a tener una erección en cualquier momento, hasta me pareció notar que mi tío Alberto cruzaba sus piernas para disimular un bulto que crecía lentamente dentro de sus pantalones.

Casi al mismo instante Eric regresó cargando dos botellas de vino, había tenido la brillante idea de traer una de vino blanco y la otra de tinto. Las colocó, sobre la mesa ratona que estaba en el centro, rodeada por los sillones, y preguntó cuántos querían tomar. Todos dijeron que sí por lo que tuvo que volver a buscar ocho copas. Yo había imaginado que él intentaría traer todo en un solo viaje y que posiblemente destruyera algunas copas o incluso alguna de las botellas, pero me demostró que no siempre era un completo idiota.

El vino fue un arma de doble filo, por un lado hizo entender a mi tía que la reunión familiar iba a durar mucho más tiempo, por lo que supe que no se iba a ir, y por otro lado comenzó a menguar la cordura de varios de los presentes. Mi tío Alberto hizo uno de sus típicos chistes picantes, pero éste fue un tanto más fuerte de lo habitual. Cuando me paré y luego me incliné hacia la pequeña mesita para volver a llenar algunas de las copas con vinos, le regalé a varios una amplia vista de mi trasero enfundado en la tela blanca de la calza.

-Hermana, deberías controlar más a tu hija –comenzó diciendo el panzón- ese culo no lo hizo sentada en una silla. Ahí debe haber varios metros de trabajo forzado.

Los primeros en reírse fueron mi hermano y mi primo, para mi sorpresa mi tía Analía también encontró graciosa la broma. Estaba segura de que a mi tío le cachondeaba decir eso porque él había sido uno de los que trabajó forzosamente contra mis nalgas.

-Hey, lo que yo haga con mi culo no les importa –mi miedo era que mi papá se enfureciera al recordar lo ocurrido con su empleado, pero al levantar la vista pude ver que tenía los brazos cruzados delante de su pecho, pero sonreía agradablemente.
-Confesá Nadia, seguramente ya le diste un buen uso –la voz vino desde detrás de mí, aunque sabía de quién era volteé para mirarla; mi hermana sonreía con una simpatía tan natural que me fue imposible determinar si lo dijo con malicia y bronca o si realmente se estaba sumando a la diversión familiar.
-¡Epa! –Exclamó Ariel- no te tenía en esas andanzas, primita –volví a sentarme, estaba un tanto disgustada pero me mantuve lo más animada posible.
-Bueno, sí –dije sin dejar de sonreír- se podría decir que le encontré una utilidad que resultó ser bastante… entretenida –sabía que este comentario dispararía el morbo de más de uno de los presentes.
-¡Ay che! Hoy en día hacen cada cosa –exclamó mi tía ruborizada- en mi época se disfrutaba mucho sin necesidad de usar lo de atrás.
-En tu época eras peor que las chicas de hoy en día –dijo mi papá riéndose de su hermana- yo perdí la cuenta de los novios que tuviste.
-No era mi culpa ser tan… solicitada –noté cierto tono de orgullo en sus palabras.

Mi tía no es una mujer fea en absoluto, cada rasgo de su cuerpo y de su rostro son señal de que años atrás fue una mujer muy bonita, aún lo seguía siendo sólo que ya tenía la cara un tanto ajada, pero hasta las pocas arrugas que podían verse realzaban sus bonitas facciones. Otro detalle que podía jugar a favor o en contra, depende del gusto del que lo viera, es que ahora estaba un tanto entrada en carnes, no era mucho, pero sí tenía las piernas y la cadera más anchas de lo que yo recordaba haber visto varios años atrás.

-Eso es cierto, eras la morocha más linda del barrio –agregó mi papá.
-Y lo sigo siendo.
-Mentira –intervino Ariel- la mejor de todas es Magali, esa pendeja sí que está buena. Está para secuestrarla y violarla durante todo un mes.
-Che, que Magali es mi amiga –me quejé.
-¿Y eso qué tiene que ver? No quita que esté buena… y que esté para cogerla.
-¡Ariel! –lo retó su madre- más respeto che, así no se habla de una dama.
-¿Dama? Pero si debe ser más puta que las gallinas, todos los pibes del barrio se la quieren voltear.
-Para tu información –comencé diciendo- ella no le da bola a la gran mayoría de esos pibes, ha tenido un par de novios, sí, pero no anda con cualquiera… esa mala fama que le hacen ustedes es porque asumen que al ser linda ya debe ser puta.
-Doy fe de eso –dijo mi hermano- yo reboté como diez veces con ella.
-¿Intentaste levantarte a Magali? –preguntó Ariel sorprendido.
-Sí, varias veces, pero no me dio ni la hora.
-Todo muy lindo, ya sabemos que la mina no es puta y que Nadia entrega la cola –dijo mi tío con su gran vozarrón- pero ¿cuándo empieza la timba? –obviamente se refería a la partida de póker, me sobresaltó un poco que el tema saliera a la luz de una forma tan directa.
-Si quieren busco ahora mismo las cartas –mi mamá estaba entusiasmada por empezar a jugar lo antes posible.
-¿A qué van a jugar? –preguntó mi tía.
-Al póker –le respondió mi hermana- ¿sabés jugar?
-¡Claro que se! Y soy muy buena –mi primo había heredado la soberbia de su madre y ella lo estaba demostrando- ¿juegan por plata? Sino no tiene gracia.
-Hay algo que tiene más gracia que la plata –dijo mi hermano, tuve que reprimir el impulso de arrojarle una botella por la cabeza, me aterraba qué pudiera pensar mi tía de nuestro morboso jueguito.
-¿Qué cosa?
-Por ropa –miré a Eric con unas frías ganas de asesinarlo.
-¿Ropa? –Mi tía dudo y miró para todos lados- no es mala idea… espero que nadie tenga un calzón agujereado y viejo porque los voy a dejar pelados.

Comenzó a reírse de su propias palabras, me sorprendía su reacción favorable, pero me di cuenta de que ella creía que sólo llegaríamos a quedar en ropa interior, lo cual no era tan malo para una familia, uno siempre ve a algún ******** en calzoncillos deambulando por la casa y no se escandaliza, pero este caso era diferente, nosotros pretendíamos llegar mucho más lejos.

-Me gusta el juego, yo me sumo –dijo Ariel con algarabía mientras miraba a su alrededor, estaba casi segura de que ya podía imaginarnos a mi hermana a mi madre y a mí en ropa interior.

Nos llevó varios minutos organizar todo en nuestra querida mesa de vidrio hexagonal, pero esta vez, al ser ocho, tuvimos que sentarnos mucho más apretados. A mi izquierda se instaló Ariel, antes de que alguno se le anticipara y el asiento a mi derecha lo ocupó mi hermana, supuse que lo hizo para impedirle a Alberto sentarse allí, él ocupó el sitio a la derecha de Mayra.

Mientras distribuían el nuevo paño y preparaban el nuevo mazo de cartas mi madre nos explicó las nuevas reglas que tendría el juego, las cuales consistían en una fusión de dos estilos de póker y hacían el juego mucho más entretenido y agresivo. Para comenzar, quitó del mazo toda carta que fuera ***** a un ocho, a excepción de los As, lo cual dejaba una variante de juegos mucho *****. Cada uno recibiría dos cartas en la mano, las cuales debían estar incluidas si o si en cualquier juego que se desee armar, y se pondrían otras cinco boca abajo sobre la mesa. Aquel que no confiara en sus cartas podía retirarse ni bien las recibía, luego se darían vuelta tres cartas, allí debíamos decidir si seguir o no en el juego, ya que era la última oportunidad para retirarse. Luego llegaba el momento más interesante. Se daban vuelta las últimas dos cartas, habría un ganador y tantos perdedores como participantes que hayan decidido seguir jugando y allí es cuando este nuevo reglamento aumentaba la importancia de ganar o perder, ya que el ganador decidiría que prenda de vestir deberían sacarse los que hayan perdido. La parte de la habilidad para mentir entraba en la última fase del juego, luego de que las cinco cartas de la mesa estuvieran boca arriba, allí un jugador podía levantar la apuesta a dos prendas asegurando que tenía mejores cartas que los demás, al hacer esto concedía una nueva chance de retirarse a los demás jugadores, pero él debería quedarse hasta el final. Si todos se retiraban ante esta amenaza, entonces el ganador podía volver a ponerse una prenda que ya se hubiera quitado. Al parecer mi madre se había pasado un buen rato pensando el nuevo reglamento y este esfuerzo valió la pena, ya que todos quedaron encantados con la nueva modalidad de juego.

Para equiparar el juego tuve que sumar ropa a mi atuendo, me puse una remera mangas cortas sobre mi pequeño top y una gorra con visera que le robé a mi hermano y no pensaba devolverle nunca más ya que me quedaba muy bonita. Para igualdad de condiciones todos debían tener algo en la cabeza y la misma cantidad de prendas de vestir.

La partida inició y todos estaban muy entusiasmados, hasta ese momento mi tía ni siquiera sospechaba nuestras perversas intenciones. El alcohol no se hizo extrañar, mi madre nos mostró el abundante surtido que había comprado, yo decidí probar un vino espumante con sabor a frutilla que resultó ser delicioso. Lo primero que volaron fueron los sombreros y el calzado, ya que los ganadores fueron bastante piadosos, pero cuando llegó el momento en que mi tío Alberto se levantó triunfal humillando con sus cartas a mi hermana, a Eric y a mi padre, decidió ser un poco más agresivo con la sentencia y los obligó a despojarse de sus pantalones y minifalda, en el caso de Mayra. No hace falta que aclare que el centro de atención fueron las redondas y blancas nalgas de mi hermanita que quedaron apenas protegidas por una tierna bombachita blanca con detalles en color rosa.

El juego siguió su curso con música de fondo y vasos que se llenaban y vaciaban a velocidades vertiginosas. Llegué a quedar tan sólo en ropa interior, mi primo casi sufre desprendimiento de retina al intentar adivinar lo que había debajo de mi pequeña ropa interior semitransparente. En su defensa debo decir que no era el único que aprovechaba cualquier oportunidad para clavar su mirada en mí, además mi madre ya estaba en corpiño y sus pechos también eran bastante llamativos. Mi tía conservaba casi toda su ropa ya que solía abandonar en casi todas las rondas, evitando así perder.

Llegaron buenas cartas a mi mano y mientras jugaba miraba a mi primo y a mi hermano, los cuales ya estaban en bóxer y se les notaba un leve bulto creciendo en el interior de los mismos, desconocía que tan bien equipado estaba mi primo, pero por lo poco que podía ver, no sería nada despreciable. Cuando llegó el momento de dar vuelta las últimas dos cartas me di cuenta de que estaba en un mano a mano contra Ariel, ya nadie quería perder más prendas de vestir por lo que abandonaban apenas veían que sus cartas eran malas.

-Doblo la apuesta –dijo mirándome de reojo con arrogancia, era la primera vez que alguien hacía eso, miré una vez más mis cartas y las de la mesa, tenía un full, lo cual me parecía realmente bueno.
-Acepto –dije al mismo tiempo en que ponía mis cartas boca arriba.

El muy desgraciado destrozó mi juego con un póker de reyes, por apurada no había notado que sobre la mesa había dos reyes y él podría tener los otros dos en mano. Había perdido.

-¿Con qué va a pagar Nadia? –preguntó mi tía con cierta ingenuidad.
-Con ropa, ¿con qué más? –afirmó mi primo relamiéndose.
-Pero si no tiene más ropa.
-¿Cómo qué no? Le quedan justo dos prendas.
-Pero es la ropa interior.
-Que se joda, por apostar de más.
-No Ariel, no te excedas –la madre del muchacho parecía preocupada- que pague con plata.
-Yo no quiero plata –aseguró el rubio- quiero que muestre la conchita.
-¡Ariel, es tu prima!
-Sigue siendo una mujer… una que se arriesgó demasiado. Que muestre –todos en la mesa me miraron fijamente.
-Si es el precio que hay que pagar… -dije poniéndome de pie, los ojos de mi primo me acompañaron todo el tiempo.
-¿Qué tan lejos pretenden llegar con esto? –Analía estaba espantada.
-Estoy dispuesta a llegar tan lejos como haya que hacerlo.

Luego de decir esto llevé las manos a mi espalda y desprendí mi corpiño, mis grandes tetas dieron un leve saltito y volvieron a su posición original, mis duros pezones apuntaban hacia arriba, producto de la excitación. Di media vuelta, dándole la espalda a todos y lentamente fui bajando mi tanguita roja, agachándome poco a poco mientras lo hacía y regalándoles una impactante vista de mis abultados labios vaginales que seguramente estarían brillando por el líquido que manaba de ellos. Una vez desnuda por completo, volví a mirarlos de frente, lo primero que noté fue la brusca erección que había tenido Ariel, su verga parecía estar a punto de agujerear la tela blanca de su bóxer, mi tío y mi hermano estaban en circunstancias similares, el único que pudo contenerse fue mi padre. Miré a mi tía y pude ver el terror ilustrado en sus ojos negros. Ella no tenía idea de que esto era sólo el comienzo.



Capítulo 6.



Permanecí de pie frente a toda mi familia tal y como Dios me trajo al mundo, completamente desnuda. Les di unos segundos para que pudieran admirarme, mi madre sonreía pero a la vez evaluaba la situación, lo supe porque era la única que en lugar de mirarme, miraba la cara de los demás. Mi primo Ariel dio un apretón a su pene por encima de la tela del bóxer ¿qué fantasías locas recorrerían su cabeza? Por lo que había aprendido de los hombres en estos últimos días, sabía que muchos sólo pensaban en sexo al ver una mujer desnuda, aunque ésta fuera de su propia familia, no sé a cuántos hombres en el mundo le ocurriría esto, pero a muchos de los que yo conocía, si les pasaba.

Tomé asiento, mi tía estaba mortificada, al estar directamente frente a mí podía ver claramente todo, sus ojos no sólo se detenían en mi vaginita sino que también se deslizaban un poco hacia mi izquierda para fijarse en el grotesco bulto de su propio hijo. A la derecha de Analía se encontraba Eric, cuando ella reparó en él apartó su mano por acto reflejo, como si hubiera tocado algo que no debía, a pesar de estar lejos de aquello de lo que huía. Mi hermano también exhibía una muy marcada erección. Por mi parte puedo decir que me sentía tremendamente estimulada y excitada al hallarme una vez más desnuda frente a todos, especialmente frente a aquellos que nunca habían admirado los rincones ocultos de mi anatomía.

-Bueno, ¿seguimos? –preguntó mi papá con una naturalidad tal que mi tía lo quedó mirando como si él se hubiera fugado de un manicomio.
-¿Piensan seguir? –Preguntó ella- ¿y si Nadia pierde, cómo va a pagar?
-Ya veremos… la próxima vez si podría ser dinero –dijo mi hermanita, supe que sólo estaba ganando tiempo.
-Pero… pero… ¿se piensan quedar en bolas? –Analía estaba desorientada.
-Nadie dijo eso –habló mi madre- para desnudarse hay que perder, si no querés hacerlo, entonces más te vale que juegues bien.
-Yo sé jugar, pero tengo mala suerte.

La verdad es que había perdido varias manos a propósito, pero en la última, contra mi primo, perdí de forma justa, ya que creí que me alzaría con la victoria y que él debería despojarse de su remera y su bóxer. Para intranquilidad de mi tía, el juego continuó y el resto de los participantes estaban muy animados, yo inclusive. Había dejado de lado las diferencias que tenía con algunos de ellos, mi padre me miraba poco, mi tío parecía haber sufrido un ataque de amnesia y me observaba como si fuera la primera vez que me veía desnuda. La única reacción leve de hostilidad que detecté fue en Mayra, cada vez que giraba mi cabeza hacia mi derecha me encontraba con el ceño fruncido de la pequeña que mantenía estoicamente su guerra muda en mi contra.

La ropa se fue reduciendo para todos mientras las cartas eran repartidas y mezcladas una y otra vez. Mayra llegó a quedar tan sólo en ropa interior, para el agrado de muchos, mi papá tuvo que desvestirse hasta quedar tan sólo con su bóxer, mi tía seguía siendo una jugadora cobarde pero por confiarse en un par de manos, tuvo que quedarse en corpiño. Sus senos eran casi tan grandes como los míos o los de mi mamá, pero no se traslucían ni un poco, además todavía conservaba su pantalón.

La pequeña Mayra salió victoriosa en una ronda en la que se enfrentó hasta el final a mi hermano y a mi mamá. Impuso la pena máxima para Eric ya que él sólo tenía puesto su bóxer, con Viki fue más piadosa y sólo le pidió que se despojara de su corpiño. ¿Hace falta aclarar de qué forma miró Ariel las grandes tetas de su tía? El muchacho estaba tan excitado que podía verse cómo gotitas de líquido preseminal estaban humedeciendo la tela de su ropa interior. Cuando le llegó el turno a Eric éste se puso de pie prácticamente en su lugar, sólo apartó un poco la silla hacia atrás. Tomó un largo sorbo de lo que fuera que estaba tomando y de un tirón se desnudó. Mi tía quedó anonadada al ver semejante verga aparecer frente a sus ojos a tan poca distancia, abrió tanto la boca que podría habérsela tragado completa, por suerte para ella Eric no estaba tan cerca.

-¡Apa, qué a****lito tenés ahí, nene! –exclamó la mujer sin salir de su asombro.
-Los nenes ya crecieron hace rato –acotó mi madre sonriendo y admirando a sus anchas el duro pene de su querido hijo, supuse que estaría fantaseando con él.
-¡Se nota! Hay que reconocer que salió bien equipado.
-Es de familia –aseguró mi primo para no quedarse atrás.
-De mí familia –la aclaración vino por parte de mi padre quien sonreía orgulloso, ya podía ver un leve asomo de erección entre sus piernas.
-Señora, por su cara diría que es la primera vez que ve un chorizo de esos –me sorprendió que mi tío Alberto hiciera bromas a costa de mi tía ya que ellos se conocían poco.
-Ah no, no es el primero que veo… ni el más grande… créame –ella era orgullosa, aunque toda esta situación la pusiera nerviosa, no permitiría que nadie pase por encima de ella, además aprovechó para dar un leve vistazo al bulto que sobresalía del calzoncillo de Alberto- seré curiosa ¿cuál de todas las presentes le provocó eso?

La pregunta de Analía era sumamente maliciosa ya que casi todas las presentes teníamos algún parentesco con ese viejo calvo y panzón. La única que no tenía ningún vínculo sanguíneo con él era ella misma y aún conservaba buena parte de su ropa. Si a mi tío se le había parado había sido producto de ver a sus sobrinitas o a su propia hermana con poca o nada de ropa. Su pregunta fue tan buena que sin saberlo aludió a todos los presentes. Eric y Ariel no podrían explicar su erección sin hacer referencia a un familiar, a lo sumo Ariel tendría el beneficio de que sólo éramos sus primas y que mi mamá era una tía política y no había vínculo sanguíneo directo. Mi tío carburó y puso en marcha su motor cerebral intentando encontrar una buena respuesta.

-Me atrapó señora… usted tiene razón en algo. Sigue siendo la morocha más hermosa del lugar, de sólo verla se me despierta el potrillo y le dan ganas de salir a galopar. Procure no cruzarse en su camino porque no sé hasta dónde podrá usted aguantar y sepa que soy un hombre que no se cansa al cabalgar. –Alberto aún conservaba parte de la ****** del gaucho autóctono y le encantaba demostrarlo poniéndose a payar.

Mayra estalló en risas, mi papá la siguió y luego todos nos reímos; nadie creyó en su respuesta pero mi tía se ruborizó y sonrió como *********te en su primera cita. Le había gustado recibir ese cumplido tan cachondo y original por parte de mi tío. Sin que nadie tuviera tiempo a decir más, fue el mismo Alberto quien comenzó a repartir las cartas. Creo que muchos en la mesa esperaba que Eric y yo perdiéramos una vez más, sólo para ver de qué forma pagaríamos, tal vez hasta mi tía sentía curiosidad por esto, pero eso ya no puedo afirmarlo, de lo que sí estaba segura es que la mujer miraba el pene de su sobrino con poco disimulo cada vez que podía hacerlo, no la culpaba por eso, era inevitable no mirar las partes privadas de todos al menos una vez, pero su fijación principal era con el muchacho.

Las primeras tres cartas de la mesa fueron muy buenas y daban la posibilidad de formar juegos competitivos, pero había una sola cosa que estaba a mi favor, yo podía formar un póker de ases, casi escupo el corazón de la emoción al ver esas cartas y procuré que nadie pudiera espiarlas, para distraerme miré la entrepierna de mi primo, algo dentro de su bóxer daba saltitos como si quisiera escapar y si todo salía bien, yo le haría el favor. Una particularidad de Ariel es que iba hasta el final sólo si tenía buenas cartas, mi tía hacía lo mismo pero ella prefería que sean cartas inmejorables. Evalué la situación y todos parecían entusiasmados por lo que habían recibido. Al dar vuelta las dos cartas restantes Alberto y Erick abandonaron, pero todo el resto siguió en juego. Como era de esperar, nadie pudo superar mi póker de ases, hasta me pareció escuchar un leve insulto por parte de mi hermana, me apenaba que la chiquilla siguiera tan enojada conmigo.

La que menos tuvo que pagar fue Analía, pero al quitarse el pantalón lo hizo con una vergüenza tal que hubiera jurado que no tenía bombacha, pero sí la tenía y allí comprendí su actitud. La morena de amplias caderas tenía puesto lo que llamamos comúnmente “hilo dental”, lo peor es que era amarillo y eso lo hacía resaltar mucho. El triangulito apenas cubría su depilada intimidad, por un momento creí que sus piernas estarían algo deformadas, pero no, sus prominentes curvas eran lisas y bien definidas, más de uno de los presentes casi pierde los ojos al verla, en especial los hombres, inclusive su propio hijo. Lo único que se me hizo raro fue que el corpiño que llevaba no parecía encajar con la bombacha y supuse que su idea original había sido salir sin sostén, pero como sus pezones se habrán notado, se cubrió los pechos con el primer corpiño que encontró, algo que yo misma había hecho muchas veces porque en ningún momento pensé que tuviera que desnudarme frente a alguien.

-Pretende usted matarme de un infarto, señora –dijo mi tío con una erección más fuerte entre sus piernas.
-Todo esto me da muchos nervios, ¿no les parece que podríamos dejarlo así? –preguntó ella mientras se sentaba.
-¿Dejarlo justo cuando se pone interesante? Ni loco –aseveró mi primo.
-¿Te parece interesante ver a tu madre en calzones? –lo retó ella con el ceño fruncido.
-¿Quién hablo de vos? Ya te vi sin ropa como mil veces cuando te vas a bañar –esto sonrojó a mi tía- a la que quiero ver sin ropa es a la tía –le guiñó un ojo a mi madre y ésta sonrió.
-Entonces habrá que hacerle el favor al chico.
-Pero Victoria…
-Tranquilizate un poco Analía, esto es un juego… divertite, que no te va a hacer nada mal –le dijo mi madre mientras se ponía de pie.

Ella estaba tan cerca de Ariel que él pudo ver perfectamente los rugosos y carnosos labios vaginales de mi madre, por lo libidinosa de su sonrisa imaginé que ya estaba fantaseando con lamerlos… o incluso algo peor. Luego llegó su turno de desnudarse, lo hizo rápido, sin preámbulos, como si estuviera deseando mostrarnos su pajarito, el cual me dejó húmedamente sorprendida, no era muy largo, pero si ancho. Doblé mis rodillas hacia adentro como apretando mi vagina y sentí un leve cosquilleo. Él sonreía altanero y cuando se sentó me preguntó:

-¿Te gusta, prima?
-He visto mejores –respondí simulando poco entusiasmo- ¿Seguimos?
-No, todavía falto yo –dijo Mayra con enojo, había olvidado por completo a la pequeña muchachita y esto solo empeoraba mi situación con ella.
-Perdón.
-Decir perdón a cada rato no cambia nada –la mayoría habrá pensado que su comentario aludía a una típica discusión entre hermanas pero mi madre y yo sabíamos perfectamente a qué se refería.

La hermosa chiquilla se puso de pie y se quitó la bombacha con desgano, como si no le afectara en absoluto que todos pudiéramos ver su depilada y pequeña conchita rosada, pero luego de desnudarse hizo algo que le permitió a los presentes admirar los rincones más ocultos de su anatomía.

-No dejen toda la ropa tirada en cualquier parte, que estemos jugando no quiere decir que tengamos que ser unos mugrientos.

Al decir eso se inclinó hacia adelante mostrándonos sus nalgas, éstas se abrieron y nos permitieron ver el agujerito que se asomaba entre sus tiernos labios vaginales y un culito muy apretadito. Comenzó a recoger la ropa que estaba tirada en el piso, prenda por prenda. No sé cómo hizo mi primo para contenerse, pero él miró a Mayra con unas ganas tremendas de penetrarla, lo puedo deducir por la forma en que agarró su pene haciendo bajar y subir su prepucio lentamente. Mi hermana era inteligente, estaba llamando la atención a su manera, pero yo tampoco era tan estúpida, sabía muy bien que si la ayudaba a recoger la ropa ella lo tomaría como una competencia directa, por lo que decidí quedarme en mi sitio. Mi mamá y mi tía fueron las únicas que la ayudaron a juntar todo y a dejarlo apilado en un sillón.

Retomamos el juego y tuvimos una ronda de lo más interesante. Llegué a quedar mano a mano contra mi tía, luego de que todos abandonaran. En la mesa se podían ver tres 10 y por el entusiasmo de mi tía deduje ella tendría otro, tal vez la pobre ingenua creyó que con eso formaría póker de 10, pero no recordaba que debía utilizar si o si las dos cartas que tenía en la mano, es decir, su segunda carta anularía dicho póker. En cambio yo tenía dos Q. Las reinas eran una de las cartas más altas de la baraja y con ellas podía formar un buen full, utilizando los 10 sobre la mesa, por lo que decidí doblar la apuesta, para desnudar a mi tía de una vez por toda.

Mi sorpresa fue enorme cuando ella mostró sus cartas, las cuales me llevaron a una derrota apabullante, maldije el haber tomado tanto vino espumante, ya que éste estaba nublando mi capacidad para deducir, o tal vez se debió a mi entusiasmo por ganar lo que me impidió evaluar la situación a fondo. Tal como lo predije ella tenía otro 10 en su mano pero acompañando a éste, tenía una K, esta carta sumada a otra igual sobre la mesa formaba un full de 10 y K, el cual aniquilaba mi juego. El 10 en su mano sólo descartaba uno de los que había en la mesa, pero no le impedía formar una gran combinación. Ella se rio de mí, la mujer era competitiva y siempre creía tener la razón, esto era una inyección a su ego, pero lo que mi tía no sabía es que, en este caso, la victoria podía ser mucho peor que la derrota.

-Está bien –dije aceptando mi mala suerte- ¿qué tengo que hacer para pagar? Acordate que doblé la apuesta, así que tiene que ser algo fuerte –sonreí con una malicia que, por milagro, hasta hizo sonreír a Mayra, ella supo cuál fue mi intención.
-No sé… ¿no habíamos dicho que pagarías con dinero?
-Lamentablemente no tengo más dinero que el que me dan mis padres… lo cual ahora mismo es cero. Me lo gasté todo –era mentira, tenía unos pequeños ahorros guardados y mi madre lo sabía, pero decidió no exponerme.
-¿Entonces qué hago? –mi tía miró a su alrededor intentando encontrar un aliado.
-Podrías imponerle algún desafío –sugirió mi madre- algo que la haga avergonzar, se lo merece, por haber doblado la apuesta.
-¿Avergonzar… de qué forma?
-Ay Analía, no sé –mi madre simuló estar perdiendo la paciencia con ella- ponete creativa, pensá algo.

Esto me fascinaba, no había pensado en que mi tía podría llegar a ser la encargada de imponer el primer desafío de la noche y ella desconocía nuestras intenciones con este juego.

-No se me ocurre nada ¿Ustedes ya jugaron antes a esto? –esa pregunta cayó como una bomba en el centro de la mesa, la única que se atrevió a responder fue la más pequeña.
-Sí, ya lo jugamos –Mayra fría y directa.
-¿Y qué hacían en estos casos? ¿Qué tipo de desafíos usaban?
-No sería justo que te lo dijéramos porque es parte del juego inventarlos –aseguró la chiquita, vi que mi padre sonreía orgulloso de la niña tan inteligente que tenía como hija- pero te voy a dar una pista, los desafíos suelen ser vergonzosos en carácter sexual.
-Ah bueno, este juego sí que me gusta –dijo mi primo riéndose por la emoción- ¿cómo no me invitaron antes a jugar?
-Yo no voy a hacer eso.
-Vamos Analía, no seas tan amarga –me sorprendió que mi padre le hablara de esa forma a su hermana- siempre fuiste muy liberal con respecto a lo sexual; disculpen lo que voy a decir, pero cuando ella estaba embarazada nos pasamos más de dos meses buscando al padre de Ariel… y no fue porque el tipo se escondiera, sino porque no sabíamos cuál de todos podía ser –mi primo asintió ya que seguramente conocía esa historia, para mí era toda una revelación.
-Sí, recuerdo el lío que se armó –continuó mi madre- llegué a contar más de diez candidatos… todos con pocos días de diferencia. Si hoy se escandalizan de que una chica sea algo promiscua, imagínense lo que habrá sido hace veinte años… pero fuimos considerados con Analía y mantuvimos todo el asunto en el mayor de los secretos; para que sus padres no se enteraran.
-Pero Ariel es rubio ¿no era más fácil buscar solamente a los rubios que estuvieron con la tía? –preguntó mi hermano creyendo que su planteo era inteligente, pero mi hermana se dio una fuerte palmada en la frente indicándole contrario.
-Sos pelotudo Eric –le dijo- el chico no había nacido ¿cómo iban a saber si era rubio?
-Ah… tenés razón –todos nos reímos a costa suya- ¿y cómo supieron quién era el padre?
-Tuvimos que analizarlo bien con el pediatra para calcular el día exacto en el que quedé embarazada –dijo mi tía avergonzada.
-Lo cual no resolvió nada –agregó mi papá- sólo redujo la lista a cuatro hombres.
-¿Cuatro? Señora, usted habrá pasado unos días muy divertidos en sus tiempos –dijo mi tío sorprendido- que pena me da no haberla conocido en aquellos días.
-En ese entonces era joven y cometía muchas locuras.
-¿Los cuatro al mismo tiempo tía? –esta vez debía darle crédito a mi hermano, hizo la pregunta que yo estuve a punto de hacer.
-No quiero hablar de eso –agachó la cabeza.
-Entonces ya sé cuál desafío te voy a poner cuando pierdas –aseguró Mayra.
-Para eso tengo que perder al menos tres veces más.
-Entonces más te vale que juegues bien –la malicia de mi hermanita era aterradora y enternecedora a la vez, algo que sólo ella podía lograr- ahora ponele el desafío a Nadia antes de que nos quedemos dormidos… ah y no le hagas confesar nada porque ya todos sabemos de las andanzas de la putita esta –me señaló con la cabeza.

No pude determinar si lo de “putita” lo dijo en broma o con la intención de herirme, esta chica hablaba poco pero sabía elegir muy bien sus palabras. Me lo tomé con calma y me limité a sonreír mientras mi tía estaba siendo agobiada por las dudas. Tenía a siete miembros de su familia desnudos o semidesnudos a la expectativa, mirándola fijamente. Cuando todos creímos que la mujer se iba a acobardar, ésta se puso de pie y se acercó a mi madre. Le dijo algo al oído, Viki asintió con la cabeza y luego ella también se paró, juntas se dirigieron hacia el pasillo donde estaban las habitaciones. La intriga de los jugadores aumentó, especialmente la mía, ya que todo esto tenía que ver con el castigo que debía cumplir y no tenía idea de lo que pudiera estar tramando Analía.

Las dos mujeres regresaron, mi madre marchaba altanera en toda su desnudez brindándonos una vista muy erótica y sensual, mi tía traía consigo un pote de lubricante, al que yo conocía muy bien, y un objeto de plástico color piel, no tuve que observarlo mucho para darme cuenta de que era lo se conoce como consolador.

-¿De dónde salió eso? –pregunté.
-Lo tenía guardado –respondió mi madre- y tu tía me lo pidió.
-¿Y cómo sabía la tía que vos tenías eso guardado?
-Porque yo se lo regalé –respondió Analía.
-Sí, fue un regalo de cumpleaños, pero no he podido darle mucho uso… gracias a tu padre, nunca lo necesité –mi papá sonrió orgulloso- no te ofendas Analía, aprecio tu regalo pero es la verdad.
-Al contrario Victoria, que me digas que no lo necesitas es la mejor noticia que podías darme, eso quiere decir que mi hermano te atiende muy bien.
-Más que bien –agregó mi mamá.
-Bueno, ustedes me pidieron que me ponga picante con el desafío. Mi idea era pedirle a Nadia que use esto de la forma tradicional…
-Eso sería un tanto aburrido –dijo mi hermana.
-Por lo visto sí lo sería… para ustedes. No entiendo hasta qué punto se permite llegar con estos susodichos desafíos… pero tampoco soy una vieja sonsa… para mí bastaba con la forma tradicional, pero vos hiciste un comentario hace un rato sobre tu cola… así que veremos qué tan capacitada estás para eso –colocó el consolador y el lubricante sobre la mesa.
-Así me gusta más –Mayra parecía estar divirtiéndose a costa mía- que buena idea tía… y yo que pensaba que vos nos ibas a arruinar el juego.
-Me estoy esforzando mucho por no hacerlo, convengamos que a mí todo esto me parece demasiado.
-Que te parezca lo que quieras… lo importante es seguir jugando –la pequeña estaba tan decidida como lo había estado yo en el pasado.
-Está bien –Analía rezongó- ¿lo vas a hacer en el baño o en tu cuarto? –me preguntó empujando el pene de juguete hacia mí.
-¡Hey no! Eso no vale –para mi sorpresa la queja vino por parte de Ariel, quien nunca había jugado a este juego- yo quiero ver cómo lo hace.
-Tiene razón –dijo mi mamá- la idea del juego y de los desafío es avergonzar al otro… si Nadia lo hace sola en su cuarto no sólo nadie puede comprobar que lo hizo, sino que tampoco se sentiría avergonzada… al fin y al cabo todos nos tocamos cuando nadie nos ve –la lógica de mi madre era directa pero precisa.
-Entonces… ¿lo va a hacer delante de todos? –los ojos de mi tía se abrieron tanto que parecía una lechuza.
-No dije eso… -aclaró mi madre- ella puede negarse a hacerlo… pero estaría perdiendo el juego y debería irse. ¿Lo vas a hacer, Nadia?
-Claro que sí, no voy a perder el juego al primer desafío… -con esto marcábamos las reglas a mi tía, para que ella tuviera verdadera consciencia de las mismas- Eric, ayudame con ese sillón.

Junto con mi hermano arrastramos uno de los sillones individuales de la sala para dejarlo cerca de la mesa, justo detrás de Viki y de frente a mi tío Alberto. Recliné un poco el respaldar del sillón hacia atrás para que fuera más cómodo. Eric volvió a su lugar y yo comencé a untar el frío líquido lubricante entre mis nalgas, era cierto, sí me daba un poco de vergüenza, pero más que nada por mi primo, él me miraba como si yo fuera su futura víctima para un crimen sexual. Aparté cualquier pensamiento desalentador de mi mente y me concentré en lo que mi madre había dicho, debía demostrarle a los demás que estaba dispuesta a sentirme bien y a disfrutar de este juego tanto como me fuera posible.

Me coloqué de rodillas sobre el sillón apuntando mi cola hacia el público, es seguro que podían ver no sólo el huequito de mi cola sino también el de mi vagina, que debía mostrarse un poquito más abierto. Giré mi cabeza sobre mi hombro derecho y miré a mi tía, ella estaba realmente sorprendida por mi actitud. Apunté el consolador hacia mi culito y presioné. El esfuerzo fue en vano, no logré que entrara ni un poquito, todos aguardaban en silencio, expectantes… y yo no podía hacer lo que me proponía y sabía cuál era la razón, estaba nerviosa. Mi ano se contraía impidiendo la entrada de cualquier objeto ya que no me sentía cómoda al ser la única que actuaba de esa manera mientras el resto se limitaba a mirarme, así hubiera hecho otras cosas mucho peores frente a mi familia, lo hice porque los vi a ellos actuando de la misma forma, pero esta vez me tocaba a mí romper el hielo… y de qué forma.

-¿Alguno me puede dar una manito? Así no puedo –no sé por qué, pero al hacer esa pregunta recordé repentinamente que le estaba pidiendo a mi familia un voluntario para penetrarme analmente.
-Yo te ayudo –dijo Eric poniéndose de pie.
-No, vos me va a lastimar, tiene que ser una mujer… alguien que entienda lo que se siente.
-Te ayudo yo –dijo mi mamá, Eric se quejó pero ella lo mandó a sentarse otra vez. Viki se acercó a mí y tomó el consolador con una mano -¿Te pasa algo Nadia? –me susurró al oído.
-Estoy algo nerviosa… a la tía no le gusta nada todo esto… y Ariel me mira raro…
-Tu hermano te mira de la misma forma –mientras hablaba frotaba la punta del consolador contra mi cola- la última vez vos fuiste la que protestó hasta el cansancio… como está haciendo Analía ¿pensás hacer lo mismo otra vez?
-No, te prometo que no… es sólo que…
-¿Qué?
-Que me falta algún estímulo… algo que me haga animarme a más… algo que me lleve a hacer locuras sin pensar en las consecuencias… y sola no puedo. Además sigo pensando que Mayra me odia… eso también me pone mal.

Seguramente todos en la mesa observaban la escena sin entender nada, fijándose más que nada en mi culito, que se negaba a recibir ese pene de juguete.

-Mayra, ¿podés venir un momentito? –preguntó mi madre levantando la voz.

No escuché ninguna respuesta pero con sólo mirar de reojo pude ver que mi hermanita se acercó hasta nosotras son chistar, permanecí con las piernas separadas y la cola levantada mientras abrazaba el respaldar del sillón, Mayra se colocó frente a mi madre, procurando no obstruir la vista.

-Tu hermanita necesita algo de ayuda –le dijo Viki- ¿estarías dispuesta a darle una mano? Quedarías exenta de pagar la próxima vez que pierdas.
-Está bien –supe que al aplicar las reglas del juego había logrado convencer a la pequeña- ¿qué tengo que hacer?
-Lo que quieras… sólo tenés que ayudarla a estimularse un poquito… es muy difícil meter algo por atrás si la parte de adelante no se siente lo suficientemente estimulada.

En ese momento sentí una mano rozando mi vagina con tanta delicadeza que sentí el primer rayito de verdadera excitación física desde que me la había metido mi hermano en la cocina. Giré la cabeza para encontrarme con los ojazos de Mayra mirándome fijamente, no pude leer nada en ellos. Sus pequeños deditos recorrieron mi sexo con toda la intención de calentarme, iban a esos puntos más sensibles de la anatomía femenina sin dudarlo ni por un segundo. Detrás de mi hermana estaba Ariel, con la pija en la mano, masturbándose lentamente. Eric hacía lo mismo a su lado y los ojos de mi tía parecían no creer lo que veían, iban desde la escena entre madre e hijas en el sillón hasta la verga de su sobrino, una y otra vez. Mientras Mayra me masturbaba, ya haciéndolo plenamente, metiendo y sacando dos dedos de mi conchita, noté que las inquietas manos de mi tía se movían, una se posó con disimulo en su entrepierna, hundiendo un poco su transparente ropa interior justo en la zona de su clítoris, la otra mano parecía tener mente propia, se estaba acercando lentamente hacia la verga de Eric, no como si quisiera agarrarla, sino como si intentara rozarla casualmente con el dorso. Sus ojos estaban fijos en el falo de mi hermano, quien ni siquiera miraba a su tía y no dejaba de subir y bajar su prepucio con descaro. Esto era justamente lo que necesitaba, sentía que el monstruo sexual que dormía en mi interior, se estaba despertando. Mi hermana se veía obligada a ayudarme ya que ella no solía ir en contra de su madre y no importaba si la chica me odiaba, sus dedos estaban haciendo un trabajo estupendo entrando en mi conchita y moviéndose para todos lados en mi interior. Miré a Viki, ella aguardaba acariciando mi ano con la punta del consolador, asentí con la cabeza indicándole que ya podía seguir adelante. Ella no me hizo esperar, de inmediato sentí la presión, era muy similar a recibir el pene de mi hermano adentro así que sabía que podía soportarlo. Una sonrisa se dibujó en mi rostro al imaginar qué pensaría mi tía si supiera que mi hermano y mi tío fueron los que me dieron por atrás. Mientras mi mente divagaba sentía ese pene de juguete entrando más y más, mi esfínter ya estaba relajado, giré la cabeza hacia el otro lado y una vez más me crucé con los ojos de mi hermanita que me miraban fijamente, esta vez me pareció notar un gesto de respeto hacia mí en su rostro, le sonreí e inmediatamente ella aceleró el rimo con el cual frotaba mi clítoris con la punta de sus dedos. Mi mamá fue sumamente cuidadosa, mientras más me clavaba más placer sentía y en ningún momento me dolió, hizo retroceder y avanzar el consolador varias veces.

-¿Tiene que entrar todo? –preguntó mi primo cortando el silencio que acompañaba a mis jadeos.
-Sí, todo –le respondió mi hermano.

Me apresuré a ver qué pasaba con él, seguía pajeándose sin disimulo y dos deditos en la base de la entrepierna de mi tía presionaban con fuerza y se movían lentamente en círculos, la muy puta estaba excitada, lo que más llamó mi atención fue su mano derecha, la cual estaba posada sobre la pierna de Eric a tan solo un par de centímetros de su verga. Un dolor agudo e inesperado me hizo chillar de dolor y cerrar los ojos.

-¿Te duele, Nadia? –preguntó mi madre deteniendo la penetración anal.
-Un poquito, pero no importa –de nuevo ese mismo dolor agudo localizado en una parte muy sensible de mi anatomía- podés seguir sin miedo –le aseguré.

El dolor no me lo estaba causando el consolador, sino los dedos de Mayra, al presionar con fuerza mi clítoris, la pequeña estaba recordándome que aún mantenía la bandera de guerra bien levantada. La miré con el ceño fruncido y una vez más me hizo chillar de dolor, en sus ojos centelleaba la furia.

-Ya falta poquito –dijo mi mamá haciendo retroceder el dildo y volviendo a enterrarlo entero de una sola vez, el placer que sentí fue inmenso pero quedó un poco disipado por un nuevo apretón contra mi clítoris –bueno, con eso es suficiente –Viki tiró del consolador y lo sacó de mi cola, por la forma abrupta en la que puso final a la prueba imaginé que ella también notó el jueguito de Mayra.
-Eso fue increíble –dijo mi primo- mirá cómo le quedó…

Seguramente estaba mirando mi ano dilatado, una imagen demasiado fuerte como para compartirla con mi familia, hasta llegué a sentirme una puta cochina, pero tampoco debía preocuparme por eso, ya todos sabían que yo era una puta, ocultarlo sólo empeoraría mi situación. Debía actuar con naturalidad, no decaer, estar por encima de ellos y mantener mi estado de ánimo de la mejor forma posible. Di media vuelta y les sonreí. Mi tía ya había alejado su mano curiosa de la pierna de Eric y nos miraba a todos con enorme desaprobación, en cambio el resto sonreía de la misma forma en la que yo lo hacía, hasta Mayra se mostraba simpática, como si fuera la bella asistente de un mago.

-A mí me pareció demasiado –se quejó mi tía.
- Analía, la que propuso la prueba fuiste vos –le reprochó mi papá.
-Pero no pensé que tuviera que hacerlo frente a todos… de esa forma.
-Es la gracia del juego, tía –le dijo Mayra- humillar a los que pierden.
-¿Pero a qué costo?
-Al que esté dispuesto a aceptar la persona que recibe el desafío –esta vez habló mi mamá- no es un juego para miedosos, al que no le gusta… se puede retirar.
-A mí no me gusta, me parece demasiado –la mujer continuaba con la misma actitud, a pesar de que momentos atrás intentó mostrarse como una mujer superada y de mente abierta.
-Tía, yo pensaba igual que vos la primera vez que jugué a esto, me quejé todo el tiempo –le comenté- pero después me di cuenta de que mi mamá tiene razón, al que no le gusta el juego, se puede retirar. Así de simple. ¿Qué hacés, te quedás a jugar una ronda más? Puede que los próximos desafíos no sean como éste… -en eso tenía razón, pero en el sentido contrario al que ella imaginaba.
-Está bien… juguemos una más –no le gustaba tener que ceder pero tampoco tenía muchas opciones.

Pasé caminando por al lado de mi primo, él me miraba anonadado, como si yo fuera una sirena emergiendo del mar, caminé de forma altanera y mi hermana desfiló detrás de mí, acaparando buena cantidad de miradas. El dolor de mi zona genital ya se había esfumado por completo y sólo quedaba la placentera sensación anal que me había otorgado el dildo y el inmenso morbo que palpitaba en mi pecho. Sentía como si estuviera jugando a esto por primera vez, ya que ahora mi actitud era completamente diferente. Estaba dispuesta a todo y lo iba a demostrar.

Mientras jugábamos me fijé en la entrepierna de mi tía, la cual estaba completamente mojada, no podía culparla, yo había pasado por lo mismo. Recordaba ese cruce de sentimientos, el saber que todo lo que hacíamos estaba mal, pero a la vez encontrarlo extrañamente excitante. Carta para aquí, carta para allá y el juego se puso tenso, todos pensaban en ganar… o tal vez en perder, ya que algunos desafíos, a pesar de ser humillantes, podían ser muy excitantes. Mi papá se mantuvo en juego hasta la última fase sólo por estar distraído, sorpresivamente, se alzó con la victoria derrotando a su hermana, a su sobrino y a su esposa. Analía tuvo que pagar su deuda quitándose la última prenda de vestir, lo hizo rápido y sin gracia, pero mi tío Alberto la aplaudió y luego dijo “Qué hermosa perla trae esa almeja” refiriéndose al abultado clítoris de mi tía, a lo que ella contestó “Se ve mejor cuando se abre, pero no es tan fácil abrirla, se requiere habilidad” allí supe que entre esos dos había algo especial, como si estuviéramos en una reunión de amigos y uno intentara ligar con otro. Esto dio tiempo a mi padre a pensar en el desafío, no tuvo que devanarse mucho los sesos, le bastó con ver la rigidez del miembro de Ariel y la forma en la que éste miraba a su tía, sospechando que algo bueno venía.

-Viki, creo que tu sobrino necesita algo de atención –le dijo con naturalidad- ¿por qué no le enseñás lo que esa boquita puede hacer? –le guiñó un ojo y todos comprendimos a qué se refería.
-Pepe ¿no será mucho? –una vez más mi tía provocó varios seños fruncidos- es la tía y…
-Tía política –le recordó mi padre- no hay ningún vínculo sanguíneo entre ellos… no empieces a ser la amargada de siempre, Analía –mi papá podía ser muy cortante si se lo proponía.
-No soy amargada, es sólo que…

Se quedó muda cuando vio a mi madre arrodillándose debajo de la mesa y sin perder tiempo le daba una larga lamida al tronco de Ariel, él volvió a abrir sus ojos al máximo evidenciando que nunca había imaginado que esa noche su bella tía Victoria le chuparía la verga.

-Cronometrá ocho minutos, Nada –me ordenó mi padre- a ver si el pendejo puede aguantar tanto.
-Sí que aguanto –lo desafió él.
-Si no aguantás, te doy el desafío por perdido y vas a tener que hacer otra cosa.

Mi madre fue suave con el muchacho, supe de inmediato que su idea no era hacerlo acabar ya que sus besos, lamidas y chupones eran suaves y sensuales, como si se tratara de una actriz de cine porno. Si ella hubiera querido llevar a mi primo al límite, lo hubiera logrado en menos de cinco minutos, de eso estoy segura ya que el chico tenía una calentura que le hacía hervir los huevos. Me causaba mucha gracia la expresión en el rostro de mi tía al ver con sus propios ojos como le hacían un pete a su querido hijito, supuse que lo que más le impresionaba era la forma en la que mi mamá se estaba tragando esa verga, si bien mantenía un ritmo lento, la hundía completa dentro de su boca e iniciaba un movimiento constante. Los ojos de Ariel giraban hacia todas partes, a veces se fijaban en la boca y en las tetas de Viki, otras veces viajaban hasta las mías o se perdían en mi entrepierna, yo permití que mirara a gusto, separándolas un poco. Intentaba mirar a mi hermana pero esta vez era yo quien cubría casi toda su visión, luego saltaban hasta la anotomía de su propia madre, me pregunté qué estaría pensando cuando veía esa concha de labios gruesos que brillaban por la acumulación de jugos. Estaba segura de que mi madre disfrutaba mucho el cumplir con ese desafío, había mirado con deseo la verga de su sobrino en más de una ocasión y ahora tenía la excusa perfecta para chuparla a gusto delante de todos sin que nadie pudiera quejarse… bueno, casi nadie:

-Esto es muy fuerte para mí… ya no estamos hablando de sexo, lo estamos haciendo.

Ni siquiera tuve que voltear la cabeza para saber que la voz provino de mi tía pero de todas formas la miré, estaba sentada algo más lejos de la mesa, como si quisiera huir de nosotros, pero sus manos estaban inquietas, una acariciaba su muslo derecho y la otra rascaba disimuladamente su pezón izquierdo, además tenía las piernas bastante separadas, tanto que las rodillas casi tocaban a mi papá, por un lado, y a Eric por el otro. Nadie le respondió y Viki no detuvo su sensual felación.

-No es más que una chupadita, señora –le dijo mi tío- ¿me va a decir que nunca hizo una?
-No dije eso… pero nunca hice una delante de mi familia…
-Mentira –intervino mi padre mientras mi madre subía y bajaba la cabeza a un ritmo casi hipnótico- yo te vi al menos tres veces haciéndolo… y ninguna de las tres fue con el mismo tipo.
-¿Acaso me andabas ********? –la furia en la voz de mi tía se incrementaba con cada palabra que decía.
-¿********? No, para nada… ¿me vas a decir que aquella vez que se la chupaste a ese amigo de papá… no me acuerdo el nombre… creo que era Aníbal… no te diste cuenta que yo estaba ahí? Hasta Victoria te vio…
-Eso no cuenta, yo era muy chica para ese entonces…
-Tenías la misma edad que tiene Ariel ahora –controlé el cronómetro, mi madre podía seguir chupando esa verga a gusto durante tres minutos más- provocaste al tipo hasta que no aguantó y apenas papá y mamá se fueron a dormir se la chupaste en el living, Viki y yo estábamos a los besos en porche de entrada y vos lo sabías, es más… vos nos veías claramente, así como nosotros te veíamos a vos… y ahora te venís a hacer la pudorosa porque le están haciendo un pete a tu hijo… por un juego –Ariel sonrió como si le estuviera diciendo a mi padre que él era su nuevo ídolo... o tal vez disfrutaba saber que su madre no era una mujer correcta y que pudieran desautorizarla fácilmente.

La mamada terminó al mismo instante en el que sonó la alarma del cronómetro, mi primo se quejó y le pidió a su tía que siguiera durante un rato más pero ella, secándose la boca con una servilleta de papel, le dijo que iba en contra de las reglas del juego, me reí porque sabía que esas reglas podían ser sumamente flexibles en ciertas ocasiones, pero ella se estaba mostrando rígida con él.

-Ya no quiero seguir jugando a esto –volvió a quejarse mi tía- Ariel, vestite y vamos a casa.
-¡No! –Se quejó el muchacho- si querés andate vos, yo de acá no me voy ni loco.
-Loco es lo que están haciendo…
- Analía –intervino mi madre- no te olvides que nadie está obligando a nadie a jugar, cualquiera es libre de retirarse en el momento que le plazca, si vos querés irte, podés hacerlo… pero Ariel es mayorcito y ya puede tomar decisiones por su cuenta. Ni siquiera yo puedo prohibirle a Mayra que juegue –la pequeña sonrió con ternura- a pesar de que ella es la más chiquita de todos, confío en su criterio.
-No te ofendas Victoria, pero la única persona que tiene autoridad sobre mi hijo, soy yo y si yo…
-Me estás cansando, hermana –le dijo mi padre con vos grave- no me importa lo que tengas para decir, o te vas o te quedás… elegí ahora –supe que mi padre, a pesar de ser un hombre callado y bondadoso, tenía un carácter especial cuando se trataba de su hermana. ¡Eric! Repartí las cartas… si ella no quiere seguir jugando, que las deje arriba de la mesa y que se vaya.

No supe si mi padre mencionó a Eric a propósito o si sólo fue porque era la persona que tenía frente a él, pero esto hizo que mi tía girara una vez más la vista hacia el rígido pene de su sobrino, esto la hizo titubear. Cuando las cartas estuvieron sobre la mesa, ella las tomó y continuó jugando en silencio, dando pequeños sorbos a lo que tenía dentro del vaso. Recordé que la primera vez que jugué a esto, al principio me avergonzaba mucho el estar completamente desnuda frente a mi familia; pero en el caso de mi tía, esto no parecía ser importante. Estaba sentada de forma relajada, con las piernas abiertas, enseñándonos su (muy) húmeda intimidad, casi como si quisiera que la miraran.

La ronda la ganó mi primo Ariel y estoy casi segura de que lo hizo sólo para demostrarnos que su derrota en la partida anterior había sido un mero infortunio; él era tan competitivo como mi madre.

-¿De qué forma puedo castigarlos? –preguntó mirando a los únicos dos jugadores que habían permanecido con las cartas en la mano hasta el final y habían sido derrotados: mi papá y mi hermana- Podría darles castigos por separado, pero sería más interesante si lo hacen juntos –mi madre y yo sonreímos al unísono; el chico comprendía las intenciones de este juego- si yo dijera que Mayra se la tiene que chupar a su papá estaría siendo un machista, porque dirían que siempre son las mujeres las que tienen que hacerlo…
-Diría que sos un degenerado –lo reprimió su madre- ¿cómo le vas a pedir algo así? Es la hija…
-Es un juego –le recordó mi madre- ¿cuántas veces tenemos que explicártelo?
-¿Y cuántas veces tengo que decirles que esto me parece demencial?
-Se te ofreció más de una vez la oportunidad de retirarte, tía. Nos estás cansando a todos –dijo Mayra con su natural severidad- si te jode mucho, andate de una vez, yo quiero seguir jugando y voy a hacer lo que tenga que hacer.
-¿De verdad? –Preguntó Ariel abriendo mucho los ojos, noté que su pene dio un leve saltito- de todas formas vos no tendrías que hacer nada –simuló estar relajado pero yo podía adivinar la ansiedad que llevaba dentro- para no quedar como un machista digo que tiene que ser el tío Pepe el que te la… chupe… a vos –tartamudeó un poco al final, inseguro de sus propias palabras.
-Por mí está bien –dijo Mayra poniéndose de pie, demostrando que ya no era una niña.

Caminó con paso firme hasta el sillón en el que yo tuve que cumplir con el desafío anal y se sentó. Separó mucho las piernas y las colocó sobre el apoyabrazos mostrándonos cómo su húmeda y pequeña rajita sonrosada se abría como los pétalos de una flor en primavera, el dulce néctar que manaba de ella hizo agua la boca a más de uno en la mesa; hasta yo me sentí cálidamente atraída por la escena. La pequeña de grandes y expresivos ojos era una princesita sexual que esperaba que un gran ogro profanara su intimidad.

-Pepe, decime que no vas a hacer semejante cosa… -mi tía se puso aún más nerviosa cuando vio a su hermano ponerse de pie; sin embargo ella dedicó un par de largos segundos a admirar el falo oscuro y erecto que portaba ese hombre entre las piernas.
-Ya te lo dijimos, Analía. Es un juego. Si decís una palabra más me vas a hacer enojar… y vos no querés verme enojado –me dio la impresión de que esa era una amenaza recurrente, posiblemente él le decía esas palabras desde que eran pequeños.

La espalda de mi padre eclipsó mi panorama cuando se colocó de pie frente a su hija *****. Me sorprendió ver la angulosa forma de los músculos de sus glúteos, tomé un sorbo de mi vaso para poder digerir mejor la calentura que me envolvió, mi mente me jugó una mala pasada y me hizo imaginarme envuelta en esos fuertes brazos, con una firme boca marcando mi cuello y embestidas poderosas y varoniles que se perdían dentro de mí. Sin darme cuenta separé mi pierna izquierda de la derecha y con la rodilla choqué el muslo de mi primo Ariel, él volteó inmediatamente y clavó la mirada en mi vagina, la cual parecía estar pidiendo atención masculina. Él acarició suavemente mi pierna, mi primera reacción fue apartarme pero luego recordé que todo esto era parte del juego que yo quería jugar, dejé que sus dedos indiscretos treparan por la cara interna de mi muslo. Hicimos contacto visual y le dediqué una simpática sonrisa, casi impropia de mí.

Mayra parecía una diva, sentada de forma tan relajada en el sillón frente a todos nosotros, mi padre ya había ocupado su lugar arrodillándose frente a ella. Supuse que la prueba duraría los ocho minutos previamente establecidos, por lo que programé el cronómetro con ese tiempo mientras Ariel continuaba acariciándome con disimulo al mismo tiempo en que intentaba mirar la escena que transcurría a su izquierda. Mi hermana me miró fijamente y pude notar mucho desprecio hacia mí en su ceño fruncido pero en cuanto mi padre levantó la cabeza para mirarla, ella le sonrió con dulzura, volviendo a transformarse en la chiquilla tímida que siempre creí que era.

Mi tía Analía quedó boquiabierta en cuanto vio que su hermano no dudaba ni un segundo en lanzarse de boca contra la almejita de su hija; Mayra ladeó la cabeza y entrecerró los ojos al recibir el primer contacto con esa lengua experta. Desde mi posición pude ver como los labios externos de su vagina parecían hincharse para dar lugar al hombre que exploraba por vez primera uno de los puntos más íntimos de su anatomía. Los húmedos chasquidos llegaron hasta mis oídos junto con los primeros suspiros de Mayra, por un momento sentí envidia de ella; quería ser yo quien ocupara su lugar. Para apartarme un poco de las enfáticas lamidas que le brindaba mi padre miré a mi tía; ella continuaba con la boca abierta como si no pudiera creer que eso estaba ocurriendo realmente. De repente sentí un intenso cosquilleo a pocos milímetros de mi vagina, mi primo tenía el brazo estirado hacia atrás e intentaba tocarme sin mirar, como si esto lo eximiera de un castigo. No tenía tiempo para jueguitos estúpidos, los gemidos de mi hermana se estaban tornando tortuosamente intensos y cada vez que la miraba ella se encargaba de mostrarme lo mucho que disfrutaba de la comida de concha que le estaba dando su querido padre; sobaba sus pechos utilizando ambas manos, arqueaba su espalda elevando su plano vientre y sacudía sus caderas emulando los movimientos de la lengua que la penetraba. Tomé la mano de Ariel y la obligué a tocarme la vagina, él tanteó con desconfianza, como si hubiera tocado la boca de un monstruo feroz que pudiera comerle los dedos; sin embargo, pocos segundos después, se animó a tocarme con mayor soltura. Escaneé mis alrededores y él único que se percató de estos toqueteos fue mi tío Alberto, quien me dedicó una pícara sonrisa mientras se masturbaba lentamente. Nadie estaba mirando hacia atrás por lo que pude estirar una mano por debajo de la mesa, él comprendió mis intenciones y se acercó un poco hacia mí, arrastrando su silla sin hacer ruido. Me apoderé de su verga y comencé a mover su prepucio de arriba abajo. Volví la vista hacia Mayra, ella pudo ver perfectamente los toqueteos que se desarrollaban, pero supo disimular bastante bien. Mi primo Ariel logró colar uno de sus dedos en mi agujerito y comenzó a masturbarme con torpeza, me hacía doler un poco pero no me importaba, estaba demasiado excitada como para quejarme por pequeñeces. Analía seguía abstraída en la i****tuosa escena que se desarrollaba frente a sus propios ojos y parecía ajena a los intensos toqueteos a los que yo me veía sometida por parte de su hijo. Ariel era bastante brusco a la hora de meterme los dedos pero cumplía con su función, realmente necesitaba sentir algo duro dentro de mi sexo y el tocarle la verga a mi tío sólo me recordaba aquellos momentos en los que había sido sometida anal y vaginalmente por él. Me incomodaba escuchar los intensos gemidos de Mayra y verla sacudiéndose como una puta, adoraba a mi hermanita pero sabía reconocer una provocación, seguramente ella había notado cuán interesada estaba yo en ser poseída por mi padre. No me quedó más remedio que aguantar con un nudo en la garganta que me impedía disfrutar a pleno de los toqueteos. Por culpa de esto perdí la noción del tiempo; al parecer a mi padre le pasó lo mismo ya que se puso de pie al mismo tiempo que decía:

-¿Ya es suficiente?

Mi hermana parecía haber pasado una loca noche de sexo; su cabello estaba revuelto y su pecho subía y bajaba rápidamente intentando recuperar el aire. Aparté rápidamente la mano del pene de mi tío y mi primo quitó los dedos de mi vagina, mi tía miró alrededor como si hubiera sido despertada de golpe luego de un largo sueño. Para disimular miré el cronómetro sobre la mesa.

-Todavía faltan más de dos minutos –le dije.
-Perdón, no sabía que estaban tomando el tiempo –se disculpó; su verga estaba aún más rígida que antes, me sentí un poco incómoda al ver que él había disfrutado tanto chupando la concha de Mayra- ¿tengo que seguir? –preguntó Pepe.

Antes de que él pudiera reaccionar, su hija ***** se abalanzó rápidamente hacia adelante y se apoderó de su pene erecto sujetándolo firmemente con ambas manos. Todos quedamos boquiabiertos, Analía era la más sorprendida, ella aún no podía reponerse de la impresión que le causó ver a su hermano practicando sexo oral a la hija… o tal vez su aturdimiento se debía a que una vez más fracasó en sus intentos por tocar el miembro de Eric.

La boca de Mayra se abrió tanto que creí que se había fracturado la mandíbula, logró introducir una considerable parte del grueso pene de mi padre y comenzó a darle una mamada digna de una excelente película porno. Su saliva chorreaba por la comisura de sus labios y su cabeza se sacudía frenéticamente de atrás hacia adelante. La escena me pareció tan excitante que por puro instinto comencé a masturbarme friccionando mi clítoris con la yema de los dedos de mi mano derecha. Di un rápido vistazo hacia mi tía y no me sorprendió para nada verla con la boca aún más abierta y los ojos desencajados, una media sonrisa se dibujó en mi rostro; si bien sabía que lo que Mayra estaba haciendo era una provocación directa hacia mí, no podía negar lo mucho que me calentaba verla succionando ese duro pene. Por un momento me olvidé de toda mi bronca y rencor hacia ella y me relaje mientras me masturbaba abiertamente frente a mi familia, no me importaba qué pudieran pensar los demás y sabía que más de uno tenía ganas de hacer lo mismo que yo. El único que siguió mis pasos fue Eric, quien comenzó a sacudir su miembro libremente mientras observaba fijamente a su hermana ***** tragando la verga de su padre hasta donde la garganta le permitía y sacándola emitiendo un húmedo quejido. Su carita parecía considerablemente pequeña ante un hombre tan grande como mi padre y más aún, con un trozo de carne tan grueso enterrado entre sus labios, pero ella seguía lamiendo y engullendo con total comodidad y evidente placer.

El pitido del cronómetro terminó con la bella y candente escena tan rápido como ésta había comenzado, tenía la incómoda sensación de que me hubieran arrebatado algo que por derecho era mío, pero al mismo tiempo me había excitado mucho al verlo. ¡Maldita Mayra! Ella sabía lo mucho que me calentaba verla excitada. La pequeña sabía jugar y jugaba sucio.

Cuando mi padre regresaba a su sitio le lanzó una fría mirada a su hermana ya que ésta estuvo a punto de acotar algo; pero guardó silencio, agachó la cabeza y apretó los puños; clara señal de impotencia. Con esto Pepe le decía que el juego seguiría su curso y que ya no tenía ganas de escuchar alguna de sus quejas.

La partida se reanudó con total normalidad; el tener a mi tía en silencio, al menos por un rato, era una gran ventaja. Esta vez la mejor combinación de cartas la recibió mi tío Alberto, yo me había retirado porque prefería participar como espectadora, al menos por un rato más y de esa forma ver si a mi hermanita se le ocurría alguna nueva treta para provocarme. Hubo tres perdedores, mi tía Analía fue uno de ellos y por lo mala que eran sus cartas tuve la sospecha de que perdió a propósito; los otros dos fueron mi mamá y mi papá.

-No se exceda con lo que va a pedir –le dijo Analía a Alberto con severidad.
-No se preocupe señora, seré suave con usted –miró a mi primo Ariel y le sonrió- ¿por qué no nos cuenta cómo fue el día en que se concibió a este muchachito? Seguramente a él le interesará conocer los detalles de cómo llegó al mundo.
-¿A qué se refiere con “los detalles”? –preguntó la mujer frunciendo el ceño.
-Ya sabe… hoy le perdonamos que no nos contara lo que ocurrió esa noche, pero tal como dijo Mayra, podíamos usarlo como algún desafío… pero tendrá que contarlo con lujo de detalles… o retirarse; usted decide.
-¿Tiene que escuchar también mi hijo?
-Sí Analía –dijo mi madre, quien parecía dispuesta a llevarle la contra durante toda la noche- ése es justamente el punto más importante del desafío, ahí está la parte “humillante”, por decirlo de alguna manera. El nene no se va a traumar, ya es bastante grandecito –sorprendí a mi primo mirando otra vez entre mis piernas, le devolví la mirada junto con una sonrisa; él también sonrió.
-De todas formas, no hay mucho para contar –comenzó diciendo mi tía- estaba ********, en la casa de unos amigos; uno de ellos comenzó a franelear conmigo hasta que consiguió excitarme, me llevó a una de las piezas y allí hizo lo que tenía que hacer. Luego sus amigos fueron ocupando su lugar, de a uno a la vez; por la borrachera yo ni siquiera podía reaccionar.
-¿Entonces… te violaron? –preguntó Eric un tanto asustado.
-Estás mintiendo, Analía –intervino mi papá mientras rascaba sus pesados testículos; lo cual me hizo suspirar como a una niña tonta, por suerte nadie lo notó- la versión que yo tengo es muy diferente a esa. Ramón, uno de los chicos que estuvo presentes, me contó varios detalles de lo ocurrido esa noche y, por lo que me dijo, vos no estabas ********.
-Ramón te habrá mentido…
-O tal vez estás mintiendo vos –insistió Pepe.
-¿A quién le vas a creer, a tu hermana o a Ramón?
-A Ramón –nos reímos porque la respuesta llegó al instante, sin titubeo- así que contá la verdad o te descalificamos –

En ese momento se me ocurrió algo, quería ser muy mala con mi tía para castigarla por comportarse como lo hice yo la primera vez que jugamos; no tenía mucha lógica pero ahora que veía lo pedante que podía ser esa actitud, sabía que merecía un castigo, yo también recibí unos cuantos aquella noche de juego, e incluso después; no quería que ella se fuera airosa.

-Ella nos mintió, yo le tomo el desafío como fracasado –dije con severidad- deberían darle una penalización por haber hecho eso, es lo justo –a todos les brillaron los ojos al unísono y miraron a mi tía con una sonrisa vil en sus rostros.
-Nadia tiene razón –me sorprendió que el apoyo viniera de parte de mi hermanita- propongo que además de contarnos lo que ocurrió, que represente “teatralmente” algunas de las escenas.
-¿Cómo sería eso de representar las escenas? ¿Tengo que hacerlas con mímica como si fuera un juego de chicos? –mi tía hablaba en tono burlón, casi riéndose de la idea de mi hermanita; a pesar de mis diferencias con Mayra, me m*****ó mucho que la tratara de esta forma, pero la pequeña sabía defenderse muy bien.
-Algo así, veo que no sos tan lerda para entender… lo que no te quedó claro es que este es un juego con contenido sexual, la “mímica” no la vas a hacer sola. Vos estuviste con cuatro hombres, me parece mucho para una sola mujer, no va a ser necesario utilizar tantos, podés elegir dos colaboradores, para que veas que no soy tan mala –todos la quedamos mirando mientras ella hacía girar sus ojos de un pene a otro.
-¿Cuáles vas a elegir, tía? –le pregunté para apurarla un poquito.
-¿No hay otro método de pago? Este juego me parece demasiado… riguroso.
-Si no fuera riguroso sería aburrido –se apresuró a decir mi madre- el desafío ya está impuesto y creo hablar por todos al decir que nos parece justo, te agradecería que aceleraras un poquito las cosas, nos tenés a las vueltas con todo y se nos va a terminar la noche entre tantas discusiones.
-Es cierto, mamá. Dejate de joder un poco y relajate, este juego no está tan mal –dijo Ariel dedicándole una amplia sonrisa a mi madre.
-Vos callate, porque… -en ese momento mi tía notó la expresión de furia en los ojos de su hermano y cerró la boca al instante, ella lo conocía bien y sabía que mi padre podía perder los estribos si se lo presionaba demasiado- está bien, entonces elijo a Alberto y a… -miró una vez más alrededor- el resto son todos parientes míos, esto no me gusta.
-Tenés que elegir uno más, es obligatorio –sentenció Mayra- de todos los males, elegí el *****.
-Está bien… Alberto y Eric –dijo poniéndose de pie- ¿qué tengo que contar exactamente?
-¿Cómo empezó todo esa noche? –pregunté con curiosidad.
-Bueno… -sus ojos abarcaron casi todo lo que tenía frente a ella; la vi titubear.
-Tía, acordate que ya no podés mentir… -le dije con severidad, estaba enfadada con ella porque la sentía como una amenaza para nuestro juego.
-¡Ya sé, Nadia! Ya entendí –contestó enfadada.

Volvió a mirar los duros penes que apuntaban hacia ella; sabía muy bien lo incómodo que podía ser tener a familiares desnudos frente a tus ojos, pero en éstas últimas semanas me había acostumbrado mucho a ver este tipo de cosas. Pude seguir argumentando en su contra pero preferí guardar silencio, esto la obligaría a empezar a hablar.

-Ustedes tienen suerte, recuerdo muy bien esa noche ya que fue una de las más excitantes de mi vida. Lo primero que se me viene a la memoria es que un amigo me invitó a su casa. Allí me encontré con los cuatro…
-¿Vos sabías que iban a estar? –preguntó mi madre.
-Sí, ya me lo habían dicho.
-¿Y cuál era el motivo de tu visita?
-¿Esto es un interrogatorio? –se quejó Analía.
-Podría ser un método para que de verdad nos cuentes lo que ocurrió –agregó Viki con tranquilidad.
-El motivo era porque Ernesto, el dueño de la casa, se quería acostar conmigo.
-¿Es decir que vos fuiste hasta su casa con la intención de acostarte con ellos? –Eric intentó hacer una pregunta inteligente pero no le salió del todo bien.
-No, dije que mi intención era hacerlo con Ernesto, los otros supuestamente no sabían nada y no iban a participar de ninguna forma.
-Evidentemente algo cambió –acotó mi madre- ¿Qué fue lo que te llevó a tener sexo con cuatro hombres?
-Porque me lo propusieron –miró al piso como si estuviera avergonzada, pero inmediatamente su mirada se torció hacia el pene de mi tío Alberto.
-¿De qué forma se lo propusieron? –le preguntó él.
-Es que yo le dije a Ernesto, a modo de broma, que él sería incapaz de dejarme satisfecha. Sus amigos se rieron y él, en lugar de decirme que podría dejarme bien satisfecha, me dijo que para eso tenía amigos. Si él no me saciaba, entonces podía seguir con el resto de los presentes, que allí tendría… verga para toda la noche.
-¿Y vos qué le respondiste? –esta vez fue mi hermanita la que preguntó. Analía levantó la vista hacia su hijo, como si temiera que sus siguientes palabras pudieran afectarlo negativamente.
-Les dije que si eran tan hombres, que me sacaran la ropa y empezaran.
-¿Y qué pasó después? –pregunté debido a que ella se había quedado en silencio.
-Ernesto se me acercó y me quitó la blusa, antes de que me diera cuenta ya tenía a los cuatro desnudándome y manoseándome.
-¿Te m*****ó? –le preguntó su hijo.
-No, para nada. Yo de verdad fantaseaba con esa idea desde hacía tiempo.
-Describinos cómo fue ese momento –le pidió Viki.
-Yo estaba sentada en un sofá –se sentó, con las piernas bien separadas, en el sillón que habíamos utilizado previamente mi hermana y yo-, tenía tantas manos encima que no sabía de quién era cada una; a veces sentía un pellizco en los pezones –mi tío Alberto se le acercó y presionó con sus dedos uno de esos oscuros y erguidos pezones, ella no pudo reprochar nada, era parte del desafío-; otras veces alguno de ellos intentaba meterme un dedo por la vagina –esta vez fue mi hermano quien se le acercó pero en cuanto puso una mano arriba del sexo de su tía, ésta lo detuvo-. Ni se te ocurra meterlo –se quejó- dijimos mímica, no hechos concretos –Eric no tuvo más remedio que obedecer y sólo simuló que la estuviera tocando; aunque, astutamente, aprovechaba para rozar esa húmeda vagina-. Poco después –continuó mi tía- Ernesto sacó su pene y me pidió que se lo chupara.

Mi madre le hizo una seña indicándonos que nos mostrara cómo había ocurrido; este desafío cada vez me divertía más, me gustaba ver a Analía siendo humillada de esa forma. Ella no tuvo otra alternativa que sujetar el duro pene de Alberto con su mano izquierda y acercar su cabeza a él, como si fuera a engullirlo; sólo abrió la boca e hizo el típico meneo de cabeza de atrás hacia adelante.

-Cuando los amigos de Ernesto vieron lo que ocurría, ellos también quisieron participar activamente –siguió relatando sin soltar la verga de mi tío; él parecía muy complacido por eso y continuó sobándole uno de sus pechos-, Ramón fue el segundo en bajarse el pantalón y mientras yo se la chupaba a su amigo, me hizo agarrársela con la otra mano –Eric tomó la mano libre de su tía y la obligó a agarrar su verga; ella titubeó pero después de un segundo la apretó firmemente entre sus dedos y estiró el prepucio hacia abajo, liberando completamente el glande, lo admiró durante unos segundos y continuó con su historia:-, ya había tenido una experiencia previa con dos hombres, pero nunca con tantos a la vez; por un momento pude sentirme la mujer más hermosa y deseada del mundo, los tenía sólo para mí. No hubo muchas sutilezas esa noche; uno de los chicos, se llamaba Antonio, se apresuró a metérmela mientras yo estaba entretenida con la de Ramón.

Le hizo una seña a mi tío Alberto para que se colocara frente a ella, él la tomó por las piernas y con una sonrisa bonachona se le acercó, su espalda me impedía ver lo que ocurría por lo que tomé mi silla y me senté a espaldas de la silla de mi primo, desde allí pude ver que el pene de mi tío se posó entre los labios abiertos de la concha de Analía y comenzó a moverse como si estuviera penetrándola, pero en realidad sólo se movía por fuera, de todas formas esto tuvo cierto impacto en mi tía, sus ojos se entrecerraron y percibí un leve gemido escapando de su boca, allí tuve la sensación de que ella estaba disfrutando al narrarnos esta historia; si yo tuviera que narrar la primera vez que tuve sexo con mi hermano, estaría tan excitada como ella.

-Mientras Antonio hacía todo lo posible por metérmela, el cuarto chico se me acercó, con su “instrumento” en mano y ni bien yo me lo metí en la boca –para ilustrarnos dirigió el pene de mi hermano hacia sus labios, éstos rozaron con el glande y un hilo de líquido preseminal quedó colgando de ellos-, el pobrecito acabó. Ni siquiera pude disimular, casi me atragante con el semen, parecía que el chico no había descargado en años. Los amigos se le reían.
-Por boludo y por precoz –dijo Ariel a tono de burla.
-Ese boludo es tu papá –le respondió mi tía dejando al chico confundido y boquiabierto.
-¿Qué hiciste con el semen? –preguntó Mayra incrementando mis sospechas sobre el fetiche que la chica tenía con las eyaculaciones masculinas; ya que la vi disfrutar mucho aquella vez que mi tío le acabó en la boca.
-Intenté tragarlo, pero no pude hacerlo con todo; una buena parte se me salió de la boca.
-Debió ser una imagen muy excitante –aseguró mi hermanita.
-Lo fue, Antonio lo percibió y comenzó a metérmela con más fuerza… y yo, por supuesto, lo disfruté mucho.

Analía jadeaba mientras hablaba y mi tío Alberto se movía rápidamente, frotando su verga entre los carnosos labios de esa mujer; ella aprovechaba para masturbar a Eric, pero lo hacía como si fueran movimientos naturales de su mano.

-Luego –continuó- el que me estaba penetrando le cedió el lugar a Ramón, él parecía tener más experiencia ya que lo hizo con mucha soltura; yo seguía muy entretenida con la carne que tenía para degustar –al decir esto abrió la boca y dio un fuerte chupón al glande de mi hermano emitiendo un húmedo chasquido.
-¿Siguieron todo el tiempo en la misma posición? –pregunté porque quería que la escena tuviera más dinámica.
-No, Ramón estuvo un rato allí y luego empezaron a insistir con que, el futuro padre de Ariel, debutara. Era un chico muy tímido que solía usar gruesos anteojos. Al parecer esa sería su primera vez y me sentí orgullosa de que fuera conmigo –con un gesto pidió a mi tío que se apartara- me acomodé mejor para que el chico pudiera meterla cómodamente –mientras decía esto se colocó en cuatro a lo ancho del sillón, mi tío Alberto se puso de pie junto a la cabeza de Analía y mi hermano hizo lo mimo, pero en la parte de atrás, él se acercó tanto a ella que con sólo empujar un poquito hacia adelante, la penetraría-. El pibe no se animaba, aparentemente la escena lo inhibía mucho y tenía miedo de que el papelón de minutos atrás, se repitiera; sin embargo lograron convencerlo –Eric frotaba su glande entre los grotescos labios vaginales de su tía; ella le dio un manotazo a esa verga que amenazaba con colarse dentro indicándole que no tenía permitido entrar-. Este chico terminó siendo el padre de Ariel porque fue el único que acabó dentro de mí, aunque esta vez demoró un buen rato más, dándome buena cantidad de placer, ya que lo hacía con una torpeza y una perseverancia que daban ternura; pude ponerme a chupar tranquila mientras disfrutaba –al decir esto se metió de un solo intento la verga de Alberto en la boca, no fue un solo chupón; esta vez comenzó a mamarla a gusto, haciendo que entre y salga de su boca repetidas veces. Cuando mi hermano vio esto creyó que tenía su gran oportunidad, avanzó tímidamente y su glande se fue perdiendo en el interior de ese gran orificio- ¡No Eric! –Le gritó Analía prácticamente escupiendo lo que tenía en su boca- ¡Salí! –él retrocedió de puro miedo y mi tía creyó haber ganado la batalla- Aclaramos que no era más que mímica –esta vez su excusa era contradictoria ya que lo que estaba haciendo con el pene de mi tío no era mímica-. Como les decía, el pobre boludo terminó adentro y yo, sinceramente, no me preocupé porque hacía poco que había tenido mi período y creí que no quedaría embarazada.
-Ese error de cálculos hoy se llama Ariel –le dijo Mayra.
-Es cierto, pero no me arrepiento de nada; pasé una de las mejores noches de mi vida y tuve el regalo más hermoso.
-Si Ariel es ese “regalo hermoso” entonces te estafaron, tía –acotó la pequeña; todos sonreímos, en cambio mi primo miró a Mayra con fingido desprecio- Sos un hijo de puta –le dijo ella.
-Hey, ¿por qué me insultás? –se quejó Ariel.
-No es un insulto; es un hecho. Analía es puta, eso ya nos quedó bien claro… y es tu mamá. Por ende, sos un hijo de puta –el muchacho rubio se quedó mirándola sin saber qué contestarle mientras todos nos reíamos de él- ¿Qué pasó después?
-Después fue el turno de Ernesto, el dueño de la casa. Él tenía fama de venir bien equipado y yo ya había comprobado que esa fama era totalmente cierta. Por eso quería acostarme con él.
-Viste… es como yo te digo. Sos un hijo de puta.
-Tu mamá tampoco es una santa… y ni hablemos de Nadia.
-Nadia tiene culo sociable –la muy maldita lo dijo dedicándome una pícara sonrisa- eso ya lo sabemos todos, pero de las mujeres presentes, creo que mi mamá y yo somos las más… normales.
-Hablá por vos Mayra… y mejor no aclares nada sobre mí –supe que mi mamá dijo eso para aliviar un poco la tensión entre la pequeña y yo; de lo contrario la hubiese insultado porque me m*****ó mucho su comentario.

Habíamos perdido de vista la escena por unos segundos y en cuanto volvimos a mirar nos dimos cuenta por qué mi tía no emitía palabra alguna, le estaba dando a Alberto una mamada increíble; con mucho ímpetu. Eric giró su cabeza y me miró, aproveché la ocasión para indicarle con señas que se la metiera toda. Él negó con la cabeza, asustado; pero yo le insistí. En cuanto él comenzó a hundir su verga mi tía dejó de chupar una vez más y se quejó:

-¡Eric, salí de ahí- dijo sin mirar y dando manotazos a la altura de sus nalgas como si intentara apartar moscas- ¡Te digo que salgas!

Él volvió a mirarme y con una seña le dije que la ignorara y siguiera; lo hizo con fuerza, clavándola completamente hasta el fondo, Ariel abrió los ojos pero no fue sólo por sorpresa, pude ver un brillo de placer en ellos. En cuanto Analía abrió la boca para soltar un gemido, supongo que de puro goce, Alberto aprovechó para clavar una vez más su grueso pene en las fauces de esa mujer. La sostuvo por la cabeza mientras iniciaba el mismo movimiento en vaivén que había comenzado mi hermano. Uno se la cogía por la concha y el otro lo hacía por la boca. Ella quedó con las manos fuertemente apoyadas contra el sillón soportando las tremendas embestidas de su sobrino, se la estaban cogiendo de la misma manera que lo habían hecho la noche en que Ariel fue concebido; tal vez incluso en esta ocasión era mejor, ya que mi hermano tenía talento para coger… bueno, después de las veces que solté quejidos de placer y dolor por culpa de sus penetraciones, tenía que admitir que el chico tenía talento. Analía se puso roja y su concha se dilató tanto que la verga de mi hermano entraba y salía con enorme facilidad. Él la sostenía con fuerza por la cintura y por más que ella hubiera querido ponerse de pie, no hubiera podido; la fuerza de Eric era considerablemente mayor a la suya.

Los bufidos sordos de mi tía me transportaron a un mundo de goce sexual, puse los pies sobre los travesaños que unían las patas de la silla y comencé a masturbarme; no me importó que mi tío y mi primo me estuvieran mirando, al contrario, se podría decir que lo hacía para brindarles otro espectáculo digno. Maya me miró con el ceño fruncido, ella estaba sentada detrás de todo y nadie volteó para mirar cuando comenzó a jugar con su clítoris, solo yo podía verla. Cuando ella se percató de esto me dedicó otra de sus pícaras sonrisas, giró levemente en la silla y me mostró su sonrosada almejita mientras se introducía dos dedos. No comprendía a qué estaba jugando ahora, pero me agradó verla.

Analía recibió una gran cogida pero al parecer quiso recuperar su dignidad, comenzó a dar manotazos para todos lados, ninguno de los dos hombres tenía compasión por ella, seguían invadiendo sus orificios a discreción. Por la expresión en el rostro de Alberto pude adivinar que él estaba acabando… y lo hacía justo dentro de la boca de esa mujer que no tuvo más remedio que tragar todo. De su concha goteaba flujo, puros líquidos sexuales; una espumita blanca se había formado alrededor de sus labios internos y Eric seguía clavándola bruscamente. Pensé que ella debía estar disfrutando más de lo que aparentaba, pero su increíble orgullo no le permitió gozar al máximo de tan buen momento. En cuanto Alberto se apartó, ya con la verga flácida goteando restos de semen y saliva, ella puso un grito en el cielo:

-¡Salí carajo! –Giró su cadera y empujó a mi hermano obligándolo a retroceder- ¿¡Cómo me vas a hacer eso!?
-Calmate Analía, no es para tanto –le dijo mi madre.
-¿Que me calme? ¡Pero si el degenerado me la metió sin que yo le diera permiso! El que se tendría que calmar es él –nuevamente la intensa sensación de odio hacia esa mujer se encendió en mí. La muy desgraciada jugaba con fuego pero no hacía otra cosa que llorar cuando se quemaba… sabiendo muy bien que se iba a quemar.
-Era parte del juego… -dijo mi hermano y esto fue para peor.
-¡No! Eso no era parte de ningún juego. Me cogiste sin mi autorización, pendejo –ella estaba hecha una furia.
-Analía, bajá un poco los decibeles, vos sabías que eso iba a pasar –le dijo mi padre.
-¡Yo le dije que no lo hiciera!
-¿Y de verdad pensaste que él te iba a hacer caso? Vamos hermana, es un pendejo de veinte años con la verga parada… y vos te le ponés en cuatro adelante. ¿Qué esperabas que pase? –ella titubeó, seguía enfadada pero ya no tenía muchos argumentos con qué defenderse.

Uno a uno retornamos a nuestros respectivos lugares dispuestos a continuar con el juego. Analía se sentó bruscamente sin dejar de refunfuñar, era obvio que su única intención era mostrar el desagrado que sentía por este juego pero, a pesar de eso, seguía jugando. Cartas van; cartas vienen. Todos estábamos a la expectativa pero sólo tres llegamos hasta la última instancia de esa mano. Quedé enfrentada directamente contra mis padres, estaba segura de que podía ganar y ya estaba pensando en el desafío que les impondría, me relamía y presionaba mis piernas entre sí para que éstas rozaran contra mi clítoris. Logré formar un full de reinas y nueves, lo coloqué sobre la mesa y sonreí altanera y orgullosa, inflando mí pecho; gesto que gustó a mi hermano y a mi primo que clavaron sus miradas en mis voluminosas tetas erguidas. Mis padres colocaron las cartas boca arriba sin decir nada, las de mi padre formaban un par de reinas (sólo porque había dos en la mesa) y otro par de dieces, el cual tenía en mano. Estuve a punto de imponer mi desafío cuando las cartas de mi madre le dieron un buen cachetazo a mi ego. La muy desgraciada había formado póker de reinas; me quedé boquiabierta. Llegué a dudar de si ella perdía a propósito, porque cuando ganaba lo hacía de forma contundente. Tuve que tolerar la risa de la mayoría de los integrantes del juego, la única que mantuvo su expresión huraña fue mi tía. Estuve a punto de lamentarme por haber perdido de esa forma pero luego fui consciente de que debía cumplir un desafío con mi padre. Lo miré a los ojos y sus facciones se tornaron serias, tragué saliva. ¿Seguiría enojado por el altercado con su empleado? La forma en la que me miraba me decía que sí.

-¿Qué tenemos que hacer? –pregunté casi sin gesticular.
-Dejame pensar… -dijo mi madre dándose golpecitos con el índice en la comisura de su boca- ya nos demostraste que podés recibir objetos de buen tamaño por atrás, pero… ¿podrás con algo de ese tamaño por delante? –señaló la dura verga de Pepe.

Me quedé tensa. ¿De verdad ese momento iba a llegar ahora? Había fantaseado cientos de veces con ser penetrada por mi padre y estaba a punto de hacerlo… gracias a la ayuda de mi madre. Tenía la certeza de que ella lo hacía por mí, sabía muy bien cuáles eran mis deseos más perversos y me encantó tener su apoyo.

-¡Esto se acabó! –El grito de mi tía me arrancó de mis ensoñaciones; se puso de pie y golpeó la mesa con la palma de sus manos- ¿cómo puede ser que le pidas semejante cosa? ¿No fue suficiente con lo que tuvo que hacer Mayra? –Su furia era tan desmedida que nadie se atrevió a decir nada- están completamente locos. Lo que le hicieron hacer a la chiquita fue una asquerosidad, una perversión, pero me quedé callada porque no quería hacer un escándalo; esto ya no puedo permitirlo. Podré ser muy abierta sexualmente pero todo tiene un límite. Esto es insano –sus palabras salían a borbotones de su boca y cada vez que mencionaba a alguien, señalaba con el índice al aludido- estoy muy avergonzada por tu actitud Viki, te comportás como si tuvieras veinte años… y vos Pepe… ¿qué puedo decir de vos? ¿Por qué no me sorprende todo esto? –No supe a qué se refería con esas acusaciones pero no me animé a intervenir- ¿Escuché bien? ¿Le pediste a tu marido que penetre a tu hija? –Mi madre abrió grande los ojos como si fuera una niña sorprendida haciendo una travesura- ¿Y cómo piensan mirarse a la cara después de todo esto? ¿Qué va a pasar después? –Miró alrededor pero sólo hubo silencio y rostros avergonzados- Ariel, vestite; nos vamos de acá.
-Yo no me voy –le respondió mi primo cruzando los brazos frente a su pecho.
-Soy tu madre y si te digo que nos vamos… nos vamos.
-Tengo veinte años… y ya tengo trabajo, no podés darme más órdenes; ya no dependo de vos.
-Si yo te digo que nos vamos… entonces nos vamos –insistió mi tía mientras recogía su ropa de la pila que habíamos formado- no me voy a quedar a participar de un “juego” de esta índole… una locura total, no tienen ni un poco de decencia… ni un poco. ¡Y vos Eric, no creas que me voy a olvidar de lo que me hiciste! Un día de estos te voy a decir todo lo que tu madre tendría que haberte dicho.
-No te metas con mis hijos –le dijo mi mamá con voz tan tranquila que me atemorizó; ella estaba al borde de un ataque de furia y se estaba conteniendo a duras penas.
-También son mis sobrinos –agregó ella- creo que tengo un poco de derecho a opinar… especialmente cuando se llega a tal punto –volvió a clavar la mirada en su hijo- ¡Ariel, buscá tu ropa y vestite!
-¡Te dije que no! –Pocas veces había visto a mi primo así de enfadado- Andate si querés, yo me voy a quedar.
-No me voy de acá hasta que vos no te vayas.
-Qué mal por vos, te vas a tener que quedar… y yo voy a hacer lo que quiero, si a vos no te gustó el juego… entonces no m*****es, andate.
-¿Llaman a eso juego? –Arrojó al piso el puñado de ropa que tenía en la mano- ¡Hagan lo que quieran! Ustedes saben muy bien lo mal que está esto… no importa la excusa que pongan, está mal y punto. Esto les va a traer problemas en el futuro… si es que ya no los trajo. Pueden verme como la mala de la película, pero soy la única persona sensata que queda por acá.

Caminó con paso rabioso pero no se dirigió hacia la puerta de salida sino que tomó la dirección contraria, hacia el pasillo en el que se encuentran las habitaciones. La escuchamos entrar al dormitorio de mis padres y dar un estruendoso portazo.

-No va a salir de ahí en largo rato –dijo mi papá agachando la cabeza.


Todos habíamos quedado abatidos por las crueles pero ciertas palabras de mi tía y ninguno se atrevía a mirar a los ojos a otro. Tal vez ella tenía razón… habíamos llegado demasiado lejos… o tal vez el error fue intentar incluirla a ella al juego; de todas formas ya era muy tarde, no podíamos volver el tiempo atrás.



Fin del Capítulo 6.

Continúa en el Capítulo 7.




@NOKOMI
発行者 AkuSokuZan
5年前
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